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¿Hay que cambiar la ley?

Jueves 18 Octubre

Vino a su encuentro… un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas.

Marcos 5:2-4

(Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas.

Colosenses 1:13

¿Hay que cambiar la ley?

Un hombre que había sido condenado por agresión y luego había sido puesto en libertad, acababa de cometer otro crimen odioso que hería la conciencia colectiva. Entonces la justicia se propuso modificar la ley para que tales actos no se repitiesen. Sin embargo, de una enmienda a otra, no hay cambios, y el número de actos criminales no disminuye. Los hombres siguen siendo iguales al hombre del versículo de hoy, son indomables. Las leyes, las cadenas, la cárcel no pueden mejorarlos. Las leyes, indispensables para la vida en sociedad, no resuelven la raíz de los problemas.

La Biblia muestra la fuente del mal: “De dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Marcos 7:21-22). La demostración del grave estado moral del hombre fue hecha cuando Jesucristo, el justo por excelencia, fue crucificado, aunque Jesús no había hecho nada que mereciese la condena (Lucas 23:4). A pesar de esto, Dios permitió que ese atroz crimen también fuese el sacrificio mediante el cual nuestro corazón pudiese ser purificado y el creyente recibiese una nueva naturaleza. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Las leyes humanas no hacen más que canalizar más o menos bien los comportamientos, mientras que la fe en Cristo purifica y cambia el corazón desde su raíz.

Deuteronomio 12 – Juan 7:32-53 – Salmo 118:15-20 – Proverbios 25:18-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

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