15 – Siendo Honestos con Dios

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

15 – Siendo Honestos con Dios

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

El divorcio de las generaciones

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

El divorcio de las generaciones
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

ace treinta años, prediqué un sermón titulado «Dedicado, respetuoso de la ley y trabajador», basado en 2 Timoteo 2, comenzando con el versículo 3. Mi vida, en especial sus primeros años, ha estado envuelta en tres metáforas de 2 Timoteo 2:3-7: el soldado, el atleta y el labrador. Cuando escribo palabras para la Generación Z (los que nacieron entre 1995 y 2015), estos son de los primeros versículos que vienen a mi mente.

Crecí en una finca ganadera y agrícola al noreste de Kansas. Por lo tanto, aprendí el valor del esfuerzo desde mi juventud. Ya estaba manejando un tractor en los campos de heno antes de comenzar el primer grado. Poco sabía entonces que el labrador que trabaja debe ser el primero en recibir su parte de los frutos (2 Tim 2:6). Entré a la escuela, y descubrí de inmediato que me gustaban los deportes.

Practiqué todos los deportes disponibles en la escuela secundaria (en esos años, no teníamos la gama de deportes que hay hoy, especialmente en una escuela pequeña), y jugué baloncesto en la universidad Geneva College. En ese escenario, aprendí que un atleta debe jugar de acuerdo con las reglas (v. 5). Tras trabajar como entrenador durante un año en Geneva College después de graduarme, fui reclutado por el Ejército de los EE. UU. y serví todo un año como infante y oficinista, partiendo con el rango de soldado raso en la 101ª División Aerotransportada en Vietnam. Mientras estuve allí, aprendí que un buen soldado debe ser dedicado y no debe enredarse en cuestiones civiles (v. 4).

Algunas personas están cada vez más preocupadas porque la generación joven, incluso los jóvenes del pacto, están posponiendo la adultez tanto como pueden. Y quizás eso se debe, en parte, a lo que ven en la vida de los que somos mayores. En estos días, el ocio lo consume todo. La economía del ocio es lo que hace funcionar gran parte de nuestro mundo actual. Esa es una de las razones por las que las ciudades costeras son tan populares. Vivimos en una economía basada en el ocio. Mi esposa me contó hace poco que conoció a un hombre que le dijo que, para él, todos los días son como sábados. Con esa afirmación, quiso decir que sus días no tienen las preocupaciones ni las responsabilidades de la semana laboral normal.

Quizás los millennials lo aprendieron de los baby boomers. Sin embargo, por la razón que sea, hoy existe una preocupación importante porque nuestros hijos posponen la adultez lo máximo posible. Hace varios años, escuché a Don Kistler, que entonces era director de Soli Deo Gloria Publications, decir que la edad promedio de una profesión de fe hace doscientos años era de cinco años. ¿Creen que a los puritanos les preocupaba que sus hijos estuvieran retrasando las responsabilidades de la adultez? No lo creo. Piensa en todos los puritanos que se formaron en grandes universidades durante su adolescencia.

Hoy en día, en algunos contextos, hay decisiones, como la de unirse a una iglesia como miembro comulgante, que se retrasan lo más posible. De muchas maneras, nuestros hijos pueden estar captando de sus padres el mensaje de que en verdad no están listos para la adultez.

Permíteme volver al soldado, al atleta y al labrador. El soldado sabe que para tener éxito, debe dejar de lado los intereses que no se relacionan con la vida de un soldado. ¿Te acuerdas de Urías hitita? Urías ni siquiera quiso acostarse con su esposa Betsabé cuando el rey David lo alentó. No se sentía cómodo durmiendo en la misma cama que su esposa cuando los demás soldados estaban en el campo de batalla durmiendo en el suelo.

El atleta compite según las reglas. Si no lo hace, corre el riesgo de hacer perder a su equipo. Muchos cristianos, tanto jóvenes como mayores, corren el riesgo de naufragar en lo relacionado a la fe por las pasiones del momento. Parece que piensan que no importa que tomen atajos o no tengan la intención de cumplir con sus compromisos.

El labrador es un trabajador esforzado. Durante los meses de verano, trabaja de sol a sol. Durante el invierno, prepara su maquinaria para la primavera y cuida de su ganado, sin importar cuánta nieve haya en el suelo.

Jóvenes cristianos, la Iglesia los necesita. Prepárense para la batalla. Háganse adultos. Esfuércense, apártense de lo que tan fácilmente los envuelve y obedezcan a su Padre celestial. Acuérdense de Jesucristo, resucitado de entre los muertos (2 Tim 2:8). Enfoquen los ojos en Jesús y en Él por encima de todo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jerry ONeill
El Dr. Jerry O’Neill es presidente emérito y profesor emérito de teología pastoral en el Reformed Presbyterian Theological Seminary, ubicado en Pittsburgh.

Cómo perdonar las heridas

MEDITACIÓN DIARIA
Cómo perdonar las heridas
Así como hemos sido perdonados, nosotros debemos perdonar a los que nos han herido.

24 de mayo de 2022

Colosenses 3.12-15

A menudo tratamos de justificar un corazón resentido, pensando: Bueno, el Señor sabe lo que esa persona me hizo. Así que Él entiende por qué me siento así. Sin duda, el Señor Jesús, quien es Dios y hombre por completo, conoce nuestras emociones humanas. De hecho, Él mismo experimentó la traición y el abandono, así que entiende nuestro dolor. Sin embargo, no aprueba que nos neguemos a perdonar.

A través del Salvador, vemos cómo Dios ve el perdón, incluso cuando se trata de las ofensas más viles. Considere el hecho de que somos nosotros quienes lo traicionamos continuamente. ¿De qué manera? Le hemos negado el lugar que le corresponde en nuestra vida, hemos dudado de su Palabra e ignorado sus instrucciones. Hay momentos en que lo echamos de nuestras actividades y decisiones diarias para poder perseguir las cosas más a nuestro gusto. Además, hemos pecado contra Él y también contra otras personas.

¿Y cuál es la actitud del Señor hacia nosotros? “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11.28). Ahora bien, ¿de verdad cree que Él justificará nuestra falta de perdón? No. Él quiere que miremos la cruz. Allí descubriremos el precio que pagó por nuestro perdón. Así como hemos sido perdonados, nosotros debemos perdonar a los que nos han herido (Col 3.13).

Biblia en un año: Esdras 5-7

¿De qué sirve confiar en Dios?

Martes 24 Mayo
Así dijo el Señor… En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis.
Isaías 30:15
¿De qué sirve confiar en Dios? (1)
El rey Joram reinó en tiempos del profeta Eliseo (hace unos 900 años antes de Cristo). Vivía en Samaria, ciudad muy corrompida, y se preocupaba muy poco por Dios. Pero Dios, quien es paciente, le advirtió varias veces, por medio del profeta Eliseo, sobre las trampas que el rey de Siria le tendía; y lo liberó del peligro. Sin embargo, Joram permaneció sordo a los llamados de Dios, y continuó despreciándolo. Entonces, con el fin de atraer al rey y a su pueblo, Dios permitió que Samaria fuese asediada y que hubiese una hambruna tan terrible y fuerte, que condujo a algunos a comportarse como caníbales (2 Reyes 6:28-29).

Cuando Joram oyó esto se horrorizó. En vez de arrepentirse y pedir ayuda al profeta de Dios, atacó a Eliseo. Lo acusó de ser responsable de todos sus males, quiso deshacerse de él y ordenó decapitarlo. Pero Dios protegió a su profeta. Las intenciones de Joram fracasaron y pronunció palabras amargas (2 Reyes 6:33). Es como si hubiese dicho: “Ya que Dios me hizo mal, ¿de qué sirve confiar en él?”. Y en vez de arrepentirse e ir a Dios, lo acusó, se rebeló y le dio la espalda…

¡Esta es precisamente la reacción de muchos de nosotros! La desobediencia del hombre y su pecado introdujeron el sufrimiento y la muerte en este mundo. Como Joram, el hombre sufre por su propio error. Dios lo protege, lo llama y trata de atraerlo hacia él. Pero él se rebela y acusa a Dios, ese Dios que lo ama y lo llama pacientemente. “El Señor esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque el Señor es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él” (Isaías 30:18).

Levítico 5 – Romanos 2 – Salmo 62:9-12 – Proverbios 16:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Era Jesús quien me hablaba

Lunes 23 Mayo
Felipe… le anunció el evangelio de Jesús.
Hechos 8:35
Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
Juan 6:35
Era Jesús quien me hablaba
Testimonio
“Siempre busqué la justicia, la verdadera justicia. Viví la revolución de mayo de 1968 con la certeza de que al fin la igualdad y la fraternidad llegarían. Pero tuve que reconocer que yo también era una persona capaz de cometer la injusticia. Busqué en otra parte, incluso en la India… pero siempre hallé las mismas miserias, las mismas injusticias, los mismos problemas. Luego entré en un albergue del Ejército de Salvación. Cierto día, una oficial me dijo: “Jesús cambió mi vida”. No era alguien que me decía: “Creo en Dios, Dios existe…”, sino: “Jesús cambió mi vida”. Ese fue un primer shock para mí.

Más tarde otra persona me dijo: “Soy médica, hace veinte años que conozco a Jesús, y nunca me defraudó”. ¡Segundo shock en mi vida! Entonces entré en mi habitación para orar; ¡tenía que encontrar a ese Jesús! Al menos durante media hora experimenté una gran lucha. Luego me derrumbé y me puse de rodillas. Oré a Jesús: “No sé… No te conozco, no sé si todo lo que me cuentan es verdad. Pero si existes, deseo realmente que cambies mi vida, que vengas a mi vida”. Las lágrimas me inundaron. Abrí la Biblia y pude leer en el evangelio donde Jesús dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Para mí ya no era un libro, sino Jesús quien me hablaba. Mi vida se transformó en aquel momento… ¡Encontré a Jesús!”.

Lea la historia de aquel etíope al cual Felipe anunció a Jesús (Hechos 8:26-40). Habiendo creído en Jesucristo, ese hombre “siguió gozoso su camino” (v. 39).

Denise B.
Levítico 4 – Romanos 1 – Salmo 62:5-8 – Proverbios 15:33

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La unidad fundamental de la Iglesia

Domingo 22 Mayo
Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo.
1 Corintios 12:13
Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación.
Efesios 4:3-4
La unidad fundamental de la Iglesia
¿Podemos hablar realmente de la unidad de la Iglesia? Exteriormente no vemos una sola iglesia, sino muchas iglesias que defienden sus diferencias…

Pero existe la realidad espiritual que solo Dios conoce a la perfección. Su Palabra declara que la Iglesia es fundamentalmente un solo cuerpo, formado por todos los verdaderos creyentes, en quienes habita el mismo Espíritu, y que tienen una misma esperanza.

 – Un solo cuerpo: No diversos movimientos religiosos, ni inscripciones en un registro de miembros de una iglesia, sino un organismo vivo, un cuerpo animado por la vida de Cristo y que se encuentra en todas partes en donde esta vida existe. ¡Que nuestro amor y oraciones sean por toda la Iglesia!

 – Un solo Espíritu: No voluntades independientes, ni costumbres culturales, sino un solo Espíritu venido de Dios para unir a los creyentes, fortalecerlos y dirigirlos. ¡Evitemos negar, mediante nuestros comportamientos, esta unidad establecida por el mismo Espíritu Santo!

 – Una sola esperanza: No opiniones divergentes, sino un mismo futuro maravilloso. Por variadas que sean nuestras ocupaciones en la tierra, todos los creyentes tenemos el mismo destino: la casa del Padre, donde todos estaremos reunidos en torno a Jesús, nuestro Salvador.

Entonces la unidad fundamental de la Iglesia brillará en su perfección. ¡Qué gozo poder ver al fin a Jesús y adorarlo todos juntos!

Levítico 3 – Marcos 16 – Salmo 62:1-4 – Proverbios 15:31-32

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El Amigo de todos

Sábado 21 Mayo
Vino el Hijo del Hombre (Jesús), que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
Lucas 7:34
Sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.
Juan 4:42
El Amigo de todos
En los evangelios vemos a Jesús acercarse a toda clase de personas. Comió en casa de un hombre rico, y también tenía trato con los pobres. Habló directamente con algunas mujeres, incluso con una mujer de mala reputación. También habló con un publicano (un cobrador de impuestos, mal visto por el pueblo) y lo invitó a seguirle.

Por su cercanía a todos fue acusado de ser “amigo de publicanos y de pecadores”. ¡Realmente era el Amigo de todos! Se acercó a los hombres como su Amigo… y al final de su vida, en la cruz, pasó a ser su Salvador.

Jesús tendió la mano a cada uno. Tenía una actitud conciliadora; mostraba que Dios, quien odia el pecado, ama al hombre y quiere perdonarlo.

Aún hoy Jesús nos interpela como nuestro Amigo. ¡Que nada nos impida tener un encuentro personal con él, en la confianza, la fe y la oración! Podemos ir a él porque él vino primero a nosotros. Podemos obtener la respuesta a nuestras necesidades solo porque nuestro Señor descendió hasta nosotros, pecadores. Vino a la tierra para cumplir la obra de la cruz y darnos la posibilidad de acercarnos a Dios.

Hoy Dios invita a cada hombre y mujer de todo el mundo: vaya sencillamente a Jesús, tal como es, y será salvo. ¡Sí! Él quiere ser el Amigo de todos: él nos ama.

Levítico 1-2 – Marcos 15:21-47 – Salmo 61 – Proverbios 15:29-30

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Justificación y seguridad

Ministerios Ligonier

Serie: La doctrina de la justificación

Justificación y seguridad
Por Michael Reeves

Nota del editor: Este es el sexto y último capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La doctrina de la justificación.

«El fin principal de la existencia del hombre es glorificar a Dios, y gozar de él para siempre», dice el Catecismo Menor de Westminster. ¿Pero cuál doctrina describe cómo Él nos lleva a una relación para que podamos disfrutar de Él? La justificación por la gracia sola de Dios a través de la fe sola y en Cristo solo.

Este maravilloso punto central del evangelio bíblico demuestra la suficiencia de Cristo como único Salvador. A través de Él, Dios es glorificado tanto por ser totalmente misericordioso y bueno, como por ser supremamente santo y compasivo, y por lo tanto la gente puede encontrar su consuelo y deleite en Él. Por medio de esta doctrina, incluso los creyentes que luchan pueden conocer una posición firme ante Dios, conociéndolo con gozo como su «Abba, Padre», seguros de que Él es poderoso para salvarlos y guardarlos hasta el fin.

CONSUELO Y ALEGRÍA
Para comprender esto, considera las diferencias entre la teología católica romana y la de la Reforma en cuanto a la seguridad de la salvación. ¿Puede un creyente saber que es salvo?

Del lado de la Reforma, el puritano Richard Sibbes argumentó que, sin esa seguridad, simplemente no podemos vivir vidas cristianas como Dios quiere que lo hagamos. Dios, dijo, quiere que estemos agradecidos, alegres, regocijados y fuertes en la fe, pero no podemos estar así a menos que estemos seguros de que Dios y Cristo son nuestros para siempre.

Hay muchos deberes y disposiciones que Dios requiere y en los que no podemos estar sin una firme seguridad de salvación. ¿Cuáles son estos? Dios nos pide que demos gracias por todo. ¿Cómo puedo dar gracias, a menos que sepa que Dios es mío y Cristo es mío?… Dios nos ordena que nos regocijemos. «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos!» Flp 4:4. ¿Puede un hombre alegrarse de que su nombre esté escrito en el cielo sin saber si su nombre está escrito allí?… ¡Qué triste! ¿Cómo puedo prestar un servicio a Dios con gozo, cuando dudo de si Él es mi Dios y Padre?… Dios requiere de nosotros una disposición que nos llene de ánimos y que seamos fuertes en el Señor; y que seamos valientes por Su causa para resistir a Sus enemigos y a los nuestros. ¿Cómo podemos tener valor para resistir nuestras corrupciones y las tentaciones de Satanás? ¿Cómo podemos tener valor para sufrir persecuciones y cruces en el mundo, si no tenemos algún interés particular en Cristo y en Dios?

Sin embargo, la confianza misma que Sibbes defendía como un privilegio cristiano fue condenada por la teología católica romana como pecado de presunción. Fue precisamente uno de los cargos presentados contra Juana de Arco en su juicio en 1431. Allí, los jueces proclamaron:

Esta mujer peca cuando dice que está segura de ser recibida en el Paraíso como si ya fuera partícipe de… la gloria, ya que en este viaje terrenal ningún peregrino sabe si es digno de la gloria o del castigo, lo cual solo el Juez soberano puede decir.

Ese juicio tenía todo el sentido dentro de la lógica del sistema católico romano: si solo podemos entrar en el cielo por habernos hecho personalmente merecedores de él (por la gracia habilitadora de Dios), por supuesto que nadie puede estar seguro. Según ese razonamiento, solo puedo tener tanta confianza en que iré al cielo como confianza tenga en mi propia pureza.

Pero aunque esa manera de pensar tenía sentido en la iglesia católica romana, generaba miedo y no gozo. La necesidad de tener méritos personales ante Dios para su salvación dejaba a la gente aterrorizada ante la perspectiva del juicio. Fue exactamente la razón por la que el joven Martín Lutero temblaba de miedo al pensar en la muerte y por la que dijo que odiaba a Dios (en lugar de disfrutar de Él). Él no podía estar agradecido, alegre, regocijado y fuerte en la fe ya que solo creía en Dios como un juez que estaba en su contra.

Con su descubrimiento de que los pecadores son libremente declarados justos en Cristo, todo eso cambió. Su confianza para ese día ya no estaba puesta en sí mismo, sino que todo descansaba en Cristo y en Su justicia suficiente. Y así, el horroroso día del juicio final vino a ser lo que él llamaría «el día final más feliz», el día de Jesús, su amigo. El consuelo que aporta a todos los que se adhieren a la teología de la Reforma quedó perfectamente plasmado en la sorprendente redacción del Catecismo de Heidelberg:

Pregunta: ¿Qué consuelo te infunde que Cristo “ha de venir a juzgar a vivos y muertos”?

Respuesta: Que en todos mis dolores y persecuciones espero con la cabeza levantada que Aquel que en el pasado se ofreció a Sí mismo por mi causa ante el tribunal de Dios y que ha quitado toda la maldición de sobre mí volverá del cielo como Juez, y arrojará a todos los enemigos Suyos y míos a la condenación eterna, pero a mí me tomará consigo junto a todos Sus elegidos a los gozos y las glorias celestiales (pregunta y respuesta 52).

HUMILDAD Y VALOR
La justificación por la fe sola no solo provee la alegría que el apóstol Pablo ordena sino que al mismo tiempo humilla y da valor a quienes la aprecian.

Por medio de la justificación por la fe sola, los creyentes son hechos conscientes tanto de quién es Dios como de quiénes son ellos. A diferencia de lo que pensaban antes, se dan cuenta de que Él es grande, glorioso, misericordioso y hermoso en Su santidad, y ellos no lo son. Cuando la justificación eleva a Cristo como el Salvador supersuficiente, los creyentes se vuelven como Isaías, cuya visión del Señor en la gloria, alto y elevado, le hizo clamar: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque han visto mis ojos al Rey, el SEÑOR de los ejércitos» (Is 6:5). Los evangelios alternativos, en los que el pecado es un problema pequeño y, por tanto, Cristo un salvador pequeño (o un asistente), nunca tendrán el mismo efecto.

La humildad que aprendemos a través de la justificación, al gloriarnos en Cristo y no en nosotros mismos, resulta ser la fuente de toda salud espiritual. Cuando nuestros ojos son abiertos al amor de Dios por nosotros, pecadores, dejamos caer nuestras máscaras. Condenados como pecadores pero justificados, podemos empezar a ser honestos con nosotros mismos. Al ser amados a pesar de nuestra falta de amor, empezamos a amar. Al recibir la paz de Dios, empezamos a conocer la paz y el gozo interior. Cuando se nos muestra la magnificencia de Dios sobre todas las cosas, nos volvemos más resilientes, temblando de asombro ante Dios y no ante el hombre.

Esta fue la transformación que Lutero experimentó a través de su descubrimiento de la justificación por la fe sola. Lutero a menudo se describía como un joven ansioso y tan encerrado en sí mismo que todo le daba miedo. Incluso el sonido de una hoja movida por el viento lo ahuyentaba (Lv 26:36). Eso cambió gracias a su encuentro con el evangelio de Cristo, como relata Roland Bainton en las espléndidas palabras finales de su biografía:

El Dios de Lutero, como el de Moisés, era el Dios que habita en las nubes de la tormenta y cabalga en las alas del viento. A Su paso, la tierra tiembla, y el pueblo ante Él es como una gota de agua. Es un Dios majestuoso y poderoso, inescrutable, aterrador, devastador y que consume Su ira. Sin embargo, el Todo Terrible es también el Todo Misericordioso. «Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el SEÑOR …». Pero ¿cómo podemos saberlo? En Cristo, solo en Cristo. En el Señor de la vida, nacido en la miseria de un establo y muerto como un malhechor bajo el abandono y el escarnio de los hombres, clamando a Dios y recibiendo como respuesta solo el temblor de la tierra y el oscurecimiento del sol, incluso abandonado por Dios, y en esa hora tomando para Sí y aniquilando nuestra iniquidad, pisoteando las huestes del infierno y revelando, en la ira del Todo Terrible, el amor que no nos abandonará.

Este, concluye Bainton, fue el efecto:

Lutero ya no se ahuyentaba por el susurro de una hoja arrastrada por el viento y en lugar de invocar a Santa Ana se declaró capaz de reírse de los truenos y de las dentelladas de la tormenta. Esto fue lo que le permitió pronunciar palabras como: «Aquí estoy. No puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén».

La humildad que Lutero encontró ante la majestad y la misericordia de Dios no fue tímida ni pesimista, triste ni débil. Fue plena, gozosa y valiente.

Este es el sello de la humildad que se halla en la justificación por la fe sola. Cautivados por la magnificencia de Dios, tales creyentes no se sentirán tan atraídos por la religión terapéutica centrada en el hombre. Bajo el resplandor de Su gloria, no querrán establecer sus propios pequeños imperios. Sus pequeños logros parecerán insignificantes, sus disputas y agendas personales odiosas. Él se impondrá, haciéndolos audaces para complacer a Dios y no a los hombres. No vacilarán ni tartamudearán con el evangelio. En cambio, conscientes de su propia redención, compartirán su mansedumbre y gentileza, sin quebrar la caña cascada. Serán prontos para servir, prontos para bendecir, prontos para arrepentirse y prontos para reírse de sí mismos, porque su gloria no está en ellos mismos sino en Cristo. Esta es la feliz integridad que se encuentra a través de la elevación de Cristo en las buenas nuevas de la justificación por la fe sola.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Michael Reeves
El Dr. Michael Reeves es presidente y profesor de teología en Union School of Theology en Gales. Es autor de varios libros, incluyendo Rejoicing in Christ [Regocijo en Cristo]. Es el profesor destacado de la serie de enseñanza de Ministerios Ligonier The English Reformation and the Puritans [La Reforma inglesa y los puritanos].

Una seguridad bendita

MEDITACIÓN DIARIA
Una seguridad bendita
¿Tiene usted esa clase de certeza?

20 de mayo de 2022

1 Juan 5.9-13

Las personas pertenecen a una de cuatro categorías. ¿Cuál se aplica a usted?

Somos salvos y lo sabemos.
Creemos que somos salvos, pero no lo somos.
No nos interesa ser salvos.
No somos salvos pero nos gustaría serlo.
Como lo afirma el pasaje de hoy, Dios quiere que estemos seguros de que pasaremos la eternidad en su presencia (1 Jn 5. 13). La salvación es la liberación que Él da de todos los efectos del pecado, y está disponible para cualquier persona que ponga su fe en Jesucristo. ¿Tiene usted esa clase de certeza? A menos que ya tenga la seguridad de que el cielo es su destino eterno, le pido que resuelva el asunto ahora mismo.

Primero, entienda que nuestro Padre celestial desea que todas las personas sean salvas (1 Ti 2.3, 4) y ha provisto la manera por medio de su Hijo (Jn 3.16). Somos salvos cuando creemos en Cristo y lo confesamos públicamente (Ro 10.9, 10).

Dios es fiel para cumplir sus promesas. Si usted confía en Cristo como su Salvador personal, el Padre perdonará todos sus pecados y le dará la bienvenida a su familia (Jn 1.12), sin importar sus méritos o su valor. Él da gratuitamente la vida eterna a todos los que creen en su Hijo. ¿Quisiera usted recibirla?

Biblia en un año: 2 Crónicas 29-31

Cuando el cielo habla a la tierra

Viernes 20 Mayo

Por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis.

Isaías 65:12

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.

Hebreos 1:1-2

Cuando el cielo habla a la tierra

Desde hace mucho tiempo los científicos escrutan el inmenso universo. En Puerto Rico, un observatorio gigante dotado de una antena de más de trescientos metros de diámetro recolecta datos radioastronómicos del cielo. Se usa principalmente para la investigación de los objetos estelares. Además acecha todo signo de vida en el espacio. Incluso enviaron al cosmos un mensaje codificado, formulado de manera que pueda ser descifrado por los supuestos extraterrestres.

Pero, ¿sabe usted que un mensaje de la mayor importancia, procedente del cielo, vino a la tierra? Dios se había dirigido muchas veces a sus criaturas. Les había enviado profetas para que anunciaran su palabra, pero no fueron escuchados. Entonces él mismo vino a la tierra en la persona de su Hijo. ¿Quién estaba mejor calificado que él? Así como un intérprete debe conocer dos idiomas para poder desempeñar su función, el Hijo de Dios fue el “Visitante celestial” que tomó la naturaleza humana para traducirnos el lenguaje del cielo. Dios Hijo nos reveló a Dios Padre, su amor, su gracia, y al mismo tiempo las exigencias de su santidad.

Hoy Jesús ya no está en la tierra para transmitirnos el mensaje. Es cierto, pero está vivo, y Dios nos dio un ejemplar escrito, la Biblia. No necesitamos una antena sofisticada o hacer estudios difíciles para escuchar a Dios. ¡Leamos su Palabra y creamos en ella! Dios habló, y sigue hablando: “Mirad que no desechéis al que habla… al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12:25).

Joel 3 – Marcos 15:1-20 – Salmo 60:6-12 – Proverbios 15:27-28

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