¿Por qué tenéis miedo?

Iglesia Evangélica de la Gracia

¿Por qué tenéis miedo?

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

www.porgracia.es

Consejos para escuchar el servicio dominical en línea

The Master’s Seminary

Consejos para escuchar el servicio dominical en línea

Josías Grauman

Debido a un síndrome genético que varios en mi familia padecemos, faltamos a la iglesia más de lo que quisiéramos. Pero damos gracias a Dios que podamos «asistir» de manera virtual. Ahora que todo el mundo lo está haciendo, les dejo algunos consejos que nos han resultado efectivos cuando tenemos que quedarnos en casa:

1. Intenta replicar lo que haces un domingo «normal».

Nuestras acciones reflejan nuestro entendimiento de lo que valoramos. Si me conecto en vivo en mi celular mientras estoy «navegando» en internet, saliendo cada rato a la cocina, y platicando con familiares, mis acciones reflejan mi actitud frente a la Palabra de Dios. Revelan lo que realmente haría todos los domingos, si mi temor del hombre no me guiara a presentarme mejor en público.

Entonces, es mejor cambiarse las pijamas (lógicamente, si estás enfermo, será diferente), no comer durante el servicio, ni hablar. Haz lo posible por no contestar el celular, y por tomar notas durante el sermón. Si mi hijo me pregunta si puede hacer algo, le recuerdo que no debe hablar, o le pregunto si lo haría durante un sermón en el local de la iglesia. Eso es suficiente para comunicarle que no.

2. Haz preparativos para evitar la distracción.

Orar como familia antes del servicio, es muy útil para preparar el corazón y estar listos para adorar a Dios. Habla con tus hijos antes del servicio y explícales que no deben hablar, y que deben portarse como hacen en la escuela. Además, será muy útil animar a todos a pasar al baño antes del servicio. (Para los que tienen hijos muy pequeños, sería sabio buscar algo que puedan dibujar, o jugar en silencio mientras escuchan.)

También, es importante asegurar que la tecnología sirve varios minutos antes del servicio. Puede haber fallas si dejamos esto para último minuto. También, te animo a proyectar el servicio en la pantalla más grande que tengas. Nosotros lo hacemos de esa manera con el volumen fuerte. Tener el volumen adecuado y verlo en una pantalla grande ayudan mucho para que todos se concentren mejor.

3. Interactúa con los que dirigen.

Canten durante los himnos. Tengan sus Biblias durante el tiempo de lectura y durante el sermón. Cierren los ojos durante la oración. Tomen notas durante la prédica. Si no lo hacen, parecerá que están viendo un programa de televisión y no adorando con el pueblo de Dios.

4. Sé «razonable».

No me visto de traje como hago un domingo. En particular, si estoy enfermo, no me parece razonable, ni algo que glorificaría más a Dios. Si mi hijo pide ir al baño de emergencia, le dejo. Entonces, aunque intentamos tratar el tiempo con seriedad, también somos razonables con el tiempo. En conclusión, debemos buscar adorar a Dios durante el servicio en vivo, no sólo «ver» el servicio.

Espero que estos consejos sencillos sean de mucha utilidad. Que Dios nos ayude y que este tiempo encerrados sea de corta duración, porque aunque estos consejos nos han ayudado, nada puede reemplazar la comunión cristiana.

Josías Grauman
Josías Grauman

Josías Grauman es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

 

Amando a nuestras comunidades

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Amando a nuestras comunidades

David S. Apple

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie «Amando a nuestro prójimo», publicada por la Tabletalk Magazine. 

Personas sin hogar, residentes en hogares de ancianos y reclusos son solo algunos de los prójimos más necesitados de la Iglesia Presbiteriana Tenth en el centro de Filadelfia. Por casi treinta años los miembros de nuestra iglesia se han acercado a estas personas y a otras que residen cerca, para establecer una relación y brindarles esperanza. Pero nuestros ministerios de mayor alcance son aquellos de benevolencia para con las personas que viven en las calles alrededor de la iglesia.

Debido a que brindamos un servicio a los que no tienen hogar, muchas personas nos llaman queriendo ayudarnos en nuestro “comedor popular”. Les tengo que explicar que no somos un comedor popular sino un ministerio cristiano que brinda esperanza y hospitalidad. La cena mensual para la comunidad es una buena alternativa al comedor popular que suele ser muy impersonal. Es un banquete para unas 120 personas pobres que viven en las calles cerca de nuestra iglesia. El ministerio consiste en que nuestros invitados primeramente adoren a Dios y luego coman con los miembros de la iglesia cuyo servicio es sentarse, comer y hablar; practicando así la hospitalidad, propiciando conversaciones y dándole la bienvenida a nuestros invitados.

Las cenas promueven un evangelismo de amistad. El personal voluntario que trabaja o vive cerca de la iglesia continuamente está en contacto con los invitados, sea que se vean en las calles o en el parque cerca de la iglesia. Y como se conocieron en las cenas, tienen la oportunidad de continuar ministrándoles al desarrollar una amistad.

Reflejamos a Cristo, le damos credibilidad a nuestra iglesia con nuestros vecinos e impactamos vidas dentro y fuera de la iglesia.

Las cenas nos dan muchas oportunidades para servir. Las familias con niños montan las mesas y ponen las vajillas. Los jóvenes sirven la comida y bebida como si fuera en un restaurante, lo cual les permite interactuar con las personas que están sirviendo. Nuestros invitados se dan cuenta que hay algo diferente acerca de nuestra iglesia y este ministerio, y vuelven una y otra vez.

Aunque las cenas son el primer punto de contacto, semanalmente se imparten dos estudios bíblicos que proveen ayuda a largo plazo. Los voluntarios en estos estudios bíblicos buscan reconstruir las vidas de nuestros vecinos al brindarles una relación a largo plazo con creyentes, referirles a programas de rehabilitación de adicciones centrados en Cristo y ayudarles a reestructurar sus vidas a través del discipulado cristiano.

Considera los ejemplos de Jimmy y Wilma. Jimmy fue adicto a las drogas durante treinta y cinco años. Buscó nuestra ayuda pero a la misma vez, y por su propia cuenta, ingresaba en diferentes programas seculares de rehabilitación. Siempre duraba un par de meses, abandonaba los programas y regresaba a su adicción. Necesitaba ayuda, pero quería seguir teniendo el control de su vida. Dos eventos le demostraron cuan descontrolado estaba. Un invierno casi perdió los dedos de sus pies por congelamiento al quedarse a dormir en su auto. Luego, casi muere porque otro adicto lo apuñaló en el pecho. Estaba en serios problemas. Eventualmente reconoció la verdad y regresó con nosotros pidiendo ayuda. Su arrepentimiento nos motivó a hacer todo lo posible por ayudarlo. Jimmy ingresó en un programa de rehabilitación cristocéntrico a largo plazo, conoció la fe salvífica en Jesucristo y se reconcilió con su familia. Se mudó de estado para poder estar más cerca a ellos y es miembro de una iglesia centrada en la Palabra.

Wilma se beneficiaba de ser parte de nuestro ministerio. Había estado presa por asesinato. Después de cumplir su sentencia, se fue a vivir en las calles de Filadelfia como adicta. Asistía regularmente a nuestros estudios bíblicos pero solo quería la comida física y no el alimento espiritual. Se rehusó a que la ayudáramos con su estilo de vida adictivo. Siete años después, fue encarcelada por robo. Esta vez, reconoció cuán quebrantada estaba y pidió nuestra ayuda. Ya desintoxicada, estaba hambrienta espiritualmente hablando, pidió una Biblia, se alimentó de ella y Dios transformó su vida eternamente. Durante su encarcelamiento nos mantuvimos en contacto. Años después, cuando le dieron libertad condicional, regresó a Filadelfia y empezó a congregarse en una iglesia centrada en la Palabra.

La fortaleza de este ministerio es que las personas logran romper sus adicciones al ser redimidas y discipuladas. Muchas de esas personas llegan a ser miembros de nuestra iglesia y de otras. Una vez más, este ministerio demuestra el poder transformador de Cristo Jesús para “liberar a los cautivos” de sus adicciones a las drogas con su influencia redentora en las familias y vecindarios. Reflejamos a Cristo, le damos credibilidad a nuestra iglesia con nuestros vecinos e impactamos vidas dentro y fuera de la iglesia.

“Mejor es un plato de legumbres donde hay amor, que buey engordado [banquete] y odio con él”. Eso es lo que Proverbios 15:17 dice acerca de la hospitalidad. En nuestras cenas comunitarias, proveemos la comida y el amor a nuestros invitados de honor. Nuestra hospitalidad ofrece un elaborado banquete y un compromiso de dar una cálida bienvenida, una amistad y las buenas nuevas de Jesucristo a todos los que van.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
David S. Apple
David S. Apple
El Dr. Apple es el director de Ministerios Misericordia en la Iglesia Presbiteriana Tenth en Filadelfia, donde ha ministrado desde 1988.

3/9 – Recibiendo la Palabra con mansedumbre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

3/9 – Recibiendo la Palabra con mansedumbre

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/recibiendo-la-palabra-con-mansedumbre/

Annamarie Sauter: Cuando tengas un corazón manso te quejarás mucho menos. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Verás, la mansedumbre dice, “Yo sé que Dios tiene Sus razones, y no importa si yo puedo entender las razones o no”. Pero el corazón orgulloso, el corazón envenenado, dice, “Debió haberse de forma diferente. No veo razón para esto; por tanto, Dios no debió hacer esto”.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa la serie “La hermosura de la mansedumbre”.

Nancy Leigh DeMoss: Crecí en el noreste de los Estados Unidos—y estoy segura que en otras partes también tienen estos árboles—pero una de las cosas que recuerdo de nuestra propiedad eran estos árboles que conocemos como sauces. Sauce llorón, y en nuestra área había unos inmensos.

Y pensé en esos árboles, en esa imagen, cuando me topé con esta frase en Internet acerca de la mansedumbre. Esta frase usa el sauce como una analogía. Déjame leerte lo que dijo este autor.

La mansedumbre es lo opuesto a debilidad. Así como un sauce bien plantado se flexiona y se dobla en una tormenta sin romperse, así también la mansedumbre es fuerza resistente y flexible que puede soportar las pruebas y las tempestades.

Esa es una buena analogía sobre este tema de la mansedumbre.

Ahora quiero que regresemos y lo haré en cada sesión de esta serie, al libro de mi amigo puritano, Matthew Henry. El libro se llama La búsqueda de la mansedumbre y quietud de Espíritu (The Quest for Meekness and Quietness of Spirit) (solo está disponible en Inglés)

En este libro Matthew Henry señala que la mansedumbre se hace evidente en nuestra respuesta hacia Dios y en nuestra respuesta hacia otras personas. En esta sesión nos enfocaremos en la mansedumbre hacia Dios. Matthew Henry dice que,

La mansedumbre hacia Dios es la sumisión dócil y callada del alma a toda la voluntad de Dios según Él se complazca en hacerla conocer, ya sea por Su Palabra o por Su providencia. 1

Así que sumisión a Dios, a la voluntad de Dios, es mansedumbre. Nos sometemos a la voluntad de Dios sea que Él nos la muestre directamente a través de Su palabra o a través de las circunstancias que el providencialmente trae a nuestras vidas.

Lo primero que vamos a ver es la sumisión, la mansedumbre, en respuesta a la Palabra de Dios. Santiago capítulo 1 nos dice que debemos “recibir con mansedumbre la palabra plantada la cual es capaz de salvar nuestras almas”. ¿Ves la Biblia? La Biblia es la Palabra de Dios, y es capaz de darnos salvación eterna. Es capaz de santificarnos. Es capaz de limpiarnos, renovarnos y transformar nuestras vidas.

Pero no hace nada de eso si no la recibimos, si nos resistimos a lo que dice, si no tenemos un espíritu abierto, enseñable y humilde a la Palabra de Dios. Y tal vez no hayamos dicho intencionalmente “No haré eso” pero estamos pasándole por arriba a esas cosas. Somos negligentes en esas áreas de verdad. No las recibimos.

Algunas veces vemos algo o escuchamos algo predicado de la Palabra de Dios y pensamos, “De ninguna manera. No puedo hacer eso. Es muy difícil” o “No quiero hacer eso”. Si nos resistimos a la Palabra de Dios, no puede salvar nuestras almas. No nos cambia. No nos santifica.

Tener una respuesta mansa a la Palabra de Dios, recibir la Palabra de Dios con mansedumbre, quiere decir tener un oído que escucha. Me encanta ese versículo en 1ero de Samuel capítulo 3 donde Elí el sacerdote habla con el joven Samuel. Y le dice, “Si Él te llama”, hablando acerca de Dios, “Le dirás “Habla Señor que tu siervo escucha”. (v.9)

Recibir la Palabra con mansedumbre significa escuchar. Vemos lo opuesto a esto repetidamente en el Viejo Testamento donde Dios mandó profetas para advertir a Su pueblo, pero las Escrituras dicen que ellos no escuchaban, eran tercos.

Y amigas, esto no ocurre solo en el Antiguo Testamento. Hay muchas personas tercas sentadas en nuestras iglesias hoy en día.

Ahora, puede que estemos escuchando con nuestros oídos físicos, pero no estamos escuchando con nuestros corazones. Es por eso que cuando voy a la iglesia, cuando voy de camino trato de preparar mi corazón diciendo “Señor dame oídos para escuchar”.

En ese sentido, realmente no importa si el pastor o el predicador o el maestro es un comunicador espectacular. Si están abriendo la Palabra de Dios y están hablando la verdad, hay algo que yo debo escuchar. No debiera haber un orador increíble para que yo pueda absorber algo. Es la Palabra de Dios la que tiene poder.

Escucha. Escucha. Escucha. Eso es recibir la Palabra con mansedumbre.

Recibir la Palabra con mansedumbre no solo significa tener un corazón que escucha; sino también un corazón humilde, un espíritu enseñable. A lo largo de los años muchas, muchas veces en mi tiempo devocional, he comenzado mi tiempo de quietud orando esa oración del Salmo 25 que dice: “Señor, muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad y enséñame” (v. 4-5a).

Ese es un corazón diciendo: “Señor, enséñame. Necesito aprender. Vengo como una estudiante para escuchar para aprender y para ser enseñada”.

Tener un espíritu manso es tener un espíritu receptivo a la Palabra de Dios, haciendo preguntas como:

• ¿Cómo se aplica esto a mí? ¿Estoy dispuesta a hacer los ajustes necesarios en mi vida para obedecer lo que sea que Dios diga en Su Palabra?

• ¿Escuchas las reprensiones que Dios envía en tu dirección?

• ¿Escuchas la Palabra de Dios?

• ¿Cuál es tu respuesta cuando Él manda corrección a través de Su Palabra, cuando Él envía instrucción?

● ¿Endureces tu cerviz con orgullo?

● ¿Lo dejas pasar?

● ¿O respondes intencionalmente en humildad, mansedumbre y arrepentimiento donde sea que se necesite?

Recibir la Palabra de Dios con mansedumbre significa que no debatimos. “Él es Dios. No debatimos con Dios. Puede que discutamos, “¿Qué significa esto?” podemos luchar con entenderlo. Pero una vez lo entendemos, entendemos lo que Él dice, no debatimos con Dios. Él lo dice. Él es Dios. Él es Señor, y Su Palabra gobierna nuestras vidas.

Quiere decir que somos obedientes. Recibir la Palabra de Dios con mansedumbre significa que doblamos las rodillas. Decimos “Sí, su Majestad”.

Hay un pasaje interesante en Ezequiel capítulo 24 que creo que ilustra poderosamente esta respuesta de mansedumbre y humildad y obediencia a la Palabra de Dios. Voy a leer comenzando en el versículo 15 “Y vino a mí la Palabra del Señor diciendo Hijo de Hombre”. Ahora, es al profeta Ezequiel que Dios le está hablando. “He aquí, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos; pero no te lamentarás, ni llorarás, ni correrán tus lágrimas” (v. 15-16)

Dios está diciendo, “Estoy a punto de quitarte lo más preciado que tienes. Pero como una lección para el pueblo de Israel, no debes mostrar ninguna evidencia de duelo o dolor”.

Dios le dice “Gime pero en silencio” (versículos 17). Puedes hacerlo en tu corazón pero no puedes expresarlo.

“No hagas duelo por los muertos; átate el turbante, ponte el calzado en los pies y no te cubras los bigotes ni comas pan de duelo.” (v.17). Él está hablando de no hacer las cosas que normalmente hacían para mostrar lamento, duelo o luto.

Así que Ezequiel dice, “Y hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado.” (v. 18)

Ahora, no estoy diciendo aquí que Dios está en el negocio de quitarle la pareja a la gente. Porque ese no es el punto de este pasaje. Aquí había toda una lección para Israel, y Dios estaba haciendo algo muy inusual.

El punto es que Dios le dio instrucciones a Ezequiel en el área más difícil de su vida. Dios dice, “Vas a perder aquello que es lo más preciado para ti. Y cuando eso pase, no debes mostrar ninguna señal externa de duelo”.

Y Ezequiel dijo, “por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado”. Eso es recibir la Palabra de Dios con mansedumbre. Es decir, “Sí, Señor. Lo que tú digas. Sí, Señor”. Es la actitud del corazón que leemos en el Salmo 119 en el versículo 60. “Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos”.

¿Recibes tú la Palabra de Dios con mansedumbre? ¿Tienes tú esa disposición a Su Palabra?

Y entonces en segundo lugar mansedumbre al responder a las decisiones de Dios y las providencias de Dios en nuestras vidas, manifestada en las circunstancias de la vida. Algunas veces esas circunstancias son misteriosas. No podemos entender lo que Dios está haciendo. Somos llamadas a responder en mansedumbre, recibir la elección de Dios para nuestras vidas.

Algunas veces no son solo misteriosas; algunas veces son intensamente dolorosas las circunstancias por las que tenemos que pasar. Una referencia bíblica dice que, “la mansedumbre es la disposición de espíritu donde aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos sin discutir ni resistirlo”.

Déjame leer otra vez porque creo que es una descripción tan poderosa de la mansedumbre. “Mansedumbre es la disposición de espíritu donde aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos sin discutir ni resistirlo. El hombre o la mujer mansa no peleará contra Dios, y menos luchará o contenderá con Él”.

La mansedumbre dice, “Señor si te complace a Ti, me complace a mí. No tengo que entender. No tengo que estar de acuerdo. Pero lo acepto; recibo las elecciones que has traído a mi vida” .

Otra vez podemos ver esto ilustrado en las Escrituras. En Job capítulo 2, una poderosa ilustración de cómo responder a la providencia de Dios con mansedumbre. La esposa de Job le dijo, luego de que había perdido gran parte de sus posesiones. Había perdido sus hijos, su salud, había perdido casi todo lo que tenía en este mundo, Y su esposa le dijo “¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete.” Pero Job le dijo a su esposa, “Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios…” (v. 10)

¿Dónde vemos aquí la mansedumbre? La mansedumbre es decir, “No solo voy a recibir de Dios cuando Él derrama buenas cosas sobre mí—dinero, hijos, bienestar, fama y prosperidad y salud y todas estas cosas—sino que voy a recibir la Leucemia. Recibiré la pobreza. Recibiré la dificultad en mi matrimonio. Recibiré ese desafío físico con uno de mis hijos. También recibiré eso de la mano de Dios”. Ese es un espíritu manso.

Y Job le dijo a su esposa, “Las mujeres necias dicen, “maldice a Dios y muérete”.

Ahora, puede que nosotras no digamos, “Maldice a Dios y muérete,” pero, ¿no es una tendencia natural que tenemos de resistir las elecciones de Dios?

Y Job dice, “Eso es necio. Debemos recibir el bien y el mal de parte de Dios.”

Matthew Henry dice,

Cuando los acontecimientos de la providencia son gravosos y aflictivos la mansedumbre no solo nos tranquiliza en medio de ellos, sino que nos reconcilia con ellos; y nos permite no solo soportarlos sino que nos ayuda a recibir el mal, así como el bien de la mano, del Señor. Es besar la vara de la corrección de Dios, la disciplina de Dios.2

Es bendecir a Dios aún cuando Su providencia sea dolorosa en nuestras vidas.

Yo sé que aquí estamos hablando de estas cosas y decirlo es mucho más fácil que vivirlo. Pero este es el corazón de la mansedumbre.

Matthew Henry dice,

“Es besar la vara sin atreverse a luchar con nuestro Hacedor, no, ni desear reclamarle a Él”. No nos atrevemos a contender con Dios, ni nos tomamos la atribución de decirle a Dios lo que Él debe hacer porque Él es Dios y no nosotras. Debemos permanecer calladas y “no abrir la boca porque Dios lo hace”.

Y con esa mansedumbre viene la paz. Con esa mansedumbre viene el gozo. Con esa mansedumbre viene el descanso, recibiendo la providencia de Dios como que viene de su mano.

Permíteme darte una ilustración de eso del libro de Levítico. ¿Recuerdas cuando Aarón que era el Sumo Sacerdote, cuando sus dos hijos, que también eran sacerdotes, Nadab y Abiú, ofrecieron fuego no extraño ante el Señor y Dios los hirió y los mató? Esto fue cuando la nación de Israel recién estaba comenzando. Dios necesitaba que Su pueblo supiera que Él era un Dios Santo.

Ahora si tú fueras el padre de estos dos muchachos ¿te sentirías tentada a contender con Dios y decir, “Eso no es justo, eso no está bien”? ¿Te sentirías tentada a resistir la voluntad de Dios?

En Levítico capítulo 10 dice, “Entonces Moisés dijo a Aarón: Esto es lo que el Señor habló, diciendo: “Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado. Y Aarón guardó silencio.” (v. 3). Eso es recibir con mansedumbre la disciplina de la mano de Dios.

No quiere decir que Dios siempre hace las cosas de esa manera. Pudiéramos profundizar sobre las razones por las que Dios trató con este asunto de esa manera. Pero el punto es que Aarón dijo, “Si Dios lo hizo, no puedo argumentar. No puedo resistirme”.

Matthew Henry dice,

Tal es la ley de la mansedumbre que todo lo que complazca a Dios no debe desagradarnos a nosotros. Déjalo hacer lo que Él quiera, porque Él hará lo que es mejor [ahí es donde vuelves a confiar que el Señor es bueno y por tanto —esto es algo que debemos considerar— si Dios fuera a referirme el asunto a mi —si Dios me fuera a pedir mi opinión acerca de lo que debería suceder en esta situación—, dice el alma mansa y tranquila, estando segura de que Él sabe lo que es bueno para mí, aún mejor de lo que yo sé, yo se lo referiría a Él de vuelta.4

Si Dios me dijera, “¿Qué crees que debe ser hecho en esta situación?”, yo le diría, “Señor, Tú sabes lo que es mejor”.

La esencia de la mansedumbre en lo que se refiere a las circunstancias de la vida es una aceptación confiada y tranquila, no resistiendo ni resintiendo. Es saber que nada puede tocar mi vida sin el permiso de un Dios amoroso y sabio.

Es por eso que no tenemos que pasarnos la vida airadas o frustradas, irritadas o resistiéndonos. La mansedumbre es un “Sí Señor. En paz y quietud. Recibo esto de tu mano”, callada y tranquila.

Vemos lo opuesto a esto en un incidente de la vida de David en el Antiguo Testamento. David tiene muchas ilustraciones de ser manso de espíritu. Pero al menos en una ocasión, no tuvo un espíritu manso. ¿Recuerdas la vez cuando el Arca del pacto estaba siendo transportada en un carro tirado por bueyes, donde no debió estar en primer lugar?

Un hombre llamado Uza extendió su mano para sostener el Arca que se iba a caer cuando el carro se tambaleó y Dios mató a Uza. De nuevo, pudiera parecer en esta sesión que Dios tiene el hábito de matar a la gente. Misericordiosamente, Él no hace eso. Pero en este caso, eso fue lo que pasó. Las Escrituras dicen,

Que entonces David se enojó porque el Señor había estallado en ira contra Uza, y llamó aquel lugar Pérez-uza hasta el día de hoy. David tuvo temor del Señor aquel día, y dijo: ¿Cómo podrá venir a mí el arca del Señor? Y David no quiso trasladar con él el arca del Señor a la ciudad de David. (2 Samuel 6:8-10)

David se enojó. Él tenía miedo, pero se resistía. Él pensó, “Si así es que Dios se va a comportar cuando el Arca esté cerca, no quiero que esté por estos alrededores. Llévensela a otro lugar”.

Tal vez había un temor saludable en él. Pero creo que ese temor en ese caso nació de una resistencia. Él estaba furioso. Su enojo reflejaba una falta de mansedumbre contrario a Aarón que no dijo nada. Y mantuvo su paz. Si Dios hizo esto, es lo que Él entiende correcto.

Déjame leerte unas cuantas citas que realmente me hablan en relación a este tema. Thomas Watson, otro buen Puritano, dijo, “La queja es levantarse contra Dios. Porque te estableces a ti mismo por encima de Dios como si fueras más sabio que Él”.

¿Quieres ser Dios? Pues no puedes serlo, y no lo eres, y no lo serás. Así que reconoce que Él es Dios y suéltalo. Deja que Él sea Dios.

Calvino dijo,

¿Por qué los hombres se molestan cuando Dios les envía cosas totalmente contrarias a sus deseos si no es por no reconocen que Dios hace todo por una razón [Dios tiene un propósito para todo lo que hace]? Tan pronto como Dios no envía lo que hemos deseado, peleamos con Él, le demandamos, no parecería que estamos haciendo esto, pero nuestras actitudes muestran que este es sin embargo nuestro intento. ¿Pero, desde qué espíritu se pronuncia esto? La resistencia a Dios desde un corazón envenenado como si dijéramos, “No veo razón para esto”.

Verás, la mansedumbre dice, “Sé que Dios tiene Sus razones, y no importa que yo pueda ver o no la razón. Pero el corazón orgulloso, el corazón envenenado dice, “Debió hacerse diferente. No veo razón para esto; por lo tanto, Dios no debió hacerlo”.

Es como si acusaran a Dios de ser un tirano o alguien sin cerebro. Una blasfemia tan horrible sale de la boca de los hombres.

Puede ser en cosas grandes o en cosas pequeñas. No veo razón para esto. De hecho, frecuentemente son las cosas pequeñas las que realmente exponen nuestra falta de mansedumbre, nuestra resistencia.

Recientemente yo salí por un par de semanas y cuando regresé me enteré que estaban volviendo a colocar el techo en el condominio donde vivo. Mientras estaba fuera ellos habían colocado el techo de la mayoría de los demás condominios. Pero la noche que regresé, el día siguiente (yo estaba exhausta de mi viaje; era un fin de semana y yo atesoro mis siestas de fin de semana)… Sábado y Domingo hubo contratistas golpeando el techo, golpeando, golpeando y golpeando.

Yo pensé, “No veo razón para esto. No veo razón para esto”.

Pero sabes, la mansedumbre dice, “Esto es algo que no puedo controlar. Es algo que no pedí. Si me hubieran preguntado lo hubiera puesto en agenda y lo hubiera hecho diferente. Pero no vale la pena que pierda la paz de Dios en mi corazón por contender con Dios sobre sus decisiones”.

He estado luchando por varias semanas con un problema en mi garganta y tratando de chequearme. Me ha distraído me ha dificultado enseñar y hablar. Mi pensamiento en ocasiones ha sido, No veo razón para esto.

Pero ¿sabes qué? Realmente no importa si yo puedo ver la razón o no. El punto es, aparentemente Dios si ve una razón para esto. Así que la mansedumbre dice, “Señor, si te complace a Tí, me complace a mí”.

Ahora, si tienes un problema en la garganta, puedes ir al doctor y tratarte. Yo hice una llamada telefónica a la compañía que estaba trabajando con los techos y les dije, “Tengo algunas entrevistas mañana. ¿Sería posible que nos pongamos de acuerdo con las horas de trabajo?” Así que donde haya algo que se pueda cambiar, está bien.

El problema es cuando desarrollamos un espíritu demandante. “Tengo derecho a tener cierta paz y tranquilidad. Tengo derecho a tomar mis siestas los sábados y los domingos sin que haya gente golpeando mi techo”. ¿Qué haces? ¿Pierdes tu paz? ¿Pierdes tu gozo? Pierdes tu comunión con Dios. Pierdes tu testimonio ante el mundo.

¿Cómo respondes a las circunstancias de la vida cuando eres interrumpida o incluso cuando te pasan asuntos más grandes? Tal vez no están cambiando el techo de tu casa. Tal vez perdiste tu casa en un tornado o en un incendio, o ha habido una gran recesión económica, o estás cuidando a uno de tus padres con Alzheimer o Dios no te ha dado el esposo que tanto deseas, o deseas un hijo y Dios no te lo ha dado.

¿Y es la actitud de tu corazón, “No veo razón para esto”? ¿O es la actitud de tu corazón, “Señor, si te complace a Ti, me complace a mí; lo recibo? Ese es el espíritu de la mansedumbre.

Annamarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando porqué el tema de la mansedumbre es tan práctico. El programa de hoy es parte de una serie llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Para leer una transcripción del programa de hoy visita AvivaNuestrosCorazones.com

Recientemente nuestro equipo conoció a una mujer que ha estado aprendiendo a vivir algunas de las cosas que hemos estado aprendiendo en esta serie. Estando en Indianápolis Nancy y el equipo conocieron a Sherri.

Sherri: Descubrí que mi esposo había sido infiel, y no era la primera vez. Había estado luchando con mucha amargura, falta de perdón, miedo. En ese tiempo estaba en consejería y me entregaron el libro  Escoja perdonar por Nancy Leigh DeMoss.

Recuerdo que al leer el libro, pensé que me ayudaría a cambiar a mi esposo. En cambio, me di cuenta de cuantas semillas de falta de perdón había en mi propio corazón. Pasé por el proceso de enlistar las cosas que se cometieron contra mí. La mayoría de las respuestas que descubrí sobre mi misma estaban basadas en mi pasado, no basadas en lo que Cristo dice de cómo debo responder.

Probablemente lo más grande para mí fue entender que no lo estaba reteniendo a él en una prisión, me estaba reteniendo a mí misma.

A través del libro, fui donde mi esposo, no solo para pedir perdón por faltarle al respeto, sino por tener expectativas irreales. Dios me mostró que era más importante estar preocupada por su alma que pensar en mi propia felicidad. Eso cambió totalmente mi respuesta a él. Cuando no quería perdonarlo, yo lo hice por lo que Jesús me perdonó a mí. Y pensaba Dios realmente me mostró de lo que fui perdonada, y no puedo tirarle una piedra.

De manera que los límites fueron diferentes. Él esperaba que yo fuera muy dura, mientras yo permitía que Dios le mostrara lo que él necesitaba. Su corazón cambió porque no estaba siendo demandante. Estaba siendo amorosa. Eso le permitió querer ser ese tipo de persona y tomar las decisiones correspondientes.

Annamarie: Estoy tan agradecida por mujeres como Sherri que han compartido su historia. ¿Quieres enviarnos tu historia? Puedes escribir tu testimonio debajo de la transcripción en nuestra página web. Visita AvivaNuestrosCorazones.com y escríbenos cómo este ministerio ha sido de ayuda para ti.

Hemos estado estudiando la mansedumbre ante Dios. Mañana veremos con más cuidado la mansedumbre ante otros. Por favor regresa a, Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries y yo quiero que mi mamá asista a la conferencia de Mujer Verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Matthew Henry. La Búsqueda de la Mansedumbre y la Quietud de Espíritu. P. 18.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Por qué la Biblia no habla de la juventud y adolescencia de Jesús?

CONSULTORIO BÍBLICO

¿Por qué la Biblia no habla de la juventud y adolescencia de Jesús?

DAVID LOGACHO

Por medio de Internet se ha comunicado con nosotros un amable oyente para hacernos esta consulta: ¿Por qué es que la Biblia habla solamente de lo que hizo Jesús desde su nacimiento hasta que tenía 12 años y después desde los 30 años hasta su muerte? ¿Por qué no habla de su juventud, y su adolescencia?

Gracias por su consulta. Efectivamente, la Biblia y más directamente el Nuevo Testamento habla de los antecedentes al nacimiento de Jesús, del nacimiento de Jesús, de la visita que le hicieron los pastores de Belén, de su circuncisión, de su presentación en el templo, de su regreso a Nazaret, de la visita que recibió de los magos, de su huida a Egipto, de su establecimiento en Nazaret, de su crecimiento y niñez en Nazaret, de sus viajes anuales a Jerusalén en la fiesta de la pascua, de su especial visita a Jerusalén en la fiesta de la pascua cuando tenía 12 años y una breve referencia a su crecimiento en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres. Luego transcurren al menos 18 años, sobre los cuales el Nuevo Testamento guarda absoluto silencio. Después, cuando Jesús tenía treinta años de edad, comienza su ministerio público, el cual dura solamente unos tres años y concluye con su muerte, sepultura, resurrección y ascensión. El período de silencio en cuanto a la vida de Jesús, desde los 12 años hasta los 30 años ha servido para que febriles mentalidades fabriquen todo tipo de conjeturas y fábulas que no tienen el más mínimo sustento. La legítima pregunta es por tanto: ¿Por qué es que el Nuevo Testamento guarda silencio sobre lo que hizo Jesús, durante 18 largos años? La razón es porque el Nuevo Testamento no es una biografía detallada de la vida de Jesús. En el Nuevo Testamento se relata única y exclusivamente los eventos en los cuales Jesús hace o dice algo que es pertinente a su propósito redentor en este mundo. Todas las demás cosas que Jesús hizo o dijo no han sido registradas en el Nuevo Testamento, porque no tenían ninguna relación con su propósito redentor. Esto es lo que afirma Juan 21:25 que dice: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.” Así que, amable oyente, no preste oído a cualquier persona que afirme que Jesús hizo o dijo tal o cual cosa entre sus 12 y 30 años. Todo lo que digan es pura fábula de manufactura humana.

Nos escribe un amable oyente de Santiago de Chile. Hace referencia a la respuesta a una consulta hecha hace algún tiempo atrás que tenía que ver con el significado de Mateo 19:24 cuando Jesús dijo que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de Dios. Nuestro amigo oyente dice que según el pastor de su iglesia, el origen del dicho de Jesús tiene que ver con que en el tiempo de Jesús, por seguridad, las ciudades estaban rodeadas de elevados muros con puertas para permitir el acceso a las ciudades. Había puertas muy anchas y puertas muy angostas, que apenas permitían pasar a una sola persona o a una oveja o a una cabra. Un animal de carga tan grande como un camello tendría mucha dificultad para pasar por esta puerta tan estrecha. Estas puertas estrechas se llamaban ojo de aguja, por lo minúsculo de su abertura. Las puertas anchas se cerraban por la noche pero las puertas angostas se mantenían abiertas para permitir la entrada de viajeros retrasados. Nos pide nuestra opinión sobre esta explicación del origen del dicho de Jesús.

Gracias por su consulta. El dicho que pronunció Jesús haciendo mención de un camello pasando por el ojo de una aguja, ocurrió dentro de su enseñanza relativa a lo difícil que es que un rico entre en el reino de Dios. Note lo que dice Mateo 19:16-26 “Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás  a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.” El incidente ilustra lo difícil que es que un hombre rico deposite su confianza en Dios y reciba a Cristo como su personal Salvador. El joven rico viene al Señor Jesús con una pregunta aparentemente sincera. Maestro bueno, dice, ¿qué bien haré para obtener la vida eterna? En la pregunta, el joven rico revela su ignorancia en cuanto a la verdadera identidad de Jesús y en cuanto a la manera de obtener vida eterna. El joven rico llama a Jesús: Maestro, poniéndolo en el mismo nivel que tantos connotados maestros de la época. El joven rico también habla de merecer vida eterna, cuando la vida eterna es un regalo. Nuestro Señor pone a prueba al joven rico en dos asuntos importantes. Primero ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Jesús no está negando su deidad, sino haciendo notar que cuando el joven rico dice que es bueno, está reconociendo que es Dios, porque no hay nadie que sea bueno, aparte de Dios. Segundo, en cuanto a la manera de ser salvo, Jesús le dice: Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. El Salvador no estaba dando a entender que el hombre puede ser salvo como resultado de guardar los mandamientos, sino que estaba usando la ley de Moisés para que el joven rico se convenza de pecado, o se dé cuenta que es imposible que pueda guardar la ley para ser salvo. El joven rico estaba engañado pensando que el heredar el reino de los cielos es cuestión de hacer los suficientes méritos. El joven rico pregunta que mandamientos tenía en mente Jesús. Jesús citó cinco mandamientos que tienen que ver principalmente con nuestros semejantes, los cuales se resumen en: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Ciego a su orgullo el joven rico se jacta de que ha cumplido con todos esos mandamientos. Pero Jesús va a hacer notar la falacia de esta afirmación mostrando que estaba fallando en amar al prójimo como a sí mismo. Jesús le dice por tanto: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, y ven y sígueme. El Señor Jesús no estaba dando a entender que el hombre puede ser salvo mediante la venta de sus posesiones y la entrega del producto de la venta a las obras de beneficencia. La única manera de ser salvo es mediante la fe en el Señor Jesucristo. Pero para ser salvo, el hombre debe reconocer que ha pecado y que está imposibilitado de cumplir por sí mismo con las demandas de Dios para ser salvo. La negativa del joven rico de compartir sus posesiones estaba demostrando que no amaba al prójimo como a sí mismo. Al oír las demandas de Jesús para obtener la vida eterna, el joven rico debió haber dicho: Señor, si eso es lo que se requiere para tener la vida eterna, no puedo salvarme por mis propios esfuerzos, soy un pecador. Por tanto, te ruego que me salves por tu gracia. Pero tristemente, el joven rico rechazó la oportunidad que Jesús le estaba dando para ser salvo por la fe. Por eso es que oyendo lo que Jesús le dijo, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. La respuesta del joven rico sirvió para que Jesús señale que es difícil que un rico entre en el reino de los cielos. La riqueza se torna en un ídolo para quien la posee. Es imposible que un rico deje de confiar en su riqueza y pase a confiar absolutamente en Dios, al punto de estar dispuesto a deshacerse de su riqueza. Es justamente para ilustrar este hecho que Jesús dijo: Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Jesús está hablando de camellos literales y de ojos de aguja literales. Es imposible que se pueda pasar un camello, animal tan grande, por el ojo de una aguja, abertura tan pequeña. Jesús está usando una figura retórica conocida como hipérbole, o un dicho exagerado para producir un efecto vívido, inolvidable. Así de imposible es que un rico que confía en su riqueza y no en Dios sea salvo, o entre al reino de Dios. A menudo se afirma que el ojo de una aguja era el nombre de las puertas muy angostas que se hacían en el muro de una ciudad amurallada. Un camello tendría que sufrir mucho para atravesar por una puerta así de angosta, pero no hay evidencia creíble de la existencia de este tipo de puertas en los muros de las ciudades amuralladas y más que nada, el contexto impulsa a concluir que Jesús no estaba hablando de entrar con dificultad sino de la imposibilidad de entrar. Humanamente hablando es imposible que un rico se salve. Por eso es que los discípulos se asombraron en gran manera e hicieron la pregunta lógica: Entonces ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Los judíos viviendo bajo la ley de Moisés, según la cual Dios prometió prosperidad a los que le obedecían, correctamente catalogaban a un rico como a una persona justa, pero si ni aún el rico, supuestamente justo, se podía salvar, entonces peor todavía todos los que no eran ricos. Pero Jesús despeja la incertidumbre cuando dice: Para los hombres esto es imposible, mas para Dios todo es posible. Se necesita de una obra divina tanto en el rico como en el pobre para que sean salvos. Así que, respeto la interpretación de su pastor sobre el camello pasando por el ojo de una aguja, pero la explicación que he compartido se ajusta mejor al contexto.

PRESENTADO POR

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de:
La Biblia Dice
Av.Galo Plaza Lasso N63-183 y de los Cedros
Telf. 00593-2-2475563
Quito-Ecuador

¿Qué es la HERMENÉUTICA?

Teología Express

¿Qué es la HERMENÉUTICA?

Otto Sánchez

 

 

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¿Qué es la HERMENÉUTICA?, Hermenéutica
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Amando a la iglesia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Amando a la iglesia

Jonathan Leeman

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «Amando a nuestro prójimo», publicada por la Tabletalk Magazine. 

Para cuando se publique este artículo, habré dejado la iglesia a la que me uní por primera vez en 1996 y donde he servido como anciano durante gran parte de la última década. Estoy emocionado de irme; odio irme. Y el amor es la razón de por qué.

Sesenta de nosotros partimos para plantar una iglesia en nuestro propio vecindario. Queremos amar a nuestros vecinos no cristianos con una congregación cerca de ellos. Sin embargo, irse significa alejarse de las relaciones de discipulado uno a uno, dividir a los grupos pequeños y volver a priorizar quién es invitado a almorzar o cenar. Significa no compartir más oportunidades de comunión y ministerio semanales. Es desgarrador.

El amor compartido dentro de una iglesia es el amor de una familia (ver 1 Tim 5:1-2). Y como un hijo o hija que alcanza la mayoría de edad, a veces eres enviado, con toda la alegría agridulce que acompaña a este envío.

¿Qué crees que es el amor dentro de una iglesia? ¿Amas a tu iglesia? ¿Cómo?

Un modelo del amor de Dios

Traza una teología bíblica del pueblo de Dios a través de la historia de los pactos en la Biblia. Descubrirás que uno de los propósitos de Dios para Su pueblo especial es modelar lo que Él espera de todos los pueblos. Dios ordena a todos los que están hechos a Su imagen que lo amen a Él y a su prójimo. Pero Él especialmente usa a Su iglesia para ejemplificar tal amor.

Pero eso no es todo. La iglesia es donde la humanidad, o una nueva humanidad, comienza a amar a sus enemigos, tal como Cristo nos amó. Piénsalo. Todos aspirábamos a ser reyes en la carne. Lo que significa que los miembros de la iglesia son nuestros enemigos naturales, así que es dentro de la iglesia que practicamos el amar a nuestros ex enemigos.

La iglesia es donde la humanidad, o una nueva humanidad, comienza a amar a sus enemigos, tal como Cristo nos amó.

Un testimonio del amor de Dios

La iglesia no modela una marca genérica del amor. Lo que debemos mostrar es el amor de Dios en Cristo: «como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13: 34-35). Jesús enfatiza el hecho de que el mundo sabrá que somos Sus discípulos, no por nuestro amor al mundo, aunque ciertamente es cierto, sino por nuestro amor mutuo. A través de nuestras prácticas bíblicas de palabras indulgentes y acciones piadosas, demostramos cómo es el amor de Cristo.

El mundo cree que entiende el amor. No es así. Solo conoce el amor de los juegos de suma de cero: «Quiero que ames menos a los demás para que puedas amarme más». Sin embargo, el amor de Dios es un amor generativo. Crea más de sí mismo. Mira esto en Juan 17: el Padre ama al Hijo, y el Hijo al Padre. El Padre y el Hijo envían al Espíritu para formar un pueblo que recibirá el amor del Padre por el Hijo. Y a través del Espíritu, ellos aprenden a amar a Dios y el uno al otro así como el Padre, el Hijo y el Espíritu se aman mutuamente.

Sacrificio y obediencia

Nuestra cultura define el amor como dar a las personas lo que quieran. El amor significa priorizar la autoexpresión y la autorrealización.

Sin embargo, Jesús enseña que el amor conduce a la obediencia, y la obediencia es una evidencia del amor (Jn 14:21, 23; 15:10-11; 1 Jn 5:3). El amor no se deleita en el mal, sino que se regocija en la verdad. Presta atención a la voluntad del Padre. Desea el bien para los demás, pero ese bien siempre involucra a Dios y la obediencia a Su voluntad revelada.

El amor incluso implica disciplina. El Señor disciplina a aquellos a quienes ama. Una iglesia que nunca disciplina, o corrige el pecado, es una iglesia sin amor.

Misericordia y compasión

El amor en una iglesia también implica misericordia y paciencia, así como hemos recibido misericordia y paciencia. El amor cubre una multitud de pecados. Algunos de los miembros de tu iglesia son fáciles de amar. Algunos son difíciles. Y ese es el punto. Los fáciles de amar nos enseñan a amar los difíciles de amar: los fastidiosos, los inmaduros, los que no se presentan a tiempo cuando les toca servir en el ministerio de niños o cuyos hijos rechazan a los nuestros.

Si el amor es paciente y bondadoso, como dice Pablo, puedes asumir que serán las personas que nos tienten a la impaciencia y la falta de amabilidad las que mejor nos entrenen en los caminos del amor.

El amor por la iglesia comienza en una iglesia local, un lugar con personas reales con dones reales y problemas reales. Ponte a trabajar ahí, y luego deja que tu amor por otras iglesias locales, otras denominaciones y cristianos de todo el mundo crezca desde este semillero.

La reacción del mundo

El mundo amará y odiará lo que tu iglesia llama amor. Si solo lo aman, puedes estar seguro de que les estás ofreciendo un amor falso y mundano. El amor del Padre no está en el mundo, y por eso a veces llaman amor al odio y odio al amor.

Nuestra nueva iglesia , como tu iglesia, solo puede ofrecer una visión tenue del amor del cielo como en un espejo. La buena noticia es que podemos apuntar a nuestro vecindario a Aquel que los ama de manera perfecta —y a nosotros—, el perfecto que algún día vendrá a recibirnos plenamente en Su amor. Ese es el corazón de nuestra fe y esperanza.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Jonathan Leeman
Jonathan Leeman
Es Director Editorial de 9Marks y anciano de Capitol Hill Baptist Church en Washington, D. C. Ha escrito varios libros sobre la iglesia local.

 

2/9 –La mansedumbre y la confianza

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

2/9 –La mansedumbre y la confianza

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-mansedumbre-y-la-confianza/

Annamarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss dice que nuestra capacidad de mostrar mansedumbre depende de nuestra confianza en Dios.

Nancy Leigh DeMoss: Eso es lo que nos hace mansas— es la confianza de que Dios está a cargo, de que Él sabe lo que está haciendo, que Él está trabajando, que estamos trabajando en unión con Él, y que Él tiene la última palabra. Él va a enderezar este mundo que está al revés. Él va a arreglar lo que está descompuesto.

Annamarie : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra mansedumbre? Si una imagen negativa viene a tu mente, si lo que te viene es algo negativo, sigue con Nancy Leigh DeMoss en los próximos minutos. Ella va a seguir en una serie que comenzó ayer llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Nancy: Estamos hablando en esta serie acerca de un tema que probablemente nunca será el tema de un libro de los más vendidos, porque la gente no suele entrar a una librería y decir: «¿Me puedes dar alguna información sobre cómo llegar a ser más manso?» El mundo no está persiguiendo la mansedumbre, pero Dios nos dice que sus hijos deben perseguir la mansedumbre.

Mencioné un libro en la sesión pasada. Es un clásico sobre el tema de la mansedumbre. Por supuesto, en Aviva Nuestros Corazones, lo primero que queremos hacer es ir a la Palabra de Dios para nuestra instrucción, pero gracias a Dios hay personas que han escrito sobre algunos de estos temas en los últimos años para ayudarnos a comprender mejor esa Palabra.

El libro a que me estoy refiriendo es de Matthew Henry, que fue un pastor y comentarista puritano. Él vivió en la segunda mitad de los 1600 y en los inicios de los años 1700. Este libro se llama, “La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de Espíritu” ( The Quest for Meekness and Quietness of Spirit ). Y quiero animarlas a conseguir una copia (solo disponible en inglés).

Les diré que no es de fácil lectura. No es muy largo, realmente. Solo tiene cerca de unas 150 páginas, pero está escrito en un estilo puritano que, si no estás familiarizada con ese tipo de lectura, puede resultar pesada. No se puede leer de forma rápida, y se necesita tiempo y esfuerzo para digerirlo, pero vale la pena el esfuerzo. De hecho, he leído este libro ya varias veces. Creo que esta es mi segunda copia. Tomo notas. Medito sobre lo que leo. Tomo solamente porciones muy pequeñas. Vuelvo y leo esas partes. Trato de estudiar las diferentes Escrituras como referencia.

Así que en esta serie, voy a estar enseñando del libro de Matthew Henry. Me imagino que la mayoría de la gente nunca va a leer la literatura puritana, así que voy a tratar de hacerlo digerible. Usaré citas de Matthew Henry y de otros también. Pero gran parte del bosquejo y de la enseñanza que voy a hacer viene de este libro.

Pienso en la primera vez que lo leí. Fue, no sé, hace como diez años. Yo lo había empezado, pero no lo había terminado, y me llamaron para servir como jurado en Michigan. Era, por lo que recuerdo, un día frío de enero, estaba nevando, y hacia viento. Llevé el libro conmigo a la corte, pensando que tendría tiempo para esperar y así fue. Nunca me llamaron para el jurado— nunca me llamaron para nada— excepto el Señor quien fue el que me llamó a Su corte.

Recuerdo haber pensado, yo debería estar de rodillas ahora mismo, aquí mismo. Ahora, no me puse de rodillas allí, pero en mi corazón sí lo hice. Me encontré bajo una convicción muy intensa por la falta de humildad y de mansedumbre en mi vida. Como Dios trató conmigo en ese momento casi me dejó sin aliento.

Así que recuerdo haber leído este libro de Matthew Henry ese día, allí en la corte. Lo he leído varias veces desde entonces, y el Señor sigue tratando conmigo sobre este tema de la mansedumbre porque me parece que —en lo relativo a este tema— no se resuelve con leer un libro y ya, ni orando una oración corta, «Señor, hazme mansa.» «Oh, ya soy mansa.» Es como la humildad porque tan pronto piensas que eres mansa, ya no eres mansa. Es como la humildad. Es una búsqueda permanente de la mansedumbre. Busca la mansedumbre como una forma de vida.

Ahora, a medida que comenzamos con todo esto, queremos hacernos la pregunta, «¿Qué es la mansedumbre?»

Esa no es una pregunta fácil de responder porque hay muchos aspectos de la mansedumbre, y no la vemos ejemplificada tanto en nuestro mundo. Vemos lo contrario a la mansedumbre. Podríamos dar muchos, muchos ejemplos, especialmente si nos fijamos en las mujeres de hoy. La mansedumbre es escasa. Las mujeres son entrenadas para ser independientes, asertivas, no quedarse calladas, ser obstinadas, ser dogmáticas, como tantas cosas que son lo contrario de la mansedumbre.

Así que ¿dónde buscamos para saber cómo luce la mansedumbre o lo que es?

Por supuesto, vamos a ir a la Palabra de Dios, y luego a otros que pueden ayudarnos a entender esto, pero quiero recordar que la mansedumbre no es necesariamente igual a tener una personalidad tímida o callada. Puedes ser una persona muy callada, y no tener un espíritu manso. De hecho, hay algunas personas calladas, tal vez algunas que nos escuchan hoy y la gente te mira y dice: «Ella me parece mansa». Pero lo que no saben es lo que pasa en el corazón.

Hay personas calladas que tienen una vena de terquedad subyacente de obstinación o de orgullo o de control o de resentimiento en su corazón, o de ira al punto de hervir por dentro, o de tener un espíritu rebelde. «Voy a hacerlo a mi manera». Estas mujeres no hablan fuerte. No son flagrantes. No son personas que uno mira y dice: «Oh, ella es tan escandalosa». Pero no hay mansedumbre en su espíritu.

Pero la humildad es algo que Dios sabe si está en nuestros corazones. Mientras Él nos habla a través de estas sesiones, Él está escudriñando nuestros corazones. Él está examinando nuestros corazones y nos muestra dónde puede haber falta de humildad de mansedumbre.

Ahora tenemos que darnos cuenta también que la mansedumbre no es lo mismo que tener un espíritu débil o ser cobarde. La mansedumbre no significa no tener opiniones o ser débil, frágil, endeble, sin cerebro, o una criatura miserable. A veces pienso que esa es la caricatura de la mansedumbre. Si se le preguntara a alguien en el mundo qué piensan que es la mansedumbre, creo que eso es lo que tal vez se imaginan de la mansedumbre, que es alguien que no piensa por sí mismo, que no tiene una opinión, como un limpiapiés, alguien sobre quien la gente camina, alguien que se no se ama lo suficiente.

Permítanme decir que la verdadera mansedumbre bíblica requiere de todo lo contrario a una persona débil o sin carácter.

La mansedumbre es un concepto muy rico. Tiene muchas aplicaciones diferentes, y todavía estoy explorándolo. Es una joya de muchas facetas, pero permítanme leerles algunas definiciones y algunas citas que he encontrado que me han ayudado a tener una mejor comprensión de lo que está involucrado en todo esto de la mansedumbre.

Un diccionario bíblico dice: «La mansedumbre es una actitud de humildad hacia Dios y de gentileza hacia las personas, que surge de un reconocimiento de que Dios está en control.» 1

El diccionario en inglés Merriam-Webster dice:

La mansedumbre es soportar un daño permanente con paciencia y sin resentimiento.

Ahora, ambas cosas son importantes porque hay personas que sufren daños, personas maltratadas. Lo vienen sufriendo desde hace mucho tiempo, pero cargan con (amargura) resentimiento en sus corazones. Así que el hecho de que tú hayas soportado no quiere decir que tengas un espíritu manso. ¿Has aguantado sin dejar que se convierta en resentimiento?

Otro diccionario bíblico dice que:

La mansedumbre es una mente sosegada, de temperamento tranquilo que no se irrita fácilmente. 2

Matthew Henry en su libro dice que:

«La mansedumbre es un espíritu de gracia y amabilidad. Acomoda el alma a cada suceso y así hace a un hombre llevadero, con el mismo y con los demás a su alrededor».

Si tú eres el tipo de persona que haces que los demás se sientan tensos porque estás tensa, entonces hay una falta de mansedumbre. Si eres el tipo de persona que siempre está estresada y entra en pánico y está de prisa, y das la impresión que siempre tienes prisa; que haces que la gente a tu alrededor se sienta incómoda o apresurada o en pánico, eso no es un espíritu de mansedumbre.

Él dice que la mansedumbre es un espíritu de gracia y amabilidad que acomoda al alma a todo lo que está ocurriendo a su alrededor para que pueda ser llevadera consigo misma y con las otras personas.

La palabra en latín para manso o gentil o domesticado es una palabra, no voy a tratar de pronunciarla aquí, pero se trata de dos palabras que significan «acostumbrados a la mano». Se refiere a la domesticación de animales —como por ejemplo para amansar un potro, para romper la voluntad de un caballo hasta que se haga manso y se acostumbre a la mano que lo está entrenando. Es sensible a la mano de su propietario o de su jinete.

Acostumbrada a la mano que es flexible, que responde, y que es sumisa al liderazgo de Dios en su vida.

Tan acostumbrada a la mano que Dios solo coloca Su mano sobre mi espíritu, y yo digo: «Sí, Señor.» Soy sensible al tacto de su mano y respondo al mismo. Eso es un aspecto de la mansedumbre.

Me encontré recientemente un libro que había leído hace mucho tiempo escrito por el Dr. Martyn Lloyd-Jones, Estudios sobre el Sermón del Monte. Tiene un capítulo maravilloso acerca la mansedumbre. Permítanme leerles solo una parte de lo que dice:

La mansedumbre es esencialmente una visión verdadera de uno mismo, que se expresa en la actitud y conducta con respecto a los demás.

Una persona humilde reconoce y llora su propia pecaminosidad [esto es parte de las Bienaventuranzas, los pobres de espíritu, los que lloran]. Por lo tanto, esta persona mansa tiene una ausencia de orgullo. No se afirma, no exige nada para sí misma. Ni siquiera es sensible acerca de sí misma. No siempre está mirándose a sí misma ni a sus propios intereses. No siempre está a la defensiva. Ya no se preocupa de sí misma y de lo que otras personas dicen.

La persona que es verdaderamente humilde no se compadece de sí misma, no siente lástima de sí misma, no se dice a sí misma, «estás teniendo un momento difícil. Qué cruel son estas personas que no logran entenderte». [Eso sería lo contrario a la mansedumbre.]

Ser manso significa que has llegado al final de ti misma. Es ser libre de uno mismo, es una conciencia enfocada en Dios en lugar de en uno mismo. Has terminado contigo mismo por completo, y has llegado a ver que tú no tienes derechos en lo absoluto.

La persona que es verdaderamente mansa es la que se sorprende de que Dios y los demás puedan pensar de ella tan bien como lo hacen y que la traten tan bien como lo tratan.

Ves, cuando no somos mansas, pensamos que otros nos deben tratar mejor, pero cuando somos mansas, pensamos, “Es increíble que la gente me trate tan bien como lo hace. Es la misericordia de Dios, es por eso que Él ha sido tan amable y gentil conmigo como lo ha sido”.

Ahora, al escuchar estas definiciones, estos pensamientos acerca de la mansedumbre, se puede ver que hay tres cualidades estrechamente relacionadas, y que constituyen una verdad en las Escrituras. De hecho, una de las cosas que hace el estudio de la mansedumbre difícil en las Escrituras, es un reto, es que hay diferentes traducciones de las mismas palabras, y reflejan el hecho de que estas tres cualidades están tan estrechamente relacionadas.

Las tres cualidades son: la humildad, la mansedumbre y la gentileza.

La humildad tiene que ver con nuestra visión de nosotras mismas. Nos estimamos a nosotras mismas como pequeñas porque somos pequeñas. Eso es lo que significa tener una mente humilde, tener una evaluación precisa de nosotras mismas, no pensar acerca de nosotras mismas más de lo que debemos pensar. Humildad— realmente no puedes ser mansa sin tener humildad, y si eres humilde, serás mansa. No son iguales, pero estos conceptos están sin duda relacionados.

Entonces la humildad es nuestro punto de vista acerca de nosotras mismas.

La mansedumbre , que a veces se traduce gentileza en algunas de nuestras traducciones modernas— la mansedumbre es una actitud que adoptamos hacia las cosas de Dios y las de otros que nos afectan. Es nuestra actitud hacia Dios en su trato con nosotras y nuestra actitud hacia los demás en sus relaciones con nosotras. Es una actitud interna del corazón. Eso es la mansedumbre.

Así que la humildad es como nos vemos a nosotras mismas, la mansedumbre es cómo vemos a Dios y a los demás en sus relaciones con nosotras— se trata de una actitud interna del corazón— y luego la tercera cualidad es la gentileza.

La gentileza tiene que ver con nuestro trato con los demás. La mansedumbre es nuestra actitud hacia los demás. La gentileza es la acción externa, la forma en que tratamos a las personas. Por lo tanto, si tú tienes un espíritu manso hacia las personas, los tratarás con gentileza. Nuestro trato hacia los demás se basa en cómo los vemos a ellos.

Así que la humildad es como nos vemos a nosotras mismas, la mansedumbre es nuestra actitud frente al trato de Dios y de los demás hacia nosotras, y la gentileza es la expresión externa de una actitud de mansedumbre. ¿Me hago entender?

Hay un montón de frases y términos que podríamos utilizar para describir a las personas mansas, y a veces eso nos ayuda a entender más acerca de lo que es la mansedumbre. Al leer esta última vez a través del libro de Matthew Henry, he hecho una lista de algunos de los términos, las frases, las palabras que él utiliza para describir a las personas mansas y luego algunos de los términos que utiliza para describir a las personas que no son mansas. Quiero leerles algunas de las palabras en esta lista. Creo que va a dar un mayor sentido de lo que estamos hablando cuando hablamos de la mansedumbre.

En primer lugar vamos a ver: la falta de mansedumbre. Les voy a leer algunas de las frases que aparecen en el libro de Matthew Henry, que describen la falta de mansedumbre:

Pasión exorbitante: Una persona que (ahora, ten en cuenta que esto fue escrito hace 300 años) se desenfrena ante la provocación; alguien que enloquece cuando es provocada.

Ira ingobernable: Alguien que está inflamado, alguien que se ofende, alguien cuyo corazón está ardiendo en su interior.

Habla acerca de la prisa y la premura, en oposición a alguien que es manso.

Y por supuesto, la ira es el espíritu tempestuoso, alguien que se irrita fácilmente.

La palabra contención o contencioso aparece mucho cuando piensas en la ausencia de mansedumbre.

Alguien que está inquieto, que es irritable, impetuoso, violento, apasionado, litigante— esa es una palabra que no usamos mucho, pero significa propenso a pleitos, y ¿no es tan cierto esto en nuestra cultura? Personas demandándose unos a otros, es una cultura caracterizada por las contiendas los litigios. Alguien que se apresura a demandar a los demás no es una persona mansa.

Él dice: «La persona que carece de mansedumbre juzga rápidamente a los demás»—es rápida para saltar a conclusiones, es rápida para criticar al otro.

Es también fácilmente perturbada; el ser turbulento como el mar atribulado corresponde a una persona que no es mansa.

Ahora te voy a dar la lista que escribí mientras leía el libro, que corresponden a las palabras que se relacionan con la mansedumbre, palabras que describen una persona que es humilde:

• Mantiene su paz

• Es servicial

• Tiene un espíritu apacible

• Es calmado

• Impasible

• Pacificadora

• Flexible

• Tiene una blanda respuesta

• Es dulce

• Pacífica

• Descansada

• Perdonadora

• Suave

• Ecuánime

• Tranquila

• Compuesta

• Tiene paz del alma

• Serena

• Tolerante

• Amable

• Callada

• Imperturbable

• Con dominio propio

•Templanza (Una persona que es mansa tiene un espíritu que ha sido amansado. Es capaz de gobernar su propio espíritu.)

• Es complaciente

• Con pasiones sometidas

• Sumisa

• Suave o receptiva

• Refrenada

• Pronta para oír, lenta para hablar

Una persona que frena su lengua es una persona mansa. Una persona que considera antes de emitir un juicio y antes de hablar. Piensa antes de hablar. Esta persona no deja escapar las cosas negativas o críticas que vienen a su mente. Primero considera y deja que Dios refrene y reprima su lengua.

Ahora, la mansedumbre fluye de la confianza de que Dios está en control, y por lo tanto, nosotras no lo tenemos que estarlo. Dios está en control. Es una confianza de que Dios está obrando en este mundo, cumpliendo Sus propósitos santos y eternos y, que Dios tiene la última palabra, y que va a corregir todos los males. Eso es lo que nos hace mansas. Es la confianza en el Señor.

No es que nos limitamos a decir: “Oh, voy a dejar que todos los que hacen el mal en el mundo me empujen y me atropellen”. No, es la confianza de que Dios está a cargo, que Él sabe lo que está haciendo; que Él está trabajando, que nosotras estamos trabajando en unión con Él, y que Él va a tener la última palabra. Él va a enderezar este mundo que está al revés. Él compondrá las cosas.

Otro diccionario bíblico dice,

Los humildes no resienten la adversidad porque aceptan todo como el efecto del propósito sabio y amoroso de Dios para ellos para que acepten también los daños de los hombres, sabiendo que éstos son permitidos por Dios para su bien.3

Un espíritu manso viene de centrar nuestras vidas en el poder de Dios, en Su soberanía en Sus propósitos eternos y maravillosos.

Ahora, la mansedumbre tiene aplicación en nuestra relación con Dios y en nuestras relaciones con los demás; lo afecta todo. Tener un espíritu manso afecta:

• La manera en que respondemos a las personas

• La forma en que respondemos ante las presiones

• La forma en que respondemos a los problemas

• La manera en que respondemos a la providencia de Dios a Sus elecciones para nuestras vidas.

• La forma en que respondemos cuando los hombres nos alaban o cuando nos ridiculizan.

• La forma en que respondemos a la pobreza o a la prosperidad

Nuestra respuesta a todo en la vida está determinada, en cierta medida, en si tenemos un espíritu de mansedumbre o no.

Por lo tanto, ¿Es esto algo que quieres perseguir? ¿Es esto algo que quieres obtener? Si eres una hija de Dios, seguramente que sí. Es posible que, como yo, digas: «Oh, lo echo a perder más veces de las que puedo manifestar mansedumbre.» Pero no querrás permanecer en ese estado de falta de mansedumbre. Una cosa es caer en una falta de mansedumbre, otra cosa es el amar estar allí.

Quieres ser mansa. Quieres tener el espíritu de Cristo. Quieres responder a las Si eres una hija de Dios, no te gusta cuando no estás siendo humilde. Dios habla a tu corazón.personas y a las circunstancias de manera mansa.

Así que, a medida que nos adentramos en esta serie, quiero animarlas a que su oración sea: Señor, quiero ser mansa. Quiero tener un espíritu de mansedumbre.

¿Quieres darle a Dios la libertad de mostrarte en qué áreas de tu vida no muestras mansedumbre? Ahora, Dios tiene la libertad de todos modos, pero le dirías: “Señor, quiero que me enseñes. Yo quiero que me hables por tu Espíritu acerca de las áreas en las que tal vez no me he dado cuenta de que no soy mansa. Por favor, muéstrame eso, y, Señor, concédeme el regalo del arrepentimiento. Cambia mi corazón. Cámbiame. Ayúdame a huir de la soberbia que no me deja ser mansa”.

Y pídele al Espíritu Santo, “Produce este fruto en mi vida”.

Es la vida de Jesús. Es el carácter de Jesús. Quiero más de Jesús y menos de mí.

Por lo tanto, en la medida que iniciamos esta serie y examinamos en los próximos días cómo luce la mansedumbre en nuestra relación con Dios, en nuestras relaciones con los demás, en nuestras respuestas ante las presiones, comenzamos diciendo: «Señor, te necesito. Quiero que me enseñes dónde no soy mansa. Yo quiero que me cambies, cambia mi corazón, concédeme arrepentimiento, y cámbiame a la imagen de Cristo. Hazme una mujer de Dios de espíritu manso. Y, Señor, esa es nuestra oración, y lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando lo atractivo que es tener un espíritu manso. Ese mensaje es parte de la serie, “La hermosura de la mansedumbre”.

En ANC recibimos correspondencias y testimonios continuamente de la obra de Dios en la vida de nuestras oyentes. Recientemente, nos escribió Aura. Ella había estado haciendo el reto de 30 días para las esposas que encontró en nuestra página de Internet de AvivaNuestrosCorazones.com Ella nos dice:

«Justo ayer empecé el reto y de forma casi inmediata empecé a ver como Dios obraba en mi matrimonio, o mejor dicho como lo sigue haciendo y el impacto que esto trae en mi esposo. Estoy muy agradecida con Dios por haber usado a una de mis amigas como instrumento para llegar hasta esta página, en donde he encontrado los materiales necesarios para seguir adelante, renovada y muy motivada en mi matrimonio que desde hace un tiempo viene pasando por muchas tormentas, pero estoy confiada en mi Dios que todo va a estar bien, pues Él tiene un plan para conmigo y yo deseo honrarlo. ¡Bendiciones para todas y muchas gracias a Aviva Nuestros Corazones por tan maravilloso trabajo! Que Dios todopoderoso siga derramando sus bendiciones en todas ustedes

Gracias Aura, por escribirnos y es nuestro deseo que muchas mujeres alrededor del mundo encuentren aliento y esperanza al escuchar nuestros programas y utilizar nuestros recursos.

Si Aviva Nuestros Corazones se ha convertido en una parte importante de tu vida, si te ha ministrado, animado, te está alimentando espiritualmente, ¿por qué no nos escribes y nos cuentas cómo ha usado Dios este ministerio en tu vida? Escríbenos a info@avivanuestroscorazones.com.

Y al visitar nuestra página, no dejes de informarte acerca de nuestra primera conferencia Mujer Verdadera para América Latina. Esta se estará celebrando en Santo Domingo, República Dominicana los días 26, 27 y 28 de febrero del próximo año. Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Al tener un corazón manso, te vas a quejar mucho menos. Nancy explicará por qué, mañana. Por favor, únete de nuevo, a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1Youngblood, R. F., Bruce, F. F., Harrison, R. K., & Thomas Nelson Publishers. (1995). Nelson’s New Illustrated Bible Dictionary. Rev. ed. of: Nelson’s Illustrated Bible Dictionary.; Includes index. Nashville: T. Nelson.

2Easton, M. (1996, c1897). Easton’s Bible Dictionary. Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc.

3Wood, D. R. W. (1996, c1982, c1962). New Bible Dictionary (747). InterVarsity Press.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El Evangelio es poder de Dios

Miércoles 6 Mayo

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

Romanos 1:16

Nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre.

1 Tesalonicenses 1:5

El Evangelio es poder de Dios

A lo largo del Antiguo Testamento descubrimos que Dios actuó en la historia de su pueblo. Muchas personas creyeron en Dios y fueron liberadas de sus pecados. Eran salvas, no debido a sus obras, sino por la fe en las promesas de Dios. Más tarde el Nuevo Testamento nos muestra sobre qué fundamento Dios pudo perdonar a los creyentes: el sacrificio de Cristo en la cruz. El Evangelio tiene un alcance universal, es ofrecido a todos y todos pueden aceptarlo.

Jesús tuvo que sufrir una muerte vergonzosa para salvarnos; tuvo que morir como un malhechor. En la cruz sufrió el castigo que exigía la justicia divina frente al pecado del hombre. El hecho de que Dios lo resucitase demuestra que esa justicia divina fue enteramente satisfecha.

La muerte y la resurrección de Jesús, ocurridas hace dos mil años, ¿cómo pueden cambiar hoy nuestra vida? Esto es posible porque Jesús aceptó ser condenado por Dios, juez de todos, en nuestro lugar. ¡Dios es justo salvando a los que creen en el sacrificio de Jesús!

El Evangelio no es, pues, una enseñanza intelectual que podríamos aprender y practicar para beneficiarnos de ella. Es el poder de Dios que salva y cambia la vida de todo el que cree. Este poder nos lleva a dejar de lado (como muerta) nuestra antigua manera de vivir, y nos hace nacer a una vida nueva, la vida de Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Señor.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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