Esclavos de Cristo
Ā”Cuidado con las librerĆas Ā«cristianasĀ»!
Eduar Barbosa Caro
Estaba mirando con detenimiento la vitrina del local. HabĆa un libro sobre la vida de MartĆn Lutero y, justo al lado, una obra que aseguraba tener los secretos para el Ć©xito en los negocios.
Debajo, otro tĆtulo afirmaba que, quien lo leyera, podrĆa convertirse en un lĆder con mucha influencia. MĆ”s allĆ”, otro estante tenĆa obras con āpalabras de Diosā para mĆ, con recetas para lucir mĆ”s joven o para convertirme en un campeón. Era una librerĆa cristiana. ĀæO no?
Ubicando el problema
Lamentablemente, estanterĆas como las que describĆ hace un momento no son la excepción, sino la regla, en cuanto a muchas librerĆas que se autodenominan cristianas. Aunque podamos encontrar en estos lugares algunos libros que tengan doctrina sana, casi la totalidad de los textos que comercializan actualmente tienen el propósito de consentir al hombre y satisfacer sus deseos pecaminosos, ademĆ”s de su curiosidad, con misticismos y mentiras.
Las doctrinas de hombres que intentan dar fórmulas para todo son lo mĆ”s comĆŗn: ādescubra las fuerzas y habilidades innatas y cómo avanzar para obtener salud, abundancia, importancia y Ć©xitoā, plantea una descripción del libro Su mejor vida ahora, de Joel Osteen[1]. Esto no es cristianismo. Es charla motivacional, pseudopsicologĆa, gnosticismo y egoĆsmo todo junto. Libros como estos olvidan el principal problema que aqueja la humanidad: la muerte espiritual, el pecado y nuestra rebelión contra Dios. Presentan un dios (asĆ, en minĆŗscula) cuya finalidad es cumplir todos nuestros deseos, para lo cual Cristo es una especie de amuleto o llave mĆ”gica.
Esta literatura es dañina y ofende a Dios. Se rotulan como cristianas muchas obras que, por el hecho de ser escritas por los que ellos consideran grandes hombres de dios (también en minúscula, porque no sirven al Señor sino a las riquezas y a sus propias concupiscencias), entonces son aptas para la lectura de los creyentes. Son textos maquinados por hombres y mujeres que buscan llenar auditorios y estadios, pero poniéndole una mÔscara de piedad a la avaricia, el orgullo y la exaltación.
AquĆ vale la pena hacer una anotación. Buena parte de quienes consumen estos libros van a ellos para que les digan lo que quieren oĆr [2], no lo que la Biblia enseƱa. No son simples vĆctimas. Esto continĆŗa impulsando una industria que glorifica al ser humano y enriquece a blasfemos como TD Jakes, Joyce Meyer, Benny Hinn o Creflo A. Dollar, y a otros como Cash Luna, Guillermo Maldonado, Claudio Freidzon y Dante Gebel.
Mezclando la verdad con el error
Una de las cuestiones mĆ”s alarmantes de estas librerĆas es que mezclan la verdad con el error, poniendo al lado de nombres como el de Charles Spurgeon, R. C. Sproul, Loraine Boettner, Thomas Watson y John Owen, a lobos disfrazados de ovejas. Si bien ningĆŗn ser humano es infalible, podemos afirmar rotundamente que sĆ hay literatura que alimenta espiritualmente y que esta, normalmente, estĆ” casi ausente de estos locales. Se deja por fuera gran parte de la doctrina bĆblica que ha enseƱado la iglesia del SeƱor durante siglos, reemplazĆ”ndola por imaginaciones, falsas revelaciones actuales y nuevos movimientos que capturan a los falsos convertidos y a los incautos.
Alguna vez ingresĆ© a una de estas librerĆas y preguntĆ© por teologĆa reformada. Los que atendĆan me miraron como si estuviera hablando en mandarĆn. Conversaron un momento y luego me seƱalaron unos tĆtulos que tenĆan en un rincón polvoriento, entre libros de sanación y milagros. Haciendo un escaneo, encontrĆ© algo de historia del cristianismo y unas biografĆas, que eran fĆsicamente difĆciles de alcanzar porque estaban insertados entre las columnas que formaban el resto de textos. En otra ocasión, vi cómo guardaban los libros de sana doctrina entre el techo y la parte mĆ”s alta de los estantes, donde la vista casi no alcanza a llegar. Sea esto intencional o no, demuestra la aversión que tienen la mayorĆa de los negocios por aquello que confronte el pecado, llame al arrepentimiento y ponga la mirada en Cristo como debe ser.
¿Qué podemos hacer?
Si quiere comenzar a leer o hacerlo con mĆ”s frecuencia, tenga en cuenta que nada puede reemplazar la lectura sistemĆ”tica, cuidadosa y profunda de las Escrituras. Ellas son ā la Ćŗnica regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadoresā [3]. Por eso, los siguientes consejos presuponen que usted tiene una vida cristiana en crecimiento y que se congrega regularmente para escuchar la Palabra de Dios, la sana doctrina. Si posee dificultades con alguna de estas cosas, arrepiĆ©ntase y pĆdale perdón al SeƱor para que le ayude a ser mĆ”s disciplinado.
- Pida al SeƱor sabidurĆa y discernimiento para que, con la ayuda del EspĆritu Santo, pueda tener la claridad de decidir quĆ© lecturas son adecuadas.
- Averigüe quién es el autor, la denominación a la que pertenece y sus posiciones teológicas. Esto le ayudarÔ a hacerse una idea de qué es lo que puede encontrarse.
- Consulte con su pastor o algún hermano maduro en la fe para que puedan recomendarle autores que honren a Dios con la vida que llevan (llevaban) y la doctrina que profesan (profesaban). Evite al mÔximo caer en la trampa de que no importa lo que crean o cómo vivan las personas que usted lee, siempre y cuando lo que escriban sea agradable.
- Lea autores considerados clÔsicos, asà como también escritores actuales. Hay muchas enseñanzas que la Iglesia ha defendiendo a lo largo del tiempo, asà que no se cierre a conocer lo que dijeron aquellos que nos precedieron.
- Busque editoriales y librerĆas que sean explĆcitos en la lĆnea que manejan. Normalmente, aquellos que mezclan la verdad con el error son tibios al definir quĆ© venden y quĆ© no. Esto es un mal sĆntoma. Para conocer algunas, puede volver al punto tres.
- ”Lea! Y hÔgalo con constancia. A veces el tiempo es reducido, pero sabemos que el Señor utiliza la vida y las obras teológicas de hermanos en Cristo para beneficio nuestro.
Estos consejos no pretenden ser una fórmula infalible ni una lista exhaustiva, pero sĆ nos permitirĆ”n, con la ayuda de nuestro buen Dios, asegurarnos al mĆ”ximo de que lo que leemos estĆ” de acuerdo con el Evangelio bĆblico, histórico y verdadero. Recordemos que hay muchas doctrinas atractivas y novedosas que prometen cosas que Dios no ha prometido. Debemos rechazarlas con firmeza y no apoyar su difusión. DenĆŗncielas. No compre libros o pelĆculas que las promuevan. PĆdale al SeƱor Su divina asistencia para nutrirse con literatura que glorifique al Dios Trino. Tenga celo por la sana doctrina. Ā”Cuidado con las librerĆas ācristianasā!
[1] Este hombre es apoyado por falsos maestros y pastores como la popular Joyce Meyer. Fragmento extraĆdo de: http://bit.ly/2qTdEff (esta librerĆa y editorial comercializa textos como los criticados en este artĆculo).
[2] 2 Timoteo 4:3
[3] De las Sagradas Escrituras. Confesión Bautista de Fe de 1689. PÔrrafo 1.
ArtĆculo de: http://www.esclavosdecristo.com