CUANDO DIOS CONSUELA UN LIDER | 2 Corintios 1:3-11

IACC

SERIE: LIDERAZGO AL ESTILO DE JESÚS

CUANDO DIOS CONSUELA UN LIDER | 2 Corintios 1:3-11

Ps.Nelson Quintero

«Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor a Jesús.» – 2 Corintios 4:5

Venga tu reino – Lección 5

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión

Venga tu reino – Lección 5

¡Llegamos a nuestra quinta semana! Que maravilloso ha sido caminar juntas a través de las escrituras. Hoy continuamos con nuestro estudio bíblico de Elisabet.

El pecado de Adán y Eva tomó la creacion perfecta de Dios y la rompió hasta lo más profundo. Nuestros corazones están rotos, plagados de pecado. Nuestras relaciones están rotas, infectadas con orgullo y egoísmo. Nuestro planeta está roto, gimiendo bajo el peso del pecado y la muerte. Y como resultado, cada una de nosotras debe lidiar con el profundo anhelo de la redención.

Tanto Elisabet como nosotras vivimos en una cultura desesperadamente necesitada de la verdadera esperanza. Ella era parte de una cultura judía que había estado buscando un salvador durante generaciones.

La semana pasada vimos consejos prácticos de cómo poder servir a los demás, de cómo ser un canal de bendición para otras y hablamos de nuestras motivaciones en el servicio. Hoy comenzaremos viendo que la desilusión entró en el mundo mucho antes de que Elisabet tuviera que enfrentar sus anhelos insatisfechos de tener un hijo, y existe entre nosotras mucho después de que su historia se registrará en el libro de Lucas. Pero cuando vemos la vida de Elisabet podemos seguir su ejemplo compartiendo el evangelio y declarando la esperanza a un mundo desilusionado.

Frases para meditar:
«Una de las cosas que amo acerca del Señor es que Él siempre escribe el capítulo final; y Él conoce ese capítulo final mucho antes de que nosotros podamos conocerlo.»

«Elisabet espero por años convertirse en madre. Ella enfrentó la infertilidad mes tras mes. Y cuando parecía haber perdido toda esperanza, Dios intervino de una manera sobrenatural, trayendo fin a toda su desilusión en una forma extraordinaria.»

«Cuando Elisabet cruzó su mirada con la mirada de la madre de Jesús, María, ella comprendió cuál era el final que más importaba. Sus más profundos anhelos serian satisfechos. ¡Cristo estaba en camino!»

«Igual que los anhelos de Elisabet se desvanecieron con las noticias de que Jesús iba a nacer pronto, nosotras podemos aferrarnos a esa esperanza, porque gracias a Jesús, nuestras historias tienen un final maravilloso.»

Profundiza más:
¿Cómo el servir a otros, el alabar a Dios y el memorizar Su Palabra nos ayuda con nuestras desilusiones?
¿Cómo te consuela saber que Dios tiene un plan y que Él está escribiendo un final notable para la historia de tu vida?

Recuerda:
Mis amadas la historia de Elisabet es un recordatorio de que podemos enfrentar la desilusión con gracia debido a la esperanza que tenemos en Cristo. Nuestras historias pueden ser una continuación de su canción, mientras nos recordamos mutuamente que debemos mirar más allá de nuestros deseos no cumplidos hacia Aquel que, en última instancia, satisfará cada anhelo.

Conocer y ser conocidos

Conocer y ser conocidos
¿Cómo describiría usted su relación con Dios? ¿Lo siente cerca?

Si usted ha tenido algún amigo que llamaba o pasaba por su casa solo para pedirle algo y no se acercaba para ofrecerle ayuda o saber de usted, es probable que esa amistad no haya durado mucho. ¿Por qué? Porque allí no había cercanía, no había una relación verdadera.

Podríamos desaprobar tal egoísmo; sin embargo, es muy fácil tratar a Dios de la misma manera. Incluso los creyentes podemos llegar a buscarlo solo cuando nos hace falta algo o nos va mal. Pero buscar a Cristo no se trata de satisfacer nuestras necesidades. Se trata de experimentar una relación personal con el Señor, el “amigo más unido que un hermano” (Pr 18.24).

Cristo les dijo a sus discípulos que ya no eran esclavos sino amigos (Jn 15.14-16), y esa misma promesa es cierta para nosotros hoy. Podemos hablar con nuestro mejor amigo, Dios mismo, en cualquier momento y por cualquier motivo. Él anhela escuchar a sus hijos, y que lo busquemos con amor.

PIENSE EN ESTO

¿Cómo describiría usted su relación con Dios? ¿Lo siente cerca? Tómese el tiempo esta semana para comenzar a hablar con el Señor de una manera más personal para crear o fortalecer ese vínculo.
Biblia en un año: 1 Crónicas 1-3

¡Quiero disfrutar de la vida!

Domingo 1 Mayo
Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos… y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.
Eclesiastés 2:11
Cristo… por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
2 Corintios 5:14-15
¡Quiero disfrutar de la vida!
Hay personas privilegiadas que se preocupan mucho por aumentar sus riquezas. La sociedad de consumo en la que viven las incita a querer cada vez más. ¡Piensan que nunca tienen lo suficiente para ser felices, y que siempre les falta algo! ¿Así se disfruta de la vida? En el momento de morir, ¿qué importancia tendrán mis bienes y todos los placeres que haya experimentado en la tierra? “En toda cosa hay que considerar el fin”, escribió un poeta francés.

La verdadera felicidad solo existe en la medida en que cada uno vive en armonía con Dios, su Creador. Para el creyente no se trata de “disfrutar la vida” haciendo lo que le place, sino más bien escuchando y haciendo lo que agrada a Dios, lo que él dice en su Palabra, y así recibir sus bendiciones. Disfrutar de la vida que Dios me da implica primero tener un encuentro con Jesucristo como Salvador y Señor. Por medio de él puedo conocer a Dios como mi Padre celestial; entonces mi felicidad consiste en conducirme de una manera digna del Señor, cumpliendo las buenas obras que Dios preparó de antemano para mí (Efesios 2:10).

¿Cree usted en el Hijo de Dios, quien murió y resucitó para darnos la verdadera felicidad, la vida eterna? Si todavía no tiene esta seguridad, acepte sin tardar ese regalo de Dios. Entonces podrá disfrutar realmente de la vida de hijo de Dios, y las “abundantes riquezas de su gracia” (Efesios 2:7).

Isaías 44 – Marcos 5:21-43 – Salmo 50:16-23 – Proverbios 14:25-26

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