La formación espiritual del niño
Betty S. de Constance
Parte 3
Una metodología práctica para la enseñanza bíblica de los niños
Capítulo 16
Orientación para maestros de niños escolares de la serie “Soy discípulo”
Cristo nos dejó a nosotros, sus seguidores, la misión de hacer discípulos de él. No hay una edad mínima para comenzar la gran aventura de conocer a Dios y crecer en él. Dios mandó a su pueblo que instruyeran a sus hijos en los caminos de él, para que lo honraran y lo obedecieran (Deuteronomio 6:1–9). Samuel, quien llegó a ser un gran profeta, estaba dedicado a Dios y lo servía desde su niñez (1 Samuel 2:18). Jesús llamó a los niños para que se acercaran a él, los bendijo y declaró que el reino de Dios es de quienes son como ellos (Marcos 10:13–16). El apóstol Pablo dice que su hijo espiritual Timoteo, desde su niñez, había conocido las Sagradas Escrituras. Y que las mismas le daban la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15).
El niño puede ser discípulo de Jesús y no hay mejor regalo que ayudarlo a conocer al Señor y seguir madurando en él. Es cierto que los niños escolares no han desarrollado todavía su capacidad para analizar ideas abstractas. Sin embargo, en la misma etapa cuando comienzan a leer, ellos inician su habilidad de manipular pensamientos. En ese período, los niños empiezan a razonar de una forma sencilla y pueden pensar en posibles consecuencias de sus acciones.
En los últimos años, están descubriendo que los niños pueden hacer más de lo que originalmente habían pensado en el siglo pasado, acerca del desarrollo del niño. Para potenciar sus habilidades, se les debe proveer de las herramientas para aprender a través de sus propias acciones e investigaciones. Otro factor muy importante en cuanto a los cambios de los niños escolares es su nueva habilidad social; pueden compartir sus experiencias y aprender de los demás.
La serie Soy Discípulo de los libros VIVIR LA BIBLIA contiene estudios participativos para ayudar a los niños escolares a conocer a Jesús personalmente y crecer como discípulo de él. Los seis libros investigan qué es seguir a Jesús y cómo hacerlo. Son lecciones que tienen como meta ayudar en el discipulado del niño y lograr transformaciones en las actitudes, los valores y las conductas de ellos. La base bíblica de las lecciones son los libros del Nuevo Testamento desde Juan a Apocalipsis. Cada estudio trata un principio básico del conocimiento de Jesús y la vida en él.
Las lecciones preparan al niño desde una edad temprana a formar conceptos bíblicos y le capacitan con herramientas para crecer en su propia vida espiritual como el estudio de la Palabra, la oración, el servicio, el apoyo entre el grupo y la práctica de las enseñanzas. Esta serie toma en serio la misión de discipular a los niños para que ellos puedan discipular a otros, quienes puedan discipular a otros…
Es preciso reconocer la dependencia en el Señor para hacer la tarea que él ha encomendado y con la confianza plena en el poder del Espíritu Santo para hacer la obra. El instrumento principal del discipulado es la vida del discipulador o del maestro, la persona guiada por el Espíritu Santo, nutrida por la Palabra de Dios y fortalecida por la oración. Es por esto que cada lección tiene una sección especialmente dedicada para la vida y el ministerio del maestro, El rincón del maestro, que contiene pequeños devocionales. El pasaje bíblico y el tema no tienen una relación directa con la lección de los niños; son pensamientos bíblicos para edificar, animar y alentar la vida personal del maestro. Quien da constantemente, necesita recibir también. El deseo es que el Señor fortalezca a cada maestro en su ministerio.
Secciones de las lecciones
Hoja de presentación
Para ayudar al maestro en su preparación, la primera página de cada lección resume todo el desarrollo de la clase. En la misma, se ven los objetivos, los métodos y recursos necesarios. Además, se agrega una pequeña evaluación para realizar después de la lección.
Los objetivos
Un objetivo es la afirmación de lo que el maestro espera alcanzar en la clase. Es una herramienta útil, ya que dirige y orienta el proceso de enseñanza-aprendizaje llevado a cabo en el aula. Con el objetivo, el maestro aspira a lograr un cambio en la vida de cada uno de sus alumnos. Además, brinda la posibilidad de evaluar los resultados y saber si se ha logrado la meta propuesta o no. Es importante que el maestro tenga los objetivos en mente para no perder el sentido de la enseñanza.
El bosquejo de la lección
El bosquejo presenta el desarrollo de la clase, pero de una manera esquemática. En el mismo consta: el tiempo estimado para cada momento, los métodos y los recursos que se requieren. Se puede usar para tener una idea general de la lección y como último chequeo para estar seguro de contar con todos los elementos necesarios.
La evaluación del maestro
Después de cada clase es importante hacer una evaluación para descubrir las necesidades de los niños y realizar los cambios necesarios en las siguientes lecciones.
En la evaluación, el maestro considera si se cumplieron los objetivos, cómo fue la participación de los niños y las necesidades que él haya detectado. La evaluación también ayuda a observar cuáles fueron las dificultades que se presentaron para aprender de ellas y mejorar la tarea docente. Por eso es recomendable tener un cuaderno y anotar allí todas las observaciones
Marco de la clase
La preparación
Preparación personal
Ayuda al maestro a centrar su mirada en el propósito de la clase. Además, contiene una reflexión para que el maestro piense si él vive o no la enseñanza bíblica que va a transmitir a sus niños o no.
Preparación de las actividades
Explica con más detalles los recursos que se necesitan para cada momento de la clase. Es importante que el maestro preste atención a las indicaciones, ya que son elementos que debe preparar con anticipación y, de esta manera, tenerlos listos en el encuentro con sus alumnos.
Contexto para el maestro
En esta sección se le da al docente un panorama más amplio de la historia bíblica que deberá narrar a sus alumnos. En la misma aparecen datos que no es necesario que conozca el alumno, pero que son importantes para que el maestro tenga un conocimiento bíblico más completo. Además, permite responder verazmente cualquier pregunta de los niños.
Desarrollo de la clase
Los niños aprenden haciendo; por eso la metodología de estas lecciones es participativa y activa. Cada lección en la serie Soy Discípulo comienza con una actividad que realizan los niños. En cada clase se utilizan varios métodos de enseñanza para que los niños estén activamente involucrados y motivados en la clase. Algunos métodos son juegos, simulacros, dramatizaciones, narraciones, proyectos e ilustraciones.
La incentivación
Las lecciones contienen una incentivación. La misma tiene el propósito de despertar el interés de los niños y prepararlos para la enseñanza bíblica. En cada lección se utiliza un método diferente, de tal manera que los niños sean sorprendidos de clase en clase y no pierdan la motivación.
La enseñanza bíblica o el contenido bíblico
La parte central de la lección es la enseñanza bíblica. En esta sección el maestro debe ir llevando a sus alumnos a investigar una nueva verdad bíblica. Los mismos niños aprenden a usar sus Biblias y descubrir los principios de Dios, usando técnicas como pregunta-respuesta, grupos de investigación, comparaciones y dibujos. Los niños, y adultos, se acuerdan muy poco de lo que escuchan, pero se acuerdan mucho de lo que hacen y experimentan.
Para hacer más vivencial la enseñanza también se incluyen láminas. Si el maestro desea variar esta técnica, las láminas pueden hacerse en transparencias y mostrarse con un retroproyector.
La aplicación
La clase termina con actividades para que el niño aplique lo aprendido en la lección. Este momento tiene como propósito que el niño transfiera lo aprendido a su propia vida. Se utiliza la Hoja de Apoyo, proyectos, oraciones, prácticas, roll-play, la memorización de textos y otros métodos para que el niño incorpore el principio bíblico a su vida.
La memorización
Es importante guardar la Palabra de Dios, porque es viva y poderosa, ya que juzga los pensamientos e intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Ella puede ayudarnos en momentos de mucha necesidad y de ahí la importancia de memorizar los textos bíblicos. Se pueden utilizar varios métodos para ayudar a los niños en la memorización de versículos, que sin duda es un gran beneficio en la capacitación de todo discípulo.
Es conveniente que en cada clase haya un repaso del texto anterior. El maestro puede hacerles preguntas a los alumnos para asegurarse de que hayan captado el significado y entendido la esencia del mismo. Además, el diálogo proporcionará el clima adecuado para la aplicación del texto a la vida cotidiana del niño.
El aula y la creatividad
El maestro puede enriquecer cada una de las lecciones con ideas propias, pues él es quien conoce los gustos y las necesidades de los niños de su clase. Y, sin duda, las manualidades favorecen la creatividad y colaboran con efectividad en el momento de la aplicación de la enseñanza presentada. Por esta razón es bueno tener a su alcance materiales que puedan ayudarlo a realizar diferentes propuestas.
Siempre es bueno contar con una lista de los elementos que utilizará con mayor frecuencia durante el año.
Si se cuenta con un aula disponible, entonces se puede decorar para favorecer un ambiente cálido y acogedor. Se pueden usar pósteres cristianos y cuadros alegres. También se puede preparar un cartel en donde figuren los cumpleaños de los niños y de los maestros. Los niños pueden hacer dibujos que representen las lecciones y los textos memorizados. ¡No hay límite para la creatividad del maestro y sus alumnos!
De Constance, B. S. (2004). La formación espiritual del niño (3a edición, pp. 159–164). Buenos Aires, Argentina: Publicaciones Alianza.

