La Biblia como literatura

La Biblia como literatura

Autor: Leland Ryken

a1El cristianismo es la religión más literaria del mundo. Esto no debería sorprendernos, porque el libro sagrado del cristianismo es verdaderamente una obra literaria.

Esta es una verdad que el mundo de la erudición bíblica ha redescubierto en la última cuarta parte del siglo XX, mientras que ocurría una revolución silenciosa en cuanto a los enfoques de la Biblia. Las preocupaciones convencionales en cuanto al trasfondo histórico, el contenido teológico y el proceso de composición, han dado lugar a un enfoque en el texto bíblico mismo, una preocupación con las formas y estilo de los escritos bíblicos y una preocupación por ver la unidad y la integridad de sus textos.

Un enfoque verdaderamente literario de la Biblia puede tomar dos direcciones. Una de ellas es relacionar a la Biblia con el entorno literario en el cual fue producida. Este es el campo de acción de los eruditos bíblicos y de los expertos en literatura comparativa del mundo antiguo, y es el tema de un ensayo que acompaña a este en el volumen presente. Los eruditos en este campo tienden a preocuparse por identificar las fuentes de lo que encontramos en la Biblia.

Lo que se conoce como el enfoque literario de la Biblia más comúnmente involucra colocar a la Biblia en el contexto literario familiar que las personas adoptan durante el curso de sus estudios literarios en la escuela secundaria y en la universidad. Esto quiere decir que se le aplican a la Biblia las herramientas familiares de análisis literario que usan los críticos literarios y los profesores de literatura, e involucra comparar la Biblia con textos literarios familiares desde Homero hasta los dramas modernos y las películas modernas.

Tal enfoque literario es el tema del presente ensayo. No está muy interesado en buscar fuentes de literatura bíblica. Su intención es simplemente mostrar lo que está en la Biblia, no especular cómo llegó allí. No es de sorprender que la crítica literaria de este tipo vea una gran cantidad de correspondencia entre la Biblia y otra literatura, por la simple razón de que la Biblia ha sido la influencia más grande en la literatura occidental.

Una breve historia de «la Biblia como literatura»

La corriente moderna del movimiento que ve a la Biblia como literatura puede transmitir el concepto errado de que los críticos literarios han descubierto algo nuevo. Pero una mirada a la historia del tema muestra que considerar a la Biblia como literatura es tan antiguo como la Biblia misma.

La conciencia literaria de los escritores bíblicos

La información bíblica consiste de ambas, la evidencia explícita y la implícita. Dentro del canon un escritor se expresa con claridad y declara su filosofía sobre escribir, y resulta que es un punto de vista totalmente literario de composición. El pasaje ocurre cerca del final del Antiguo Testamento en el libro de Eclesiastés:

Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. (Eclesiastés 12:9–10)

Hay varias cosas importantes aquí. Una es el cuadro del escritor como un compositor consciente, eligiendo con cuidado de varias opciones disponibles, a medida que selecciona y arregla su material. Un segundo tema tiene que ver con la habilidad artística y la belleza de expresión, como se sugiere en la frase «palabras agradables» o «palabras de deleite». Un tercer aspecto literario de la teoría de este escritor sobre la forma de escribir es su conciencia de que está escribiendo en un género literario definido («tipo» o «clase»), en este caso, usando proverbios.

Una segunda evidencia explícita de que los escritores de la Biblia eran artesanos literarios conscientes es la forma en que aplicaban las clasificaciones técnicas de género a obras de la Biblia. Hablaban de tales clasificaciones como crónicas, dichos o proverbios, cánticos, himnos, quejas, parábolas, evangelios, apocalipsis, epístolas y profecía. Lo que muestra esto es un conocimiento relativamente sofisticado de estilos literarios.

La evidencia implícita de conciencia literaria entre los escritores bíblicos es aún más irresistible. Por un lado, los escritos bíblicos muestran cualidades literarias. Los narradores bíblicos sabían que las historias están estructuradas sobre el principio de comienzo-medio-fin. Sus historias exhiben las mismas técnicas de ironía dramática, presagios y clímax que encontramos en todos lados en las historias del mundo.

Los poetas bíblicos sabían que los salmos de alabanza tienen tres partes principales (la introducción, el desarrollo y la resolución), y que los salmos de lamento tienen cinco ingredientes (invocación, quejas o definición de la crisis, plegaria, declaración de confianza en Dios y promesa de alabar a Dios). Eran expertos en descubrir metáforas y símiles, y en emplear herramientas figurativas tales como la prosopopeya, el apóstrofe y la hipérbole.

La sofisticación literaria de los escritores bíblicos es evidente simplemente en la excelencia con la que explotaron los recursos del arte literario, pero el caso se solidifica si colocamos sus escritos en el contexto de la antigüedad. Cuando lo hacemos, encontramos que los escritores bíblicos escribieron estando conscientes de la literatura que estaba siendo producida en las naciones que los rodeaban. Los Diez Mandamientos y el libro de Deuteronomio, por ejemplo, llevan las marcas de los tratados de protectorado de los antiguos reyes hititas. El Salmo 29 es una parodia de poemas cananeos escritos acerca de las hazañas de Baal. El Cantar de los Cantares de Salomón contiene poemas que se parecen a la poesía egipcia sobre el amor. Y el libro de Hechos contiene elementos que son similares a las narraciones de viajes y a los juicios de defensa de la literatura griega.

El debate en la iglesia primitiva

El asunto de si la Biblia es una obra literaria llegó a ser un punto de debate entre los padres de la iglesia. Estos hombres, versados en retórica clásica así como en la Biblia, lucharon para saber cómo relacionar a la Biblia con las reglas y la práctica de los escritos clásicos. Su tendencia general fue la de contrastar la Biblia con la literatura clásica y celebrar la superioridad del cristianismo sobre el paganismo, argumentando que la simplicidad de la Biblia triunfaba sobre el aspecto florido del arte clásico.

Pero algunas personas se opusieron al asunto de negar la naturaleza literaria de la Biblia. Algunos de ellos, por ejemplo, afirmaron que ciertos pasajes poéticos del Antiguo Testamento fueron escritos usando métricas clásicas identificables. Jerónimo defendió su propio hábito de aludir a los autores clásicos observando que Pablo había hecho lo mismo en el Nuevo Testamento.

Pero la figura medieval más importante es Agustín (vea especialmente On Christian Doctrine [Sobre la doctrina cristiana], IV, 6–7). El enfoque de Agustín es por cierto limitado (un análisis de retórica o estilo), pero él estableció cuatro principios decisivos que todavía son válidos en los enfoques literarios de la Biblia. En primer lugar, afirmó que los escritores de la Biblia siguieron las reglas comunes de la retórica clásica. Explicó pasajes de Amós y de las Epístolas para probar que la Biblia puede ser comparada con la literatura familiar. En segundo lugar, Agustín admiró la elocuencia y la belleza de la Biblia por tener valor inherente. En tercer lugar, presagió una piedra angular de la teoría literaria moderna cuando afirmó que el estilo de la Biblia es inseparable del mensaje que expresa. Finalmente, aun con todo su entusiasmo sobre la elocuencia literaria de la Biblia, Agustín mostró cierta inquietud acerca de ver a la Biblia como totalmente similar a otra literatura, afirmando, por ejemplo, que la elocuencia de la Biblia no había sido «redactada por el arte y cuidado del hombre» sino en cambio que fluía «de la mente divina».

Síntesis del Renacimiento y la Reforma

Los siglos XVI y XVII representaron un gran florecimiento sobre la comprensión literaria de la Biblia. Mientras que Agustín había expresado una opinión minoritaria, considerar la Biblia como una obra literaria llegó a ser la opinión de la mayoría durante el Renacimiento. Puesto que el enfoque de Agustín fue un enfoque retórico limitado, el Renacimiento y la Reforma apoyaron una investigación literaria de muchas facetas sobre el contenido y el estilo de la Biblia. Una nueva síntesis emerge cuando observamos que el intento de ver a la Biblia como literatura fue realizado tanto por los exégetas (Lutero, Calvino y los puritanos) como por los escritores de literatura imaginativa.

Entre las figuras literarias, mucho del impulso de ver a la Biblia como una obra literaria vino del intento de proveer una defensa cristiana de la literatura imaginativa. El libro de Sir Philip Sidney titulado Apology for Poetry [Defensa de la poesía] es un ejemplo típico. Para defender la literatura, Sidney apeló a lo concreto o al «dilucidar» de la experiencia humana en la Biblia, tanto como al enfatizar la importancia de los estilos literarios y el lenguaje figurativo de la Biblia.

El libro de Barbara Lewalski titulado Protestant Poetics and the Seventeenth Century Religious Lyric [Los poetas protestantes y la lírica religiosa del siglo XVII] documenta el alcance hasta el que los exégetas de la Reforma y los poetas del Renacimiento estuvieron de acuerdo en un conjunto de postulados acerca de la naturaleza literaria de la Biblia. Los principios más importantes eran que la Biblia consta de estilos literarios, que la composición de la Biblia es con frecuencia figurativa y poética y que la Biblia se apoya mucho en un sistema de simbolismos. El punto que vale la pena destacar es que la interpretación literaria de la Biblia fue mano a mano con la creencia religiosa de que la Biblia es un libro sagrado.

La secularización romántica de la Biblia

Tal síntesis se perdió durante la siguiente gran época de interés literario en la Biblia—el movimiento romántico de la primera parte del siglo XIX. Yo he llamado «secular» al enfoque romántico de la Biblia porque representa un interés literario desprovisto de la fe religiosa que, por siglos, los cristianos le habían atribuido a la Biblia. De muchas formas, la veneración romántica de la Biblia como literatura fue un movimiento de poetas.

Los románticos valoraban dos aspectos literarios de la Biblia. Les encantaba la simplicidad primitiva del mundo bíblico y la apasionada sublimidad de mucha de su poesía. C. S. Lewis habla del gusto de esa era «por lo primitivo y lo apasionado», agregando lo siguiente:

La simplicidad primitiva de un mundo en el cual los reyes podían ser pastores, la manera abrupta y misteriosa de los profetas, las violentas pasiones de los guerreros de la época del bronce, el trasfondo de las tiendas de campaña y de los rebaños y de los desiertos y montañas, el carácter acogedor y simple de las parábolas y metáforas de nuestro Señor, ahora primero … llegaron a ser un valor literario positivo. (The Literary Impact of the Authorized Version [El impacto literario de la Versión Autorizada], 27)

A medida que la sociedad occidental llegó a ser cada vez más secular, los poetas lucharon para poner de nuevo la realidad espiritual en la vida. Con hambre por la mitología, llegaron a considerar que la Biblia contenía (en las propias palabras del poeta inglés William Blake) «el gran código del arte». Los poetas románticos estaban interesados en la Biblia como una fuente y un modelo literarios, pero no como una fuente de creencias religiosas. La verdad que los partidarios del romanticismo vieron en la Biblia era la verdad que encontraron en otras obras de literatura imaginativa—veracidad en cuanto a la experiencia humana, especialmente los sentimientos humanos. La valoración secular de la Biblia como literatura ha persistido hasta el siglo XX, un fenómeno que ha producido su propia reacción en los círculos cristianos que valoran la Biblia principalmente por su contenido religioso.

El triunfo de la crítica literaria de la Biblia

El interés actual en los enfoques literarios de la Biblia es principalmente el resultado de los esfuerzos de los críticos literarios. Durante la primera mitad del siglo XX el movimiento tuvo poco reconocimiento. Algunos profesores de literatura enseñaron en las universidades cursos exitosos sobre la Biblia inglesa, y ocasionalmente publicaron libros sobre la apreciación literaria de la Biblia y antologías que tenían el propósito de ser usadas en los cursos de literatura.

Para 1960, el movimiento había adquirido cierta fama. Northrop Frye, el crítico más influyente de ese siglo, afirmó que «la Biblia ocupa el estrato más bajo en la enseñanza de literatura. Debería ser enseñada muy temprano y a mucha profundidad para que se vaya al fondo de la mente, donde todo lo que viene después se pueda apoyar» (The Educated Imagination [La imaginación culta], 110). Para 1990, la Biblia había llegado a ser el último grito de la moda en los círculos literarios seculares.

La erudición bíblica comparte el interés actual en los enfoques literarios. Ha ocurrido un cambio de paradigma en el que las preocupaciones teológicas e históricas de los eruditos bíblicos tradicionales han dado lugar a métodos literarios de análisis. Los intentos de encontrar las raíces de este cambio típico en las instituciones más antiguas de erudición bíblica son engañosos. El interés literario actual en la Biblia entre los eruditos bíblicos se hizo posible solamente cuando los eruditos repudiaron los métodos y las preocupaciones que habían dominado su campo de estudio por más de un siglo, y lo hicieron en deferencia a los métodos de los críticos literarios en las humanidades.

Resumen

La disposición de enfocar la Biblia con expectativas literarias y analizarla con las herramientas de la crítica literaria es más que la última moda. Está arraigada a la naturaleza de la Biblia misma. Más allá de eso, a través de los siglos, la mejor interpretación de la Biblia ha aceptado la premisa de que la Biblia, en formas significativas, es una obra de literatura cuyo significado y disfrute dependen parcialmente de la habilidad de enfocarla con métodos literarios.

Premisas de un enfoque literario a la Biblia

Toda exploración de lo que significa enfocar la Biblia como literatura se basa en presunciones. El no reconocer esas presunciones a menudo ha complicado las cosas.

Obstáculos para aceptar un enfoque literario

Un enfoque literario de la Biblia siempre ha enfrentado un desafío de parte de gente que tiene escrúpulos religiosos acerca de ver la Biblia como literatura. Cuando se analizan, estos escrúpulos no tienen fundamento.

Una objeción se centra en que se iguala a la literatura con la ficción. Aunque los críticos literarios con inclinaciones seculares o liberales dejan claro que consideran mucho de la Biblia como ficción, estas afirmaciones no son necesariamente parte de un enfoque literario. No deberíamos pasar por alto que los historiadores y los eruditos bíblicos con tendencias seculares y liberales han estado haciendo esta afirmación por décadas. El asunto de si la Biblia está históricamente basada en los hechos y es exacta pertenece no a la crítica literaria (la cual no tiene nada nuevo que agregar a la discusión), sino al debate sobre la historicidad que por mucho tiempo ha existido entre los eruditos bíblicos.

El temor de que un enfoque literario a la Biblia requiera que se acepte que la narrativa bíblica es ficción se basa en un concepto erróneo sobre la literatura. El carácter ficticio, aunque es común en la literatura, no es un aspecto esencial de ella. Las propiedades que hacen que un texto sea literario no son afectadas por la historicidad o el carácter ficticio del material. Un enfoque literario depende del material que selecciona un escritor y de cómo lo moldea, sin tener en cuenta si los detalles sucedieron en realidad o son inventados.

Tampoco la presencia de artificios y costumbres en un texto bíblico implica que es ficción. Para hacer una analogía, el estilo de la televisión en vivo de los deportes está lleno de costumbres y artificios que no le restan méritos a su realidad. El reportero está siendo filmado con un campo de deportes en el trasfondo. Durante el curso del reportaje, el reportero entrevista a un atleta o es momentáneamente reemplazado por una película corta que muestra acciones de dicho deporte. El artificio de tales usos es obvio. Y sin embargo, no socava el hecho de que el reportaje es real.

Además, otro obstáculo a un enfoque literario de la Biblia es el temor de que tal enfoque signifique solamente un enfoque literario, sin la creencia religiosa especial y la autoridad que los cristianos asocian con la Biblia. Debido a que la Biblia es un libro especial, algunas personas han argumentado que no puede ser como la literatura común. Si se aplica esa lógica, no se puede estudiar la Biblia con herramientas comunes de lingüística, gramática o historia, una posición que nadie argumentaría.

El hecho de que en algunas formas la Biblia es diferente a otros libros no quiere decir que es diferente a ellos en todo. Aun una mirada superficial a la Biblia muestra que usa lenguaje y gramática comunes, y que contiene historia. Es igual de evidente que la Biblia emplea técnicas literarias que encontramos en la literatura en general.

El enfoque de la Biblia como literatura no quiere decir que leamos la Biblia sólo como literatura. Se puede confiar en un enfoque literario sólo para que muestre los puntos en los cuales la Biblia es semejante y diferente a la literatura familiar que encontramos en la antología de la literatura del mundo occidental.

La singularidad de la Biblia

Por definición, un enfoque literal de la Biblia enfatiza la forma en que la Biblia se parece a otras obras de literatura. Puesto que este va a ser el foco de mi propia presentación, será bueno notar, en primer lugar, las formas más obvias en las cuales la Biblia es diferente a tal literatura.

Las cualidades de ser centrada en Dios y su orientación sobrenatural la hacen destacar. Dios es el personaje o actor principal en la Biblia de una manera que no tiene paralelo con otra literatura. Además, aunque la literatura antigua presupone la existencia de un mundo sobrenatural con escenas y personajes de otro mundo, la Biblia es más consecuente al presentar la intersección de un mundo divino con la esfera común de la vida terrenal.

En segundo lugar, la Biblia hace afirmaciones más fuertes a la inspiración y la autoridad de lo que hace la literatura común. Erich Auerbach, en su ensayo clásico titulado «Odysseus’ Scar [La cicatriz de Odiseo]», al comparar la técnica de relatar historias entre La Odisea de Homero y el Génesis, enfatiza esa diferencia. Escribió que «la intención religiosa» de las historias en la Biblia «involucra una afirmación absoluta de verdad histórica.… La afirmación de la Biblia de que es verdad no sólo es mucho más decisiva que la de Homero, sino que es tiránica—excluye todas las demás» (14). Otro erudito literario, C. S. Lewis, hizo una observación similar:

En la mayor parte de la Biblia, todo es implícito o explícito y se introduce con las palabras: «Así dice el Señor». No es … simplemente un libro sagrado sino un libro tan despiadada y continuamente sagrado que no invita, sino que excluye o repele el enfoque simplemente estético. (The Literary Impact of the Authorized Version [El impacto literario de la versión autorizada], 32–33.)

En tercer lugar, la Biblia es una mezcla única de tres tipos de escritura. Estos tipos son el histórico, el teológico y el literario. Por lo general, uno de ellos domina un pasaje, aunque no se pueden excluir los otros. Cuanto más literariamente se trata un evento, tanto más se prestará para un enfoque literario. Pero aun en estos casos, los pasajes bíblicos se prestan para enfoques históricos y teológicos así como a un enfoque literario de una forma que por lo general no lo hace la literatura. Entonces es obvio que el alegato a favor de la crítica literaria de la Biblia no implica que dicho enfoque sea suficiente por sí mismo.

La unidad literaria de los dos testamentos

La tendencia de los eruditos literarios y bíblicos ha sido hacer una marcada separación entre la literatura del Antiguo y del Nuevo Testamento. La moda ha sido tratar la forma literaria de los dos como distinta la una de la otra, y el resultado aplastante ha sido valorar la literatura del Antiguo Testamento para detracción del Nuevo Testamento.

La distinción rigurosa entre las formas literarias de los dos Testamentos es una falacia. En parte, son las clasificaciones genéricas las que nos desorientan. Debido a que el Antiguo Testamento incluye tales categorías como crónicas, salmos y profetas, es fácil asumir que las clasificaciones de evangelios, hechos, epístolas y apocalipsis del Nuevo Testamento pertenecen a un mundo diferente.

Pero dentro de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento se encuentran formas literarias que sobrepasan las categorías externas. Esas formas literarias son la profunda estructura de la literatura bíblica, y son lo que hace que la Biblia sea literaria por su naturaleza. También proveen una unidad literaria a la Biblia, unidad que las clasificaciones convencionales hacen difícil ver. Estas formas literarias fundamentales son la historia o la narrativa, la poesía, los proverbios, la sátira, el discurso y la escritura visionaria. Por supuesto que la narrativa y la poesía tienen muchas subcategorías. El concepto más básico es que la literatura en sí misma tiene características identificables.

En la discusión que sigue, he usado la estructura profunda como el marco para organizarme. Ya sea que encontremos una historia o una poesía en el Antiguo Testamento o en el Nuevo, no hace mucha diferencia respecto a su forma literaria o significado. Una historia es una historia y una poesía es una poesía. Lo que cambia del Antiguo Testamento al Nuevo no son las formas literarias (excepto por el agregado de la epístola) sino el contenido teológico que llevan esas formas.

Resumen

Un enfoque literario de la Biblia es compatible con virtualmente cualquier postura teológica o religiosa. No requiere que se acepten premisas que son contrarias a la forma en que los evangélicos entienden la Biblia. Aunque, por definición, un enfoque literario involucra ver la Biblia como similar a la literatura en general, tal comparación mostrará formas en las cuales la Biblia también es única.

Hay dos actividades que se requieren para enfocar la Biblia como literatura. Una es saber lo que significa enfocar la Biblia como literatura. La otra es definir el «canon» de literatura bíblica—saber donde aparece la literatura en la Biblia. Estos dos temas—los métodos de análisis literario y los lugares en la Biblia en que se requieren esos métodos—proveerán el enfoque para la discusión que sigue.

La literatura como género

Antes de considerar los géneros específicos de la literatura bíblica, es necesario definir lo que es «literatura». Cuando lo hacemos, encontramos que la literatura como un todo es un género, una manera de escribir que tiene sus propios rasgos que la identifican. Antes que un escrito sea una historia o una poesía o cualquier otro género específico, pertenece a la categoría mayor de «literatura».

La experiencia humana como el sujeto

El más simple de todos los criterios de prueba para la literatura es que el sujeto de la literatura es la experiencia humana, en contraste con hechos abstractos de información. La literatura tiene como meta que el lector comparta una experiencia, no que principalmente capte ideas.

La literatura es «encarnacional»; incluye sus ideas o significados en forma concreta. Actúa más bien que declara. Por ejemplo, en lugar de expresar proposiciones abstractas acerca de las virtudes y los vicios, la literatura presenta historias de personajes buenos y malos en acción. El mandamiento «no matarás» nos da un precepto; la literatura encarna la misma verdad en la historia de Caín y Abel. En lugar de definir la palabra «prójimo», Jesús contó una historia acerca del comportamiento hacia el prójimo (la parábola del buen samaritano). La veracidad de la literatura no es sólo un simple asunto de ideas veraces, sino que también toma la forma de veracidad de la experiencia humana—de la forma en que las cosas son en el mundo.

Por lo tanto, la literatura apela a la imaginación—nuestra capacidad de hacer imágenes y de percibir imágenes. En términos hechos populares por investigaciones recientes del cerebro, es la conversación del «lado derecho del cerebro». La habilidad correspondiente que requiere de un lector o intérprete de la Biblia es que pueda imaginar escenas, personajes y eventos. La literatura apela a nuestra inteligencia a través de la imaginación.

Debido a que la literatura es «encarnacional», lo primero que requiere de un lector es la disposición de revivir el texto tan vívida y concretamente como le sea posible—compartiendo escenas y eventos con el personaje de una historia, o las imágenes de la meditación de un poeta. Además, un fragmento de literatura no puede ser reducido a una idea o proposición. La historia completa o la poesía completa es el significado porque es una experiencia, no un concepto abstracto.

Debido a que la veracidad de la literatura es parcialmente la veracidad de la experiencia humana, la literatura es universal. Mientras que la historia nos dice lo que ha sucedido, la literatura nos dice lo que sucede—lo que es verdad para toda la gente en todo momento. Por supuesto que en la Biblia esos dos impulsos típicamente están combinados. Sin embargo, el grado hasta el que podemos ver la experiencia humana en un texto es un criterio de prueba útil para indicar si es de naturaleza literaria.

Géneros literarios

La manera más común por la cual la literatura ha sido definida a través de los siglos es por sus géneros (tipos literarios). Por lo general, la raza humana ha estado de acuerdo en que algunos estilos (tales como la historia, la poesía y el drama) son literarios por su naturaleza. Otros géneros, tales como las crónicas históricas, los tratados de teología y las genealogías, son escritos expositorios («proveen información»). Aun otros caen en una u otra categoría, dependiendo de la forma en que los maneja un escritor. Las cartas, los sermones y los discursos, por ejemplo, pueden moverse en la dirección de la literatura si despliegan los elementos comunes de la literatura.

Cada estilo literario tiene sus características y usos distintivos. Estos son una serie de expectativas que deberían gobernar nuestro encuentro con un texto, capacitándonos para formular las preguntas correctas sobre un pasaje. El estar conscientes del estilo puede programar nuestra lectura de un pasaje dándole una forma familiar y permitiendo que los detalles caigan dentro de un patrón identificable. El saber cómo opera un estilo específico también puede prevenir que se interprete mal un texto.

Aun si no tuviéramos otra evidencia, deberíamos saber que la Biblia es literaria simplemente por la abundancia de estilos literarios que contiene. La lista de estilos es lo que aproximadamente encontramos en una antología de literatura mundana: épica, historia de los orígenes, historia de un héroe, tragedia, drama, sátira, poesía lírica, epitalamio (poesía de boda), elegía (poesía funeral), encomio (un poema o ensayo en alabanza de una cualidad o tipo de carácter), proverbio, parábola, escrito visionario, epístola y oratoria.

Recursos especiales del idioma

Sin tener en cuenta el estilo específico en que se escribe un texto literario, la literatura usa una porción mayor de ciertos recursos del idioma de los que usa la conversación común. El más obvio de estos recursos es el lenguaje figurado, incluyendo la metáfora, el símil, el simbolismo, el lenguaje connotativo, la alusión, los juegos de palabras, la paradoja, la ironía y las palabras que tienen más de un significado. Tal lenguaje es, por supuesto, la misma esencia de la poesía, pero aparece a través de la Biblia, aun en partes que pueden ser consideradas predominantemente expositivas más que literarias, tales como las epístolas del Nuevo Testamento.

Además de poseer tales rasgos de vocabulario, un texto puede llegar a ser literario por su arreglo de frases o patrón retórico. Un ejemplo es el de las cláusulas paralelas que componen el verso de la poesía bíblica pero que también son evidentes en mucha prosa bíblica. Cualquier arreglo de frases que nos llame la atención como un patrón inusual puede calificar como ejemplo de literatura retórica—series de preguntas o declaraciones que siguen un patrón común, preguntas retóricas, construcciones de preguntas y respuestas, diálogos imaginarios, y (muy importante en la Biblia) la concisión de un proverbio.

Todo esto es una forma de decir que el estilo es una de las cosas que hacen que la Biblia sea literaria. Cada vez que los escritores hacen cosas con el idioma para llamar la atención a la expresión misma y para sacarle más provecho al idioma de lo que hace la conversación común, el estilo resultante le da una cualidad literaria a un pasaje. Los escritores bíblicos, en forma consistente, manipulaban los recursos del idioma, de la sintaxis y de la retórica.

Arte

La literatura es una forma de arte, caracterizada por la belleza, la destreza y la técnica. El «cómo» de la literatura es tan importante como el «qué».

Los elementos de la forma artística que comparten todos los tipos de literatura incluyen el patrón o diseño, el tema o foco central, la unidad orgánica (también llamada unidad en la variedad, o tema y variación), la coherencia, el equilibrio, el contraste, la simetría, la repetición, la variación y la progresión unificada. Estos elementos de arte toman una forma en la narrativa, otra en la poesía, otra en los proverbios y así sucesivamente. Pero cualquiera que sea el estilo, la abundancia de técnicas literarias y de arte que encontramos en muchas partes de la Biblia la hace una obra maestra de la literatura.

La forma artística sirve el propósito de intensificar lo que se dijo, pero también provee placer, deleite y gusto. Una de las cosas que ofrece un enfoque literario a la Biblia, comparado con enfoques convencionales, es que abre el camino para que los lectores disfruten la belleza estética de la Biblia. El análisis literario demuestra que la Biblia es un libro interesante y no un libro aburrido. La excelencia artística de la Biblia no es de carácter extraño a su efecto total; es una de las glorias de la Biblia.

El significado a través de la forma

Un enfoque literario se preocupa por la forma literaria. En cualquier discurso, el significado se comunica a través de la forma. El concepto de forma debería ser analizado ampliamente en este contexto. Incluye todo lo que se refiere a sobre cómo un artista expresa el contenido de una declaración.

Mientras que el principio del significado a través de la forma se aplica a todas las formas de escritura, es especialmente cierto para la literatura. La literatura tiene sus propias formas y técnicas, y estas tienden a ser más complejas, sutiles e indirectas que las de una declaración o conversación común. Por ejemplo, las historias comunican su significado por medio de los personajes, el escenario y la acción. Para entender una historia, primero debemos tener interacción con la forma, es decir, los personajes, el lugar y los eventos. La poesía comunica sus significados a través del lenguaje figurado y de imágenes concretas. Por lo tanto, es imposible determinar lo que dice una poesía sin primero considerar la forma, es decir, el lenguaje poético.

La preocupación de los críticos literarios por el cómo de los escritos bíblicos no es frívola. Es evidencia de un deleite artístico con la belleza verbal y el arte, pero también es parte de un intento para entender qué dice la Biblia. En un texto literario es imposible separar lo que se dice (el contenido) de la manera en que se dice (el formato).

Resumen

Un enfoque literario de la Biblia comienza con un conocimiento de las cosas que componen un texto literario. Los rasgos que definen la literatura incluyen la presentación completa de la experiencia humana, la presencia de estilos literarios como la forma que contiene el significado, el uso de recursos del lenguaje y el predominio de lo artístico.

De lo que he dicho, es obvio que un enfoque literario desafía muchas de las tendencias de la erudición bíblica tradicional. El énfasis en la unidad de un texto resiste el análisis atomístico que se encuentra en los comentarios bíblicos y que resulta cuando los eruditos hacen indagaciones sobre los estados de la composición que yace detrás de un texto terminado. La premisa de la crítica literaria de que la literatura es una incorporación concreta de la experiencia humana discrepa con reducir la Biblia a un bosquejo teológico con textos de prueba adjuntos.

El foco de la técnica literaria presupone una composición consciente de parte de los escritores humanos, en contraste con las teorías de dictado divino o de la evolución impersonal de textos a través de varios estados de transmisión. Y el énfasis en la variedad de estilos literarios en la Biblia desafía una premisa operante común que dice que la Biblia consiste toda de un solo tipo de material.

Basándonos en el criterio que he bosquejado, ¿cuánto de la Biblia es literario? Ochenta por ciento no es una exageración, y aun en las partes de la Biblia que son predominantemente expositivas la técnica literaria aparece casi en cada página.

La narrativa bíblica

La narrativa es una forma dominante de la Biblia. Por sobre todas las cosas, la Biblia es una serie de eventos, con muchos pasajes intercalados que interpretan el significado de los eventos. Además, el personaje central de la historia de la Biblia es Dios, y la historia misma es lo que los eruditos bíblicos llaman «la historia de la salvación»—la historia de los hechos de la creación, la providencia, el juicio y la redención de Dios.

La forma en que operan las historias

Las historias constan de tres elementos básicos: el escenario, los personajes y la trama. Estos elementos juntos conducen a temas—percepciones de la vida que pueden ser descritas como proposiciones.

Los escenarios son físicos, temporales y culturales, y tienen dos funciones principales en las historias. Siempre son parte de la acción, proveyendo un sitio apropiado para las acciones de los personajes y permitiendo que la historia cobre vida en la imaginación del lector. A menudo un escenario también tiene importancia simbólica, llegando a ser parte del significado de una historia. Por ejemplo, en la historia de Lot, Sodoma es una monstruosidad moral al mismo tiempo que un lugar, y que Dios haya convertido a la ciudad en un páramo es en sí mismo el significado de la historia (el juicio de Dios contra el pecado).

Los personajes de las historias se nos presentan de maneras variadas: por lo que el narrador nos dice acerca de ellos, por las respuestas de otros personajes a ellos, por sus palabras y pensamientos, por lo que ellos dicen sobre sí mismos y sobre todo por sus acciones. Cualquiera que sea la forma en que se presentan, la meta del lector debería ser conocer a los personajes de una historia bíblica tan profundamente como le sea posible.

Es una premisa entendida de las narraciones que los personajes de una historia, en cierto sentido, son universales. Son representantes de la humanidad en general, y portan una carga de significado más grande que ellos mismos. Sobre las bases de lo que les ocurre a ellos, los lectores de la Biblia pueden sacar conclusiones acerca de la gente en general.

La trama, o acción, es la columna vertebral de la historia. Las historias se forman alrededor de una o más tramas de conflictos que pueden ser conflictos físicos, conflictos entre personas o conflictos de carácter moral/espiritual. La trama de un conflicto tiene un comienzo, un desarrollo discernible y una resolución final. Esta es la forma esencial e inevitable en la cual se estructuran las historias y de acuerdo a la cual deben ser analizadas.

En la progresión continua del conflicto o conflictos de la trama, el lector participa a través de la acción con un personaje central que se conoce con el nombre de protagonista. Colocados contra él o ella están los antagonistas. Las estrategias comunes de la narrativa son mostrar al protagonista en situaciones de prueba y situaciones que requieren una elección. Se conoce como ironía a la discrepancia entre lo que los lectores saben que es verdad y la ignorancia de parte de los personajes de una historia.

A medida que nos movemos de la historia al significado, la regla más simple de interpretación es que cada historia es, en algún sentido, una historia-ejemplo. Por lo tanto, necesitamos determinar qué es un ejemplo. También es una regla convencional de la literatura narrativa, que se da por sentada, que el mundo que crea un narrador al seleccionar detalles es un cuadro del mundo según lo entiende el escritor, y de lo que es bueno o malo en ese mundo. A la vez es importante estar conscientes de que la narración es efectivamente un arte: comunica mucho de su significado al lograr que un lector se sienta en forma positiva o negativa en cuanto a los personajes y los eventos.

Los rasgos generales de las historias que he destacado son los términos mínimos para analizar las historias de la Biblia. Pero la Biblia también contiene una gran cantidad de subtipos específicos de narrativa, cada uno con su propio juego de reglas convencionales.

La historia de los orígenes

La primera historia de la Biblia, Génesis 1–3, pertenece a un importante estilo de literatura antigua conocido como la historia de los orígenes. Es una historia en tres partes.

Génesis 1 es la historia de la creación bíblica. Tiene un solo personaje principal, Dios. La historia en sí misma es un catálogo de los hechos poderosos de Dios en la creación, y está repleta de elementos de repetición, equilibrio y progresión.

Génesis 2 estrecha el foco del universo a la vida humana en el huerto del Edén. El motivo que da unión es la provisión de Dios para la vida humana. Es una imagen de la intención de Dios de cómo se debería vivir la vida humana, en todos los tiempos y en todo lugar.

Génesis 3 relata el origen del mal en la experiencia humana y en el mundo. La historia combina varios tipos de narración comunes: la tentación, la caída de la inocencia, el crimen y su castigo y la iniciación (al mal y a sus consecuencias). También es prominente la psicología de la culpa.

Historias de héroes

La narrativa bíblica es casi sinónima con el género de «historias de héroes». Estas historias se construyen alrededor de la vida y las hazañas de un protagonista, o un héroe. Surgen de uno de los impulsos literarios más básicos—el deseo de personificar los valores y las luchas típicas de una sociedad en la vida de una figura ejemplar representativa. Los intereses principales en las historias de héroes son las cualidades del héroe y su destino.

Las historias de los héroes de la Biblia comienzan en el Génesis («el libro de los comienzos»). Noé es un héroe de justicia en una época de maldad. Es el agente de Dios para el rescate y el padre de un mundo nuevo (Génesis 6–9). Una de las historias más largas de héroes en la Biblia es la historia del patriarca Abraham (Génesis 12–25). Abraham es ambos, un héroe nacional y un héroe espiritual de fe en Dios. Su heroísmo nacional se ve en su búsqueda de un hijo y en sus papeles típicos (esposo, tío, padre, jefe de hogar y dueño de posesiones). Su heroísmo espiritual es evidente en su obediencia al llamado de Dios de dejar su tierra para convertirse en un peregrino, en su fe en la promesa de Dios de que le daría un hijo y en su disposición para sacrificar a su hijo Isaac.

Los otros héroes completan las imágenes de heroísmo en el libro del Génesis. Jacob no está muy idealizado en la historia dedicada a él (Génesis 25–35), pero su vida es heroica porque muestra cómo Dios puede trabajar con material que no promete mucho, transformando finalmente a una personalidad muy imperfecta. La historia de José (Génesis 37–50) es el primer ejemplo de un arquetipo bíblico significante conocido como el siervo sufriente. Los héroes que pertenecen a esta categoría experimentan sufrimientos inmerecidos, cuyo resultado obra para el bien de otras personas.

Historias posteriores del Antiguo Testamento continúan el patrón de vida o los hechos de un héroe. La historia de David es una de las más complejas de toda la literatura, tanto en sus papeles como en sus cualidades personales. Su historia como guerrero exitoso y rey es el paralelo más cercano de la Biblia a las historias antiguas de héroes fuera de la Biblia. Otra historia de heroísmo militar es la historia de Gedeón (Jueces 6–8). La historia de Daniel presenta a un héroe nacionalista, un héroe de integridad y habilidad política y un héroe religioso de fe inflexible en Dios. Las historias de Elías (1 Reyes 16–21; 2 Reyes 1–2) y Eliseo (2 Reyes 2–9) capturan otro tipo de personaje prominente en el Antiguo Testamento, el profeta de Dios.

Las historias que se desarrollan alrededor de las heroínas son pocas pero notables. El libro de Rut es una historia de amor que celebra el heroísmo doméstico y religioso de Rut. Otra obra maestra de la narrativa bíblica es la historia de Ester, que representa el valor de una heroína nacional y religiosa. La historia cuando los israelitas conquistaron el ejército de Sísara (Jueces 4–5) cuenta las hazañas heroicas de dos mujeres, Débora y Jael.

La incidencia de las historias de héroes continúa sin disminución en el Nuevo Testamento. Los Evangelios son historias, en gran escala, de héroes. Son un ejemplo claro de narrativa que se construye alrededor de la vida de un protagonista ejemplar cuyos hechos y palabras son atesorados y celebrados. Lo mismo puede decirse del libro del Apocalipsis, el que manifiesta desde el principio que será una revelación de Jesucristo en su conquista. Y el libro de Hechos es una pequeña antología de historias de héroes, principalmente acerca de Pedro y Pablo.

Este breve estudio de las historias de los héroes en la Biblia muestra cuán amplio es el alcance del impulso heroico en la Biblia y lo variado que es su ideal heroico.

La épica

La épica es una clasificación dentro de la clase de la narrativa heroica. Es una larga narrativa de destino nacional. La épica común incluye la lucha, la conquista, el dominio y el reino. Los escenarios sobrenaturales, los personajes y los eventos siempre han sido un distintivo de la épica. Los escritos épicos siempre se desarrollan alrededor de una proeza que lleva a cabo un héroe épico, la cual, por lo general, involucra una conquista militar.

La obra épica más obvia en la Biblia es la épica del Éxodo, que abarca las porciones narrativas de Éxodo, Números y Deuteronomio. Se construye alrededor de la proeza del Éxodo que va desde la esclavitud hasta la Tierra Prometida. Al igual que otras épicas, narra un momento decisivo en la historia nacional y es depósito claro de los ideales religiosos, morales y políticos de la sociedad que la produjo.

Las crónicas históricas del Antiguo Testamento son de estilo épico. Tienen una esfera de acción nacional y siguen los motivos épicos ya conocidos de la batalla, la conquista y el dominio. Sus héroes son figuras públicas, y la continua presencia de la idea del pacto les presta a estas historias la cualidad épica de destino nacional y racial que hace que sean más que simples historias de héroes.

El impulso épico también está presente en el Nuevo Testamento. Los Evangelios son tan amplios y trascendentales que tienen la atmósfera épica que cambia al mundo. El libro de Hechos, con su enfoque en los viajes y aventuras de Pablo, relata eventos notables e históricos de la expansión, sobre territorios geográficos amplios, de la iglesia primitiva. Y el libro del Apocalipsis es una versión espiritualizada de prácticamente cada tema épico y rasgo estilístico que pudiéramos nombrar.

La tragedia

La tragedia literaria es la exposición de calamidades excepcionales. Pinta un movimiento desde la prosperidad hacia la catástrofe. El foco de la tragedia se encuentra en un héroe trágico—una persona excelente de una posición alta en la sociedad, quien en un momento trágico en que debe hacer una elección despliega un defecto grande de carácter. (Aristóteles lo llama hamartia, la palabra que en el Nuevo Testamento se traduce «pecado».) La trama de la tragedia destaca el elemento de la elección humana. Esto significa que el héroe siempre es responsable de la caída, y en la tragedia bíblica, el héroe trágico también merece la catástrofe. El patrón trágico consiste de seis elementos que son notablemente constantes: el dilema, la elección, la catástrofe, el sufrimiento, la comprensión y la muerte.

La tragedia bíblica prototipo es la historia de la caída en Génesis 3. Adán y Eva enfrentan el dilema de obedecer o desobedecer lo que Dios les había prohibido. Cometen un error trágico, que lleva a las escenas de sufrimiento y comprensión.

La obra maestra de tragedia bíblica es la historia del rey Saúl (1 Samuel 8–31). La tragedia de Saúl es una tragedia de liderazgo débil. Su dilema consistía en su lealtad doble—obedecer a Dios o tomar el camino de la conveniencia momentánea para agradar al pueblo. La narrativa y el centro psicológico de la tragedia es la desobediencia de Saúl al mandamiento de Dios de destruir a los amalecitas (1 Samuel 15). A esto sigue la catástrofe, el sufrimiento, la comprensión y la muerte.

También hay otras tragedias bíblicas. La historia de Sansón (Jueces 13–16) encaja exactamente en el patrón trágico. La historia de David según se relata en 1 y 2 Samuel sigue el patrón trágico de prosperidad inicial seguida de catástrofe y sufrimiento. Además, siguiendo el modelo típico de la tragedia, la caída del héroe se localiza en un evento específico (el desastre de Betsabé-Urías). Otras narrativas breves en los libros históricos de la Biblia tienen un bosquejo trágico, y en algunas de las parábolas de Jesús también se describen elecciones incorrectas.

Aunque el espíritu de la tragedia satura la Biblia (no debe sorprender en un libro dedicado a pintar el mal y sus consecuencias), hay menos tragedias, que se puedan clasificar como tales, en la Biblia de lo que podríamos esperar. La Biblia es una antología de tragedias evitadas que se evitaron a través de la intervención del arrepentimiento humano y el perdón divino.

Los Evangelios

Los Evangelios del Nuevo Testamento son singulares, pero esta singularidad tiene más que ver con su contenido y la naturaleza de su protagonista que con sus formas literarias. En el nivel de forma narrativa, los Evangelios son una historia de héroe ampliada. En forma constante mantienen el enfoque en Jesús, y el propósito narrativo obvio es contar la historia de las enseñanzas y hechos de Jesús. El principio organizacional es vagamente (pero no estrictamente) cronológico, con prácticamente todo el espacio dedicado a los tres años del ministerio público de Jesús. Más de un cuarto de su contenido está dedicado al juicio, crucifixión y resurrección de Jesús. La trama de la historia no es de una sola acción, sino episódica.

El héroe mismo es responsable de parte de la singularidad de estas historias. Él hace afirmaciones acerca de sí mismo que no hacen los héroes convencionales—que tiene poder para perdonar pecados, que va a dar su vida para la salvación de sus seguidores, que resucitará de entre los muertos, que es la luz del mundo. De igual manera, sus poderosos hechos trascienden cualquier cosa que encontramos en otros lugares de la literatura.

Mientras que las formas literarias en los Evangelios no son únicas, la combinación de formas que concurren allí no tiene paralelo. Se le da igual espacio a lo que dijo el héroe que a lo que hizo. Dentro del marco general de la narrativa, encontramos ejemplos continuos de estilos tan comunes como la parábola, el drama o el diálogo, los sermones o los discursos, y los dichos o los proverbios. También abundan subtipos de narrativa: las historias de anunciación y nacimiento, historias de llamamientos o vocaciones, historias de reconocimiento, historias de testigos, historias de encuentros, historias de conflictos o controversias, historias de pronunciamiento (en las cuales un dicho de Jesús está ligado a un evento que concuerda con él), historias de milagros e historias de la pasión.

Las parábolas

Cuando la gente piensa en las narrativas bíblicas, las parábolas ocupan un lugar muy importante en sus mentes. Esas parábolas son breves historias imaginarias que presentan ideas fáciles de captar y, por lo general, tratan de algún aspecto del reino de Dios. Aunque a menudo una parábola presenta un solo tema principal, no es inusual que ideas adicionales sean parte del significado total.

Las parábolas son historias tradicionales que obedecen las antiguas reglas de contar historias populares. Los ingredientes de la narrativa incluyen el realismo sencillo, la simplicidad de la acción, el suspenso, los contrapuntos (destacados contrastes), la repetición (incluyendo la repetición triple), el estrés al final, los personajes universales y arquetipos. Muchas de las parábolas incluyen un elemento de irrealidad o exageración—una «grieta» en el realismo dominante que nos incita a explorar más allá de la simple superficie lo que comunican las historias.

Las parábolas son demasiado simples para tener significado sólo a nivel superficial. Su verdadero significado surge cuando las consideramos como alegorías—historias con un significado doble. Contrario a la enseñanza común de los eruditos, hay seis razones impecables para creer que las parábolas tenían la intención de ser alegorías o historias simbólicas. Una es la etimología de la palabra «parábola», que significa «arrojar al lado», con la inferencia de un significado doble. La misma simplicidad de la historia nos impulsa a ver un nivel de significado espiritual además de la superficie real. Muchos de los detalles en las parábolas tenían significados simbólicos tradicionales (Dios como el padre o el dueño de la viña, la semilla como la palabra de Dios, etcétera). Los elementos irreales en la parábola también señalan un significado más profundo. Además, el propósito religioso de las parábolas surge sólo cuando comenzamos a adjudicarle el segundo significado a los detalles—por ejemplo, cuando entendemos que la semilla que se siembra es el evangelio, y todos los tipos de suelo son las varias respuestas humanas. Finalmente, cuando Jesús interpretó dos de sus parábolas (Mateo 13:18–23, 36–43), le adjudicó un significado alegórico correspondiente a prácticamente cada detalle de las historias.

Un tratamiento completo de una parábola incluye, naturalmente, cuatro etapas de análisis. El proceso comienza al interactuar con las historias como historias literales, explorando los ingredientes de la narrativa, a saber, el escenario, el personaje y la trama. El segundo paso es identificar los significados alegóricos o simbólicos de los detalles que representan otra cosa. Basado en este análisis, es posible plantear los temas o las ideas implícitas en la parábola. El paso final es la aplicación—a la audiencia original y al lector moderno.

Poesía bíblica

El segundo género literario más prominente en la Biblia es la poesía. Se identifica a la poesía por medio de dos rasgos principales: se escribe en forma de verso y tiene un idioma o estilo poético.

El paralelismo

La forma en verso de la poesía bíblica se conoce con el nombre de paralelismo. Evita la rima y, en cambio, consiste de pensamientos dobles o triples. El paralelismo se puede definir como dos o más líneas que expresan algo con palabras diferentes pero en forma gramaticalmente similar.

La poesía bíblica consta de cuatro tipos principales de paralelismo. El paralelismo sinónimo expresa un pensamiento, más de una vez, con una estructura de la frase o forma gramatical similares:

Los cielos cuentan la gloria de Dios,

el firmamento proclama la obra de sus manos.1

En el paralelismo antitético, la segunda línea declara la veracidad de la primera en forma negativa o contrastante:

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

mas la senda de los malos lleva a la perdición.2

En el paralelismo culminante, la segunda línea completa a la primera al repetir parte de ella y luego agregándole algo:

Tributen al Señor, seres celestiales,

tributen al Señor la gloria y el poder.3

El paralelismo sintético («que crece») consiste de un par de líneas que juntas forman una unidad completa en la cual la segunda línea completa o expande el pensamiento de la primera (pero sin repetir nada de la primera línea):

Dispones ante mí un banquete

en presencia de mis enemigos.4

El paralelismo sirve varios propósitos. Es parte del arte de la poesía bíblica, comunicando la impresión de un lenguaje usado con maestría. También es una herramienta mnemónica que ayuda a aprender de memoria, recitar o aun a la improvisación oral de la composición. El paralelismo produce un efecto meditativo, porque posee un elemento dilatorio por medio del cual hacemos girar en la luz al prisma del pensamiento o del sentimiento.

El lenguaje peculiar de la poesía

Los poetas hablan un lenguaje propio. Este lenguaje peculiar poético es el corazón de la poesía; es mucho más importante que la forma de verso en la que está incluido.

Por sobre todo, los poetas piensan en imágenes—palabras que nombran algo relacionado con los sentidos o con una acción. La poesía evita la abstracción lo más posible, aunque en la poesía bíblica la forma en verso de paralelismo, a menudo, lleva a un poeta a combinar lo concreto con una declaración abstracta. La poesía requiere que el lector experimente una serie de experiencias de los sentidos. Cuando hemos experimentado la imagen, debemos interpretarla; es decir, interpretar sus connotaciones, su relevancia al tema del poema, sus significados emocionales y si es positiva o negativa en el contexto de un pasaje determinado.

El siguiente elemento importante de la poesía es la comparación. Por lo general toma la forma de metáfora (una comparación implícita) o símil (una comparación explícita que usa la fórmula «como» o «al igual que»). Tanto la metáfora como el símil están basados en el principio de la correspondencia. La palabra «metáfora» implica eso, porque se basa en la palabra griega que quiere decir «transportar».

La metáfora y el símil colocan una obligación doble al lector. Una es experimentar el nivel literal de la imagen. Si el poeta nos dice que «el Señor es sol y escudo» (Salmo 84:11, NVI), primero debemos experimentar el fenómeno físico del sol y del escudo. Luego debemos proceder a la tarea interpretativa de determinar cómo Dios es como el sol y el escudo. La metáfora y el símil se basan en el principio de transferir el significado. Aseguran un efecto en un nivel, y luego se nos pide que transfiramos esos significados (que generalmente son múltiples) a otro nivel—el nivel del tema real del poema.

Otras varias figuras del lenguaje componen el repertorio del poeta. La prosopopeya consiste en tratar algo que no es humano (y frecuentemente inanimado) como si fuera un ser humano capaz de responder. La hipérbole (exageración consciente para lograr un efecto) no expresa una verdad literal sino una verdad emocional. Otra forma normal de expresar un sentimiento fuerte es con el apóstrofe—dirigirse a alguien ausente como si estuviera presente y pudiera escuchar. Una alusión es una referencia a literatura o historia pasadas.

La lírica como forma poética básica

Debido a que la Biblia está llena de tipos específicos de poesías, es importante notar que el concepto de «poesía» es virtualmente sinónimo de «lírica». Prácticamente todas las poesías de la Biblia deberían ser vistas como ejemplo del género «lírico» antes de ser consideradas como ejemplos de una clase particular.

Una poesía lírica es una poesía breve (a menudo fue diseñada para ser cantada), que expresa los pensamientos y, especialmente, los sentimientos de un orador. En otras palabras, las características que identifican la lírica son tres: es breve, personal o subjetiva (el orador habla con su propia voz), y reflexiva o emocional.

El impacto unificado es importante en la lírica, y la mejor manera de observar su presencia es emplear el sistema de tema y variación, analizando la forma en que una unidad específica contribuye al tema que controla dicha lírica. La gran mayoría de las líricas está construida basándose en el principio de la estructura tripartita: una declaración de apertura que enuncia el tema (el estímulo que mueve a cantar al poeta), el desarrollo del tema y la resolución que concluye. Los poetas líricos han desarrollado sus temas eligiendo entre cuatro posibilidades: la repetición, el catálogo o lista, la asociación (partiendo de una idea inicial a una relacionada) y el contraste.

El libro de Salmos

El libro de poesía más conocido de la Biblia es el libro de Salmos. Es una antología de poemas compilados para usar en la adoración en el templo de Jerusalén. Todos los salmos son poemas líricos, pero una cantidad de subtipos hace que la consideración de género sea especialmente importante como factor en el enfoque literario del libro de Salmos.

La categoría más grande de salmos son los de lamento o queja. Es una forma fija que incluye cinco elementos que pueden aparecer en cualquier orden y que pueden ocurrir más de una vez en un salmo específico. Los ingredientes son una invocación o clamor a Dios, el lamento o queja (una definición de la crisis), la petición o súplica, una declaración de confianza en Dios y un voto de alabar a Dios.

La segunda categoría de acuerdo al tamaño son los salmos de alabanza, los cuales siguen un formato que consta de tres partes. Comienzan con un llamado a la adoración, que puede consistir de tres ingredientes: una exhortación a alabar a Dios, el nombramiento de la persona o el grupo al cual se dirige el mandamiento y la identificación del modo de alabanza (voz, arpa, etcétera). Por lo general, el desarrollo de la alabanza está construido sobre el principio de un catálogo de los hechos o atributos de Dios dignos de alabanza, aunque ocasionalmente aparecen técnicas de pintar retratos. Los salmos de alabanza concluyen con una nota de finalidad, que a menudo se presenta en la forma de una corta oración o deseo.

El contenido, más que el formato, debe ser la base para identificar subtipos adicionales dentro del libro de Salmos. Las categorías predominantes son los poemas sobre la naturaleza; los salmos de adoración (también llamados cánticos de Sión); los salmos penitenciales; los salmos históricos; los salmos reales; los salmos meditativos; los salmos que alaban un tipo de personalidad o una cualidad abstracta, que son conocidos con el nombre de «encomio»; los salmos imprecatorios; y aun un epitalamio (un poema de boda, el Salmo 45).

El Cantar de los Cantares de Salomón

El Cantar de los Cantares de Salomón es una colección de poemas de amor que juntos hacen un exaltado epitalamio (un poema de bodas) construido alrededor de un solo noviazgo y boda. Los poemas pastorales son poemas de amor en los cuales el escenario es rústico y los amantes se pintan (de manera por lo menos parcialmente ficticia) como un pastor y una pastora. Una colección de poemas líricos no es la forma en que se cuenta una historia. En cambio, el Cantar de los Cantares de Salomón pinta una serie de sentimientos y estados de ánimo bajo el principio de monólogo interior.

Ambos, el estilo y los géneros específicos del Cantar de los Cantares, les son familiares tanto a la poesía de amor antigua como a la moderna. El estilo es conscientemente artificial y altamente sensual («sensorial»), metafórico, hiperbólico y apasionado. Dentro del marco general pastoral, los géneros específicos incluyen la invitación a amar, la alabanza al amado, blasones emblemáticos (listas de rasgos del amado, con cada rasgo comparado a un objeto de la naturaleza), el cortejo y los poemas de boda y los cantos de separación, anhelo y reunión.

Los himnos del Nuevo Testamento

Los poemas líricos también son comunes en el Nuevo Testamento. La historia de la natividad (Lucas 1–2) está salpicada de himnos de natividad. También podemos encontrar fragmentos de himnos en las epístolas (por ejemplo, Efesios 5:14; 2 Timoteo 2:11–13; Hebreos 1:3). Los himnos de adoración recalcan las visiones del Apocalipsis (por ejemplo 4:8, 11; 5:9–10). Tres himnos famosos acerca de Cristo son especialmente dignos de notar: Juan 1:1–18; Filipenses 2:5–11 y Colosenses 1:15–20.

El encomio

El encomio se encuentra a través de ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Mientras que algunos encomios bíblicos están escritos en prosa más que en poesía, en efecto son líricos, y por lo general tienen un estilo tal que pueden ser impresos fácilmente en la forma de paralelismo hebreo.

El encomio es un poema o ensayo escrito para la alabanza de una cualidad abstracta o de un tipo de personaje generalizado. Los temas comunes son una introducción al sujeto de la alabanza, el distinguido abolengo de ese sujeto, una lista o descripción de hechos y cualidades encomiables, la naturaleza superior o indispensable del sujeto, las recompensas que acompañan a lo que se alaba y una conclusión instando al lector a que imite al sujeto del encomio.

Los encomios bíblicos que alaban una cualidad abstracta incluyen poemas de alabanza a la sabiduría en el libro de Proverbios (3:13–20; 8), a la ley de Dios (Salmo 119), al amor (1 Corintios 13) y la fe (Hebreos 11). Los encomios que alaban tipos de personaje incluyen los Salmos 1, 15, 112 y 128 (la persona piadosa) y Proverbios 31:10–31 (la esposa virtuosa). El canto del siervo sufriente en Isaías 53 es una parodia del estilo, alabando al siervo que sufre por razones poco convencionales.

Partes poéticas adicionales de la Biblia

Además de los lugares que he mencionado en los que hay poesía, es importante notar que la poesía también se encuentra en otros libros de la Biblia que, por lo general, asignamos a otro género como la forma primaria. El libro de Job, un drama, contiene poesía, excepto por su marco de prosa narrativa. La mayoría de los libros proféticos del Antiguo Testamento está escrita en una forma predominantemente poética. Lo mismo ocurre con la literatura de sabiduría del Antiguo Testamento—los libros de Proverbios y Eclesiastés (donde aun los pasajes de prosa son, en efecto, poéticos). Dentro de las historias del Antiguo Testamento encontramos dicha variedad de formas líricas como los cánticos de liberación (el cántico de Moisés en Éxodo 15 y el cántico de Débora en Jueces 5) y una elegía (la elegía de David por Jonatán en 2 Samuel 1).

Encontramos poesía a través de todo el Nuevo Testamento. Jesús es uno de los poetas más famosos del mundo. En sus discursos, que son apasionados y están llenos de paradojas, hace uso de la imaginación, las metáforas y la hipérbole. El movimiento de sus frases está lleno de paralelismo. Las epístolas del Nuevo Testamento son apenas un poco menos poéticas. Y el libro del Apocalipsis usa los recursos de la poesía—la imagen, el símbolo y la alusión.

Otras formas literarias en la Biblia

El drama bíblico

Aunque ningún libro de la Biblia fue escrito para el teatro, y aunque solamente uno es dramático en su formato, el impulso dramático se encuentra en toda la Biblia. La incidencia de discursos directamente citados en la Biblia no tiene paralelo en la literatura antigua, y no tiene precedente hasta que llegamos a la novela moderna. La forma más común de narrativa bíblica es, sin ninguna duda, la escena dramatizada que se construye del diálogo entre personajes en un escenario definido. De manera similar, los libros proféticos son dramas cósmicos que tienen lugar en un escenario mundial, y el libro del Apocalipsis está tan lleno de escenas y de diálogos descritos esmeradamente que es muy probable que haya sido influenciado por las costumbres del drama griego.

El libro de Job es el único libro de la Biblia que está estructurado como un drama. El libro presenta un problema—¿por qué sufren los justos?—y luego presenta los discursos de los personajes mientras debaten las posibles soluciones a dicho problema. Por supuesto que los discursos son más largos y oratorios de lo que esperaríamos en el drama moderno. Pero como en todos los dramas, el enfoque de nuestra atención está en las discordias entre los personajes, mientras Job argumenta con sus visitantes y con Dios. Si leemos el libro dramático de Job buscando principalmente acción, nos vamos a sentir frustrados. El ritmo es lento, mientras el orador repite unas pocas ideas comunes. El estilo poético nos invita a deleitarnos por la forma en que se expresa una idea, mientras escuchamos todo por lo menos dos veces.

La superestructura de este drama es por lo menos tripartita. Un principio de organización es la búsqueda del héroe del entendimiento y de la unión con Dios. Un segundo punto de unidad es la actitud obtusa de sus tercos amigos, cuyos discursos repetitivos sirven de trasfondo estático contra el que podemos medir el progreso intelectual y espiritual de Job. Un tercer elemento que unifica en el drama es la ironía. En el caso de los amigos, vemos la ironía de la ortodoxia—de creer en principios que generalmente son verdad, pero que no concuerdan con la situación de Job. Equilibrando esto se encuentra la ironía de la rebelión contra Dios, mientras observamos a Job haciendo acusaciones contra Dios que sabemos del prólogo que no son ciertas.

Proverbios bíblicos

La Biblia es uno de los libros más aforísticos, o proverbiales, del mundo. Está llena de dichos concisos y memorables desde el principio hasta el fin.

Los rasgos literarios de los proverbios explican su poder. Los proverbios son concisos y memorables. Su meta es hacer que un dicho de sabiduría sea permanente. Son a la vez simples (breves y de fácil comprensión) y profundos (tratan de los asuntos importantes de la vida y son inagotables en su aplicación). A menudo los proverbios son tanto específicos como universales: abarcan una gran cantidad de experiencias similares, y con frecuencia usan una situación particular para que represente un principio de la vida más amplio (la declaración de que «donde cae [el árbol] allí se queda» [Eclesiastés 11:3, NVI], en realidad está hablando del principio de la finalidad que caracteriza a muchos eventos en la vida).

Los proverbios también a menudo son poéticos en su forma, y usan los recursos de la imaginación, la metáfora y el símil. Algunos proverbios bíblicos son descriptivos de lo que es, mientras que otros son descriptivos de lo que debería ser. La veracidad de los proverbios es veracidad en cuanto a la experiencia humana. Los proverbios están siendo continuamente confirmados en nuestra experiencia y observaciones de la vida. Nunca pasan de moda.

Como los hemos definido, los proverbios son una forma literaria que se encuentra en toda la Biblia. Los libros de Proverbios y Eclesiastés consisten completamente de una colección de proverbios, a veces arreglados en grupos de proverbios con un tema común. Pero el paralelismo de la poesía bíblica casi inevitablemente tiende hacia un efecto aforístico. Los discursos de Jesús se basan mucho en los proverbios o dichos como un elemento básico. Las epístolas del Nuevo Testamento contienen muchos aforismos, y a través de todo el libro de Santiago se emplean las técnicas de la literatura de sabiduría. Aun las historias de la Biblia han provisto sus propios dichos proverbiales al caudal común de proverbios.

La sátira

La sátira es la exposición, por medio del ridículo o la reprensión, del vicio o del desatino humano. Consiste de tres elementos esenciales: un objeto al que se ataca, un medio satírico, y un criterio normal satírico (el criterio declarado o insinuado por el cual se critica al objeto del ataque). El medio satírico es, a menudo, una historia, pero puede ser algo tan específico como una metáfora (como cuando Jesús llama a los fariseos sepulcros blanqueados). A menudo, pero no siempre, la sátira va acompañada de un tono cómico o sarcástico.

La Biblia es un libro mucho más satírico de lo que se reconoce por lo general. El impulso satírico no está reservado para los libros que son principalmente satíricos. Por ejemplo, está presente en la narrativa bíblica, donde los personajes que se idealizan completamente son casi desconocidos y donde las fallas de carácter de la mayoría de los personajes se exponen satíricamente. La sátira se presenta igualmente en la literatura de sabiduría, en la que muchos de los proverbios atacan los defectos humanos como la codicia, la pereza, el desenfreno y el desatino.

La mayor cantidad de sátira se encuentra en los escritos proféticos. Los dos tipos más importantes de oráculos son el oráculo de salvación y el de juicio. El mejor enfoque al oráculo de juicio es la sátira. Estos pasajes siempre tienen un objeto de ataque visible y un criterio por medio del cual se presenta el juicio. Además, el ataque se presenta en una amplia gama de formas literarias, desde la simple predicción de la calamidad a las amplias exposiciones del mal y del juicio. Un libro como Amós es una obra satírica desde el principio hasta el fin: ataca la maldad pública sobre las bases de normas espirituales y morales claramente expuestas usando una gran variedad de técnicas literarias.

La sátira también es frecuente en los Evangelios. En la historia misma, los opositores de Jesús, especialmente los fariseos, se presentan con desdén satírico. Los discursos de Jesús con frecuencia son satíricos (Mateo 23, por ejemplo, es un discurso satírico que ataca a los fariseos con un aluvión de recursos satíricos). Y muchas de las parábolas que dijo Jesús son típicamente satíricas porque usan la forma narrativa para incorporar un ataque a una actitud o a un comportamiento específico.

La gran obra maestra de sátira bíblica en el Antiguo Testamento es el libro de Jonás. El objeto del ataque es la clase de fervor nacionalista que hizo que Dios fuera la propiedad exclusiva de Israel y que rehusó aceptar la universalidad de la gracia de Dios. El protagonista de la historia personifica las actitudes que el escritor usa para el ataque satírico. El otro protagonista principal de la historia es Dios, cuyo amor universal y misericordia son la norma por la cual las actitudes de Jonás se exponen como malas. La ironía del ignominioso comportamiento del caprichoso profeta produce el humor latente en la historia.

La epístola

Las Epístolas del Nuevo Testamento son modificaciones de cartas convencionales del mundo clásico. Al igual que las cartas griegas y romanas, las Epístolas contienen una apertura (el que la envía, el que la recibe, un saludo), un cuerpo y un cierre (saludos y deseos finales). Pero dos agregados importantes aparecen en las Epístolas del Nuevo Testamento—el agradecimiento (una oración pidiendo el bien espiritual, y un recuerdo o elogio de las riquezas espirituales de la persona a quien se envía) y la paraenesis (una lista de exhortaciones, virtudes, vicios, mandamientos o proverbios). Mientras que el contenido de las cartas comunes en el mundo antiguo podía ser sobre cualquier tema, las Epístolas del Nuevo Testamento mantienen el foco en los asuntos teológicos y morales.

En cuanto al estilo, las Epístolas son totalmente literarias. Es común el uso del lenguaje figurado como las imágenes, las metáforas y la paradoja. A menudo, las frases y las cláusulas se arreglan artísticamente y la influencia del paralelismo es tan prominente que muchos pasajes se podrían arreglar como poemas. Los apóstrofes dramáticos, las preguntas retóricas, las prosopopeyas, las construcciones de preguntas y respuestas y la antítesis, aunque menos frecuente, no obstante son comunes. La pura exuberancia de estas cartas produce su propio notable estilo y, en efecto, a menudo es lírico. Y, por supuesto, hay una presencia continua de proverbios y aforismos—declaraciones notables que se quedan en la memoria.

Las Epístolas son escritos ocasionales, escritas en respuesta a ocasiones específicas en la vida de las iglesias primitivas. De una forma que nos recuerda a las historias, proveen una imagen de muchas facetas de la vida diaria. Debido a que los autores están respondiendo a situaciones y preguntas específicas que se han presentado, las Epístolas no son (excepto por los libros de Romanos, Efesios y Hebreos) tratados de teología sistemática. Los puntos que tratan no son necesariamente los más importantes; simplemente son los que se han presentado.

La oratoria

La oratoria bíblica consiste de discursos formales y estilizados dirigidos a una audiencia específica, normalmente por motivo de una ocasión importante. Por lo general, la dignidad de la ocasión produce un estilo elevado. Un libro completo—el libro de Deuteronomio—es una oratoria que contiene el discurso de despedida de Moisés dirigido a la nación de Israel.

El patrón acostumbrado es que la oratoria esté contenida dentro de otro material. Por ejemplo, las historias del Antiguo Testamento contienen oratorias dichas dentro de su contenido narrativo—pasajes como cuando Jacob bendice a sus hijos (Génesis 49), cuando Samuel instala a Saúl como rey (1 Samuel 12), el discurso de Salomón y la oración de dedicación del templo (1 Reyes 8), el discurso de Esdras cuando se reinstituyó la ley (Nehemías 9). El libro de Job es una pequeña colección de oratorias. Con frecuencia, los libros proféticos tienen protagonistas que usan la oratoria, ya sea que el que habla es un profeta o Dios. Y la parte en la cual Dios le da la ley a Moisés (Éxodo–Números) tiene naturaleza oratoria.

Un patrón similar aparece en el Nuevo Testamento. Los discursos de Jesús son un ejemplo principal, con el Sermón del monte (Mateo 5–7) siendo el ejemplo por excelencia. El libro de Hechos contiene varias oratorias de defensa (las cuales, de paso, siguen la forma de las oratorias forenses clásicas); sermones; y el famoso discurso de Pablo en el Areópago de Atenas (Hechos 17), el cual sigue todas las reglas retóricas de la oratoria clásica. Finalmente, la naturaleza oral de las Epístolas a menudo hace que produzcan un efecto oratorio.

Escritos visionarios

Los escritos visionarios forman una categoría grande en la Biblia. Tienen dos subcategorías: los escritos proféticos y los escritos apocalípticos (con el libro del Apocalipsis como su ejemplo principal). Los principios literarios fundamentales son los mismos en ambas categorías.

Los escritos visionarios presentan escenarios, personajes y eventos que difieren de la realidad corriente. Esto no quiere decir que los eventos de la literatura visionaria no ocurrieron en la historia pasada o no ocurrirán en la historia futura. Pero los eventos presentados por el autor todavía no habían sucedido o no existían en el mundo de esa época. Son imaginados.

El elemento de «ser algo distinto» llena los escritos visionarios. La literatura visionaria transforma el mundo conocido o el estado presente de las cosas en una situación que en el tiempo en que se escribió aún sólo era imaginada. La forma más simple de tal transformación es un cuadro futurista del cambio de la suerte de una persona o nación. De una forma más radical, la literatura visionaria nos lleva no sólo a un tiempo diferente, sino también a un modo de existencia diferente. Nos transporta a esferas que trascienden la realidad terrenal, por lo general a las esferas sobrenaturales del cielo o del infierno.

La peculiaridad de la literatura visionaria se extiende tanto a las escenas como a los actores. Típicamente, la escena es cósmica en lugar de ser localizada. En este escenario cósmico hay actores con los cuales no nos encontramos directamente en la vida diaria—Dios, los santos en el cielo, ángeles, dragones, monstruos, un guerrero montando en un caballo rojo (Apocalipsis 6:4, NVI), mujeres que vuelan y tienen alas como las de una cigüeña (Zacarías 5:9). La mezcla de lo familiar con lo que no es familiar, un sello de la literatura visionaria, toma una forma aún más extraña cuando objetos inanimados y fuerzas de la naturaleza de pronto se convierten en actores—como cuando las estrellas rehúsan mostrar su luz, o cuando cae en la tierra granizo mezclado con sangre.

Todo este espectáculo imaginario produce una estructura distintiva. La literatura visionaria está estructurada como un caleidoscopio de elementos que cambian—escenas visuales, discursos, diálogos, breves trozos de narrativa, oraciones, himnos y mucho más. El sueño, o la visión, provee la organización. Los sueños, después de todo, consisten de figuras momentáneas, impresiones fugaces, personajes y escenas que actúan su breve parte y luego se pierden de vista y saltos abruptos de una acción a otra.

Si la fantasía es un elemento de la escritura visionaria, también lo es el simbolismo. Los extraños acontecimientos que se ofrecen son imágenes de otra cosa. De acuerdo a esto, la pregunta correcta que debemos formularnos es la siguiente: Dado el contexto específico de un pasaje visionario, ¿a qué evento histórico o a qué hecho teológico representa esta imagen?

La mejor ayuda para la interpretación es un ojo agudo para lo obvio. Cuando Isaías vio un río que inundaría toda la tierra de Judá (8:5–8), el contexto a su alrededor deja claro que es una figura simbólica de la inminente invasión de los ejércitos de Asiria. Cuando el libro del Apocalipsis pinta los intentos infructuosos de un dragón de destruir a un niño que gobernará a todas las naciones y quien milagrosamente se escapa del dragón ascendiendo al cielo (12:1–5), lo reconocemos como un relato simbólico de la incapacidad de Satanás de frustrar la obra de Jesús durante su vida encarnada en la tierra.

La unidad literaria de la Biblia

La Biblia es una antología de tantos géneros y técnicas literarias que el efecto, al final, puede amenazar confundirnos. Pero la unidad literaria va a surgir si recordamos los principios fundamentales.

La estructura general de la Biblia es la estructura de una historia. Comienza con la creación del mundo, y termina con la consumación de la historia y la re-creación del mundo. El conflicto de la trama es una prolongada batalla espiritual entre el bien y el mal. El personaje central es Dios, y todas las criaturas y las naciones interactúan con ese poderoso protagonista. Toda historia, poesía o proverbio de la Biblia concuerda con esta historia que la envuelve por completo.

Aún más, todas las partes literarias de la Biblia comparten los rasgos que definen a la literatura misma. En concreto, esas historias presentan la experiencia humana para que nosotros podamos compartir una experiencia con el autor y con los personajes de una historia o poesía. Todas las partes literarias de la Biblia despliegan habilidad técnica y belleza. También emplean recursos especiales del lenguaje para que estemos conscientes de que los escritores están usando el lenguaje de una forma que va más allá del uso común.

Finalmente, a pesar de la diversidad de géneros literarios que encontramos en la Biblia, el principio del género en sí mismo ayuda a organizar el todo. Cualquiera que sea el pasaje al que vayamos en la Biblia, siempre nos damos cuenta de que dicho pasaje o libro pertenece a un género literario específico, un género que sigue sus propias reglas convencionales y que requiere un conjunto de expectativas definidas de parte del lector.

La Biblia es un libro para toda la gente y para todos los temperamentos, desde la persona prosaica y práctica hasta aquella a la que le gusta volar con la fantasía y las visiones. Uno de los personajes del novelista ruso Fyodor Dostoyevsky exclamó: «Vaya libro que es la Biblia, qué milagro, qué fortaleza se le da al hombre con ella. Es como un molde tomado del mundo y del hombre y de la naturaleza humana, todo está allí, y una ley para cada cosa para todas las edades. Y qué misterios se resuelven y son revelados» (Los hermanos Karamazov).

Bibliografía

Alter, Robert. The Art of Biblical Narrative [El arte de la narrativa bíblica], 1981.

Auerbach, Erich; traductor, Willard Trask. «Odysseus’ Scar [La cicatriz de Odiseo]», capítulo 1 de Mimesis: The Representation of Reality in Western Literature [Mimesis: La representación de la realidad en la literatura occidental], 1953.

Frye, Northrop. The Great Code: The Bible and Literature [El gran código: La Biblia y literatura], 1982.

Gros Louis, Kenneth, editor. Literary Interpretations of Biblical Narratives [Interpretaciones literarias de narrativas bíblicas], 1974.

Lewis, C. S. The Literary Impact of the Authorized Version [El impacto literario de la Versión Autorizada], 1963.

Longman III, Tremper. Literary Approaches to Biblical Interpretation [Enfoques literarios a la interpretación bíblica], 1987.

Ryken, Leland. How to Read the Bible as Literature [Cómo leer la Biblia como literatura], 1984.

———, The New Testament in Literary Criticism [El Nuevo Testamento en la crítica literaria], 1984.

———. Words of Delight: A Literary Introduction to the Bible [Palabras de deleite: Una introducción literaria a la Biblia], 1987.

———. Words of Life: A Literary Introduction to the New Testament [Palabras de vida: Una introducción literaria al Nuevo Testamento], 1987.

1 Salmo 19:1, NVI.

2 Salmo 1:6, NVI.

3 Salmo 29:1, NVI.

4 Salmo 23:5, NVI.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (pp. 113–156). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

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La maldad de los hombres

Génesis 6-9

La maldad de los hombres

6:1  Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,

que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.

Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.

Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antig:uedad fueron varones de renombre.

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.

Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.

Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.

Noé construye el arca

Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé.

10 Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet.

11 Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.

12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.

13 Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.

14 Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera.

15 Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura.

16 Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de elevación por la parte de arriba; y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero.

17 Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá.

18 Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo.

19 Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán.

20 De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida.

21 Y toma contigo de todo alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos.

22 Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó.

El diluvio

7:1  Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación.

De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra.

También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra.

Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice.

E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová.

Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra.

Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos.

De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que se arrastra sobre la tierra,

de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a Noé.

10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.

11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas,

12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.

13 En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca;

14 ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie.

15 Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida.

16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta.

17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.

18 Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas.

19 Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos.

20 Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes.

21 Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre.

22 Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió.

23 Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca.

24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días.

8:1  Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.

Y se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida.

Y las aguas decrecían gradualmente de sobre la tierra; y se retiraron las aguas al cabo de ciento cincuenta días.

Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre los montes de Ararat.

Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo; en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cimas de los montes.

Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho,

y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra.

Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra.

Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca.

10 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca.

11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra.

12 Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él.

13 Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero, el día primero del mes, las aguas se secaron sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba seca.

14 Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra.

15 Entonces habló Dios a Noé, diciendo:

16 Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo.

17 Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra.

18 Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él.

19 Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca.

20 Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar.

21 Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.

22 Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.

Pacto de Dios con Noé

9:1 Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra.

El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados.

Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.

Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.

Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre.

El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.

Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella.

Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo:

He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros;

10 y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra.

11 Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.

12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos:

13 Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra.

14 Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes.

15 Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne.

16 Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.

17 Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.

Embriaguez de Noé

18 Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es el padre de Canaán.

19 Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra.

20 Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña;

21 y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.

22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera.

23 Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.

24 Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven,

25 y dijo:
    Maldito sea Canaán;
    Siervo de siervos será a sus hermanos.

26 Dijo más:
    Bendito por Jehová mi Dios sea Sem,
    Y sea Canaán su siervo.

27 Engrandezca Dios a Jafet,
Y habite en las tiendas de Sem,
Y sea Canaán su siervo.

28 Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años.

29 Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Los dones extravagantes de Dios

Enero 3

Los dones extravagantes de Dios

Lectura bíblica: Juan 14:12–14

Y todo lo que pidáis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Juan 14:13

a1Miguel se impulsa sobre el borde de un cerro empinado. Querido Dios, ora mientras su patineta va tomando velocidad en la nieve, ayúdame a realizar este doble salto mortal, con un giro de 360 grados y con los ojos vendados, para que todos los que me observan piensen que soy estupendo.

Alicia coloca la mano sobre la hoja del examen de multiplicación que acaba de terminar y ora: Señor, no espero que mis respuestas sean perfectas. Pero por favor haz que tenga suficientes respuestas correctas para no tener que volver a tomar el examen.

¿Qué es lo más extravagante que jamás le hayas pedido a Dios? ¿Le has pedido que del cielo te caiga una bolsa de diez kilos de dinero? ¿Que aparezca un perrito debajo del árbol de Navidad? ¿Que ese corte terrible de cabello que te hicieron crezca milagrosamente antes de que alguien te vea?

Jesús dijo que podemos pedirle todo. Escucha bien: Dijo ¡todo!

¿Realmente quiso Jesús decir eso? ¿Qué te parece? Tómate un minuto o dos para explicar lo que tú piensas que quiso decir.
Juan 14:13 dice que Jesús quiere ayudarnos a dar a conocer la grandeza de Dios. Esta es la clave:

Tu oración por todo en el nombre de Jesús
+ la respuesta perfecta de Jesús a tu oración
= Gloria para el Padre

Fíjate lo que pasa cuando oramos: Cuando oramos en el nombre de Jesús, estamos diciendo que lo que pedimos sea contestado del modo que Jesús sabe es el mejor. Como Jesús siempre sabe qué es lo que muestra la “gloria” de Dios (lo que le dará honra por su gran sabiduría poder y amor), siempre recibimos la respuesta correcta. La respuesta correcta nos ayuda y genera la alabanza que Dios merece.

Piensa acerca de cómo funciona eso en la vida real. Podemos pedirle a Jesús que haga que todas las respuestas incorrectas del examen se transformen milagrosamente en las correctas. Pero él sabe que podemos desarrollarnos mejor y glorificar más a Dios si él nos ayuda a llegar a ser fuertes y listos por estudiar mucho. Así que a lo mejor no nos salva de una mala calificación, pero nuestra oración lo lleva a hacer lo que resulta ser lo mejor para nosotros.

Así que adelante, pídele a Dios todo. Pero pídeselo en el nombre de Jesús. Deja que Jesús decida la mejor manera de responder. Si no obtienes exactamente todo lo que pides en oración es porque Jesús conoce una manera mejor de dar la gloria a Dios por medio de ti.

PARA DIALOGAR
¿Qué te parece la idea de que Dios siempre quiere hacer lo mejor para ti? Su mejor respuesta a tus oraciones lo glorifica a él al demostrar su grandeza.

PARA ORAR
Señor, es un privilegio pedirte lo que queremos; también sé que contestarás nuestras oraciones en formas que nos ayuden a crecer y que te glorifiquen a ti.

PARA HACER
Confecciona un cartel para colocar en la puerta del refrigerador, que diga: “¡Quiero lo mejor que Dios me puede dar!”.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.