El ministerio a las personas sexualmente quebrantadas

El ministerio a las personas sexualmente quebrantadas
Nota del editor: Este es el quinto capĆtulo en la serie de artĆculos de Tabletalk Magazine: La Ć©tica sexual cristiana
Venir a Cristo es la revisión definitiva de la realidad, ya que nos hace enfrentarnos al hecho de que nuestro pecado es nuestro mayor problema. Cada dĆa, un creyente debe enfrentar la realidad de que el pecado original nos distorsiona, el pecado actual nos distrae y el pecado interno nos manipula. Esta distorsión, distracción y manipulación crean una brecha entre nosotros y nuestro Dios. Estamos en una guerra y cuanto antes nos demos cuenta, mejor.
El quebrantamiento sexual viene acompaƱado de un montón de vergüenza, ya que el pecado sexual es en sĆ mismo depredador: nos persigue, nos atrapa y nos seduce para que hagamos su voluntad. El pecado sexual no descansarĆ” hasta que haya capturado su objeto. Cuando nuestra conciencia nos condena, a veces intentamos luchar. Pero cuando la vergüenza nos obliga a aislarnos, nos escondemos de las mismas personas y recursos que necesitamos. Lo hacemos hasta que SatanĆ”s nos promete engaƱosamente que el dulce alivio vendrĆ” solo al abrazar esa mirada lujuriosa, al hacer clic en ese enlace de Internet, o al apagar las luces de nuestros dormitorios y corazones y abrazar al compaƱero, portador de la imagen divina, al que Dios nos prohĆbe abrazar.
Nosotros, las ovejas sexualmente quebrantadas, sacrificaremos los matrimonios fieles, los hijos preciosos, los ministerios fructĆferos, el trabajo productivo y las reputaciones inmaculadas por el placer sexual inmediato e ilĆcito.
Podemos orar sinceramente por la liberación de un pecado sexual en particular, solo para ser engañados cuando su falsificación nos seduce. Cuando oramos por la liberación del pecado por la sangre expiatoria de Cristo, esto significa que conocemos la verdadera naturaleza del pecado, no que ya no sentimos su atracción. Si queremos ser fuertes en nuestros propios términos, Dios no nos responderÔ. Dios quiere que seamos fuertes en el Cristo resucitado.
Las personas sexualmente quebrantadas ātĆŗ y yoā necesitamos conocer de manera profunda las siguientes realidades bĆblicas si queremos encontrar la libertad en Cristo y ministrar a otras personas sexualmente quebrantadas.
El amor de Dios
Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aĆŗn pecadores, Cristo murió por nosotros (Ro 5:8). La muerte de Cristo es personal. Es Ā«por nosotrosĀ». Si estĆ”s en Cristo, Su amor expiatorio viene con el poder para salvarte de tu pecado y de tu culpa. El pecado sexual produce tres cosas que alejan el amor de Dios. Primero, su prĆ”ctica a lo largo del tiempo cauteriza la conciencia, haciĆ©ndonos ciegos e insensibles a la belleza de la santidad. Segundo, como el pecado sexual florece en secreto, nos aĆsla de la familia de Dios. Tercero, el pecado sexual suele involucrar a otra persona y por lo tanto lleva a esa otra persona al pecado, aumentando asĆ la extensión y el daƱo del pecado. Si sufres bajo el peso del pecado sexual, ven a JesĆŗs, porque Su yugo estĆ” arraigado en el amor de Dios. Dios es amor y estĆ” a tu favor. Ćl aboga por ti. Ćl quiere que conozcas Su amor.
El perdón de Dios
Mientras callĆ© mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el dĆa. Porque dĆa y noche Tu mano pesaba sobre mĆ; mi vitalidad se desvanecĆa con el calor del verano. Te manifestĆ© mi pecado y no encubrĆ mi iniquidad. Dije: Ā«ConfesarĆ© mis transgresiones al SEĆORĀ»; y TĆŗ perdonaste la culpa de mi pecado (Sal 32:3-5). Vivimos en un mundo que enseƱa cada vez mĆ”s la idea de que el autoperdón resuelve la vergüenza. La idea del autoperdón proviene de una falsa y pobre antropologĆa de la personalidad. No nos hemos hecho a nosotros mismos y, por tanto, no podemos perdonarnos. Porque Dios estĆ” a favor de ti, quiere perdonarte y restaurarte. Ćl ama un corazón quebrantado y contrito.
La sanidad de Dios a travƩs de Cristo
Ćl envió Su palabra y los sanó y los libró de la muerte (Sal 107:20). Sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas (Sal 147:3). Con Su sangre, Cristo satisfizo la justicia de Dios. En este acto supremo de amor estĆ” la solución a la persistente culpa del pecado sexual. Por Sus heridas hemos sido sanados (Is 53:5).
La provisión de Dios para tu dolor
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro SeƱor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que tambiĆ©n nosotros podamos consolar a los que estĆ”n en cualquier aflicción, dĆ”ndoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios (2 Co 1:3-4). El pecado sexual tiene consecuencias que no podemos controlar y que ni siquiera vemos hasta que el EspĆritu Santo nos abre los ojos. El pecado sexual es un capataz implacable. El aborto requiere la muerte de un niƱo no nacido. La homosexualidad requiere la condena de la ordenanza de la creación de Dios. El adulterio requiere la traición de los votos ante Dios y la destrucción de Ā«una sola carneĀ». La pornografĆa requiere esclavos sexuales y arroja a mujeres y niƱos a la industria del trĆ”fico sexual. Cuando los creyentes cometen pecados sexuales, escupimos en la cara de Dios. Cuando los creyentes se arrepienten y abandonan el pecado sexual, somos restaurados.
La providencia de Dios tiene un lugar para tu dolor. Porque ves lo que otros, cegados por el pecado, no pueden ver (todavĆa), eres una seƱal que apunta a Dios mismo. Ves la sangre en tus manos, sientes el levantamiento de tu pena y tu culpa, y trabajas como embajador de Dios.
El pueblo de Dios
No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea comĆŗn a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirĆ” que ustedes sean tentados mĆ”s allĆ” de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerĆ” tambiĆ©n la vĆa de escape, a fin de que puedan resistirla (1 Co 10:13). Nosotros, en la iglesia, somos mutuamente la vĆa de escape para los demĆ”s. Dios ya ha preparado una vĆa de escape, a travĆ©s de Su Palabra y de Su EspĆritu, y tambiĆ©n a travĆ©s del cuerpo de Cristo y la simple prĆ”ctica de la hospitalidad. La puerta abierta de tu casa y de tu corazón es la vĆa de escape de algĆŗn hermano o hermana.
Jesús respondió: «En verdad les digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de Mà y por causa del evangelio, que no reciba cien veces mÔs ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna» (Mr 10:29-30).
JesĆŗs habla aquĆ de la familia de Dios, cuyo amor, presencia y compaƱĆa amable son lo que el SeƱor utiliza para devolver Ā«cien vecesĀ» lo que tuviste que dejar para venir a Cristo. El evangelio es costoso. Y vale la pena.
Pero estos principios bĆblicos no son una guĆa de consulta rĆ”pida. No puedes ministrar a los quebrantados sexualmente sin que te hayas empapado de la Palabra de Dios, bebiendo largo y tendido de sus profundos pozos. Lo que nuestro prójimo sexualmente quebrantado necesita principalmente no es ser instruido en la visión cristiana del mundo; lo que necesita es ser llevado al pie de la cruz. Antes de poder hacer esto, nosotros mismos debemos Ā«beneficiarnos de la PalabraĀ» (aludiendo al tĆtulo de un libro de A.W. Pink). Debemos saber por nosotros mismos que el arrepentimiento es el umbral hacia Dios.
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

Rosaria Butterfield
La Dra. Rosaria Champagne Butterfield es esposa de pastor, madre, maestra de sus hijos en casa y autora de of The Secret Thoughts of an Unlikely Convert [Los pensamientos secretos de una convertida improbable] y Openness Unhindered [Transparencia sin restricciones].
