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2 Samuel 10 | 2 Corintios 3 | Ezequiel 17 | Salmos 60–61

14 SEPTIEMBRE

2 Samuel 10 | 2 Corintios 3 | Ezequiel 17 | Salmos 60–61

Uno de mis colegas pastores, el Dr. Roy Clements, ha predicado acerca de muchos salmos, en una serie que ha titulado “Cánticos desde la experiencia”. El título es revelador. Los salmos aunque contienen mucha doctrina no son resúmenes doctrinales. Muchos de ellos, son, literalmente, cánticos de experiencia. No pocas doctrinas se han plantado firmemente en nuestra mente al leer el libro de Salmos, y muchas de sus consecuencias se han desarrollado en nuestra vida, precisamente porque se han cocinado en el fuego de la experiencia. Definiéndolo de otra forma, el valor existencial de muchas doctrinas se ve mejor en la forma en que estas se ponen en práctica en la vida humana. Así pues, existen salmos de esperanza, miedo, duda, gozo desbordado, perdón, desánimo, peligro, desesperación, soledad, contemplación. Muchos de ellos se van sumergiendo de un tema a otro.

El Salmo 61 nos muestra a David anhelando la seguridad que únicamente Dios puede dar. Al principio, parece que está exhausto o deprimido (61:2). Quizás se encontraba muy lejos de su hogar cuando escribió estas líneas: “Desde los confines de la tierra te invoco” (61:2). También puede ser una forma poética de expresar lo solo que se siente, lo lejos que se ve del Dios viviente. Necesita un “refugio” (61:3), un “baluarte contra el enemigo” (61:3) y, en el aspecto que se ha incorporado a muchos himnos, suplica al Señor: “Llévame a una roca donde esté yo a salvo” (61:2). Estas palabras evocan imágenes contrapuestas: una roca que dará refugio a una persona castigada por el sol, una roca que es un reducto escarpado, mucho más seguro de lo que el propio hombre puede estar.

Sin embargo, los versículos siguientes afirman que la seguridad anhelada por David no debe limitarse a la fuerza física, a un “baluarte”, una Línea Maginot, una disuasión nuclear, una fuerza aérea. “Anhelo habitar en tu casa para siempre y refugiarme debajo de tus alas” (61:4). La oración que pedía seguridad se ha vuelto inmensamente personal: David ansía la presencia y protección del propio Dios sobre todas las cosas. El Señor cuida de los suyos, los que han recibido la heredad de temer su nombre (61:5). Es casi como si la naturaleza exacta de la tranquilidad que Dios ofrece estuviese naciendo en David. Cada versículo añade una comprensión más profunda de la verdadera base de la seguridad del creyente, culminando en esta oración para el rey: “Que reine siempre en tu presencia, y que tu amor y tu verdad lo protejan” (61:7). No existe un amparo mayor. No es de extrañar que David termine su reflexión con una alabanza sin límites (61:8), algo que también nosotros debemos hacer.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 257). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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