¿POR QUÉ CELEBRAMOS EL ADVIENTO?

Coalición por el Evangelio

Noticias de gran Gozo

¿POR QUÉ CELEBRAMOS EL ADVIENTO?

La palabra «Adviento» no es una con la que crecí en la iglesia evangélica. Cuando la conocí, me sonó como algo que más bien creía la Iglesia católica romana. Luego me llevé una sorpresa al aprender que, a lo largo de la historia del cristianismo, el Adviento es visto como uno de los momentos más especiales en todo el año, solo comparable en importancia a la conmemoración de lo que Jesús hizo en la Semana Santa.

¿Por qué es tan especial el Adviento? La palabra viene del latín adventus Redemptoris, que significa «venida del Redentor». Eso es exactamente lo que se busca celebrar y recordar en este tiempo. Siempre ha sido visto por los creyentes como una temporada especial para meditar en el misterio de la encarnación de Jesús y gozarnos en lo que significa, y así preparar nuestros corazones para gozarnos más en Dios.1

Esta realidad, que el Hijo de Dios se hizo hombre para redimirnos y darnos vida eterna junto a Él, lo cambia todo. Nos muestra hasta qué punto el Dios infinito en gloria fue capaz de descender por nosotros para luego elevarnos junto a Él. Nos muestra que el regalo más grande que Dios decidió darnos, cuando más bien merecemos el castigo eterno por nuestros pecados, es Él mismo.

El Adviento es una época para recordar el amor de Dios, un amor que corazones distraídos como los nuestros tienden a olvidar con facilidad. Este es un amor que nos llena de consuelo, paz y esperanza cuando hemos fallado o cuando estamos en medio del dolor. Un amor que también nos lleva a darle toda la gloria a Dios en nuestros momentos de alegría, y a compartir de su gracia con un mundo que la necesita desesperadamente.

Todo esto está en el corazón del evangelio. Por eso los grandes líderes de la Reforma protestante del siglo XVI promovieron la celebración del Adviento con fervor. Si la salvación es por gracia sola, por medio de la fe sola, y por medio de Cristo solo, entonces tenemos el mayor de los motivos para gozarnos en Dios en respuesta a su salvación.

Así que el Adviento es un tiempo para buscar conocer más profundamente a Jesús a la luz de su encarnación, mientras también nos identificamos con las personas que en tiempos del Antiguo Testamento aguardaban la llegada del Mesías prometido, tratando de ponernos en sus zapatos mientras esperamos que llegue el día de celebración de la Navidad. Sin embargo, no somos llamados a mirar únicamente al pasado, sino también al futuro, preparándonos para aquel día en que veremos al Señor regresar para consumar su reinado.

Oramos que las siguientes meditaciones te ayuden a crecer más en tu amor por Dios y desear con más fervor el segundo adviento del Rey que nos redimió por su gracia.

Josué Barrios

Editor General

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Dedicación Matinal

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

Dedicación Matinal

¡Dios Todopoderoso!
Mientras cruzo el umbral de este día, yo Te confío, a mí misma alma,
cuerpo, relaciones, amigos, a tu cuidado. Vigílame, guárdame, oriéntame,
dirígeme santifícame, bendíceme. Inclina mi corazón hacia Tus caminos.
Moldéame totalmente a imagen de Jesús, como un alfarero hace con el
barro. Que mis labios sean un arpa bien afinada para resonar Tu alabanza.
Haz que aquellos que me rodean me vean viviendo por Tu Espíritu, pisando
el mundo bajo los pies, no conformado a las mentirosas vanidades,
transformado por una mente renovada, revestido con toda la armadura de
Dios, brillando como una luz que nunca disminuye, demostrando santidad
en todas mis acciones. No permitas que ningún mal este día manche mis
pensamientos, palabras, manos. Que yo pueda peregrinar por caminos
lodosos con una vida pura de mancha u oscuridad. En las acciones
necesarias, haz que mi afecto esté en el cielo, y mi amor elevado en llamas
de fuego, mi mirada fija en cosas invisibles, mis ojos abiertos al vacío,
frágiles, lejos de la tierra y sus vanidades. Que yo pueda consultar todas las
cosas en el espejo de la eternidad, a la espera de la venida de mi Señor,
oyendo el llamado de la última trompeta, avivando el nuevo cielo y la
nueva tierra. Ordena en este día todas mis conversaciones de acuerdo con
Tu sabiduría, y a la ganancia del bien común. No permitas que yo no sea
beneficiado o hecho útil. Que yo pueda hablar cada palabra como si fuera
mi última palabra, y andar cada paso como el último. Si mi vida fuera a
terminar hoy, que este sea mi mejor día.

Oraciones Puritanas

¿Es usted anatema?

Lunes 13 Diciembre

El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema.1 Corintios 16:22

El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí.Gálatas 2:20

¿Es usted anatema?

El predicador inglés John Flavel (1627-1691) comentaba el primer versículo arriba citado. Mostraba cómo los evangelios resaltan el amor de Dios por nosotros, y hasta qué punto llegó el amor de Cristo. Es un amor insondable, pues Jesús aceptó morir por sus enemigos. Insistía sobre la gravedad de permanecer indiferente a ese amor. Rechazar este don de la gracia de Dios en Jesucristo tenía como terrible consecuencia ser “anatema”, es decir, reprobado por Dios mismo. ¡Esta expresión tan fuerte nos interpela! La seriedad de esta advertencia impresionó mucho al mismo Flavel y a los que lo escuchaban. Al final de su mensaje, pidiendo la bendición de Dios sobre la asistencia, titubeó y, muy emocionado, repitió: “pero los que no aman al Señor Jesús son malditos…”.

Entre ellos había un adolescente de unos quince años, Luc Short. Esta advertencia también le concernía, pero tenía tantos proyectos que la ignoró. Poco después emigró a Estados Unidos donde hizo prosperar una gran hacienda. Siendo muy anciano, repentinamente vino a su mente ese episodio de su juventud y recordó el llamado de Dios: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema”.

Después de 85 años de haber oído estas duras palabras, Luc Short confesó a Dios sus pecados, su vida alejada de él por sus propias faltas, y halló el perdón y la paz. Pudo vivir sus últimos momentos con Dios y para Dios. Nunca es demasiado tarde para arrepentirse; pero no dejemos pasar nuestra vida sin hacerlo.

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos” (Eclesiastés 12:1).

Cantares 1-2 – Apocalipsis 6 – Salmo 141:1-4 – Proverbios 29:23

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