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2 Samuel 20 | 2 Corintios 13 | Ezequiel 27 | Salmos 75–76

24 SEPTIEMBRE

2 Samuel 20 | 2 Corintios 13 | Ezequiel 27 | Salmos 75–76

La estructura del Salmo 76 es de una simplicidad elegante, con una lección teológica que explicaré al final de esta meditación. Los seis primeros versículos recuerdan una gran liberación, un acontecimiento histórico concreto; los seis últimos pintan un cuadro a escala cósmica, cuyas perspectivas indican el triunfo de Dios también en este ámbito.

La particularidad histórica de los primeros seis versículos queda clara en los dos iniciales: “Dios es conocido en Judá; su nombre es exaltado en Israel. En Salén [otro nombre de Jerusalén, Génesis 14:18; Hebreos 7:2] se halla su santuario; en Sion [la fortaleza sobre la colina que David capturó] está su morada” (76:1–2). El centro de atención es, pues, Jerusalén, la ciudad en la que Dios se reveló. La referencia al “santuario” puede indicar que el tabernáculo seguía en pie, por lo que el templo aún no se habría edificado. Otra opción es que este existiese, pero se siguiese empleando el lenguaje del tabernáculo al ser la terminología utilizada en el pacto mosaico. En cualquier caso, fue en esta ciudad donde Dios “hizo pedazos las centelleantes flechas” (76:3, literalmente, “centellas”, cp. 78:48) y otras armas de guerra. Los versículos 4–6 sugieren un rescate repentino y espectacular como cuando el ángel del Señor destruyó por la noche al ejército de Senaquerib (Isaías 37:36; véase la meditación del 5 de junio). Dios mismo declaró: “No entrará en esta ciudad, ni lanzará contra ella una sola flecha” (Isaías 37:33). Compárese con: “Ninguno de estos hombres aguerridos volverá a levantar sus manos”.

El resto del salmo pinta con un pincel más grande. Ahora, Dios no reina desde Jerusalén, sino desde el cielo (76:8). Las lecciones de los seis primeros versículos se universalizan: “Tú, y solo tú, eres temido. ¿Quién puede hacerte frente cuando se enciende tu enojo?” (76:7). El versículo 10 es notablemente difícil de traducir. La “furia” de la primera línea puede ser la de Dios o la de las personas (véase nota a pie de página en la NVI). Cualquiera de las dos opciones es posible. Si es la “furia del hombre” (Coverdale) la que se vuelve alabanza a Dios, lo hace en este contexto porque él tiene la última palabra y responde con juicio, aunque también es cierto que el Señor obra con tal sabiduría providencial que puede hacer que la ira de los seres humanos le sirva incluso bajo las condiciones más extraordinarias (Hechos 2:23). Lo que queda claro en los versículos finales es que Dios reina sobre todas las cosas y nadie puede resistirse ante él.

Así pues, la estructura del salmo refleja en algunos aspectos la de la línea argumental de toda la Biblia, permitiendo a los lectores contemporáneos ver en los relatos de gracia y juicio del antiguo pacto representaciones de la revelación absoluta de Dios en gracia y juicio.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 267). Barcelona: Publicaciones Andamio.

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