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Jueces 4 | Hechos 8 | Jeremías 17 | Marcos 3

21 JULIO

Jueces 4 | Hechos 8 | Jeremías 17 | Marcos 3

Entre los coros que aprendí de niño en la escuela dominical, se encontraban estos dos:

Estos son los nombres de los hijos de Jacob:

Gad y Aser y Simeón,

Rubén, Isacar, Leví,

Judá, Dan y Neftalí.

Doce en total, y ninguno gemelo.

Zabulón, José y Benjamín.

Hubo doce discípulos a los que Jesús llamó:

Simón Pedro, Andrés, Jacobo, su hermano Juan,

Felipe, Tomás, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo,

Tadeo, Simón, Judas y Bartolomé.

También nos ha llamado a nosotros; ¡nos ha llamado a nosotros!

Somos sus discípulos; yo soy uno, tú también.

¡Nos ha llamado también!; ¡nos ha llamado también!

Somos sus discípulos; debemos trabajar para él.

Estoy muy agradecido por haber sido educado en una época en la que muchas de las canciones que aprendíamos nos facilitaban algunos hechos, algunos datos, algunas razones para las cosas. En la actualidad, muchos cristianos no podrían nombrar a los doce patriarcas ni a los doce apóstoles, e ignoran tristemente otros datos elementales que los estudiantes de escuela dominical de la generación anterior dominaban a la edad de seis o diez años. Por supuesto, el aprendizaje de simples datos no hace necesariamente al creyente, pero por el contrario, el desconocimiento de las Escrituras casi siempre garantiza una dolorosa inmadurez.

Sin embargo, el segundo coro citado arriba puede malinterpretarse ligeramente. Es verdad, se nos llama a ser discípulos de Jesús, es decir, sus seguidores. Es el llamamiento para todos los cristianos. No obstante, existían elementos únicos en el caso de los doce apóstoles (Marcos 3:13–19). Aquí sólo mencionaré uno: Jesús los escogió “para que lo acompañaran” (3:14). Esto era importante al menos por dos razones: (a) Él los formó y un componente importante de su formación era lo que hoy llamaríamos “tutoría”, no simplemente la impartición de un mensaje y una comisión, sino enseñar a una persona cómo debe vivir, con el ejemplo así como con preceptos. (b) Estos doce fueron capaces de testimoniar sobre los hechos relativos a Cristo desde los primeros días de su ministerio público. Pedro comprendió la importancia de este hecho (Hechos 1:21–22), porque la revelación de Jesucristo no era algún tipo de experiencia mística privada, sino un acontecimiento histórico único que exigía testigos.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 202). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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