Lo que depara el futuro

Lo que depara el futuro
PorĀ Denny Burk
Nota del editor:Este es el sexto capĆtulo en la serie de artĆculos de Tabletalk Magazine:Ā La Ć©tica sexual cristiana
El presidente Obama tuvo razón cuando dijo que la decisión de la Corte Suprema sobre el matrimonio gay cayó como un rayo. La decisión en el caso Obergefell vs. Hodges, que legalizó el matrimonio gay en todo el paĆs, es realmente un punto de inflexión en nuestra vida nacional. Aunque la mayorĆa de los estadounidenses apoya ahora el matrimonio gay, muchos de nosotros consideramos esta decisión como una tragedia moral y judicial.
Desde el punto de vista jurĆdico, representa que cinco jueces no elegidos imponen a la nación una nueva definición del matrimonio. La sentencia no se basa en principios jurĆdicos sólidos, sino en las opiniones de cinco abogados que se adjudican el derecho a promulgar una polĆtica social. La Corte Suprema no tiene derecho a redefinir el matrimonio para los cincuenta estados, pero eso es exactamente lo que hizo.
Desde un punto de vista moral, la decisión es una completa subversión de lo bueno, lo correcto y lo verdadero con respecto al matrimonio. El matrimonio es la unión de pacto entre un hombre y una mujer para toda la vida. Su conexión con la procreación y los hijos nos ha sido revelada en la naturaleza, por la razón y por el sentido comĆŗn. AdemĆ”s, la Biblia revela que el matrimonio es un sĆmbolo del evangelio, del amor y del pacto de Cristo por Su iglesia (Ef 5:31-32).
La decisión del tribunal intenta poner todo eso patas arriba. Como resultado, se opone a la razón y al sentido común. Lo que es mÔs importante, va en contra de los propósitos de Aquel que, para empezar, creó el matrimonio (Gn 2:24-25).
Una nueva realidad
Aunque me decepciona esta decisión, aĆŗn confĆo en que los cristianos seguirĆ”n dando testimonio de la verdad sobre el matrimonio, aunque la ley de nuestro paĆs se ponga ahora en nuestra contra. Sin embargo, muchos cristianos se preguntan cómo avanzar en esta nueva realidad.
Soy pastor y esta pregunta es exactamente la que he escuchado de la gente de mi iglesia. Nuestros miembros, en general, no tienen preguntas sobre la enseñanza de la Biblia sobre la homosexualidad y el matrimonio. Eso lo entienden. Tampoco tienen dudas sobre su obligación de amar al prójimo, buscar su bien y estar en paz con todos (Mr 12:29-31; Lc 6:33; Ro 12:18). También entienden todo eso.
Su pregunta es cómo vivir lo que Jesús les ha llamado a ser cuando la gente los trate con hostilidad. Hace poco hablé con un miembro de la iglesia cuyo jefe es gay. Aproximadamente la mitad de sus compañeros de trabajo también lo son. Son sus amigos y tiene amor por ellos. Ella quiere mantener una relación con ellos y espera seguir formando parte de sus vidas. Pero le preocupa que sus creencias cristianas sobre el matrimonio y la sexualidad los alejen una vez que las conozcan. Lo último que tiene en mente es librar una guerra cultural o ganar un debate con ellos. Solo quiere un espacio para ser su amiga, aunque al final no estén de acuerdo con estas cuestiones fundamentales.
PodrĆa contar otras historias de hermanos y hermanas en Cristo que no solo estĆ”n preocupados por mantener las relaciones con sus amigos del trabajo, sino que tambiĆ©n les preocupa enfrentarse al suicidio profesional si sus opiniones cristianas se dan a conocer entre sus colegas. Una vez mĆ”s, no quieren entrar en una guerra cultural con nadie. Pero tampoco quieren enfrentarse a la pĆ©rdida de sus trabajos o a una reprimenda en su expediente de recursos humanos cuando no se presenten a la fiesta de la oficina para su compaƱero de trabajo que acaba de casarse con su pareja del mismo sexo. EstĆ”n tratando de averiguar cómo ser fieles a JesĆŗs, amigos fieles y empleados fieles cuando estas obligaciones parecen estar en tensión.
Ese es el reto que veo entre nuestros miembros. Lo que se preguntan es si su fe cristiana serĆ” tolerada en el espacio pĆŗblico. Y no me refiero a ningĆŗn deseo por su parte de hacer un proselitismo agresivo y odioso. Se preguntan si existirĆ” un autĆ©ntico pluralismo en el paĆs post-Obergefell, o si los puntos de vista cristianos sobre la sexualidad y el matrimonio estĆ”n siendo excluidos de nuestra vida nacional.
Estoy muy agradecido por estos queridos hermanos y hermanas en mi iglesia. Ninguno de ellos ha expresado ningĆŗn pensamiento de abandonar las enseƱanzas de JesĆŗs debido a estas dificultades. Van a caminar con Cristo sin importar el costo. Alabo a Dios por eso. Pero aun asĆ estoy preocupado por ellos y estoy orando por ellos. Son vĆctimas silenciosas en la primera lĆnea de una guerra cultural en la que no quieren estar. Solo quieren seguir a JesĆŗs en paz. A medida que las implicaciones de Obergefell llegan a sus vidas, oro para que puedan hacer precisamente eso (1 Ti 2:2).
La creciente oposición
Los cristianos estÔn empezando a darse cuenta de que su lugar en la vida estadounidense estÔ siendo juzgado en el tribunal de la opinión pública. No estÔ nada claro si esto acabarÔ bien para la iglesia cristiana.
A principios de este año, vimos cómo los gobernadores de Indiana y Arkansas abandonaban en sus estados las Leyes de Restauración de la Libertad Religiosa (RFRA por sus siglas en inglés). Fue un momento clave en nuestra vida nacional que puso de manifiesto el profundo cambio de actitud de Estados Unidos respecto a la homosexualidad, el desfase de los evangélicos con la nueva ortodoxia sexual y la voluntad de muchos estadounidenses de castigar a los evangélicos por sus creencias transgresoras.
Hemos visto a dos gobernadores republicanos dar marcha atrĆ”s con respecto a las RFRA estatales sobre las cuales hace tan solo diez aƱos no habĆa controversia alguna. Hemos visto a los medios de comunicación nacionales desestimar con sarcasmo nuestra primera libertad en la Carta de Derechos, usando comillas al mencionar la Ā«llamadaĀ» libertad religiosa. Vimos cómo un polĆtico tras otro no querĆa o no podĆa presentar un argumento coherente a favor de la libertad religiosa. Y vimos a innumerables comentaristas denigrar la libertad religiosa como un eufemismo para el fanatismo y la discriminación. El columnista del New York Times, Frank Bruni, escribió que a los cristianos se les deberĆa Ā«obligar a quitar la homosexualidad de su lista de pecadosĀ». No es de extraƱar que Nicholas Kristof haya dicho que Ā«los evangĆ©licos constituyen uno de los pocos grupos de los que es seguro burlarse abiertamenteĀ».
La libertad religiosa ha recibido una paliza Ć©pica en la vida estadounidense y parece que apenas estamos empezando. El foco del ataque parece estar en los evangĆ©licos. Los evangĆ©licos estĆ”n empezando a sentir un desprecio abierto por parte de burladores refinados, que encuentran que nuestra antigua fe es estrafalaria y discordante con el paĆs posterior a la revolución sexual. Ya no existe una Ā«mayorĆa silenciosaĀ» a la que los cristianos puedan apelar en busca de ayuda. Los evangĆ©licos somos una autĆ©ntica minorĆa cuando se trata de nuestro compromiso con las enseƱanzas de JesĆŗs sobre la sexualidad. No es solo que a la gente no le gusten nuestros puntos de vista. Es que no le gustamos a la gente por ellos. De hecho, una encuesta reciente ha revelado que hay mĆ”s personas que ven con buenos ojos a los homosexuales que las que ven con buenos ojos a los evangĆ©licos.
ĀæRetirada o compromiso?
Sin duda, los cristianos evangĆ©licos se enfrentan a una nueva realidad en la AmĆ©rica post-Obergefell y se preguntan cómo avanzar. Oyen a algunos lĆderes aconsejar la retirada y la desvinculación de la cultura. Oyen a otros lĆderes decir que tenemos que participar en la guerra cultural con el tipo de polĆtica que marcó la antigua MayorĆa Moral de la dĆ©cada de 1980.
Ninguna de las dos opciones muestra realmente lo que JesĆŗs nos enseñó sobre nuestra relación continua con el mundo. Juan 17 recoge las palabras de la oración de JesĆŗs justo antes de ser entregado para ser crucificado. Su oración se centró no solo en los once discĆpulos que quedaban, sino tambiĆ©n en todos aquellos que creerĆan en Ćl por el testimonio de Sus discĆpulos. En resumen, JesĆŗs oraba por nosotros.
Entre otras cosas, Jesús oró para que estuviéramos en el mundo, pero no fuéramos del mundo, por el bien del mundo.
JesĆŗs oró: Ā«No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno⦠Como TĆŗ me enviaste al mundo, Yo tambiĆ©n los he enviado al mundoĀ» (vv. 15, 18). Esto significa que la desvinculación del mundo no es una opción para los cristianos. Ćl nos ha enviado al mundo sabiendo muy bien que nos enfrentaremos a la oposición: Ā«En el mundo tienen tribulación, pero confĆen, Yo he vencido al mundoĀ» (16:33).
Pero estar en el mundo no significa ser del mundo. En el Evangelio de Juan, Ā«mundoĀ» no es una palabra genĆ©rica para el planeta tierra. Es un tĆ©rmino tĆ©cnico que denota a la humanidad en su caĆda y rebelión contra Dios (ver tambiĆ©n 1 Jn 2:15-17). AsĆ que cuando JesĆŗs nos envĆa al mundo, sabe que nos envĆa a un reino de rebelión activa contra los propósitos de Su Padre. Pero Su expectativa es que nuestra presencia en el mundo sea una influencia Ā«santificadoraĀ». ĀæPor quĆ©? Porque nuestra lealtad a JesĆŗs y a Su Palabra nos Ā«santificaĀ» en medio de la podredumbre (Jn 17:16-17). Y ese es el punto.
Estamos en el mundo, pero no somos del mundo por el bien del mundo. JesĆŗs dice que envĆa a Sus discĆpulos santificados al mundo para que Ā«el mundo sepa que TĆŗ me enviaste, y que los amaste como me has amado a MĆĀ» (v. 23). En Ćŗltima instancia, nuestra santificación en el mundo tiene una misión: mostrar al mundo āen su caĆda y rebeldĆaā que Dios envió a Su Hijo a morir por los pecadores.
SĆ, nos enfrentamos a una nueva realidad despuĆ©s de Obergefell. Pero sabemos cómo avanzar en esta nueva realidad porque JesĆŗs ya nos ha dado nuestras órdenes de marcha. Ćl nos ha mostrado que la oposición del mundo es la norma, no la excepción, y sabemos que al final venceremos porque JesĆŗs ha vencido (16:33).
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Denny Burk
El Dr. Denny Burk es profesor de estudios bĆblicos en el Boyce College y pastor asociado de Kenwood Baptist Church en Louisville, Kentucky. Es autor de What Is the Meaning of Sex? [ĀæCuĆ”l es el significado del sexo?] y coautor de Transforming Homosexuality [Transformar la homosexualidad]. Puedes seguirlo en Twitter @DennyBurk.
