¡Despierta y vístete de Jesús! | Romanos 13:11-14

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

¡Despierta y vístete de Jesús! | Romanos 13:11-14

Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Satanás bajo el control de Dios

Esclavos de Cristo

Satanás bajo el control de Dios

Joel Beeke

Satanás bajo el control de Dios, a pesar de los ataques continuos.

A pesar del éxito que tuvo Satanás al conseguir que Adán y Eva desobedecieran a Dios, para romper el pacto con Dios, y para hundir a toda la raza humana en el pecado, Satanás permaneció bajo el control de Dios por toda la era del Antiguo Testamento.

Ello es evidente por la relación de Satanás con Saúl en 1 de Samuel 16:14–23 y en los tratos de Satanás con Dios y Job en Job 1. Satanás no podía actuar más allá de los límites establecidos por Dios en su soberano poder como el Creador. Sin la voluntad permisiva de Dios, “no tiene mucho movimiento” (cf. Catecismo de Heidelberg, Q. 28). A eso se refería Martín Lutero cuando dijo: “Aún el diablo le pertenece a Dios”.

Sin embargo, Satanás ha herido frecuentemente el talón de la semilla de la mujer desde el Edén. Las naciones caminaron en su oscuridad, en la ceguera de su falta de fe, y acogiendo el pecado. Pero Dios en su soberanía, escogió gente para sí en medio del reinado de oscuridad de Satanás. Aún con su pueblo escogido de Israel, empero, la oscuridad solía prevalecer. Pero Dios todavía conservó a sus 7,000 que se rehusaron a doblar la rodilla ante Baal (1 Reyes 19:18). Y les prometió a estos restantes que caminaron por la fe y retaron el dominio del pecado, que pronto enviaría al Salvador del pecado y la muerte.

La influencia de Satanás es evidente en el conflicto entre Caín y Abel, Ismael e Isaac, Esaú y Jacob, Egipto e Israel. La meta de Satanás siempre es la misma: eliminar la semilla escogida. La prueba es la orden de Faraón de destruir a todos los bebés varones de Israel. Prueba es el ataque de Egipto a los israelitas en el Mar Rojo. La prueba es el complot de Amán contra Ester y su pueblo.

Satanás está al acecho en cada esquina a través de todo el Antiguo Testamento, tratando de derrocar los propósitos a largo plazo de Dios. Satanás incitó a David a censar al pueblo (1 Crónicas 21:1). Satanás acusó de pecador al sumo sacerdote Josué (Zacarías 3:1). Satanás trató de empobrecer al pueblo escogido de Dios a través de prácticas paganas asociadas con rituales de orgías (1 Reyes 18:28), brujería (2 Reyes 9:22), ocultismo (2 Reyes 21:6–7), y adivinación (Miqueas 5:12). Pero las campañas malignas de Satanás, sin importar cuán bien planeadas estén, continúan fallando, pues Dios las utiliza para alcanzar sus propósitos, en vez de frustrarlos. Satanás cuestionó la piedad de Job diciendo que estaba basada en su conveniencia, pero al final, Dios perfeccionó a su siervo Job a través de severos juicios y lo llevó a ser como el oro. Satanás planeó hacer que Balaam maldijera a Israel, pero el Espíritu de Dios vino sobre Balaam para que en vez de ello profetizara la agraciada voluntad de Dios para Israel. Satanás está tan limitado por las órdenes de Dios, dijo Calvino, “que está obligado a prestarle su servicio” (Institución de la Religión Cristiana, 1.14.17).

Qué consuelo es saber que los estratagemas malignos de nuestro mayor enemigo están completamente bajo el control de nuestro mejor Amigo.

[…] de modo que “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Por esta razón Calvino pudo concluir que: “Aun el diablo puede, a veces, actuar como un doctor para nosotros”.

Joel Beeke (2008). La lucha contra Satanas: Conociendo al enemigo sus debilidades, estrategias, y derrota (12–14). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

El peligro del Feminismo en la iglesia –

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

92 – “El peligro del Feminismo en la iglesia”

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org

La bendición de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La bendición de Dios

Aaron L. Garriott

Hay dos tipos de personas: los que se quedan para ver los créditos de las películas y los que salen temprano del cine para evitar el tránsito. No es de extrañar que, en una cultura donde muchas iglesias se esfuerzan por entretener, las personas en las iglesias vean la adoración como un espectáculo y salgan cuando les convenga (cuando haya pasado la «parte buena»). Pero esta salida temprana conducirá a una desnutrición espiritual, pues se están perdiendo la culminación de la adoración: la bendición.

Una bendición es pronunciada con el propósito de fortalecer la fe.

¿La bendición? ¿Te refieres a la «oración» final que hace el pastor con las manos levantadas? ¿No es eso como los créditos de una película? Quizás hemos malentendido su naturaleza y propósito, viéndolo como una despedida especial de parte de Dios en el mejor de los casos. Pero históricamente, la bendición ha sido un componente vital en la adoración de la iglesia. Desde los tiempos de la Iglesia primitiva hasta la Edad Media, y desde los reformadores hasta los puritanos, vemos esta tradición litúrgica donde el ministro levanta las manos para pronunciar una bendición sobre la congregación. Junto con la invocación, la bendición sirve como como el segmento final de la liturgia que indica que Dios tiene la primera y la última palabra. Esta práctica está codificada en el Directorio para la Adoración Pública de Dios de la Asamblea de Westminster, la cual prescribe que el ministro «despida a la congregación con una bendición solemne». ¿De dónde vino esta práctica y cuál es su propósito?

Dios instituyó la bendición aarónica después de la inauguración del sacerdocio levítico:

Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: «Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: “El Señor te bendiga y te guarde; el SEÑOR haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el SEÑOR alce sobre ti Su rostro, y te dé paz”». Así invocarán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré (Nm 6:23-27).

Con este pronunciamiento, la congregación recién formada podía estar segura de que el Señor se había comprometido con ellos antes de que entraran a la tierra prometida para tomar posesión de ella. Desde la primera bendición, aprendemos que es (1) un mensaje de parte de Dios, (2) entregada a Su pueblo a través de ministros de la Palabra y (3) con el propósito de sostener y fortalecer la fe.

En primer lugar, una bendición es una «buena noticia» de parte de Dios. Es un mensaje objetivo que confirma nuestro encuentro con el Dios vivo a través de Sus medios de gracia. Por lo tanto, es diferente a una oración o a una doxología. La diferencia es que una oración o una doxología es de nosotros hacia Dios, mientras que una bendición es de Dios hacia nosotros. En otras palabras, la doxología y la oración se dirigen hacia arriba; la bendición se dirige hacia abajo. Ambos son importantes para la piedad cristiana, pero debemos saber distinguirlos en la adoración de la Iglesia. Hablando sobre la bendición aarónica, John Owen dice: «Las palabras prescritas para los sacerdotes no eran una oración, sino una bendición autoritativa y una señal instituida de la bendición de Dios sobre Su pueblo». Es por esto que, históricamente, la postura apropiada, si es que hay una, no es con los ojos cerrados y las manos cerradas, sino con los ojos abiertos y las manos abiertas, recibiendo por fe el pronunciamiento divino. En cuanto a la postura del que pronuncia la bendición, los ejemplos de Aarón (Lv 9:22) y de Cristo (Lc 24:50) indican que es más apropiado levantar ambas manos.

En segundo lugar, una bendición es pronunciada por hombres calificados a quienes se les ha encomendado la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento, el ministerio fue dado primariamente al linaje de Aarón (2 Cr 30:27Heb 5:1-5). En el Nuevo Testamento, estos deberes han sido encomendados a ancianos calificados; por tanto, la autoridad para pronunciar la bendición sobre el pueblo de Dios (en el contexto apropiado y de la forma apropiada) se basa en el oficio ministerial. Con su autoridad declarativa y derivada, los ancianos ordenados pronuncian sobre el pueblo de Dios lo que ya es cierto acerca de ellos: Él es su Dios y ellos son Su pueblo. Pero si eso ya es cierto acerca de la congregación, ¿por qué necesitan recibirla?

La respuesta es que una bendición, en tercer lugar, es pronunciada con el propósito de fortalecer la fe. La misma es llevada a cabo con un propósito: confirmar la promesa de que Dios está con nosotros y nos bendice. Por lo tanto, ha de ser recibida con fe. El Señor nos habla a través de Sus palabras de bendición, pronunciadas sobre nosotros por Sus ministros. Es decir, es por este medio que la bendición de Dios es comunicada a Su pueblo. El Señor dijo: «Así invocarán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré». Debemos responder con fe a este pronunciamiento objetivo de la bendición divina. Juan Calvino señala que en la bendición aarónica, a los sacerdotes «se les ordena pronunciar la bendición de manera audible, no susurrar oraciones; así que deducimos que ellos predicaron sobre la gracia de Dios, y que el pueblo podía entenderla por fe». Calvino continúa diciendo que, a través de la bendición, «Dios entrega Su nombre a los sacerdotes para que sea presentado diariamente como una promesa de Su voluntad y de la salvación que procede de la misma». La bendición, entonces, debe creerse por fe y recibirse con gratitud y seguridad.

Al igual que los israelitas, estamos esperando una tierra que ha sido garantizada con una promesa (Jn 14:3Ef 1:14). Como peregrinos débiles que somos, necesitamos este pronunciamiento regular que, como viento en popa, sopla el aliento necesario para impulsar nuestras velas. La bendición aarónica culminará hermosamente con la consumación de la promesa del nuevo pacto, cuando Dios more con Su pueblo (Ap 21:3) y Su nombre sea escrito sobre nosotros (14:1). A través de este pronunciamiento regular, se nos recuerda que este es nuestro destino: la bendita y gloriosa presencia de Dios por siempre. Allí Cristo pronunciará la bendición divina sobre Su novia y «[veremos] Su rostro, y Su nombre estará en [nuestras] frentes» (22:4).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Aaron L. Garriott
Aaron L. Garriott

Aaron L. Garriott es editor principal de Tabletalk Magazine, profesor adjunto residente en la Reformation Bible College de Sanford, Fla., y graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

El poder liberador del perdón

Soldados de Jesucristo

Mayo 03/2021

Solid Joys en Español

El poder liberador del perdón

John Piper

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¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi destino?

Lunes 3 Mayo

Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre.Salmo 86:11

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar.Salmo 32:8

¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi destino?

Me están esperando en una ciudad que no conozco. Voy conduciendo mi auto, y estoy cerca de mi destino, pero me cuesta ubicarme, sobre todo en medio del estrés provocado por el pito de los vehículos. Prefiero estacionarme para conectar el GPS*. En poco tiempo el sistema me ubica; introduzco el nombre de la calle que busco, y rápidamente el itinerario aparece en la pantalla. Sigo las instrucciones y pronto escucho esa voz que me asegura: “Usted ha llegado a su destino”.

Pues bien, para nuestra vida ¡la Biblia es mucho más que un GPS! Ella es el método seguro que conduce al objetivo deseado. En un asunto tan serio, no confiemos en la intuición o en los consejos de personas cuya competencia ignoramos, porque esto solo puede desviarnos. El ser consciente de que estoy perdido me muestra la necesidad de recurrir a la Biblia.

Primera pregunta: ¿Dónde estoy? ¿Me encuentro en un callejón sin salida? Llamémosla, por decir algo, la calle de la Perdición, de la Desesperación, del Pecado, de la Muerte. ¿Realmente deseo permanecer en ese lugar siniestro y sin salida? ¡No, es tiempo de salir!

Segunda pregunta: ¿Cuál es mi destino? No busco la muerte, sino la vida, la vida eterna. La Biblia me indica un itinerario perfecto. Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). Y todos los que creen escuchan entonces este feliz mensaje: “Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios… tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

*GPS : sistema de posicionamiento vía satélite.

1 Reyes 2:26-46 – Marcos 6:30-56 – Salmo 51:6-12 – Proverbios 14:29-30

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