(Juan el Bautista) los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? Lucas 7:19
(Jesús dijo a Pedro:) Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lucas 22:32
Contemos nuestras dudas al Señor Lea Lucas 7:18-28
Juan el Bautista, el “mayor” de los profetas, había oído la voz de Dios declarar con respecto a Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). Pero un día, estando en la cárcel, la duda se apoderó de él. Había anunciado la venida del Mesías y se le había revelado que este era Jesús. Pero Jesucristo no se comportaba como un Mesías glorioso, liberando a su pueblo del invasor romano. La fe de Juan fue puesta a prueba y se lo contó a su Maestro, no lo guardó para sí mismo.
Esta es la actitud correcta para nosotros también, amigos cristianos. Cuando pensamos haber comprendido la voluntad de Dios, y él actúa de otra manera, nos hacemos preguntas, y las sombras de la duda invaden nuestra vida. Entonces aprendamos, como Juan, a contarle todo a Jesús.
¿Cómo respondió Jesús a su amigo Juan? Primero, recordándole los milagros que había hecho. Estos habían sido anunciados en el Antiguo Testamento (ver Isaías 35:5-6): “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Lucas 7:22). Luego, mediante una promesa: “Bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí” (Lucas 7:23), dicho de otra manera: bienaventurado el que confía en mí durante el tiempo en que soy rechazado.
Esta promesa también es para cada uno de nosotros, sobre todo para los que sufren debido a su fe en Jesús. Él tiene las palabras de gracia que fortalecen e iluminan.
“Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias” es una producción de RZIM y es un excelente recurso para los cristianos que anhelan entender la fe y testificar con inteligencia.
Hudson Taylor nació en 1832, sus padres fueron James y Amelia Taylor. Una pareja metodista fascinada con el Lejano Oriente.
Después de una dramática conversión, el joven Hudson pasó los siguientes años en una frenética preparación, aprendiendo rudimentos de medicina, estudiando mandarín y sumergiéndose cada vez más en la Biblia y en la oración.
Su barco llegó a Shanghai, uno de los cinco «puertos de tratado» que China había abierto a los extranjeros después de su primera Guerra del Opio con Inglaterra. Casi de inmediato, Taylor tomó una decisión radical, al menos para los misioneros protestantes de la época: decidió vestirse con ropas chinas y dejarse crecer el cabello, como lo hacían los chinos. Sus compañeros protestantes fueron incrédulos y muy críticos ante esta decisión.
Taylor, por su parte, no estaba contento con la mayoría de los misioneros que vio: creía que eran «mundanos» y pasaban demasiado tiempo con empresarios y diplomáticos ingleses que necesitaban de sus servicios como traductores. En cambio, Taylor quería que la fe cristiana llegara al interior de China. Así que a los pocos meses de llegar, y mientras el idioma nativo seguía siendo un desafío, Taylor, junto con Joseph Edkins, partió hacia el interior, navegando por el río Huangpu distribuyendo Biblias y tratados.
Cuando la Chinese Evangelization Society, que había patrocinado a Taylor, se mostró incapaz de pagarle a sus misioneros en 1857, Taylor dimitió y se convirtió en misionero independiente; confiando en Dios para satisfacer sus necesidades. Taylor continuó trabajando, y su pequeña iglesia en Ningpo creció a 21 miembros. Pero en 1861, se enfermó gravemente, probablemente con hepatitis y se vio obligado a regresar a Inglaterra para recuperarse.
En Inglaterra, el inquieto Taylor continuó traduciendo la Biblia al chino, una obra que había comenzado en el país oriental. Estudió para convertirse en partero y reclutó más misioneros. Preocupado porque la gente en Inglaterra parecía tener poco interés en China, escribió China: su necesidad espiritual y sus reivindicaciones.
Taylor se convenció de que se necesitaba una organización especial para evangelizar el interior de China. Hizo planes para reclutar a 24 misioneros: dos para cada una de las 11 provincias interiores no alcanzadas y dos para Mongolia. Era un plan visionario que habría dejado a los reclutadores veteranos sin aliento: aumentaría el número de misioneros de China en un 25 %.
El propio Taylor estaba atormentado por la duda: le preocupaba enviar hombres y mujeres sin protección al interior; al mismo tiempo, se desesperó por los millones de chinos que se estaban muriendo sin la esperanza del Evangelio.
Su nueva misión, a la que llamó Misión al Interior de China (CIM), tenía una serie de características distintivas: sus misioneros no tendrían salarios garantizados ni podrían solicitar fondos; simplemente confiarían en Dios para suplir sus necesidades; además, sus misioneros adoptarían la vestimenta china y luego llevarían el evangelio al interior del país.
Un año después de su avance, Taylor, su esposa y cuatro hijos, y 16 jóvenes misioneros salieron de Londres para unirse a otros cinco que ya estaban en China trabajando bajo la dirección de Taylor.
En 1876, con 52 misioneros, la organización constituyó una quinta parte de la fuerza misionera en China.
Su estilo de liderazgo y altos ideales crearon enormes tensiones entre los consejos de la CIM de Londres y China. Londres pensó que Taylor era autocrático; Taylor dijo que solo estaba haciendo lo que pensaba que era mejor para el trabajo.
El ritmo de trabajo agotador de Taylor, tanto en China como en el extranjero, a Inglaterra, Estados Unidos y Canadá en compromisos de oratoria y reclutamiento, se llevó a cabo a pesar de la mala salud de Taylor y sus episodios de depresión. En 1900 su salud se agravó y tuvo un colapso físico y mental completo.
Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Hageo, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En este libro, Hageo reta a Israel después del exilio a permanecer fiel a su Dios y a reconstruir el templo.
Biblia y Teología es un podcast del Dr Larry Trotter, dedicado a la exposición bíblica y la enseñanza teológica. Larry es pastor de Florida Coast Church en Pompano Beach, Florida y profesor adjunto de Knox Theological Seminary en Fort Lauderdale, Florida.
Vivió veinticuatro maravillosos años como pastor en México y conferencista en distintos países de Latinoamérica. El propósito de Biblia y Teología es proporcionar enseñanza avanzada y en una forma accesible.
(Jesús dijo:) Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos… No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Mateo 9:12-13
La gracia del Evangelio
«La gracia del Evangelio, tan difícil de comprender, nos pone ante la verdad y nos dice: Eres un pecador, pero puedes ir a Dios, quien te ama. Te acepta tal como eres, sin que hagas nada, sin que des nada, te quiere a ti, por completo… Dios vino hasta ti, pecador, para salvarte. ¡Regocíjate! Al decirte la verdad, Dios te libera. Delante de él, no puedes esconderte. La máscara que llevas frente a los hombres no sirve de nada en su presencia, Dios quiere verte tal como eres… para concederte su gracia».
D. B. “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano” (Salmo 139:7-10). Quizás usted esté agobiado por el recuerdo del mal que hizo a otros y a usted mismo. Escuche el mensaje del Evangelio, la gracia del Evangelio. Dios detesta el pecado, pero nos ama a nosotros los seres humanos, a pesar de nuestras artimañas, de nuestros malos comportamientos, deshonestidad, violencia. El pecado nos alcanzó a todos. Quizá nos empuje a decir una simple mentira, y esta produce en nosotros un malestar, o se convierte en una obsesión que nos martiriza, que nos posee y nos agobia.
Sea como fuere, cuando esta voz de la conciencia nos habla, tomémosla muy en serio: ella nos recuerda que Dios tiene algo que decirnos, y no olvidemos que solo él puede purificarnos del pecado.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
Uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba… Respondiendo el otro le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:39-43
El malhechor en la cruz
Dos malhechores fueron crucificados al mismo tiempo que Jesús, ambos fueron condenados al peor castigo de la época debido a sus crímenes. A pesar de la vergüenza y de los terribles sufrimientos de la crucifixión, se sumaron a la multitud que insultaba a Jesús. Uno se burlaba de él, diciendo: “Sálvate a ti mismo y a nosotros”. ¡Qué muestra de la bajeza humana y de su deseo de ser liberado de las consecuencias del pecado sin juzgar la causa de ello! Pero de repente el otro cambió de actitud; tomó conciencia del temor debido a Dios. Hasta entonces su temor estaba limitado a los tribunales humanos. Pero entendió que pronto comparecería ante el Juez supremo en su condición de miserable pecador. Reconoció que el juicio que lo alcanzaba era merecido. Fue el principio de un verdadero arrepentimiento. Discernió y proclamó la perfección de Jesús, aunque las apariencias parecían indicar lo contrario. Es la fe. Atestiguó que Jesús es Señor y Rey, y le pidió que se acordara de él, cuando estableciera su reino. Es la esperanza.
En el umbral de la muerte, ¿qué balance pudo hacer este malhechor? Una vida condenada por los hombres y por Dios, en la espera del juicio eterno. Pero Jesús vino precisamente para salvar a los que se reconocen perdidos, como este malhechor, y acuden a la gracia.