Desobediencia del hombre

Génesis 3-5

Desobediencia del hombre

a13:1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?

Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;

pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;

sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?

10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?

12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido,[a] y él se enseñoreará de ti.

17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva,[b] por cuanto ella era madre de todos los vivientes.

21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.

23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.

24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Caín y Abel

4:1 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido[c] varón.

Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;

pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?

Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.[d]

Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

11 Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.

13 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.

14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.

15 Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.

16 Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod,[e] al oriente de Edén.

17 Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc.

18 Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec.

19 Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila.

20 Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados.

21 Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta.

22 Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama.

23 Y dijo Lamec a sus mujeres:
    Ada y Zila, oíd mi voz;
    Mujeres de Lamec, escuchad mi dicho:
    Que un varón mataré por mi herida,
    Y un joven por mi golpe.

24 Si siete veces será vengado Caín,
Lamec en verdad setenta veces siete lo será.

25 Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set:[f]Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín.

26 Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.

Los descendientes de Adán

(1 Cr. 1.1-4)

5:1 Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.

Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.

Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set.

Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas.

Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió.

Vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós.

Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas.

Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió.

Vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán.

10 Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas.

11 Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió.

12 Vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel.

13 Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel, ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas.

14 Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió.

15 Vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared.

16 Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.

17 Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió.

18 Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc.

19 Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas.

20 Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió.

21 Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén.

22 Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.

23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.

24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.

25 Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.

26 Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.

27 Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió.

28 Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo;

29 y llamó su nombre Noé,[g] diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.

30 Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas.

31 Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió.

32 Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet.

Footnotes:

  1. Génesis 3:16 O, tu voluntad será sujeta a tu marido.
  2. Génesis 3:20 El nombre en hebreo se asemeja a la palabra que se usa para viviente.
  3. Génesis 4:1 Heb. qanah, adquirir.
  4. Génesis 4:7 O, a ti será sujeto.
  5. Génesis 4:16 Esto es, Errante.
  6. Génesis 4:25 Esto es, Sustitución.
  7. Génesis 5:29 Esto es, Consuelo, o Descanso.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

La Biblia como texto literario

Sección Tres

La Biblia como texto literario

La literatura en los tiempos bíblicos

Autor: Milton Fisher

a1La Biblia se puede entender mejor y apreciar más si la miramos en su ambiente histórico. Esto incluye el conocimiento de otros escritos que existieron tanto antes como durante el tiempo en que se escribieron las Santas Escrituras.

Algunos lectores de la Biblia asumen que este libro sin igual es tan diferente de otros escritos que no se debería intentar ninguna comparación. En el otro extremo, algunos colocan a la Biblia al mismo nivel de otros escritos de ese período—escritos que salieron a la luz principalmente en el siglo pasado. Es en parte una reacción a este error, aunada a un rechazo consciente de los libros apócrifos, lo que ha causado que muchos cristianos evangélicos hayan pasado por alto la enorme riqueza de obras literarias que tenemos de los tiempos bíblicos. La mejor manera de familiarizarnos con la relación de las Escrituras a la literatura del ambiente cultural que las rodeaba y de llegar a convencernos de la importancia de tal información es citar algunos ejemplos específicos. Esto también servirá para presentar la información de fondo necesaria para entender la naturaleza de la conexión entre la Biblia y esos escritos extrabíblicos. A partir de entonces podremos responder a preguntas acerca de los orígenes de los escritos de varias personas del mundo bíblico, y examinar los tipos de literatura que datan de siglos y aun milenios antes de Cristo.

La literatura extrabíblica y los primeros libros de la Biblia

Aparte de un círculo interno de eruditos pioneros y de aquellos con razones profesionales o académicas para leer estas publicaciones, la literatura religiosa del Cercano Oriente no es ampliamente conocida. Mucho de lo que han descubierto los arqueólogos en sus excavaciones ha sido descifrado y publicado, pero pocos lo han leído extensamente. Sin motivación o guía para hacerlo, muy pocos estudiantes de la Biblia investigarían una colección de literatura muy significativa que se relaciona con la Biblia, especialmente con los primeros libros de ella.

Para comenzar, miremos primero el Pentateuco, los cinco libros de Moisés, y el libro del Génesis en particular. El lector del libro del Génesis debería sorprenderse inmediatamente con el contraste en ritmo y estilo entre los primeros once capítulos y los capítulos siguientes. Génesis 1–11 es formal, muy estructurado, altamente selectivo y se concentra en el contenido. Al contrario, comenzando con el capítulo 12 encontramos que las vidas de Abraham y los patriarcas de las tres generaciones sucesivas son tratadas con gran detalle.

Se podría argumentar que algunos hechos del período anterior simplemente se perdieron y, por lo tanto, no le fueron accesibles a Moisés en su época. Pero para los que reconocen la inspiración divina de las Santas Escrituras es más aceptable creer que el propósito de Dios fue colocar el énfasis en su plan redentor para su pueblo elegido y para todo el mundo, ya que el plan se iba a efectuar a través de la simiente de Abraham. Por lo tanto, la información se expande a medida que entramos en la historia de Abraham.

Sin embargo, con respecto a la literatura comparativa, hay otra cosa significativa acerca del contraste que se observa entre Génesis 1–11 y los capítulos 12–50. La primera sección tiene mucho del tono pesado y sombrío y la casi simétrica estructura de la cultura mesopotámica de la cual vino Abraham. La narrativa que sigue comparte el sabor más sensible, y a veces brillante, de la creatividad egipcia. Recuerde que Moisés, el autor humano, fue muy bien instruido en «toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso en palabra y en obra» (Hechos 7:22, NVI). De todos los hombres que conocemos de aquella época, Moisés fue el que estaba mejor capacitado para haber escrito los cinco primeros libros del canon de la Biblia.

Sin embargo, aún más básico y significativo es el asunto de la forma literaria del Pentateuco como una totalidad. En las últimas décadas se ha arrojado mucha luz sobre esto. El ambiente histórico de cuando se escribió el Pentateuco es el asombroso éxodo de los israelitas de Egipto y la formación de una nación bajo Dios en el Sinaí. Allí el Redentor hizo un pacto con su pueblo. Los primeros libros de las Escrituras hebreas son por naturaleza un documento de pacto, en los que se registra el origen, la intención y los requisitos de esta relación de pacto entre Israel y Dios, su Rey.

Estudios recientes sobre pactos antiguos del Cercano Oriente, especialmente de documentos de tratados del segundo milenio a.C., han revelado sorprendentes paralelos a la colección mosaica. En particular, los tratados de protectorado preparados por los reyes del imperio hitita tienen varias características que son notablemente similares al libro de Deuteronomio y también al Pentateuco como una unidad. Mientras que la experiencia de Israel y su relación especial con Dios su Señor son únicas, el formato con el cual el Señor confirmó esa relación concuerda plenamente con el patrón familiar de su sociedad contemporánea.

Es necesaria una palabra de explicación en cuanto a estos acuerdos de protectorado. A diferencia del gobierno absoluto de un soberano sobre su nación local o de un emperador sobre las divisiones de su imperio, el protectorado ejercía el control sobre una nación más pequeña o débil en asuntos internacionales, mientras que le permitía un grado mayor de independencia en el nivel doméstico. De hecho, el contrato o tratado que le ofrecía a su subyugado vecino, por lo general, era bastante ventajoso, tanto en lo económico como en lo relacionado a la seguridad militar. Al igual que en el pacto del Sinaí, que el Dios soberano le presentó a su pueblo elegido, era el gran rey mismo el que designaba los términos del pacto, sobre la base de lo-tomas-o-lo-dejas (esto último bajo la amenaza de ser abandonados o de algo peor). La oferta del Señor a Israel fue bajo los términos de «si obedecen … entonces yo los bendeciré».

Varios elementos específicos de estos tratados se reflejan claramente en la ley mosaica. Después de un corto preámbulo, un prólogo detalla la ocasión del pacto, a menudo alguna victoria militar en la región. Luego se estipulan las especificaciones—los términos básicos (como el decálogo bíblico), seguidas de las leyes subordinadas o estatutos. Hasta aquí, estos cuatro elementos se encuentran en ese orden en el libro de Deuteronomio, un documento de pacto renovado (para la segunda generación después de haber salido de Egipto), como también se encuentran una cláusula de documento y sanciones. Estos artículos posteriores incluyen la provisión para las ceremonias de aceptación e instrucciones para colocar una copia en el lugar sagrado (para Israel, el arca del pacto) y lecturas públicas de las leyes. El tratado de las maldiciones por romper los términos y las bendiciones por la fidelidad también se ve en el homólogo bíblico. Aplicado al Pentateuco en su totalidad, podemos comparar los primeros capítulos del Génesis al preámbulo, el resto del Génesis y parte del Éxodo al prólogo histórico, y de Éxodo 19 hasta Levítico a las estipulaciones del tratado.

Hemos tratado estas comparaciones extensamente porque sirven muy bien para ilustrar la relación general del contenido bíblico con los escritos extrabíblicos. Es decir, mientras que la Biblia es verdaderamente distinta de todos los escritos humanos en un sentido, fue diseñada providencialmente para ser entendida con facilidad y está adaptada a la manera de pensar de la gente que la recibía. Hoy podemos entender mejor lo que dice y cómo aplicar sus enseñanzas a nuestra propia época si aprendemos algo del contexto en el cual tuvo su origen.

El a menudo debatido «relato doble» de la creación, Génesis 1–2, tal vez se pueda explicar mejor por esta orientación de pacto del material. La primera señal de pacto que Dios designó para sus criaturas, para que expresaran reconocimiento de que él era su Creador, fue el día de reposo, al cual señalan los seis días de la creación en el primer capítulo. El capítulo 2, a su vez, lleva a la relación de pacto más importante en la tierra, el vínculo matrimonial.

Mucho antes de que los eruditos bíblicos se dieran cuenta de la comparación anterior de los tratados tipo protectorado, las mismas leyes mosaicas eran vistas a la luz de códigos legales aún más antiguos. Por ejemplo, el código de Hammurabi antecede a Moisés por dos siglos por lo menos, y los de Eshnunna (babilonio), Ur-Nammu y Lipit-Ishtar (ambos sumerios) son aún más antiguos. Diremos más a continuación acerca de este y de otro material mitológico según se relacionan a las narraciones de la creación y del diluvio en el Génesis.

La historia verdadera de la actividad literaria en los tiempos antiguos fue armada cuando se analizaron los fragmentos excavados de una amplia área; esta actividad fue realizada por muchos arqueólogos en varias expediciones. Las tablas de arcilla con escritura sumeria cuneiforme (escritura con una forma de cuña) datan de alrededor de 1750 a.C., y fueron recuperadas por la excavación realizada por la Universidad de Pennsylvania en Nippur (Iraq, la Mesopotamia antigua), hace unos setenta y cinco años. Entre ellos había un catálogo de literatura que data de por lo menos 2000 a.C., indicando que ya se había inventado la escritura y que se había producido literatura en el tercer milenio a.C. La mayoría de los eruditos opina que la escritura jeroglífica egipcia de escribir con dibujos fue un desarrollo independiente, tal vez bajo la influencia de la escritura sumeria más antigua. No mucho después del rey Menes, fundador de la primera dinastía egipcia alrededor de 3000 a.C., parece que se había desarrollado un sistema fonético de jeroglíficos. Los escribas babilonios y asirios tomaron ideogramas sumerios y los adaptaron a un silabario fonético para registrar su propio lenguaje semítico, conocido en forma colectiva como acadio. Para mediados del segundo milenio a.C., los cananeos de Ugarit habían simplificado la escritura cuneiforme a un verdadero abecedario de sólo treinta letras simples, mientras que al sur de ellos se produjo un abecedario linear. Los hebreos usaron el último, y más tarde los fenicios lo llevaron a Europa y a otros lugares.

Se encontraron miles de tablillas de arcilla, que datan del reinado del rey asirio Asurbanipal (circa 650 a.C.), en la biblioteca real de Nínive, durante un período de alrededor de veinticinco años de excavación en la segunda mitad del siglo XIX. Estas no eran sino copias de composiciones mucho más antiguas que venían de tiempos sumerios. Entre ellas se encontraban la creación épica titulada Enuma Elish, y la versión babilonio-asiria del gran diluvio, una parte de la Épica de Gilgamés. Un número aún mayor de tablillas (más de 20.000) fue descubierto en la década de 1950 en Mari, en el Río Éufrates, al noroeste de Babilonia. La mayoría de estas era documentos seculares, registros políticos y de negocios y transferencias de dinero.

En la costa mediterránea de Siria aparecieron cartas y documentos religiosos, épicos y comerciales al mismo tiempo que en Ugarit. Por su contenido se les ha fechado como pertenecientes al período desde 1400 a 1200 a.C. En años recientes se ha hecho un descubrimiento igual de valioso de numerosas tablillas de la antigua Ebla, al noreste de Ugarit, cuyo contenido trata de un período unos cuatrocientos años antes de Abraham.

De esos hallazgos esporádicos, vistos en comparación con el canon completo de las Escrituras hebreas, podemos obtener un cuadro sorprendentemente completo de los tipos de intereses literarios que existían entre los pueblos de la antigüedad. La tradición sumerio-acadia permanece como un bloque mayor comparada con las producciones más creativas y variadas de los egipcios. Los egipcios también tenían sus muy complejos mitos y un Libro de los muertos, una guía para la vida después de la muerte. Entre esas dos culturas, e influenciados por ambas, se encontraban los cananeos, cuya literatura era muy semejante a la hebrea bíblica en lenguaje, y nos da algunos de los paralelos más cercanos a la misma Biblia, y aunque teológicamente le faltaba mucho, era similar en las expresiones poéticas y en la terminología religiosa. Lo poco que poseemos de los textos moabitas, arameos y fenicios también muestra lo cercanas que estaban sus formas literarias a las de los hebreos.

Durante mucho tiempo se ha enseñado que la cultura y la literatura griega y la romana (latina) deben ser vistas como mundos aparte de las de la vida oriental. Sin embargo, estudios hechos por el profesor Cyrus H. Gordon y otros han indicado mucho más contacto y cambio de ideas entre personas de la cuenca mediterránea de lo que han afirmado los eruditos tradicionales. Por cierto que las diferencias culturales eran más pronunciadas en los tiempos intertestamentarios y en los tiempos del Nuevo Testamento. Pero cuanto más atrás vamos en el tiempo—hasta llegar al período que Homero idealiza en su épica, y personificado en la historia israelita por las hazañas de los jueces y reyes hebreos de la monarquía unida—más entretejidas están las raíces culturales. Aun la Eneida, la épica latina de Virgilio, contiene elementos que reflejan los tiempos bíblicos.

Por supuesto que es en los escritos del Nuevo Testamento, que están dentro del contexto grecorromano, que la koiné griega prevaleció como la lingua franca. Algunas cartas en papiros, que se han preservado en las arenas secas de Egipto, son similares en estilo a las epístolas del Nuevo Testamento. Heródoto, un historiador del siglo V a.C., estableció una elevada norma de observación y narración, ayudando a preparar el camino para los relatos objetivos del ministerio de Cristo y de los apóstoles en los cuatro Evangelios y en Hechos.

Estilos y géneros literarios antiguos

Antes de resumir la influencia real de estas literaturas religiosas y seculares en la producción de la Biblia, es necesario repasar los muchos géneros, o tipos, de material literario que se encuentran entre estas varias naciones, lenguajes y culturas. Los tipos literarios son entre ocho y quince, de acuerdo a si combinamos o hacemos una distinción entre ciertos subgéneros.

Acordemos que hay nueve tipos importantes de literatura, teniendo presente que tipos similares (depurados de aberraciones teológicas y de hechos) se muestran en mayor o menor grado en nuestra Biblia.

1. En su mayoría, los documentos que se encuentran en algunos lugares son documentos comerciales. Desde tiempos muy antiguos, las operaciones de negocios usaron la escritura en forma práctica para mantener sus registros y para la confirmación de sus acuerdos.

2. No muy lejos de este propósito se encontraría el uso epistolar, es decir, la comunicación personal entre oficiales o amigos.

3. Los códigos legales y los registros de las cortes también eran esenciales para manejar la vida comunal. Sólo tales documentos escritos podían asegurar la uniformidad de la práctica.

4. En la antigüedad, los documentos políticos, tales como los tratados que describimos antes, eran considerados sacrosantos e inviolables. Se hacían copias para todas las partes involucradas, para el depósito sagrado y para el anuncio público. Todavía se están descubriendo pistas nuevas que indican la amplia y sorprendente capacidad de leer y escribir que existía en la antigüedad.

5. Los materiales historiográficos no están muy lejos de la categoría anterior, puesto que los registros de los sucesos del momento, tales como las crónicas de los reyes, a menudo eran de naturaleza política propagandista. Los escritos épicos eran una combinación de hechos y fábulas. Los textos proféticos de augurio pueden ser colocados bajo una de dos categorías que todavía no hemos nombrado, pero existe una buena razón para nombrarlos aquí. El sistema «científico» de predicción que pretenden sostener sería patentemente impracticable si los eventos que contienen esos textos no fueran históricamente exactos. Los textos de augurio a menudo prueban ser manifiestamente más confiables que las crónicas de los reyes.

6. Las composiciones poéticas ocurren en todas las culturas que ya hemos mencionado, a menudo con contenido religioso, a veces épico, ocasionalmente divertido; hasta se han encontrado en el prólogo y el epílogo del famoso código de ley Hammurabi.

7. La literatura religiosa de los pueblos vecinos es, con toda seguridad, lo que alguien que no es especialista pensaría en un principio cuando le pidieran que considerara materiales comparativos. La Biblia en sí misma es, sobre todo, un libro «religioso». Esperamos que lo que se ha dicho hasta ahora haya informado al lector lo suficiente como para hacerlo consciente de que en realidad muchas diferentes categorías de escritos humanos han influido en varias porciones y en varios aspectos de nuestras Escrituras. En realidad, los textos religiosos o las inscripciones fúnebres, votivas (referentes a los pactos), y de naturaleza ritualista, todos tienen influencia en algunos detalles dentro de la Biblia. Pero la subcategoría a que generalmente nos referimos como mitológica siempre ha atraído el mayor interés y análisis, ya sea que este merezca ser el caso o no.

8 y 9. Unidas muy de cerca con la expresión religiosa en sí estarían la categoría (8) literatura de sabiduría y (9) los escritos proféticos. La primera se encuentra en una variedad de formas entre los babilonios (escritos cosmológicos que se enfocan en Ishtar [Astarté], la reina del cielo), los egipcios, los cananeos y los arameos. Se ha afirmado que cada uno de estos ha tenido una influencia directa en el pensamiento y la escritura hebrea, especialmente las fuentes egipcias y cananeas. Los adivinos, videntes y profetas extáticos abundaban durante el tiempo del mundo bíblico, y se ha escrito mucho para identificar a los profetas hebreos con ellos. Sin embargo, el hecho es que tanto el tipo de mensaje como los escritos de los profetas de Israel no tienen paralelo.

Los escritos apocalípticos («descubierto, revelado») son un tipo especializado de material (seudo-) profético. Constituyen una clase única de escritos intertestamentarios judíos y de los cristianos primitivos, ambos imitando pasajes encontrados en Ezequiel, Daniel y el libro del Apocalipsis del Nuevo Testamento, y pretenden ser la obra literaria de algún santo del Antiguo Testamento. Esto se hizo para darles autoridad a los escritos en una época en que la palabra profética auténtica había cesado.

La influencia de la literatura antigua en la Biblia

En cuanto a la influencia de la literatura antigua en la Biblia, ya se ha mostrado que mientras que la Biblia tiene elementos que son paralelos a todas esas categorías literarias, es en sí misma un producto diferente. Los efectos sobre ella de escritos extrabíblicos son indiscutiblemente limitados y controlados por virtud de su origen divino. Aunque la Biblia cita otra literatura unas pocas veces (por ejemplo, vea Números 21:14; Josué 10:13; 2 Samuel 1:18; 2 Reyes 1:18; 1 Crónicas 29:29; Hechos 17:28; 1 Corintios 15:33 (NVI); Tito 1:12; Judas 9, 14), la relación es que comparten el medio literario y el modo de expresión, más que la fuente o la determinación directa.

Como mencionamos antes, la mayoría de las personas pensaría que los escritos mitológicos antiguos, tanto los de tema cosmológico como los épicos, serían los más cercanos al contenido de la Biblia. Pero las presentaciones teológicas e históricas contrastan tanto que no vale la pena compararlas. Se podría hacer una comparación válida entre la estructura poética y el repertorio, como también entre la terminología ritualista (de culto) de Ugarit (cananea) y el Antiguo Testamento, pero aquí también las presunciones teológicas de ambos son polos opuestos.

Hemos indicado ya la marcada distinción entre el profetismo en Israel y el fenómeno similar aparente en las culturas que los rodeaban. La fuente o el factor causante hace una diferencia crucial también aquí. Tal vez el vínculo más cercano, o el estilo y contenido compartido, aparece en la literatura de sabiduría. Esto merece una explicación.

A través del Cercano Oriente antiguo se había desarrollado una clase de hombres sabios—escribas que tanto creaban como coleccionaban dichos sagaces. Por lo general, estas personas eran patrocinadas por los reyes (vea Proverbios 25:1) o por los sacerdotes. Los instructores de los jóvenes egipcios instaban a estos a que aspiraran a la profesión de escribas como la profesión más noble y de influencia. Los escribas eran entrenados usando literatura de sabiduría, y también escribían literatura de sabiduría. Esta forma particular de escritura ha compartido tanto en común en las varias culturas, que existe un debate que no se ha solucionado, por ejemplo, sobre quién tomó de quién en el caso del paralelo cercano entre Proverbios 22:17 hasta 23:14 y «La sabiduría de Amenemope» de Egipto. Además de la categoría apocalíptica antes mencionada, la literatura de sabiduría era popular con los escritores intertestamentarios en libros apócrifos tales como Eclesiástico (o Sirácida) y La Sabiduría de Salomón, junto con el tratado rabínico Pirqe Aboth (Dichos de los padres).

Los críticos de la Biblia del siglo XIX propusieron que ambos, las narrativas antiguas y los complejos códigos legales del Pentateuco, fueron de múltiples escritores, y que habían sido compuestos y reescritos a través de varios siglos. La teoría de ellos fue una teoría de desarrollo o evolución. Para el siglo XX, los arqueólogos habían desenterrado y traducido mitos relacionados con la creación, el diluvio y con los códigos de la ley real fechados mucho antes de Moisés. Los críticos entonces modificaron sus teorías, insistiendo que los hebreos tomaron de las fuentes babilónicas. Descubrimientos posteriores y un análisis comparativo cuidadoso han apoyado la independencia de la Biblia en lo referente al origen de su contenido. Es en la esfera del lenguaje y del estilo, y varias formalidades, que la literatura extrabíblica nos ayuda a colocar a las Santas Escrituras en su contexto histórico y literario apropiado.

El mundo del Nuevo Testamento estaba grandemente influenciado por la cultura griega (el «helenismo») y la administración romana. La sociedad combinada grecorromana contribuyó a la forma de la Escritura del Nuevo Testamento, sin embargo no perdió en realidad sus raíces judaicas. Esto se ha demostrado por medio de estudios intensivos y comparación de los Evangelios, Hechos (en realidad Lucas-Hechos como una categoría de «historia general» de literatura helenística), y los varios tipos de cartas del Nuevo Testamento con documentos y fragmentos de documentos antiguos del mundo mediterráneo.

Es interesante observar la forma en que los eruditos, en el campo combinado de clásicos (estudios griegos y latinos) y del Nuevo Testamento, se esfuerzan y luchan—discrepando los unos de los otros—para señalar paralelos exactos entre los escritos bíblicos y los seculares. Los expertos literarios hablan de las características genéricas: «forma» (estilo lingüístico e idioma), «contenido» (materia), y «función» (el propósito del autor). No es sorprendente que en la primera categoría haya paralelos cercanos y útiles (que ayudan a la comprensión y aceptación). La tercera característica tiene influencia general pero no conexión precisa. Es cuando llegamos al «contenido» que la Biblia se separa de todos los demás libros, porque aquí tenemos la inspiración divina, dada por Dios en cuanto a su mensaje y a su origen.

Un aspecto de tal análisis debería servir para ilustrar la naturaleza similar, y sin embargo diferente, de la comparación bíblica-secular. Los Evangelios pueden parecer caer en el patrón de escritos biográficos grecorromanos, mientras se entienda la biografía como registrando «historia». Pero para los griegos, las biografías tendían a desplegar un idealismo no histórico, debido a la determinación del autor de presentar a los personajes como tipos o paradigmas que los lectores debían imitar antes que como individuos históricos verdaderos. El texto de la Biblia en verdad presenta hechos históricos. Pero en agudo contraste con las composiciones griegas, con la excepción del Dios-hombre Jesucristo, ninguno de los personajes en la narración es presentado como persona ideal.

Entonces, en su totalidad, las Sagradas Escrituras, ambos el Antiguo y el Nuevo Testamentos, no están completamente separadas de los tipos y expresiones normales de su época. Pero sin embargo, se destacan como excepcionales y verdaderamente incomparables en su autoridad y valor instructivo.

BIBLIOGRAFÍA

Aune, David E. The New Testament in Its Literary Environment [El Nuevo Testamento en su ambiente literario], 1989.

Deissmann, Adolf. Light from the Ancient East [Luz del oriente antiguo], 1927.

Gordon, Cyrus H. The Ancient Near East [El cercano oriente antiguo], 1965.

———. The Common Background of Greek and Hebrew Civilizations [El trasfondo común de la civilización griega y la hebrea], 1965.

Livingston, G. Herbert. The Pentateuch in Its Cultural Environment [El pentateuco en su ambiente cultural], 1974.

McNamara, Martin. Palestinian Judaism and the New Testament [El judaismo palestino y el Nuevo Testamento], 1983.

Ramsay, William M. The Bearing of Recent Discovery on the Trustworthiness of the New Testament [La relevancia de los descubrimientos recientes para la confiabilidad del Nuevo Testamento], 1915.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (pp. 97–112). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

La creación

Génesis 1-2

La creación

a11:1  En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.

E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.

Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.

10 Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.

11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

12 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.

13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero.

14 Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años,

15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así.

16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.

17 Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra,

18 y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.

19 Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.

20 Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.

21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.

22 Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra.

23 Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.

25 E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.

30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.

31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

2:1  Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.

Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.

Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

El hombre en el huerto del Edén

Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos,

y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra,

sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.

11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro;

12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.

13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus.

14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.

15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.

16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;

17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.

19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.

22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.

23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona,[a] porque del varón[b] fue tomada.

24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.

Footnotes:

  1. Génesis 2:23 Heb. Ishshah.
  2. Génesis 2:23 Heb. Ish.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

De tal Padre, tal Hijo

Enero 2

De tal Padre, tal Hijo

Lectura bíblica: Juan 14:8, 9

El que me ha visto, ha visto al Padre. Juan 14:9

a1Chico, contesta esta pregunta: ¿Cómo te sentirías si alguien te dijera: “Eres igualito a tu papá”? Todo depende de cómo es tu papá, ¿no es cierto? Si tu papá tiene el físico de un galán de cine y el cerebro de un científico, quizá quieras parecerte a él. Pero si a tu papá le crecen vellos en las orejas —como a la mayoría de los papás— ¡hay por lo menos una manera en que no quieras parecerte a él!

¿Hasta qué punto te pareces a tu papá? Coloca una marca (✓) al lado de las frases que describen cómo tú y tu papá se parecen. (Si quieres, puedes compararte con otro: mamá, un hermano mayor u otro familiar).

¿Tienes…

los mismos ojo y color de cabello? [

la misma forma de cuerpo y/o cara cómica? [   ]

los mismos talentos musicales o artísticos, o la falta de ellos? [   ]

el mismo anhelo por saber más acerca de Jesús? [   ]

el mismo gusto en programas de TV películas y música? [   ]

los mismos gustos y antipatías en cuanto a comidas? [   ]

el mismo sentido de humor? [   ]

Te cuento algo realmente fantástico para que lo pienses: Cuanto más te pareces a tu papá, mejor sabrán tus conocidos cómo es él, aunque nunca lo hayan visto.
Si le preguntaras a Jesús si se parece mucho a su Padre, él respondería: “¡Absolutamente sí!”. Jesús no sólo es tu camino para llegar al Padre, es también tu camino para conocer cómo es Dios el Padre. No puedes ver a Dios, pero en la Biblia puedes ver a Cristo, su Hijo. Jesús es “la imagen del Dios invisible”(Colosenses 1:15).

Cuanto más sabemos acerca de lo que Jesús dijo e hizo mientras estuvo en la Tierra, más sabremos acerca de Dios. Cuando, por ejemplo, oímos de la bondad de Cristo, sabemos que Dios es cariñoso. Y cuando leemos las palabras veraces de Cristo, sabemos que Dios es veraz. Quizá nosotros no nos parezcamos ni hablemos exactamente como papá, pero Jesús nos muestra a Dios a la perfección. ¡Cuando llegamos a conocer al Hijo, llegamos a conocer al Padre!

PARA DIALOGAR
¿Qué cosas grandiosas ves en Jesús que te atraen a Dios?

PARA ORAR
Señor, podrías haber hecho difícil que te pudiéramos conocer. Estamos agradecidos de que Jesús nos muestra cómo eres.

PARA HACER
Elige una característica de Dios que sabes que es verdad porque la has visto en Jesús —amable, honesto, etc.— y pon en práctica esa característica hoy.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.