La redoma de Dios

Isha – Salmos

DÍA 94 – Salmo 56

Dosis: Confianza y Protección

La redoma de Dios

“Ten compasión de mí, oh Dios, pues hay gente que me persigue. Todo el día me atacan mis opresores, todo el día me persiguen mis adversarios; son muchos los arrogantes que me atacan. Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal? (Salmo 56:1–4)

¿Eres también de las personas que acuden más a Dios en tiempo de crisis? Creo que esa es la razón fundamental por la que Dios las permite, porque sabe que sólo en momentos de necesidad y angustia vamos a buscarlo y a aferrarnos a Él. Dios trabajó así en el corazón de David, quien fue perseguido, amenazado de muerte, acosado por sus enemigos. En este salmo describe a opresores que lo persiguen todos los días, enemigos mortales. David tuvo que vivir en el desierto, escondido en cuevas, o en ciudades enemigas, en una ocasión hasta se disfrazó de loco, para protegerse; pero en medio de esas crisis y ese “desierto personal” es donde más conoce el amor y la misericordia de su Dios.

Leamos como describe en su clamor, el accionar de sus enemigos: “Todo el día tuercen mis palabras; siempre están pensando hacerme mal. Conspiran, se mantienen al acecho; ansiosos por quitarme la vida, vigilan todo lo que hago. ¡En tu enojo, Dios mío, humilla a esos pueblos! ¡De ningún modo los dejes escapar! David confía plenamente en Dios por eso le expone sus más íntimos temores: “Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado?”263

Otra versión dice “Pon mis lágrimas en tu redoma. ¿No están ellas en tu libro?” Este es un de los versículos que ha sido de mayor bendición para mi vida y espero que a partir del día de hoy lo sea para ti. Pues confirma que el Señor tiene en cuenta y no olvida ninguna de nuestras lágrimas. Algunos estudiosos dicen que las redomas estaban hechas de un cuero cocido y contenían líquidos como agua y vino, pero por la arqueología también se han identificado como redomas a pequeñas vasijas de cuerpo ancho y cuello estrecho, donde tal vez las mujeres derraban sus lágrimas en tiempos de mucha tristeza como un recordatorio. Sea cual fuera el material de estos recipientes, la metáfora busca confirmar que Dios no olvida nuestros sufrimientos, nos conoce de forma muy íntima y que no ignora ni una sola de nuestras lágrimas. ¿No te parece maravilloso?

Pero el salmista aún añade: “registra mi llanto en tu libro.” ¡Un libro con nuestros lamentos y plegarias! ¡Qué maravilla! Si estás sufriendo, recuerda que Dios te toma en cuenta. Y cobra ánimo como lo hacía David: “Cuando yo te pida ayuda, huirán mis enemigos. Una cosa sé: ¡Dios está de mi parte! Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal? ¿Por qué hemos de temer lo que pueda hacernos el hombre si confiamos en las promesas de Dios? Si Dios es poderoso y eterno, y el hombre es frágil y vulnerable.

Oración: Señor, ayúdame a creer que tú escuchas, respondes y liberas y que tu amor por mí es tan inmenso que tienes cada una de mis lágrimas en tu redoma. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 109). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 


Deja un comentario