UN NIÑO COMO NINGÚN OTRO

Coalición por el Evangelio

Noticias de gran Gozo

UN NIÑO COMO NINGÚN OTRO

«Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado,
Y la soberanía reposará sobre Sus hombros.
Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin
Sobre el trono de David y sobre su reino,
Para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia
Desde entonces y para siempre.
El celo del SEÑOR de los ejércitos hará esto» (Isaías 9:6-7).

Las palabras de Isaías pudieron ser tomadas con escepticismo. El pueblo enfrentaba una invasión potencial por parte de Asiria que les causaba una angustia inmensa. Las autoridades aumentaban la desesperanza al sembrar el caos producto de sus propias maquinaciones y alianzas políticas fallidas.

El pueblo temeroso estaba sumido en teorías de conspiración que causaban más pánico y ninguna solución (8:12). Habían dejado la Palabra fiel y poderosa de Dios para buscar respuestas inciertas en adivinos y espiritistas (8:19-20). En medio de esa realidad angustiante y desesperanzada, Isaías afirma en nombre de Dios: «Pero no habrá más melancolía para los que estaban en angustia» (9:1). Más de uno podría haber pensado que Isaías estaba loco o era un cínico despiadado, pero esto no era un pensamiento positivo del profeta, sino Palabra de Dios.

El mensaje era desafiante porque declaraba que la historia humana no es el fin de la historia. Dios es el Señor de la historia y su final no lo escriben los imperios de este mundo ni sus actores circunstanciales, sino la mano del Rey Todopoderoso. Por eso Isaías señala que, desde los extremos oscuros de las tinieblas y las sombras de muerte, surgirá una luz resplandeciente y una alegría abundante. Un regocijo que no surgirá por ellos, sino por la «presencia» de Dios y la victoria divina absoluta sobre el opresor (9:3-4).

Esta victoria completa tiene una garantía sorprendente. Isaías anuncia la llegada de un «Niño», pero no un humano cualquiera, sino el Mesías, el Redentor prometido, el Dios Soberano hecho hombre. En completa oposición a todos los tiranos destructores y violentos del mundo, Él será «Príncipe de Paz» (9:6). Era extraño el anuncio de un niño-rey cuando se necesitaba un rey maduro que trajera liberación inmediata al pueblo. Pero el Señor tiene control sobre la historia y su plan se cumplirá en su tiempo. Isaías estaba anunciando con anticipación a Jesucristo, quien luego de morir y resucitar por nosotros en el tiempo divino, ya reina, está sentado a la diestra del Padre y gobierna con «el derecho y la justicia Desde entonces y para siempre» (9:7).

Todavía hoy estamos sumidos en melancolía y angustia al enfrentar conspiraciones y enemigos al acecho, pero te animo a que no descanses en tus fuerzas o en los sueños utópicos del mundo pasajero. En cambio, descansa en el «Admirable consejero, Dios poderoso, Padre eterno, Príncipe de Paz», quien pagó por tu liberación, ya reina y volverá sin falta por segunda vez.

¿Con quién podrías compartir hoy esta grandiosa promesa de salvación?

ANHELOS POR DIOS

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

ANHELOS POR DIOS

¡Mi querido Señor!
Yo solo puedo decirte que Tú sabes que yo no ansío nada sino Tú mismo;
nada, a no ser la santidad; nada, a no ser la unión con Tu voluntad. Tú
me concedes esos deseos, y sólo Tú puedes darme lo que es deseado. Mi
alma anhela la comunión con el Señor, para mortificación de la corrupción
que habita en mí, especialmente el orgullo espiritual. ¡Cuán precioso es
tener un tierno sentimiento y clara comprensión del misterio de piedad, de
la verdadera santidad! ¡Qué bienaventuranza es ser como Tú, tanto
cuanto sea posible para una criatura ser como su Creador! Señor, dame
más de Tu semejanza; dilata mi alma para contener la plenitud de la
santidad; hazme vivir para Ti. ayúdame a estar menos satisfecho con mis
experiencias espirituales, y cuando me siento a gusto después de dulces
comuniones, enséñame que es muy poco lo que sé y hago. Bendito Señor,
permite elevarme más cerca de ti, y amar anhelar y luchar contigo, y
aspirar por la liberación del cuerpo de pecado, pues mi corazón está errante
y sin vida, y mi alma se lamenta al pensar que alguna vez pierda de vista a
su amado. Envuelve mi vida en Divino amor, y mantenme siempre deseoso
por Ti, siempre humilde y resignado a Tu voluntad, más fijo en Ti mismo,
para que yo pueda estar capacitado para la obra y el sufrimiento.