La existencia de Dios

Iglesia EvangƩlica de la Gracia

Serie: ApologƩtica

La existencia de Dios

Samuel Barceló

Samuel Barceló nació en Palma de Mallorca, España, y se convirtió al Evangelio a la edad de 9 años. A través del estudio de la Palabra, su amor por la predicación y la sana doctrina fue creciendo.

SimultĆ”neamente, la pasión por la mĆŗsica acompaƱaba a Samuel, hasta que en 2009 pudo iniciar un proyecto musical que dura hasta dĆ­a de hoy, publicando hasta 4 CD’s musicales (Vida Eterna, Bones NotĆ­cies, Buenas NotĆ­cias e Himnos Solo Por Gracia) con canciones centradas en la Biblia. Su objetivo como mĆŗsico es componer himnos, directamente en espaƱol, saturados de la Palabra de Dios y centrados en quien es Dios y lo que ha hecho en Cristo. La mĆŗsica de Samuel pretende favorecer la transformación de los repertorios de las iglesias locales.

Desde el aƱo 2018, Samuel forma parte del equipo misionero de la Iglesia EvangĆ©lica de la Gracia, donde sirve con el apoyo de HeartCry.

SuscrĆ­bete: http://www.youtube.com/c/IglesiaEvang…
IEG Barcelona

ĀæQuiĆ©nes Necesitan El Evangelio?

Alimentemos El Alma

¿Quiénes Necesitan El Evangelio?

Por Charles H. Spurgeon sobre El Evangelio
Una parte de la serie Metropolitan Tabernacle Pulpit

Traducción por Allan Aviles

«Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que estÔn enfermos. No he venido para llamar a justos sino a pecadores.» Marcos 2:17
«Cristo murió por los impíos.» Romanos 5:6
«Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.» Romanos 5:18

«Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.» 1 Timoteo 1:15

La noche del pasado jueves, con dificultad considerable, vine aquí para predicar el evangelio de Jesucristo, y usé en mi predicación uno de los textos mÔs claros que pueda uno imaginar, completamente lleno de los mÔs sencillos elementos del evangelio. En pocos minutos el sermón produjo una cosecha. La congregación era escasa debido al mal tiempo, y ustedes no esperaban que su pastor pudiera predicar. Pero, a pesar de todas esas circunstancias, tres personas pasaron al frente sin que nadie se los pidiera, para dar testimonio que habían encontrado la paz con Dios. Si el número de personas era mayor no lo sé, pero estos tres buscaron a los hermanos y confesaron de manera sincera y de todo corazón el hecho bendito de que, por primera vez en sus vidas, habían entendido el plan de salvación. Entonces me pareció que si un tema tan sencillo del evangelio fue de tan repentino provecho, me debería sujetar a temas de ese tipo.

Si un agricultor encuentra que una semilla determinada le ha resultado tan efectiva que produce una cosecha como nunca antes la había obtenido, usarÔ nuevamente esa semilla, y sembrarÔ mÔs de ella. Esos procesos exitosos de producción agrícola deben mantenerse, y ser utilizados en mayor escala. Así pues, esta mañana voy a predicar simplemente el A B C del evangelio, los primeros rudimentos del arte de la salvación, y le doy gracias a Dios que esto no serÔ nuevo para mí. Que Dios el Espíritu Santo, en respuesta a sus oraciones, nos conceda una recompensa el día de hoy, en la misma proporción que la del jueves pasado, y si es así, nuestro corazón estarÔ muy feliz.

De un abundante número de textos, he seleccionado los cuatro arriba mencionados para proclamar la verdad de que la misión de nuestro Señor estaba relacionada con los pecadores. ¿Para qué vino Cristo al mundo? ¿Para quiénes vino? Estas son preguntas muy importantes, y la Escritura tiene las claras respuestas. Cuando los hijos de Israel encontraron por primera vez el manÔ fuera del campamento, se dijeron uno al otro, «¿ManÔ?» o ¿qué es esto? Porque no sabían lo que era. Allí estaba esa sustancia pequeña y redonda, tan diminuta como la escarcha en el suelo. No hay duda que la miraron, la frotaron con sus manos, la olieron, y cómo se alegraron cuando Moisés les dijo, «Es el pan que Jehovah os da para comer.» No pasó mucho tiempo antes que pudieran probar esa buena nueva, pues cada hombre recolectó su medida completa, la llevó a su casa, y la preparó a su gusto.

Ahora, en relación al evangelio, hay muchos que podrían exclamar ¿ManÔ? porque no saben lo que es. Muy frecuentemente también, se equivocan en lo que se refiere a su sentido y propósito y consideran que es algo así como una ley superior, o un sistema mÔs fÔcil de salvación por obras; y por eso se equivocan también en su idea acerca de las personas a quienes estÔ dirigido. Se imaginan que, seguramente, las bendiciones de la salvación estÔn destinadas para las personas que lo merecen, y Cristo debe ser el Redentor de los que han acumulado méritos. Bajo el principio de «bien por bien» llegan a la conclusión que la gracia es para quien posee excelencia y Cristo es para el virtuoso. Por tanto es muy útil que recordemos continuamente a los hombres lo que es el evangelio, y para quiénes ha sido enviado al mundo; porque, aunque la mayoría de ustedes lo sabe muy bien, y no necesitan que se les diga, sin embargo hay multitudes a nuestro alrededor que persisten en graves errores, y necesitan ser instruidos una y otra vez en las mÔs sencillas doctrinas de la gracia.

Hay menos necesidad de laboriosas explicaciones de los profundos misterios que de sencillas explicaciones de las mƔs sencillas verdades. Muchos hombres solamente necesitan una simple llave para levantar el cerrojo y abrir la puerta de la fe, y tengo la esperanza que Dios, en su infinita misericordia, pondrƔ tal llave en sus manos en esta maƱana.

Nuestra misión es mostrar que el evangelio estĆ” dirigido a los pecadores, y tiene puesto sus ojos en los culpables; que no ha sido enviado al mundo como una recompensa para las personas buenas o excelentes, o para aquellos que piensan que tienen ciertas cualidades o que estĆ”n preparados para el favor divino; sino que estĆ” destinado a los que incumplen la ley, a los indignos, a los impĆ­os, a quienes se han extraviado como ovejas perdidas, o han abandonado la casa de su padre como el hijo pródigo. Cristo murió para salvar a los pecadores, y Ɖl justifica a los impĆ­os. La verdad es lo suficientemente clara en la Palabra, pero como el corazón da coces contra ella, debemos insistir en ella con mucha dedicación.

Primero, AUN UNA MIRADA SUPERFICIAL A LA MISIƓN DE NUESTRO SEƑOR BASTA PARA MOSTRAR QUE SU OBRA FUƉ PARA EL PECADOR. Porque, queridos hermanos, la venida del Hijo de Dios a este mundo como Salvador significó que los hombres necesitaban ser liberados de un mal muy grande por medio de una mano divina. La venida de un Salvador que mediante su muerte proporcionarĆ­a el perdón para el pecado del hombre, significó que los hombres eran sumamente culpables, e incapaces de procurarse el perdón por medio de sus propias obras. Ustedes nunca hubieran visto un Salvador si no hubiera habido una caĆ­da. El EdĆ©n marchito fue un prefacio necesario para las angustias de GetsemanĆ­. Ustedes nunca hubieran sabido de una cruz ni de un Salvador sangrante en ella, si no hubieran escuchado primero del Ć”rbol de la ciencia del bien y del mal, ni de una mano desobediente que arrancó la fruta prohibida. Si la misión de nuestro SeƱor no se refiriera al culpable serĆ­a, hasta donde podemos entender, una tarea totalmente innecesaria. ĀæQuĆ© justifica la encarnación sino la ruina del hombre? ĀæQuĆ© puede explicar la vida de sufrimiento de nuestro SeƱor sino la culpa del hombre? Sobre todo, ĀæquĆ© explica su muerte y la nube bajo la cual murió sino el pecado del hombre? Ā«Todos nosotros nos descarriamos como ovejas. Pero Jehovah cargó en Ć©l el pecado de todos nosotros.Ā» Ɖsa es la respuesta a un enigma que, de cualquier otra manera, no tendrĆ­a respuesta.

Si echamos una mirada al pacto bajo el cual vino nuestro SeƱor, pronto percibimos que su orientación es hacia los hombres culpables. La bendición del pacto de obras tiene que ver con los que son inocentes, a quienes promete grandes bendiciones. Si hubiera existido una salvación por obras hubiera sido por medio de la ley, ya que la ley es Ć­ntegra y justa y buena; pero el nuevo pacto evidentemente trata con pecadores, porque no habla de recompensa al mĆ©rito, sino que, promete sin condiciones: Ā«SerĆ© misericordioso en cuanto a sus injusticias y jamĆ”s me acordarĆ© de sus pecados.Ā» Si no hubieran existido pecados e iniquidades e injusticias no hubiera habido necesidad del pacto de la gracia, de la cual Cristo es el mensajero y el embajador. La mĆ”s ligera mirada al carĆ”cter oficial de nuestro SeƱor como el AdĆ”n de un nuevo pacto deberĆ­a ser suficiente para convencernos que su misión es para los hombres culpables. MoisĆ©s viene para mostrarnos cómo se debe comportar el hombre santo, pero JesĆŗs viene para revelar cómo puede ser limpiado el impuro.

Siempre que escuchamos algo de la misión de Cristo, es descrita como una misiónde misericordia y gracia. En la redención que estĆ” en Cristo JesĆŗs es la misericordia de Dios la que siempre es exaltada. Nos salvó por su misericordia. Ɖl, por medio de JesĆŗs, por su abundante misericordia, perdona nuestras ofensas. Ā«La ley fue dada por medio de MoisĆ©s, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.Ā» Ā«CuĆ”nto mĆ”s abundó para muchos la gracia de Dios y la dĆ”diva por la gracia de un solo hombre, Jesucristo.Ā» El apóstol Pablo, que fue el que explicó de manera mĆ”s clara el evangelio, establece la gracia como la Ćŗnica palabra en que se apoyan los cambios: Ā«En cuanto se agrandó el pecado, sobreabundó la gracia.Ā» Ā«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.Ā» Ā«AsĆ­ tambiĆ©n la gracia reine por la justicia para vida eterna, por medio de Jesucristo nuestro SeƱor.Ā»

Pero, hermanos, la misericordia implica pecado: no se puede reservar ninguna misericordia para los justos, porque es la justicia misma quien les otorga todo lo bueno. Asimismo la gracia sólo puede otorgarse a los pecadores. ¿Qué gracia necesitan aquellos que han guardado la ley, y merecen el bien de las manos de Jehovah? Para ellos la vida eterna sería mÔs bien una deuda, una recompensa muy bien ganada; pero si se toca el tema de la gracia, de inmediato hay que eliminar la idea de mérito y hay que introducir otro principio. Sólo se puede practicar la misericordia allí donde hay pecado, y la gracia no se puede otorgar sino a quienes no tienen ningún mérito. Esto es muy claro y, sin embargo, todo el contenido de la religión de algunos hombres estÔ basado en otra teoría.

El hecho es que, cuando comenzamos el estudio del evangelio de la gracia de Dios, vemos que siempre vuelve su rostro hacia el pecado, de la misma manera que el mĆ©dico mira hacia la enfermedad, o la caridad mira hacia la necesidad. El evangelio lanza sus invitaciones; pero ĀæquĆ© son las invitaciones? ĀæNo estĆ”n dirigidas a quienes estĆ”n cargados con el peso del pecado, y estĆ”n fatigados tratando de escapar de sus consecuencias? Invita a toda criatura porque toda criatura tiene sus necesidades, pero especialmente dice Ā«Deje el impĆ­o su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos.Ā» Invita al hombre que no tiene dinero, o dicho en otras palabras, sin ningĆŗn mĆ©rito. Llama a aquellos que estĆ”n necesitados, y sedientos, y pobres, y desnudos y todas estas condiciones son figuras de estados equivalentes producidos por el pecado.

Los propios dones del evangelio implican pecado; la vida es para los muertos, la vista es para los ciegos, la libertad es para los cautivos, la limpieza es para los sucios, la absolución es para los pecadores. Ninguna bendición del evangelio es propuesta como una recompensa, y no se hace ninguna invitación a quienes reclaman las bendiciones de la gracia como algo a lo que tienen derecho; los hombres son invitados a venir y recibir dones gratuitamente de acuerdo a la gracia de Dios. ĀæY cuĆ”les son los mandamientos del evangelio? El arrepentimiento. ĀæPero quiĆ©n se arrepiente sino un pecador? La fe. Pero creer no es un mandamiento de la ley; la ley sólo habla de obras. Creer tiene que ver con los pecadores, y con el mĆ©todo de salvación por medio de la gracia.

Las descripciones que hace el evangelio de sĆ­ mismo usualmente apuntan hacia el pecador. El gran rey que hace una fiesta y no encuentra a ningĆŗn invitado que se siente a la mesa entre aquellos que naturalmente se esperaba que llegaran, pero que obliga a los hombres que van por los caminos y por los callejones a entrar a su fiesta. Si el evangelio se describe Ć©l mismo como una fiesta, es una gran fiesta para los ciegos, para los cojos, y para los lisiados; si se describe a sĆ­ mismo como una fuente es una fuente abierta para limpiar el pecado y las impurezas. En todas partes, en todo lo que hace y dice y da a los hombres, el evangelio se manifiesta como el amigo del pecador. El lema de su Fundador y SeƱor es «éste recibe a los pecadores.Ā» El evangelio es un hospital para los enfermos, nadie sino el culpable aceptarĆ” sus beneficios; es medicina para los enfermos, los sanos y los que creen en su propia justicia nunca podrĆ”n gustar sus sorbos salvadores. Quienes imaginan que poseen alguna excelencia ante Dios nunca se preocuparĆ”n por ser salvos por la gracia soberana. El evangelio, digo yo, mira hacia el pecador. En esa dirección y sólo en esa dirección lanza sus bendiciones.

Y hermanos, ustedes saben que el evangelio siempre ha encontrado sus mĆ”s grandes trofeos entre los mĆ”s grandes pecadores: alista a sus mejores soldados no solamente de las filas de los culpables sino de los rangos de los mĆ”s culpables. Ā«Simón,Ā» dijo nuestro SeƱor, Ā«Tengo algo que decirte. Cierto acreedor tenĆ­a dos deudores: uno le debĆ­a quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como ellos no tenĆ­an con quĆ© pagar, perdonó a ambos. Entonces, ĀæcuĆ”l de Ć©stos le amarĆ” mĆ”s?Ā» El evangelio se basa sobre el principio de quien ha tenido mucho que perdonĆ”rsele, Ć©se amarĆ” mĆ”s, y asĆ­ su SeƱor misericordioso se deleita buscando a los mĆ”s culpables y manifestĆ”ndose a ellos con amor abundante y sobreabundante, diciendo: Ā«He borrado como niebla tus rebeliones, y como nube tus pecados.Ā» Entre los grandes transgresores encuentra a los que mĆ”s intensamente lo aman una vez que los ha salvado, de Ć©stos recibe la bienvenida mĆ”s cordial y en ellos obtiene a los seguidores mĆ”s entusiastas. Una vez que son salvos, los grandes pecadores coronan a esta gracia inmerecida con sus diademas mĆ”s ilustres. Podemos estar bien seguros que tiene sus ojos puestos en los pecadores puesto que encuentra su mayor gloria en los mĆ”s grandes pecadores.

Hay otra reflexión que estĆ” muy cerca de la superficie, es decir, que si el evangelio no mira hacia los pecadores, Āæa quiĆ©n mĆ”s podrĆ­a mirar? Parece que ha habido Ćŗltimamente un resurgimiento del antiguo espĆ­ritu que presenta objeciones, de manera que los orgullosos Fariseos constantemente nos dicen que la predicación de la justificación por la fe se ha llevado mĆ”s allĆ” de sus lĆ­mites, y que estamos conduciendo a la gente a valorar menos la moralidad al predicar la gracia de Dios. Esta objeción frecuentemente refutada estĆ” saliendo de su escondite otra vez, porque el Protestantismo estĆ” perdiendo su savia y su alma. La misma fuerza y columna vertebral de la enseƱanza de los Reformadores fue esa gran doctrina de la gracia, que la salvación no es por obras sino por la sola gracia de Dios; y como los hombres se estĆ”n alejando de la Reforma, y estĆ”n dejĆ”ndose influenciar por la Iglesia Católica Romana, estĆ”n haciendo a un lado esta grandiosa verdad de la justificación por la fe solamente, y pretendiendo que le tienen temor. Pero, Ā”oh, cuĆ”n miserables y tontos son muchĆ­simos hombres en relación a este tema! Les propongo a todos ellos una pregunta: ĀæA quien, seƱores, mirarĆ­a el evangelio sino a los pecadores, porque quĆ© cosa son ustedes sino pecadores? Ustedes que hablan que la moralidad es lastimada, que la santidad es ignorada, ĀæquĆ© tienen ustedes que ver con cualquiera de ellas?

La gente que usualmente recurre a estas objeciones, por regla general haría mejor en no tocar esos temas. En general estos fieros defensores de la moralidad y de la santidad son sumamente liberales, mientras que los creyentes en la gracia de Dios frecuentemente son acusados de Puritanismo y rigidez. El que mÔs se adelanta para hablar en contra las doctrinas de la gracia es frecuentemente el hombre que mÔs la necesita, mientras que quien se opone a las buenas obras como la base para confiar, es precisamente la persona cuya vida estÔ cuidadosamente dirigida por los estatutos del Señor. Sepan, oh hombres, que no vive en la faz de la tierra un hombre a quien Dios pueda mirar con placer si considerara a ese hombre a la luz de Su ley. «Cada uno se había descarriado; a una se habían corrompido. No había quien hiciera el bien; no había ni siquiera uno.» Ningún corazón por naturaleza es sano o justo ante Dios, ninguna vida es pura o limpia cuando el Señor viene para examinarla con sus ojos que todo lo ven. Estamos encerrados en la misma prisión con todos los culpables; si no somos igualmente culpables, sí somos culpables en la medida de nuestra luz y de nuestro conocimiento, y cada uno es condenado justamente, porque nos hemos descarriado en nuestro corazón y no hemos amado al Señor. ¿A quien, entonces, podría mirar el evangelio si no dirigiera sus ojos hacia el pecador? ¿Por quién mÔs pudo haber muerto el Salvador? ¿Qué personas hay en el mundo para quienes los beneficios de la gracia pudieran ser sido destinados?

II. En segundo lugar, ENTRE MƁS FIJAMENTE MIRAMOS MƁS CLARAMENTE VEMOS ESTE HECHO, porque, hermanos,la obra de salvación ciertamente no fue llevada a cabo en favor de ninguno de nosotros que somos salvos a causa de alguna bondad en nosotros. Si hubiera algo bueno en nosotros serĆ­a puesto por la gracia de Dios, y ciertamente no estaba ahĆ­ cuando, en el principio, las entraƱas del amor de Jehovah comenzaron a moverse hacia nosotros. Si toman la primera seƱal distintiva de salvación que fue realmente visible en la tierra, es decir, la venida de Cristo, se nos dice que Ā«AĆŗn siendo nosotros dĆ©biles, a su tiempo Cristo murió por los impĆ­os. DifĆ­cilmente muere alguno por un justo. Con todo, podrĆ­a ser que alguno osara morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aĆŗn pecadores. Cristo murió por nosotros.Ā» AsĆ­ que nuestra redención, hermano mĆ­o, fue efectuada antes que naciĆ©ramos. Este fue el fruto del gran amor del Padre Ā«que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados.Ā» No habĆ­a antes nada en nosotros que pudiera haber merecido esa redención, ciertamente la simple idea de merecer la muerte de JesĆŗs es absurda y es una blasfemia. SĆ­, y cuando vivĆ­amos en el pecado y lo amĆ”bamos, se hacĆ­an preparativos para nuestra salvación; el amor divino estaba ocupado en nuestro favor mientras nosotros estĆ”bamos ocupados en la rebelión. El evangelio fue traĆ­do cerca de nosotros, corazones sinceros se pusieron a orar por nosotros, se escribió el texto que nos convertirĆ­a; y como ya he dicho, se derramó la sangre que nos limpia, y fue dado el EspĆ­ritu de Dios, que nos regenerarĆ­a. Todo esto se hizo cuando todavĆ­a no buscĆ”bamos a Dios. ĀæNo es maravilloso el pasaje del libro de Ezequiel, donde el SeƱor pasó y miró al bebĆ© indefenso lanzado al campo abierto cuando no estaba envuelto en paƱales y no habĆ­a sido lavado con agua, sino que estaba sucio y revolcĆ”ndose en su sangre? Dice que era tiempo de amor, y sin embargo era un tiempo de impureza y desprecio. Ɖl no amó al bebĆ© elegido porque estuviera bien lavado y adecuadamente vestido, sino que lo amó cuando estaba sucio y desnudo. Que cada corazón creyente admire la liberalidad y compasión del amor divino.

«Me vio arruinado en la caída,
Pero me amó, a pesar de todo;
Me salvó de mi estado perdido,
”Su misericordia, oh, cuÔn grande!

Cuando tu corazón era duro, cuando tu cuello era obstinado, cuando no te querĆ­as arrepentir ni someterte a Ɖl sino que te rebelabas cada vez mĆ”s y mĆ”s, Ɖl te amó a ti, sĆ­, a ti, con afecto supremo. ĀæPor quĆ© una gracia tal? ĀæPor quĆ© habrĆ­a de ser, sino es porque su naturaleza estĆ” llena de bondad y Ɖl se deleita en la misericordia? ĀæNo se ve la misericordia claramente extendida hacia el pecador en vez de ser otorgada sobre la base de algo bueno?

Miren aĆŗn mĆ”s detalladamente. ĀæQuĆ© vino a hacer nuestro SeƱor al mundo? AquĆ­ estĆ” la respuesta. «Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre Ć©l, y por sus heridas fuimos nosotros sanados.Ā» Ɖl vino para ser quien cargara con el pecado: Āæy creen ustedes que vino para cargar sólo con los pecados pequeƱos, los pecados sin importancia del mejor tipo de hombres, si existen tales pecados? ĀæSuponen que es un pequeƱo Salvador, que vino para salvarnos de las pequeƱas ofensas? Amados mĆ­os, es el bien amado Hijo de Jehovah que viene a la tierra y lleva la carga del pecado, una carga que, cuando la lleva, encuentra que no es una carga ficticia, porque provoca en Ɖl el sudor sangriento. Tan pesada es esa carga que inclina su cabeza a la tumba, y aĆŗn a la muerte bajo ella. Esa inmensa carga que estaba sobre Cristo era el cĆŗmulo de nuestros pecados; y por tanto cuando miramos ese tema percibimos que el evangelio tiene que ver con los pecadores.

Ā”No hay pecado! Entonces la cruz es una equivocación. Ā”No hay pecado! Entonces el lama sabactani fue sólo una queja contra una crueldad innecesaria. Ā”No hay pecado! ĀæEntonces, oh, Redentor, cuĆ”les son esas glorias que nosotros tan ansiosamente te hemos atribuido? ĀæCómo puedes quitar tĆŗ un pecado que no existe? La existencia de un gran pecado estĆ” implĆ­cita en la venida de Cristo, y esa venida fue ocasionada y hecha necesaria por el pecado, contra el cual JesĆŗs viene como nuestro Liberador. Ɖl declara que ha abierto una fuente, llena con la sangre de sus propias venas. ĀæPero para quĆ©? Una fuente que limpia implica suciedad. Debe ser, pecador, que de alguna manera u otra hay gente sucia, o si no, no hubiera existido una asombrosa fuente como Ć©sta, llena del corazón de Cristo. Si tĆŗ eres culpable tĆŗ eres uno que necesita de esa fuente, y estĆ” abierta para ti. Ven con todo tu pecado y tu suciedad y lĆ”vate hoy, y sĆ© limpio.

«Fue por los pecadores que sufrió
Inexpresables agonĆ­as;
ĀæPuedes dudar que eres un pecador?
Si tienes dudas, entonces adiós esperanza.»
 Ā«Pero, al creer lo que estĆ” escrito:
‘Todos son culpables’, ‘muertos en el pecado,’
Mirando al Crucificado
La esperanza levantarĆ” tu alma.Ā»

Hermanos, todoslos dones que Jesucristo vino a dar, o cuando menos la mayor parte de ellos, implican que hay pecado. ĀæCuĆ”l es su primer don sino el perdón? ĀæCómo puede perdonar a un hombre que no ha transgredido? Hablo con toda reverencia, no puede haber una cosa tal como perdón donde no hay ofensa cometida.

Propiciar por el pecado y borrar la iniquidad, ambas cosas requieren que haya un pecado para que pueda ser borrado ¿O si no, qué hay de real en ellas? Cristo viene para traer la justificación, y esto muestra que debe haber una falta de santidad natural en los hombres, porque si no, serían justificados por ellos mismos y por sus propias obras. ¿Y por qué todas estas expresiones acerca de la justificación por la justicia del Hijo de Dios, si los hombres estÔn ya justificados por su propia justicia? Esas dos bendiciones, y otras del mismo tipo, son claramente aplicables solamente a los pecadores. Para nadie mÔs pueden ser de utilidad.

Nuestro SeƱor Jesucristo vino ceƱido tambiĆ©n con poder divino. Ɖl dice, Ā«El espĆ­ritu del SeƱor Jehovah estĆ” sobre mĆ­.Ā» ĀæCon quĆ© fin fue cubierto con poder divino a menos que el pecado hubiera tomado todo el poder y la fuerza del hombre, y que el hombre estuviera en una condición de la cual no podĆ­a ser levantado excepto por la energĆ­a del EspĆ­ritu eterno? ĀæY quĆ© implica esto sino que la misión de Cristo se dirige a aquellos que a travĆ©s del pecado estĆ”n sin fuerza y sin mĆ©rito ante Dios? El EspĆ­ritu Santo es dado porque el espĆ­ritu del hombre ha fallado: porque el pecado ha quitado la vida al hombre, y lo ha dejado muerto en transgresiones y pecados. Por tanto viene el EspĆ­ritu Santo para reanimarlo dĆ”ndole una nueva vida, y ese EspĆ­ritu viene por Jesucristo. Por consiguiente la misión de Jesucristo es claramente para el culpable.

No dejarĆ© de decir que, las grandes obras de nuestro SeƱor, si las miran cuidadosamente, todas tienen que ver con los pecadores. JesĆŗs vive; es para que pueda buscar y salvar lo que estĆ” perdido. JesĆŗs muere; es para que pueda hacer una propiciación por los pecados de los hombres culpables. JesĆŗs resucita; resucita para nuestra justificación, y como lo he mostrado, no necesitarĆ­amos la justificación a menos que hubiĆ©ramos sido naturalmente culpables. JesĆŗs sube a lo alto y Ɖl recibe dones para los hombres; pero observen esa palabra especial, Ā«Aun de los rebeldes, para que allĆ­ habitase Jehovah Dios.Ā» JesĆŗs habita en el cielo, pero Ɖl vive allĆ­ para interceder. Ā«Por esto tambiĆ©n puede salvar por completo a los que por medio de el se acercan a Dios, puesto que vive para siempre para interceder por ellos.Ā» AsĆ­ que tomen cualquier parte que quieran de sus gloriosos logros y encontrarĆ”n que hay una clara relación hacia aquellos que estĆ”n inmersos en la culpa.

Y, amados mĆ­os, todos los dones y bendiciones que Jesucristo ha traĆ­do para nosotros derivan mucho de su brillo por su relación con los pecadores. Es en Jesucristo que somos elegidos y para mĆ­ la gloria de ese amor que elige descansa en esto, que fue dirigido hacia tales objetos sin mĆ©rito alguno. ĀæCómo pudo existir una elección si hubiera sido de acuerdo al mĆ©rito? Entonces los hombres se habrĆ­an clasificado por derecho propio de acuerdo a sus obras. Pero las glorias de la elección brillan con la gracia, y la gracia tiene siempre como su envoltura y como su contenido interno la falta de mĆ©ritos de los objetos hacia los cuales se manifiesta. La elección de Dios no es de acuerdo a nuestras obras, sino una inmerecida elección de entre los pecadores. Adoremos y maravillĆ©monos.

Vuélvanse a contemplar el llamamiento eficaz, y vean cuÔn delicioso es verlo como una llamada que vivifica a los muertos, y llama a las cosas que no existen como si existieran, como una llamada a los condenados para darles perdón y favor. Vuélvanse a continuación hacia la adopción. ¿CuÔl es la gloria de la adopción, sino que Dios ha adoptado a aquellos que eran extraños y rebeldes para hacerlos sus hijos? ¿CuÔl es la belleza especial de la regeneración, sino que aun de estas piedras Dios ha podido levantar hijos a Abraham? ¿CuÔl es la belleza de la santificación, sino que ha tomado a criaturas tan impías como somos para hacernos reyes y sacerdotes para Dios, y para santificarnos completamente: espíritu, alma, y cuerpo? Pienso que es la gloria del cielo pensar que aquellos miembros del coro vestidos de blanco estuvieron alguna vez suciamente corrompidos; esos felices adoradores fueron en un tiempo rebeldes contra Dios.

Es un cuadro feliz ver a los Ôngeles que no cayeron y que conservaron su primer estado, perfectamente puros y para siempre alabando a Dios; pero la visión de los hombres caídos que fueron rescatados divinamente estÔ mÔs llena de la gloria de Dios. Por mÔs que eleven los Ôngeles sus voces gozosas en corales perpetuos, nunca pueden alcanzar la dulzura especial de esa canción: «Hemos lavado nuestros vestidos y los hemos emblanquecido en la sangre del Cordero.» No pueden entrar experimentalmente en esa verdad que es la gloria que corona al nombre de Jehovah: «Tú fuiste inmolado y con tu sangre nos has redimido para Dios.»

De esta manera he demostrado abundantemente que entre mƔs miremos mƔs claro resulta que el evangelio estƔ dirigido a los pecadores y estƔ especialmente planeado para su beneficio.

III. Ahora, en tercer lugar, es evidente que ES NUESTRA SABIDURƍA ACEPTAR LA SITUACIƓN. SĆ© que para muchos esta es una doctrina de amargo sabor. Bien amigo, es mejor que cambies tu paladar, porque nunca serĆ”s capaz de alterar esa doctrina. Es la verdad del Dios eterno, y no puede ser cambiada. Lo mejor que puedes hacer, ya que el evangelio mira hacia los pecadores, es estar en el lugar hacia donde mira el evangelio; y puedo recomendarte esto, no solamente como polĆ­tica sino por honestidad, porque solamente estarĆ”s en el lugar correcto cuando estĆ©s allĆ­.

Me parece escuchar que presentan objeciones. «No admiro este sistema. ¿Voy a ser salvo de la misma manera que un ladrón moribundo?» Precisamente así es, señor, a menos que sucediera que te es dada mayor gracia a ti que a él. «Pero tú no quieres decir que en el tema de la salvación ¿voy a ser colocado en el mismo nivel que la mujer que fue una pecadora? He sido puro y casto, y ¿voy a deber mi salvación a la absoluta misericordia de Dios tanto como ella?» Sí señor, digo eso, exactamente así. Sólo hay un principio bajo el cual Dios salva a los hombres, y es el de la gracia inmerecida. Quiero que entiendas esto. Aunque eso se mastique entre tus dientes como granitos de arena y te enoje; no lo lamentaré si llegas a saber qué es lo que quiero decir; porque la verdad todavía puede entrar en tu alma, y todavía te puedes inclinar ante su poder. Oh, hijos de padres piadosos, ustedes jóvenes de excelente moral y conciencias delicadas, a ustedes les hablo, sí, a ustedes. Alégrense de sus privilegios, pero no se jacten de ellos, porque ustedes también han pecado, han pecado contra la luz y el conocimiento, ustedes lo saben. Si no han caído en los pecados mÔs terribles de obras y hechos, sin embargo en el deseo y en la imaginación ya se han extraviado lo suficiente, y en muchas cosas han ofendido terriblemente a Dios. Si, con estas consideraciones ante ustedes, toman su lugar como pecadores no serÔn deshonrados, sino que simplemente estarÔn en donde deben estar.

Y entonces recuerden, si obtienen la bendición de esta manera, la habrĆ”n obtenido de la manera mĆ”s segura posible. Supongan que hay un nĆŗmero de salones para los invitados, y yo he ocupado uno de los mejores, pero pudiera ser que no tengo derecho de estar allĆ­. Estoy comiendo y bebiendo de las provisiones para los invitados de mayor rango, y mi boleto no corresponde a esa categorĆ­a, y por lo tanto me siento muy incómodo. Cada bocado que doy pienso en mis adentros: Ā«No sĆ© si se me permitirĆ” permanecer aquĆ­, tal vez el SeƱor de la fiesta venga y me diga, Ā«Amigo, Āæcómo entraste aquĆ­ sin estar vestido de boda?Ā» Y con mucha vergüenza debo proceder a tomar mi lugar en un salón de mucha menor categorĆ­a.Ā»

Hermanos, cuando comenzamos desde abajo, y nos sentamos en el salón de menor categoría nos sentimos seguros, estamos satisfechos porque lo que tenemos es para nosotros, y no nos serÔ quitado. Tal vez, cuando el rey venga nos pueda llevar a un salón de mejor categoría. No hay nada como comenzar en el lugar mÔs bajo. Cuando me afirmo en la promesa como un santo, tengo mis dudas acerca de ella, pero cuando me agarro de ella como un pecador ya no me cabe ninguna duda. Si el Señor me pide que me alimente de Su misericordia como Su hijo lo hago, pero el diablo me susurra al oído que estoy presumiendo, porque nunca fui realmente adoptado por la gracia; pero cuando llego a Jesús como culpable, como un pecador sin méritos y tomo lo que el Señor libremente me presenta al creer, el diablo mismo no me puede decir que no soy un pecador, o si lo dice la mentira es demasiado clara, y no me ocasiona ninguna preocupación. No hay nada como tener un título irrevocable, y si la descripción de ustedes en el título es que son pecadores, eso es indisputable porque definitivamente lo son. De tal manera que el lugar del pecador es el lugar verdadero de ustedes y su lugar mÔs seguro.

Otra bendición es que es un lugar al que puedes ir directamente, incluso en este mismo momento. Si el evangelio mirara hacia los hombres que tienen un cierto estado de corazón en el que haya virtudes dignas de elogio, entonces ĀæcuĆ”nto tiempo me tomarĆ” elevar mi corazón a ese estado? Si Jesucristo viene al mundo para salvar hombres que tienen una cierta medida de excelencia, Āæentonces cuĆ”nto tiempo me tomarĆ­a alcanzar esa excelencia? Me puedo enfermar y morir en el lapso de media hora, y oĆ­r la sentencia del juicio eterno, y serĆ­a para mĆ­ un pobre evangelio el que me dijera que posiblemente obtuviera la salvación si alcanzara un estado que me tomarĆ­a varios meses para alcanzarlo. En esta hora yo, un moribundo, sĆ© que puedo irme fuera de este mundo y mĆ”s allĆ” del alcance de la misericordia en el tĆ©rmino de una hora; Ā”quĆ© consuelo es que ese evangelio venga a mĆ­ y se me dĆ© justo ahora, aun en la situación en que me encuentro! Ya estoy en esa posición en la que la gracia comienza con los hombres, porque soy un pecador, y sólo tengo que reconocerlo. Ahora pues, pobre alma, siĆ©ntate ante el SeƱor y di: Ā«SeƱor, Āævino tu Hijo a salvar a los culpables? Yo lo soy y confĆ­o en Ɖl para que me salve. ĀæMurió Ɖl por los impĆ­os? Yo soy uno, SeƱor, confĆ­o en que su sangre me limpie. ĀæSu muerte fue por los pecadores? SeƱor, asumo esa posición. Me confieso culpable. Acepto la sentencia de tu ley como justa, pero sĆ”lvame, SeƱor, pues JesĆŗs murió.Ā» Se ha cumplido; eres salvo. Ve en paz, hijo mĆ­o; tus pecados, que son muchos, te son perdonados. Ve, hija mĆ­a, sigue tu camino, y regocĆ­jate: el SeƱor ha quitado tu pecado; no morirĆ”s, porque quien cree, estĆ” justificado de todo pecado.

Bendito es el hombre a quien el Señor no le culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño. Vete, entonces a tu verdadera posición, acepta la situación en que la gracia considera que debes de estar. No hables ni de justicia ni de mérito; sino apela a la piedad y al amor.

Cierto hombre había conspirado varias veces contra el primer Napoleón, y eventualmente, estando enteramente en las manos del emperador, se pronunció su sentencia de muerte. Su hija suplicó ardientemente por su vida, y finalmente, cuando obtuvo una audiencia con el emperador, cayó de rodillas ante él. «Hija mía,» dijo el emperador, «es inútil que supliques por tu padre, porque tengo la evidencia mÔs clara de sus múltiples crímenes, y la justicia requiere que muera.» La muchacha le dijo, «Señor, no pido justicia, imploro misericordia. Yo confío en la misericordia de tu corazón y no en la justicia del caso.» La oyó pacientemente, y por su petición se salvó la vida de su padre. Imiten esa súplica y exclamen: «Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia.»

La justicia no te debe nada sino la muerte, sólo la misericordia puede salvarte. Haz a un lado cualquier idea de poder defenderte exitosamente: admite que no tienes defensa y declÔrate culpable. Confía en la misericordia de la corte y pide misericordia, misericordia por pura gracia, misericordia inmerecida, favor gratuito: esto es lo que debes pedir, y tal como en la ley hay una forma de juicio llamada in forma pauperis, es decir, en la forma de un indigente, adopta el método y como un hombre lleno de necesidades suplica el favor de las manos de Dios, in forma pauperis, y se te concederÔ.

IV. Ahora cierro este discurso con el siguiente punto el cual es, ESTA DOCTRINA TIENE UNA GRAN INFLUENCIA SANTIFICADORA. Ā«Eso,Ā» dice alguien, Ā«no lo puedo creer. Seguramente has estado otorgando un valor al pecado al decir que Cristo vino a salvar solamente a los pecadores, y no llama a nadie al arrepentimiento sino a los pecadores.Ā» Queridos seƱores, he oĆ­do ese tipo de comentarios tantas veces que ya me los sĆ© de memoria; las mismas objeciones contra esta doctrina fueron presentadas por los seguidores del Papa en los dĆ­as de Lutero, y desde entonces por todos los que obtienen beneficios especiales con la buena fe.

La opinión que la gracia inmerecida se opone a la moralidad, no tiene ningún fundamento. Ellos sueñan que la doctrina de la justificación por la fe conducirÔ al pecado, pero se puede demostrar por la historia que cada vez que esta doctrina ha sido magistralmente predicada, los hombres han sido mÔs santos, y cada vez que esta verdad ha sido oscurecida, ha abundado todo tipo de corrupción. La doctrina de la gracia y la vida sustentada por la gracia encajan perfectamente, y la enseñanza de la ley y una vida sin ley, generalmente se encuentran asociadas.

Vamos a mostrarles el poder santificante de este evangelio. Su primera operación en esa dirección es Ć©sta: cuando el EspĆ­ritu Santo hace penetrar la verdad del perdón inmerecido en un hombrecambia completamente sus pensamientos en lo que concierne a Dios. Ā«QuĆ©,Ā» dice Ć©l, «¿me ha perdonado gratuitamente Dios de todas mis ofensas por causa de Cristo? ĀæY me ama a pesar de todo mi pecado? Ā”Yo no sabĆ­a que Ɖl fuera asĆ­, tan lleno de gracia y bueno! PensĆ© que Ɖl era duro; lo llamĆ© tirano, cosechando donde no habĆ­a sembrado, pero, ĀæasĆ­ siente Ɖl por mĆ­?Ā» Ā«EntoncesĀ» dice el alma, Ā«entonces yo lo amo por esoĀ» Hay un cambio radical de sentimiento, en el hombre hay un giro completo tan pronto como Ć©l entiende la gracia redentora y el amor hasta la muerte. Al contemplar la gracia se produce la conversión.

MĆ”s aĆŗn, esta grandiosa verdad hace algo mĆ”s que cambiar a un hombre, lo inspira, lo derrite, lo vivifica y lo inflama. Esta es una verdad que sacude a las profundidades del corazón y llena al hombre de vivas emociones. Le hablaste acerca de hacer el bien, y de lo justo, y de la justicia, y de la recompensa, y del castigo, y Ć©l oyó todo eso que pudo haber tenido una cierta influencia sobre Ć©l, pero no lo sintió profundamente. Una enseƱanza asĆ­ es demasiado frĆ­a para calentar al corazón. Pero la verdad que llega al corazón del hombre sĆ­ le parece nueva y excitante. Va mĆ”s o menos asĆ­: Dios por su pura misericordia, perdona al culpable, y Ɖl te ha perdonado a ti. Entonces, esto lo despierta, lo sacude, toca la fuente de sus lĆ”grimas, y mueve todo su ser. Posiblemente, cuando oye el evangelio por primera vez, no le preocupa y hasta lo odia, pero cuando le llega con poder, tiene un control maravilloso sobre Ć©l. Cuando recibe su mensaje como realmente dirigido a Ć©l, entonces su frĆ­o corazón de piedra se convierte en carne; cĆ”lida emoción, amor tierno, humilde deseo, y un sagrado anhelo por el SeƱor se agitan en su seno. El poder vivificante de esta verdad divina, asĆ­ como su poder de conversión, nunca pueden ser admirados en exceso.

AdemĆ”s, cuando esta verdad entra en el corazón da un golpe mortal a la arrogancia del hombre. Muchos hombres se hubieran hecho sabios, simplemente pensando que ya lo son; y muchos hombres se hubieran hecho virtuosos, simplemente concluyendo que ya han alcanzado la virtud. He aquĆ­, esta doctrina golpea duramente al crĆ”neo para quitarle la confianza en la propia bondad de ustedes, y hace que ustedes sientan su culpa; y al hacer eso arranca el gran mal del orgullo. Un sentido del pecado es el umbral de la misericordia. Una conciencia de la propia incapacidad, un dolor por todas las ofensas pasadas, es una preparación necesaria para una vida mĆ”s elevada y mĆ”s noble. El evangelio excava los cimientos, crea un gran vacĆ­o y de esa manera hace un espacio para poner las piedras gloriosas de un noble carĆ”cter espiritual, en el lugar debido.

AdemĆ”s, cuando se recibe esta verdad es seguro que brota en el alma un sentimiento de gratitud. El hombre a quien se le ha perdonado mucho con toda seguridad amarĆ” mucho a cambio. La gratitud hacia Dios es el grandioso resorte que mueve a la acción santa. Quienes hacen lo justo para ser recompensados por ello actĆŗan de manera egoĆ­sta. El egoĆ­smo estĆ” en el fondo de su carĆ”cter, se abstienen de pecar sólo para que su yo evite el sufrimiento y obedecen sólo para que su yo estĆ© seguro y feliz. El hombre que hace lo justo no por el cielo o por el infierno, sino porque Dios lo ha salvado, y ama a Dios que lo salvó, es verdaderamente el hombre que ama lo justo. El que ama lo justo porque Dios lo ama, se ha levantado del pantano del egoĆ­smo y es capaz de la virtud mĆ”s elevada, sĆ­, tiene en Ć©l una fuente viva, que fluirĆ” y se desbordarĆ” en una vida santa mientras viva.

Y, queridos hermanos, pienso que todos verĆ”n que el perdón inmerecido para los pecadores promueve una parte del carĆ”cter verdadero, es decir, disposición para perdonar a otros, porque a quien se le ha perdonado mucho le resulta fĆ”cil perdonar las transgresiones de los demĆ”s. Si no lo hace, bien puede dudar si ha sido Ć©l mismo perdonado; pero si el SeƱor ha borrado su deuda de mil talentos Ć©l pronto perdonarĆ” los cien centavos que su hermano le debe.

Por Ćŗltimo, algunos de nosotros sabemos, y quisiĆ©ramos que todos lo supieran por experiencia personal, que un sentimiento de favor inmerecido y libre perdón es el alma misma del entusiasmo, y el entusiasmo es para los cristianos lo que la sangre es para el cuerpo. ĀæAlguna vez se entusiasmaron ante un discurso frĆ­o sobre la excelencia de la moralidad? ĀæSintieron que su alma se sacudĆ­a dentro de ustedes al escuchar un sermón sobre las recompensas de la virtud? ĀæAlguna vez se entusiasmaron cuando se les habló acerca de los castigos de la ley? De ninguna manera, seƱores; pero prediquen las doctrinas de la gracia, dejen que el favor soberano de Dios sea exaltado, y observen las consecuencias.

Hay gente que estÔ dispuesta a caminar muchas millas y aguantar juntos sin cansancio durante muchas horas para oír esto. He conocido a los que soportan duras caminatas de muchas millas para escuchar a esta doctrina. ¿Por qué?¿Porque el hombre era elocuente, o porque era buen orador? Nada de eso: algunas veces la predicación ha sido mala, presentada con un lenguaje sin educación, y sin embargo esta doctrina siempre ha movido a la gente. Hay algo en el alma del hombre que estÔ buscando al evangelio de la gracia, y cuando viene, hay hambre para oírlo. Vean como en los tiempos de la Reforma, cuando existía la pena de muerte por oír un sermón: cómo se reunía la gente a medianoche; cómo caminaban largas jornadas hacia los desiertos y las cuevas para escuchar la enseñanza de estas viejas verdades grandiosas.

Hay una dulzura acerca de la misericordia, de la misericordia divina, graciosamente dada, que captura el oĆ­do del hombre y sacude su corazón. Cuando esta verdad penetra en el alma engendra entusiastas, mĆ”rtires, confesores, misioneros, santos. Si hay cristianos serios, y llenos de amor a Dios y al hombre, son aquellos que saben lo que la gracia ha hecho por ellos. Si hay quienes permanecen fieles ante los reproches y llenos de gozo ante las penalidades y las cruces, son aquellos que estĆ”n conscientes de su deuda hacia el amor divino. Si hay quienes se deleitan en Dios mientras viven, y descansan en Ɖl cuando mueren, son los hombres que saben que son justificados por la fe en Jesucristo que justifica al impĆ­o.

Toda la gloria sea para el SeƱor que elevó al mendigo desde el montón de estiĆ©rcol y lo puso en medio de los prĆ­ncipes, los prĆ­ncipes de Su pueblo. Ɖl toma a los desechados por el mundo y los adopta como miembros de su familia y los hace herederos de Dios por Jesucristo. El SeƱor nos permite conocer el poder del evangelio sobre nuestro yo pecador. El SeƱor nos hace querer el nombre, la obra, y la persona del Amigo del Pecador. OjalĆ” que nunca olvidemos el agujero del pozo del que fuimos sacados, ni la mano que nos rescató, ni la inmerecida bondad que movió a esa mano. A partir de ahora y cada vez con mayor celo tenemos que hablar de la gracia infinita. Ā«Gracia inmerecida y amor hasta la muerte.Ā» Bien dice esa canción espiritual: Ā«Suenen esas campanillas encantadoras.Ā» Ā”Gracia inmerecida y amor hasta la muerte, son las ventanas de esperanza del pecador! Nuestros corazones se gozan con esas palabras. Gloria a ti, Oh SeƱor JesĆŗs, siempre lleno de compasión. AmĆ©n.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

ĀæQuĆ© es el movimiento CarismĆ”tico?

Got Questions

¿Qué es el movimiento CarismÔtico?

El movimiento carismĆ”tico es un movimiento de renovación cristiana interdenominacional y es una de las fuerzas mĆ”s populares y de mĆ”s rĆ”pido crecimiento dentro del mundo cristiano actual. El movimiento tuvo su origen en 1906 en la misión de la Calle Azusa en Los Ɓngeles, California, un avivamiento de patrocinio Metodista. Fue ahĆ­ donde la gente declaró haber sido ā€œbautizada por el EspĆ­ritu Santoā€ de la manera registrada en el capĆ­tulo 2 del libro de los Hechos durante la celebración de PentecostĆ©s. Las personas que hablaban en lenguas y milagros de sanidad desencadenaron en la gente un frenesĆ­ espiritual. La gente que asistió a esas reuniones propagó su entusiasmo a travĆ©s de todos los Estados Unidos, y asĆ­ se inició el movimiento CarismĆ”tico/Pentecostal.

Para principios de los aƱos 70’s, el movimiento se habĆ­a extendido a Europa, y durante los 80’s el movimiento se expandió, con un nĆŗmero de nuevas denominaciones que se desprendieron de Ć©l. No es inusual ver su influencia en muchas otras denominaciones tales como los Bautistas, Episcopales y Luteranos, asĆ­ como en iglesias no denominacionales.

El movimiento tomó su nombre de las palabras griegas charis, que es una transliteración de la palabra griega para ā€œgracia,ā€ y mata, que es la palabra griega para ā€œdones.ā€ CarismĆ”tica entonces, significa ā€œdones de la gracia.ā€ Enfatiza las manifestaciones de los dones del EspĆ­ritu Santo como seƱal de la presencia del EspĆ­ritu Santo. Estos dones tambiĆ©n son conocidos como ā€œcarismasā€ bĆ­blicos, o dones espirituales que supuestamente otorgan una influencia individual o autoridad sobre un gran nĆŗmero de gente. Los dones prominentes entre estos ā€œcarismasā€ son el hablar en lenguas y profetizar. Los carismĆ”ticos sostienen que las manifestaciones del EspĆ­ritu Santo dadas a aquellos en la iglesia del primer siglo, pueden ser aĆŗn experimentadas y practicadas en la actualidad.

El movimiento carismĆ”tico es mĆ”s conocido por su aceptación de hablar en lenguas (tambiĆ©n conocido como glosolalia), sanidad divina, y profecĆ­as como evidencias del EspĆ­ritu Santo. La mayorĆ­a de las reuniones son para oración y cantos espirituales, danza, gritos ā€œen el espĆ­ritu,ā€ y levantamiento de manos y brazos en oración. TambiĆ©n la unción de los enfermos con aceite es a menudo parte del servicio de adoración. Estas son las razones principales para el crecimiento y popularidad del movimiento. Mientras que el crecimiento y la popularidad ciertamente son deseables, Ć©stos no pueden ser usados como prueba de la verdad.

La pregunta permanece: Āæes bĆ­blico el movimiento carismĆ”tico? Podemos responder mejor esta pregunta de esta manera: sabemos que desde la creación de la humanidad, el insidioso plan maestro de SatanĆ”s ha sido sencillamente poner un velo entre los hijos de Dios y la infalible Palabra de Dios. Comenzó en el JardĆ­n del EdĆ©n, cuando la serpiente le preguntó a Eva, ā€œĀæCon que Dios os ha dicho: ….ā€ (GĆ©nesis 3:1), generando con ello dudas sobre la autoridad y autenticidad de lo que Dios ha dicho. Desde ese dĆ­a, Ć©l continĆŗa atacando la infalibilidad y autenticidad de la Biblia. Indudablemente, sabemos que SatanĆ”s ha acelerado el ritmo de esta estrategia. (1 Pedro 5:8).

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

La parĆ”bola del mayordomo infiel

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parÔbolas de Jesús.

La parƔbola del mayordomo infiel

Ed Welch

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parÔbolas de Jesús.

Nuestra parĆ”bola comienza con un Ā«cierto hombre ricoĀ» que tiene un Ā«mayordomoĀ» o Ā«administradorĀ» (griego oikonomos; Lc 16:1). Un oikonomos en el mundo antiguo era un servidor de confianza que distribuĆ­a los bienes o productos de su amo a sus clientes y mantenĆ­a un registro honesto de aquellos que le debĆ­an a su seƱor. Sin embargo, este mayordomo es deshonesto. Su amo recibe una acusación de que el mayordomo estĆ” derrochando sus bienes (v. 1). Sin dudarlo, le pide que presente sus cuentas y lo despide. Inmediatamente, el mayordomo se pregunta quĆ© harĆ”. Es demasiado dĆ©bil para cavar y demasiado orgulloso para mendigar (v. 3). Pero luego, el pĆ”nico inicial da paso a la sabidurĆ­a. Se acerca a todos los deudores de su amo, les pregunta cuĆ”nto deben y luego les dice que reescriban sus contratos.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Su estrategia es simple. Ɖl les otorga descuentos antes de entregar su carnet de acreditación para que, en sus propias palabras, Ā«cuando se me destituya de la administración me reciban en sus casasĀ» (v. 4). Su plan se aprovecha de los códigos antiguos de beneficencia y de hospitalidad. Estos deudores le deben a su amo. Pero si les da un Ā«descuentoĀ», entonces le quedarĆ­an debiendo un favor a Ć©l. Y cuando sepan que estĆ” sin trabajo y en la calle, por su generosidad se sentirĆ”n obligados a devolverle el favor y darle un lugar donde quedarse.

Este es un llamado radical a la mayordomĆ­a bĆ­blica en una era de riquezas mundanas.

Es un plan bastante inteligente, pero Āæes honesto? Algunos comentaristas no lo creen asĆ­. Consideran que las acciones de los versĆ­culos 5-7 son deshonestas y contrarias a los deseos de su amo, como un dependiente que regala artĆ­culos de la tienda en su Ćŗltimo dĆ­a. Pero si esto fuera asĆ­, Āæentonces cómo recibe la alabanza de su amo en el versĆ­culo 8? Esto debió ser porque sus acciones fueron realmente loables. Lo mĆ”s probable es que el mayordomo haya reducido la cantidad adeudada al descontar su propia comisión para beneficiar tanto a los deudores de su amo como a sĆ­ mismo. En otras palabras, este administrador no es deshonesto por reducir la cantidad adeudada por los deudores (vv. 5-7). Ɖl es sabio. Lo que lo hace deshonesto es que derrocha los bienes de su amo (v. 1). JesĆŗs entonces se enfoca en la sabidurĆ­a o la Ā«sagacidadĀ» del mayordomo en vez de hacerlo en su deshonestidad y declara que Ā«los hijos de este siglo son mĆ”s sagaces en las relaciones con sus semejantes que los hijos de la luzĀ» (v. 8).

La conexión entre la parÔbola y la audiencia de Jesús (la de entonces y la actual) se encuentra en el versículo 9: «Y Yo os digo: Haceos amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando falten, os reciban en las moradas eternas». Jesús llama a Su pueblo a imitar las acciones sabias del mayordomo usando riquezas injustas (mundanas) para asegurar una morada física, pero con una gran diferencia. En nuestro caso debemos usar nuestras riquezas mundanas para hacer amigos y así asegurarnos una morada eterna. Pero esto plantea dos preguntas cruciales: (1) ¿cómo hacemos amigos mediante las riquezas mundanas? y (2) ¿cómo esos amigos nos reciben en las moradas eternas?

La respuesta a la primera pregunta se presenta en los versículos 10-13. No podemos «servir a Dios y a las riquezas» (v. 13). Son dos maestros en competencia. Servir a uno significa desobedecer al otro. Amar a uno significa aborrecer al otro. Hacer amigos mediante la riqueza del mundo es un llamado a someter nuestras finanzas por completo a la voluntad de Dios y a los propósitos de Su evangelio en el mundo. Significa bendecir a los necesitados siendo mayordomos «fieles» del dinero de nuestro Señor (v. 10). Pero esto no significa que no seamos bendecidos a cambio.

Eso nos lleva a la segunda pregunta, mÔs desafiante: ¿cómo esos amigos nos reciben en las moradas eternas? Primero, debemos notar que el verbo «recibir» (v. 9) no tiene un sujeto explícito. Eso significa que los que nos dan la bienvenida al cielo pueden ser los «amigos» terrenales que se acaban de mencionar o, como algunos han argumentado, los Ôngeles celestiales, que es una forma de decir Dios mismo. El hecho de que la palabra «amigos» aparezca en el texto, hace que tendamos a verlos como el sujeto del verbo «reciban». Pero esto nos puede conducir a la noción antibíblica de que dar dinero al necesitado puede de alguna manera ameritar nuestra entrada al cielo. La salvación es por la gracia sola, por medio de la fe sola en la persona y obra de Cristo solo. Sin embargo, evidenciamos nuestra fe salvadora por medio de nuestras buenas obras. El versículo 11 lo expresa claramente: «Por tanto, si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas [es decir, las mundanas], ¿quién os confiarÔ las riquezas verdaderas [es decir, el cielo mismo]?». Dicho de otra manera, si fallamos en ser mayordomos fieles de nuestras riquezas terrenales, como al decir: «Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo» (Stg 2:16), no podemos asumir que recibiremos las riquezas celestiales de la vida eterna. «La fe sin las obras estÔ muerta» (v. 26). Este es un llamado radical a la mayordomía bíblica en una era de riquezas mundanas. Que Dios nos dé la gracia de ver las necesidades de las personas y satisfacerlas con gratitud en nuestro corazón por lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David E. Briones
David E. Briones

El Dr. Briones es profesor de Nuevo Testamento en Reformation Bible College en Sanford, Florida. Es autor de Paul’s Financial Policy: A Socio-Theological Approach [La polĆ­tica financiera de Paul: Un enfoque socio-teológico].

La fe autĆ©ntica en comparación con la fe falsa

Soldados de Jesucristo

Mayo 27/2021

Solid Joys en EspaƱol

 La fe auténtica en comparación con la fe falsa

John Piper

Solid Joys en Español | La fe auténtica en comparación con la fe falsa.

La pregunta que todos nos planteamos es:
¿Somos parte de los «muchos» cuyos pecados él
llevó? ¿Seremos salvos en la venida que es
«para salvación»?

La respuesta de Hebreos 9:28 es «sí», si somos
de «los que ansiosamente le esperan».
Podemos estar seguros de que nuestros pecados
han sido borrados y que seremos salvos en el
dĆ­a del juicio si confiamos en Cristo de un
modo tal que nos haga estar ansiosos por su
venida.

Hay una fe falsa que afirma creer en Cristo,
pero que no es mÔs que una póliza de seguro
contra incendios. La fe falsa «cree» solo para
escapar del infierno. No desea realmente a
Cristo. De hecho, quienes tienen este tipo de
fe hasta preferirƭan que Ʃl no viniera, para
asĆ­ poder complacerse tanto como les fuera
posible en los placeres mundanos.
Esto demuestra un corazón que no estÔ en
Cristo, sino con el mundo.

Entonces, la cuestión es la siguiente:
ĀæAnhelamos con ansias la venida de Cristo?
Āæo queremos que espere mientras continuamos en
nuestro amorĆ­o con el mundo? Esa es la
pregunta que pone a prueba la autenticidad
de la fe.

Por lo tanto, seamos como los corintios, que
estaban «esperando ansiosamente la revelación
de nuestro Señor Jesucristo» (1 Corintios 1:7),
y como los filipenses, cuya «ciudadanía estÔ en
los cielos, de donde tambiƩn ansiosamente
esperaban a un Salvador, el Señor Jesucristo»
(Filipenses 3:20).

Esa es la cuestión. ¿Amamos la esperanza de su
venida? ĀæO amamos al mundo y tenemos esperanzas
de que su venida no interrumpa nuestros planes
mundanos? De estas preguntas depende nuestra
eternidad.

Encuentra mƔs devocionales de John Piper en EspaƱol
en nuestro sitio web:
https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra mƔs recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
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John Piper

Algunas palabras de JesĆŗs

Jueves 27 Mayo

(JesĆŗs dijo:) Las palabras que yo os he hablado son espĆ­ritu y son vida.Juan 6:63

(JesĆŗs dijo a Dios, su Padre:) Las palabras que me diste, les he dado.Juan 17:8

Algunas palabras de JesĆŗs

ā€œVenid a mĆ­ todos los que estĆ”is trabajados y cargados, y yo os harĆ© descansarā€ (Mateo 11:28).

ā€œNo temas, cree solamenteā€ (Marcos 5:36).

ā€œJesĆŗs se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mĆ­ y bebaā€ (Juan 7:37).

JesĆŗs dijo a LevĆ­: ā€œSĆ­gueme. Y dejĆ”ndolo todo, se levantó y le siguiĆ³ā€ (Lucas 5:27-28).

JesĆŗs les dijo: ā€œTened Ć”nimo; yo soy, no temĆ”isā€ (Marcos 6:50).

ā€œLa paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedoā€ (Juan 14:27).

Cuando leemos la Biblia, nos sorprende la claridad y la fuerza de estas palabras de Jesús. Incluso un niño puede comprenderlas, pero el creyente mÔs avanzado no agota su profundidad. Estas palabras nos cautivan por su realismo y su exactitud. Son verdaderas, simples, directas y llenas de amor. ”Son palabras de vida! Desde hace 2000 años tienen un impacto en personas de todos los niveles, culturas y orígenes.

Sin embargo, son muchos los que rechazan las palabras del Evangelio. Así se privan, a la vez, de un diagnóstico fiable de la condición del ser humano, quien desde la infancia es esclavo del pecado, y del remedio divino que puede liberarlo. Estas personas pasan al lado de Aquel que quiere darles la vida eterna.

¿Conoce usted las palabras de Jesús? Lea los evangelios con oración y humildad; experimentarÔ que estas palabras son verdaderas, actuales y poderosas.

1 Reyes 21 – Romanos 5 – Salmo 64 – Proverbios 16:7-8

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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