El infierno (2): la segunda muerte

Domingo 27 Noviembre

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos… Fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:614-15

El infierno (2): la segunda muerte

En el Apocalipsis, el libro de los juicios, una tercera expresión designa el infierno: “la segunda muerte”. ¿Qué significa esto? Todos los seres humanos están destinados a morir una vez. Dios había advertido a Adán que si desobedecía, moriría (Génesis 2:17). Adán desobedeció, y desde entonces la muerte es el fin terrenal inevitable de todo hombre. Y después de la muerte viene el juicio, de manera inapelable (Hebreos 9:27), pero no para los creyentes (Juan 5:24). La muerte no es el fin de la existencia, todos los hombres resucitarán.

 – Para los que han puesto su confianza en Jesús, será una “resurrección de vida”, la vida eterna en el cielo con su Salvador.

 – Para los otros, cuyo nombre no se halla inscrito “en el libro de la vida”, será una “resurrección de condenación” (Juan 5:29), es decir, irán al infierno, donde “sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor” (2 Tes. 1:9). Esta es “la segunda muerte”.

Dios es justo, recto, y advierte a cada uno. En el día del juicio nadie podrá quejarse de haber sido tomado por sorpresa. Dios invita a todos los hombres a aceptar su gracia, por la fe en Jesús. En la cruz, Jesús sufrió la ira de Dios en nuestro lugar. El que cree en el Señor Jesús y en su sacrificio tiene su nombre inscrito en el libro de la vida. Rechazar esta gracia es exponerse a “una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (de Dios)” (Hebreos 10:27). Tome la decisión de los “bienaventurados”.

Josué 15 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Proverbios 28:19-20

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El infierno (1): su realidad

Sábado 26 Noviembre

(El) fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Mateo 25:41

¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?

Mateo 23:33

Jesús… nos libra de la ira venidera.

1 Tesalonicenses 1:10

El infierno (1): su realidad

Este es un tema desagradable, pensará usted. Y es cierto. Pero este calendario no se hizo para presentar una colección de textos agradables; se trata de exponer el mensaje bíblico que Dios dirige a todos. La palabra “infierno”, también traducida por “gehena”, aparece varias veces en la Biblia, y no podemos ignorarla. Abordamos este tema a la luz de la Palabra de Dios, con el deseo sincero de que ninguno de nuestros lectores conozca los tormentos del infierno.

A menudo escuchamos la expresión: ¡“Es el infierno”!, para designar un momento especialmente doloroso de la vida cotidiana. Pero el infierno es una realidad mucho más aterradora que las peores dificultades que podemos imaginar. ¡Es una realidad futura, eterna y definitiva!

Jesús emplea diferentes imágenes para hablar del infierno, en especial: “las tinieblas de afuera” y el “fuego eterno” (Mateo 25:3041). Estas contienen un significado terrible, mezclando sufrimientos extremos con el alejamiento definitivo de Dios. Es el lugar del castigo eterno, un lugar muy real donde un día serán lanzadas todas las criaturas, angelicales o humanas, que hayan despreciado a Dios y preferido vivir sin él.

Esto debe hacernos reflexionar, pero no desesperarnos, porque el infierno ha sido preparado para Satanás y sus ángeles. Allí solo serán lanzados los hombres que durante su vida hayan despreciado la gracia que Dios ofrece. ¡Dios tiene otro plan para cada uno de nosotros! Él dio a su Hijo Jesucristo para salvar eternamente a los que creen en él.

(mañana continuará)

Josué 14 – Hebreos 13 – Salmo 133 – Proverbios 28:17-18

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¿Es el Catolicismo una religión falsa? ¿Son salvos los católicos?

El problema más crucial con la Iglesia Católica Romana es la creencia de que la sola fe en Jesucristo no es suficiente para la salvación. La Biblia clara y consistentemente establece que el recibir a Jesucristo como Salvador, por gracia a través de la fe, garantiza la salvación (Juan 1:12; 3:16, 18, 36; Hechos 16:31; Romanos 10:13; Efesios 2:8-9). La Iglesia Católica Romana rechaza esto. La posición oficial de la Iglesia Católica Romana es que una persona debe creer en Jesucristo Y ser bautizada Y recibir la Eucaristía junto con los otros sacramentos, Y obedecer los decretos de la Iglesia Católica Romana Y realizar obras meritorias Y no morir con algún pecado mortal Y etc., etc., etc. La divergencia Católica de la Biblia en el más crucial de los puntos, la salvación, significa que sí, el Catolicismo es una religión falsa. Si la persona cree lo que la Iglesia Católica enseña oficialmente, él o ella no serán salvados. Cualquier demanda de obras o rituales que deban ser añadidos a la fe para obtener la salvación, es afirmar que la muerte de Jesús no tuvo el valor suficiente para comprar nuestra salvación.

Mientras que la salvación por fe es el punto más crucial, al comparar el catolicismo romano con la Palabra de Dios, existen también muchas otras diferencias y contradicciones. La Iglesia Católica Romana enseña muchas doctrinas que están en desacuerdo con lo que la Biblia declara. Esto incluye la sucesión apostólica, la adoración a los santos o a María, la oración a los santos o a María, el Papa / papado, el bautismo de infantes, la transubstanciación, indulgencias plenarias, el sistema sacramental, y el purgatorio. A pesar de afirmar los católicos la base bíblica de estos conceptos, ninguna de estas enseñanzas tiene ninguna base sólida en la clara enseñanza de la Escritura. Estos conceptos están basados en la tradición católica, no en la Palabra de Dios. De hecho, ellos claramente contradicen los principios bíblicos.

Con referencia a la pregunta “¿Son salvos los católicos?”, esta es la pregunta más difícil de responder. Es imposible hacer una declaración universal sobre la salvación de todos los miembros de cualquier denominación cristiana. No TODOS los bautistas son salvos. No TODOS los presbiterianos son salvos. No TODOS los luteranos son salvos. La salvación es determinada por la fe personal solamente en Jesús para salvación, no por los títulos o identificación denominacional. A pesar de las creencias anti-bíblicas y las prácticas de la Iglesia Católica Romana, hay creyentes genuinos que asisten a las iglesias católicas. Hay muchos católicos romanos que genuinamente han depositado su fe solamente en Jesucristo para salvación. Sin embargo, estos cristianos católicos son creyentes, a pesar de lo que la Iglesia Católica enseña, no por lo que ella enseña. En cierto grado, la Iglesia Católica enseña de la Biblia y señala a la gente a Jesucristo como el Salvador. Como resultado, algunas veces la gente es salvada en iglesias católicas. La Biblia tiene un impacto en donde quiera que es proclamada (Isaías 55:11). Los cristianos católicos permanecen en la Iglesia Católica por la ignorancia de lo que la Iglesia Católica es realmente, por una tradición familiar y presión, o por el deseo de alcanzar a otros para Cristo.

Al mismo tiempo, la Iglesia Católica también aleja a mucha gente de la fe genuina y relación con Cristo. Las creencias y prácticas no bíblicas de la Iglesia Católica Romana, con frecuencia les han dado a los enemigos de Cristo la oportunidad para blasfemar. La Iglesia Católica Romana no es la iglesia que estableció Jesucristo. No es la iglesia que está basada en las enseñanzas de los apóstoles (como se describe en el Libro de Los Hechos y en las epístolas del Nuevo Testamento). A pesar de que las palabras de Jesús en Marcos 7:9 fueron dirigidas a los fariseos, ellas describen con exactitud a la Iglesia Católica Romana, “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.”

Jesús en la cruz, frente a los hombr

Viernes 25 Noviembre

(Jesús dijo:) Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.

Lucas 22:53

¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido.

Lamentaciones 1:12

Jesús en la cruz, frente a los hombres

En nuestros días, cuando alguien es condenado a la pena capital en los países donde esto se practica aún, la justicia se esfuerza por minimizar el sufrimiento y la duración de la ejecución para el condenado.

Con nuestro Señor Jesús se hizo todo lo contrario. Desde antes de su comparecencia ante el tribunal religioso, fue cobardemente golpeado, insultado, afrentado; escupieron su rostro, y los jefes de los judíos lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador romano.

Pilato se preguntaba qué mal había podido hacer. Sin embargo, después de un simulacro de juicio, hizo azotar a Jesús y lo entregó a sus soldados, quienes “convocaron a toda la compañía”, se burlaron de él y le pusieron una corona de espinas en la cabeza (Marcos 15:15-20).

No dejemos embotar nuestra sensibilidad y seamos conscientes del horror de los sufrimientos físicos y morales que padeció Jesús, nuestro Salvador. Imaginémonos estas escenas indignas donde un hombre solo e indefenso era atacado por todos antes de ser crucificado. Sí, Señor, ¡fue por mí que padeciste esto! Y, aún más, Jesús padeció de manera única cuando, abandonado por Dios, sufrió en nuestro lugar el juicio que nosotros merecíamos.

Para ti, Jesús, el sufrimiento,

Las lágrimas, la muerte, el abandono;

Para nosotros la liberación,

El perdón y la salvación.

Josué 13 – Hebreos 12:12-29 – Salmo 132:13-18 – Proverbios 28:15-16

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¿Qué dice la Biblia sobre la ansiedad?

La Biblia tiene mucho que decir sobre la ansiedad, aunque la palabra en sí no se encuentra con tanta frecuencia. Para sustituirla, se utilizan sinónimos como problema, pesadez, angustia y preocupación.

Las causas específicas de la ansiedad son probablemente más de las que se pueden enumerar, pero algunos ejemplos de la Biblia señalan algunas causas generales. En Génesis 32, Jacob vuelve a casa después de muchos años de ausencia. Una de las razones por las que había salido de casa era para escapar de la ira de su hermano Esaú, a quien Jacob había robado la primogenitura y la bendición de su padre. Ahora, cuando Jacob se acerca a su tierra natal, se entera de que Esaú viene a su encuentro con 400 hombres. Inmediatamente, Jacob se pone ansioso, esperando una horrible batalla con su hermano. En este caso, la ansiedad es causada por una relación rota y una conciencia culpable.

En 1 Samuel 1, Ana está angustiada porque no podía concebir hijos y era objeto de burlas por parte de Penina, la otra esposa de su marido. Su angustia se debe a los deseos insatisfechos y al acoso de una rival.

En Ester 4, el pueblo judío está angustiado por un decreto real que permitiría su masacre. La reina Ester está angustiada porque planeaba arriesgar su vida en nombre de su pueblo. El miedo a la muerte y a lo desconocido es un elemento clave de la ansiedad.

No toda la ansiedad es pecaminosa. En 1 Corintios 7:32, Pablo afirma que un hombre soltero está «ansioso» por complacer al Señor, mientras que un hombre casado está «ansioso» por complacer a su esposa. En este caso, la ansiedad no es un temor pecaminoso, sino una profunda y correcta preocupación.

Probablemente, el pasaje más conocido sobre la ansiedad proviene del Sermón del Monte, en Mateo 6. Nuestro Señor nos advierte de que no debemos estar ansiosos por las diferentes preocupaciones de esta vida. Para el hijo de Dios, incluso las necesidades como la comida y el vestido no deben ser motivo de preocupación. Utilizando ejemplos de la creación de Dios, Jesús nos enseña que nuestro Padre Celestial conoce nuestras necesidades y tiene cuidado de ellas. Si Dios cuida de cosas sencillas como la hierba, las flores y los pájaros, ¿no cuidará también de las personas que han sido creadas a su imagen? En vez de preocuparnos por las cosas que no podemos controlar, debemos «buscar primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas [las necesidades de la vida] os serán añadidas» (versículo 33). Poner a Dios en primer lugar es una cura para la ansiedad.

Muchas veces, la ansiedad o la preocupación es el resultado del pecado, y la cura es tratar con el pecado. El Salmo 32:1-5 dice que la persona a la que se le perdona el pecado es bendecida, y la pesada carga de la culpa se quita cuando se confiesan los pecados. ¿Una relación rota crea ansiedad? Intenta hacer las paces (2 Corintios 13:11). ¿El miedo a lo desconocido te produce ansiedad? Acude al Dios que lo sabe todo y lo controla todo (Salmo 68:20). ¿Las circunstancias abrumadoras te causan ansiedad? Ten fe en Dios. Cuando los discípulos se angustiaron en una tormenta, Jesús primero reprendió su falta de fe, y luego reprendió el viento y las olas (Mateo 8:23-27). Mientras estemos con Jesús, no hay nada que temer.

Podemos confiar en que el Señor proveerá para nuestras necesidades, nos protegerá del mal, nos guiará y guardará nuestras almas para la eternidad. Tal vez no podamos evitar que los pensamientos ansiosos entren en nuestra mente, pero podemos practicar la respuesta correcta. Filipenses 4:6, 7 nos dice: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

Cartas a las iglesias: Pérgamo (3)

Jueves 24 Noviembre

(Jesús dijo:) Yo conozco… dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.

Apocalipsis 2:13

Cartas a las iglesias: Pérgamo (3)

Leer Apocalipsis 2:12-17

Pérgamo, sede de la autoridad imperial, fue la primera ciudad de Asia Menor que instituyó el culto al emperador. Allí había templos en honor a una multitud de dioses. La iglesia de Pérgamo moraba “donde está el trono de Satanás”. Sin embargo, Jesús reconoció la fidelidad de esos cristianos: “Retienes mi nombre”. Esos creyentes no escondían su bandera, no habían cedido al miedo; habían permanecido firmes en su fe en Cristo.

Jesús se presentó a esta iglesia como el que examina todo. Su mensaje fue como una espada aguda de dos filos que pone en evidencia las motivaciones más secretas del corazón (Hebreos 4:12). Porque, mezclados con esos cristianos fieles, algunas personas daban una enseñanza falsa de la Palabra de Dios. Así arrastraban a la idolatría y la inmoralidad a quienes los escuchaban. El Señor reprochó a esta iglesia tolerar en medio de ella a tales personas, y le dijo: “Arrepiéntete”, es decir, reconoce que no debes dejarlos actuar.

A los que rechazaban estas malas enseñanzas y querían permanecer fieles, les ofreció el “maná escondido”, símbolo del alimento espiritual del cual el creyente tiene necesidad cada día. Para ver claramente en un mundo que se aleja más y más de los valores cristianos, y para no adoptar los estándares del mundo, necesitamos más que normas religiosas. Es necesario buscar el pensamiento del Señor en la Biblia, y vivir por la fe en la dulzura de su amor. De ello nos habla el maná escondido.

Josué 12 – Hebreos 12:1-11 – Salmo 132:8-12 – Proverbios 28:13-14

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Un llamado a estar en silencio y a solas

Un llamado a estar en silencio y a solas

Taylor Berghuis

Me atrevo a decir que una de las mayores amenazas para la vitalidad espiritual de los cristianos hoy en día es la ausencia de silencio y soledad rutinarios. En 2017, Domo Inc, una empresa de software basada en la nube, midió la cantidad de datos que los seres humanos de todo el mundo generan cada minuto. Sus hallazgos fueron asombrosos: cada minuto se enviaron 15.220.700 textos, se entregaron 103.447.520 correos electrónicos de spam, se compartieron 527.260 fotos en Snapchat, se vieron 4.146.600 vídeos en YouTube y Amazon realizó 258.751 dólares en ventas. En total, solo los estadounidenses utilizaron 2.657.700 gigabytes de datos cada 60 segundos. Sin duda, estas cifras no han hecho más que aumentar en los últimos años. Vivimos en una era de ruido y distracción sin precedentes.

Un conocido cristiano escribió: «Creo que el diablo se ha propuesto monopolizar tres elementos: el ruido, las prisas y las multitudes… Satanás es muy consciente del poder del silencio». Después de leer estas palabras por primera vez, habría adivinado que las había dicho un pastor o un teólogo de nuestra generación. Pero la persona que las escribió fue Jim Elliot, un misionero que murió en 1956. Estas palabras fueron escritas mucho antes de las computadoras, los teléfonos inteligentes, los mensajes de texto, las redes sociales y los correos electrónicos. Si los líderes cristianos estaban preocupados por el apetito de la sociedad por el caos sobre la calma antes de la llegada de estos inventos, imagina el efecto que la tecnología tiene en nuestras vidas hoy en día. Por decir lo menos, la era digital de la accesibilidad y la conectividad ha causado estragos en nuestra capacidad de mantener la santidad del silencio y la soledad.

¿Anti-tecnología?
Vale la pena decir que no estoy en contra de la tecnología. La tecnología está entretejida en mi vida, como sospecho que ocurre con la tuya. No pasa un día sin que la utilice o sienta su impacto. Disfrutamos de innumerables ventajas y comodidades en la vida gracias a la tecnología. Además, la tecnología ha sido fundamental para el avance del evangelio en todo el mundo.
No estoy sugiriendo que cortemos los lazos con la tecnología.

Sin embargo, abogo porque la desconectemos regularmente y dediquemos parte de cada día a estar en silencio y a solas. Sin teléfonos. Sin tabletas. Sin computadora. Sin poder escuchar esa notificación que te avisa de un mensaje de texto o de un comentario en tu publicación en las redes sociales. Apaga los aparatos.

La era digital de la accesibilidad y la conectividad ha causado estragos en nuestra capacidad de mantener la santidad del silencio y la soledad.

En silencio y a solas… intencionalmente.
El silencio y la soledad que necesitamos no son casuales, cuando las circunstancias del día resultan casualmente en un ambiente tranquilo. El tipo de silencio y soledad que defiendo es intencionado, por lo que este acto no es un fin sí mismo, sino el medio para un fin mayor: la adoración. Hay que reservar tiempo deliberadamente para este esfuerzo. Tal vez Robert Plummer, un erudito del Nuevo Testamento, lo expresa mejor: «Los tiempos de soledad y silencio para el cristiano no son para un estímulo mental o emocional, sino actos de adoración en los que uno puede centrarse ininterrumpidamente en el bondadoso Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo».

Las preocupaciones y distracciones cotidianas de este mundo apartan fácilmente nuestras mentes y corazones de la preeminencia que Dios merece en nuestras vidas. No hay nada intrínsecamente malo en la tecnología o las redes sociales, pero su influencia puede imponer sutilmente un gran daño al alma simplemente porque consumen nuestra atención con tanta facilidad. Considere las palabras del erudito de Antiguo Testamento, Allen P. Ross:

«Nuestra atención al Señor no debe ser una parte ordinaria de la vida; nuestra adoración a Él debería ser la actividad más urgente y gloriosa de nuestra vida. Pero rara vez vemos el esplendor, la belleza y la gloria de la adoración, porque no salimos de nuestro mundo lo suficiente como para comprender a este Dios de la gloria».

El silencio y la soledad rutinarios son una gran ayuda para el cristiano que se esfuerza por mantener la mente puesta en la eternidad mientras está en este mundo (Col. 3:2). Es un tiempo para retirarnos y concentrarnos exclusivamente en el Señor. Muchos utilizan el tiempo para leer las Escrituras, orar, memorizar versículos o anotar sus pensamientos. Esta práctica es necesaria no solo para refrescar nuestras almas, ya que al mismo tiempo nos agudiza para vivir fielmente en este mundo al aprovechar los medios de gracia que Dios nos ha concedido. El día y la época en que vivimos exigen un silencio y una soledad decididos.

Ideas que marcan la pauta.
Hay tres reflexiones finales que deben regir este llamamiento al silencio y a la soledad.

  1. El silencio y la soledad no son obligatorios.

No encontrarás un versículo en la Biblia que ordene a los cristianos practicar el silencio y la soledad, pero hay literatura impresa que intenta hacer ese caso. Si bien es cierto que la Biblia contiene numerosos ejemplos del pueblo de Dios dedicado al silencio y la soledad, es un error considerarlo como un requisito.

Parte de la confusión proviene de la propia vida y hábitos de Jesús. Cuando consideramos los años terrenales de Jesús a través de los relatos de los Evangelios, es evidente que se retiró para practicar el silencio y la soledad (Mateo 14:13; Marcos 6:30-32; Lucas 5:16, 6:12). La lógica defectuosa de ordenar «Practicarás el silencio y la soledad» es algo así: porque Jesús (o Pedro, Pablo, etc.) se dedicó a ello, nosotros también debemos hacerlo. Esa conclusión, sin embargo, no comprende la intención del autor de cada uno de esos pasajes. Debemos tener cuidado de no confundir los pasajes descriptivos (que registran hechos que han tenido lugar) con los pasajes prescriptivos (que informan al lector de lo que debe ocurrir). Yo sostengo que los textos de silencio y soledad de la Biblia son todos descriptivos. Por tanto, al hacer este llamamiento, lo hago con la perspectiva de que el silencio y la soledad son sabios para la vida cristiana, pero no una práctica que Dios exija.

  1. El silencio y la soledad no son antagónicos con la comunión.

La práctica del silencio y la soledad regulares no equivale a convertirse en un recluso. Los creyentes nunca deben alejarse de la comunión (Heb. 10:25) ni de relacionarse con el mundo que les rodea (Mt. 5:14-16). En su obra, «Life together» (Vida en común), Dietrich Bonhoeffer afirma correctamente: «El que busca la soledad sin compañerismo perece en el abismo de la vanidad, el autoengaño y la desesperación». Un creyente aislado se convertirá en un creyente ocioso, haciendo que la santificación se detenga. No podemos parecernos más a Jesús retirándonos del mundo por completo. Dios usa a las personas en nuestras vidas para moldearnos para nuestro bien y su gloria.

En 1787, una conocida escritora y mecenas llamada Hannah More escribió una carta en la que reflexionaba sobre su propio crecimiento espiritual. Ella proporcionó un comentario perspicaz con respecto al silencio y la soledad:

«Siempre he creído que si pudiera asegurarme un retiro tranquilo como el que ahora he logrado, sería maravillosamente buena; que tendría tiempo libre para almacenar mi mente con tales y tales máximas de sabiduría; que estaría a salvo de tales y tales tentaciones; que, en resumen, todos mis veranos serían períodos suaves de gracia y bondad. Ahora, la desgracia es que, en realidad, he encontrado una gran cantidad de comodidades como esperaba, pero sin ninguna de las virtudes relacionadas. Ciertamente, soy más feliz aquí que en la agitación del mundo, pero no encuentro que yo sea ni un poco mejor».

El silencio y la soledad rutinarios son una gran ayuda para el cristiano que se esfuerza por mantener la mente puesta en la eternidad mientras está en este mundo

  1. El silencio y la soledad no son una talla única

No hay un libro de reglas para estar en silencio y a solas. Supongo que esta disciplina será diferente en la vida de cada persona, dadas sus circunstancias. Una madre de cuatro niños pequeños tendrá que ser mucho más intencional para programar tiempo para el silencio y la soledad que un viudo jubilado. Hay libertad para evaluar la mejor manera de incorporar esta práctica de forma rutinaria en tu propia vida. La clave es que, cuando te dediques al silencio y a la soledad, tengas un propósito con ese tiempo y protejas su intención. Como escribió el pastor y teólogo del siglo XVIII Jonathan Edwards, «Un verdadero cristiano… se deleita a veces en retirarse de toda la humanidad, para conversar con Dios en lugares solitarios. Y esto tiene sus ventajas peculiares para fijar su corazón y comprometer sus afectos. La verdadera religión dispone a las personas a estar mucho tiempo a solas en sitios solitarios, para la santa meditación y la oración».

Así que, una vez más, os hago un llamamiento: Comprométete con la rutina del silencio y la soledad. Que refresque tu alma, agudice tu mente y encienda tu afecto por el Dios trino.

Taylor Berghuis

Taylor is a current M.Div. student and works as an administrator for TMS.

Gente rara

Miércoles 23 Noviembre

El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado.

Juan 5:15

(Jesús dijo:) Me seréis testigos… hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:8

Gente rara

Probablemente usted ha encontrado personas que le ofrecen un evangelio, un tratado o un calendario cristiano, sin preocuparse por las miradas críticas o burlonas… O ha escuchado cristianos hablando de Jesucristo a quienes los rodean e invitándolos a conocerlo. ¿Qué motiva a los creyentes a utilizar su tiempo y su energía para evangelizar a otros, a pesar de las reacciones hostiles? ¡Gente rara!, pensará usted…

Pero anunciar la buena nueva de la salvación de Dios por medio de Jesucristo es una de las grandes misiones de los creyentes, a quienes Jesús dijo: “Me seréis testigos”. El mensaje de gracia de Dios llena sus corazones, sus pensamientos, sus vidas. Todos los que han comprendido el amor de Jesús, su Salvador, desean mostrar y compartir su felicidad. Son motivados por el amor de Dios derramado en sus corazones por el Espíritu Santo (Romanos 5:5). Porque Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

La evangelización no es proselitismo, el cual se esfuerza en convencer y reclutar, por todos los medios, nuevos adeptos. Evangelizar es anunciar a Jesús el Salvador, dar a conocer una persona. Los que evangelizan son testigos del amor de Dios y del perdón que él concede a los que sienten el peso de sus pecados y se arrepienten. Conociendo esta felicidad para sí mismos, como los discípulos de Jesús, anhelan hablar de lo que llena su corazón. “Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20).

Josué 11 – Hebreos 11:23-40 – Salmo 132:1-7 – Proverbios 28:11-12

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Probar el propósito remoto

Probar el propósito remoto
Por R.C. Sproul

«¿Por qué permitió Dios que sucediera?». Esta pregunta pretende probar el propósito remoto o final. La pregunta supone algo crucial para nuestra comprensión de Dios. Supone que Dios pudo haber evitado lo que sucedió. Si negamos esta verdad, negamos el carácter mismo de Dios. Si Dios no pudo haberlo evitado, ya no sería Dios. Al preguntar por qué, también asumimos algo más que es vital. Suponemos que hay una respuesta a la pregunta. Suponemos que Dios tuvo una razón o un propósito para lo que ocurrió.

La pregunta permanece: «¿Fue buena la razón o el propósito de Dios?». Plantear la pregunta es responderla, si es que sabemos algo acerca de Dios. Nos equivocamos en nuestro razonamiento. Establecemos objetivos inútiles. Nos apresuramos a pensar lo absurdo. Perseguimos fines pecaminosos. No sugiramos que Dios tiene el mismo tipo de intencionalidad viciosa.

El único propósito o intención que Dios tiene es completamente bueno. Cuando la Biblia habla del ejercicio soberano del beneplácito de Su voluntad, no hay indicio alguno de arbitrariedad o intención malvada. El beneplácito de Su voluntad es siempre la buena intención de Su voluntad. Su beneplácito siempre es bueno, Su voluntad es siempre buena y Sus intenciones son siempre buenas.

Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios
¿Qué circunstancias pasadas o presentes en tu vida te han hecho preguntar «por qué»? Pídele a Dios que te muestre cómo Sus buenas intenciones se reflejan en estas situaciones.

El gozo de ser salvo

Martes 22 Noviembre

(Jesús dijo:) Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Lucas 10:20

Los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.

Hechos 13:52

Vuélveme el gozo de tu salvación.

Salmo 51:12

El gozo de ser salvo

Jesús envió a sus discípulos a anunciar el Evangelio. Cuando volvieron estaban felices por los resultados de su misión. Pero el Señor los dirigió hacia un gozo más profundo, el de saber que sus nombres estaban escritos en los cielos. En efecto, ¡qué felicidad saber que pertenecemos al Señor, que somos salvos eternamente!

No obstante, mi gozo puede ser empañado, y a veces como apagado. Entonces, ¿debo deducir que ya no le pertenezco? No, porque no es el gozo el que me da la seguridad de ser salvo. Soy salvo por la obra de Cristo, y tengo esta certeza por la Palabra de Dios. Mi gozo depende de mi estado espiritual. La obra de Cristo no puede ser culpada; por lo tanto, nadie nos puede quitar nuestra salvación (Juan 10:28-29). En cambio, si nuestro estado espiritual no es bueno, puede suceder que no apreciemos más el privilegio de pertenecer a Dios, como un hijo que no quiere seguir más a sus padres.

Por falta de paciencia y de dominio propio ante las dificultades, quizás, o porque estamos demasiado absorbidos por los afanes de la vida, podemos alejarnos de Dios nuestro Padre. Así nuestro gozo se pierde. Nuestra salvación no se puede perder porque ella depende de la obra de Cristo por nosotros. Si el Espíritu de Dios es contristado en nosotros, no disfrutamos el gozo de ser salvos. Cuando un hijo de Dios no se halla en un buen estado interior, su comunión con el Padre se interrumpe; sin embargo, él sigue siendo un hijo de Dios. Si confiesa su pecado, la comunión se restablece y el gozo vuelve.

Josué 10:22-43 – Hebreos 11:1-22 – Salmo 131 – Proverbios 28:9-10

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