SEGÚN ISAÍAS 65, LA GENTE QUE VIVA EN ESOS NUEVOS CIELOS Y NUEVA TIERRA TENDRÁN DESCENDIENTES

SEGÚN ISAÍAS 65, LA GENTE QUE VIVA EN ESOS NUEVOS CIELOS Y NUEVA TIERRA TENDRÁN DESCENDIENTES

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a1En Isaías capítulo 65 se habla de nuevos cielos y nueva tierra. La gente construirá sus casas y habitará en ellas. Dice también que la gente tendrá descendientes. Pero según Mateo 22:30 Jesús dijo que los que resuciten de los muertos no se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. ¿Por qué entonces en Isaías dice que la gente que viva en esos nuevos cielos y nueva tierra tendrán descendientes?

Vamos a dar lectura al pasaje bíblico al cual Usted hace referencia en el libro de Isaías. Se encuentra en el capítulo 65 versículos 17 a 25 donde dice: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos. No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.”

En este pasaje bíblico cargado de significado, encontramos fusionados dos reinos que Dios ha prometido a su pueblo escogido Israel.

El primero que es mencionado se refiere a un reino eterno en los nuevos cielos y la nueva tierra que Dios va a crear. Sobre este reino tratan pasajes como Isaías 61:6 donde dice: “Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá”

Esto se refiere al reino de Israel en los nuevos cielos y en la nueva tierra. Será un reino para siempre, eterno. No se dan muchos detalles sobre este reino en el libro de Isaías.

Es necesaria la profecía del Nuevo Testamento para saber como será este reino. Aparece en Apocalipsis 21:1-8 donde dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”

Este es el estado eterno, prometido a Israel y ciertamente también a todos los que hemos confiado en Cristo como Salvador. Los súbditos de este reino serán los ángeles de Dios y todos los salvos resucitados, y por tanto, con cuerpos glorificados.

En este reino los súbditos no tendrán descendientes, según lo que enseña la palabra de Dios en Mateo 22:30 donde dice: “Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.”

Esto es lo que podemos decir acerca del aspecto eterno del reino que Dios ha prometido a Israel.

Pero en segundo lugar, en el pasaje de Isaías 65, existe también un aspecto temporal del reino que Dios ha prometido a Israel. Este reino es conocido como el reino milenial. Dura mil años y tendrá lugar en la tierra actual, no en los cielos nuevos y la tierra nueva, los cuales serán creados por Dios.

Es a este aspecto temporal del reino, al cual se refiere Isaías, a partir del versículo 18 del capítulo 65, hasta el final del libro. Pasaje que ya fue leído al iniciar la respuesta de esta consulta.

Varias cosas dignas de mencionar aparecen en este pasaje.

Será un reino caracterizado por el gozo y la alegría. Nunca más se oirá en el reino voz de lloro, ni voz de clamor.

Será un reino donde habrá longevidad. Esto significa que las enfermedades serán cosa del pasado. No habrá allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla.

Será un reino donde la muerte estará reservada como medida de disciplina para el pecador. El pecador de cien años será maldito dice el texto.

Será un reino donde habrá absoluta prosperidad. La gente edificará sus casas y morará en ellas sin temor de cualquier desgracia. La gente plantará sus viñas y habrá fruto abundante. La gente disfrutará de todo lo que haga con sus manos. Nadie trabajará en vano.

Será un reino donde no habrá guerra ni violencia ni corrupción, ni injusticia. Dice el pasaje leído que no edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma.

Será un reino de gente bendecida. Dice el texto que nadie dará a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos.

En esto Usted notará que en este reino, el reino milenial, la gente se casará y tendrá sus hijos. Esto no es de sorprender porque los que entren al reino milenial serán seres humanos de carne y hueso. Estos seres humanos serán creyentes. Serán los creyentes, tanto de Israel como gentiles, que quedaron vivos hasta el final de la tribulación y presenciaron la segunda venida de Cristo. Estos creyentes tendrán la naturaleza pecaminosa como todo creyente en este mundo, por tanto sus hijos vendrán al mundo separados de Dios, así como vinimos todos al mundo, y si quieren ser salvos tendrán que recibir a Cristo como Salvador. La tierra comenzará a repoblarse porque durante la tribulación morirán miles de millones de personas.

Será también un reino donde habrá total comunión con Dios. Dice el texto leído que Dios responderá a los suyos antes que oren y mientras estén orando ya recibirán respuesta a sus oraciones.

Será un reino en el cual la naturaleza será transformada. No habrá hostilidad del reino animal en ningún sentido. El lobo y el cordero serán apacentados juntos y el león comerá paja como buey, y el polvo será alimento de la serpiente. En ese reino no habrá depredadores. Los animales que hoy son carnívoros se transformarán en herbívoros. No afligirán, ni harán mal en toda la creación de Dios.

Así que. En el reino eterno no habrá nadie casándose ni dándose en casamiento. Pero en el reino temporal, el reino milenial, habrá seres humanos casándose y dándose en casamiento y por tanto habrá descendientes.

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La teología oficial: Eusebio de Cesarea 14

La teología oficial: Eusebio de Cesarea 14

Si miro hacia el oriente, si miro hacia el occidente, si miro por toda la tierra, y hasta si miro al cielo, siempre y por doquier veo al bienaventurado Constantino dirigiendo el mismo imperio.

Eusebio de Cesarea

a1Probablemente en la primera década del siglo IV no había en toda la iglesia cristiano alguno más erudito que Eusebio de Cesarea. Y sin embargo, frases como la que citamos al principio de este capítulo han llevado a muchos historiadores a afirmar que Eusebio capituló ante el poder imperial. Según estos historiadores, Eusebio era un hombre de carácter débil que, al verse rodeado de la pompa del imperio, se doblegó ante ella, y se dedicó a servir los intereses del emperador más bien que los de Jesucristo. Pero antes de aventurar tales juicios conviene que nos detengamos a narrar algo de la vida y obra de este sabio cristiano, para así comprender mejor sus reacciones y actitudes.

Eusebio nació alrededor del año 260, probablemente en Palestina, donde transcurrió la mayor parte de sus primeros años. Se le conoce como Eusebio “de Cesarea” porque fue obispo de esa ciudad y porque fue en ella que se crió, si bien el lugar de su nacimiento nos es desconocido.

Tampoco acerca de su familia poseemos datos fidedignos. Ni siquiera es posible decir si sus padres eran cristianos o no —y los eruditos que han tratado de zanjar esta cuestión han hallado argumentos en ambos sentidos.

En todo caso, quien de veras hizo un impacto profundo sobre la vida del joven Eusebio fue Pánfilo. Este era natural de la ciudad de Berito— hoy Beirut, en el Líbano— pero había estudiado en Alejandría bajo el célebre Pierio, uno de los continuadores de la obra de Orígenes. Algún tiempo después, tras ocupar algunos cargos importantes en Berito, Pánfilo se trasladó a Cesarea, adonde parece haber sido llamado por el obispo de esa ciudad. En Cesarea, Orígenes había dejado su biblioteca, que estaba en posesión de la iglesia, y ahora Pánfilo se dedicó a estudiarla, organizarla y completarla.

En esta tarea le ayudaban varias personas, inspiradas por la fe ferviente y la curiosidad intelectual de su jefe. Cuando Eusebio conoció a Pánfilo, quedó cautivado por esa fe y esa curiosidad. Y su devoción llegó a tal punto que en años posteriores se llamaba a si mismo “Eusebio de Pánfilo”, dando a entender así que mucho de lo que era se lo debía a su maestro.

Durante varios años Pánfilo, Eusebio y otros trabajaron en equipo, probablemente viviendo bajo un mismo techo y compartiendo todos sus gastos y entradas. A la postre, el gusto de Pánfilo por los libros fue superado por el de su discípulo, que al parecer hizo varios viajes en busca de documentos acerca de los orígenes cristianos. Durante este período Eusebio y Pánfilo escribieron varias obras, pero de ellas la única de importancia que se ha conservado es la Crónica de Eusebio—y aun ésta en versiones posteriores al parecer muy tergiversadas.

Pero aquella calma no podía durar. Era todavía la época de las persecuciones, y la amenaza que siempre nublaba el horizonte de los cristianos tomó forma en el huracán de la gran persecución. En junio del año 303 la persecución llegó a Cesarea, y el primer mártir ofrendó su vida. A partir de esa fecha, la tormenta fue arreciando, hasta que en el año 305 Maximino Daza llegó a la dignidad imperial. Como hemos dicho, Maximino Daza fue uno de los más tenaces enemigos del cristianismo. Por fin, a fines del año 307, Pánfilo fue encarcelado. Pero entonces la tormenta amainó por algún tiempo, y el célebre maestro cristiano permaneció en la cárcel, sin ser ejecutado, por espacio de más de dos años. Durante este período, Pánfilo y Eusebio escribieron juntos cinco libros de una Apologíá de Orígenes, a la que Eusebio añadió un sexto libro después del martirio de su maestro.

Cómo Eusebio escapó de la persecución, es imposible saberlo. Al parecer se ausentó de Cesarea al menos dos veces, y posiblemente el motivo de su ausencia fue —en parte al menos— huir de las autoridades. En esa época esto no se consideraba indigno, pues el deber del cristiano estaba en evitar el martirio, hasta tanto quedase suficientemente probado que Dios le había escogido para esa gloriosa corona. En todo caso, Eusebio no sufrió personalmente durante la persecución, aunque sí sufrió la muerte de su admirado maestro y de muchos de sus compañeros más allegados. En medio de la persecución, Eusebio continuó su labor literaria. Fue precisamente durante ese período que revisó y amplió su obra más importante, la Historia eclesiástica.

Si Eusebio no hubiera hecho otra cosa en toda su vida que escribir la Historia eclesiástica, sólo eso bastaría para contarle entre los “gigantes” de la iglesia en el siglo IV. En efecto, sin su obra, buena parte de la historia que hemos relatado en nuestra Primera Sección se habría perdido, pues fue él quien compiló, organizó y publicó casi todo lo que sabemos acerca de muchos de los cristianos que vivieron en los primeros siglos de vida de la iglesia. Además, lo único que se conserva de la obra de muchos de aquellos antiguos autores cristianos son las citas extensas que Eusebio incluye en su Historia. Sin él, en fin, nuestros conocimientos de los primeros siglos de la iglesia quedarían reducidos a la mitad.

Por fin, en el año 311, la situación empezó a cambiar con respecto a la persecución. Primero vino el edicto de Galerio. Después Constantino venció a Majencio, y Licinio y Constantino, reunidos en Milán, decretaron la tolerancia religiosa. Para Eusebio y sus compañeros, lo que estaba teniendo lugar era obra de Dios, semejante a los milagros que narra el libro de Exodo. A partir de entonces, Eusebio —y probablemente muchísimos otros cristianos que no dejaron, como él, testimonio escrito de sus opiniones —empezó a ver en Constantino y en Licinio los instrumentos escogidos por Dios para llevar a cabo sus designios—. Poco después, cuando Constantino y Licinio fueron a la guerra, Eusebio estaba convencido de que la principal razón del conflicto era que Licinio había perdido el juicio y comenzado a perseguir a los cristianos. Por tanto, Eusebio siempre vio en Constantino al instrumento escogido de Dios.

Pero por lo pronto, alrededor del año 315, cuando Constantino y Licinio comenzaban a dar señales de que no estaban dispuestos a compartir el poder por mucho tiempo, Eusebio fue elegido obispo de Cesarea. Esta era una gran responsabilidad, pues la persecución había dispersado su grey, y era necesario enfrentarse a una enorme tarea de reconstrucción. Además, la sede de Cesarea tenía jurisdicción sobre todo el resto de Palestina, y por tanto Eusebio tenía que ocuparse de asuntos que iban mucho más allá de los limites de su ciudad. En consecuencia, durante los próximos años su producción literaria amainó.

Unos pocos años llevaba Eusebio en su cargo de obispo cuando una nueva tempestad vino a turbar la calma de la iglesia. Se trataba ahora, no de una persecución por parte del gobierno, sino de un agudo conflicto teológico que dio en el cisma: la controversia arriana. Puesto que más adelante le dedicaremos un capítulo a los primeros episodios de esta controversia, no hemos de discutirla aquí. Baste decir que la actuación de Eusebio en esa controversia dejó mucho que desear. Pero esto no se debió a que Eusebio fuese hipócrita ni oportunista, como han pretendido algunos historiadores, sino más bien a que sus intereses eran otros. Eusebio no parece haber comprendido a cabalidad todo el alcance de la controversia, y su preocupación fundamental era la paz de la iglesia, más bien que la exactitud teológica. Por ello, aunque al principio mostró simpatías hacia la causa arriana, en el Concilio de Nicea, cuando se percató de los peligros doctrinales que entrañaba esa causa, estuvo dispuesto a condenarla. Pero esto corresponde a otro capítulo.

Eusebio había conocido ya a Constantino antes de que éste fuera emperador, cuando Constantino visitó a Palestina en el séquito de Diocleciano. En Nicea, en ocasión del concilio, pudo verle actuando a favor de la unidad y del bienestar de la iglesia, como el “obispo de obispos”. Después, en otras oportunidades, Eusebio sostuvo entrevistas y correspondencia con el emperador. Probablemente el encuentro más notable tuvo lugar cuando Constantino y su corte se trasladaron a Jerusalén, para dedicar la recién construida iglesia del Santo Sepulcro, como parte de la  celebración del trigésimo aniversario del advenimiento de Constantino al poder. Todavía bullía la controversia arriana, y los obispos reunidos, primero en Tiro y después en Jerusalén, estaban profundamente interesados en ella, como lo estaba también el emperador. En todo esto, Eusebio jugó un papel importante y, con motivo de la visita del emperador y de la dedicación del nuevo templo, pronunció un discurso en elogio de Constantino. Ese discurso, que se ha conservado hasta nuestros días, es una de las principales razones que le han ganado fama de adulador. Pero lo cierto es que el discurso en cuestión ha de ser juzgado a la luz de lo que se acostumbraba en tales circunstancias en esa época. Visto de este modo, el discurso resulta relativamente moderado.

En todo caso, el hecho es que Eusebio no fue amigo íntimo ni cortesano de Constantino. La mayor parte de su vida transcurrió en Cesarea y sus alrededores, ocupado como estaba en asuntos eclesiásticos, mientras Constantino, cuando no estaba en Constantinopla, se hallaba envuelto en alguna campaña o empresa que le hacía mudar su corte por todo el imperio. Luego, los contactos entre el emperador y el obispo fueron breves e intermitentes. Pero, puesto que Eusebio era respetado por muchos de sus colegas, y puesto que Cesarea era una ciudad importante, Constantino se ocupó en cultivar el apoyo del prestigioso obispo de esa ciudad. Igualmente Eusebio, tras las experiencias de los años de persecución, no podía menos que gozarse en la nueva situación, y agradecer al emperador el cambio que había tenido lugar.

Por otra parte, no debemos olvidar que fue especialmente después de la muerte de Constantino, en el año 337, que Eusebio escribió sus más halagadoras líneas acerca del difunto emperador. Luego, no se trata aquí tanto de un adulador como de un hombre agradecido.

Tales hechos, sin embargo, dejaron su huella sobre la obra toda de Eusebio, particularmente sobre su Historia eclesiástica. El propósito de Eusebio al escribirla no era sencillamente narrar los acontecimientos para la edificación de la iglesia. Su propósito era más bien apologético. Lo que Eusebio pretendía era mostrar que la fe cristiana era la consumación de toda la historia humana. Esta idea había aparecido mucho antes en los escritores que en el siglo segundo defendieron la fe frente a los ataques de los paganos. Según esos autores, tanto la filosofía como las Escrituras hebreas habían sido provistas por Dios como preparación para el evangelio. Además, pronto surgió la idea de que el propio Imperio RomanoNaturalmente, esta perspectiva teológica le prohibía toda actitud crítica hacia lo que estaba aconteciendo. En cuanto a Constantino, a quien Dios había utilizado para llevar a cabo sus designios, Eusebio parece haberse percatado de sus principales defectos, y en particular de su ira incontenible y su espíritu sanguinario. Pero los propósitos apologéticos de su obra no le permiten mencionar tales cosas, de modo que sencillamente se las calla.

Lo más grave de todo esto, sin embargo, no está en lo que Eusebio diga o deje de decir acerca de Constantino. Lo más grave está en que a través de la obra de Eusebio vemos cómo buena parte de la teología cristiana, aun sin percatarse de ello, fue ajustándose a las nuevas condiciones, y en muchos casos abandonó o transformó algunos de sus temas tradicionales. Veamos algunos ejemplos de esto.

En el Nuevo Testamento, y en la iglesia de los primeros siglos, aparece frecuentemente el tema de que el evangelio es primeramente para los pobres, y que los ricos tienen mayores dificultades en entenderlo o seguirlo. De hecho, la cuestión de cómo una persona rica podía ser salva preocupó a los cristianos de los primeros siglos. Pero ahora, a partir de Constantino, la riqueza y el boato empiezan a ser tomados por señal del favor divino. Como veremos en el próximo capitulo, el movimiento monástico fue en cierto modo una protesta contra esa interpretación acomodaticia. Pero Eusebio —y las muchas otras personas a quienes él representa— no parece haberse percatado del cambio radical que estaba teniendo lugar cuando la iglesia perseguida pasó a ser la iglesia de los poderosos, ni de los peligros que esto entrañaba.

Igualmente, Eusebio describe con gran gozo y orgullo los lujosos templos que se estaban construyendo. Pero el resultado neto de estas construcciones, y de la liturgia que estaba evolucionando en ellas, fue la creación de una aristocracia clerical, semejante y paralela a la aristocracia imperial, y frecuentemente tan apartada del común de los creyentes como lo estaban los magnates del Imperio del común de las gentes. No sólo en su liturgia comenzó la iglesia a imitar los usos del Imperio, sino también en su estructuración social.

Por último, el esquema de la historia que Eusebio desarrolló le obligó a abandonar un tema fundamental de la predicación cristiana primitiva: el advenimiento del Reino. Aunque Eusebio no nos lo dice explícitamente, el hecho es que al leer sus obras recibimos la impresión de que ahora, con Constantino y sus sucesores, se ha cumplido el plan de Dios. Aparte de esto, lo único que nos queda esperar es el momento en que seremos transferidos en espíritu al reino celestial. A partir de la época de Constantino, y debido en parte a la obra de Eusebio y de otros como él, se tendió a relegar u olvidar la esperanza de la iglesia primitiva, de que su Señor habría de retornar en las nubes para establecer un Reino de paz y justicia. En épocas posteriores, la mayoría de los grupos que regresaron a aquella esperanza fueron tenidos por herejes y revolucionarios, y condenados por tales.

El hecho de que Eusebio nos haya prestado ocasión para exponer estos cambios en la vida y la doctrina cristiana no ha de entenderse en el sentido de que él fuera el único responsable de tales cambios. Al contrario, la impresión que recibimos al leer los documentos de la época es que Eusebio, más que cualquiera otro de sus contemporáneos, representa el sentir del común de los cristianos, para quienes el advenimiento de Constantino, y de la paz que éste trajo, representaba el cumplimiento de los planes de Dios. Esos otros cristianos no supieron quizá expresar sus sentimientos con la elegancia y erudición de Eusebio. Pero fueron ellos quienes poco a poco le fueron dando forma a la iglesia de los años posteriores a Constantino. Eusebio no es entonces el creador de lo que aquí hemos llamado la “teología oficial”, sino sólo el portavoz de los muchos cristianos que, como él, se sentían sobrecogidos y agradecidos por el hecho de haber salido de las estrecheces de la persecución.

Empero, como veremos en los capítulos subsiguientes, no todos los cristianos veían las nuevas circunstancias con igual entusiasmo.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 145–150). Miami, FL: Editorial Unilit.

La presencia de Dios prometida

Éxodo 32-34

32:1  Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.

Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón;

y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová.

Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido.

Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz.

10 Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.

11 Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?

12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo.

13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo;y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre.

14 Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

15 Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas.

16 Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.

17 Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento.

18 Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo.

19 Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.

20 Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.

21 Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?

22 Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal.

23 Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

24 Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.

25 Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para verg:uenza entre sus enemigos,

26 se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.

27 Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.

28 Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.

29 Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros.

30 Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado.

31 Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,

32 que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.

33 Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.

34 Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.

35 Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón.

La presencia de Dios prometida

33:1  Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré;

y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo

(a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.

Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos.

Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer.

Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb.

Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento.

Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo.

Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés.

10 Y viendo todo el pueblo la columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada uno a la puerta de su tienda y adoraba.

11 Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.

12 Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.

13 Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo.

14 Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.

15 Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

16 ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?

17 Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.

18 El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.

19 Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

20 Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.

21 Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;

22 y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.

23 Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

El pacto renovado

(Dt. 10.1-5)

34:1  Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.

Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte.

Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte.

Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.

Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová.

Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;

que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.

Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.

10 Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la que yo haré contigo.

Advertencia contra la idolatría de Canaán

(Dt. 7.1-5)

11 Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo.

12 Guárdate de hacer alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, para que no sean tropezadero en medio de ti.

13 Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera.

14 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.

15 Por tanto, no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios;

16 o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas.

17 No te harás dioses de fundición.

Fiestas anuales

(Ex. 23.14-19; Dt. 16.1-17)

18 La fiesta de los panes sin levadura guardarás; siete días comerás pan sin levadura, según te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto.

19 Todo primer nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea macho.

20 Pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Redimirás todo primogénito de tus hijos; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.

21 Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás.

22 También celebrarás la fiesta de las semanas, la de las primicias de la siega del trigo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año.

23 Tres veces en el año se presentará todo varón tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel.

24 Porque yo arrojaré a las naciones de tu presencia, y ensancharé tu territorio; y ninguno codiciará tu tierra, cuando subas para presentarte delante de Jehová tu Dios tres veces en el año.

25 No ofrecerás cosa leudada junto con la sangre de mi sacrificio, ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la pascua.

26 Las primicias de los primeros frutos de tu tierra llevarás a la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

Moisés y las tablas de la ley

27 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel.

28 Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.

29 Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.

30 Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.

31 Entonces Moisés los llamó; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron a él, y Moisés les habló.

32 Después se acercaron todos los hijos de Israel, a los cuales mandó todo lo que Jehová le había dicho en el monte Sinaí.

33 Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.

34 Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado.

35 Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Los aplastadores de amistades

Enero 25

Los aplastadores de amistades

Lectura bíblica: Efesios 4:31, 32

Sed bondadosos y misericordiosos los unos con los otros, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:32

a1Imagínate un plato lleno de chícharos (alverjas). Piensa en lo que haces cuando no tienes ganas de comer esas bolitas verdes. Las empujas de un lado a otro con el cuchillo. Las aplastas con la cuchara. Las deslizas de tu plato a la mesa. Y luego les pones el plato encima, o se las das de comer al perro.
Así como esa verdura que ha sido zarandeada, aplastada y quitada de la vista sigue siendo verdura, las amistades que se maltratan siguen siendo amistades. Pero no son muy apetitosas. Para hacer y conservar amigos, evita los siguientes aplastadores de amistades.

• Celos. ¿Por qué envidiar los logros de un amigo? En cambio, ¡festéjalos!
• Chismes. Es el principio del subibaja. Tratas de levantarte diciendo cosas malas de los demás. Tarde o temprano serás tú el que termina desparramado en el suelo.
• Deslealtad. Tú dices que eres su amiga, pero la dejas a un lado cuando aparece alguien más interesante. La verdadera amistad sigue fiel en todo momento.
• Competencia. La amistad no es una carrera de competencia. Ustedes no son contrincantes. Los amigos se animan mutuamente.
• Negativismo. Si siempre te estás quejando, pronto tendrás que quejarte de que ya no tienes amigos.
• Comparaciones. Si te comparas con tus amigos y tratas de aparentar ser mejor de lo que eres, te estás buscando problemas innecesarios.
• Egoísmo. Tómate el tiempo para ocuparte de los intereses de tus amigos, no sólo los tuyos. Si todo lo que haces lo haces pensando exclusivamente en ti mismo, ahuyentarás a los demás.

Existe otro enorme aplastador de amistades: la inseguridad. Uno es inseguro cuando se hace preguntas como estas: “¿Qué hago si no le caigo bien?”. “¿Qué pasará si digo algo y meto la pata?”. ¿Qué hago si ella se ríe de mí?”. “¿Qué pasará si digo algo tonto?”.
Estos pensamientos negativos te impiden cimentar las amistades. Te hacen tener miedo de hacer aun lo más mínimo, o de no hacer lo más mínimo.
Pero puedes decidirte a encarar tus temores. Cada vez que te des cuenta de que tu cerebro está varado en una pregunta negativa que demuestra temor, cámbiala por una afirmación positiva que demuestra fe: “Sé que le voy a caer bien”. “Estoy seguro de que voy a decir lo apropiado”. “Ella me va a aceptar”. “Voy a hacer algo inteligente”.
Cuando actúas con fe en lugar de temor, serás un amigo de calidad.

PARA DIALOGAR
¿Qué tal te llevas con la gente a tu alrededor? ¿Tienes alguna mala costumbre que te estorba para hacer amistades? ¿En qué te gustaría cambiar?

PARA ORAR
Señor, quiero ser el amigo que tú quieres que sea. ¡Ayúdame!

PARA HACER
Escoge una amistad que quieres rescatar. Ponte la meta de librarte esta semana de un aplastador de amistades. ¡Y escoge la semana que viene!

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

DIOS SIEMPRE ESTUVO ALLÍ

DIOS SIEMPRE ESTUVO ALLÍ.

Programa No. 2016-01-25
PABLO MARTINI
a1Las reuniones de ex alumnos, los álbumes de recortes y de fotografías, las canciones familiares y las viejas vecindades son como amigos de muchos años que despiertan nuestros recuerdos y avivan nuestras emociones. El pasado es un caleidoscopio de promesas, fracasos, victorias y situaciones embarazosas. A veces quisiéramos olvidar recuerdos que son demasiado dolorosos. Sin embargo, conforme los años pasan, los recuerdos de sucesos desagradables por lo general se desvanecen en nuestro subconsciente. Pero hay momentos que debemos recordar: los errores no deben repetirse; los compromisos contraídos se deben cumplir; y el recuerdo de sucesos especiales nos puede alentar e impulsar a actuar. Muchas veces nos encontramos frente a nuevos capítulos de nuestra historia que necesitan ser replanteados, reestructurados. Debemos diseñar otra vez un plan de trabajo que nos asegure el triunfo y ese es el momento ideal para iniciarlo de la mano de Dios y de Su Palabra.
Tal vez pensaste que en eso tragos amargos de tu pasado Dios no estuvo allí, que te descuidó, que otros tenían para Él más valor que tú. Estás totalmente equivocado, equivocada. Siempre estuvo a tu lado aunque tú no lo veías y debes comenzar nuevas etapas siendo consciente de que Él no te abandonó ni te abandonará. Allí l as lecciones son claras. Es el lugar ideal para renovar fuerzas y tener esperanza y seguirlo. Él te revelará órdenes claras que tú debes escuchar y obedecer. Basado en lo que Él es debes amarlo plenamente. Aprender estas lecciones nos preparará para tomar posesión de nuevas fronteras. Mientras escuchas el mensaje de Dios en la Biblia, recuerda cómo Dios ha expresado su bondad en tu vida y luego hazte de nuevo el propósito de confiar en Él, amarlo y obedecerle. Iniciar proyectos de vida cultivando en tu interior rencor hacia Dios, las personas y la vida, es tan inútil como pretender viajar en tu auto nuevo pero sin combustible. Él es tu motor, tu combustible, tu mapa y tu chofer. ¡Disfruta el viaje!
https://soundcloud.com/labibliadice/pausa-2016-01-25
http://labibliadice.org/una-pausa-en-tu-vida/programa-no-2016-01-25/