DÍA 12

Salmo 10
Dosis: Confianza y Soberanía
Clamor frente a la maldad
“¿Por qué, SEÑOR, te mantienes distante? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia? Con arrogancia persigue el malvado al indefenso, pero se enredará en sus propias artimañas. El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al SEÑOR. El malvado levanta insolente la nariz, y no da lugar a Dios en sus pensamientos.” (Salmo 10:4) (NVI)
Últimamente me es muy difícil ver un noticiero completo. La maldad se ha expandido tanto en nuestro mundo, degenerando en violencia y otras formas de perversiones. Nos llenamos de temores frente a las noticias de cada día: Asesinatos, violaciones, robos, estafas, secuestros, enfrentamientos, sin ningún respeto por la vida humana etc. La maldad indica la ausencia de moral, bondad, caridad o afecto natural por el entorno, pasando por alto todos los códigos de conducta o comportamiento humano.
Frente a un cuadro de vida similar, el salmista razona con Dios y pelea con él. Escribe una súplica pensando que la justicia de Dios se demora en llegar y esto inquieta su alma. Este Salmo me recuerda el clamor de otro hombre de Dios llamado Habacuc que escribió así: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia”.
A veces pareciera que Dios se ha alejado, o escondido y nos inquietamos porque pensamos que la justicia de Dios tarda. Sobre todo cuando vemos que hombres malos e impíos prosperan, pensamos, que Dios no toma en cuenta sus malos actos, que no recibirán castigo, a pesar que viven despreciando sus principios y las normas éticas.
Pero la fe del salmista crece a medida que expresa sus quejas a Dios y nos enseña cómo orar frente a una situación similar: “¡Levántate, SEÑOR! ¡Levanta, oh Dios, tu brazo! ¡No te olvides de los indefensos!
¿Por qué te ha de menospreciar el malvado? ¿Por qué ha de pensar que no lo llamarás a cuentas?”… Pide que Dios actúe y se acuerde de sus pactos, de sus promesas, de los pobres y desvalidos. Y afirma aún más su fe cuando dice: “Pero tú ves la opresión y la violencia, las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas. Las víctimas confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos.”35 El salmista ora con intensidad, clamando por la intervención soberana de un Dios justo: “Quebranta el brazo del impío y del malo; castígalos por su perversidad hasta que desistan de ella”. “Tú, SEÑOR, escuchas la petición de los indefensos, les infundes aliento y atiendes a su clamor. Tú defiendes al huérfano y al oprimido, para que el hombre, hecho de tierra, no siga ya sembrando el terror.”37
Oración: Señor enséñame a orar por los que sufren y a confiar en tu soberanía y en tu justicia. Amén.
De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 27). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.