¿Qué hacer con una vida malograda?

Sábado 16 Junio

(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:28

¿Qué hacer con una vida malograda?

Se estima que cada año en Francia unas 2.500 personas toman la decisión radical de dejar todo para volver a empezar una vida nueva. Prefieren abandonar bruscamente todo lo que hasta el momento formaba parte de su existencia, y desaparecer, si es posible sin dejar rastro, para poder ser alguien diferente, sin tener que rendir cuentas del pasado.

Podemos preguntarnos por qué tantos hombres y mujeres escogen este medio para huir de su vida actual. No lo hacen necesariamente para escapar de las consecuencias de un acto culpable o de una situación financiera catastrófica. Tal vez solo lo hacen para tratar de huir de su vergüenza o de su desilusión, o para dar un nuevo sentido a su vida.

Pero hay otra manera de empezar todo de cero: aún hoy Jesucristo dice a todos los hombres: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Dios produce este nuevo nacimiento en el corazón de todos los que reconocen que son pecadores y depositan su confianza en Jesucristo, quien murió y resucitó. Es un nuevo comienzo que no cambia nuestro entorno familiar ni las circunstancias exteriores, pero que transforma radicalmente nuestra vida.

“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

“… Que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo” (Colosenses 1:9-11).

Levítico 25:29-55 – Efesios 4:17-32 – Salmo 71:12-18 – Proverbios 17:13-14

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El lenguaje inútil

El lenguaje inútil

6/15/2018

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca.

(Efesios 4:29)

Las frutas podridas huelen muy mal y son inservibles. No queremos estar cerca de ellas, y mucho menos comerlas. Lo mismo ocurre con el lenguaje corrompido. Sean chistes de color subido, palabras obscenas, cuentos sucios o lenguaje grosero, de ninguna manera debe caracterizar eso a un cristiano.

El Salmo 141:3 nos dice cómo eliminar tal lenguaje: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios”. Si Jesucristo es el guarda de nuestros labios, Él será quien determine lo que sale por ellos.

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Una luna de miel sin final

JUNIO, 15

Una luna de miel sin final

Devocional por John Piper

Como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti. (Isaías 62:5)

Cuando Dios bendice a su pueblo, no lo hace como un juez reacio que es amable con un criminal al que halla despreciable (aunque haya algo de verdad en esa analogía); lo hace como un esposo que demuestra afecto a su esposa.

A veces decimos bromeando acerca del matrimonio: «Se acabó la luna de miel». Pero eso es porque somos finitos. No podemos mantener el grado de intensidad y afecto de una luna de miel. Sin embargo, Dios dice que el deleite que él tiene en su pueblo es como el de un esposo con su esposa.

Al decir eso, está hablando de la intensidad, el placer, la energía, la emoción, el entusiasmo y el deleite de una luna de miel. Él intenta plasmar en nuestro corazón aquello a lo que se refiere cuando dice que se regocija en nosotros de todo corazón.

Además, con Dios la luna de miel no tiene fin. Él es infinito en poder, sabiduría, creatividad y amor, y se encargará de volvernos más y más hermosos para siempre. Él es infinitamente creativo en pensar en cosas nuevas para que hagamos con él, de manera que no haya aburrimiento por el próximo trillón de milenios.

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Deuteronomio 20 | Salmos 107 | Isaías 47 | Apocalipsis 17

15 JUNIO

Deuteronomio 20 | Salmos 107 | Isaías 47 | Apocalipsis 17

Por un lado, Isaías 47 es muy directo; por otro, está sutilmente cargado de simbolismo y prepara el camino para el desarrollo del mismo en el Nuevo Testamento.

En lo directo, este capítulo describe la caída de Babilonia que la subida de Ciro al trono producirá. Esta ciudad es patéticamente soberbia y arrogante. Es la “soberana de los reinos” (47:5); cree que será eterna (47:7), como el Tercer Reich de Hitler. Está tan confiada en su propia seguridad que no puede imaginarse viuda o perdiendo a sus hijos (47:8). Orgullosa de su sabiduría y conocimiento (47:10), y de su devoción a la astrología, cree que puede controlar su futuro (47:12–13). Se deifica, lo cual es francamente repulsivo: las repetidas palabras “Yo soy, y no hay otra fuera de mí” (47:8, 10) constituyen un desafío directo a la idéntica afirmación del Señor (45:5), que ya ha tenido suficiente. La “soberana de los reinos” se sentará en el polvo (47:1); será una esclava (47:1–3). Esta “madre” quedará viuda y desconsolada de repente (47:8–9). La astrología demostrará ser fútil para salvarla (47:12–13) y los magos y hechiceros no servirán de nada (47:12). Dios mismo está preparado para destruir Babilonia.

Sin embargo, este texto se expresa a otro nivel. Los capítulos 47 y 48 están unidos, formando una sola unidad grande. Isaías 47 condena a Babilonia por su desafiante arrogancia y promete su destrucción; Isaías 48 se dirige a los cautivos, a los que (como veremos en la meditación de mañana) se dice de forma entusiasta que dejen Babilonia y regresen a Jerusalén. Empíricamente, viven en una ciudad, Babilonia; teológicamente, pertenecen a otra, Jerusalén. Por supuesto, los cautivos no podían regresar a su ciudad en ese momento. Únicamente podrían hacerlo después de que Ciro llegase al poder y concediese el permiso para ello. Sin embargo, teológicamente hablando, los exiliados deben verse como pertenecientes a Jerusalén y no a Babilonia. Así pues, del mismo modo que “Jerusalén” alude en ocasiones a la antigua ciudad con ese nombre, y a veces, como hemos visto, anuncia la nueva y escatológica, tampoco “Babilonia” se refiere solamente a la antigua ciudad que alcanzó la cúspide de su esplendor alrededor del siglo VI a.C., sino que se convierte en un símbolo, que representa a cualquier ciudad o cultura soberbia que se imagina perdurando eternamente y mide todas las cosas con arrogancia, según el modelo de sus propios pecados y presuposiciones. La Babilonia histórica es el símbolo de otras muchas.

Juan comprende estas cosas. Por esta razón, en Apocalipsis 17 describe a Roma como “la gran Babilonia, madre de las prostitutas y de las abominables idolatrías de la tierra” (17:5), una mujer emborrachada con la sangre de los santos. ¿Qué Babilonias se han levantado desde entonces?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 166). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El afinador

Viernes 15 Junio

El Dios de paz… os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos.

Hebreos 13:20-21

El afinador

Observé cómo trabajaba el afinador de piano. Con un dedo de la mano izquierda iba tocando sucesivamente las teclas, mientras con la mano derecha manejaba la llave para ajustar la tensión de las cuerdas. Escuchaba cada nota con una extrema atención. Apretaba o aflojaba, mediante pequeños movimientos, hasta que, de retoque en retoque, el sonido de la nota era el correcto. Es un trabajo que requiere mucha paciencia, delicadeza y exactitud, que solo un oído y una mano ejercitados pueden efectuarlo.

Esto me hace pensar en nuestro Padre celestial, cuyo oído capta todas las palabras, todos los suspiros de sus hijos. ¡Cuántas notas desajustadas, palabras, acciones y pensamientos que lo entristecen, que son intolerables para su perfección! Pienso en el trabajo continuo de nuestro divino Maestro para formarnos, corregirnos, ponernos en armonía con sus propios pensamientos; siento el deseo de pedir al Señor que nos convirtamos en instrumentos dóciles en sus manos; que demos sonidos agradables a él: «¡Afina nuestras vidas según las direcciones de tu Santa Palabra y según el impulso de tu Espíritu! ¡Haz vibrar nuestro corazón para que te alabemos, pon en nosotros tu divina armonía! Tú, Señor Jesús, estás muy por encima de nosotros. En la tierra fuiste constantemente las delicias del Padre. Pero nos gustaría que pudieses sacar de los tuyos algo de ti mismo, una melodía en la que Dios reconozca algunas de las bellezas morales de su Hijo muy amado».

Levítico 25:1-28 – Efesios 4:1-16 – Salmo 71:7-11 – Proverbios 17:11-12

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El trabajo arduo

El trabajo arduo

6/14/2018

El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. (Efesios 4:28)

El robo es un problema común en nuestro mundo. El robo en los centros comerciales ha llegado a convertirse en un problema tan grande que un porcentaje del precio de los artículos cubre la cantidad perdida por los bienes robados. Sea un gran robo o robo de tonterías, el robar de la tienda, robar dinero de un rico o de un miembro de la familia, todo es robo.

Que el cristiano “trabaje”, se refiere a trabajo manual, de esfuerzo físico. El trabajo arduo es honorable. Los cristianos debemos esforzarnos en el trabajo para que tengamos lo suficiente para dar a los necesitados, no para que tengamos más de lo que necesitamos. El enfoque mundano de la riqueza es acumular lo que adquirimos. Pero el principio neotestamentario es trabajar duro para que podamos hacer el bien y dar a los necesitados.

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Dios en verdad quiere bendecirnos

JUNIO, 14

Dios en verdad quiere bendecirnos

Devocional por John Piper

Porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien. (Deuteronomio 30:9)

Dios no nos bendice a regañadientes. En cierto modo, está ansioso por mostrarnos su benevolencia. No espera a que nosotros vayamos a él; él nos busca, porque se deleita en hacernos bien. Dios no nos está esperando, nos está persiguiendo. De hecho, esa es la traducción literal de Salmos 23:6: «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los dí?as de mi vida».

Dios ama mostrar misericordia. Permítanme repetirlo: Dios ama mostrar misericordia. Él no es dubitativo, ni indeciso, ni vacilante en el deseo de bendecir a su pueblo. Su ira solo se libera abriendo un candado pesado y duro, pero su misericordia es como un gatillo sensible. A eso se refería cuando le dijo a Moisés en el monte Sinaí?: «El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad» (Éxodo 34:6).

Dios nunca está irritable ni con los nervios a flor de piel. Su ira nunca se enciende rápidamente. Por el contrario, él es infinitamente vigoroso y tiene un entusiasmo ilimitado en el cumplimiento de su deleite.

Nos resulta difícil comprenderlo porque nosotros necesitamos dormir todos los días para poder lidiar con los problemas —ni hablar de progresar—. Nuestro disfrute es un vaivén, sube y baja constantemente. Un día estamos aburridos y desanimados; al otro día estamos optimistas y alegres.

Somos como pequeños géisers que borbotean y explotan de manera impredecible. Pero Dios es como un gran Niágara. Al contemplar esto pensamos: Ciertamente es imposible que continúe con tanta fuerza año, tras año, tras año.

Así es como Dios nos bendice. Él nunca se cansa; nunca se aburre de hacernos bien.

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Deuteronomio 19 | Salmos 106 | Isaías 46 | Apocalipsis 16

14 JUNIO

Deuteronomio 19 | Salmos 106 | Isaías 46 | Apocalipsis 16

Isaías 46 consta de tres partes, cada una de las cuales presenta un argumento distinto que, implícita o explícitamente, llama a Israel a la fidelidad hacia Dios.

(1) En los dos primeros versículos, Isaías se burla de los dioses babilónicos. “Bel” significa “señor” y equivale a Baal como título. Se aplicaba a Marduk, dios principal de la ciudad de Babilonia. “Nebo” era hijo de Bel-Marduk. Era el patrón de la escritura y la sabiduría. En la fiesta del nuevo año, llevaban a estos últimos por las calles, en una gran procesión hasta el santuario de Esagila. Se trataba del mayor acontecimiento religioso del año. No obstante, Isaías predice una época en la que estos dioses se inclinan y se someten, y las exhaustas bestias de carga que los llevan caen y se tambalean hacia la cautividad (46:1–2). Esto no se cumplió literalmente cuando los persas tomaron el mando en el siglo VI a.C., ya que Ciro preservó e incluso reforzó la posición de los dioses babilonios. A la larga, por supuesto, Bel-Marduk y Nebo quedaron en el olvido. Nadie los adora actualmente. Sin embargo, millones de personas siguen adorando al Dios de Israel.

(2) En la siguiente sección (46:3–7), Dios continúa denunciando la idolatría, pero ahora se introduce un desarrollo novedoso. Dios viene a decir que los idólatras tienen que acarrear a sus dioses, e incluso sus bestias de carga se cansan; sin embargo, con el Dios verdadero, ocurre todo lo contrario: él lleva a su pueblo. Es difícil no percibir un contraste entre dos religiones. En una, el pueblo hace el trabajo pesado; en la otra, es Dios quien lo hace y él lleva al pueblo.

(3) En la última parte (46:8–13), Dios reprende al pueblo de su pacto en términos directos, por no decir brutales. Son rebeldes y han olvidado cómo el Señor obró con gracia y poder con ellos cuando la nación vio la luz en la época del éxodo. El creyente debe recordar cosas importantes (46:8–9). Probablemente, parte del problema aún sea Ciro. Para ellos, sigue siendo difícil imaginar que Dios utilizará a un rey pagano como ese, en lugar de destruirlos simplemente. Sin embargo, el Señor insiste en que llamará de oriente “al ave de rapiña” (46:11), casi seguro una referencia a Ciro. Cualesquiera que sean su propósito y plan, está seguro de que tendrán lugar, lo cual implica, por supuesto, que Dios es soberano y bueno. Por tanto, hay que dejar de cuestionarlo, poniendo la confianza en él. “Escuchadme vosotros, obstinados de corazón, que estáis lejos de la justicia. Mi justicia no está lejana; mi salvación ya no tarda” (46:12–13).

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 165). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El viaje es muy corto

Jueves 14 Junio

La palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!

Proverbios 15:23

No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos.

2 Reyes 7:9

El viaje es muy corto

Una joven tomó su lugar en un vagón lleno de gente. Una señora malhumorada se sentó a su lado empujándola bruscamente con sus maletas. Otro viajero, sorprendido por el incidente, preguntó a la joven por qué no había protestado. Ella respondió con una sonrisa: «¡Por tan poca cosa… el viaje juntas es tan corto!».

Cristianos, esta respuesta debería ser nuestra divisa para nuestro comportamiento diario… Nuestra vida en la tierra es tan corta que ensombrecerla con trivialidades sería una pérdida de tiempo y de energía. La dulzura es una cualidad que nunca ha sido sinónimo de cobardía o de falta de carácter. El Señor Jesús nunca hizo valer sus derechos en medio de los hombres, sino que mostró su amor y bondad, sin dejar de lado su justicia perfecta.

“Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres” (Filipenses 4:5). La dulzura no es insistir sobre nuestros derechos. Aprovechemos todas las ocasiones para dar a conocer esta bondad y esta dulzura a quienes nos rodean.

No sé cuánto durará mi viaje por la tierra. ¿Tendré aún la ocasión de hablar con las personas que encuentro cada día? Lo que acabo de decir a una persona quizá sea la última palabra que ella escuchará o que yo pronunciaré. Entonces, que Dios me guarde de toda palabra fútil, y que me dé palabras de paz y amor hacia mi prójimo. “Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres” (Tito 3:2).

Levítico 24 – Efesios 3 – Salmo 71:1-6 – Proverbios 17:9-10

Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El justo enojo

El justo enojo

6/13/2018

Airaos, pero no pequéis. (Efesios 4:26)

Pudiera sorprenderse de que hay tal cosa como el justo enojo, es decir, enojarse por lo que aflige a Dios y estorba sus principios. Pero no debemos enojarnos tanto que cometamos pecado.

No se enoje por sus propios principios. No se enoje cuando alguien lo ofenda. Y no permita que su enojo degenere en resentimiento, amargura o malhumor. Eso está prohibido. El único enojo justificable defiende el grande, glorioso y santo carácter de nuestro Dios.

El enojo egoísta, apasionado, indisciplinado y sin dominio es pecaminoso, inútil y dañino. Debe desterrarse de la vida cristiana. Pero el enojo disciplinado que busca la justicia de Dios es puro, desinteresado y dinámico. Debemos enojarnos por el pecado en el mundo y en la iglesia. Pero no podemos dejar que el enojo se convierta en pecado.

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