Alimentemos El Alma
ĀæEl Miedo Pertenece a la Vida del Cristiano?
Traducción por Natalia Micaela Moreno
A menudo se dice que el miedo de Dios no tiene lugar en la vida del cristiano porque āEn el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme (por sĆ mismo) no es hecho perfecto en el amorā (1 Juan 4:18, LBLA).
Pero hay muchos mandamientos de temer en el Nuevo Testamento; por ejemplo, Romanos 11:20: ā[Los judĆos] fueron desgajados por su incredulidad, pero tĆŗ por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme.ā De manera similar, Hebreos 3:12 advierte contra la incredulidad (aunque la palabra ātemorā no se usa): āTened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo.ā (Otros textos, amonestando miedo: 1 Pedro 1:17; 2:17; Filipenses 2:13; Lucas 12:5; IsaĆas 66:2; Hechos 9:31; 2 Corintios 5:11; 7:1; etc.)
Pero no debemos tener la idea de que los escritores del Nuevo Testamento estĆ”n tomando partido aquĆ, algunos a favor del miedo (Pablo, Hebreos) y otros en contra (Juan). Porque aunque Romanos 11:20 amonesta el temor, Romanos 8:15 dice, āPues no habĆ©is recibido un espĆritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habĆ©is recibido un espĆritu de adopción como hijos.ā
Y aunque Hebreos 3:12 amonesta el temor de un corazón incrĆ©dulo (que es lo mismo que decir el temor de Dios que retribuye la incredulidad con castigo), Hebreos 4:16 dice, āAcerquĆ©monos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.ā
Por lo tanto, el problema no es tanto un desacuerdo entre los autores de los libros del Nuevo Testamento, sino mĆ”s bien el problema es cómo el mismo autor puede decir por un lado, āĀ”Miedo!ā y por otro lado, āĀ”No tengan miedo! Tengan confianza.ā La solución, creo yo, se encontrarĆ” en la sugerencia de que un temor sobrio de Dios nos motivarĆ” a confiar en su misericordia mostrada en Cristo y esta āconfianza temblorosaā eliminarĆ” gradualmente el miedo que nos condujo a ella a medida que vemos mĆ”s claramente lo que nuestro SeƱor ha hecho por nosotros.
Estaba leyendo la AntologĆa de Lewis de George MacDonald y encontrĆ© algunos comentarios Ćŗtiles. Ćl seƱala que absolutamente nada menos que el amor perfecto (tanto de Dios hacia el hombre como del hombre hacia Dios) debe echar fuera el temor. Somos propensos a querer librarnos del miedo a cualquier costo, por cualquier medio. Juan dice que hay y debe haber solo un medio: el amor perfecto por Dios debe echar fuera el temor.
Pensamos que seremos mejores cristianos cuando dejemos de temer; eso puede ser muy falso. Seremos mejores cristianos cuando amemos mÔs a Dios por su amor perfecto. El perfeccionamiento del amor necesariamente expulsa el miedo, pero expulsar el miedo no necesariamente significa que el amor estÔ siendo perfeccionado. Uno puede desear librarse del miedo de la misma manera que quiere librarse de una mala conciencia y puede usar todos los mismos medios engañosos para deshacerse de esta incomodidad (por ejemplo, alcohol, drogas, o mÔs comúnmente, la eliminación de todos los mandamientos en la Biblia de temer a Dios y amarlo con todo su corazón. Ver Deuteronomio 10:12).
MacDonald escribe (pƔg. 67),
Persuadir a los hombres que el miedo es una cosa vil, que es un insulto a Dios, que Ć©l no va a nada de eso; mientras que ellos todavĆa estĆ”n enamorados de su propia voluntad y esclavos de cada movimiento de impulso apasionado y ĀæcuĆ”l serĆ” la consecuencia? Que insultarĆ”n a Dios como un Ćdolo desechado, una superstición, una cosa para ser arrojada y escupida. DespuĆ©s de eso, ĀæcuĆ”nto aprenderĆ”n de Ćl?
El temor es un vĆnculo imperfecto con Dios, pero es un vĆnculo que solo deberĆa ser reemplazado por un vĆnculo infinitamente mĆ”s estrecho: el vĆnculo del amor (pĆ”g. 67). Nada mĆ”s deberĆa echar fuera el miedo.
ĀæDebe el miedo, entonces, jugar un papel hasta cierto punto y nunca mĆ”s en la vida cristiana? El punto despuĆ©s del cual el miedo no tendrĆ” lugar apropiado en la vida del cristiano es el punto en el cual su amor es perfeccionado. Pero ninguno de nosotros estĆ” todavĆa perfeccionado en el amor; ninguno de nosotros carece de momentos en los que su deleite en Dios se desvanece y las ācosas que se venā se vuelven engaƱosamente atractivas.
En estos momentos estamos en necesidad de una advertencia de Pablo (Romanos 11:20) o de Hebreos (3:12) o de JesĆŗs (Lucas 12:5). En estos momentos no debemos estar completamente libres del temor, porque no estamos completamente controlados por el amor a Dios; es decir, no estamos viviendo completamente por la fe. Pero el temor que debemos sentir como cristianos es en sĆ mismo una obra de gracia. Es un temor que nos devuelve al amor a Dios y a la confianza en su misericordia, y asĆ se destruye a sĆ mismo. El temor es el servidor apropiado del amor por los santos imperfectos.
La segunda lĆnea de āAmazing Graceā no es simplemente una experiencia que no se repita (traducción al espaƱol):
La gracia enseñó a mi corazón a temer,
Y la gracia mis dudas alivió;
CuÔn preciosa apareció la gracia,
Cuando creĆ por primera vez.
El 7 de enero de 1974, encontrƩ la siguiente cita en Treatise Concerning the Religious Affections de Jonathan Edwards (Londres, 1796), pƔg. 102 en adelante. Creo que expone exactamente lo que estoy tratando de decir.
AsĆ que Dios ha ideado y constituido cosas en sus dispensaciones hacia su propio pueblo que cuando su amor decae y los ejercicios del mismo fallan o se vuelven dĆ©biles, el temor debe surgir; ya que entonces lo necesitan para refrenarlos del pecado y para animarlos a cuidar el bien de sus almas y asĆ salvarlos a la vigilancia y diligencia en la religión: pero Dios ha ordenado que cuando el amor se eleva y estĆ” en vigoroso ejercicio, entonces el miedo debe desaparecer y ser expulsado porque entonces no lo necesitan, teniendo un principio superior y mĆ”s excelente en ejercicio para refrenarlos del pecado y sacarlos de su deber. No hay otros principios influyendo la naturaleza humana que jamĆ”s harĆ”n concienzudos a los hombres, sino uno de estos dos, el miedo o el amor: y por lo tanto, si uno de estos no prevaleciera al decaer el otro, el pueblo de Dios al caer en figuras muertas y carnales, estando el amor dormido; estarĆa ciertamente, lamentablemente expuesto. Y por lo tanto Dios ha ordenado sabiamente, que estos dos principios opuestos de amor y miedo deben subir y bajar como las dos escalas opuestas de una balanza; cuando uno se eleva el otro se hundeā¦
El temor es expulsado por el EspĆritu de Dios, de ninguna otra manera que por el predominio del amor: ni nunca es mantenido por su EspĆritu sino cuando el amor estĆ” dormidoā¦
Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artĆculos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.