El pueblo de Dios en el exilio

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Entre dos mundos

El pueblo de Dios en el exilio

Por Ra McLaughilin

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Entre dos mundos

a mayoría de las personas reconoce intuitivamente la diferencia entre una casa y un hogar. Eso es lo que hace que el exilio sea un castigo tan efectivo: nos impide volver al hogar. Nos separa de los seres queridos y de la seguridad, y nos despoja de nuestro sentido de pertenencia. Incluso puede colocarnos en lugares hostiles y peligrosos.

El pueblo de Dios ha vivido como exiliado en tierras extranjeras desde que fuimos expulsados del jardín del Edén. Toda nuestra historia ha sido un ciclo de exilio y restauración. La buena noticia es que el ciclo está llegando a su fin. Por ahora, sin embargo, nuestras vidas son una mezcla de exilio y restauración.

EL JARDÍN DEL EDÉN

La humanidad fue creada como parte del plan de Dios para extender Su reino celestial a la tierra (Mt 6:10; Ap 21-22). Para lograrlo, Dios creó un mundo perfecto y apartó una tierra especial llamada Edén (que en hebreo significa «agradable» o «lugar encantador»). Los cuatro ríos del Edén (Gn 2:10-14) indican que se extendía desde Mesopotamia hasta Egipto.

Dios plantó un jardín en Edén, del que brotaban las cabeceras de los cuatro ríos. Esto sugiere que el jardín era elevado y central, quizás en las montañas de Judea. También asignó a la humanidad la tarea de «cultivar» y «cuidar» el jardín (Gn 2:15) y de «llenad la tierra y sojuzgadla» (1:28). En otras palabras, nuestro trabajo era expandir los límites del jardín hasta los confines de la tierra.

En Edén, Dios estableció el pacto de obras para regir nuestra relación con Él (Confesión de Fe de Westminster 7.2). Teníamos la responsabilidad de obedecer a Dios cumpliendo nuestros deberes asignados y sin comer del fruto prohibido (Gn 2:17). Si obedecíamos, seríamos bendecidos con la vida eterna (3:22). Si no, seríamos responsables de la muerte (2:17).

Lamentablemente, la serpiente engañó a Eva, Eva persuadió a Adán, ambos comieron el fruto prohibido y la humanidad fue desterrada del jardín (cap. 3). Dios puso guardias angelicales para asegurarse de que la humanidad no volviera a entrar a escondidas (v. 24).

LA MALDICIÓN DEL EXILIO

El primer exilio de la humanidad nos apartó de la presencia manifiesta de Dios y nos puso junto al resto de la creación bajo la maldición de Dios (Rom 8:20-22). El trabajo se volvió difícil, la maternidad se hizo dolorosa y eventualmente todos murieron (Gn 3:16-19). Todos nacemos muertos espiritualmente (Rom 8:5-11), haciendo imposible el cumplimiento de nuestras obligaciones del pacto o el volvernos a Dios con fe (7:14-25; Gal 5:17). Vivíamos en una comunión rota con Dios (Rom 5:10Ef 2:1-3) y en conflicto con nuestros cónyuges, familiares y vecinos. Esas condiciones han persistido. Sin la intervención de Dios, eso es todo lo que podemos ser.

Afortunadamente, Dios prometió enviar un Redentor para salvarnos del exilio y, al fin de cuentas, de la muerte (Gn 3:15). Él estableció el pacto de gracia (CFW 7.2), mediante el cual Cristo revierte la maldición y el exilio del pecado de Adán (Rom 5:12-19).

El exilio de la humanidad del jardín se hizo programático por la forma en que Dios administró Su pacto con la humanidad, al menos a nivel corporativo. Dios nos da las leyes del pacto. Podemos cumplirlas y ser bendecidos, o romperlas y ser maldecidos. La maldición puede ser tan grave como la muerte, pero Dios opta con más frecuencia por algo como el exilio. Si acudimos a Él con fe, nos redimirá. Si no lo hacemos, el castigo puede aumentar (Lv 26; Dt 28-31).

Por nuestra cuenta, nunca podremos ser lo suficientemente buenos para evitar el exilio y mucho menos ganarnos las bendiciones de Dios. Por eso Cristo lo hace por nosotros. Si estamos unidos a Él por la fe sola, tenemos la promesa de una restauración completa del exilio de Adán.

EL DILUVIO

Tras ser exiliados del jardín, la humanidad cayó a una mayor maldad. Nos convertimos en adoradores falsos y asesinos, despreciando tanto a Dios como al prójimo. Caín, el primer asesino, fue desterrado de la presencia del Señor en Edén (Gn 4:16) y sus descendientes fueron peores que él. La humanidad llegó a ser tan malvada que Dios nos destruyó a casi todos en el diluvio (caps. 6-9). Solo Noé y su familia se salvaron.

El diluvio llevó a Noé hasta Ararat, justo después de la frontera del Edén. Este desplazamiento geográfico amplió la maldición de la humanidad, alejándonos de la tierra favorecida por Dios. Sin embargo, Dios confirmó el pacto de gracia con Noé (6:18; 9:9), indicando que a través de Noé, la humanidad recuperaría lo que había perdido no solo en el diluvio sino en la caída.

Bajo el pacto noético, la humanidad comenzó a ser restaurada al favor de Dios. En la misma medida, también comenzamos a regresar al Edén. Para entonces era muy diferente, pero seguía representando la esperanza del reino de Dios.

LA PERMANENCIA DE ABRAHAM

Con el tiempo, Dios eligió a Abraham para que se convirtiera en el padre de una nueva nación, a través de la cual Dios cumpliría Su plan de un reino terrenal (12:1-3; 17:4-8). Geográficamente, condujo a Abraham desde las distantes porciones del Edén en Mesopotamia hacia su centro.

El traslado de Abraham fue más por la gracia y la bendición de Dios, que por Su ira y maldición. Aun así, implicó que dejara su hogar sin saber hacia dónde iba. Por otra parte, cuando Abraham llegó a Canaán, la tierra estaba sumida en una hambruna severa (12:10). Así que se trasladó temporalmente con su familia a Egipto y luego regresó a Canaán una vez terminada la hambruna.

Durante este tiempo la vida de Abraham parecía estar lejos de ser bendecida. Su esposa fue llevada al harén de Faraón, su sobrino fue secuestrado y Abraham tuvo que dirigir a su familia a la batalla (caps. 12-14). Todo esto ocurrió antes de que Dios hiciera un pacto con él. Dios le había hecho varias ofertas y garantías de tierra y descendencia (12:1-3, 7; 13:14-17) y después las confirmó a petición de Abraham (15:8).

Dios se comprometió a darle Canaán a Abraham, junto con una descendencia demasiado numerosa para ser contada. A través de esos descendientes extendería el reino de Abraham por todo el mundo (vv. 1-21; 17:1-14; Rom 4:13).

Abraham nunca vio cumplidas estas promesas (Heb 11:13). Vivió y murió como extranjero en la misma tierra que Dios había prometido darle, con un solo hijo (Isaac) al que Dios había extendido la promesa del pacto (Gn 22:16-18). Pero ni Abraham ni nadie en la Escritura después de él creyó que las promesas de Dios habían fracasado. Esperaban algo más que un poderoso reino humano; esperaban que el reino celestial de Dios viniera a la tierra (Heb 11:16).

EL ÉXODO

Dos generaciones más tarde, la familia de Abraham regresó a Egipto como huéspedes de honor, con la promesa de Dios de que volverían a Canaán como una gran nación (Gn 46:3-4). Esa promesa se cumplió, pero solo después de que Dios permitiera que los israelitas fueran esclavizados por los egipcios durante siglos (Ex 6:612:40).

Dios devolvió a Israel la tierra de Canaán no porque ellos se acordaran de Su pacto, sino porque Él lo recordó (2:23-25). Al igual que pasó con Noé y Abraham, la razón de su prolongado sufrimiento no parece haber sido su propio pecado, sino la pecaminosidad de otros. Sin embargo, Dios lo utilizó para su bien (Rom 8:28). Israel se convirtió en una nación poderosa y salió con el botín de Egipto (Ex 3:22).

Al regresar a Canaán, Israel repetía un movimiento que había hecho Abraham. Como Adán, habían sido expulsados del jardín. Como Noé, habían sido expulsados de Edén. Al igual que Adán, Noé y Abraham, se les había prometido el regreso al Edén, desde donde comenzarían a extender el reino de Dios hasta los confines de la tierra.

Israel fue infiel a Dios durante el éxodo. Así que, aunque Él permitió que la nación saliera de Egipto, no los restauró a la tierra prometida. En cambio, prolongó su exilio haciéndolos vagar hasta que toda la primera generación que había salido de Egipto, excepto Josué y Caleb, hubiera muerto en el desierto (Nm 14).

EL PRIMER REINO

En Canaán, Israel luchó durante siglos antes de que Dios hiciera un pacto con David en el que le prometía que uno de sus hijos gobernaría Israel para siempre (2 Sam 7; Sal 89). Luego, bajo el hijo de David, Salomón, Israel alcanzó la cima de su poder. Sus fronteras se extendían hasta los bordes de Edén y su pueblo era demasiado numeroso para ser contado (1 Re 4:20-21), tal como Dios había prometido a Abraham.

Salomón construyó el templo como casa y trono de Dios (1 Cr 28:2Is 6:1) y el propio trono de Salomón era una extensión del de Dios (1 Cr 28:5-629:23). Al igual que el tabernáculo, el templo y su mobiliario hacían eco de las imágenes del Edén. Ambas estructuras reflejaban exteriormente su propósito espiritual de ser el lugar donde Dios habitaba y se reunía con Su pueblo. Pero incluso aquí, algo faltaba. Dios no caminaba con Su pueblo como lo había hecho con Adán en el jardín.

Más tarde, el mismo Salomón fue infiel. Así que, en los días de su hijo Roboam, el reino se dividió entre Judá en el sur e Israel en el norte (1 Re 12:16-24). Finalmente, tanto el reino del norte como el del sur fueron llevados a nuevos exilios. Así como se habían alejado espiritualmente de Dios, fueron alejados geográficamente de Su trono en Jerusalén.

EL ÚLTIMO REINO

Hubo un intento de restaurar el reino en los días de Esdras y Nehemías, pero se tambaleó porque el pueblo fue infiel. Finalmente, Dios hizo lo que Su pueblo no pudo o no quiso hacer. Envió a Su propio Hijo para sacar a Su pueblo del exilio y construir el reino de los cielos en todo el mundo.

¿Dónde esto nos deja ahora? ¿Vivimos en el exilio o vivimos en el reino celestial de Dios en la tierra? En cierto sentido, la respuesta es ambas cosas. El reino de Dios ya está aquí, pero es en gran medida espiritual (Lc 17:20-21). Por tanto, somos exiliados físicos pero no espirituales. Luchamos contra el mundo físico, la carne corruptible y la presencia del pecado (Rom 7:14-25Gal 5:17). Pero espiritualmente, somos ciudadanos del reino de Dios, habitados por el Espíritu Santo y sentados con Cristo en los lugares celestiales (Ef 2:4-7).

Aun así, Jesús todavía no ha vuelto para renovar los cielos y la tierra, y esto no es el jardín del Edén, o mejor dicho, la nueva Jerusalén. El pacto de gracia garantiza que, cuando llegue la plenitud del reino de Dios, no volveremos a sufrir (Ap 21:4). Hasta entonces, se nos asegura en gran medida que sufriremos (2 Tim 3:12). Eso hace que nuestras vidas se parezcan mucho a la de Abraham. Vivimos y caminamos por fe, sabiendo que las promesas de Dios son verdaderas incluso cuando no se sientan como tal.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Ra McLaughilin
Ra McLaughilin

Ra McLaughlin es vicepresidente de operaciones y finanzas de Third Millennium Ministries.

La educación del Señor (Testimonio)

Lunes 3 Enero

¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? Mateo 7:3

La educación del SeñorTestimonio

Leer Efesios 4:31-32

“Un día estaba caminando ensimismado por una calle de la ciudad. De repente, un auto me cortó el camino en un lugar donde los vehículos no estaban autorizados a pasar. Ambos, el conductor y yo, comenzamos a discutir y a gritarnos palabras desagradables. Por fin hice un gesto de enojo con la mano y me fui rápidamente.

Después de este incidente, estaba agitado e inquieto. Le pregunté al Señor Jesús por qué me sentía infeliz, pero no obtuve respuesta.

Ese mismo día, fui de compras a una gran tienda. Tan pronto como entré, alguien tropezó conmigo sin querer. Me sentí molesto e hice un comentario desagradable. Pero unos minutos más tarde fui yo quien, al retroceder, choqué contra una pareja mayor. Ellos me increparon, pero en vez de disculparme, respondí enojado: “¡No tengo ojos por detrás!”. En la caja, una mujer me empujó accidentalmente. Estaba a punto de recriminarle su actitud cuando ella lamentó mucho haber tropezado conmigo.

Entonces mi enojo desapareció y de repente repasé todos los acontecimientos de ese día. En ese momento comprendí la respuesta de mi Señor a la oración que había hecho unas horas atrás: “Hoy no te has comportado de manera ejemplar. En lugar de enojarte con el conductor, podrías haberle cedido el paso. Cuando te tropezaste con los otros, en lugar de pedir disculpas, les respondiste descaradamente”. En realidad, yo había culpado a los demás, incluso por mi propio error, por lo tanto, estaba molesto. Humillado, confesé mi enojo y mala conducta ante Dios. En su amor me mostró lo que debía cambiar en mi vida”. _Gerardo

Rut 3 – Mateo 3 – Salmo 2:7-12 – Proverbios 1:10-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

9 – Cristo: ¡Señor de todo o Señor de nada!

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Él es, el Cristo que predicamos

9 – Cristo: ¡Señor de todo o Señor de nada!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis #5 – Los apóstoles y profetas fueron el fundamento de la iglesia, no oficios para hoy

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 5

Los apóstoles y profetas fueron el fundamento de la iglesia, no oficios para hoy

95 Tesis para la Iglesia Evangélica de Hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

El Pastor Miguel Núñez nos habla un poco más sobre este nuevo proyecto de 95 semanas de tesis, “Latinoamérica Despierta: De regreso a la verdad-Sola Escritura”.

​Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una Necesidad Urgente

Alimentemos El Alma

Samuel Perez Millos

Una Necesidad Urgente

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgara a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que predique la palabra”(2 Ti. 4:1-2).

          El apóstol Pablo estaba esperando el momento de su partida. Cualquier día, la puerta de su celda se abriría y sería llevado al lugar de ejecución de la sentencia dictada a muerte contra él. No había mucho tiempo por delante. Su ministerio había terminado, todo cuando el Señor le había encomendado estaba hecho. Él mismo dice a su compañero Timoteo que había terminado la carrera (2 Ti. 4:6). Las recomendaciones que hace a su colaborador, entonces integrado en la iglesia en Éfeso, deben ser tenidas en consideración por ser lo último que el que había servido con fidelidad deja establecido. Esta es evidentemente precisa y tiene que ver con la necesidad de predicar la Palabra. Es algo no sólo urgente, sino que a modo de mandamiento debe ser obedecido. No hace un ruego, establece esto a modo de juramento, es decir, coloca al destinatario bajo juramento, conjurándolo delante de Dios para que atienda al mandamiento, sin reservas y con dedicación continua.

          La razón que el apóstol da para que la Palabra sea predicada lo advirtió ya en su primera epístola cuando dice que en estos días, vendrán “tiempos peligrosos” (2 Ti. 3:1). No habla de tiempos difíciles, o problemáticos, sino peligrosos. El peligro alcanza a todos y en especial a los hombres y mujeres de la iglesia. El peligro tiene que ver con gente que vivirá en apariencia de piedad pero negarán la eficacia de ella. Peligrosos porque habrá maestros réprobos en cuanto a la fe. Peligrosos porque habrá engañadores, cuya misión será la de ir engañando a otros. Fundamentalmente, peligrosos, porque habrá gente que se ha cansado de la doctrina y procurarán oír lo que satisfaga a sus oídos, pero no lo que Dios tiene para Su pueblo.

         Lamentablemente esta es, a mi entender, la mayor necesidad de nuestros días. Lo es porque poco a poco la Biblia va cediendo espacio en el púlpito de las iglesias. En los últimos años cosas, sin duda importantes, como la alabanza, han ido desplazando a lo fundamental que es la Palabra. De otro modo, el creyente está cansándose de oír la voz de Dios, pero procura que Él oiga la voz de Su pueblo. La idea, no bíblica, de que Dios necesita la alabanza porque su trono se asienta en ella, a elevado esta actitud, a la parte más importante de la vida del creyente y de la iglesia. Baste con mirar las formas de los templos en que se congregan los creyentes para darse cuenta de esto. Hasta la edad media, el altar presidía todo el lugar de culto; luego, en la Reforma, dio paso al púlpito que se situaba en el frente y centro del lugar de reunión y la Palabra pasó a ser el núcleo principal de ella; en nuestros días el púlpito fue retirado para ser sustituido por el escenario, donde la música, el canto, la danza y otras expresiones de alabanza ocupan el tiempo más extenso de la reunión. Muchas veces, ocurre que si es necesario acortar algo del culto por necesidad de tiempo, se recorta el mensaje de la Palabra, pero en modo alguno puede tocarse el tiempo de alabanza. En muchas iglesias el director de alabanza es más importante que elpastor-maestro.

        Las consecuencias de esto son evidentes. Dejadas las congregaciones sin el alimento sólido de la Palabra, pasan a sercristianos infantiles, que son fácilmente arrastrados de un lado a otro por cualquier viento de doctrina. La ética cristiana se debilita porque falta el conocimiento de lo que Dios establece en su Palabra, y un viento de mundanalidad y carnalidad, sopla sobre muchos cristianos que son arrastrados a posiciones contrarias a la Biblia y dejan de ser luces en las tinieblas. Las demandas sólidas de la vida de santidad, han dado paso a una mal llamada libertad que no es otra cosa que unlibertinaje personal en el que cualquiera tiene derecho a vivir como mejor le parezca. La situación es lamentable, la mundanalidad ha venido a ser la forma expresiva de vida de muchos cristianos.

         Además, dos grandes corrientes teológicas, golpean muchas congregaciones, arrastrando a jóvenes, confundiendo a muchos y causando divisiones. De una parte está el llamado calvinismo extremo, en donde la determinación divina elimina totalmente la responsabilidad humana. Acusan estos a los pastores de no predicar el evangelio bíblico y producen en muchos hermanos la angustia vital de preguntarse si habiendo creído el mensaje que les fue predicado, son verdaderamente salvos o no. Llegan estos maestros no bíblicos a afirmar que se necesita una re-evangelización de la iglesia para que haya conversiones reales. Confunden a muchos afirmando que Dios no ama al pecador. Que el amor de Dios está dirigido sólo a los que han sido eternamente escogidos para salvación mientras que los otros, reprobados antes de la creación del mundo, son objetos del odio santo de Dios contra ellos. La evangelización establecida por Cristo deja de ser el objetivo prioritario de la iglesia ante el mundo, porque quienes han sido determinados para salvación, serán salvos de cualquier modo. La rigidez de lo que llaman santidad práctica, hace vivir en angustia a muchos cristianos que no llegan a alcanzar los niveles que ellos mismos establecen seleccionando textos bíblicos fuera de contexto que los convierte en pretexto para hacer de ellos base de sus enseñanzas. De otra parte está el carismatismo, que haciendo bandera del poder del Espíritu Santo de Dios, predican una vida cristiana presa del subjetivismo personal. Son los que proclaman la necesidad de que en la iglesia existan apóstoles con la misma autoridad que los Doce para que haya una supervisión de las actividades eclesiales. Esta llamada supervisión con autoridad apostólica permite que estos sean obedecidos sin reserva. El subjetivismo carismático hace blasón de nuevas revelaciones del Espíritu. La muletilla Dios me ha dicho, el Señor me habló, permite a cualquiera que dice tener una revelación divina, ser obedecido como rema, palabra de Dios por medio de los creyentes. La Biblia, en manos de estos está dejando de ser predicada para que las congregaciones se alimenten de subjetividades que son recibidas aunque no descansen en la Biblia. La verdadera espiritualidad para estos se manifiesta en hablar en lenguas, en caer en el Espíritu, en sanidades de auto-engañados aunque los verdaderamente enfermos sean despedidos por la puerta trasera de la iglesia luego de que los asistentes al culto hayan dejado el templo, alegando que Dios ya no sana más hoy.

         La razón de todo este estado de la iglesia no es otro que la falta de enseñar la Palabra. Claro está que para poder enseñar la Biblia es necesario que haya hombres preparados para hacerlo. Maestros que han sido formados en la Palabra. Pastores cuyo celo sea el de dedicar tiempo al estudio para poder enseñar también a otros (2 Ti. 2:2). Iglesias cuya determinación y orientación sea dar prioridad a la Biblia sobre cualquier otra cosa, no para hacer técnicos en la Palabra, sino para formar hombres y mujeres que conociendo la Biblia, vivan vidas conforme a ella. Satanás procurará que esto no ocurra. Nada teme más que un creyente que puede apoyarse en la autoridad de la Biblia y responder con ella a sus insinuaciones y tentaciones.

          El mundo evangélico está atravesando un momento de crisis en todos los terrenos. En base a no molestar a otros, se asume como válidas conductas que no solo son contrarias a la moral, sino a la misma naturaleza. Hay iglesias que llamándose evangélicas aceptan el matrimonio contrario a lo que Dios establece en su Palabra, porque también ellos tienen derecho de ser recibidos, ya que la Iglesia es el lugar de encuentro para todos los hombres que desean alabar a Dios. La familia está destruyéndose, los matrimonios rompiéndose, nuevas uniones sustituyen a las anteriores siendo causa de ruina para muchos niños pequeños en hogares destruidos. Nuestra sociedad vive en buenas casas, pero carece de hogares.

          De ahí la advertencia del apóstol a la que debemos prestar urgente atención: “que prediques la Palabra”. Es hora de que quienes creemos en la autoridad, inerrancia e inspiración plenaria de la Escritura, dejemos a un lado las barreras de nuestros sistemas religiosos, las divisiones de un mal entendido denominacionalismo, para acudir juntos y hacer un bloque contra la corriente no Biblia que está afectando el mundo evangélico. Dejar esto para más adelante puede resultar en la ruina inevitable de muchas vidas, avanzando a un punto sin retorno del que será imposible salir.

9 – «La santificación por El Espíritu «

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: Hablando del Espíritu Santo

9 – «La santificación por El Espíritu «

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco

48 – El ministerio de Pablo y el tuyo | Romanos 15:14-21 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

48 – El ministerio de Pablo y el tuyo | Romanos 15:14-21 

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org

Tiene que nacer de nuevo

Domingo 2 Enero

El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.Juan 3:3. Mas a todos los que le recibieron (Jesús), a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.Juan 1:12

Tiene que nacer de nuevo

Una hora antes de nacer, ¿qué sabíamos del mundo? Si alguien nos hubiese explicado que íbamos a respirar, que caminaríamos, que el mundo es mucho más vasto que el regazo de nuestra madre… Y suponiendo que lo hubiésemos comprendido… ¿lo hubiésemos creído? ¡Ahora bien, entre nuestro mundo y el reino de Dios hay aún más diferencia que entre el regazo materno y nuestra presencia en el mundo!

Así como para venir al mundo tuvimos que nacer, también, para entrar en el reino de Dios, necesitamos un nuevo nacimiento, un nacimiento de arriba. Quizás usted se pregunte, como Nicodemo, a quien Jesús reveló esta necesidad de nacer de nuevo (o de arriba): “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?” (Juan 3:4). Escuche la respuesta de Jesús: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:6-7). Este nacimiento es espiritual. Procede de la Palabra de Dios, de la fe en Jesús y de la acción del Espíritu Santo en nosotros. Para que esto se produzca debemos leer los evangelios con sencillez, humildad y oración. Por medio de esta palabra divina el Señor Jesús ilumina nuestro ser y produce la vida: entonces nos convertimos en “hijos de Dios”.

Solo así podemos ver el reino de Dios y entrar en él. Este ámbito está caracterizado por lo que Dios es, amor y luz, donde moran la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17).

Rut 2 – Mateo 2 – Salmo 2:1-6 – Proverbios 1:7-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿El Dios del Antiguo es el mismo Dios del Nuevo Testamento?

No es tan simple como parece

38 –  ¿El Dios del Antiguo es el mismo Dios del Nuevo Testamento?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

20/32 – 2 Tesalonicenses

El Proyecto Biblia

Serie: Nuevo Testamento

20/32 –  2 Tesalonicenses

Mira nuestro video Lee la Biblia sobre 2da de Tesalonicenses, que desglosa el diseño literario del libro y su línea de pensamiento. En 2da de Tesalonicenses, Pablo clarifica sus enseñanzas anteriores sobre el regreso futuro de Jesús y reprocha a los cristianos que estaban alterando a la comunidad. #BibleProject #VideosDeLaBiblia #2da de Tesalonicenses