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Jueces 16 | Hechos 20 | Jeremías 29 | Marcos 15

2 AGOSTO

Jueces 16 | Hechos 20 | Jeremías 29 | Marcos 15

Más de tres mil personas fueron deportadas a Babilonia (incluyendo al rey Jeconías) en 597 a.C. (Jeremías 52:28). Sin duda, muchos de ellos esperaban ansiosos un rápido retorno a Jerusalén. Sus anhelos los convertían en presa fácil para los “profetas” que mantenían vivas sus esperanzas prometiéndoles el tipo de cosas que ellos querían escuchar. El profeta Ezequiel, exiliado también, denunció repetidamente a estos farsantes (como veremos en las meditaciones de septiembre). De vuelta en Jerusalén, Jeremías supo estos acontecimientos y decidió escribir una carta (Jeremías 29), que se entregó debidamente en mano (29:1–3).

Esta carta comienza con una exhortación a estabilizarse, a buscar el bien de la ciudad donde los exiliados se encuentren (el asentamiento más grande estaba situado cerca de Nippur y del canal de Kebar). “Pedid al SEÑOR por ella, porque vuestro bienestar depende del bienestar de la ciudad” (29:7). Estas palabras van unidas a una advertencia: que no se dejen engañar por los falsos profetas. Jeremías expone el destino de tres grupos:

(1) Los que ya se encuentran en el cautiverio (29:10–14). Dios planea restaurarlos a Jerusalén después de los setenta años de auge babilónico, un hecho vinculado a una transformación del corazón: “Entonces me invocaréis, y vendréis a suplicarme, y yo os escucharé. Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón. Me dejaré encontrar… y os haré volver del cautiverio” (29:12–14).

(2) Los que aún se encontraban en Jerusalén (29:15–19). Lejos de ser un medio de salvación para los exiliados, Dios los castigará. Son los “higos podridos” (29:17; cp. cap. 24). Los que no mueran se dispersarán en el exilio (29:18). Estar cerca del templo no les sirve de protección. A pesar de su ubicación y sus rituales religiosos, Dios los destruirá: “Porque no habéis escuchado las palabras que, una y otra vez, os envié por medio de mis siervos los profetas” (29:19), una advertencia también para los destinatarios de la carta.

(3) Los falsos profetas en Babilonia (29:20–23). Se nombra específicamente a dos de ellos: Acab hijo de Colaías y Sedequías hijo de Maseías. Solo conocemos de ellos lo que leemos aquí. No deben confundirse con otros Acabs o Sedequías de las Escrituras. Como es habitual, su mensaje falso iba de la mano con la inmoralidad en su vida. No obstante, Dios sabe; él siempre sabe (29:23).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 214). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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