El gran Rey será temido

Grace en Español

El gran Rey será temido

Josías Grauman

 

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

https://www.gracechurch.org/espanol

 

 

Surgimiento de apóstoles y profetas

CONSULTORIO BÍBLICO

Surgimiento de apóstoles y profetas

DAVID LOGACHO

Desde Ecuador se ha comunicado con nosotros a través del correo electrónico, un amigo oyente, para hacernos la siguiente consulta: Como estoy seguro será de su conocimiento, estamos ante una ola de surgimiento de apóstoles y profetas. ¿Qué piensa en cuanto a esto? Pregunto sobre esto porque tengo una amiga que asiste a una iglesia donde hay apóstoles y profetas y le están prediciendo lo que supuestamente le va a suceder en el futuro. ¿Cómo puedo aconsejar a mi amiga? Estoy preocupado por ella.

Gracias por su consulta amable oyente. Efectivamente, estamos mirando absortos la proliferación de apóstoles y profetas en medio de muchas iglesias evangélicas en toda América Latina. ¿Se ha preguntado por qué durante siglos, tal vez desde el segundo siglo hasta nuestro tiempo, no se hablaba de apóstoles y profetas en el cristianismo? Parece que es un movimiento muy moderno. ¿Será que la iglesia en general se equivocó por tanto siglos ignorando la presencia de apóstoles y profetas en su medio? Hace un par de semanas estaba escuchando a un predicador que hablaba sobre este moderno fenómeno y decía que según los que están dentro de esta moda, si alguien es pastor o anciano no es nadie, porque si quiere ser alguien debe tratar de ser al menos profeta, pero si puede aspirar a ser apóstol debe procurarlo más. Tal vez esta opinión sintetice el verdadero propósito detrás del surgimiento de tantos apóstoles y profetas. Existe un verdadero afán por encaramarse a las posiciones más altas, las de mayor jerarquía de modo que se pueda lograr el mayor respeto, la mayor autoridad, la mayor admiración de parte de los que están más abajo. Pero ¿Qué dice el Nuevo Testamento respecto a esta muy humana pero anti-bíblica manera de pensar? Para responder esta inquietud, permítame citar el pasaje bíblico en 1 Pedro 5:1-4. La Biblia dice: Ruego a los ancianos que están entre vosotros,  yo anciano también con ellos,  y testigo de los padecimientos de Cristo,  que soy también participante de la gloria que será revelada:

1Pe 5:2  Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros,  cuidando de ella,  no por fuerza,  sino voluntariamente;  no por ganancia deshonesta,  sino con ánimo pronto;

1Pe 5:3  no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado,  sino siendo ejemplos de la grey.

1Pe 5:4  Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores,  vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

Estas palabras fueron escritas por Pedro, un genuino Apóstol. A pesar que como verdadero Apóstol, Pedro podía ordenar o exigir, no lo hace, sino que revestido de humildad ruega a los ancianos o pastores. Note que los ancianos o pastores de una iglesia local no están por encima de la congregación, sino que están entre la congregación. Esto significa que los ancianos o pastores no deben sentirse superiores al resto de la congregación. Son simplemente los primeros entre iguales. En esa posición están para servir no para ser servidos. Note lo que dice Marcos 10:42-45 Mas Jesús,  llamándolos,  les dijo:  Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas,  y sus grandes ejercen sobre ellas potestad.

Mar 10:43  Pero no será así entre vosotros,  sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,

Mar 10:44  y el que de vosotros quiera ser el primero,  será siervo de todos.

Mar 10:45  Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido,  sino para servir,  y para dar su vida en rescate por muchos.

Pero volviendo a nuestro texto en 1 Pedro 5, Pedro, un genuino Apóstol dice a los ancianos o pastores: Yo anciano también con ellos. Pedro no se sentía de ninguna manera superior a los ancianos o pastores, sino que se ve a sí mismo como uno más, anciano también con ellos. Esto es algo que no se ve en la mayoría de los modernos apóstoles y profetas. Supe de uno que para poder ir a “ministrar” entre comillas en determinado país, pone como condición volar en primera clase junto a todo su equipo, hospedarse en un hotel de cinco estrellas, tener a su disposición un auto nuevo para que le lleve desde el hotel hasta la plataforma donde está el púlpito desde el cual va a predicar, y una guardia armada que mantenga a la gente a distancia en todo momento. Esto sin contar con los $20,000 que demandan recibir por cada evento. Pedro era tan diferente. Como genuino Apóstol, continúa señalando que él es testigo de los padecimientos de Cristo. Esto es un requisito indiscutible para ser genuino Apóstol de Jesucristo. Los requisitos para ser Apóstoles de Jesucristo aparecen con más detalle en Hechos 1:21-22 dice: Es necesario,  pues,  que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros,

Act 1:22  comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba,  uno sea hecho testigo con nosotros,  de su resurrección.

¿Quién se atrevería hoy en día afirmar que ha estado junto con los demás Apóstoles de Jesucristo todo el tiempo que el Señor Jesús estaba con ellos, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue ascendido al cielo? ¿Quién podría hoy en día decir como Pedro: Yo soy testigo de los padecimientos de Cristo? Nadie. Por tanto nadie puede hoy en día afirmar que es Apóstol de Jesucristo. Algunos dicen: Yo no soy Apóstol de Jesucristo, sino solamente apóstol, en el sentido que he sido enviado o comisionado por alguna iglesia local. Siendo así, ¿entonces por qué no usar la palabra misionero u obrero? Porque la clave está en usar la palabra apóstol por el supuesto prestigio que conlleva. Pablo siendo un genuino Apóstol de Jesucristo, dice que no es más que un anciano o pastor en medio de otros ancianos o pastores. Son muchos los que anhelan con vehemencia ser llamados apóstoles o profetas, ¿quién sabe que anhelarán ser llamados en un mañana? No han puesto atención a lo que el Señor Jesús dijo a los fariseos de su tiempo. Mateo 23:8-12 dice Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí;  porque uno es vuestro Maestro,  el Cristo,  y todos vosotros sois hermanos.

Mat 23:9  Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra;  porque uno es vuestro Padre,  el que está en los cielos.

Mat 23:10  Ni seáis llamados maestros;  porque uno es vuestro Maestro,  el Cristo.

Mat 23:11  El que es el mayor de vosotros,  sea vuestro siervo.

Mat 23:12  Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido.

No hace falta anteponer un título como apóstol, profeta, reverendo y tantos otros más, antes de nuestro nombre para poder servir al Señor. Tal vez el título más honroso que alguien puede poner antes de su nombre es simplemente “hermano” Pedro también hace referencia al hecho de ser participante de la gloria que será revelada. Tal vez es una alusión a su experiencia en el monte de la Transfiguración, cuando junto a Jacobo y a Juan, otros genuinos Apóstoles, contemplo la gloria divina del Señor Jesús, la misma gloria que todos compartiremos cuando estemos con él en el cielo. Pero ni siquiera esto le hizo sentir superior a los otros ancianos o pastores. Luego Pedro exhorta a los ancianos o pastores a pastorear la grey de Dios entre la cual están ellos también. La grey no es del pastor o del anciano o de la denominación. La grey pertenece a Dios. Los ancianos o pastores deben cuidar de la grey de Dios no como ellos quieren sino como Dios quiere. No por fuerza, esto significa sin sentirse obligados a ello, sino voluntariamente, no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto. La ganancia deshonesta ocurre cuando se usa el oficio de anciano o pastor para sacar beneficio material personal. Un famoso apóstol afirmó que Dios le había revelado que estaba por sobrevenir un gran avivamiento sobre América Latina que cuyo fuego se iba a iniciar en Ecuador. Este apóstol supuestamente había sido enviado por Dios a Ecuador para imponer sus manos en pastores ecuatorianos de modo que lleguen a ser apóstoles y sean el instrumento que Dios use para este avivamiento. Los que querían tan honroso título tenían que pagar la módica cantidad de $5,000 dólares. ¿De cuando acá alguien tiene el poder de declarar a otro apóstol? ¿De cuando acá se vende el título de apóstol? Ni me imagino la cantidad de dinero que habrá acumulado este hombre de esta manera, porque el mismo cuento lo usó en varios otros países. La manera que un anciano o pastor debe cuidar de la grey de Dios es no como teniendo señorío sobre los que están a su cuidado. Esto significa sin ser un dictador. La forma correcta es siendo ejemplos de la grey. El ejemplo de vida que se ve en muchos apóstoles y profetas no es digno de imitarse. Los ancianos o pastores que ejercen bien su función serán galardonados por el Señor Jesucristo, el Príncipe de los pastores. El galardón o la recompensa será la corona incorruptible de gloria. Qué gran ejemplo que nos deja este genuino Apóstol quien a ningún momento se jactó de su posición como Apóstol, sino que se puso en el mismo nivel que todos los ancianos o pastores. Si esto lo tomaran en cuenta los ancianos o pastores de la actualidad no estarían buscando con tanto afán ser reconocidos como apóstoles o profetas.

PRESENTADO POR

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de:
La Biblia Dice
Av.Galo Plaza Lasso N63-183 y de los Cedros
Telf. 00593-2-2475563
Quito-Ecuador

¿Qué es el TEMOR a DIOS?

Teología Express

¿Qué es el TEMOR a DIOS?

Otto Sánchez

Samuel Barceló es maestro en la Iglesia Evangélica de la Gracia, en Barcelona (España), y además sirve en su llamado al ministerio musical como cantautor cristiano. Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Qué es el temor a Dios?
Temor a Dios, Temor de Dios

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Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

Cristo y el amor al prójimo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Cristo y el amor al prójimo

J.R. Vassar

Nota del editor: Este es el séptimo y último capítulo en la serie «Amando a nuestro prójimo», publicada por la Tabletalk Magazine. 

En «Los Hermanos Karamazov», de Fyodor Dostoevsky, se desarrolla una poderosa escena entre el padre Zósimo, el obispo que vive en el monasterio y sirve como mentor de Aliocha, y una dama que se acerca a él para pedirle consejo. Ella le confiesa que teme que no puede «amar activamente» porque a menudo sus motivos son malos. El padre Zósimo responde a su preocupación haciendo referencia a una confesión similar que había escuchado muchos años antes de la boca de un médico.

“Amo a la humanidad», dijo, «pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular, individualmente. Más de una vez» –dijo– «he soñado apasionadamente con servir a la humanidad, y tal vez incluso habría subido al calvario por mis semejantes, si hubiera sido necesario; pero no puedo vivir dos días seguidos con una persona en la misma habitación: lo sé por experiencia. Cuando noto la presencia de alguien cerca de mí, siento limitada mi libertad y herido mi amor propio. En veinticuatro horas puedo tomar ojeriza a las personas más excelentes: a una porque permanece demasiado tiempo en la mesa, a otra porque está acatarrada y no hace más que estornudar. Apenas me pongo en contacto con los hombres, me siento enemigo de ellos», dijo. «Sin embargo, cuanto más detesto al individuo, más ardiente es mi amor por el conjunto de la humanidad».

El padre Zósimo concluye su consejo diciendo:

“Lamento no poder decirle nada más consolador, pues el amor activo, comparado con el amor contemplativo, es algo cruel y espantoso. El amor contemplativo está sediento de realizaciones inmediatas y de la atención general. Uno está incluso dispuesto a dar su vida con tal que esto no se prolongue demasiado, que termine rápidamente y como en el teatro, bajo las miradas y los elogios del público. El amor activo es trabajo y tiene el dominio de sí mismo; para algunos es una verdadera ciencia”.

Hay una gran diferencia entre el amor contemplativo y el amor en acción, entre el ideal del amor y su demostración práctica. El amor contemplativo es fácil y no requiere nada de nosotros más que imaginación, mientras que el amor activo es exigente, demanda que nuestra imaginación se ejercite y encuentre expresión a través de nuestro cuerpo. El amor contemplativo es una idea romántica que se desarrolla en nuestra mente con un público admirador ficticio, pero el amor activo es un drama real que requiere presencia y perseverancia. Cuando Jesús y los autores del Nuevo Testamento resumen la ley como amar a Dios y amar a nuestro prójimo, tienen en mente el amor activo.

El apóstol Juan nos llama al amor activo cuando escribe: «Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (1 Jn 3:18). El amor se hace visible al llevar a cabo las demandas severas que requiere. Jesús nos mostró perfectamente este tipo de amor y desea obrarlo en nosotros y a través de nosotros. Pero amar a nuestro prójimo con este amor activo es, como dice el padre Zósimo, «algo cruel y espantoso», y requerirá la ayuda del Espíritu Santo.

Jesús amó a Sus discípulos hasta el final, incluso cuando manifestaron corazones duros, mentes torpes y un carácter débil.

El amor activo es específico

Jesús no solo amaba a la gente en general y a distancia. Amaba a la gente de manera personal y cercana. Su amor no era un vago sentimiento hacia las masas sino un amor tangible dirigido a personas particulares. Él amó a Su familia, sometiéndose a Sus padres terrenales mientras crecía bajo su autoridad (Lc 2:51). Mostró amor por Su madre en Sus momentos de agonía al confiar su bienestar a Su amigo y discípulo Juan (Jn 19:26-27). Jesús amó a Sus discípulos hasta el final, incluso cuando manifestaron corazones duros, mentes torpes y un carácter débil. Él amó a Sus enemigos, no rivales desconocidos en tierras lejanas, sino personas de su misma comunidad que le hacían oposición de manera agresiva, le calumniaban y le rechazaban violentamente (Lc 4:16-30). Jesús amó a personas con nombres, historias y necesidades específicas. Buscó conocer esos nombres, ser parte de esas historias y satisfacer esas necesidades. Sanó a la suegra de un amigo (Mc 1:29-31). En compasión, tocó y sanó a un leproso. Alimentó a los hambrientos, curó a los enfermos, dio vista a los ciegos, liberó a los oprimidos y enseñó a las multitudes que eran como ovejas sin pastor.

El amor contemplativo no requiere que uno realmente entre en la vida y el dolor de otro. Pero el amor activo es tangible en su expresión. Está dirigido a personas reales y busca aliviar necesidades reales. Nos demanda ir más allá del sentimiento por los desconocidos, sino acoger al otro, conocerlo, escucharlo y ayudarlo.

El amor activo es sacrificial

El hombre contemporáneo está abiertamente comprometido con el «individualismo expresivo». Este dogma cultural cree que la persona verdaderamente feliz es la que está libre de responsabilidades, libre para perseguir sus sueños, seguir su corazón y vivir sus más profundos deseos, echando a un lado a cualquier persona o entidad que pueda restringir esa búsqueda. La felicidad es el objetivo, y sacrificarse a sí mismo se considera traición, la forma más segura de arruinar la felicidad propia.

Pero para amar verdaderamente, tenemos que limitar voluntariamente nuestras libertades. El amor «no busca lo suyo» (1 Co 13:5) sino que considera las necesidades de los demás. El amor contemplativo no requiere en realidad la muerte del yo, el sacrificio de las libertades o el llevar las cargas de los demás. Sin embargo, amar «de hecho y en verdad» a menudo requiere que desechemos nuestras propias preferencias, comodidades y calendarios por el bien de otro. En nuestros matrimonios, familias, iglesias, amistades y vecindarios, si queremos amar verdaderamente, tenemos que poner el bien del otro por encima del nuestro. No podemos vivir la visión de autonomía e individualismo radical y experimentar las profundidades del amor, porque el amor, por su propia naturaleza, impone restricciones en nuestras vidas.

Jesús modeló esta verdad. «El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20:28). Él no vino a hacer Su propia voluntad, sino la voluntad del Padre (Jn 6:38). Se negó a exigir Su propia voluntad, sino que a causa del amor se sometió a la voluntad del Padre y al bien eterno de aquellos a quienes vino a salvar. Jesús con gusto tomó nuestras cargas y las llevó a la cruz. La muerte sustitutiva de Cristo se convierte en el modelo de amor para la comunidad cristiana. Pablo nos exhorta a «[andar] en amor, así como Cristo también os amó y se dio a sí mismo por nosotros» (Ef. 5:1-2). Si queremos amar a nuestro prójimo como Jesús nos ha amado, debemos renunciar a la autonomía y la libertad egocéntrica y recibir gozosamente las restricciones y cruces que el amor introduce. Debemos dar la bienvenida a las interrupciones e inconvenientes que el amor sacrificial requiere de nosotros.

El amor activo a menudo no es recíproco

El amor contemplativo espera una recompensa inmediata. Ansía ser apreciado, afirmado y celebrado por los esfuerzos que hace, y se cansa cuando el reconocimiento tarda en llegar. Pero el amor activo trabaja y persevera aun cuando no es correspondido.

El amor cristiano no fluctúa según el retorno de la inversión. El amor de Jesús fue y es repudiado, rechazado y no correspondido. Sin embargo, Él es firme en Su amor y no lo niega ni siquiera a las personas que constantemente lo rechazan.

Amar a nuestros amigos, familias y vecinos, como Jesús nos ama, exige la renuncia a los requisitos que naturalmente le otorgamos a los destinatarios de nuestro amor. El amor activo y concreto significa que seguimos amando incluso cuando ese amor es despreciado y no valorado. Nuestro amor debe ser cruciforme, moldeado por la cruz. La cruz no fue solo la manifestación del amor de Dios en Cristo, también fue el rechazo de la humanidad al amor de Dios en Cristo, y la imagen perfecta de la vitalidad de ese amor aún frente al rechazo. Cuando amamos a los demás y nuestro amor es encontrado con ira, amargura, ingratitud o presunción, nuestra visión de Jesús continuamente orando por Sus verdugos mientras lo crucificaban sirve para sustentar nuestro amor.

El amor activo produce belleza en nosotros

Dios desea hacernos más como Jesús. Él nos ha dado el Espíritu Santo para conformarnos a la imagen de Jesús para que podamos llegar a ser más y más lo que Dios quiere que seamos. Al darnos en amor a nuestro prójimo, el Espíritu Santo cultiva nuestra humanidad y produce belleza en nosotros. Esa belleza no vendrá al simplemente imaginarnos actos de amor sino mediante el ejercicio repetitivo del amor desinteresado. Nuestro carácter se forja por los actos que repetimos. Cuando elegimos una y otra vez limitar nuestras libertades en amor sacrificial hacia personas en particular que quizá lo rechacen, nos transformamos en un cierto tipo de persona, un pueblo que ama como Jesús amaba.

No somos justificados por nuestro amor. El mensaje del evangelio no es «ama como Jesús». Jesús murió la muerte que Él murió porque no podemos vivir la vida que Él vivió. Somos justificados solo por la fe en Su obra terminada. Pero aquellos que son justificados por la fe reciben el glorioso llamado de vivir y amar como Jesús, confiando en que Su Espíritu es suficiente para fortalecer nuestros esfuerzos y que Su gracia es suficiente para perdonar nuestros fracasos.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
J.R. Vassar
J.R. Vassar
El Rev. J.R. Vassar es el pastor principal de Church at the Cross [La iglesia en la cruz], en Grapevine, TX.

7/9 – ¿Pueden las mujeres darse el lujo de ser mansas?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

7/9 – ¿Pueden las mujeres darse el lujo de ser mansas?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/pueden-las-mujeres-darse-el-lujo-de-ser-mansas/

Annamarie Sauter: La única manera en que puedes mostrar mansedumbre es si Cristo vive a través de ti. Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: No estamos hablando de moralismo hoy, ni de autocorrección o de hacernos mejores personas de lo que en realidad somos. Estamos hablando de Cristo, quien vive en nosotras y ha pagado el precio por nuestros pecados y mora en nosotras. Por el poder del Espíritu Santo, Él derrama Su gracia en nuestras vidas para crear algo sobrenatural que nosotras nunca hubiésemos logrado estando alejadas de Él.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy nos ha estado guiando a través de una serie que ha traído convicción a nuestras vidas llamada, La hermosura de la mansedumbre. En los días recientes, hemos obtenido un panorama bíblico, general, sobre la mansedumbre, ahora veremos lo mismo aplicado a las mujeres de hoy día. ¿Pueden hoy en día las mujeres darse el lujo de ser mansas? Aquí está Nancy.

Nancy: Siempre han existido mujeres insensatas, desde el jardín del Edén, según leemos en Génesis 3. Sin embargo, nuestra cultura se ha propuesto promover y respaldar características en las mujeres totalmente alejadas a la mansedumbre y a la quietud de espíritu, características de las que hemos estado hablando durante estos

Hace unos años apareció un artículo en el periódico de EEUU, USA Today, que decía,

La tendencia de moda para el personaje de las heroínas en las películas ya no es la dama en peligro o aflicción; sino la dama que ocasiona peligro o aflicción. Las actrices más cotizadas como Angelina Jolie, Keira Knightley, Jennifer Garner, Jessica Alba, y Jessica Biel han cultivado una reputación como símbolos sexuales un poco rudas y marimachos; pero, por su delicado físico y hermosa cabellera son consideradas símbolos sexuales que desarmarían a cualquier fortachón fácilmente con una mirada seductora o con una patada en el cuello.

Así que tenemos en esta 3ª ola del feminismo, como se le conoce, esta cultura obscena entre mujeres, donde se entrena a las mujeres a ser atrevidas, agresivas, y sueltas de lengua. La mansedumbre y la quietud de espíritu son denigradas y menospreciadas. De hecho, me topé con un blog en internet, donde el escritor, no cristiano, se oponía a los padres que entrenan a sus hijos con diferencias de género—aquellos que quieren que las niñas sean niñas y los niños sean niños. El título del blog era, “Socializando a nuestras niñas para ser mujeres mansas y aburridas o poco interesantes”.

De modo que se piensa que si uno es manso, uno es aburrido, poco interesante sin gracia, debilucho o falta algo, o quizás no eres lo suficientemente interesante como mujer de hoy.

Uno puede aprender mucho del consenso de la cultura al navegar por la esfera de los blogs. He aquí otro blog, esta mujer cristiana dijo—“fui criada en una era cuando se podía ver en las noticias de la televisión a las mujeres arrojando sus sujetadores a fogatas para luego marchar en demostraciones públicas, en busca de igualdad de derechos. Estas son mujeres que encontraron su voz para expresarse y no temieron hacerlo con gran frecuencia. La discreción salió por la borda, hacer un espectáculo público de sí mismas estaba a la orden del día”.

Los programas de televisión reiteraban este mensaje de ser escandalosas, repulsivas, prepotentes en los papeles femeninos estelares. El mensaje era aún más impuesto en nosotras a diario por parte de nuestras maestras de escuela básica, media y superior.

En el momento que muchas de nosotras llegamos a ser adultas jóvenes, teníamos este mensaje de la feminidad y de lo que se trataba el ser una mujer tan firmemente grabado que muchas de nosotras sentíamos la presión de “convertirnos” en una especie de superheroína capaz de hacerlo todo, tenerlo todo, decirlo todo y de no tolerar algo en contra de nuestro derecho a hacerlo.

¿Alguna de ustedes sabe lo que es haber sido criada en esta época?

Ella continúa diciendo,

 

“Para aquellas de nosotras que no crecimos dentro de una iglesia con ejemplos fuertes de mujeres piadosas y gentiles. . . Y carecimos del efecto que estas mujeres ejercen sobre otras muchas que se han convertido a Cristo; para nosotras ha sido un largo camino cuesta arriba para despojarnos de estos atributos mundanos de feminidad, y encontrar el balance entre defender lo que es correcto y hacerlo con gracia de manera que traigamos honra a Dios.”1

Ella nos introduce el reto que implica haber sido influenciadas por este tipo de cultura muy feminista, escandalosa, atrevida y prepotente y desde ahí, aprender a ser una mujer de Dios, especialmente si has crecido sin haber tenido un entrenamiento, instrucción o un modelo a seguir.

Aquí leemos de otra mujer que se encuentra dentro de un matrimonio difícil, ella nos escribió diciendo, “constantemente permito que mis emociones me derriben en picada ante las molestias cotidianas”. Dudo que haya alguien aquí que no pueda identificarse con tal situación de alguna forma. Le permitimos a nuestras emociones dominarnos y agitarnos en un torbellino en medio de situaciones que nos molestan e irritan. ¿Alguna otra le sucede lo mismo? ¿O soy yo acaso la única que se irrita? ¿Verdad que no?

Entonces, ¿qué puede hacer una mujer? ¿Cómo lidiamos con estas preguntas? Las respuestas a estas preguntas no son tan sencillas como las opciones A, B, C, D. No hay una fórmula única. La piedad es todo un proceso. La santificación es también un proceso. Es Cristo en nosotras formando la justicia de Dios en nosotras. En esta sesión y en la próxima deseo hablar de algunos aspectos prácticos que cultivan un espíritu de mansedumbre y gentileza. Pero, para empezar, necesito decirles que no hay una fórmula. Si la hay, yo no la he encontrado.

Me gustaría que hubiese tres o cuatro pasos bien fáciles o un libro de Matthew Henry que yo pudiera leer como, La búsqueda de la mansedumbre y la quietud del espíritu. Hemos estado hablando del mismo a lo largo de esta serie. Pero bueno, yo he leído el libro, y aún no soy mansa. ¡¡Tal vez si lo colocara debajo de mi almohada. . .!!

Alguien me dijo hace rato, “debo obtener ese libro,” y en verdad deseo que lo haga. Pero quiero decirte que, no hay atajos rumbo a la piedad. Será una batalla diaria. Humillandonos a nosotras mismas. Reconociendo nuestra necesidad. Permitiendo que Dios forme a Cristo en nosotras.

Así que esta sesión y la próxima son sesiones que dentro de diez años espero poder compartir de manera más efectiva de cómo lo hago hoy. Quiero compartir contigo unos pensamientos, un tanto al azar, para cultivar un espíritu de mansedumbre y humildad.

La Escritura nos dice: “Busca la mansedumbre.” Lo encontramos en Sofonías capítulo 2, en el versículo 3 en la versión Reina Valera. “dice buscad mansedumbre”.

Persiguela. Proponte desarrollar un corazón manso. La pregunta es

¿Cómo? ¿Cómo la buscamos? ¿Cómo nos revestimos de mansedumbre y de dulzura, tal como dice Colosenses capítulo 3? ¿Cómo nos vestimos de mansedumbre? ¿Qué hacemos?

Creo que un buen punto de partida es ser honestas con nuestras debilidades. Detengámonos y evaluemos nuestro coeficiente de mansedumbre. Resulta fácil compararnos con algunas de las mujeres del mundo, como las que hemos mencionado, que son atrevidas, exageradas, escandalosas, y decimos, “Bueno, yo no soy así.” Pero en realidad nos debemos comparar con la Palabra de Dios y preguntarnos, “¿Cómo estoy en cuanto a la mansedumbre?”

Permíteme hacerte algunas preguntas. No trates de anotarlas todas. Las tendremos, para ti, en la transcripción que puedes obtener si visitas nuestra página. Pensando en dónde creemos estar en relación a la mansedumbre, contéstate. . .

¿Eres fácilmente provocada?

¿Te irritas o te molestas con facilidad cuando las circunstancias no te complacen?

¿Tienes la tendencia a perder los estribos?

¿Tienes un mal genio?

¿Te enojas fácilmente?

¿Arremetes en contra de tus hijos cuando ellos cometen errores?

¿Eres a menudo impaciente con los demás que no ejecutan a tu nivel de expectativas o no se presentan a tiempo o no son tan conscientes como tú?

¿Tus amistades te provocan a la impaciencia, o quizás lo hagan los amigos adolescentes de tus hijos, quienes se comportan como si tuvieran dos años? Les dices ¡Maduren! Y lo haces de manera impaciente.

¿Tienes un espíritu de crítica? Esto no significa que nunca les señalas a tus hijos las cosas que deben ser corregidas. La pregunta es, ¿Tienes un espíritu que busca cosas negativas? ¿Ves las cosas con ojos negativos y un espíritu crítico?

¿Te encuentras frecuentemente resentida con la gente o las circunstancias que atraviesas? Por no hacer o ser como tú quisieras que fuesen.

¿Eres una mujer controladora? La mansedumbre es un espíritu de humildad que declara, Dios está en control. No yo. ¿Te encuentras controlado, tratando de tener las riendas de tu propia vida y la de los demás a tu alrededor? ¿Estás controlando tu hogar, tu matrimonio, tu área de trabajo, hasta controlando al grupo de mujeres de tu iglesia? ¿Sientes que debes estar en control? ¿Sientes que debes tener la última palabra? ¿Se tienen que hacer las cosas a tu manera?

¿Eres bocona y ruidosa? No estoy hablando de un asunto de personalidad. Agradezco al Señor el hecho de que hizo diferentes tipos de personalidades. Algunas de ustedes son muy extrovertidas, pueden fácilmente platicar con extraños, son el alma de la fiesta. Nada malo hay en ello. Pero si tienes un espíritu que al entrar en una habitación te hace dueña de ella con tu lengua, tus palabras, tu boca. Sabes a lo que me refiero cuando digo “bocona”. Mujeres que hablan demasiado, que hablan muy fuerte, de manera muy escandalosa. Llamando la atención sobre ellas mismas, sin ser sensibles a otros a su alrededor. Sin ser capaces de escuchar, solo siendo una parlanchinas.

“Rápida para hablar”. ¿Eres tú “rápida para hablar”? Cualquier cosa que cruza por tu mente simplemente tiene que salir por tu boca. Con frecuencia terminamos teniendo que confesar pecado simplemente porque hablamos demasiado apresurado. Proverbios 10:19 dice, “En las muchas palabras no falta pecado. . .” Pecaremos si hablamos demasiado.

¿Tiendes a ser muy franca? Cualquier cosa que pienses, tus opiniones, son conocidas por todo mundo. Obstinada, dogmática. Por cierto, uno de los sitios donde veo esto muy a menudo es en los medios electrónicos, a través de correos electrónicos, en el internet, en las páginas web, o en los blogs. La gente simplemente dice lo que piensa sin frenar o limitar sus palabras. Estoy hablando de gente cristiana.

Hoy en día escucho y ustedes lo pueden ver en el internet, un debate en curso sobre el derecho de los cristianos a usar desde vulgaridad limitada hasta descarada; y algo de ella hasta en los púlpitos. Este asunto de no ser puro y cuidadoso con nuestras palabras, sino que decimos lo que sea que nos pase por la mente. Si se me ocurre, tengo el derecho de decirlo. Eso no es un espíritu de mansedumbre. ¿Cómo te encuentras tú ante esta tendencia?

¿Eres terca?

¿Te aferras a una postura?

¿Debes ser siempre la que dice la última palabra?

¿Siempre debes tener la razón?

¿Eres pronta para corregir a otros, para señalar sus errores, sus fracasos y sus fallas?

¿Tienes un espíritu perfeccionista? Eso no es un espíritu manso.

¿Demandas mucho de los demás? ¿Eres rigurosa? Con eso quiero decir que tienes un pequeñito mundo donde todo debe quedar acomodado a tu deseo o te saca de tus casillas.

Déjame decir, que sé que estoy hablando con mujeres solteras mayores de edad. Creo que este es un detalle del que nosotras las mujeres solteras mayores debemos estar muy conscientes. Para las que no tenemos espejos en nuestras vidas, cuando no vives con alguien que rete tus límites, es muy fácil desarrollar ese criterio tan estrecho, negativo y riguroso; donde no toleras el ruido de otros. No manejas adecuadamente los cambios. No eres flexible. No te adaptas. Como soltera, y ya merecedora del calificativo “mayor”, siento necesidad de rodearme de niños en mi vida, así como de familias y cosas que entran en mi mundo y chocan con mis deseos. Lo hago porque no quiero volverme una mujer muy rígida, gruñona, para quien toda cosa debe salir a su manera.

¿Eres dada a los argumentos?

¿Eres alguien que prueba a los demás?

¿Eres temperamental?

¿Tomas la defensiva cuando eres criticada?

Pudiéramos incrementar la lista de preguntas, pero éstas son las que me vienen a la mente ahora que hemos estado conversando sobre la mansedumbre. Si tomaste esta pequeña prueba de tu corazón, ¿dónde te encuentras? El primer paso para cultivar un espíritu de mansedumbre es ser honesta en cuanto a las áreas donde no eres mansa. Sin hacer excusas para ello, sin defenderte o racionalizar tu conducta. “Bueno, esa es mi personalidad”, o “Si tuvieras que vivir con este adolescente, con este esposo, con este jefe, entenderías”. Sin excusa alguna, simplemente siendo honesta ante Dios en cuanto a nuestra falta de mansedumbre.

Mientras estudiaba para esta serie, Dios usó un montón de simples circunstancias cotidianas, nada espectacular, pero suficientes para sacar de mí y exponer mi falta de mansedumbre, la falta de mansedumbre que hay en mi corazón. Evidenciada en ocasiones a través de mis palabras. En ocasiones a través de mi espíritu o en mi tono voz, en mis ojos al voltearlos.

Si tú no estás aún convencida de necesitarlo en tu vida, pregunta a la gente que vive contigo. Pídeles que respondan a estas características y que te califiquen. ¿Dirían ellos que tienes un corazón quieto y manso? ¿Qué sueles responder de manera humilde, calmada y paciente a la gente que te provoca en las circunstancias ordinarias? Recuerda que el punto de partida es ser honesta con respecto a las áreas donde no tienes un espíritu manso.

Entonces cultiva un espíritu agradecido—un espíritu agradecido. Digo eso desde varios puntos de vista. Antes que todo, toma conciencia de las misericordias de Dios, y date cuenta que todas las misericordias de Dios en tu vida, son inmerecidas. No mereces ninguna de Sus bondades o Su benevolencia. Muéstrate agradecida por la misericordia de Dios. Eso nos ayudará a ser mansas con otros al tratar con sus fallas y debilidades.

Como parte de tu agradecimiento, busca enfocarte en las buenas cualidades de los demás. Busca evidencias de gracia en sus vidas. La persona que te molesta, te fastidia, o te irrita es muy probable que ni sea cristiana, pero fue hecha a imagen de Dios. Busca indicios, pistas, de la imagen de Dios en esa persona. Busca evidencias de gracia divina en la vida de ese esposo, de esa hija adolescente, y concéntrate en esas cosas con un espíritu de gratitud.

Luego vístete con humildad. Esto es parte de la mansedumbre. La humildad es el estado cuando reconocemos nuestra pecaminosidad y nuestra necesidad de misericordia. Nos percatamos de que merecemos la ira de Dios y Su juicio, pero, Él nos ha mostrado Su misericordia. El apóstol Pablo nunca pudo entender el hecho de que Dios lo hubiera salvado cuando él era enemigo de Cristo y lo hubiera puesto en el ministerio. Pablo dice en 1era a Timoteo capítulo 1: “Es increíble para mí, es asombroso para mí que Dios en su misericordia hiciera esto por mí” (véanse los vers. 12-16).

Nunca dejes de asombrarte del estado en que estabas cuando Dios te encontró ni dejes de maravillarte de lo que ha hecho en ti y a través de ti. Éramos hacedores de maldad. Cuando estemos muy molestas con otros hacedores de maldad, muy fastidiadas con ellos, recordemos que también nosotras fuimos malvadas. A no ser por la misericordia de Dios, aún lo seríamos.

Tengo una amiga que está lidiando con una situación difícil con un hijo adulto un joven rebelde. Ella me contaba por teléfono el otro día, “Debo ver mi propio corazón, y debo permitirle a Dios que me muestre dónde estaría yo de no haber sido por Su gracia”. Es casi imposible ofenderse e irritarse tanto por los pecados de otros cuando vemos nuestra propia necesidad a través de ojos de humildad.

Entonces, si deseamos cultivar un espíritu humilde, es muy importante que consciente y consistentemente rindamos nuestros derechos. Si, rendimos nuestros derechos. ¿Qué nos enfurece? ¿No es acaso que sentimos que nuestros derechos han sido violados? Alguien pisoteó nuestros derechos. Alguien no nos ha tratado como pensamos que debimos haber sido tratadas. Pero entonces, si recapacitamos en cómo realmente merecemos ser tratadas, cualquier cosa que nos venga menor que el infierno es mucho mejor que lo que en verdad merecemos.

Si conscientemente cedes tus derechos antes de entrar en una situación. . .Cede tus derechos a la felicidad. Cede tus derechos para obtener un esposo que te ame y se preocupe por ti y supla para tus necesidades. Cualquier cosa que obtengas será una bendición. Lo considerarás un privilegio. Estarás agradecida por ello.

Si quieres cultivar un espíritu manso, Matthew Henry dice en su maravilloso libro, “Arrepiéntete con frecuencia.” Sé alguien que se arrepiente continuamente. Déjame leer una cita, Él dice,

Proponte arrepentirte con frecuencia de tu pasión pecaminosa y renovar tus pactos en contra de ella. Si al reflexionar sobre nuestros arranques de cólera sintiéramos un sabor amargo, no seriamos tan prestos a caer en ellos tan fácilmente.

En otras palabras, si nos damos cuenta de que cuando respondemos con enojo, irritación o ira, y estamos seriamente determinadas a arrepentirnos y si lo viéramos como el pecado que realmente es, entonces no estaríamos tan predispuestas a caer tan rápidamente a la siguiente provocación. Él dijo,

El arrepentimiento eficaz, es serio, profundo, está anclado en una humillación y contrición verdadera, nos deja mansos y dispone el alma a soportar heridas con una abundancia de paciencia. Todos los que viven una vida de arrepentimiento continuo—como cada uno de nosotros tiene razones suficientes para hacer—no puede evitar vivir su vida de manera callada y mansa. Pues nadie podrá decir o hacer algo que lo humille más allá de lo que él mismo dice de sí mismo.

Si estás siendo honesta en confesar tus propios pecados, entonces cualquier cosa que otro diga acerca de ti, que te critique o vitupere; sabrás que la verdad acerca de ti es mucho peor. Así que sé pronta en confesar tus pecados y tus faltas a Dios, y a otros y pronta a humillarte tú sola cuando no has respondido en mansedumbre.

Tan solo durante las semanas en que hemos estado estudiado esta serie tuve muchas ocasiones en que supe que mis respuestas, ya sea por correo electrónico, por teléfono o en alguna reunión no fueron mansas. Tuve que volver y decirle a los involucrados, “Eso no fue una respuesta mansa”. ¿Pudieras perdonarme? Humíllate como una pecadora arrepentida.

Luego pídele a Dios mansedumbre. Matthew Henry dice,

Ora a Dios, pídele que Su Espíritu obre en ti la gracia excelente de la mansedumbre y la quietud de espíritu. En cualquier momento que empecemos a comportarnos retadores y ruidosos, debemos elevar una oración a Él quien aquieta el estruendo del mar, pidiéndole esa gracia que acalla el corazón.

Dile “Señor, Tú puedes calmar las aguas tormentosas, ¿pudieras ahora mismo calmar mi corazón? Aquieta mi corazón. Calma la tempestad. Concédeme un espíritu manso y tranquilo”.

Luego toma la decisión de responder en mansedumbre. Matthew Henry dice,

Debemos comprometernos con una resolución firme, por medio de la fuerza de la gracia de Cristo, a ser más gentiles y amables.

Dice que con gran frecuencia deberíamos examinar nuestro crecimiento y nuestra capacidad en esta gracia. Deberíamos preguntarnos cada noche, si mantuvimos la paz durante todo el día.

Date tiempo para reflexionar. No estoy hablando de vivir bajo la ley, o de algún precepto legalista. Estoy hablando de cuando el Espíritu Santo nos trae convicción de que no estamos caminando en gracia, humildad o mansedumbre, de que no estábamos revestidas de mansedumbre, sino de orgullo o de ira o dimos rienda suelta a un espíritu irritable. Tómate el tiempo para reflexionar en ello y luego confiésalo.

La mayoría de nosotras vive vidas sin auto-examinarnos. Solo andamos por el día. Reaccionamos airadamente. Dejamos en claro nuestra opinión desaprobadora. Perdemos nuestra paz cuando ciegamente creemos defenderla. Y seguimos como si nada grave hubiese sucedido. Y todo ello se va acumulando sobre nuestro corazón. Haz una pausa y toma inventario de tus fallas y observa el corazón de nuestro Dios, tan misericordioso, perdonador y lleno de gracia y di, “Oh Dios, gracias por Jesús que murió en la cruz para pagar por este pecado”.

Llámalo pecado. No lo llames un rasgo de tu carácter. Y por lo que más quieras no culpes a la persona que te sacó de tus casillas. No cargues a otro con tu responsabilidad. Tómala tú y di, “Oh Dios, ten misericordia de mí”. Y luego por la gracia de Dios, levántate al día siguiente. Créele a Dios, Su gracia es suficiente, te viste de mansedumbre y de un espíritu de quietud.

Recuerda que es un proceso. No pienses o digas que, “De ahora en adelante seré mansa y humilde hasta el resto de mis días. Nunca más estaré involucrada en alguna discusión. Nunca más hablaré duramente a mis pequeños”. Lo más probable es que lo vuelvas a hacer antes de que termine el día, si en tu corazón crees y dices, “Yo puedo lograrlo”.

No estamos hablando de moralismo ni de una auto-corrección o de hacernos ver mejores de lo que somos. Estamos hablando de Cristo, quien mora dentro de nosotras, quien ha pagado el precio por nuestros pecados y vive en nosotras por el poder del Espíritu Santo. Él derrama de Su gracia en nuestras vidas para transformarnos en algo sobrenatural, en algo que nosotras jamás pudiésemos ser alejadas de Él.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss se encuentra compartiendo una serie llamada La hermosura de la mansedumbre. Ella nos ha estado hablando del único verdadero poder que nos permite aprender mansedumbre. Cristo en cada una de nosotras.

Durante esta serie, Nancy ha estado citando con frecuencia de una fuente que Dios puede usar para enseñarte mansedumbre. Aquí está Nancy para contarte más al respecto.

Nancy: Bueno, a lo largo de esta serie, he estado citando bastante un libro de Matthew Henry. Se llama “La búsqueda de la mansedumbre y la quietud de espíritu” y por el momento sólo está disponible en inglés.

Matthew Henry fue un autor puritano, su estilo es un tanto diferente a lo que estamos acostumbradas a leer hoy en día. Te diré que no es un libro para los débiles de corazón. Es algo pesado, no es de lectura ligera. Pero no es un libro grande, y sí confieso que es un libro que me ha ayudado mucho. Lo consulto a menudo. Creo que ya habrás notado, por las citas que he mencionado en esta serie, que es un recurso rico para quienes quieren mejorar su entendimiento del concepto que Dios tiene de un corazón manso.

Annamarie: Gracias Nancy. Te invitamos a AvivaNuestrosCorazones.com, si necesitas contactarnos o revisar algunos de nuestros materiales de estudio y recursos.

¿Alguna vez deseaste que tu lengua tuviese un botón de pausa? Nancy Leigh DeMoss te ayudará a explorar esa pregunta mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

http://carlarolfe.blogspot.com/2008/03/culture-v-christ-godly-women.html

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

Las falsificaciones (2)

Miércoles 13 Mayo

¿Quién decís que soy yo? Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús:… sobre esta roca edificaré mi iglesia.
Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
En él (Cristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.
Las falsificaciones (2)

Ayer dijimos que algunas religiones, aunque toman algo del cristianismo, en realidad son falsificaciones de la verdad.

Esas religiones consideran a Jesús como un hombre y un profeta notable, pero niegan totalmente su divinidad. Lo respetan, pero no lo reconocen como el Hijo de Dios, Dios Hijo. Esto está en flagrante contradicción con lo que nos enseña la Biblia respecto a Jesús: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). “El Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:114). Su mismo nombre afirma lo que él es: Jesús significa Dios Salvador.

Todo el cristianismo se basa en esta persona. ¡Atentar contra él es atacar el fundamento de la fe cristiana, y entonces todo se derrumba! El que rebaja a Jesús al nivel de un simple hombre pierde todo: ¡ya no tiene la revelación de Dios, ni Salvador, ni paz, ni esperanza! ¿Por qué? Porque es su Persona la que da todo el valor a la obra que él cumplió; y es por medio de esta obra que él salva a los que creen en él. Solo una persona divina podía revelar plenamente a Dios y satisfacer las exigencias de su santidad. ¡Esto fue lo que Jesús hizo en la cruz!

“Escudriñad las Escrituras; porque… ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). ¡Esta es nuestra única garantía para no dejarnos descarriar por los que corrompen el evangelio de nuestra salvación!