Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate, porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás.
En numerosas partes del mundo existe una costumbre social llamada “potlatch”, y derivada de un término chinook que significa “regalar”. Se trata de un sistema de intercambio de regalos en el que cada uno debe dar un regalo por lo menos equivalente al que recibió, para no quedar mal. Esta costumbre podría parecer extraña en nuestras culturas cristianizadas, si no analizamos algunas de las nuestras. Por ejemplo, como norma de cortesía no llegamos con las manos vacías cuando alguien nos invita; hay que devolver una invitación; el intercambio de regalos es una costumbre de fin de año; un servicio llama a otro servicio… En resumen, si nos dan un regalo, hay que devolver otro.
Pero con Dios no sucede lo mismo: él nos dio a su propio Hijo, ¿qué podríamos darle a cambio? Debemos aceptar sencillamente su regalo, pues ofreciéndole otro mostraríamos que no apreciamos ese don supremo en su justo valor. Aceptar su regalo también significa aceptar lo que somos ante él, es decir, pecadores. Para expiar nuestros pecados fue necesario que el Hijo de Dios diese su vida, ¡regalo inmenso pero necesario! De ninguna manera podremos comprar ni pagar nuestra salvación a través de una vida piadosa, obedeciendo principios morales, respetando la sociedad y a los demás. El regalo de Dios es gratuito, no es un crédito que debamos reembolsar. ¡Aceptémoslo simplemente! ¿Qué podemos darle a cambio? Simplemente nuestro agradecimiento, que se manifiesta viviendo de una manera que le agrade.
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.
Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.
Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.
Vivimos en un mundo en el que tenemos tantos avances tecnológicos, tantas cosas a nuestra disposición para hacernos la vida más sencilla, desde microondas y limpiadores de platos hasta celulares y Siri. Sin embargo, en medio de todas estas cosas que existen para hacer nuestras vidas más fáciles y simples, todavía parece que nuestras vidas son sumamente complicadas. Muchas personas están estresadas, confundidas y llenas de ansiedad. Los centros de ayuda psicológica se han vuelto tan prolíficos como las cafeterías, y la mayoría de los pastores admitirán que hay más personas en la iglesia que necesitan ayuda consejería que recursos adecuados para ellos. Vivimos en un mundo en el que abunda la ansiedad. Pero como cristianos, podemos acudir a la Biblia para hallar la solución de Dios a la ansiedad: enfocarnos en Cristo y en la esperanza que tenemos en Él. Para ello, leemos aquí Romanos 8:18-30 como el texto principal para que nos sirva de aliento.
Las pruebas y los desafíos que resistimos no son nuevos en muchos sentidos. «No hay nada nuevo bajo el sol», incluida la ansiedad (Ec 1:9). En muchos sentidos, la iglesia del primer siglo era una iglesia bajo una presión extrema. Los poderes políticos de la época eran todo menos amistosos hacia el cristianismo. El emperador Nerón es conocido por su violento desdén hacia la iglesia. Su persecución hacia los cristianos fue extrema, ya que se apoderó de sus propiedades y torturó sus cuerpos. Son bien conocidas sus degradadas «fiestas en el jardín» en las que utilizaba a los cristianos como antorchas humanas para entretener a sus invitados paganos. Los cristianos en Roma vivían bajo la amenaza diaria de la muerte y experimentaban una marginación social diferente a todo lo que la mayoría de nosotros hemos conocido. Si la ansiedad es la reacción natural de la mente al estrés, la iglesia en Roma tenía muchas razones para tener ansiedad.
Pablo escribió el libro de Romanos a fin de consolar y animar a una iglesia bajo ataque, para que pudieran personificar la gracia bajo presión. La iglesia en Roma estaba comprensiblemente perpleja. Se habían encomendado a Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores. Sin embargo, su lealtad a Jesús les había traído todo menos paz y tranquilidad terrenales. En muchos aspectos, su estatus social y ventaja material había sido mejor antes de que se identificaran con Jesús y Su iglesia. Ahora, eran extraños y extranjeros en su propia tierra, presenciando visiblemente todo el peso de la hostilidad de Satanás hacia la iglesia. Nerón no era más que un títere movido por hilos satánicos, trayendo violencia y destrucción a la iglesia. Los cristianos sintieron el aguijón de la mordedura serpentina de Nerón y fueron tentados a sentir ansiedad y desesperanza. ¿Dónde estaban Jesús y Su reino? ¿Dónde estaba la paz que habían esperado? ¿Qué sería de sus hogares, trabajos y familias?
Es complicado pintar este cuadro sin ver al menos alguna similitud entre nuestros días y los de la Roma del primer siglo. Puede que no experimentemos todo el peso de la persecución que la iglesia padeció en aquellos días, pero tampoco estamos protegidos de las realidades del mal. Sabemos que identificarnos con Cristo puede ser costoso. Conocemos la oposición social y el distanciamiento. Sabemos que las astillas de la cruz pueden ser dolorosas, incluso si palidecen en comparación con el peso de la cruz de nuestro Salvador. También conocemos la tentación a sentir ansiedad y desesperación. Vemos tormentas avecinándose en el mundo que nos rodea y la disposición de muchos en la iglesia de transigir su voz en lugar de defender la verdad. Los lobos rodean el rebaño y las ovejas guardan silencio.
Es en este contexto pastoral que Pablo pronunció palabras de aliento. Lo que los cristianos romanos necesitaban escuchar no eran trivialidades o promesas vacías de «tu mejor vida ahora». Lo que necesitaban era que su mirada ansiosa fuera quitada de las cosas de este mundo y sus dioses falsos, y puesta en Cristo y la esperanza segura del cielo que le pertenece a los que son de Él. Esto es exactamente lo que hace Pablo en Romanos 8:18-30. Él comienza mostrándole a la iglesia que las pruebas y tribulaciones que soportamos son endémicas de este presente siglo malo. Comenzaron justo después de la creación cuando las cosas muy buenas que Dios había creado fueron inmediatamente sujetas a la vanidad y la frustración como resultado del pecado. Desde el momento en que Adán pecó contra Dios, una nube oscura y amenazante comenzó a proyectar su sombra sobre toda la creación. No solo la humanidad, sino la creación misma fue dañada debido a la entrada del pecado en el mundo. La creación comenzó a anhelar aquel día en que la maldición se revertiría y las cicatrices del pecado finalmente desaparecerían, cuando la muerte se convertiría en algo del pasado y la vida estaría caracterizada por la belleza, la pureza y la paz. Según Pablo en Romanos 8, la creación anhela el día escatológico de la nueva creación, cuando de una vez por todas las cosas serán tan hermosas y pacíficas en la tierra como lo son en el cielo.
Lamentablemente, la mayoría de los cristianos piensan en la escatología (si es que piensan sobre ello) de manera demasiado sensacionalista. Nos enfocamos en preguntas como qué sucederá exactamente justo antes del final, quién podría ser el anticristo y si habrá un rapto secreto de la iglesia. Tales temas han demostrado ser una distracción del interés escatológico real de la Biblia, que es la presencia «ya y todavía no» del reino de Cristo. Jesús ya es Rey, y Su reino ha venido como resultado de Su vida, muerte y resurrección. El Espíritu, según Pablo, es una garantía de lo que es nuestro en Cristo. Las primicias del reino de Dios ya están presentes, aunque la plenitud de ese reino aún está por venir.
Pero es la tensión de la naturaleza del «ya y todavía no» del reino de Cristo lo que crea tanta dificultad para nosotros. Esperamos el «todavía no» ahora —esperamos el cielo en la tierra— y cuando nos vemos obligados a vivir con paciencia y perseverancia, a menudo nos preocupamos y nos inquietamos. Esperamos la corona de gloria ahora y nuestra fe se descarrila con demasiada facilidad cuando Dios pone sobre nosotros la cruz del sufrimiento. Como dijo Martín Lutero, hemos pasado mucho más tiempo cultivando nuestra teología de la gloria que nuestra teología de la cruz. Este no fue un problema exclusivo del primer siglo. Nuestras comodidades modernas nos han entrenado para esperar resultados inmediatos en casi un abrir y cerrar de ojos. Por tanto, aprender a vivir pacientemente entre el «ya» del reino de Cristo y el «todavía no» de su consumación escatológica puede resultar difícil. Pablo amablemente dirige la atención de la iglesia de regreso a la creación (que ha estado aguardando pacientemente durante bastante tiempo), pero también dirige nuestros ojos hacia la nueva creación cuando dice: «Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Rom 8:18). Lo que soportamos ahora palidece tanto en comparación con lo que se revelará a nosotros más adelante, que Pablo dice que lo anterior ni siquiera es digno de ser comparado con lo postrero.
Los cristianos son una paradoja cronológica. Vivimos en la tierra pero pertenecemos al cielo. Nuestras vidas se desarrollan en esta era, pero en última instancia, están definidas por la era venidera. Nuestro Rey está con nosotros y, sin embargo, viene a nosotros. Dios no es simplemente nuestro compañero de viaje; Él es también nuestro destino. Ya estamos en Cristo pero aún no somos lo que seremos plenamente en Él cuando estemos con Él en el cielo. Es posible que estas verdades no se entiendan fácilmente, pero están en el centro de lo que significa ser cristiano —estar en Cristo— y tener a Cristo en nosotros.
Esto nos lleva a Romanos 8:28-30, que en muchos sentidos es el crescendo de consuelo de Pablo. Se podrían decir muchas cosas sobre esta sección, pero nos enfocaremos en una sola: la conformidad a la imagen de Cristo. Pablo termina esta edificante sección dirigiendo la atención de la iglesia al gran «bien» que Dios continúa haciendo, incluso en este presente siglo malo, que consiste en conformar a aquellos a quienes Él ama (la iglesia) a la imagen de Cristo. Los sufrimientos que soportamos en este presente siglo malo son una herramienta que Dios usa para moldearnos a la imagen de Cristo. No están fuera de Su cuidado providencial; ni tampoco son caprichosos. Más bien, incluso las cosas difíciles que soportamos tienen un buen objetivo: nos conforman a la imagen de Cristo.
Quiénes somos en Cristo informa nuestra respuesta a las pruebas y adversidades. En lugar de llevarnos a la ansiedad o desesperanza, las pruebas deben recordarnos que el cielo será mejor, que Cristo es suficiente y que estas aflicciones leves y momentáneas que soportamos ahora son incomparables con el eterno peso de gloria que nos aguarda con Cristo en el cielo. Por lo tanto, no nos preocupamos; no tememos; no tenemos necesidad de estar ansiosos. Como nos recuerda el himno Castillo Fuerte: «Nos pueden despojar, de bienes, nombre, hogar. El cuerpo destruir, mas siempre ha de existir de Dios el reino eterno».
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Eric B. Watkins El Dr. Eric B. Watkins es el pastor principal de Covenant Presbyterian Church (OPC) en St. Augustine, Florida, y autor de The Drama of Preaching [El drama de la predicación].
LIDIANDO CON LAS TENTACIONES SEXUALES EN MI MATRIMONIO
Marcos Peña – José Agüero
LIDIANDO CON LAS TENTACIONES SEXUALES EN MI MATRIMONIO. «Hombres de Verdad» es un programa basado en lo que la biblia enseña acerca del papel que debe desempeñar el hombre en las diferentes esferas de la vida. Nos vemos todos los lunes a las 5:00 PM con un episodio nuevo.
Una producción de Radio Eternidad.
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Si desea hacerlo comuníquese con nosotros vía correo: radioeternidadmedia@gmail.com
¿Se ha desilusionado en cuanto a la oración? Tal vez ha estado pidiendo, buscando y llamando con persistencia, pero Dios no ha respondido su petición. De ser así es posible que se pregunte por qué tantos cristianos hablan del poder de la oración cuando esta parece ineficaz en su vida.
Los versículos 9 al 11 del pasaje de hoy nos ayudan a comprender el panorama general. Cristo compara a los padres terrenales con el Padre celestial. Señala que un padre humano, que es imperfecto y limitado, puede dar cosas buenas a sus hijos. Entonces, es lógico que el Padre celestial, quien es todopoderoso y omnisciente, dé lo que es beneficioso para sus hijos.
A veces, sin embargo, somos como niños espirituales. En nuestro entendimiento limitado, no nos damos cuenta de que nuestras peticiones no siempre son lo que Dios considera mejor para nosotros. La oración es poderosa cuando le pedimos lo que le agrada según su perfecta voluntad (1 Jn 5.14, 15).
Lo maravilloso es que Dios usa las oraciones de su pueblo para lograr sus planes. Él pudiera lograrlos sin nosotros, pero la oración nos enseña humildad, dependencia, sumisión y confianza. La intimidad con Dios se logra cuando venimos a Él con alabanza, gratitud, confesión y peticiones. El beneficio de la oración no es que podamos recibir algo, sino que podamos relacionarnos con Aquel que suple para nuestras necesidades.
Martes 10 Mayo (Jesús dijo a María:) No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Juan 20:17 Ella vio al Señor Pasaje del Evangelio (Juan 20:11-16) “María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron:
– Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo:
– Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
Jesús le dijo:
– Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:
– Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo:
– ¡María! Volviéndose ella, le dijo:
– ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro)”.
La primera persona que fue al sepulcro esa gloriosa mañana de la resurrección fue María Magdalena, esa mujer de la cual el Señor había echado siete demonios (Marcos 16:9). Pero la piedra del sepulcro ya estaba quitada. María anhelaba tanto volver a ver a su amado Señor (v. 13), que Jesús no pudo dejar semejante afecto sin respuesta. ¡Y ella recibió mucho más de lo que esperaba! Fue un Salvador vivo el que se acercó a ella, la llamó por su nombre y le encargó la misión de anunciar a sus “hermanos” que la cruz, lejos de haberlo separado de ellos, era la base de vínculos completamente nuevos e inestimables: su Padre llegó a ser nuestro Padre, y su Dios, nuestro Dios.
ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVÉS DE DÉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY. ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEÑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVÉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.
LAS 13 LECCIONES TRATARÁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:
1- INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA 2- CÓMO CONOCER LA BIBLIA 3- DIOS: SU CARÁCTER Y ATRIBUTOS 4- LA PERSONA DE JESUCRISTO 5- LA OBRA DE CRISTO 6- LA SALVACIÓN 7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO 8- LA ORACIÓN Y EL CREYENTE 9- LA IGLESIA: COMUNIÓN Y ADORACIÓN 10- LOS DONES ESPIRITUALES 11- LA EVANGELIZACIÓN Y EL CREYENTE 12- LA OBEDIENCIA 13- LA VOLUNTAD Y LA GUÍA DE DIOS
Claro, el poder detrás de este currículum no está en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual está basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.
Confío en que esto lo beneficiará a usted y a su iglesia de la misma manera. John MacArthur Pastor-Maestro Grace Community Church
Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guía del líder): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
¿Cuál es el modelo bíblico del liderazgo de la iglesia?
Hay un modelo distinto para el liderazgo de la iglesia en el Nuevo Testamento, aunque este modelo pareciera que se asume en lugar de ser recomendado específicamente. El Nuevo Testamento menciona dos posiciones oficiales en la iglesia: diáconos y ancianos (también llamados pastores o supervisores).
Las palabras anciano (a veces traducido «presbítero»), pastor (que puede ser traducido como «pastor») y supervisor (a veces traducido como «obispo») se usan indistintamente en el Nuevo Testamento. Aunque estos términos con frecuencia significan cosas diferentes entre las diversas iglesias de hoy en día, el Nuevo Testamento al parecer indica un oficio, que fue ocupado por varios hombres piadosos dentro de cada iglesia. Los siguientes versículos ilustran cómo los términos se cruzan y se usan indistintamente:
En Hechos 20:17-35, Pablo está hablando a los líderes de la iglesia de Éfeso. Se les llama «ancianos» en el versículo 17. Luego en el versículo 28 dice, «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor». Aquí los ancianos son llamados «obispos» y sus deberes pastorales están implícitos ya que a la iglesia se le llama «rebaño».
En Tito 1:5-9, Pablo da las calificaciones de los ancianos (versículo 5) y dice que estas calificaciones son necesarias porque «es necesario que el obispo sea irreprensible» (versículo 7). En 1 Timoteo 3:1-7, Pablo da las calificaciones para los obispos, que son esencialmente las mismas que las calificaciones para los ancianos en Tito. En 1 Pedro 5:1-4, Pedro les dice a los ancianos que «pastoreen el rebaño de Dios». De estos pasajes, vemos que el oficio de anciano/pastor/supervisor-obispo es uno. Aquellos que ocupan este cargo deben dirigir, enseñar y cuidar la iglesia de la misma manera que un pastor.
Además, vemos que cada iglesia tiene ancianos (plural). Se supone que los ancianos deben gobernar y enseñar (1 Timoteo 5:17). El modelo bíblico es que un grupo de hombres (y los ancianos siempre son hombres) es responsable del liderazgo espiritual y el ministerio de la iglesia. No se menciona una iglesia que tenga un solo anciano/pastor que esté a cargo de todo, ni tampoco se menciona el gobierno congregacional (aunque la congregación juega un papel).
Aunque los ancianos son responsables de enseñar y dirigir el rebaño, aún queda mucho por hacer a nivel físico. El oficio del diácono se enfoca en las necesidades materiales de la iglesia. En Hechos 6, la iglesia de Jerusalén satisfacía las necesidades materiales de muchas personas de la iglesia por medio de la distribución de alimentos. Algunas de las viudas acudieron a los apóstoles porque no recibían lo que necesitaban. Los apóstoles respondieron: «No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas» (Hechos 6:2). Para aliviar a los apóstoles, se le dijo al pueblo «Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Pero nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra» (versículos Hechos 6:3-4). Aunque los hombres escogidos aquí no se llaman diáconos, la mayoría de los eruditos bíblicos los ven como los primeros diáconos, o al menos como un prototipo del cargo. La palabra diácono simplemente significa «siervo». Los diáconos son nombrados oficiales de la iglesia que atienden las necesidades más físicas de la iglesia, aliviando a los ancianos para atender un ministerio más espiritual. Los diáconos deben estar espiritualmente preparados, y las cualidades de los diáconos se dan en 1 Timoteo 3:8-13.
En resumen, los ancianos dirigen y los diáconos sirven. Estas categorías no son mutuamente excluyentes. Los ancianos sirven a su pueblo dirigiendo, enseñando, orando, aconsejando, etc.; y los diáconos pueden dirigir a otros en el servicio. De hecho, los diáconos pueden ser los líderes de los equipos de servicio dentro de la iglesia. Sin embargo, existe una distinción básica entre los responsables del liderazgo espiritual de la iglesia y los responsables del servicio.
Entonces, ¿dónde encaja la congregación en el modelo de liderazgo de la iglesia? En Hechos 6, fue la congregación la que eligió a los diáconos; por lo tanto, muchas iglesias de hoy harán que la congregación designe y ratifique a los diáconos de la iglesia. Y, por supuesto, los miembros de la congregación serán los principales ministros y evangelistas que alcancen a un mundo perdido. La idea de que la congregación contrate ministros profesionales para hacer el trabajo de la iglesia no es bíblica.
Puede haber algunas variaciones locales en el liderazgo de la iglesia porque esto es sólo un modelo básico; cada detalle no está descrito en las Escrituras. El modelo básico que se encuentra en el Nuevo Testamento es que toda iglesia debe tener una pluralidad de ancianos piadosos (hombres) que sean responsables de dirigir y enseñar a la iglesia y diáconos piadosos que sean responsables de facilitar los aspectos materiales del ministerio de la iglesia. Una pluralidad de ancianos protege a la iglesia de las debilidades y posibles excesos que un solo anciano podría ocasionar. Mientras se siga este modelo básico, la iglesia funciona según el modelo bíblico. Tener un único pastor que controle la iglesia no es el modelo bíblico, y tampoco lo es un acuerdo en el que el pastor trabaje para los diáconos que realmente dirigen la iglesia. La congregación debe seguir la dirección de los pastores que siguen a Cristo. En su sabiduría, los ancianos pueden pedir la aprobación de la congregación para decisiones importantes, pero la congregación no debe ser la autoridad final. La responsabilidad recae en los ancianos/pastores/supervisores, los cuales responden a Cristo.