SEGÚN ISAÍAS 65, LA GENTE QUE VIVA EN ESOS NUEVOS CIELOS Y NUEVA TIERRA TENDRÁN DESCENDIENTES

SEGÚN ISAÍAS 65, LA GENTE QUE VIVA EN ESOS NUEVOS CIELOS Y NUEVA TIERRA TENDRÁN DESCENDIENTES

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En Isaías capítulo 65 se habla de nuevos cielos y nueva tierra. La gente construirá sus casas y habitará en ellas. Dice también que la gente tendrá descendientes. Pero según Mateo 22:30 Jesús dijo que los que resuciten de los muertos no se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. ¿Por qué entonces en Isaías dice que la gente que viva en esos nuevos cielos y nueva tierra tendrán descendientes?

a1Vamos a dar lectura al pasaje bíblico al cual Usted hace referencia en el libro de Isaías. Se encuentra en el capítulo 65 versículos 17 a 25 donde dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos. No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.”

En este pasaje bíblico cargado de significado, encontramos fusionados dos reinos que Dios ha prometido a su pueblo escogido Israel.

El primero que es mencionado se refiere a un reino eterno en los nuevos cielos y la nueva tierra que Dios va a crear. Sobre este reino tratan pasajes como Isaías 61:6 donde dice: “Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá”

Esto se refiere al reino de Israel en los nuevos cielos y en la nueva tierra. Será un reino para siempre, eterno. No se dan muchos detalles sobre este reino en el libro de Isaías.

Es necesaria la profecía del Nuevo Testamento para saber como será este reino. Aparece en Apocalipsis 21:1-8 donde dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”

Este es el estado eterno, prometido a Israel y ciertamente también a todos los que hemos confiado en Cristo como Salvador. Los súbditos de este reino serán los ángeles de Dios y todos los salvos resucitados, y por tanto, con cuerpos glorificados.

En este reino los súbditos no tendrán descendientes, según lo que enseña la palabra de Dios en Mateo 22:30 donde dice: “Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.”

Esto es lo que podemos decir acerca del aspecto eterno del reino que Dios ha prometido a Israel.

Pero en segundo lugar, en el pasaje de Isaías 65, existe también un aspecto temporal del reino que Dios ha prometido a Israel. Este reino es conocido como el reino milenial. Dura mil años y tendrá lugar en la tierra actual, no en los cielos nuevos y la tierra nueva, los cuales serán creados por Dios.

Es a este aspecto temporal del reino, al cual se refiere Isaías, a partir del versículo 18 del capítulo 65, hasta el final del libro. Pasaje que ya fue leído al iniciar la respuesta de esta consulta.

Varias cosas dignas de mencionar aparecen en este pasaje.

Será un reino caracterizado por el gozo y la alegría. Nunca más se oirá en el reino voz de lloro, ni voz de clamor.

Será un reino donde habrá longevidad. Esto significa que las enfermedades serán cosa del pasado. No habrá allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla.

Será un reino donde la muerte estará reservada como medida de disciplina para el pecador. El pecador de cien años será maldito dice el texto.

Será un reino donde habrá absoluta prosperidad. La gente edificará sus casas y morará en ellas sin temor de cualquier desgracia. La gente plantará sus viñas y habrá fruto abundante. La gente disfrutará de todo lo que haga con sus manos. Nadie trabajará en vano.

Será un reino donde no habrá guerra ni violencia ni corrupción, ni injusticia. Dice el pasaje leído que no edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma.

Será un reino de gente bendecida. Dice el texto que nadie dará a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos.

En esto Usted notará que en este reino, el reino milenial, la gente se casará y tendrá sus hijos. Esto no es de sorprender porque los que entren al reino milenial serán seres humanos de carne y hueso. Estos seres humanos serán creyentes. Serán los creyentes, tanto de Israel como gentiles, que quedaron vivos hasta el final de la tribulación y presenciaron la segunda venida de Cristo. Estos creyentes tendrán la naturaleza pecaminosa como todo creyente en este mundo, por tanto sus hijos vendrán al mundo separados de Dios, así como vinimos todos al mundo, y si quieren ser salvos tendrán que recibir a Cristo como Salvador. La tierra comenzará a repoblarse porque durante la tribulación morirán miles de millones de personas.

Será también un reino donde habrá total comunión con Dios. Dice el texto leído que Dios responderá a los suyos antes que oren y mientras estén orando ya recibirán respuesta a sus oraciones.

Será un reino en el cual la naturaleza será transformada. No habrá hostilidad del reino animal en ningún sentido. El lobo y el cordero serán apacentados juntos y el león comerá paja como buey, y el polvo será alimento de la serpiente. En ese reino no habrá depredadores. Los animales que hoy son carnívoros se transformarán en herbívoros. No afligirán, ni harán mal en toda la creación de Dios.

Así que. En el reino eterno no habrá nadie casándose ni dándose en casamiento. Pero en el reino temporal, el reino milenial, habrá seres humanos casándose y dándose en casamiento y por tanto habrá descendientes.

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La reacción pagana: Juliano el Apóstata 18

La reacción pagana: Juliano el Apóstata 18

Este muy humano príncipe [Constancio], aunque éramos parientes cercanos, nos trató del siguiente modo. Sin juicio alguno mató a seis primos comunes, a mi padre, que era su tío, a otro tío nuestro por parte de padre, y a mi hermano mayor.

Juliano el Apóstata

a1Juliano tenía sobradas razones para no sentir simpatías hacia Constancio, o hacia la fe cristiana que éste profesaba. En efecto, a la muerte de Constantino había ocurrido una matanza de todos los parientes del gran emperador, excepto sus tres hijos. Las circunstancias en que esto ocurrió no están del todo claras, y por tanto quizá sea injusto culpar a Constancio por el hecho. A la muerte de Constantino la sucesión resultó dudosa por un breve período, y fue entonces que los soldados de Constantinopla mataron a casi toda la parentela del difunto emperador. Pero esto no lo hicieron para que otra dinastía ocupara el trono, sino todo lo contrario, para asegurarse de que nadie reclamara el poder, que les correspondía exclusivamente a los tres hijos de Constantino. De ellos, sólo Constancio estaba a la sazón en Constantinopla, y por tanto la opinión común fue siempre que Constancio había ordenado la muerte de sus parientes.

En todo caso, haya o no mandado Constancio a matar a la familia de Juliano, el hecho es que éste último estaba convencido de que su primo era el culpable. El padre de Juliano, Constancio, era medio hermano de Constantino, y por tanto Juliano y el emperador Constancio eran primos hermanos (véase el cuadro genealógico en la página siguiente). Lo que Juliano sospechaba —y lo que se decía en voz baja por todo el Imperio— era que, temiendo que alguno de estos parientes cercanos del gran emperador pretendiera el trono, Constancio había ordenado que todos fueran muertos.

La larga ruta hacia el poder

De toda aquella familia, sólo sobrevivieron Juliano y su medio hermano Galo, varios años mayor que él. Juliano después pensó que se les había perdonado la vida porque los soldados tuvieron misericordia de su tierna edad —seis años— y de la enfermedad al parecer mortal de su hermano. Pero lo más probable parece ser que fue Constancio quien dispuso que no fueran muertos estos dos últimos vástagos de la casa de Constancio Cloro, pues eran demasiado jóvenes para dirigir una rebelión, y si llegaba el momento en que ni Constancio ni sus dos hermanos dejaban descendencia, siempre sería posible acudir a Galo o a Juliano, que para esa época serían ya mayores.

En el entretanto, Galo y Juliano fueron apartados de la corte, y mientras el mayor de los dos hermanos se dedicaba al ejercicio físico, el menor se interesaba cada vez más en los estudios filosóficos. Ambos habían sido bautizados e instruidos en las doctrinas cristianas, y durante su exilio de la corte fueron ordenados como lectores de la iglesia.

A la postre, Constancio tuvo que acudir a Galo, pues en el año 350 había quedado como dueño único del Imperio, y no tenía hijos que le ayudaran a gobernar o que pudieran asegurar la sucesión al trono. Por tanto, en el año 351, Constancio llamó a Galo y le dio el título de César, confiándole el gobierno de la porción oriental del Imperio. Pero Galo no resultó buen gobernante, y además se le acusó de conspirar contra Constancio para apoderarse del trono. En el año 354 Constancio lo hizo arrestar y decapitar.

Mientras tanto, Juliano había continuado sus estudios de filosofía, especialmente en la ciudad de Atenas, donde estaba la escuela más famosa en estas materias, y donde lo conoció Basilio de Cesarea, cuya vida y obra discutiremos más adelante.

Fue en Atenas que Juliano se inició en las antiguas religiones de misterio. Definitivamente había abandonado el cristianismo, y buscaba la verdad y la belleza en la literatura y la religión de la época clásica.

Por fin, tras vencer los temores que infundía en él la experiencia que había tenido en el caso de Galo, Constancio decidió llamar a Juliano al poder, dándole el título de César y confiándole el gobierno de las Galias. Nadie esperaba que Juliano fuese un gran gobernante, pues se había pasado la vida entre libros y filósofos, y en todo caso los recursos que Constancio le dio eran harto escasos. Pero Juliano sorprendió a quienes no esperaban gran cosa de él. Su administración de las Galias fue sabia, y en sus campañas contra los bárbaros se mostró hábil general y se hizo popular entre sus soldados.

Todo esto no era completamente del agrado de su primo el emperador Constancio, quien pronto empezó a temer que Juliano conspirase contra él y tratara de arrebatarle el trono. Luego, la tensión fue aumentando entre ambos parientes. Cuando Constancio, en preparación para una campaña contra los persas, ordenó que buena parte de las tropas que estaban en las Galias se dirigieran hacia el Oriente, esas tropas se sublevaron y proclamaron a Juliano “Augusto” —es decir, emperador supremo—. Constancio no pudo hacer nada por el momento, pues la amenaza persa le parecía seria. Pero tan pronto como ese peligro se disipó, marchó a enfrentarse con Juliano y sus soldados rebeldes. Cuando la guerra parecía inevitable, y ambos bandos se preparaban para una lucha sin cuartel, Constancio murió, y Juliano no tuvo mayores dificulatades en marchar a Constantinopla y adueñarse de todo el Imperio. Era el año 361

La primera acción de Juliano fue tomar venganza contra los principales responsables de sus infortunios, y contra quienes habían tratado de mantenerlo alejado del poder durante su exilio. Con este propósito se nombró un tribunal que supuestamente debía ser independiente, pero que de hecho respondía a los deseos del nuevo emperador, y que condenó a muerte a varios de sus peores enemigos.

Aparte de esto, Juliano fue un gobernante hábil, que supo poner en orden la administración del Imperio. Pero no es por ello que más se le recuerda, sino por su política religiosa, que le ha ganado el epíteto de “el Apóstata”.

La política religiosa de Juliano

Esa política consistió, por una parte, en restaurar la perdida gloria del paganismo y, por otra, en impedir el progreso del cristianismo.

Tras el advenimiento de Constantino, el paganismo había ido perdiendo su antiguo lustre. El propio Constantino, aunque no persiguió a los paganos, sí saqueó varios de sus templos a fin de obtener obras de arte para Constantinopla. Esta política continuó bajo el régimen de los hijos de Constantino, que al tiempo que legislaban en pro del cristianismo iban colocando cada vez más trabas para el culto. Cuando Juliano llegó al trono, los templos se encontraban casi completamente abandonados,y había sacerdotes paganos que andaban harapientos, buscando su sustento de diversos modos, y apenas ocupándose del culto.

Juliano trató de instaurar una reforma total del paganismo. Con ese propósito ordenó que todos los objetos y propiedades que hubieran sido tomados de los templos debían ser devueltos. Pero además empezó a organizar el sacerdocio pagano en una jerarquía semejante a la de la iglesia cristiana. Por encima de los sacerdotes de cada región había archisacerdotes, que a su vez estaban bajo el pontífice máximo de la provincia, mientras que por encima de todos estaba el sumo pontífice, que era el propio Juliano. En esta jerarquía, los sacerdotes debían llevar una vida ejemplar, ocupándose, no sólo del culto, sino también de las obras de caridad. Resulta claro que, a pesar de sus sentimientos anticristianos, buena parte de la reforma pagana de Juliano se inspiraba en el ejemplo de la iglesia cristiana.

Al tiempo que promulgaba estas leyes, Juliano se ocupaba de restaurar el culto pagano de modo más directo. El se consideraba elegido de los dioses para esta obra, y por tanto mientras esperaba a que todo el Imperio regresara a su antigua fe se sentía obligado a rendirles a los dioses el culto que otros no les rendían. Por orden de Juliano hubo sacrificios masivos, en los que se ofrecieron a los dioses cientos de toros y otros animales. Pero Juliano se percataba de que su reforma no era tan popular como él hubiera deseado. Las gentes se burlaban de los sacrificios, a veces al mismo tiempo que participaban en ellos. Por esta razón era necesario, no sólo promover el paganismo, sino también atacar al cristianismo, que era su rival más poderoso.

Con este propósito en mente Juliano tomó una serie de medidas, aunque con toda justicia hay que decir que nunca decretó la persecución contra la iglesia. Si en algunos lugares hubo cristianos que perdieron la vida, esto se debió a motines populares o al excesivo celo de las autoridades locales, pues Juliano estaba convencido de que su causa no progresaría mediante la persecución.

Más bien que perseguir a los cristianos, Juliano siguió una política doble de dificultar su propaganda y ridiculizarlos. En el primer sentido, prohibió que los cristianos enseñaran las letras clásicas. De este modo, al tiempo que evitaba lo que para él era un sacrilegio, se aseguraba de que los cristianos no pudieran utilizar las grandes obras de la antigüedad pagana para difundir su propia doctrina, como habían venido haciéndolo desde tiempos de Justino en el siglo segundo. Para ridiculizar a los cristianos, Juliano empezó por darles el nombre de “galileos”, por el que siempre se refería a ellos. Además compuso una obra Contra los galileos, en la que mostraba su conocimiento de las Escrituras cristianas, y ridiculizaba su contenido así como las enseñanzas de Jesús. Por último se dispuso a reconstruir el Templo de Jerusalén, no porque sintiera simpatías hacia los judíos, sino porque pensaba que de ese modo podría contradecir a los cristianos que pretendían que la destrucción del Templo había sido cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. En todos estos proyectos se ocupaba Juliano cuando le sorprendió la muerte.

Muerte de Juliano

Basilio de Cesarea, el obispo cristiano que había sido condiscípulo de Juliano en Atenas, había tenido una visión en la que San Mercurio, uno de los viejos mártires de Cesarea, descendía del cielo y atravesaba el corazón de Juliano con una lanza. La visión de Basilio no se cumplió, pero poco después, cuando Julliano dirigía sus tropas en una campaña contra los persas, fue alcanzado por una lanza enemiga, y murió. Se cuenta que sus últimas palabras fueron “¡Venciste, Galileo!”, pero esto no es sino una leyenda poco digna de crédito.

En todo caso, aunque Juliano no haya pronunciado esas palabras, el hecho es que, aún en vida de Juliano, el Galileo había vencido. Las reformas religiosas vencido. Las reformas religiosas del emperador apóstata nunca lograron arraigo entre el pueblo, que se burlaba de ellas, pues el paganismo había perdido su fuerza vital y no podía ser resucitado mediante decretos imperiales.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 177–181). Miami, FL: Editorial Unilit.

EL DOLOR

EL DOLOR

Programa No. 2016-01-29
PABLO MARTINI
a1La madre oyó gritos de dolor que salían del interior de la habitación de los niños. Corrió para ver lo que sucedía y encontró al bebé colgando de la rubia cabellera de su hermana Juanita. Con gran dificultad, la madre consiguió abrir los deditos del niño entre los gritos de dolor de su hermana. Cuando por fin consiguió desprenderle de la cabeza de Juanita le dijo la madre: Perdónale Juanita, él no sabe que eso duele.  Unos minutos más tarde volvieron a escucharse gritos de dolor pero esta vez del bebé. La madre corrió a toda prisa al cuarto para ver qué sucedía ahora y encontró a Juanita que salía muy tranquila y decía: ahora el bebé sabe que duele. Es una travesura que contiene un chiste infantil pero que nos deja una seria enseñanza sobre la realidad del pecado aún desde la infancia. Juanita no admitía que su hermanita, bebé de meses, no sabía lo que hacía y quiso vengarse dándole el conocimiento del dolor.

Así es el corazón humano desde su mismo principio. Perdonar es contrario a los hábitos de nuestro yo y cuando aumenta el conocimiento de las consecuencias que acarrea una ofensa se supone que más culpabilidad tiene el ofensor si persiste en su ofensa. A la vez, se supone que al crecer y madurar y al saber cuánto somos capaces de lastimar los humanos a nuestros semejantes, deberíamos evitar herirnos. Pero lo más increíble de todo este razonamiento es que un día, hace mucho, mucho tiempo, Aquel que tenía el derecho de negar el perdón a sus ofensores, colgaba de un madero y ante una multitud supuestamente madura que le crucificaba, exclamaba al cielo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”  Lucas 23:24. Cuántas veces nosotros hacemos lo mismo pagando a nuestros enemigos con la misma moneda, olvidando que también nosotros necesitamos el perdón de nuestros pecados y despreciando el amor de Dios. Dijo Jesús: Perdonad a vuestros deudores así como Cristo os perdonó primero” Marcos 11:25 Si quizás te cueste perdonar y vives envenenado por viejos rencores… ¿No será que aún no has experimentado el perdón de Dios?

PENSAMIENTO DEL DIA:

Perdona y serás libre “La conciencia tranquila alarga la vida”.

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Ofrendas expiatorias

Levítico 5-7

a15:1  Si alguno pecare por haber sido llamado a testificar, y fuere testigo que vio, o supo, y no lo denunciare, él llevará su pecado.

Asimismo la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda, sea cadáver de bestia inmunda, o cadáver de animal inmundo, o cadáver de reptil inmundo, bien que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido.

O si tocare inmundicia de hombre, cualquiera inmundicia suya con que fuere inmundo, y no lo echare de ver, si después llegare a saberlo, será culpable.

O si alguno jurare a la ligera con sus labios hacer mal o hacer bien, en cualquiera cosa que el hombre profiere con juramento, y él no lo entendiere; si después lo entiende, será culpable por cualquiera de estas cosas.

Cuando pecare en alguna de estas cosas, confesará aquello en que pecó,

y para su expiación traerá a Jehová por su pecado que cometió, una hembra de los rebaños, una cordera o una cabra como ofrenda de expiación; y el sacerdote le hará expiación por su pecado.

Y si no tuviere lo suficiente para un cordero, traerá a Jehová en expiación por su pecado que cometió, dos tórtolas o dos palominos, el uno para expiación, y el otro para holocausto.

Y los traerá al sacerdote, el cual ofrecerá primero el que es para expiación; y le arrancará de su cuello la cabeza, mas no la separará por completo.

Y rociará de la sangre de la expiación sobre la pared del altar; y lo que sobrare de la sangre lo exprimirá al pie del altar; es expiación.

10 Y del otro hará holocausto conforme al rito; así el sacerdote hará expiación por el pecado de aquel que lo cometió, y será perdonado.

11 Mas si no tuviere lo suficiente para dos tórtolas, o dos palominos, el que pecó traerá como ofrenda la décima parte de un efa de flor de harina para expiación. No pondrá sobre ella aceite, ni sobre ella pondrá incienso, porque es expiación.

12 La traerá, pues, al sacerdote, y el sacerdote tomará de ella su puño lleno, para memoria de él, y la hará arder en el altar sobre las ofrendas encendidas a Jehová; es expiación.

13 Y hará el sacerdote expiación por él en cuanto al pecado que cometió en alguna de estas cosas, y será perdonado; y el sobrante será del sacerdote, como la ofrenda de vianda.

Ofrendas expiatorias

14 Habló más Jehová a Moisés, diciendo:

15 Cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santas de Jehová, traerá por su culpa a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado.

16 Y pagará lo que hubiere defraudado de las cosas santas, y añadirá a ello la quinta parte, y lo dará al sacerdote; y el sacerdote hará expiación por él con el carnero del sacrificio por el pecado, y será perdonado.

17 Finalmente, si una persona pecare, o hiciere alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Jehová no se han de hacer, aun sin hacerlo a sabiendas, es culpable, y llevará su pecado.

18 Traerá, pues, al sacerdote para expiación, según tú lo estimes, un carnero sin defecto de los rebaños; y el sacerdote le hará expiación por el yerro que cometió por ignorancia, y será perdonado.

19 Es infracción, y ciertamente delinquió contra Jehová.

6:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Cuando una persona pecare e hiciere prevaricación contra Jehová, y negare a su prójimo lo encomendado o dejado en su mano, o bien robare o calumniare a su prójimo,

o habiendo hallado lo perdido después lo negare, y jurare en falso; en alguna de todas aquellas cosas en que suele pecar el hombre,

entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló,

o todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte, en el día de su expiación.

Y para expiación de su culpa traerá a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación, y lo dará al sacerdote para la expiación.

Y el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová, y obtendrá perdón de cualquiera de todas las cosas en que suele ofender.

Leyes de los sacrificios

Habló aún Jehová a Moisés, diciendo:

Manda a Aarón y a sus hijos, y diles: Esta es la ley del holocausto: el holocausto estará sobre el fuego encendido sobre el altar toda la noche, hasta la mañana; el fuego del altar arderá en él.

10 Y el sacerdote se pondrá su vestidura de lino, y vestirá calzoncillos de lino sobre su cuerpo; y cuando el fuego hubiere consumido el holocausto, apartará él las cenizas de sobre el altar, y las pondrá junto al altar.

11 Después se quitará sus vestiduras y se pondrá otras ropas, y sacará las cenizas fuera del campamento a un lugar limpio.

12 Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz.

13 El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.

14 Esta es la ley de la ofrenda: La ofrecerán los hijos de Aarón delante de Jehová ante el altar.

15 Y tomará de ella un puñado de la flor de harina de la ofrenda, y de su aceite, y todo el incienso que está sobre la ofrenda, y lo hará arder sobre el altar por memorial en olor grato a Jehová.

16 Y el sobrante de ella lo comerán Aarón y sus hijos; sin levadura se comerá en lugar santo; en el atrio del tabernáculo de reunión lo comerán.

17 No se cocerá con levadura; la he dado a ellos por su porción de mis ofrendas encendidas; es cosa santísima, como el sacrificio por el pecado, y como el sacrificio por la culpa.

18 Todos los varones de los hijos de Aarón comerán de ella. Estatuto perpetuo será para vuestras generaciones tocante a las ofrendas encendidas para Jehová; toda cosa que tocare en ellas será santificada.

19 Habló también Jehová a Moisés, diciendo:

20 Esta es la ofrenda de Aarón y de sus hijos, que ofrecerán a Jehová el día que fueren ungidos: la décima parte de un efa de flor de harina, ofrenda perpetua, la mitad a la mañana y la mitad a la tarde.

21 En sartén se preparará con aceite; frita la traerás, y los pedazos cocidos de la ofrenda ofrecerás en olor grato a Jehová.

22 Y el sacerdote que en lugar de Aarón fuere ungido de entre sus hijos, hará igual ofrenda. Es estatuto perpetuo de Jehová; toda ella será quemada.

23 Toda ofrenda de sacerdote será enteramente quemada; no se comerá.

24 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

25 Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: Esta es la ley del sacrificio expiatorio: en el lugar donde se deg:uella el holocausto, será degollada la ofrenda por el pecado delante de Jehová; es cosa santísima.

26 El sacerdote que la ofreciere por el pecado, la comerá; en lugar santo será comida, en el atrio del tabernáculo de reunión.

27 Todo lo que tocare su carne, será santificado; y si salpicare su sangre sobre el vestido, lavarás aquello sobre que cayere, en lugar santo.

28 Y la vasija de barro en que fuere cocida, será quebrada; y si fuere cocida en vasija de bronce, será fregada y lavada con agua.

29 Todo varón de entre los sacerdotes la comerá; es cosa santísima.

30 Mas no se comerá ninguna ofrenda de cuya sangre se metiere en el tabernáculo de reunión para hacer expiación en el santuario; al fuego será quemada.

7:1  Asimismo esta es la ley del sacrificio por la culpa; es cosa muy santa.

En el lugar donde deg:uellan el holocausto, degollarán la víctima por la culpa; y rociará su sangre alrededor sobre el altar.

Y de ella ofrecerá toda su grosura, la cola, y la grosura que cubre los intestinos,

los dos riñones, la grosura que está sobre ellos, y la que está sobre los ijares; y con los riñones quitará la grosura de sobre el hígado.

Y el sacerdote lo hará arder sobre el altar, ofrenda encendida a Jehová; es expiación de la culpa.

Todo varón de entre los sacerdotes la comerá; será comida en lugar santo; es cosa muy santa.

Como el sacrificio por el pecado, así es el sacrificio por la culpa; una misma ley tendrán; será del sacerdote que hiciere la expiación con ella.

Y el sacerdote que ofreciere holocausto de alguno, la piel del holocausto que ofreciere será para él.

Asimismo toda ofrenda que se cociere en horno, y todo lo que fuere preparado en sartén o en cazuela, será del sacerdote que lo ofreciere.

10 Y toda ofrenda amasada con aceite, o seca, será de todos los hijos de Aarón, tanto de uno como de otro.

11 Y esta es la ley del sacrificio de paz que se ofrecerá a Jehová:

12 Si se ofreciere en acción de gracias, ofrecerá por sacrificio de acción de gracias tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite.

13 Con tortas de pan leudo presentará su ofrenda en el sacrificio de acciones de gracias de paz.

14 Y de toda la ofrenda presentará una parte por ofrenda elevada a Jehová, y será del sacerdote que rociare la sangre de los sacrificios de paz.

15 Y la carne del sacrificio de paz en acción de gracias se comerá en el día que fuere ofrecida; no dejarán de ella nada para otro día.

16 Mas si el sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, será comido en el día que ofreciere su sacrificio, y lo que de él quedare, lo comerán al día siguiente;

17 y lo que quedare de la carne del sacrificio hasta el tercer día, será quemado en el fuego.

18 Si se comiere de la carne del sacrificio de paz al tercer día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le será contado; abominación será, y la persona que de él comiere llevará su pecado.

19 Y la carne que tocare alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada. Toda persona limpia podrá comer la carne;

20 pero la persona que comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, estando inmunda, aquella persona será cortada de entre su pueblo.

21 Además, la persona que tocare alguna cosa inmunda, inmundicia de hombre, o animal inmundo, o cualquier abominación inmunda, y comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, aquella persona será cortada de entre su pueblo.

22 Habló más Jehová a Moisés, diciendo:

23 Habla a los hijos de Israel, diciendo: Ninguna grosura de buey ni de cordero ni de cabra comeréis.

24 La grosura de animal muerto, y la grosura del que fue despedazado por fieras, se dispondrá para cualquier otro uso, mas no la comeréis.

25 Porque cualquiera que comiere grosura de animal, del cual se ofrece a Jehová ofrenda encendida, la persona que lo comiere será cortada de entre su pueblo.

26 Además, ninguna sangre comeréis en ningún lugar en donde habitéis, ni de aves ni de bestias.

27 Cualquiera persona que comiere de alguna sangre, la tal persona será cortada de entre su pueblo.

28 Habló más Jehová a Moisés, diciendo:

29 Habla a los hijos de Israel y diles: El que ofreciere sacrificio de paz a Jehová, traerá su ofrenda del sacrificio de paz ante Jehová.

30 Sus manos traerán las ofrendas que se han de quemar ante Jehová; traerá la grosura con el pecho; el pecho para que sea mecido como sacrificio mecido delante de Jehová.

31 Y la grosura la hará arder el sacerdote en el altar, mas el pecho será de Aarón y de sus hijos.

32 Y daréis al sacerdote para ser elevada en ofrenda, la espaldilla derecha de vuestros sacrificios de paz.

33 El que de los hijos de Aarón ofreciere la sangre de los sacrificios de paz, y la grosura, recibirá la espaldilla derecha como porción suya.

34 Porque he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado a Aarón el sacerdote y a sus hijos, como estatuto perpetuo para los hijos de Israel.

35 Esta es la porción de Aarón y la porción de sus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, desde el día que él los consagró para ser sacerdotes de Jehová,

36 la cual mandó Jehová que les diesen, desde el día que él los ungió de entre los hijos de Israel, como estatuto perpetuo en sus generaciones.

37 Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda, del sacrificio por el pecado, del sacrificio por la culpa, de las consagraciones y del sacrificio de paz,

38 la cual mandó Jehová a Moisés en el monte de Sinaí, el día que mandó a los hijos de Israel que ofreciesen sus ofrendas a Jehová, en el desierto de Sinaí.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Un enfoque centrado en las personas

Enero 29

Un enfoque centrado en las personas

Lectura bíblica: Marcos 2:13–17

No he venido para llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17

a1Un domingo a la mañana un muchacho y una chica adolescentes entran al culto y toman asiento. No usan exactamente lo que llamaríamos ropa dominguera. Desde el cabello peinado en punta hasta la suela de sus torpes botas militares, están vestidos con cadenas y cuero negro.

Después del culto el pastor saluda a la pareja. A pesar de su alarmante ropa, sus rostros irradian alegría. El pastor se entera que son nuevos creyentes, que recién han superado una vida difícil de drogadicción. Les da la bienvenida, y les da datos sobre las actividades de las cuales pueden participar para desarrollar su nueva vida en Cristo. Los toma de la mano y los presenta al director de jóvenes, quien se va con ellos al estacionamiento para admirar la motocicleta del muchacho.
Al día siguiente, el pastor recibe varias llamadas telefónicas de miembros enfurecidos: “¿Quién era esa gente?”. “Espero que no los haya invitado a las actividades juveniles”. “No quiero verlos por el templo”.

¿Qué? ¿Quién hubiera pensado que te podías meter en líos si aceptabas a Cristo, dejabas de tomar drogas, pero te olvidabas de comprarte ropa nueva antes de ir al templo?
Esos hermanos de la iglesia se perdieron una oportunidad única: de dar una cariñosa bienvenida a dos jóvenes nuevos que necesitaban desesperadamente un lugar en el cuerpo de Cristo. Para aquellos, las apariencias fueron más importantes que las personas.

Ser creyente significa que siempre debes poner primero a las personas. Jamás ha habido alguien que se interese más por las personas que Jesús. Él enseñó, sanó, bendijo, vivió, sangró y murió por los seres humanos. Destacó de qué manera los religiosos habían convertido al Antiguo Testamento en reglas frías impersonales en lugar de instrucciones sobre cómo amar a Dios y al prójimo.

Cerrarles la puerta de un portazo a los extraños no es la única manera como los creyentes se olvidan de que las personas deben ocupar el primer lugar. Si sólo tenemos amigos creyentes, sólo concurrimos a eventos cristianos y sólo compramos en negocios cristianos, nos estamos perdiendo totalmente la oportunidad de vivir como Jesús, centrando nuestra atención en nuestros prójimos.

—No nos juntamos con basura pecadora —parecían decir los críticos de Jesús—, porque no queremos contagiarnos de sus pecados.
Pero observa nuevamente a tu Señor. Veía las cosas desde una perspectiva centrada en las personas. ¿Por qué pasaba tanto tiempo con los pecadores? Para contagiarles de su amor.

PARA DIALOGAR
¿Alguna vez te ha dado miedo andar con no creyentes? ¿Por qué sí y por qué no?

PARA ORAR
Señor, corrige nuestra actitud. Ayúdanos a amar a las personas por quienes diste tu vida, tengan el aspecto que tengan.

PARA HACER
¿Qué te gustaría hacer hoy para amar como amó Jesús?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.