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2 Samuel 22 | Gálatas 2 | Ezequiel 29 | Salmo 78:1–39

26 SEPTIEMBRE

2 Samuel 22 | Gálatas 2 | Ezequiel 29 | Salmo 78:1–39

En ciertos aspectos, la profecía contra Egipto (Ezequiel 29) es parecida a las pronunciadas contra otras naciones mencionadas en esta sección de Ezequiel (caps. 25–32). La repetición de temas nos indica lo importantes que son para Dios, por ejemplo, la maldad de la arrogante confianza en uno mismo y jactarse de ser independiente (29:3, 9). No obstante, existen además varios elementos frescos que merecen considerarse.

(1) Dios acusa a Egipto de ser “un bastón de caña” que no puede proporcionar el apoyo prometido. Cuando intentaron descansar sobre él, se quebró y les desgarró la carne de sus manos (29:6; cf. Isaías 36:6 = 2 Reyes 18:21). Las personas y las naciones no deberían prometer lo que no pueden cumplir.

(2) Como Israel (y por ende, otras muchas naciones), Egipto sería derrotado y una parte importante de su población acabaría exiliada (29:12). Así como los israelitas podrían volver a su tierra gracias a las políticas más tolerantes de los persas, otros muchos exiliados volverían a sus respectivos territorios. Entre estos, se encontrarían los egipcios en particular (29:13). Este hecho es obra de Dios: “Reuniré a los egipcios de entre los pueblos donde fueron dispersados”.

(3) Sin embargo, Dios afirma que Egipto nunca más será una gran potencia (29:14–16). Si él es el Dios que puede levantar y hacer caer naciones, tiene todo el derecho de tomar estas decisiones. Algunas potencias antiguas han desaparecido práctica o totalmente: los heteos, los asirios, los babilonios. Los egipcios siguen existiendo, pero Dios dice que los volverá débiles, de forma que “no podrán dominar a las otras naciones” (29:15), ni otros pueblos como Israel confiarán en ellos (29:16).

(4) Uno de los razonamientos más intrigantes que se hacen “entre bambalinas” se encuentra en 29:17–20. Nabucodonosor de Babilonia va a vencer a Tiro, pero esa campaña será dura y poco provechosa. Por tanto, Dios dará Egipto a Babilonia, en parte como pago por sus largos y costosos años invertidos contra Tiro. “Al rey de Babilonia le entregaré Egipto como recompensa por lo que hizo contra Tiro, porque ellos lo hicieron por mí. Lo afirma el Señor omnipotente” (29:20). En ningún momento debemos creer que cualquiera de esas naciones actuase en obediencia voluntaria al Señor (¡cf. Isaías 10:5ss.!). Él no debe nada a nadie y lo dispone todo como cree oportuno.

Por supuesto, no conoceríamos estas cosas sin la revelación de Dios. Ellas nos instan a no exponer con demasiada vehemencia opiniones acerca de lo que está aconteciendo en nuestra época, cuando solo vemos una pequeña parte del gran cuadro de lo que el propio Dios está haciendo.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 269). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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