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2 Samuel 24 | Gálatas 4 | Ezequiel 31 | Salmo 79

28 SEPTIEMBRE

2 Samuel 24 | Gálatas 4 | Ezequiel 31 | Salmo 79

Aparentemente, el Salmo 79 describe las atrocidades relacionadas con la caída de Jerusalén en 587 a.C. Antes de reflexionar sobre algunos de sus temas, deberíamos preguntarnos cómo es posible que tanto el Salmo 78 como el 79 afirmen ser de Asaf. El primero se escribió claramente al principio de la dinastía davídica; el segundo es aparentemente cuatro siglos y medio posterior, de la época en que Jerusalén fue destruida. ¿Cómo es posible entonces que ambos salmos sean de la misma persona? El Asaf que conocemos fue coetáneo de David.

Lo más probable es que la docena de salmos atribuidos a este hombre fuesen compuestos por él o por el coro que fundó, algo parecido a los escritos por “los hijos de Coré” (presumiblemente, otra fundación musical).

Aquí, Asaf no cuestiona la justicia del “celo” ardiente de Dios (79:5), pero sí su duración (como en el Salmo 74; véase la meditación del 23 de septiembre): “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar enojado para siempre?” (79:5). Nótese que algunos de los temas de Asaf encajan con los que encontramos en los profetas.

(1) “¡Enójate con las naciones que no te reconocen, con los reinos que no invocan tu nombre!” (79:6). Como hemos visto repetidamente, los profetas mayores afirman que también se exigirán responsabilidades a las naciones paganas. No se les deja vía libre. Entretanto, los creyentes deberían recordar siempre las palabras de Dios a su pueblo por medio de Amós (3:2): “Sólo a vosotros os he escogido entre todas las familias de la tierra. Por tanto, os haré pagar todas vuestras perversidades” (cursivas añadidas). En un mundo maldito, los cristianos también deben comprender que el castigo que nos empuja al arrepentimiento únicamente puede ser bueno (cp. Hebreos 12:4–13).

(2) “No nos tomes en cuenta los pecados de ayer” (79:8): repásese Ezequiel 18 (véase la meditación del 15 de septiembre).

(3) “¡Venga pronto tu misericordia a nuestro encuentro, porque estamos totalmente abatidos!” (79:8). Simultáneamente, esta súplica pide ayuda al único que puede salvarnos y refleja la actitud de dependencia y confianza tan ausente en la desafiante rebelión y autonomía que provocó el juicio en primera instancia.

(4) “Oh Dios y salvador nuestro, por la gloria de tu nombre, ayúdanos; por tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados” (79:9). De nuevo, no se intenta blanquear los pecados. Se apela a la gloria de Dios, de forma que las naciones paganas no lleguen a la conclusión de que Dios es demasiado débil o voluble para salvar a su pueblo (79:10). ¿Hasta qué punto está motivada la fuerza motriz de la predicación evangélica actual por una pasión por la gloria de Dios?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 271). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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