14/62 – Confianza en la soberanía de Dios 

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

14/62 – Confianza en la soberanía de Dios

Miguel Núñez

 

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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17/41 – Una Forma Antinatural de Vivir

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

17/41 – Una Forma Antinatural de Vivir

Stephen Davey

Texto: Filipenses 2:2-4
El apóstol Pablo hace un llamado a vivir humildemente, lo cual es una forma antinatural de vivir, y también nos enseña cómo es que la humildad se ve prácticamente en la vida diaria.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

http://www.sabiduriaespanol.org

¿Cuáles son los peligros del postmodernismo?

Got Questions

¿Cuáles son los peligros del postmodernismo?

En pocas palabras, el postmodernismo es una filosofía que afirma que no hay una verdad objetiva o absoluta, especialmente en materia de religión y espiritualidad. Cuando son confrontados con una afirmación de la verdad, en relación a la realidad de Dios y práctica religiosa, la opinión del postmodernismo se ejemplifica en la declaración del: “eso puede ser verdad para ti, pero no para mí”. Mientras que tal respuesta puede ser totalmente apropiada cuando se discute sobre comida favorita o preferencias sobre el arte, tal mentalidad es peligrosa cuando se aplica a la realidad, porque confunde asuntos de opinión con asuntos sobre la verdad.

El término “postmodernismo” significa literalmente “después del modernismo” y es usado para describir filosóficamente la presente era, la cual llegó después de la era del modernismo. El postmodernismo es una reacción (o tal vez más apropiadamente, una respuesta de desilusión) ante la promesa fallida del modernismo de usar solo la razón humana para mejorar a la humanidad, y hacer del mundo un mejor lugar. Una de las creencias del modernismo, era que los absolutos sí existen; así que el postmodernismo busca “corregir” las cosas, primeramente, eliminando la verdad absoluta y haciendo que todo (incluyendo las ciencias empíricas y la religión) sea relativo a las creencias y deseos del individuo.

Los peligros del postmodernismo pueden ser vistos como un espiral descendente que comienza con el rechazo de la verdad absoluta, lo que conduce a una pérdida de distinciones en materia de religión y fe, y culmina en una filosofía de pluralismo religioso, que dice que ninguna fe o religión es objetivamente verdadera, y, por consiguiente, nadie puede asegurar que su religión sea verdadera y la otra sea falsa.

Peligros del Postmodernismo – #1 – La Verdad Relativa

La postura del postmodernismo de la verdad relativa, es el resultado de muchas generaciones de pensamiento filosófico. Desde Agustín hasta la Reforma, los aspectos intelectuales de la civilización occidental y el concepto de la verdad, fueron dominados por los teólogos. Pero, comenzando con el renacimiento del siglo XIV al XVII, los pensadores comenzaron a elevar a la humanidad al centro de la realidad. Si uno observara los períodos de la historia como un árbol genealógico, el Renacimiento sería el abuelo del modernismo, y la Ilustración sería la madre. El “Pienso, luego existo” de René Descartes, personificó el comienzo de esta era. Dios ya no era el centro de la verdad – ahora lo era el hombre.

La Ilustración era, de alguna forma, la completa imposición del modelo científico de la racionalidad sobre todos los aspectos de la verdad. Proclamaba que solo los datos científicos podían ser entendidos objetivamente, definidos y defendidos. La verdad en lo que se refiere a la religión, fue descartada. El filósofo que contribuyó a la idea de la verdad relativa fue el prusiano Immanuel Kant y su obra Crítica de la Razón Pura, que apareció en 1781. Kant decía que el verdadero conocimiento de Dios era imposible, así que creó una división del conocimiento entre “hechos” y “fe”. De acuerdo con Kant, “Los hechos no tienen nada que ver con la religión”. El resultado fue que los asuntos espirituales fueron asignados al ámbito de la opinión, y solo a las ciencias empíricas se les permitió hablar de la verdad. Mientras que el modernismo creía en los absolutos de la ciencia, la revelación especial de Dios (la Biblia) fue expulsada del reino de la verdad y la certidumbre.

Después del modernismo, vino el postmodernismo y las ideas de Frederick Nietzsche. Como el santo patrón de la filosofía postmodernista, Nietzsche se adhería al “perspectivismo”, el cual dice que todo conocimiento (inclusive científico) es una cuestión de perspectiva e interpretación. Muchos otros filósofos han construido sobre el trabajo de Nietzsche (por ejemplo, Foucult, Rorty, y Lyotard) y han compartido su rechazo a Dios y a la religión en general. También rechazaron cualquier indicio de verdad absoluta, o como Lyotard lo expresó, un rechazo a la metanarrativa (una verdad que trasciende a todos los pueblos y culturas).

Esta guerra filosófica contra la verdad objetiva, ha resultado en que el postmodernismo sea completamente reacio a cualquier afirmación de absolutos. Tal mentalidad naturalmente rechaza cualquier cosa que declare ser la verdad inerrante, como la Biblia.

Peligros del Postmodernismo – #2 – Pérdida del Discernimiento

El gran teólogo Tomás de Aquino dijo: “Es labor del filósofo hacer distinciones”. Lo que Aquino quiso decir es que la verdad depende de la habilidad para discernir – la capacidad para distinguir “esto” de “aquello” en el ámbito del conocimiento. Sin embargo, si la verdad objetiva y absoluta no existe, entonces todo se vuelve una cuestión de interpretación personal. Para el pensador postmoderno, el autor de un libro no posee la interpretación correcta de su obra; es el lector quien realmente determina lo que dice el libro – un proceso llamado deconstrucción. Y dado que hay múltiples lectores (vs. un autor), naturalmente hay múltiples interpretaciones válidas.

Tal situación caótica hace imposible hacer distinciones significativas o duraderas entre las interpretaciones, porque no hay ninguna norma que pueda utilizarse. Esto se aplica especialmente a los asuntos de fe y religión. El intentar hacer distinciones apropiadas y significativas en el área de la religión, no es más significativo que discutir que el chocolate sabe mejor que la vainilla. El postmodernismo dice que es imposible juzgar objetivamente entre verdades contrapuestas.

Peligros del Postmodernismo – #3 – Pluralismo

Si la verdad absoluta no existe, y si no hay manera de hacer distinciones significativas de bueno/malo entre los diferentes sistemas de fe y religiones, entonces, la conclusión natural es que todas las creencias deben ser consideradas igualmente válidas. El término adecuado para este resultado práctico en el postmodernismo, es “pluralismo filosófico”. Con el pluralismo ninguna religión tiene el derecho de pronunciarse a sí misma como verdadera y llamar falsas, o aún inferiores a las otras creencias competitivas. Para aquellos que se adhieren al pluralismo filosófico religioso, ya no hay herejías, excepto tal vez, la opinión de que hay herejías. D. A. Carson subraya la preocupación del evangelismo conservador, acerca de lo que se ve como el peligro del pluralismo: “En mis momentos más sombríos, a veces me pregunto si la fea cara de lo que me refiero como el pluralismo filosófico, es la amenaza más peligrosa para el Evangelio, desde el surgimiento de la herejía gnóstica en el siglo II”.

Este progresivo peligro del postmodernismo – la verdad relativa, la pérdida del discernimiento, y el pluralismo filosófico – representan amenazas impuestas al cristianismo, porque colectivamente descartan la Palabra de Dios como algo que no tiene autoridad real sobre la humanidad, ni la habilidad para mostrarse a sí misma como la verdad en un mundo de religiones competitivas. ¿Cuál es la respuesta del cristianismo a estos desafíos?

Respuesta a los Peligros del Postmodernismo

El cristianismo afirma ser absolutamente verdadero, que existen distinciones significativas en materia del bien/mal (así como la verdad espiritual y la falsedad) y que está en lo correcto en sus declaraciones acerca de Dios, que cualquier afirmación contraria de religiones competitivas deben ser incorrecta. Tal actitud provoca gritos de “arrogancia” e “intolerancia” del postmodernismo. Sin embargo, la verdad no es una cuestión de actitud o preferencia, y cuando se le examina de cerca, los cimientos del postmodernismo se desmoronan rápidamente, revelando que las afirmaciones del cristianismo son tanto plausibles como convincentes.

Primero, el cristianismo asegura que la verdad absoluta existe. De hecho, Jesús específicamente dice que Él fue enviado para hacer una cosa; “Para dar testimonio de la verdad” (Juan 18:37). El postmodernismo dice que ninguna verdad debe ser afirmada, sin embargo, su posición es auto excluyente – ya que afirma al menos una verdad absoluta: que ninguna verdad debe ser afirmada. Esto significa que el postmodernismo sí cree en la verdad absoluta. Sus filósofos escriben libros declarando ideas que ellos esperan que sus lectores las adopten como la verdad. En pocas palabras, un profesor ha dicho, “Cuando alguien dice que no hay tal cosa como la verdad, ellos están pidiéndote que no les creas. Así que no lo hagas”.

Segundo, el cristianismo afirma que las distinciones significativas existen entre la fe cristiana y todas las otras creencias. Debe entenderse, que aquellos que afirman que las distinciones significativas no existen, están de hecho haciendo una distinción. Están tratando de mostrar una diferencia entre lo que ellos creen que es verdadero y las afirmaciones cristianas de la verdad. Los autores del postmodernismo esperan que sus lectores lleguen a las conclusiones correctas acerca de lo que ellos han escrito y corregir a aquellos que interpreten su trabajo de manera diferente a lo que ha sido su intención. Nuevamente, su posición y filosofía prueba en sí misma ser auto contradictoria, porque insistentemente hacen distinciones entre lo que ellos creen que es lo correcto y lo que ellos consideran como falso.

Finalmente, el cristianismo afirma ser universalmente verdadero en lo que dice respecto a la condición perdida del hombre ante Dios, al sacrificio de Cristo en favor de la humanidad caída, y la separación entre Dios y cualquiera que elige no aceptar lo que Dios dice acerca del pecado y la necesidad de arrepentimiento. Cuando Pablo se dirigió a los filósofos estoicos y epicúreos en la Colina de Marte, les dijo, “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Las declaraciones de Pablo no fueron “esta es la verdad para mí, pero puede no ser la verdad para ustedes” más bien; fue un mandato exclusivo y universal (es decir, una metanarrativa) de Dios para todos. Cualquier postmodernista que diga que Pablo está equivocado, está cometiendo un error en contra de su propia filosofía pluralista, la cual dice que ninguna fe o religión es incorrecta. Una vez más, el postmodernismo viola su propia postura de que toda religión es igualmente verdadera.

Así como no es arrogante que un maestro de matemáticas insista en que 2 + 2 = 4, o que un cerrajero insista en que solo una llave entrará en la cerradura de la puerta, tampoco es arrogante para el cristiano erigirse contra el pensamiento postmodernista e insistir en que el cristianismo es verdadero y que cualquier oposición es falsa. La verdad absoluta sí existe, así como existen las consecuencias de estar equivocado. Mientras que el pluralismo puede ser deseable en cuestiones de preferencias de comida, no es útil en cuestiones de fe. El cristiano debe presentar la verdad de Dios en amor y simplemente preguntar a cualquier postmodernista que esté enojado por las afirmaciones exclusivas del cristianismo, “¿Así que me he hecho, pues, tu enemigo, por decirte la verdad?” (Gálatas 4:16).

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Amando a nuestra familia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Amando a nuestra familia

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie «Amando a nuestro prójimo», publicada por la Tabletalk Magazine. 

El amor familiar tiene sus raíces en la creación. Por la misericordia de Dios, los seres humanos caídos todavía tienden a conservar un amor natural por sus familias. Aunque malvados, los padres dan buenos regalos a sus hijos (Mt 7:9-11). La bondad familiar a menudo despierta respuestas de amor incluso en los malvados (Mt 5:46-47). Solo cuando Dios permite que el pecado siga su curso completo, el amor propio del hombre destruye el afecto natural y desintegra a la familia (2 Tim 3: 1-4). Esa es la tragedia que se desarrolla en la cultura occidental.

El verdadero amor cristiano por nuestra familia es más grande que el afecto natural, porque ese amor no nace de la carne ni de la voluntad del hombre, sino que brota de Cristo y de Él crucificado. Dios envió a Su Hijo como el sacrificio expiatorio por nuestros pecados para llevar el justo juicio que nuestros pecados merecían: «En esto consiste el amor» (1 Jn 4:10 ). En el mejor de los casos, somos pecadores merecedores de la ira de Dios, pero Él nos ama al más alto grado. El afecto natural es una extensión del amor propio, pero la cruz infunde un amor sacrificial en nuestras almas. Cada fracaso en amar a nuestro padre, madre, hermana, hermano y a cualquier otra persona tiene su raíz en nuestro fracaso de abrazar a Cristo crucificado con una fe viva.

El verdadero amor cristiano por nuestra familia es más grande que el afecto natural, porque ese amor no nace de la carne ni de la voluntad del hombre, sino que brota de Cristo y de Él crucificado.

La familia crece a partir del vínculo matrimonial entre marido y mujer. Ninguna otra relación capta nuestro supremo llamado a reflejar el amor de Cristo: las esposas en su reverente sumisión y los maridos en su abnegado servicio (Ef 5:22-25). Juntos, marido y mujer deben convertirse en mejores amigos a través de la vida que comparten en Cristo (vv. 28-30). O, si el cónyuge de un cristiano no es creyente, entonces el creyente debe vivir con la esperanza de ganar al pecador por el testimonio de la belleza de la santidad, la pureza y el temor divino (1 Pe 3:1-4). Cuando llevar la cruz en el matrimonio atraviesa nuestras almas, debemos recordar que Dios diseñó el matrimonio por algo más que nuestra satisfacción. El matrimonio existe para la gloria de Dios. Un cónyuge amoroso es una imagen de Dios (Gén 1:27).

Unidos como amantes y colaboradores, el esposo y la esposa aman a sus hijos, con el hombre como el principal responsable: «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos (Ef. 6:4). Esto trasciende las cosas de este mundo y abarca «en la disciplina e instrucción del Señor» (v. 4).

Los padres cristianos actúan en unión con Cristo nuestro Mediador, porque como miembros de Él, comparten Su unción. Por consiguiente, deberían amar a sus hijos como profetas bajo el gran Profeta, hablándoles la Palabra de Dios con pasión y amor (Deut 6:6-7). Deben amar a sus hijos como sacerdotes bajo el Sumo Sacerdote con tierna misericordia, intercesión diaria y adoración conjunta en el hogar y la iglesia (Heb 2:17-184:14-1610:19-2513:15). También deben amar a sus hijos como reyes bajo el Rey supremo, protegiéndolos de las influencias corruptoras y depredadoras (Jn 10: 12-14), y gobernarlos con disciplina para entrenarlos en el camino de la paz (Is 9:6-7). Sin embargo, deben recordar que ellos mismos no pueden salvar a sus hijos, ya que solo hay un Mediador (1 Tim 2:5-6), y el evangelio a veces divide a una familia como una espada (Mat 10:34-36).

Padres y madres, ¿es Jesús su Profeta, Sacerdote y Rey? ¿Están actuando en el nombre de Jesús como profetas, sacerdotes y reyes en sus hogares con perseverancia, por amor a Él?

El amor de un niño por su padre y su madre se muestra en sumisión a su autoridad y receptividad a su instrucción, tal como Dios lo ordena (Ef 6:1-3). Un niño puede honrar a sus padres correctamente solo por fe, en unión y comunión con Jesucristo («en el Señor», v.1). Hijos e hijas, ¿son como ramas que habitan en la vid (Jn 15:5), extrayendo amor por sus padres de Jesucristo por la fe?

Con el tiempo, los niños crecen y las relaciones se multiplican. El amor requiere que los padres capaciten a los hijos mayores incrementando su libertad para vivir como miembros responsables de la sociedad. Deben sentir el peso de proveerse a sí mismos: «Si alguno no trabaja, tampoco debe comer» (2 Tes 3:10). El amor nos guía a recibir a nuestros yernos y nueras como a nuestros propios hijos, y también a liberar a estas nuevas parejas para que formen sus propios hogares: deben «irse» para «unirse» (Gen 2:24). No tenemos autoridad para seguir gobernándolos, pero siempre debemos amarlos, interesarnos por lo que Dios está haciendo en sus vidas y ser consejeros fieles (Ex 18:7-913-24). Los hijos adultos nunca dejan atrás el deber de honrar y amar a sus padres, ya que abandonar a sus padres ancianos contradice tanto la ley como el evangelio (Mt 15:3-61 Tim 5:816). Por su parte, los abuelos y bisabuelos deberían dar ejemplos de fe perseverante, orar mucho por sus descendientes y compartir la sabiduría de Dios con ellos, para que la bendición de Dios se extienda hasta mil generaciones (Deut 7:9).

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Joel R. Beeke
Joel R. Beeke
El Dr. Joel R. Beeke es presidente del Puritan Reformed Theological Seminary y pastor de Heritage Netherlands Reformed Congregation en Grand Rapids, Michigan.

1/9 – Cultivando un espíritu manso

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

1/9 – Cultivando un espíritu manso

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/cultivando-un-espiritu-manso/

Annamarie Sauter: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss en la actualidad, la mansedumbre no siempre se entiende.

Nancy Leigh DeMoss: El mundo nos dice que si eres mansa, si eres humilde, no vales nada, no tienes nada que te haga feliz. Pero la Palabra de Dios dice que si tienes verdadera mansedumbre bíblica, tú eres una persona bendecida. ¿Quieres las bendiciones que vienen con la mansedumbre? Entonces tú tienes que perseguir algo que es contra-cultura.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Una de las cualidades bíblicas menos comprendida es la mansedumbre. Nancy ha sido retada en esta área, y ella está a punto de desafiarnos en una serie titulada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Nancy: A muy menudo me encuentro siendo probada en las mismas áreas en que me estoy preparando para enseñar, o acabo de enseñar. El Señor quiere estar seguro de que las cosas que estoy diciendo a los demás las estoy practicando en mi propia vida y supongo que eso es algo bueno.

Tú realmente no sabes lo que sabes acerca de algo hasta que no tienes un examen o una prueba. Por eso es que tenemos pruebas en la escuela. Exámenes rápidos, exámenes a mediados de términos, y exámenes finales. Estos le dicen a la maestra y a nosotros mismos qué material hemos aprendido y qué material todavía tenemos que dominar. Sobre el tema que estamos tratando en esta serie, tengo mucho todavía que dominar.

Me he dado cuenta ahora que he estado estudiando el tema de la mansedumbre, que esto es algo que necesito mucho yo misma. Me siento como si hubiera solo rozado la superficie de lo que hay que aprender sobre este tema. Pero a medida que he estado estudiando, me he encontrado en un campo de batalla muchas veces y fallando miserablemente más veces.

Cuando pienso en las últimas semanas, vienen a mi mente muchas situaciones, cuando me he dado cuenta, lamentablemente después del hecho, muchos de los casos, que la manera en que acababa de comunicar o algo que solo había pensado o un intercambio que acababa de tener con alguien, no provenía de un espíritu manso. Así que yo estoy en el proceso y he tenido convicción de mi propia necesidad de mansedumbre.

La mansedumbre, o la falta de ella, se manifiesta en nuestros corazones antes de que aparezca exteriormente en cualquier otro lugar. Pero entonces, invariablemente, lo que está en nuestros corazones sale a la superficie. Me encuentro en diversos medios de comunicación con los demás -correo electrónico. . . ¿Sabías que puedes mostrar falta de humildad en un correo electrónico? He aprendido que eso es posible. Las llamadas telefónicas, las conversaciones con amigos.

De hecho, en las últimas dos semanas, se han producido y he tenido varios choques relacionales, si pudiera llamarlos así. No grandes, pero momentos de mucha tensión o reuniones de personal o llamadas telefónicas con mi equipo en un momento en que me encontraba molesta y sintiendo que otras personas no estaban haciendo las cosas que debían hacer.

Me detuve en el transcurso de la semana y miré hacia atrás por encima de varios de estos temas y me di cuenta de que yo era el denominador común de todas las historias. Era como, ” Wow, mira aquí. Tal vez no sea todo el mundo que tiene el problema. Tal vez eres tú misma la que tienes un problema.” Fue algo bueno para mí simplemente estar estudiando esto y tener al Señor desafiándome.

De hecho, sostuve una llamada telefónica, una de esos choques relacionales. No voy a entrar en todos los detalles, pero había algo en nuestro ministerio, que no era gran cosa, pero algo que yo había estado esperando que sucediera por un largo tiempo. Yo había pedido y nada había sucedido. Así que llamé por teléfono a uno de nuestros empleados, un hombre de nuestro personal. Como mujer, trato siempre de comunicarme con los hombres de nuestro equipo de una manera que sea femenina y con gracia. Tú debes ser así con todo el mundo, pero sobre todo si estamos hablando con hombres, porque quieres honrar su masculinidad.

Tenía que hablar con este miembro del personal que está involucrado en esta área del ministerio y sin previamente preguntar, “¿es este un buen momento, o puedo decirte algo que he tenido en mi corazón y he estado pensando?”, simplemente me descargué. Yo no estaba gritándole, y no estaba enojada. Yo fui muy firme y decidida de que era necesario abordar este tema. Me di cuenta de que el hombre con quien estaba hablando—quien es un hombre gentil, piadoso y humilde de espíritu, ama al Señor, y alguien excelente para servir juntos, simplemente él hizo silencio; yo lo estaba silenciando con mi multitud de palabras, por mi diluvio de palabras.

Hermanas, esto es difícil para los hombres. Es difícil para sus esposos. Es difícil para las personas con las que trabajamos y servimos cuando acabamos abrumándolos con palabras. Él se quedó en silencio. Él no dijo mucho, y yo sabía que él estaba tomando algunas notas. Este hombre es un caballero. El Espíritu estaba otra vez diciéndome, “Tienes que retroceder y darle tiempo para digerir esto y no decirle más cosas”. Pero en lugar de hacer lo que el Espíritu me indicaba, porque no estaba recibiendo una respuesta, volví a repasar todo de nuevo. Y ahora más alto, más rápido, con más y más palabras desbordadas.

Yo sabía mientras lo hacía que yo estaba aplastando el espíritu de este hombre. Una vez más, él fue humilde, él fue amable, y él no iba a pelearme. Realmente no lo estaba atacando o aplastando literalmente, aunque él pudo haberse sentido así. Realmente no lo sé. Creo que a veces los hombres se sienten atacados. Y les decimos: “Pero yo solo te estoy diciendo los hechos. ¿Por qué te sientes atacado? “Bueno, es porque lo estamos diciendo tan rápido y con tanta intensidad”.

Algunos de nuestros empleados hablan de la mirada penetrante de mis ojos. Bueno, esto que acabo de relatar fue por teléfono así que él no podía ver mis ojos, pero el tono de mi voz era fuerte. Lo dejamos pasar y porque él no se puso a la defensiva, o por lo que sea, la conversación terminó bien. Pero, de nuevo, el Señor estaba obrando en mí.

Después que terminé esa llamada, pensé, tú acabas de arroyarlo a él con palabras. No fuiste amable. Tú no fuiste considerada. No tuviste en cuenta cómo comunicarte correctamente con él. Lo abrumaste, y no mostraste un espíritu manso. Estos pensamientos estaban en mi corazón esa noche. Y estaban en mi corazón a la mañana siguiente. Me estaba preparando para ir a hacer una entrevista y pensé que tenía que hablar con este hombre. Probablemente él nunca hubiera sacado el tema a relucir.

Así que lo llamé a la oficina y le dije: “El Señor no me dejará en paz sobre esa conversación que tuvimos ayer. Has sido muy amable y te lo agradezco mucho, pero mi espíritu no fue manso. Estoy estudiando la mansedumbre y no la practiqué en esa conversación”. Así que le dije: “¿Me perdonas? No abordé esto de la manera correcta”.

Estoy tan agradecida de que lo llamé. Yo necesitaba aclarar mi conciencia porque sabía que eso era lo que el Señor quería, pero también cuando él respondió y me dijo: “Significa mucho que me llamaras”. Yo sabía que mi falta de mansedumbre realmente lo había afectado. Así que tuvimos un momento dulce y estamos recuperándonos de ese incidente. Pero es mucho mejor tener un espíritu manso desde el principio que después tener que ir a recoger los escombros.

Hemos tenido algunos tornados en esta zona, y si miras todas las ramas rotas, y los escombros y la basura y el desorden, eso es lo que algunas de nuestras vidas producen. Eso es lo que mi vida hace a veces cuando yo entro en una habitación o camino a través de una reunión o camino por la vida de alguien y dejo escombros en el camino diciendo muchas palabras o palabras ásperas o no teniendo un espíritu manso .

Así que estoy muy sintonizada con todo lo que Dios dice sobre este asunto de la mansedumbre. La mansedumbre es importante para Dios. No lo puedes evitar en la Escritura. Sofonías capítulo 2 el versículo 3, dice que debemos buscar la mansedumbre. Colosenses capítulo 3 dice que debemos vestirnos de mansedumbre. Primera a Timoteo capítulo 6 dice que debemos seguir la mansedumbre. No se trata solo de algunos creyentes. Es para todos los creyentes.

En las próximas sesiones vamos a tratar la mansedumbre desde varios ángulos diferentes y quiero ser la primera en decir que no me siento como si lo hubiera alcanzado y comprendido todo acerca de este tema. Un año a partir de hoy creo que podría enseñar esto de manera diferente, pero solo voy a compartir con ustedes lo que Dios ha estado diciéndome acerca de este tema y dejar que Dios lo expanda aún más en sus corazones.

Tenemos que reconocer en primer lugar que la mansedumbre o la humildad no es algo que viene naturalmente. No es asunto de tener una personalidad naturalmente mansa. Algunas personas son naturalmente más tranquilas, calladas o más reservadas, pero eso no significa que sean necesariamente mansas. No hay nadie, de naturaleza, mansa de espíritu. La mansedumbre es sobrenatural. Es una expresión del carácter de Cristo. Es parte del fruto del Espíritu. Es una gracia que el Espíritu obra en nuestras vidas.

Es el Espíritu de Dios que trae nuestra falta de mansedumbre natural, y estoy pensando en qué sería lo opuesto a la mansedumbre, el Espíritu de Dios trae nuestras reacciones naturales desprovistas de mansedumbre, nuestras respuestas y nuestros instintos, bajo Su control para que vayan convirtiéndose en la verdadera mansedumbre de Cristo.

Quiero también recordarte que la mansedumbre, aunque es altamente valorada por Dios, no se valora en lo absoluto en nuestro mundo. No está de moda. No es políticamente correcta, y algo que siempre estamos insistiendo es en convertirnos en mujeres contra-cultura, e ir contra la corriente, ser como el salmón, que nada contra la corriente. Esta debe ser un área entre muchas de preocupación para la mujer que quiere ser contra-cultura. Ser mansa es ir contra la corriente.

El mundo aprecia todo lo contrario a la mansedumbre —la autoafirmación, el defender tus derechos, ser exigente, decir lo que piensas, hacer las cosas a tu manera. Dios valora mucho las cosas que el mundo desprecia. El mundo mira a los humildes a los mansos y dice: “Ellos son débiles”. Pero Dios mira a los mansos y dice: “Me recuerdan a Jesús”. Dios valora grandemente la mansedumbre pero el mundo la detesta y la desprecia, y el mundo estima y valora aquello que Dios detesta.

Así que tienes que decidir, estoy dispuesta a nadar contra la corriente con el fin de perseguir la mansedumbre, porque eso es lo que se necesita.

¿Por qué perseguir la mansedumbre? ¿Qué esperamos ganar con ella? Por supuesto, la razón mayor es porque Dios dice que debemos seguir o alcanzar la mansedumbre. Pero creo que hay otras razones. Hay algunos frutos, bendiciones y beneficios que vienen de la búsqueda de la mansedumbre, que queremos obtener y que podemos tener a medida que llegamos a ser personas mansas.

Creo que tal vez el pasaje más familiar que me viene a la mente esta en las Bienaventuranzas, en el Sermón del Monte, donde Jesús dice: “Bienaventurados los mansos”. Esa palabra bienaventurado significa feliz, afortunada/ dichoso, son aquellos que son mansos.

Ahora, de nuevo, el mundo nos dice si eres mansa, humilde, no vales nada. No tienes nada que te haga feliz. Pero la Palabra de Dios dice que si tienes verdadera mansedumbre bíblica, tú eres una persona bendecida. ¿Quieres las bendiciones que vienen con la mansedumbre? Por cierto, la bendición aquí es que ellos heredarán la tierra. Si somos mansas sentimos que estamos rechazándolo todo, en cambio Dios nos dice, “No, los mansos van a tener todo lo que realmente importa”. ¿Quieres la bendición de la mansedumbre? Entonces tienes que perseguir algo que es contra-cultura.

El Salmo 37 nos dice que “los humildes heredarán la tierra y se deleitarán en abundante paz” (v. 11). Eso es algo que me gustaría tener. Las personas que no son mansas no tienen abundancia de paz. No tienen corazones y mentes tranquilas. Pero la persona que es mansa se deleita en abundancia de paz. La paz de la mente. La paz del corazón. La paz en las relaciones.

Cuando regresé e hice esa llamada telefónica a la persona con quien sostuve la conversación, había una dulzura y una paz en nuestra relación que no había estado allí cuando yo estaba atacándolo, cuando estaba atropellándolo en el transcurso de la discusión. Logré mi punto en la primera llamada. Este hombre entendió claramente lo que creía que él tenía que hacer, pero perdí la relación.

Ahora, de nuevo, él fue humilde y amable, así que no iba a dejar que eso fuera una barrera, pero era una barrera en mi corazón. Era una barrera en mi relación con el Señor. Perdí mi paz, y comencé a experimentar convicción en mi conciencia. ¿Quieres paz? Entonces debes buscar la mansedumbre. Hay abundancia de paz para los mansos.

El Salmos 25 el versículo 9 nos dice, “Encaminara a los humildes en la justicia, y enseñará a los mansos su carrera” (RV). Si queremos que Dios nos guíe, que nos enseñe el camino que debemos seguir, si queremos conocer el buen juicio, si queremos tener visión, sabiduría y entendimiento, tenemos que ser mansas. Veremos que esto ocurre porque las personas mansas son:

• Personas enseñables

• Personas humildes

• Personas abiertas a recibir consejo.

Todas hemos conocido personas— tal vez uno de tus hijos o tus hijas— y en ocasiones todas hemos sido el tipo de persona a la que no se le puede enseñar nada. Lo sabemos todo. Dios dice de las personas que ya piensan que lo saben todo, “Ellos no van a aprender nada de Mí”. Jesús le dice a la iglesia en el Nuevo Testamento “Tú dices que eres rico, y tienes muchos bienes, y no tienes necesidad de nada”.(Parafraseado) Pero Él le dice: “No te das cuenta de que eres desventurado, miserable, pobre, desnudo y ciego. Pídeme, y te daré lo que necesitas”.

Pues bien, la persona que piensa que lo sabe todo no va a estar de rodillas clamando a Dios por sabiduría, por dirección. Pero Dios dice que la persona que humildemente reconoce que necesita dirección, si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios. Dios dice: “Tú sabes que te falta, que la necesitas, pídemela, Yo te la daré”.

Creo que a veces, cuando no sabemos qué camino tomar, no sabemos qué hacer, no sabemos cómo manejar una situación, decimos: “¡Señor, Tú no me has mostrado lo que debo hacer!” puede ser porque Dios sabe que no tenemos un espíritu manso. No tenemos un espíritu enseñable. No estamos dispuestas a recibir lo que Él nos mostrará.

Dios no quiere mostrarnos Su voluntad para que podamos decidir si queremos hacerla. Es como si Dios nos dijera: “tú decides, tu actitud me va a mostrar lo que voy a hacer”. Firma el contrato en blanco en la parte inferior y entonces Él dice: “Entonces ahora te voy a mostrar cuál es Mi voluntad”. Él quiere saber primero que tenemos un corazón manso, receptivo y flexible.

El ser mansa, hablando de las bendiciones y beneficios de la mansedumbre, es ser como Jesús. Y, ¿no es eso lo que quieres? Eso es lo que yo quiero. Tener formado en mí el carácter, el corazón, el Espíritu de Jesús. La Escritura dice que Jesús es manso y humilde de corazón. Por eso dice: “Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29 RV).

El mundo no celebra la mansedumbre, pero el hombre más grande que jamás haya existido, Jesucristo, el Hijo de Dios, Él dijo: “Yo soy manso. Soy humilde de espíritu”. ¿Quieres ser como Jesús? Tienes que ser mansa.

Cuando estoy hablando demasiado, y estoy siendo dogmática, obstinada, crítica, negativa, cuando estoy siendo lo contrario de ser mansa en mi vida, estoy reflejando algo que no es el Espíritu de Jesús. Pero la verdadera mansedumbre, el fruto del Espíritu, y ya veremos lo que esa mansedumbre realmente es, cuando eso se convierte en mi espíritu, entonces estaré reflejando al mundo cómo es Jesucristo.

La mansedumbre en las mujeres es elogiada de manera muy especial en las Escrituras. Y de nuevo, hablando acerca de por qué perseguir la mansedumbre, como mujeres es natural para nosotras el enfocarnos en la belleza física, en el adorno externo, en nuestros peinados, en nuestros estilos de ropa, en las joyas, el maquillaje. y nuestra cultura realmente promueve estas cosas. Si nos fijamos en los anuncios para las mujeres, estas son las cosas que se están promoviendo y que se anuncian como muy importantes.

Pero la Palabra de Dios tiene el consejo correcto para nosotras como mujeres. Esto nos ayuda a ver la belleza desde la perspectiva de Dios. En 1era de Pedro capítulo 3 los versículo 3 y 4 el apóstol Pedro dice:

Y que vuestro adorno no sea externo, corruptible, que lo que tú consideres atractivo, no sean los peinados ostentosos, las joyas de oro los vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible, imperecedero [me encanta esa frase] de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.

Un espíritu afable. Esa palabra en el idioma original es mansa. Un espíritu manso, un espíritu afable, un espíritu apacible. La Escritura dice que una mujer que tiene una actitud interna del corazón de mansedumbre o de humildad y un espíritu apacible tiene una belleza que es imperecedera. Es una belleza que no se desvanecerá. Es una belleza que no tiene que pasar por todo tipo de rutinas de cirugía cosmética o maquillaje para ser preservada. Es algo que se hace más rico y más dulce a medida que pasa el tiempo y envejeces.

Por cierto, mientras envejezco, ¿estoy pensando en cómo puedo tener esa clase de belleza interior que crece, que aumenta? Eso es lo que un espíritu manso hace por nosotras como mujeres. No solo produce ese tipo de hermosura que no se pierde y no se desvanece, sino que ese versículo nos dice que la hermosura de un espíritu humilde y apacible es de grande estima delante de Dios. Esto es lo que hace a Dios mirar a una mujer y decir: “Ella es hermosa”.

Ahora sabemos lo que nos hace mirar a una mujer y decir: “Ella es hermosa”. Pero lo que hace que Dios mire a una mujer y diga: “Ella es hermosa”, es un espíritu de mansedumbre y quietud. Un espíritu dulce y manso.

Otra de las razones para buscar la mansedumbre se encuentra en Isaías capítulo 29 versículo 19 nos dice: “Los humildes se llenarán de una alegría nueva de parte del Señor”.

Me encanta ese versículo. En realidad mientras preparaba este estudio me encontré con este versículo. No me había percatado de él antes. “Los humildes se llenarán de una alegría nueva de parte del Señor”. Esa alegría fresca surge de un espíritu que es manso.

A lo largo de esta serie voy a estar leyendo algunos segmentos y enseñando porciones de un libro que ha sido realmente una gran bendición para mí sobre este tema en los últimos años. Es un libro escrito por Matthew Henry en 1698. Tiene más de 300 años de antigüedad. Se llama, “ La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de espíritu” (“ The Quest for Meekness and Quietness of Spirit ”). Si lees en inglés te exhorto a leer este libro.

Permíteme leer una cita de Matthew Henry acerca del gozo que se desprende de un espíritu manso. Él dice:

Si hay un cielo en cualquier lugar sobre la tierra, estará en el alma afable y apacible, que actúa y respira por encima de las partes más bajas del mundo, que están infestada de tormentas y tempestades.

En otras palabras, él está diciendo que las cosas aquí abajo en la tierra son tormentosas, son tempestuosas, pero un espíritu afable y apacible te permitirá experimentar la vida en un plano que está por encima del mundo tormentoso y tempestuoso.

Él dice que el tener un espíritu manso y apacible es como tener el cielo en la tierra. Él sigue diciendo:

Un cristiano afable y apacible tiene gozo en sí mismo. Él goza de sus amigos. Él disfruta de su Dios. Y él pone estos deleites fuera del alcance del estorbo de sus enemigos.

En otras palabras, si tú estás viviendo en mansedumbre y tranquilidad de espíritu, y vamos a ver lo que esto realmente es, te coloca en un lugar donde tus peores enemigos no pueden hacer tu vida miserable. Experimentas un cielo en la tierra. “Los humildes aumentarán también su alegría de parte del Señor”.

Así que durante estos próximos días quiero animarte a venir conmigo en este viaje a medida que perseguimos la mansedumbre, mientras buscamos la mansedumbre, y nos vestimos de mansedumbre. Al hacerlo, creo que vamos a encontrar nuevas fuentes de paz y de gozo y de bendición con las que Dios inundará nuestras vidas.

Oremos.

Señor, es una cosa impresionante que Tú quieras bendecirnos. No sé por qué, pero Tú lo haces. Tú has dicho que podemos ser bendecidas si somos mansas, por lo que Te pido que durante estos próximos días nos ayudes a capturar Tu corazón por la mansedumbre para tener una mejor comprensión de lo que es, de cómo luce, de lo que significa.

Señor, estamos diciendo desde el principio que queremos que nos transformes, que nos cambies, que nos vistas con mansedumbre que nos llenes de Tu Espíritu y que produzcas en nosotras el fruto de la mansedumbre, no solo para nuestro propio disfrute y placer, sino aún más para Tu gloria y para que podamos reflejar a Cristo en nuestro mundo. Te lo ruego en el Nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss ha estado orando para que el Señor pueda desarrollar mansedumbre en nosotras.

Nancy: Me siento agradecida al Señor por permitir que podamos continuar proveyendo estas verdades bíblicas para las mujeres a través de ANC; verdades que tanto necesitamos en nuestras vidas diarias.

Hay personas que son una gran ayuda para que esto pueda ser una realidad. Se trata del equipo de colaboradores regulares de Aviva Nuestros Corazones. Me gusta decir que estas personas son el elemento vital de este ministerio. Ellos oran. Ellos comparten el mensaje con otros, y apoyan financieramente este ministerio cada mes.

Si tú has visto a Dios obrando a través de Aviva Nuestros Corazones, tal vez Dios lo ha utilizado de manera significativa en tu vida en los últimos meses, y te gustaría ayudar a tocar más vidas a través de este ministerio, te animo a ser parte de este grupo especial de personas.

Para obtener más información sobre los detalles de cómo unirte a este grupo de colaboradores frecuentes, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Por favor, ora para que Dios derrame Su Espíritu, para que Él nos visite con Su presencia, para que Él transforme vidas, anime a Su gente, y que todos Sus propósitos se cumplan a través de este ministerio que Dios ha puesto en nuestra manos.

Annamarie: Gracias Nancy.

Hoy fuiste introducida al concepto de la mansedumbre. Y tal vez suena aterrador acercarte a otras personas con un espíritu manso y apacible. La solución a esto es a confiar en Dios más de lo que temes a la gente. Nancy quiere hablar de esto el lunes. Por favor, vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries y mi mamá es una Mujer Verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¡Saulo, Saulo! (8)

Martes 5 Mayo

(El apóstol Pablo contó:) Me rodeó mucha luz del cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.

Hechos 22:6-8

¡Saulo, Saulo! (8)

Lectura propuesta: Hechos 9:1-30

Relato bíblico: Saulo, joven e impetuoso, pensaba que debía “hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret” (Hechos 26:9). Perseguía a los cristianos hasta llevarlos a la muerte. Pero yendo a Damasco para capturar a otros, una luz resplandeciente que venía del cielo lo cegó, y escuchó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Aterrado y ciego, respondió: “¿Quién eres, Señor?”. Entonces Jesús se reveló a Saulo, quien llegaría a ser el apóstol Pablo, evangelizaría varios países del imperio romano y escribiría una parte de la Biblia.

Aplicación: ¿Qué hacía Saulo? Perseguía a los cristianos. ¿Qué le dijo el Señor? “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. ¡Es una lección básica! Haciendo mal a los creyentes, Saulo no solo atentaba contra el recuerdo de un Hombre que había vivido y enseñado en la tierra, sino que se oponía a Aquel que está vivo. Perseguía a Jesús quien acababa de hablarle mediante “una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol” (Hechos 26:13).

¿La voz del Señor ha resonado en mi corazón? Quizá no como para aterrarme físicamente, sino para llevarme a decir: ¡Señor Jesús!, para que lo reciba como mi Salvador, como “Señor mío, y Dios mío” (Juan 20:28).

Esta voz del Señor también me interpela por mi nombre, y me dice: «Estos creyentes a los que tal vez critiques están unidos a mí». Sí, al rechazar a los creyentes, uno rechaza al Señor, y al amarlos, uno ama al Señor.