Dios terminará la obra en ti

Iglesia Evangélica de la Gracia

Dios terminará la obra en ti

Jairo Chaur

Jairo Chaur

Jairo nació en Bogotá (Colombia). A finales del año 2000 vino a Barcelona con su esposa Ruth y sus tres hijos Daniel, Juan y Laura, con el propósito de adelantar estudios de doctorado en ingeniería.
Luego de concluir sus estudios, continuó en Barcelona y a finales de 2005 conoció el punto de misión en Sant Andreu, que para entonces comenzaba sus reuniones en la casa de David y Elisabet Barceló.
Convencido que tanto la doctrina como la visión de la IEG son fieles a la Palabra de Dios, Jairo y su familia se unen en diciembre de 2005 al que para entonces era un punto de misión. Fue en febrero de 2010 cuando es ordenado en el ministerio pastoral. Los primeros años combinó su ministerio con su trabajo secular como ingeniero y como profesor, y a partir del 2017 a plena dedicación, como misionero de HeartCry Missionary Society.

El ministerio oculto de las labores domésticas

Alimentemos El Alma

El ministerio oculto de las labores domésticas

Por Michele Morin 

Traducción por Yura Gonzalez

Lo que aprendí de Elisabeth Elliot

Hoy realicé las tareas domésticas que imagino que mujeres más hacendosas y dedicadas al hogar hacen todo el tiempo: la limpieza que requiere separar los muebles de la pared, pasar la aspiradora debajo de las camas y aplicar ferozmente un paño a los travesaños de las sillas y los recovecos de los estantes.

Las rutinas hogareñas son la música de fondo detrás de todo lo que hago. El estudio ministerial va acompañado del sonido de la lavadora y de la cadencia de la preparación continua de la comida. En invierno, hay que alimentar la estufa con abundante leña y; en verano, es necesario ocuparse del jardín.

Este ritmo constante de actividad es lo que mantiene unido un hogar, y sorprendentemente he descubierto que es posible encontrar una existencia plena y significativa en medio de una tediosa rutina. En la vida no es más importante lo qué haces sino porqué lo haces. Nadie me enseñó esa lección mejor que Elisabeth Elliot.

Escritora y ama de casa

Hace veintisiete años, empaqué mi taza de café favorita, archivos personales, algunas muestras de trabajo y abandoné mi carrera en recursos humanos. Cuatro bebés en ocho años, la escuela en la casa, el ministerio de la iglesia y un enorme huerto dejaban poco tiempo para el estudio profundo. Pero desde el principio me sumergí con fervor en los libros de Elliot y encontré una mentora en ella.

Pronto descubrí que Elliot se apresuró en encontrar la conexión entre las rutinas de la vida doméstica y los misterios de la práctica espiritual. Aunque se convirtió en una oradora pública muy solicitada, y sus palabras llegaron (y aún llegan) a millones a través de los ministerios de la radio y la prensa; afirmó que disfrutaba mucho más las tareas domésticas, porque sabía cómo hacerlo y (a diferencia de escribir un libro) sabía cuáles serían los resultados.

Su minuciosidad fue fomentada en parte por su directora de internado, que decía: “No andes con una Biblia debajo del brazo si aún no has barrido bajo la cama” (Becoming Elisabeth Elliot, 34). No quería escuchar hablar de espiritualidad a alguien con el suelo sucio.

Con su dicción perfecta, humor irónico y su expresión sensata y nítida de la palabra de Dios, Elliot ha influido en mi forma de enseñar y cómo criar a mis hijos como nadie. Además ha transformado enormemente mi actitud hacia las tareas domésticas.

Mezcla de gracia y valentía

Aunque no llego al nivel de Elliot, me motiva su afirmación de que la autodisciplina, en el hogar o en cualquier otro sitio, es una alegre entrega, un “gran sí al llamado de Dios” que ante todo encuentra su camino en una vida a través del fiel desempeño de pequeñas tareas invisibles (Joyful Surrender, 16).

Ella me ayudó a ver las tareas domésticas en analogía con nuestra vida espiritual en general. Así como quitar las migajas de la mesa del comedor nunca será asunto de una vez (al menos en mi casa), tampoco lo son las prácticas de formación espiritual. Al ocuparnos de la salud e integridad de nuestras almas, todos los días habrá “migajas” que retirar, lo que es bueno, porque nos mantiene conscientes de nuestra dependencia de Dios.

La fuerte base evangélica de Elliot me ha ayudado a mantenerme alejada de una mentalidad autosuficiente, porque ella me recuerda que “la disciplina no es mi reclamo sobre Cristo, sino la evidencia de Su reclamo sobre mí”(Joyful Surrender, 28). Practicamos el autocontrol en la tierra por milagro de la gracia, según las pautas de las Escrituras y a través de la inspiración y el poder del Espíritu de Dios. Nuestra propia voluntad es lo que ofrendamos a Dios, un “sacrificio vivo” (Romanos 12: 1).

Poseía Elliot una mezcla de valentía y gracia tal que es imposible determinar (e inútil preguntarse), dónde termina una y comienza la otra. Hablaba con la certeza de alguien que siempre ha elegido el camino de la obediencia y la fe, para aprender que el gozo y la profunda intimidad con Dios no tienen precio, incluso cuando obedecer se siente como una acción pequeña e invisible.

Compromiso diario con la fe

En una vida marcada por grandes dificultades y oportunidades tanto para la gloria como para el dolor, es evidente que Elliot se convirtió en alguien impresionante al establecer un compromiso diario con la fe en lugares invisibles. Una fe brutalmente práctica y claramente mística la llevó al ministerio de decir la verdad con audacia, forjada en un crisol de soledad y admiración por los caminos de Dios. Apoyándose en sus dudas, encontró la lealtad de Dios y lo acogió al mismo tiempo “como viaje y destino” (Becoming Elisabeth Elliot, 253).

En diversas etapas de su vida la estuvo escribiendo idiomas no escritos, actuando como madre soltera, planchando las camisas de su marido, recibiendo visitas en su casa de Nueva Inglaterra, viajando por todo el mundo como oradora y luchando con la tecnología para producir más de dos docenas de libros. Ella volcó fielmente su vida al servicio de Dios, convencida de que todo era parte de su llamado. Nunca le otorgó mayor importancia a las “tareas ministeriales” sobre las tareas domésticas.

Ella sabía (y me ha enseñó a ver) que el ministerio de la mantención y cuidado siempre fue parte del buen plan de Dios para la humanidad. Desde el principio, Adán y Eva fueron los colaboradores designados por Dios y, como portadora de su imagen, imito a Dios cuando me dedico a la tarea que mantiene a mi familia alimentada, vestida, y estoy en el lugar correcto a la hora correcta. Por lo tanto, todas las tareas mundanas que se repiten en esta vida maternal tienen significado.

Imitamos a Dios al realizar tareas ordinarias y organizar el desorden. Arreglar un armario desordenado, desinfectar la bandeja de una silla de bebé , distribuir la ropa limpia y doblada por toda la casa son tareas tan discretamente rutinarias como el trabajo que Dios hace en nuestro tiempo para regar sus árboles con lluvia o, en la historia, para preparar el maná que alimentó a una generación de israelitas (Éxodo 16).

Los quehaceres domésticos y la Gran Obra

La misericordia, la justicia y la preparación de sándwiches comparten el mismo territorio en el sistema de valores del cielo, porque el Dios que trabaja y ha trabajado en nuestro nombre nos invita a unirnos a él en la Gran Obra.

Manifiéstese tu obra a tus siervos,
y tu majestad a sus hijos,
y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros.
Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos;
sí, la obra de nuestras manos confirma. (Salmo 90: 16-17)

Dejemos que continúe el trabajo de las tareas domésticas y que encontremos satisfacción en la más pequeña tarea realizada con el mayor amor en una vida enfocada en ganar lo que nunca podemos perder.

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

¿Qué es el humanismo secular?

Got Questions

¿Qué es el humanismo secular?

El ideal del humanismo secular es que la humanidad se reconozca como parte de la naturaleza no creada y eterna; su objetivo es auto remediar al hombre sin referencia a o ayuda de Dios. El humanismo secular surgió de la Ilustración del siglo XVIII y el libre pensamiento del siglo XIX. Algunos cristianos se sorprenderán al saber que en realidad comparten algunos compromisos con los humanistas seculares. Muchos cristianos y humanistas seculares comparten un compromiso con la razón, la investigación libre, la separación de la iglesia y el estado, el ideal de la libertad, y la educación moral; sin embargo, se diferencian en muchas áreas. Los humanistas seculares basan su moralidad e ideas sobre la justicia en la inteligencia crítica sin ayuda de las Escrituras, en la que los cristianos confían para el conocimiento de lo verdadero y lo erróneo, el bien y el mal. Y aunque los humanistas seculares y los cristianos desarrollan y utilizan la ciencia y la tecnología, para los cristianos estas herramientas son para utilizarse en el servicio del hombre para la gloria de Dios, mientras que los humanistas seculares ven estas cosas como instrumentos para alcanzar fines humanos sin referencia a Dios. En sus investigaciones sobre el origen de la vida, los humanistas seculares no admiten que Dios creó al hombre del polvo de la tierra, habiendo primero creado la tierra y todas las criaturas vivientes en ella de la nada. Para los humanistas seculares, la naturaleza es una fuerza eterna, que se autoperpetúa.

Los humanistas seculares pueden sorprenderse al saber que muchos cristianos comparten con ellos una actitud de escepticismo religioso y están comprometidos con el uso de la razón crítica en la educación. Siguiendo el patrón de los de Berea, los humanistas cristianos leen y escuchan la instrucción, pero nosotros examinamos todas las cosas a la luz de las Escrituras (Hechos 17:11). Nosotros no simplemente aceptamos cualquier declaración o percepción mental que entra en nuestras mentes, sino que probamos toda idea y “conocimiento” contra la norma absoluta de la Palabra de Dios para obedecer a Cristo nuestro Señor (ver 2 Corintios 10:5; 1 Timoteo 6:20). Los humanistas cristianos entienden que todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están escondidos en Cristo (Colosenses 2:3) y buscan crecer en el conocimiento completo de todo lo bueno para el servicio de Cristo (Filipenses 1:9; 4:6; cf. Colosenses 1:9). A diferencia de los humanistas seculares, que rechazan la noción de la verdad revelada, nos adherimos a la Palabra de Dios, que es el estándar contra el cual medimos o comprobamos la calidad de todas las cosas. Estas breves observaciones no dilucidan plenamente el humanismo cristiano, pero añaden vida y relevancia a la definición clínica dada en léxicos (por ejemplo, El Tercer Nuevo Diccionario Internacional de Webster que define el humanismo cristiano como “una filosofía que aboga por la realización del hombre en el marco de los principios cristianos”).

Antes de considerar una respuesta cristiana al humanismo secular, debemos estudiar el término humanismo en sí mismo. El humanismo generalmente recuerda el renacimiento o el avivamiento del antiguo conocimiento y cultura que se llevó a cabo durante el tiempo del Renacimiento. Durante este tiempo, los “humanistas” desarrollaron modos rigurosos de erudición basados en modelos griegos y romanos, y trataron de construir un nuevo estilo latín (en las artes literarias y plásticas) y las instituciones políticas basadas en ellas. Sin embargo, mucho antes del Renacimiento, el “Humanismo cristiano” prosperó en las obras y el pensamiento de San Agustín, Aquino, Erasmo y otros. Algunos incluso ven en Platón, un filósofo pagano, un tipo de pensamiento que es compatible con la enseñanza cristiana. Mientras que Platón ofrece mucho de lo que es provechoso, sus hipótesis y conclusiones ciertamente no eran bíblicas. Platón, al igual que Nietzsche, creía en la “eterna recurrencia” (la reencarnación); él, y los griegos en general mostraron respeto superficial a sus dioses, pero para ellos el hombre era la medida de todas las cosas. Expresiones contemporáneas del humanismo secular rechazan los elementos cristianos nominales de sus precursores, y las verdades bíblicas esenciales, como el hecho de que los seres humanos llevan la imagen de su Creador, el Dios revelado en la Biblia y en la vida terrenal y ministerio del Señor Jesús.

Durante la revolución científica, las investigaciones y descubrimientos de científicos ampliamente capacitados que pueden ser considerados humanistas (hombres como Copérnico y Galileo) desafiaron el dogma católico. Roma rechazó los resultados de las nuevas ciencias empíricas y emitió pronunciamientos contradictorios sobre asuntos fuera del dominio de la fe. El Vaticano dijo que, ya que Dios creó los cuerpos celestes, éstos deben reflejar la “perfección” de su Creador; por lo tanto, rechazó los descubrimientos de los astrónomos que las órbitas de los planetas son elípticas y no esféricas, como previamente se creía, y que el sol tiene “manchas” o zonas más frías, más oscuras. Estos hechos empíricamente verificables, y los hombres y mujeres que los descubrieron, no contradijeron las enseñanzas bíblicas; el verdadero cambio de la verdad bíblicamente revelada hacia el humanismo naturalista — caracterizado por el rechazo de la autoridad y la verdad bíblica, y que conduce hacia una forma de humanismo abiertamente secular — se produjo durante la Ilustración, que abarcó los siglos XVIII y XIX y echó raíces en toda Europa, floreciendo especialmente en Alemania.

Numerosos panteístas, ateos, agnósticos, racionalistas y escépticos, persiguieron varios proyectos intelectuales que no estaban sujetos a la verdad revelada. En sus formas separadas y distintas, hombres como Rousseau y Hobbes buscaron soluciones amorales y racionales al dilema humano; además, obras como La Fenomenología Del Espíritu de Hegel, La Crítica De La Razón Pura de Kant, y La Ciencia Del Conocimiento de Fichte, pusieron las bases teóricas para futuros humanistas seculares. Consciente o inconscientemente, los académicos contemporáneos y los humanistas seculares construyen sobre esa base cuando promueven exclusivamente enfoques “racionales” a las cuestiones sociales y éticas, y formas antinomianas de libre determinación, en ámbitos tales como la autonomía individual, la libertad de elección en las relaciones sexuales, la reproducción y la eutanasia voluntaria. En el ámbito cultural, los humanistas seculares dependen de métodos críticos al interpretar la Biblia y rechazan la posibilidad de una intervención divina en la historia humana; en el mejor de los casos, consideran la Biblia una “historia sagrada”.

Con el nombre de “alta crítica “, el humanismo secular se difundió en las escuelas de teología y promovió su enfoque antropocéntrico o racionalizado de estudios bíblicos. A partir de Alemania, la “alta crítica” a las finales del siglo XIX intentó “ir detrás de los documentos” para disminuir el énfasis del mensaje autoritario del texto bíblico. Como ha observado Darrell L. Bock, el carácter especulativo de la alta crítica trató la Biblia “como un espejo brumoso hacia el pasado” y no como el registro histórico inerrante de la vida y las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles (“Introducción”, Roy B. Zuck y D. L. Bock, Una Teología Bíblica Del Nuevo Testamento, 1994, p. 16). Por ejemplo, en su Teología Del Nuevo Testamento, Rudolf Bultmann, un exponente de la alta crítica, depende en gran medida de suposiciones críticas. Como señala Bock, el autor es “tan escéptico sobre el retrato de Jesús en el Nuevo Testamento que apenas habla de una teología de Jesús” (ibid).

Si bien la alta crítica debilitó la fe de algunos, otros, como B. B. Warfield del Seminario de Princeton, William Erdman y otros, persuasivamente defendieron la Biblia como la Palabra de Dios. Por ejemplo, en respuesta a los escépticos que cuestionaron la fecha temprana y autoría joánica del cuarto evangelio, Erdman y otros fieles siervos del Señor han defendido estos puntos esenciales con argumentos críticos y con igual erudición.

Asimismo, en la filosofía, la política y la teoría social, académicos cristianos, juristas, escritores, formuladores de la política y artistas, han usado armas similares al defender la fe y convencer corazones y mentes para el Evangelio. Sin embargo, en muchas áreas de la vida intelectual, la batalla está lejos de terminar. Por ejemplo, en los círculos literarios más allá del mundo académico, las ideas de Ralph Waldo Emerson siguen teniendo gran influencia. El panteísmo de Emerson equivale a una negación de Cristo; es sutil y puede engañar a los incautos a alejarse del Evangelio. Emerson sostuvo que el “Over Soul” dentro de las personas, (un término genérico, no sectario que significa “presencia perdurable sobre”), hace de cada persona la fuente de su propia salvación y verdad. En la lectura de escritores como Emerson y Hegel, los cristianos (especialmente aquellos que contenderían ardientemente por la fe una vez dada a los santos [Judas 3]) deben ejercer prudencia y mantener la Palabra de Dios en el centro de sus pensamientos y humildemente seguir siendo obedientes a ella en sus vidas.

A veces, los humanistas seculares y cristianos han participado en un diálogo honesto sobre la base o fuente de orden en el universo. Si lo llaman razón o la fuerza motriz de Aristóteles, algunos racionalistas seculares deducen correctamente que la Verdad moral es un prerrequisito para el orden moral. Aunque muchos humanistas seculares son ateos, generalmente tienen una alta opinión de la razón; por lo tanto, los apologistas cristianos pueden dialogar con ellos racionalmente acerca del Evangelio, como Pablo lo hizo en Hechos 17:15-34 cuando se dirigió a los atenienses.

¿Cómo debería responder un cristiano al humanismo secular? Para los seguidores del Camino (Hechos 9:2; 19:19,23), cualquier forma legítima del humanismo debe ver la plena realización del potencial humano en la sumisión de la mente y la voluntad humana a la mente y la voluntad de Dios. El deseo de Dios es que ninguno perezca, sino que todos se arrepientan y hereden la vida eterna como Sus hijos (Juan 3:16; 1:12). El humanismo secular pretende hacer ambos mucho menos y mucho más. Su objetivo es sanar a este mundo y glorificar al hombre como autor de su propia salvación progresiva. En este sentido, el humanismo “secular” se siente muy a gusto con ciertos substitutos religiosos para el verdadero Evangelio de Dios — por ejemplo, las enseñanzas de Yogananda, el fundador de la Sociedad de la Auto-Realización. Por el contrario, los humanistas cristianos siguen al Señor Jesús en el entendimiento que nuestro reino no es de este mundo y no puede ser plenamente realizado aquí (Juan 18:36; 8:23). Fijamos nuestras mentes en el reino eterno de Dios, no en las cosas terrenales, porque hemos muerto y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo — quien es nuestra vida — vuelva, seremos manifestados con Él en gloria (Colosenses 3:1-4). Esto es verdaderamente una gran visión de nuestro destino como seres humanos, porque somos Su descendencia, como han dicho incluso los poetas seculares (ver el poema de Arato “Phainomena”; CF. Hechos 17:28).

Uno no tiene que ser un cristiano para apreciar que el humanismo impulsado por la razón sola no puede tener éxito. Incluso Emmanuel Kant, escribiendo su Crítica de la Razón Pura durante el apogeo de la Ilustración alemana, entendió esto. Los seguidores de Cristo no deberían caer víctimas de la falsedad de la filosofía y la tradición humana, o ser tomados cautivos por formas del humanismo basadas en la fe romántica en la posibilidad de la auto realización humana (Colosenses 2:8). Hegel basó el progreso humano en el ideal de la razón como espíritu mismo “instanciando” a través de etapas dialécticas progresivas en la historia; pero si Hegel hubiese vivido para ver las guerras mundiales del siglo XX, es dudoso que hubiese persistido en detectar el progreso humano en esta debacle de la historia. Los cristianos entienden que cualquier forma de humanismo puesta aparte de una redención de origen divino, es condenada al fracaso y es falsa a la fe. Basamos una visión elevada del hombre en una visión elevada de Dios, ya que la humanidad ha sido creada a la imagen de Dios, y estamos de acuerdo con la Escritura acerca de la situación desesperada del hombre y el plan de Dios de la salvación.

Como observó Alexander Solzhenitsin, el humanismo no ofrece ninguna solución a la condición desesperada de la humanidad. Él escribe: “Si el humanismo fuera correcto en la declaración que el hombre nace para ser feliz, no nacería para morir. Ya que su cuerpo está condenado a morir, su tarea en la tierra claramente debe ser de una naturaleza más espiritual”. Desde luego. La tarea de la humanidad es buscar y encontrar a Dios (Hechos 17:26-27; cf. 15:17), nuestro Redentor verdadero que nos ofrece una herencia mayor que la terrenal (Hebreos 6:9; 7:17). Cualquiera que abra la puerta a Cristo (Apocalipsis 3:20) heredará ese mejor lugar que Dios ha preparado para aquellos que le aman y son llamados según Sus propósitos (Efesios 1:11; Romanos 8:28; Hebreos 11:16; cf. Mateo 25:34; Juan 14:2). ¿Cuánto más excelente es esto que todos los objetivos orgullosos y elevados contenidos en los manifiestos humanistas seculares?

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Las parábolas del grano de mostaza y la levadura

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús.

Las parábolas del grano de mostaza y la levadura

 Aaron L. Garriott


Nota del editor:
 Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

El tema del Reino de Dios ocupó un lugar importante en las enseñanzas de Jesús desde el principio de Su ministerio terrenal (Mt 4:17Mr 1:15Lc 4:43). Él proclamó que Su venida a la tierra significaba que el Reino de Dios se había acercado. Estaba inaugurando el reino de Dios en medio de Sus oyentes. Los milagros y la enseñanza acompañaban y demostraban esta inauguración. Su enseñanza tomó diferentes formas, pero la más importante de ellas fueron las parábolas, que usó para enseñar a Sus oyentes algo sobre la naturaleza del Reino. Las parábolas del grano de mostaza (Mt 13:31-32Mr 4:30-32Lc 13:18-19) y la levadura (Mt 13:33Lc 13:20) revelan algo del avance misterioso y lo imperceptible del Reino de Dios. Miraremos brevemente a cada una por separado.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Jesús comparó el Reino de Dios con un grano de mostaza, cuya pequeña forma inicial comparada con su impresionante forma final le proporcionaba a Jesús una ilustración adecuada del avance del Reino de Dios desde su inauguración hasta su consumación. Siendo una de las semillas más pequeñas de Palestina, la semilla de mostaza con el tiempo produciría un árbol parecido a un arbusto que alcanzaría más de tres metros de altura. La diminuta semilla llegaría a ser tan grande que las aves del cielo la encontrarían propicia como morada.

Cuando Cristo regrese para consumar el Reino de Dios, nadie podrá negar Su gloria.

Esta descripción se remonta al rey Nabucodonosor de Babilonia. Él soñó con un árbol que había crecido tanto que las aves del cielo se posaban en él. Sin embargo, el árbol fue cortado en un instante. La interpretación de Daniel reveló que todos los reinos de los hombres colapsarán, incluso el del poderoso Nabucodonosor (Dn 4). Pero el Reino de Dios es diferente. Aunque la inauguración de este Reino no fue impresionante, crecería hasta alcanzar su forma final y gloriosa, hasta que las aves del cielo anidaran en sus ramas (Ez 31:6).

Para que Sus oyentes entendieran el mensaje, Jesús contó otra parábola para ilustrar virtualmente la misma idea sobre el Reino de Dios. En esta parábola, una mujer esconde levadura de la masa de la semana pasada en tres medidas de harina. El poquito de levadura tiene su efecto en toda la masa. Como la levadura, el Reino de Dios comienza pequeño, y su obra es a menudo oculta e invisible, hasta que su resultado final es materializado.

Estas parábolas gemelas ilustran el crecimiento del Reino de Dios a ocurrir entre la primera y la segunda venida de Jesús. En ellas, Jesús demostró que la manera en que inauguró el Reino de Dios no tiene por qué sembrar dudas sobre el poder y la legitimidad de Su oficio mesiánico y del Reino. La humilde inauguración no fue un error; fue planificada por Dios. Juan Calvino señaló: «El Señor abre Su Reino con un comienzo frágil y despreciable, con el propósito expreso de que Su poder sea ilustrado más plenamente por su inesperado progreso».

Desde que Jesús pronunció estas parábolas, la semilla de mostaza ha echado raíces y ha florecido. El pan leudado se ha expandido exponencialmente. Aquellos que se opusieron a Jesús y a Sus seguidores después de Su ascensión trataron de aplastar la naciente Iglesia —cortar el árbol— antes de que llegara más allá de Jerusalén. Sin embargo, sus intentos fueron inútiles. De hecho, mientras más cortaban, más crecía el árbol. El martirio de Esteban es un ejemplo, ya que aceleró la dispersión que llevó el evangelio más allá de Jerusalén, a Judea, a Samaria y hasta los confines de la tierra (Hch 8:4). La historia de la Iglesia es el cumplimiento de la promesa de Jesús de que ni siquiera las puertas del infierno prevalecerían contra ella (Mt 16:18).

Pero el Reino que Jesús inauguró espera Su regreso para su consumación completa y final. Mientras tanto, caminamos por fe y no por vista (2 Co 5:7). Somos ciudadanos de este Reino que no puede ser conmovido (Heb 12:28). Cuando Cristo regrese para consumar el Reino de Dios, nadie podrá negar Su gloria (Mt 25:31Mr 14:62). Aquel que se encarnó y nació en un estado humilde volverá en esplendor y juicio (1 Tes 4:16Ap 1:7) para consumar el Reino. Y finalmente, el tabernáculo de Dios estará con el hombre (Ap 21:3-4).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

En el fondo de todo

Soldados de Jesucristo

Mayo 13/2021

Solid Joys en Español

 En el fondo de todo

John Piper

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¿Dónde encontrar el sentido de la existencia?

Jueves 13 Mayo

En estos días… cada uno hacía lo que bien le parecía.Jueces 21:25

Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre.Salmo 48:14

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.Salmo 119:105

¿Dónde encontrar el sentido de la existencia?

“En un mundo en crisis y en el cual se pierden las referencias, ¿dónde hallar el sentido de la existencia y del futuro? ¿Será en una espiritualidad personal, en la felicidad, en los placeres inmediatos, en el encuentro con el otro…? ¿El hombre no carece también de proyectos unificadores y de valores compartidos?”.

Estas preguntas fueron propuestas como introducción en una conferencia sobre un tema de actualidad, que no llegó a nada en concreto.

¿Quién puede darnos una respuesta pertinente, eficaz, sino Dios, quien nos creó y nos ama? Él dijo: “Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).

Él nos ofrece esta esperanza desde ahora, si creemos en él. Es la vida eterna, es decir, el acceso para siempre a la presencia de Dios, como hijos ante su Padre. Para darnos esa vida, Jesús tuvo que venir a la tierra, sufrir y morir en la cruz. Pagó un inmenso precio para liberar a cada uno de su estado de hombre pecador, alejado de Dios.

El creyente, consciente de su fragilidad y de sus faltas, se deja formar y dirigir por Jesús, quien lo salvó y le abrió el camino de la vida. Plenamente seguro de su futuro eterno, trata de agradar a aquel con quien disfrutará la felicidad y la gloria en el cielo.

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que… nos hizo renacer para una esperanza viva” (1 Pedro 1:3).

1 Reyes 10 – Marcos 11:20-33 – Salmo 57:1-5 – Proverbios 15:13-14

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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