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Josué 22 | Hechos 2 | Jeremías 11 | Mateo 25

15 JULIO

Josué 22 | Hechos 2 | Jeremías 11 | Mateo 25

La primera línea de Jeremías 11 muestra que lo que sigue es una nueva profecía, un nuevo oráculo de Dios, el cuarto recogido en este libro. Es difícil determinar con certeza cuándo se predicó. Muchos han sugerido, con bastante plausibilidad, que fue comunicado no mucho después de que Hilcías descubriese de nuevo el rollo de la ley, alrededor de 621 a.C., lo cual generó algo parecido a una reforma religiosa bajo el rey Josías (2 Reyes 22–23). Según 2 Crónicas 34, el descubrimiento del rollo fue precedido por una centralización de la adoración en Jerusalén, lo cual significó inevitablemente un declive de los rituales influenciados por la religión cananea en los santuarios locales, y presumiblemente un incremento del resentimiento de sus líderes religiosos. Seguramente, Jeremías apoyó totalmente al rey en esta reforma. Puede que existan otras posibilidades, pero si este es el escenario, dos elementos presentes en este capítulo adquieren un nuevo significado.

Primero, el Señor dice a Jeremías que amenace al pueblo con un juicio fundamentado en especial en las bendiciones y maldiciones del pacto mosaico (11:6–8). Este es más específico que los juicios reservados para otras naciones, los cuales tienen su base en la respuesta de Dios a la iniquidad y la idolatría. La amenaza es ni más ni menos que lo que el pacto dijo que pasaría si el pueblo caía en la desobediencia (Deuteronomio 28). Parece que la religión del pueblo del pacto de Dios se había envilecido tanto, volviéndose tan tradicional y alejada de cualquier enseñanza de las Escrituras, que esta se había borrado de la memoria pública, hasta que se redescubrió el libro de la ley. Estas amenazas de juicio específicas del pacto fueron las que provocaron que Josías rasgase sus vestiduras y dijese: “Sin duda que la gran ira del Señor arde contra nosotros, porque nuestros antepasados no obedecieron lo que dice este libro ni actuaron según lo que está prescrito para nosotros” (2 R. 22:13). Asumiendo este escenario para Jeremías 11, el profeta está exponiendo las consecuencias de la incapacidad de obedecer.

Segundo, este hecho también explica por qué los hombres de Anatot, el propio pueblo del profeta, buscaban quitarle la vida (Jeremías 11:18–23). Los sacerdotes habían vivido allí desde la época del asentamiento bajo el mando de Josué (Josué 21:18). Debido a que este linaje había participado en la revuelta contra David, Salomón lo excluyó del servicio del templo (1 Reyes 2:26–27). Sin duda, estaban muy involucrados con los santuarios locales y airados por la adoración centralizada en el templo de Jerusalén, donde no se les permitía servir. Así pues, además de la animadversión hacia alguien del pueblo (un profeta no tiene honra en su propia tierra, Lucas 4:24), estos hombres odiaban especialmente a Jeremías por su apoyo a la reforma de Josías. Donde no hay un anhelo de la Palabra de Dios, otras pasiones ocupan su lugar.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 196). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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