Palabras de edificación

Palabras de edificación

6/16/2018

La que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

(Efesios 4:29) 

Si permite que Cristo guarde sus labios, todo lo que diga ha de beneficiar a otras personas. Usted debe estimular y fortalecer espiritualmente a las demás personas. ¿Es eso lo que ocurre cuando habla con ellas? ¿Se van edificadas en Jesucristo? Madres, cuando están con sus hijos durante todo el día, ¿los edifican las palabras de usted? Padres, cuando saca a pasear a sus hijos, ¿sus conversaciones con ellos son edificantes y estimulantes?

El versículo de hoy también indica que debemos dar a los demás la “necesaria” edificación, lo que significa que nuestras palabras satisfagan la necesidad. Cuando yo era niño, cada vez que le decía a mi mamá “¿Sabes lo que hizo fulano?”, ella me respondía: “¿Es necesario saberlo?” A menudo lo que yo quería decir era interesante, pero sin duda no era necesario.

Por último, nuestras palabras deben “dar gracia a los oyentes”. ¿Bendicen sus palabras a quienes las oyen? ¿Hay gracia en lo que usted dice? Puede estar seguro de que, si permite que el Señor ponga guarda a su boca y deja que su Palabra more en usted, entonces sus palabras serán las palabras de gracia de Dios.

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Sirvamos a Dios con nuestra sed

JUNIO, 16

Sirvamos a Dios con nuestra sed

Devocional por John Piper

Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables. (2 Corintios 5:9)

¿Qué tal si descubrimos (como le ocurrió a los fariseos) que hemos dedicado toda la vida en tratar de agradar a Dios, pero todo el tiempo hemos estado haciendo lo que a los ojos de Dios era abominación? (Lucas 16:14-15)

Alguien podría decir: «No creo que eso sea posible, Dios no rechazaría a una persona que ha tratado de agradarle». ¿Se dan cuenta de lo que esta persona está preguntando? Ha basado su convicción acerca de lo que agrada a Dios en su propia idea de cómo es Dios. Precisamente por eso, debemos comenzar por el carácter de Dios.

Dios es un manantial en la montaña, no un estanque. El manantial se renueva naturalmente, se desborda y abastece a otros de continuo; mientras que a un estanque hace falta llenarlo con una bomba o cubetas de agua.

Si queremos exaltar el valor de un estanque, tendremos que trabajar arduamente para mantenerlo lleno y en funcionamiento. Por el contrario, si queremos exaltar el valor de un manantial, lo que haremos es arrodillarnos con manos y pies en el suelo y beberemos hasta que nuestro corazón quede satisfecho, y hasta conseguir el refrigerio y las fuerzas que necesitamos para descender por el valle e ir a contar a otros lo que hemos encontrado.

Mi esperanza como pecador desesperado, depende de esta verdad bíblica: que Dios es el tipo de Dios que se deleita con lo único que puedo ofrecerle —mi sed—. Es por eso que la libertad soberana de Dios y su autosuficiencia son tan preciosas para mí: son el fundamento de mi esperanza de que Dios no se deleita en la inventiva de recursos como bombas y cubetas, sino en pecadores quebrantados que se arrodillan con manos y pies en el suelo para beber de la fuente de gracia.

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Deuteronomio 21 | Salmos 108–109 | Isaías 48 | Apocalipsis 18

16 JUNIO

Deuteronomio 21 | Salmos 108–109 | Isaías 48 | Apocalipsis 18

Una cosa es que Dios levantase a un Ciro que permitiese a los judíos volver a Jerusalén, pero ¿estarán estos dispuestos a ir? Y si están dispuestos a regresar físicamente y reconstruir Jerusalén, ¿están preparados espiritualmente para abandonar el pecado que los envió al exilio? (Isaías 48).

Todo indica que no. Formalmente, hacen sus juramentos en el nombre del Señor “e invocan al Dios de Israel, pero no con sinceridad ni justicia” (48:1). Los cautivos siguen definiéndose como “ciudadanos de la ciudad santa” (48:2), Jerusalén, que allá por el siglo VI a.C. era un montón de escombros. No obstante, una de las razones por las que Dios predijo estas cosas, incluyendo el retorno del pueblo, es que él sabía bien que muchos de los judíos se enredarían tanto en la idolatría babilónica que podían verse tentados a otorgar el mérito de su retorno a sus ídolos (48:3–6). Además, pueden ser obstinados (48:4), traicioneros y rebeldes (48:8), como sus antepasados. El “horno de la aflicción” (48:10) les ha enseñado tan poco que la única razón por la que Dios no los hace desaparecer totalmente es que quiere preservar la honra de su propio nombre (48:9–11). El mundo debe saber que Babilonia no reina; es Dios quien lo hace. Por tanto, él seguirá adelante, aunque el terrible pecado en medio de su pueblo no se haya resuelto, ni siquiera tras pasar por el exilio.

Lo trágico es que, incluso exiliado, el pueblo de Dios no estaba dispuesto a escuchar (48:1, 12, 16, 17–18). Toda su historia habría sido radicalmente distinta, llena de bendiciones indescriptibles, si solo hubiesen prestado atención a los mandatos de Dios (48:18–19). Su “paz habría sido como un río”, su “justicia, como las olas del mar” (48:18). Incluso ahora lo que más necesitan es marcharse de Babilonia (48:20–21), aún no físicamente, por supuesto, porque Ciro todavía no se ha levantado ni lo ha aprobado; sino moralmente, espiritualmente. Sin embargo, si el pueblo permanece en su pecado después de ser liberado de Babilonia, envenenará su nueva libertad: “’No hay paz para el malvado’, dice el Señor” (48:22), una advertencia continua no menos aplicable en la actualidad.

Por tanto, el siervo de Dios Ciro no proveerá la respuesta definitiva. Puede que libere a los judíos del exilio, pero no de su pecado, algo que establece el escenario para la reintroducción del Siervo ideal, que vuelve en el capítulo 49. De hecho, aparece probablemente de forma bastante enigmática en 48:16, ya que quien habla allí tiene al Espíritu sobre él (como en 42:1) y es llamado por Dios (como en 49:1). Sin embargo, no hay duda de su presencia en Isaías 49. En este Siervo del Señor se encuentro el único socorro duradero para el pueblo de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 167). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Qué hacer con una vida malograda?

Sábado 16 Junio

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

¿Qué hacer con una vida malograda?

Se estima que cada año en Francia unas 2.500 personas toman la decisión radical de dejar todo para volver a empezar una vida nueva. Prefieren abandonar bruscamente todo lo que hasta el momento formaba parte de su existencia, y desaparecer, si es posible sin dejar rastro, para poder ser alguien diferente, sin tener que rendir cuentas del pasado.

Podemos preguntarnos por qué tantos hombres y mujeres escogen este medio para huir de su vida actual. No lo hacen necesariamente para escapar de las consecuencias de un acto culpable o de una situación financiera catastrófica. Tal vez solo lo hacen para tratar de huir de su vergüenza o de su desilusión, o para dar un nuevo sentido a su vida.

Pero hay otra manera de empezar todo de cero: aún hoy Jesucristo dice a todos los hombres: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Dios produce este nuevo nacimiento en el corazón de todos los que reconocen que son pecadores y depositan su confianza en Jesucristo, quien murió y resucitó. Es un nuevo comienzo que no cambia nuestro entorno familiar ni las circunstancias exteriores, pero que transforma radicalmente nuestra vida.

“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

“… Que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo” (Colosenses 1:9-11).

Levítico 25:29-55 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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