¿Por qué tenéis miedo?

Iglesia Evangélica de la Gracia

¿Por qué tenéis miedo?

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

www.porgracia.es

2/6 – ¿CÓMO RESPONDER A UN ESCÉPTICO?

El Amor que Vale

Serie: Cómo compartir las Buenas Nuevas

2/6 – ¿CÓMO RESPONDER A UN ESCÉPTICO?

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

http://www.lwf.org/eaqv

Consejos para escuchar el servicio dominical en línea

The Master’s Seminary

Consejos para escuchar el servicio dominical en línea

Josías Grauman

Debido a un síndrome genético que varios en mi familia padecemos, faltamos a la iglesia más de lo que quisiéramos. Pero damos gracias a Dios que podamos «asistir» de manera virtual. Ahora que todo el mundo lo está haciendo, les dejo algunos consejos que nos han resultado efectivos cuando tenemos que quedarnos en casa:

1. Intenta replicar lo que haces un domingo «normal».

Nuestras acciones reflejan nuestro entendimiento de lo que valoramos. Si me conecto en vivo en mi celular mientras estoy «navegando» en internet, saliendo cada rato a la cocina, y platicando con familiares, mis acciones reflejan mi actitud frente a la Palabra de Dios. Revelan lo que realmente haría todos los domingos, si mi temor del hombre no me guiara a presentarme mejor en público.

Entonces, es mejor cambiarse las pijamas (lógicamente, si estás enfermo, será diferente), no comer durante el servicio, ni hablar. Haz lo posible por no contestar el celular, y por tomar notas durante el sermón. Si mi hijo me pregunta si puede hacer algo, le recuerdo que no debe hablar, o le pregunto si lo haría durante un sermón en el local de la iglesia. Eso es suficiente para comunicarle que no.

2. Haz preparativos para evitar la distracción.

Orar como familia antes del servicio, es muy útil para preparar el corazón y estar listos para adorar a Dios. Habla con tus hijos antes del servicio y explícales que no deben hablar, y que deben portarse como hacen en la escuela. Además, será muy útil animar a todos a pasar al baño antes del servicio. (Para los que tienen hijos muy pequeños, sería sabio buscar algo que puedan dibujar, o jugar en silencio mientras escuchan.)

También, es importante asegurar que la tecnología sirve varios minutos antes del servicio. Puede haber fallas si dejamos esto para último minuto. También, te animo a proyectar el servicio en la pantalla más grande que tengas. Nosotros lo hacemos de esa manera con el volumen fuerte. Tener el volumen adecuado y verlo en una pantalla grande ayudan mucho para que todos se concentren mejor.

3. Interactúa con los que dirigen.

Canten durante los himnos. Tengan sus Biblias durante el tiempo de lectura y durante el sermón. Cierren los ojos durante la oración. Tomen notas durante la prédica. Si no lo hacen, parecerá que están viendo un programa de televisión y no adorando con el pueblo de Dios.

4. Sé «razonable».

No me visto de traje como hago un domingo. En particular, si estoy enfermo, no me parece razonable, ni algo que glorificaría más a Dios. Si mi hijo pide ir al baño de emergencia, le dejo. Entonces, aunque intentamos tratar el tiempo con seriedad, también somos razonables con el tiempo. En conclusión, debemos buscar adorar a Dios durante el servicio en vivo, no sólo «ver» el servicio.

Espero que estos consejos sencillos sean de mucha utilidad. Que Dios nos ayude y que este tiempo encerrados sea de corta duración, porque aunque estos consejos nos han ayudado, nada puede reemplazar la comunión cristiana.

Josías Grauman
Josías Grauman

Josías Grauman es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

 

Amando a nuestras comunidades

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Amando a nuestras comunidades

David S. Apple

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie «Amando a nuestro prójimo», publicada por la Tabletalk Magazine. 

Personas sin hogar, residentes en hogares de ancianos y reclusos son solo algunos de los prójimos más necesitados de la Iglesia Presbiteriana Tenth en el centro de Filadelfia. Por casi treinta años los miembros de nuestra iglesia se han acercado a estas personas y a otras que residen cerca, para establecer una relación y brindarles esperanza. Pero nuestros ministerios de mayor alcance son aquellos de benevolencia para con las personas que viven en las calles alrededor de la iglesia.

Debido a que brindamos un servicio a los que no tienen hogar, muchas personas nos llaman queriendo ayudarnos en nuestro “comedor popular”. Les tengo que explicar que no somos un comedor popular sino un ministerio cristiano que brinda esperanza y hospitalidad. La cena mensual para la comunidad es una buena alternativa al comedor popular que suele ser muy impersonal. Es un banquete para unas 120 personas pobres que viven en las calles cerca de nuestra iglesia. El ministerio consiste en que nuestros invitados primeramente adoren a Dios y luego coman con los miembros de la iglesia cuyo servicio es sentarse, comer y hablar; practicando así la hospitalidad, propiciando conversaciones y dándole la bienvenida a nuestros invitados.

Las cenas promueven un evangelismo de amistad. El personal voluntario que trabaja o vive cerca de la iglesia continuamente está en contacto con los invitados, sea que se vean en las calles o en el parque cerca de la iglesia. Y como se conocieron en las cenas, tienen la oportunidad de continuar ministrándoles al desarrollar una amistad.

Reflejamos a Cristo, le damos credibilidad a nuestra iglesia con nuestros vecinos e impactamos vidas dentro y fuera de la iglesia.

Las cenas nos dan muchas oportunidades para servir. Las familias con niños montan las mesas y ponen las vajillas. Los jóvenes sirven la comida y bebida como si fuera en un restaurante, lo cual les permite interactuar con las personas que están sirviendo. Nuestros invitados se dan cuenta que hay algo diferente acerca de nuestra iglesia y este ministerio, y vuelven una y otra vez.

Aunque las cenas son el primer punto de contacto, semanalmente se imparten dos estudios bíblicos que proveen ayuda a largo plazo. Los voluntarios en estos estudios bíblicos buscan reconstruir las vidas de nuestros vecinos al brindarles una relación a largo plazo con creyentes, referirles a programas de rehabilitación de adicciones centrados en Cristo y ayudarles a reestructurar sus vidas a través del discipulado cristiano.

Considera los ejemplos de Jimmy y Wilma. Jimmy fue adicto a las drogas durante treinta y cinco años. Buscó nuestra ayuda pero a la misma vez, y por su propia cuenta, ingresaba en diferentes programas seculares de rehabilitación. Siempre duraba un par de meses, abandonaba los programas y regresaba a su adicción. Necesitaba ayuda, pero quería seguir teniendo el control de su vida. Dos eventos le demostraron cuan descontrolado estaba. Un invierno casi perdió los dedos de sus pies por congelamiento al quedarse a dormir en su auto. Luego, casi muere porque otro adicto lo apuñaló en el pecho. Estaba en serios problemas. Eventualmente reconoció la verdad y regresó con nosotros pidiendo ayuda. Su arrepentimiento nos motivó a hacer todo lo posible por ayudarlo. Jimmy ingresó en un programa de rehabilitación cristocéntrico a largo plazo, conoció la fe salvífica en Jesucristo y se reconcilió con su familia. Se mudó de estado para poder estar más cerca a ellos y es miembro de una iglesia centrada en la Palabra.

Wilma se beneficiaba de ser parte de nuestro ministerio. Había estado presa por asesinato. Después de cumplir su sentencia, se fue a vivir en las calles de Filadelfia como adicta. Asistía regularmente a nuestros estudios bíblicos pero solo quería la comida física y no el alimento espiritual. Se rehusó a que la ayudáramos con su estilo de vida adictivo. Siete años después, fue encarcelada por robo. Esta vez, reconoció cuán quebrantada estaba y pidió nuestra ayuda. Ya desintoxicada, estaba hambrienta espiritualmente hablando, pidió una Biblia, se alimentó de ella y Dios transformó su vida eternamente. Durante su encarcelamiento nos mantuvimos en contacto. Años después, cuando le dieron libertad condicional, regresó a Filadelfia y empezó a congregarse en una iglesia centrada en la Palabra.

La fortaleza de este ministerio es que las personas logran romper sus adicciones al ser redimidas y discipuladas. Muchas de esas personas llegan a ser miembros de nuestra iglesia y de otras. Una vez más, este ministerio demuestra el poder transformador de Cristo Jesús para “liberar a los cautivos” de sus adicciones a las drogas con su influencia redentora en las familias y vecindarios. Reflejamos a Cristo, le damos credibilidad a nuestra iglesia con nuestros vecinos e impactamos vidas dentro y fuera de la iglesia.

“Mejor es un plato de legumbres donde hay amor, que buey engordado [banquete] y odio con él”. Eso es lo que Proverbios 15:17 dice acerca de la hospitalidad. En nuestras cenas comunitarias, proveemos la comida y el amor a nuestros invitados de honor. Nuestra hospitalidad ofrece un elaborado banquete y un compromiso de dar una cálida bienvenida, una amistad y las buenas nuevas de Jesucristo a todos los que van.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
David S. Apple
David S. Apple
El Dr. Apple es el director de Ministerios Misericordia en la Iglesia Presbiteriana Tenth en Filadelfia, donde ha ministrado desde 1988.

3/9 – Recibiendo la Palabra con mansedumbre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

3/9 – Recibiendo la Palabra con mansedumbre

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/recibiendo-la-palabra-con-mansedumbre/

Annamarie Sauter: Cuando tengas un corazón manso te quejarás mucho menos. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Verás, la mansedumbre dice, “Yo sé que Dios tiene Sus razones, y no importa si yo puedo entender las razones o no”. Pero el corazón orgulloso, el corazón envenenado, dice, “Debió haberse de forma diferente. No veo razón para esto; por tanto, Dios no debió hacer esto”.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa la serie “La hermosura de la mansedumbre”.

Nancy Leigh DeMoss: Crecí en el noreste de los Estados Unidos—y estoy segura que en otras partes también tienen estos árboles—pero una de las cosas que recuerdo de nuestra propiedad eran estos árboles que conocemos como sauces. Sauce llorón, y en nuestra área había unos inmensos.

Y pensé en esos árboles, en esa imagen, cuando me topé con esta frase en Internet acerca de la mansedumbre. Esta frase usa el sauce como una analogía. Déjame leerte lo que dijo este autor.

La mansedumbre es lo opuesto a debilidad. Así como un sauce bien plantado se flexiona y se dobla en una tormenta sin romperse, así también la mansedumbre es fuerza resistente y flexible que puede soportar las pruebas y las tempestades.

Esa es una buena analogía sobre este tema de la mansedumbre.

Ahora quiero que regresemos y lo haré en cada sesión de esta serie, al libro de mi amigo puritano, Matthew Henry. El libro se llama La búsqueda de la mansedumbre y quietud de Espíritu (The Quest for Meekness and Quietness of Spirit) (solo está disponible en Inglés)

En este libro Matthew Henry señala que la mansedumbre se hace evidente en nuestra respuesta hacia Dios y en nuestra respuesta hacia otras personas. En esta sesión nos enfocaremos en la mansedumbre hacia Dios. Matthew Henry dice que,

La mansedumbre hacia Dios es la sumisión dócil y callada del alma a toda la voluntad de Dios según Él se complazca en hacerla conocer, ya sea por Su Palabra o por Su providencia. 1

Así que sumisión a Dios, a la voluntad de Dios, es mansedumbre. Nos sometemos a la voluntad de Dios sea que Él nos la muestre directamente a través de Su palabra o a través de las circunstancias que el providencialmente trae a nuestras vidas.

Lo primero que vamos a ver es la sumisión, la mansedumbre, en respuesta a la Palabra de Dios. Santiago capítulo 1 nos dice que debemos “recibir con mansedumbre la palabra plantada la cual es capaz de salvar nuestras almas”. ¿Ves la Biblia? La Biblia es la Palabra de Dios, y es capaz de darnos salvación eterna. Es capaz de santificarnos. Es capaz de limpiarnos, renovarnos y transformar nuestras vidas.

Pero no hace nada de eso si no la recibimos, si nos resistimos a lo que dice, si no tenemos un espíritu abierto, enseñable y humilde a la Palabra de Dios. Y tal vez no hayamos dicho intencionalmente “No haré eso” pero estamos pasándole por arriba a esas cosas. Somos negligentes en esas áreas de verdad. No las recibimos.

Algunas veces vemos algo o escuchamos algo predicado de la Palabra de Dios y pensamos, “De ninguna manera. No puedo hacer eso. Es muy difícil” o “No quiero hacer eso”. Si nos resistimos a la Palabra de Dios, no puede salvar nuestras almas. No nos cambia. No nos santifica.

Tener una respuesta mansa a la Palabra de Dios, recibir la Palabra de Dios con mansedumbre, quiere decir tener un oído que escucha. Me encanta ese versículo en 1ero de Samuel capítulo 3 donde Elí el sacerdote habla con el joven Samuel. Y le dice, “Si Él te llama”, hablando acerca de Dios, “Le dirás “Habla Señor que tu siervo escucha”. (v.9)

Recibir la Palabra con mansedumbre significa escuchar. Vemos lo opuesto a esto repetidamente en el Viejo Testamento donde Dios mandó profetas para advertir a Su pueblo, pero las Escrituras dicen que ellos no escuchaban, eran tercos.

Y amigas, esto no ocurre solo en el Antiguo Testamento. Hay muchas personas tercas sentadas en nuestras iglesias hoy en día.

Ahora, puede que estemos escuchando con nuestros oídos físicos, pero no estamos escuchando con nuestros corazones. Es por eso que cuando voy a la iglesia, cuando voy de camino trato de preparar mi corazón diciendo “Señor dame oídos para escuchar”.

En ese sentido, realmente no importa si el pastor o el predicador o el maestro es un comunicador espectacular. Si están abriendo la Palabra de Dios y están hablando la verdad, hay algo que yo debo escuchar. No debiera haber un orador increíble para que yo pueda absorber algo. Es la Palabra de Dios la que tiene poder.

Escucha. Escucha. Escucha. Eso es recibir la Palabra con mansedumbre.

Recibir la Palabra con mansedumbre no solo significa tener un corazón que escucha; sino también un corazón humilde, un espíritu enseñable. A lo largo de los años muchas, muchas veces en mi tiempo devocional, he comenzado mi tiempo de quietud orando esa oración del Salmo 25 que dice: “Señor, muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad y enséñame” (v. 4-5a).

Ese es un corazón diciendo: “Señor, enséñame. Necesito aprender. Vengo como una estudiante para escuchar para aprender y para ser enseñada”.

Tener un espíritu manso es tener un espíritu receptivo a la Palabra de Dios, haciendo preguntas como:

• ¿Cómo se aplica esto a mí? ¿Estoy dispuesta a hacer los ajustes necesarios en mi vida para obedecer lo que sea que Dios diga en Su Palabra?

• ¿Escuchas las reprensiones que Dios envía en tu dirección?

• ¿Escuchas la Palabra de Dios?

• ¿Cuál es tu respuesta cuando Él manda corrección a través de Su Palabra, cuando Él envía instrucción?

● ¿Endureces tu cerviz con orgullo?

● ¿Lo dejas pasar?

● ¿O respondes intencionalmente en humildad, mansedumbre y arrepentimiento donde sea que se necesite?

Recibir la Palabra de Dios con mansedumbre significa que no debatimos. “Él es Dios. No debatimos con Dios. Puede que discutamos, “¿Qué significa esto?” podemos luchar con entenderlo. Pero una vez lo entendemos, entendemos lo que Él dice, no debatimos con Dios. Él lo dice. Él es Dios. Él es Señor, y Su Palabra gobierna nuestras vidas.

Quiere decir que somos obedientes. Recibir la Palabra de Dios con mansedumbre significa que doblamos las rodillas. Decimos “Sí, su Majestad”.

Hay un pasaje interesante en Ezequiel capítulo 24 que creo que ilustra poderosamente esta respuesta de mansedumbre y humildad y obediencia a la Palabra de Dios. Voy a leer comenzando en el versículo 15 “Y vino a mí la Palabra del Señor diciendo Hijo de Hombre”. Ahora, es al profeta Ezequiel que Dios le está hablando. “He aquí, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos; pero no te lamentarás, ni llorarás, ni correrán tus lágrimas” (v. 15-16)

Dios está diciendo, “Estoy a punto de quitarte lo más preciado que tienes. Pero como una lección para el pueblo de Israel, no debes mostrar ninguna evidencia de duelo o dolor”.

Dios le dice “Gime pero en silencio” (versículos 17). Puedes hacerlo en tu corazón pero no puedes expresarlo.

“No hagas duelo por los muertos; átate el turbante, ponte el calzado en los pies y no te cubras los bigotes ni comas pan de duelo.” (v.17). Él está hablando de no hacer las cosas que normalmente hacían para mostrar lamento, duelo o luto.

Así que Ezequiel dice, “Y hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado.” (v. 18)

Ahora, no estoy diciendo aquí que Dios está en el negocio de quitarle la pareja a la gente. Porque ese no es el punto de este pasaje. Aquí había toda una lección para Israel, y Dios estaba haciendo algo muy inusual.

El punto es que Dios le dio instrucciones a Ezequiel en el área más difícil de su vida. Dios dice, “Vas a perder aquello que es lo más preciado para ti. Y cuando eso pase, no debes mostrar ninguna señal externa de duelo”.

Y Ezequiel dijo, “por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado”. Eso es recibir la Palabra de Dios con mansedumbre. Es decir, “Sí, Señor. Lo que tú digas. Sí, Señor”. Es la actitud del corazón que leemos en el Salmo 119 en el versículo 60. “Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos”.

¿Recibes tú la Palabra de Dios con mansedumbre? ¿Tienes tú esa disposición a Su Palabra?

Y entonces en segundo lugar mansedumbre al responder a las decisiones de Dios y las providencias de Dios en nuestras vidas, manifestada en las circunstancias de la vida. Algunas veces esas circunstancias son misteriosas. No podemos entender lo que Dios está haciendo. Somos llamadas a responder en mansedumbre, recibir la elección de Dios para nuestras vidas.

Algunas veces no son solo misteriosas; algunas veces son intensamente dolorosas las circunstancias por las que tenemos que pasar. Una referencia bíblica dice que, “la mansedumbre es la disposición de espíritu donde aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos sin discutir ni resistirlo”.

Déjame leer otra vez porque creo que es una descripción tan poderosa de la mansedumbre. “Mansedumbre es la disposición de espíritu donde aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos sin discutir ni resistirlo. El hombre o la mujer mansa no peleará contra Dios, y menos luchará o contenderá con Él”.

La mansedumbre dice, “Señor si te complace a Ti, me complace a mí. No tengo que entender. No tengo que estar de acuerdo. Pero lo acepto; recibo las elecciones que has traído a mi vida” .

Otra vez podemos ver esto ilustrado en las Escrituras. En Job capítulo 2, una poderosa ilustración de cómo responder a la providencia de Dios con mansedumbre. La esposa de Job le dijo, luego de que había perdido gran parte de sus posesiones. Había perdido sus hijos, su salud, había perdido casi todo lo que tenía en este mundo, Y su esposa le dijo “¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete.” Pero Job le dijo a su esposa, “Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios…” (v. 10)

¿Dónde vemos aquí la mansedumbre? La mansedumbre es decir, “No solo voy a recibir de Dios cuando Él derrama buenas cosas sobre mí—dinero, hijos, bienestar, fama y prosperidad y salud y todas estas cosas—sino que voy a recibir la Leucemia. Recibiré la pobreza. Recibiré la dificultad en mi matrimonio. Recibiré ese desafío físico con uno de mis hijos. También recibiré eso de la mano de Dios”. Ese es un espíritu manso.

Y Job le dijo a su esposa, “Las mujeres necias dicen, “maldice a Dios y muérete”.

Ahora, puede que nosotras no digamos, “Maldice a Dios y muérete,” pero, ¿no es una tendencia natural que tenemos de resistir las elecciones de Dios?

Y Job dice, “Eso es necio. Debemos recibir el bien y el mal de parte de Dios.”

Matthew Henry dice,

Cuando los acontecimientos de la providencia son gravosos y aflictivos la mansedumbre no solo nos tranquiliza en medio de ellos, sino que nos reconcilia con ellos; y nos permite no solo soportarlos sino que nos ayuda a recibir el mal, así como el bien de la mano, del Señor. Es besar la vara de la corrección de Dios, la disciplina de Dios.2

Es bendecir a Dios aún cuando Su providencia sea dolorosa en nuestras vidas.

Yo sé que aquí estamos hablando de estas cosas y decirlo es mucho más fácil que vivirlo. Pero este es el corazón de la mansedumbre.

Matthew Henry dice,

“Es besar la vara sin atreverse a luchar con nuestro Hacedor, no, ni desear reclamarle a Él”. No nos atrevemos a contender con Dios, ni nos tomamos la atribución de decirle a Dios lo que Él debe hacer porque Él es Dios y no nosotras. Debemos permanecer calladas y “no abrir la boca porque Dios lo hace”.

Y con esa mansedumbre viene la paz. Con esa mansedumbre viene el gozo. Con esa mansedumbre viene el descanso, recibiendo la providencia de Dios como que viene de su mano.

Permíteme darte una ilustración de eso del libro de Levítico. ¿Recuerdas cuando Aarón que era el Sumo Sacerdote, cuando sus dos hijos, que también eran sacerdotes, Nadab y Abiú, ofrecieron fuego no extraño ante el Señor y Dios los hirió y los mató? Esto fue cuando la nación de Israel recién estaba comenzando. Dios necesitaba que Su pueblo supiera que Él era un Dios Santo.

Ahora si tú fueras el padre de estos dos muchachos ¿te sentirías tentada a contender con Dios y decir, “Eso no es justo, eso no está bien”? ¿Te sentirías tentada a resistir la voluntad de Dios?

En Levítico capítulo 10 dice, “Entonces Moisés dijo a Aarón: Esto es lo que el Señor habló, diciendo: “Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado. Y Aarón guardó silencio.” (v. 3). Eso es recibir con mansedumbre la disciplina de la mano de Dios.

No quiere decir que Dios siempre hace las cosas de esa manera. Pudiéramos profundizar sobre las razones por las que Dios trató con este asunto de esa manera. Pero el punto es que Aarón dijo, “Si Dios lo hizo, no puedo argumentar. No puedo resistirme”.

Matthew Henry dice,

Tal es la ley de la mansedumbre que todo lo que complazca a Dios no debe desagradarnos a nosotros. Déjalo hacer lo que Él quiera, porque Él hará lo que es mejor [ahí es donde vuelves a confiar que el Señor es bueno y por tanto —esto es algo que debemos considerar— si Dios fuera a referirme el asunto a mi —si Dios me fuera a pedir mi opinión acerca de lo que debería suceder en esta situación—, dice el alma mansa y tranquila, estando segura de que Él sabe lo que es bueno para mí, aún mejor de lo que yo sé, yo se lo referiría a Él de vuelta.4

Si Dios me dijera, “¿Qué crees que debe ser hecho en esta situación?”, yo le diría, “Señor, Tú sabes lo que es mejor”.

La esencia de la mansedumbre en lo que se refiere a las circunstancias de la vida es una aceptación confiada y tranquila, no resistiendo ni resintiendo. Es saber que nada puede tocar mi vida sin el permiso de un Dios amoroso y sabio.

Es por eso que no tenemos que pasarnos la vida airadas o frustradas, irritadas o resistiéndonos. La mansedumbre es un “Sí Señor. En paz y quietud. Recibo esto de tu mano”, callada y tranquila.

Vemos lo opuesto a esto en un incidente de la vida de David en el Antiguo Testamento. David tiene muchas ilustraciones de ser manso de espíritu. Pero al menos en una ocasión, no tuvo un espíritu manso. ¿Recuerdas la vez cuando el Arca del pacto estaba siendo transportada en un carro tirado por bueyes, donde no debió estar en primer lugar?

Un hombre llamado Uza extendió su mano para sostener el Arca que se iba a caer cuando el carro se tambaleó y Dios mató a Uza. De nuevo, pudiera parecer en esta sesión que Dios tiene el hábito de matar a la gente. Misericordiosamente, Él no hace eso. Pero en este caso, eso fue lo que pasó. Las Escrituras dicen,

Que entonces David se enojó porque el Señor había estallado en ira contra Uza, y llamó aquel lugar Pérez-uza hasta el día de hoy. David tuvo temor del Señor aquel día, y dijo: ¿Cómo podrá venir a mí el arca del Señor? Y David no quiso trasladar con él el arca del Señor a la ciudad de David. (2 Samuel 6:8-10)

David se enojó. Él tenía miedo, pero se resistía. Él pensó, “Si así es que Dios se va a comportar cuando el Arca esté cerca, no quiero que esté por estos alrededores. Llévensela a otro lugar”.

Tal vez había un temor saludable en él. Pero creo que ese temor en ese caso nació de una resistencia. Él estaba furioso. Su enojo reflejaba una falta de mansedumbre contrario a Aarón que no dijo nada. Y mantuvo su paz. Si Dios hizo esto, es lo que Él entiende correcto.

Déjame leerte unas cuantas citas que realmente me hablan en relación a este tema. Thomas Watson, otro buen Puritano, dijo, “La queja es levantarse contra Dios. Porque te estableces a ti mismo por encima de Dios como si fueras más sabio que Él”.

¿Quieres ser Dios? Pues no puedes serlo, y no lo eres, y no lo serás. Así que reconoce que Él es Dios y suéltalo. Deja que Él sea Dios.

Calvino dijo,

¿Por qué los hombres se molestan cuando Dios les envía cosas totalmente contrarias a sus deseos si no es por no reconocen que Dios hace todo por una razón [Dios tiene un propósito para todo lo que hace]? Tan pronto como Dios no envía lo que hemos deseado, peleamos con Él, le demandamos, no parecería que estamos haciendo esto, pero nuestras actitudes muestran que este es sin embargo nuestro intento. ¿Pero, desde qué espíritu se pronuncia esto? La resistencia a Dios desde un corazón envenenado como si dijéramos, “No veo razón para esto”.

Verás, la mansedumbre dice, “Sé que Dios tiene Sus razones, y no importa que yo pueda ver o no la razón. Pero el corazón orgulloso, el corazón envenenado dice, “Debió hacerse diferente. No veo razón para esto; por lo tanto, Dios no debió hacerlo”.

Es como si acusaran a Dios de ser un tirano o alguien sin cerebro. Una blasfemia tan horrible sale de la boca de los hombres.

Puede ser en cosas grandes o en cosas pequeñas. No veo razón para esto. De hecho, frecuentemente son las cosas pequeñas las que realmente exponen nuestra falta de mansedumbre, nuestra resistencia.

Recientemente yo salí por un par de semanas y cuando regresé me enteré que estaban volviendo a colocar el techo en el condominio donde vivo. Mientras estaba fuera ellos habían colocado el techo de la mayoría de los demás condominios. Pero la noche que regresé, el día siguiente (yo estaba exhausta de mi viaje; era un fin de semana y yo atesoro mis siestas de fin de semana)… Sábado y Domingo hubo contratistas golpeando el techo, golpeando, golpeando y golpeando.

Yo pensé, “No veo razón para esto. No veo razón para esto”.

Pero sabes, la mansedumbre dice, “Esto es algo que no puedo controlar. Es algo que no pedí. Si me hubieran preguntado lo hubiera puesto en agenda y lo hubiera hecho diferente. Pero no vale la pena que pierda la paz de Dios en mi corazón por contender con Dios sobre sus decisiones”.

He estado luchando por varias semanas con un problema en mi garganta y tratando de chequearme. Me ha distraído me ha dificultado enseñar y hablar. Mi pensamiento en ocasiones ha sido, No veo razón para esto.

Pero ¿sabes qué? Realmente no importa si yo puedo ver la razón o no. El punto es, aparentemente Dios si ve una razón para esto. Así que la mansedumbre dice, “Señor, si te complace a Tí, me complace a mí”.

Ahora, si tienes un problema en la garganta, puedes ir al doctor y tratarte. Yo hice una llamada telefónica a la compañía que estaba trabajando con los techos y les dije, “Tengo algunas entrevistas mañana. ¿Sería posible que nos pongamos de acuerdo con las horas de trabajo?” Así que donde haya algo que se pueda cambiar, está bien.

El problema es cuando desarrollamos un espíritu demandante. “Tengo derecho a tener cierta paz y tranquilidad. Tengo derecho a tomar mis siestas los sábados y los domingos sin que haya gente golpeando mi techo”. ¿Qué haces? ¿Pierdes tu paz? ¿Pierdes tu gozo? Pierdes tu comunión con Dios. Pierdes tu testimonio ante el mundo.

¿Cómo respondes a las circunstancias de la vida cuando eres interrumpida o incluso cuando te pasan asuntos más grandes? Tal vez no están cambiando el techo de tu casa. Tal vez perdiste tu casa en un tornado o en un incendio, o ha habido una gran recesión económica, o estás cuidando a uno de tus padres con Alzheimer o Dios no te ha dado el esposo que tanto deseas, o deseas un hijo y Dios no te lo ha dado.

¿Y es la actitud de tu corazón, “No veo razón para esto”? ¿O es la actitud de tu corazón, “Señor, si te complace a Ti, me complace a mí; lo recibo? Ese es el espíritu de la mansedumbre.

Annamarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando porqué el tema de la mansedumbre es tan práctico. El programa de hoy es parte de una serie llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Para leer una transcripción del programa de hoy visita AvivaNuestrosCorazones.com

Recientemente nuestro equipo conoció a una mujer que ha estado aprendiendo a vivir algunas de las cosas que hemos estado aprendiendo en esta serie. Estando en Indianápolis Nancy y el equipo conocieron a Sherri.

Sherri: Descubrí que mi esposo había sido infiel, y no era la primera vez. Había estado luchando con mucha amargura, falta de perdón, miedo. En ese tiempo estaba en consejería y me entregaron el libro  Escoja perdonar por Nancy Leigh DeMoss.

Recuerdo que al leer el libro, pensé que me ayudaría a cambiar a mi esposo. En cambio, me di cuenta de cuantas semillas de falta de perdón había en mi propio corazón. Pasé por el proceso de enlistar las cosas que se cometieron contra mí. La mayoría de las respuestas que descubrí sobre mi misma estaban basadas en mi pasado, no basadas en lo que Cristo dice de cómo debo responder.

Probablemente lo más grande para mí fue entender que no lo estaba reteniendo a él en una prisión, me estaba reteniendo a mí misma.

A través del libro, fui donde mi esposo, no solo para pedir perdón por faltarle al respeto, sino por tener expectativas irreales. Dios me mostró que era más importante estar preocupada por su alma que pensar en mi propia felicidad. Eso cambió totalmente mi respuesta a él. Cuando no quería perdonarlo, yo lo hice por lo que Jesús me perdonó a mí. Y pensaba Dios realmente me mostró de lo que fui perdonada, y no puedo tirarle una piedra.

De manera que los límites fueron diferentes. Él esperaba que yo fuera muy dura, mientras yo permitía que Dios le mostrara lo que él necesitaba. Su corazón cambió porque no estaba siendo demandante. Estaba siendo amorosa. Eso le permitió querer ser ese tipo de persona y tomar las decisiones correspondientes.

Annamarie: Estoy tan agradecida por mujeres como Sherri que han compartido su historia. ¿Quieres enviarnos tu historia? Puedes escribir tu testimonio debajo de la transcripción en nuestra página web. Visita AvivaNuestrosCorazones.com y escríbenos cómo este ministerio ha sido de ayuda para ti.

Hemos estado estudiando la mansedumbre ante Dios. Mañana veremos con más cuidado la mansedumbre ante otros. Por favor regresa a, Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries y yo quiero que mi mamá asista a la conferencia de Mujer Verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Matthew Henry. La Búsqueda de la Mansedumbre y la Quietud de Espíritu. P. 18.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com