¿Cómo se debe guiar a un niño hacia la conversión a Cristo?

La formación espiritual del niño

Betty S. de Constance

Parte 2

Reflexiones sobre la evangelización de los niños

Capítulo 8

¿Cómo se debe guiar a un niño hacia la conversión a Cristo?

a1Quizás el privilegio más grande que puede tener un maestro de la Biblia es el de guiar a un niño a aceptar a Cristo como su Salvador personal. Hay quienes han dudado si el niño tiene la capacidad de tomar esta decisión tan trascendental. Sin embargo, hay abundantes pruebas que hacen imposible dudar de que el niño pueda abrir su vida al amor de Dios, sentir su perdón y experimentar su ayuda en sus luchas diarias. El dilema del maestro es cómo explicarle al niño los pasos para llegar a esta experiencia tan singular, sin causarle confusiones o distorsiones.

Observaciones generales

Al tratar este importante tema, quiero hacer algunas observaciones generales.

Primero, debemos recordar siempre que el que “convierte” al niño no es el maestro sino el Espíritu Santo. La conversión genuina es algo que sólo Dios produce. Si el Espíritu no estimula la mente y la voluntad del niño, ese niño no se convertirá.

Segundo, no hay una sola fórmula para la conversión. Existe una inmensa variedad de caminos a través de los cuales las personas llegan a Dios y nunca se debe reducir este proceso a una sola fórmula que pueda aplicarse a toda persona. La individualidad del niño es tan absoluta como la del adulto y no debiera ser sometida a esquemas supuestamente aplicables a todos.

Tercero, muchos niños han experimentado una verdadera conversión aun cuando se usó con ellos una terminología simbólica y confusa y sin que ellos hayan entendido doctrinas que algunos llamarían fundamentales para la conversión. La gracia de Dios es más grande que los métodos humanos.

Cuarto, la respuesta del niño con relación a la decisión de aceptar a Cristo casi siempre será condicionada por lo que se le ha enseñado antes. Por eso, el niño de un hogar cristiano y con el hábito de asistir a la iglesia entenderá más que el niño que no ha tenido ninguna orientación ni estímulo espiritual. Entran también en esto factores de madurez y experiencia, elementos que son particulares de cada niño.

Limitaciones de vocabulario y experiencia

La persona que trabaja con los niños en el contexto de la formación espiritual debe entender ciertos factores que afectan la manera en que se le explica al niño cómo aceptar a Cristo como su Salvador.

Uno de esos factores tiene que ver con las limitaciones de vocabulario y experiencia que tiene el niño. Dado sus pocos años de vida, el niño no ha desarrollado un vocabulario extenso ni mucho menos goza de variadas experiencias de vida. En comparación con el adulto, el niño está mucho más limitado. Por ejemplo, investigaciones sobre el desarrollo intelectual del niño muestran que no tiene la capacidad de entender abstracciones ni simbolismos hasta después de los diez o doce años de edad.

Dos ejemplos ayudan para ilustrar esto. Un niño de cuatro años le preguntó a la madre:

—Mamá, si Jesús vive en mi corazón, ¿qué hace todo el día? ¿Duerme?

En otra ocasión, una niña de seis años se mostraba fascinada con el corazoncito que la madre había extraído de un pollo que preparaba para la comida. Cuando la madre le preguntó qué miraba, la niña respondió:

—Estoy buscando para ver si Jesús está allí.

Estos niños no estaban tratando de ser graciosos. Estaban tratando de entender y clasificar información que no entraba en las estructuras cognoscitivas de personas de su edad. Como el niño generalmente no admite su confusión, ni expresa las muchas ideas distorsionadas en su mente, vive con un sinfín de preguntas no contestadas. Además, el niño rápidamente aprende que no debe hacer preguntas ni admitir su confusión porque cuando lo hace, los adultos se ríen o se burlan de él. Muchos adultos con trasfondo religioso recuerdan esa clase de confusión en su niñez.

Es importante que el maestro de niños reconozca estas limitaciones y acomode su vocabulario para hacer claro el plan de salvación.

Sensibilidad emocional

Otro elemento que afecta al niño en su respuesta al plan de salvación es su sensibilidad emocional. Cuando enfatizamos en forma exagerada el sufrimiento de Cristo, o los horrores del infierno, o la tragedia de no ir al cielo cuando Cristo vuelva, estamos maltratando los sentimientos de los niños. Los niños son tan literales que en su mente exageran estos conceptos y generalmente reaccionan con temor. Muchos adultos llevan el recuerdo de temores que les fueron infundados en su niñez por enseñanzas impartidas incorrectamente por alguna autoridad espiritual. Un hombre adulto recuerda cómo, siendo niño, el maestro de escuela dominical les había enseñado que Jesús iba a volver en cualquier momento e iba a llevarse únicamente a los niños que se portaban bien. Varias noches después, repentinamente el niño se despertó y no escuchó ningún ruido en la casa ni la conversación de los padres. Cuando se levantó para investigar, descubrió que las luces estaban prendidas y también el televisor, pero en mudo. Pero los padres no estaban en ninguna parte de la casa. Aterrado, el niño volvió a su pieza y sollozando se tiró sobre la cama creyendo que Jesús había llevado a los padres al cielo y lo había dejado a él. Resulta que los padres habían salido uno minutos para visitar a los vecinos y volvieron dentro de un rato. El niño nunca contó a sus padres lo que había sentido, pero la experiencia angustiante había quedado grabada en la mente. El maestro siempre debe tener presente que el niño puede tener reacciones inesperadas porque interpreta alguna verdad bíblica desde su perspectiva limitada y literal.

La presentación del plan de salvación al niño

Es importante saber las pautas que pueden ayudar al maestro a guiar a un niño a la experiencia de salvación en Cristo. Antes de saber cuáles son, el maestro debe hacerse el compromiso de orar regularmente pidiendo que el Señor le haga sensible a las inquietudes espirituales de sus alumnos. Luego, el maestro debe memorizar los pasos básicos del plan de salvación (ver abajo) para estar preparado cuando este aspecto aparece en el desarrollo de la lección o cuando surja en forma espontánea por alguna pregunta del alumno. El maestro también debe buscar oportunidades para hablar individualmente con sus alumnos dando lugar a cuando ellos quieran o necesiten recibir ayuda espiritual. Por ejemplo, un niño triste necesita la ayuda del maestro para dar forma y expresión a lo que está sintiendo. Su tristeza es el elemento más visible de su necesidad espiritual. Sería irresponsable ignorar su tristeza en el afán de lograr una “decisión” por Cristo, porque su necesidad primordial es ser comprendido y ayudado en su dolor. Es mi opinión que el maestro debe usar mucho discernimiento en cuanto al momento y la forma de pedir una decisión por Cristo. Yo creo que no es aconsejable pedir a un niño tomar una decisión estando él frente a un grupo de sus compañeros, porque eso es como señalarlo como más pecador y el hecho de verse expuestos ante ellos le hace pasar mucha vergüenza. Tampoco se debe señalar al niño nuevo o a alguno que todavía no haya hecho la decisión, como para obligarlo a hacerlo. A mi criterio, la mejor forma de guiar al niño en esta decisión es haciéndolo individualmente. Esto no quita que se pueden presentar ciertas ocasiones cuando se hace una invitación general a toda la clase, pero el maestro igual puede tratar con ellos en forma individual.

Los pasos esenciales en la presentación del plan de salvación

Para poder aceptar a Cristo como su Salvador, en alguna medida el niño debe entender las siguientes verdades. Sugiero que el maestro use el lenguaje sencillo que se encuentra aquí sin entrar en explicaciones detalladas ya que, por la etapa de su desarrollo intelectual, el niño no capta aún los simbolismos.

1. Dios ama a todos sin excepción y quiere que seamos parte de su familia (Juan 3:16).

2. Todos hemos pecado y por eso no podemos sentir el amor de Dios ni tampoco ser sus hijos. El pecado es la actitud que dice: “Yo hago lo que yo quiero y no lo que Dios quiere” (Romanos 3:23). Esta actitud nos lleva a hacer y decir cosas que nos causan problemas porque son pecados.

3. Cristo, el Hijo perfecto de Dios, murió en la cruz por mis pecados (1 Juan 4:10; Romanos 5:8).

4. Si siento tristeza por mis pecados, puedo arrepentirme y pedirle perdón a Cristo, dándole el control de mi vida. En ese momento, él me perdona y llega a ser mi Salvador personal, haciéndome un hijo de Dios (Juan 1:12).

5. Vivir como hijo de Dios significa obedecer lo que él quiere para mi vida. Él está conmigo para ayudarme a vivir así (1 Juan 2:17; Gálatas 2:20).

6. A veces volvemos a pecar, aun siendo hijos de Dios. Cuando esto ocurre, debo confesar mi pecado a Dios y pedir su perdón (1 Juan 1:9). Él nos ayuda a no hacerlo más.

Nota: Las citas bíblicas que se dan arriba son para la orientación del maestro pero no se deben leer todas a los niños para no complicar la explicación sencilla que el niño debe entender. Cuanto mucho, el maestro puede resumir un versículo en sus propias palabras. Ejemplo: “La Biblia dice que cuando confesamos nuestros pecados, Dios nos perdona siempre” (1 Juan 1:9). Es importante, sin embargo, que el niño vea que el plan de salvación está en la Biblia. El maestro puede buscar algunos versículos clave y señalarlos con su dedo mientras se los explica al niño.

Para los niños más grandes, puede ser necesario explicar que hay una diferencia entre la muerte física y la muerte espiritual. Se explica que todos morimos, pero los que creemos en Jesús viviremos eternamente con él. El lugar donde viviremos con él se llama “el cielo”. Es importante que el niño tenga la confianza de volver a hacer preguntas sobre estas cosas cuántas veces quiera. Nacer de nuevo significa tomar un rumbo diferente en el desarrollo espiritual y el maestro es la persona clave para ayudarle a hacer esto.

Los niños preescolares no han de entender toda esta explicación a menos que hayan tenido bastante estímulo espiritual en sus hogares. Sin embargo, algunos de ellos pueden aceptar al Señor y empezar a expresar su vida de fe. Los niños escolares, en cambio, pueden responder plenamente ante estos conceptos y experimentar el gozo de recibir el perdón y tener la seguridad de que son hijos de Dios.

De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 71–76). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.


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