¿Por qué se quitaron algunos libros de la Biblia, alrededor del año 1500 DC?

Consultorio Bíblico 867

Programa No. 2016-01-08

PABLO LOGACHO
La siguiente consulta nos ha llegado por medio de Internet y dice así: ¿Por qué se quitaron algunos libros de la Biblia, alrededor del año 1500 DC?
DAVID LOGACHO
a1Bueno. Usted se está refiriendo a lo que se llama los libros apócrifos. La palabra “apócrifo” describe a unos catorce o quince libros de dudosa autenticidad y autoridad. Estos libros no se encuentran en el Antiguo Testamento hebreo, pero se encuentran en algunos manuscritos de la Septuaginta o versión de los setenta, la traducción griega del Antiguo Testamento hebreo que fue terminada cerca del año 250 AC, en Alejandría, Egipto. La mayoría de estos libros fueron declarados como inspirados por la iglesia católica romana en el concilio de Trento entre los años 1545 a 1563. Los que atribuyen autoridad divina a estos libros y abogan por considerarlos como bíblicos, sostienen que los escritores el Nuevo Testamento toman citas principalmente de la Septuaginta, la cual contiene los apócrifos. También citan el hecho de que los padres de la iglesia, principalmente Ireneo, Tertuliano y Clemente de Alejandría, usaron los apócrifos en la adoración pública y los aceptaron como inspirados, como lo hacía la iglesia siria en el siglo cuarto. Dicen también que San Agustín, quien presidió los concilios de Hipona y Cartago, estuvo de acuerdo con la decisión de que los libros apócrifos eran inspirados. La iglesia griega añade su peso a la lista de los que creen en la inspiración de los apócrifos. Los defensores de la inspiración de los libros apócrifos también se refieren a los rollos del Mar Muerto para dar más peso a su creencia en los apócrifos. Entre los fragmentos hallados en las cuevas de Qumram hay copias de algunos de los libros apócrifos en hebreo. Estos han sido descubiertos junto a otros libros del Antiguo Testamento. Pero el razonamiento a favor de la inclusión de los apócrifos en las Sagradas Escrituras no resiste un análisis más riguroso. Los escritores del Nuevo Testamento pueden aludir a los apócrifos, pero nunca los citan como inspirados ni dan el menor indicio de que alguno de esos libros lo sea. Si la Septuaginta del siglo primero contenía estos libros apócrifos, lo cual no es un hecho plenamente comprobado, Jesús y sus discípulos lo ignoraron por completo. La apelación a ciertos padres de la iglesia como prueba de la inspiración de los libros apócrifos es un argumento muy débil, pues otro padres de la iglesia primitiva, especialmente Orígenes, Jerónimo y otros negaron tal inspiración. La iglesia siria esperó hasta el siglo cuarto DC para aceptar estos libros apócrifos en el canon. Es notable que la Peshita, la Biblia siria del segundo siglo DC no contenía los libros apócrifos. Al principio, San Agustín reconocía los apócrifos, por lo menos en parte, pero después sus escritos reflejan con claridad un rechazo de estos libros como ajenos al canon e inferiores a las Escrituras hebreas. La comunidad judía también rechazó estos escritos apócrifos. En el concilio judío de Jamnia, alrededor del año 90 DC se debatieron nueve de los libros del canon de nuestro Antiguo Testamento por diferentes razones para ver si habían de incluirse. Al fin se decidió que solamente eran canónicos los libros de nuestro Antiguo Testamento actual. La presencia de los apócrifos entre los fragmentos del Antiguo Testamento en las cuevas de Qumran prueba poco con respecto a la inspiración de los mismos, pues también se encontraron numerosos fragmentos de otros documentos extra bíblicos. Es muy importante señalar que la iglesia católica romana no declaró oficialmente estos libros apócrifos como Sagradas Escrituras hasta el concilio de Trento, de 1545 a 1563 DC. La aceptación de los libros apócrifos como canónicos por la iglesia católica romana fue hasta cierto punto una reacción a la reforma protestante de Lutero. Al canonizar estos libros apócrifos, hacían legítima su autoridad en asuntos doctrinales. Los libros apócrifos contienen algunas enseñanzas que son contrarias a las enseñanzas de los libros canónicos. Por ejemplo, la oración por los muertos para que sean perdonados sus pecados, que se halla en 2 Macabeos 12:45-46 está en oposición directa a Lucas 16:25-26. Así que, en resumen, los libros apócrifos no se quitaron de la Biblia en el concilio de Trento entre los años 1545 a 1563 DC sino que fueron incluidos en la Biblia por la iglesia cotólica romana en ese concilio.
CORTINA
PABLO LOGACHO
Antes de dar término a nuestra edición de hoy, quiero invitarle a visitar nuestro sitio en Internet y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA. Dice en el libro de Esdras, que los judíos que se habían casado con mujeres no judías, fueron ordenados a separarse. ¿Significa esto que si un creyente hoy en día está casado con un incrédulo deberían también separarse? Nuestra dirección es: triple w.labibliadice.org en donde además puede conocer toda la literatura que tenemos a su libre disposición. Todos los que hacemos LA BIBLIA DICE… deseamos Que Dios le bendiga ricamente y será hasta nuestro próximo programa.

http://labibliadice.org/consultorio-biblico/serie/programa-no-2016-01-08/?source=mas

“¿Alguien ha visto a Dios?”

“¿Alguien ha visto a Dios?”

Autor: Gotquestion

a1La Biblia nos dice que nadie ha visto a Dios (Juan 1:18) excepto el Señor Jesucristo. En Éxodo 33:20 Dios declara, “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.” Estos textos parecen contradecir otras Escrituras que describen a varias personas “viendo” a Dios. Por ejemplo, Éxodo 33:19-23 describe a Moisés hablando con Dios, “cara a cara”. ¿Cómo es que Moisés pudo hablar con Dios “cara a cara” si nadie puede ver el rostro de Dios y vivir? En este caso, la frase “cara a cara” es una figura del lenguaje, indicando que ellos tenían una estrecha comunión. Dios y Moisés hablaban entre ellos “como si” fueran dos seres humanos teniendo una conversación privada.

En Génesis 32:30, Jacob vio a Dios aparecer como un ángel. Él realmente no vio a Dios. Los padres de Sansón estaban aterrorizados cuando se dieron cuenta de que habían visto a Dios (Jueces 13:22), pero ellos sólo lo vieron aparecer como un ángel. Jesús era Dios encarnado (Juan 1:1,14) así que cuando la gente lo veía, ellos veían a Dios. Por lo que, sí, Dios puede ser “visto” y mucha gente ha “visto” a Dios. Al mismo tiempo, nadie jamás ha visto a Dios revelado en toda Su gloria. En nuestra caída condición humana, si Dios se revelara totalmente a nosotros, seríamos consumidos.

Por esta razón, Dios mismo se oculta y aparece en formas en las cuales podemos “verlo”. Sin embargo, esto es diferente a ver a Dios en todo el despliegue de Su gloria y santidad. La gente ha visto visiones de Dios, imágenes de Dios y apariencias de Dios – pero nadie ha visto a Dios en toda Su plenitud (Éxodo 33:20).

 

http://www.gotquestions.org/Espanol/visto-Dios.html

 

 

Versiones de la Biblia

Versiones de la Biblia

Autor: Victor Walter

a1Para obtener una imagen de cómo la Biblia ha llegado a los diferentes grupos de gente en el mundo, tome un mapa del hemisferio oriental e imagínese a Palestina como el centro de un pozo de agua. Piense en la revelación que Dios hizo de sí mismo a través de los profetas, Cristo y los apóstoles como una piedra que se arroja en medio de esa extensión de agua. En su mente, observe el avance de los círculos concéntricos que salen hacia todo el mundo, comenzando en Palestina, y diga los idiomas que abarca la onda que se forma en el agua: hacia el sur, cóptico, árabe, etíope; hacia el oeste, griego, latín, gótico, inglés; hacia el norte, armenio, georgiano, eslavo; y hacia el este, donde sale el sol, siríaco. Cuanto más lejos avanzó la Biblia de su centro hebreo/arameo/griego en Palestina, tanto más tarde fue la fecha de su traducción a otro idioma.

Esa revelación única de Dios, la Biblia, se produjo en el Cercano Oriente, principalmente en dos idiomas que se hablaban en Palestina. El Antiguo Testamento fue escrito en hebreo, con la excepción de partes de los libros de Daniel y Esdras, las cuales pueden haber sido escritas en arameo, el idioma de la cautividad. Es muy probable que todo el Nuevo Testamento haya sido escrito en griego (koiné), que era la lengua principal de la mitad oriental de los territorios bajo el dominio de César, y se entendía en casi todos los otros lugares del Impero Romano. Por lo tanto, todas las personas que no hablaban hebreo o griego estaban expuestas a no ser tocadas por la revelación escrita de Dios hasta que alguien tradujera la Biblia a su idioma.

El proceso de traducir la Biblia comenzó aún antes del nacimiento de Cristo, con las traducciones del Antiguo Testamento que se hicieron al griego y al arameo. Muchos de los judíos dispersos que vivieron antes del nacimiento de Cristo no hablaban hebreo y, por lo tanto, necesitaban una traducción en griego o arameo. La traducción más popular del Antiguo Testamento era la Septuaginta. La usaron muchos judíos, y más tarde muchos cristianos. De hecho, la Septuaginta fue la «Biblia» para toda la primera generación de cristianos, incluyendo aquellos que escribieron varios libros del Nuevo Testamento.

Los primeros misioneros cristianos que llevaban un texto de la Septuaginta (o Biblia hebrea) y el Nuevo Testamento griego (o porciones de ellos), que sabían leer, salieron de las primeras iglesias de Jerusalén y Antioquía de las que leemos en el libro de Hechos. Se radicaron con personas que hablaban un idioma que ellos tuvieron que aprender. Esos misioneros traducían o parafraseaban oralmente los pasajes de la Biblia que necesitaban para la enseñanza, la predicación y la liturgia. Muchos inconversos aceptaron a Cristo, y surgieron muchas iglesias. Sintiendo la urgente necesidad de que la Biblia estuviese disponible en el idioma de los nuevos convertidos, los misioneros muy pronto se dieron a la tarea de traducir toda la Biblia al idioma de esas personas. El impulso que ha movido a nuestros modernos traductores de la organización Wycliffe Bible Translators siempre ha estado en el corazón de las misiones, y es así como nacieron las versiones más importantes de la Biblia.

Así que, la traducción de la Biblia fue espontánea e invariablemente informal y oral al principio, y notablemente evangelística en su motivación. La iglesia primitiva alentó con entusiasmo los esfuerzos de traducción. Aun hasta cuando nació la versión eslava a mediados del siglo noveno, los papas Adriano II (867–872) y Juan VIII (872–882) apoyaron el proyecto. Pero un cambio sorprendente ocurrió en la iglesia occidental con referencia a la traducción de la Biblia. El latín se convirtió en el idioma dominante, de tal modo que ya nadie leía griego. Entonces, a medida que el aprendizaje se convirtió en el privilegio de sólo los nobles ricos y los prelados (clérigos de alto rango, como los obispos); y a medida que el esplendor de la civilización clásica se perdió en la agitación del feudalismo en Europa; y que la jerarquía católica—encabezada por el papa—se aseguró un control firme en el cristianismo occidental, la Biblia fue retirada de las manos de los laicos. Por lo tanto, mientras que los sacerdotes podían leer el texto en latín y hablar la liturgia en latín (por lo menos a nivel mínimo), ya no había una motivación significativa para las traducciones al idioma vernáculo.

El latín llegó a ser considerado un idioma casi sagrado, y las traducciones de la Biblia en el idioma vernáculo se veían con sospecha. El papa Gregorio VII (1073–1085) le dio voz a tales sospechas cuando, sólo doscientos años después que Adriano II y Juan VIII habían pedido que se hiciera una traducción en eslavo, Gregorio intentó detener su circulación. En el año 1079, él le escribió lo siguiente al rey Vratislaus de Bohemia:

Porque es claro para los que reflexionan sobre ello que sin duda le ha agradado al Dios Todopoderoso que la sagrada escritura fuera un secreto en ciertos lugares, porque si fuera aparente para todos los hombres, tal vez sería de poca estima y no sería respetada; o podría ser entendida erróneamente por los de pocas letras, y así llevar a error.

Mientras tanto, en Palestina y en el norte del África la marcha inexorable del islam cambió el panorama religioso de los litorales orientales y sureños del Mediterráneo. En un período de cien años posteriores a la muerte de Mahoma en el año 632 (nació en el año 570), se habían destruido más de novecientas iglesias y el Corán llegó a ser la «Biblia» en el gran círculo desde las paredes de la fortificada Bizancio dando la vuelta hacia el oeste hasta Iberia.

Restringida por la oposición oficial en el oeste, y obstaculizada por la conquista islámica en el Medio Oriente, la traducción de la Biblia casi se extinguió por medio siglo. Los esfuerzos por traducir no ganaron vitalidad hasta la llegada de la Reforma protestante en la primera parte del siglo XVI, cuando los misioneros aprovecharon el uso de la imprenta (cuyo inventor fue Johannes Gutenberg) para producir múltiples traducciones de la Biblia. Erasmo expresó el deseo de todos los traductores bíblicos en el prefacio de su recientemente publicado Nuevo Testamento griego (1516):

Deseo que hasta la mujer más débil lea el Evangelio—que lea las epístolas de Pablo. Y quisiera que estuvieran traducidos a todos los idiomas, para que pudieran ser leídos y entendidos, no sólo por los escoceses y los irlandeses, sino también por los turcos y los sarracenos. Hacerlos entender es el primer paso. Puede ser que muchos se burlen, pero algunos los aceptarían. Quisiera que el labrador se cantara a sí mismo porciones de ellos cuando sigue el arado, que el tejedor los tarareara al compás de su lanzadera y que el viajero alejara el tedio de su viaje con sus historias.

Pero ¿qué materiales usaron los primeros traductores y copistas que trabajaron con tanto ahínco para producir sus traducciones de la Biblia? En la época de Cristo, y a través de los dos primeros siglos de la iglesia, los materiales más populares para escribir eran el papiro (tiras de junquillo del Río Nilo, que se unían pegándolas juntas) y la tinta. Hasta el siglo I, los «libros» en realidad eran rollos de largas hojas de papiro, que se pegaban una a continuación de la otra y se enrollaban en un par de lanzaderas. Entonces, más tarde, durante el siglo I, se creó otra forma de libro, llamado el códice (el predecesor de la forma moderna del libro, con páginas dobladas y cosidas en el lomo). Los cristianos estuvieron entre los primeros en usar esta forma de libro. En 332 d.C., Constantino I, el primer emperador cristiano, ordenó cincuenta Biblias para las iglesias de su nueva capital, la ciudad de Constantinopla. Se las pidió a Eusebio, obispo de Cesarea, y especificó que no fueran rollos sino códices. No quiso que se hicieran en papiro, sino que las quiso en vitela, que se preparaba cuidadosamente usando piel de oveja o de antílope; porque fue alrededor de esta época, a finales del siglo III y durante la primera parte del siglo IV, que los códices y la vitela reemplazaron casi universalmente a los rollos y el papiro.

Durante siglos, los escribas trabajaron con ahínco copiando las Biblias usando letras mayúsculas, y los manuscritos más antiguos que todavía perduran son de este tipo, llamado «unciales». En los siglos IX y X se puso de moda escribir usando letras minúsculas, y los manuscritos que perduran de ese tipo se llaman «minúsculos» o «cursivos». (Sin embargo, hay unos pocos manuscritos cursivos que datan del siglo II a.C.) En su mayoría, los manuscritos que todavía existen del siglo X al XVI son los manuscritos minúsculos.

Fue en 1454 que Johannes Gutenberg hizo que escribir manuscritos fuera una práctica obsoleta, cuando usó la página impresa por primera vez. Su primer libro impreso salió a la luz en 1456, y fue una hermosa Biblia en latín. Nuestras Biblias impresas de hoy contienen divisiones en capítulos y versículos que son de un tiempo relativamente posterior. Las divisiones en capítulos comenzaron en la Vulgata Latina, y se les acreditan tanto a Lanfranc, arzobispo de Canterbury (murió en 1089), como a Stephen Langton, arzobispo de Canterbury (murió en 1228), o a Hugo de Sancto Caro, quien vivió en el siglo XIII. Los versículos numerados aparecieron por primera vez en la cuarta edición del Nuevo Testamento griego que publicó Robert Etienne (Stephanus) en Ginebra en 1551, y en el Antiguo Testamento Hebreo de Athias de 1559 a 1561.

Las versiones más antiguas del Antiguo Testamento

De la primera versión que debemos considerar, el Pentateuco Samaritano, no puede decirse con propiedad que es una traducción, porque es una versión hebrea de los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, los Libros de la Ley. Estos libros forman el total del canon de las Escrituras para la comunidad samaritana, que todavía perdura y está situada en el Nablus moderno en Palestina.

El Pentateuco Samaritano refleja una tradición textual diferente de la del judaísmo tradicional, cuyo texto hebreo se puede rastrear hasta llegar al trabajo de los masoretas. Estos eran un grupo de escribas a quienes se les había encargado la preservación del texto del Antiguo Testamento, comenzando alrededor de 600 d.C., y extendiéndose hasta la primera mitad del siglo X. Ellos fueron los que idearon un sistema de puntos para indicar las vocales que faltaban en el idioma hebreo, que se escribía sólo usando consonantes. Este llamado Texto Masorético es el que forma (como el «texto recibido») la base del Antiguo Testamento de la Biblia del Rey Jacobo.

Por otro lado, el Pentateuco Samaritano data del siglo IV a.C. Según los eruditos en textos, el Pentateuco Samaritano difiere del texto «recibido», o Texto Masorético hebreo, en unos seis mil lugares. Alrededor de unas mil de esas diferencias se deben considerar seriamente. Cuando el texto del Pentateuco Samaritano está de acuerdo con la Septuaginta, o una de las otras versiones antiguas, comparado con el hebreo del Texto Masorético, su testimonio debe ser considerado importante. Los dos manuscritos más antiguos del Pentateuco Samaritano, aparte de Nablus, son los dos códices. Una copia, que se encuentra en la Biblioteca de John Rylands en Manchester, Inglaterra, lleva una fecha correspondiente a 1211 ó 1212 d.C.; la otra es un poco posterior a 1149, y actualmente se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. También existen dos traducciones menores del Pentateuco Samaritano; una de ellas es el Tárgum Arameo Samaritano que data de los tiempos de la iglesia cristiana primitiva, la otra es una traducción árabe de alrededor del siglo XI.

La segunda versión del Antiguo Testamento, la Septuaginta, es una traducción del hebreo al griego. Es la primera traducción que se conoce del Antiguo Testamento. Era la Biblia de Jesús y de los apóstoles, la versión de la cual vienen la mayoría de las citas del Antiguo Testamento que se hacen en el Nuevo Testamento; y la Biblia de la iglesia primitiva en lo que se refiere al Antiguo Testamento.

La historia de su producción, de la cual obtiene su nombre, se relata en «La carta de Aristeas» (escrita alrededor de 150–100 a.C.). Se dice que Aristeas era un oficial de Ptolomeo II Filadelfo de Egipto (285–247 a.C.). Ptolomeo estaba intentando reunir todos los libros del mundo en su gran biblioteca de Alejandría. Esa carta dice que el Antiguo Testamento no estaba disponible en traducción, así que Ptolomeo le pidió al sumo sacerdote en Jerusalén que le enviara textos y eruditos para hacer esa traducción. Le enviaron textos y seis ancianos de cada tribu. Después de haber sido agasajados por Ptolomeo, estos setenta y dos ancianos fueron recluidos, y en exactamente setenta y dos días produjeron la traducción total en griego del Antiguo Testamento, llamada la Septuaginta («Setenta»), y por lo general abreviada LXX en números romanos.

La verdad del asunto es probablemente más prosaica. La Septuaginta es una traducción que fue hecha para los judíos helenizados de la diáspora, que ya no entendían hebreo, y que querían escuchar y enseñar la Biblia en su idioma. Los eruditos no se ponen de acuerdo en cuanto a la fecha de la traducción, colocando algunas porciones ya en 250 a.C., y otras partes tan tarde como 100 a.C. La mayoría está de acuerdo en que fue traducida en segmentos por muchos traductores en un período de un par de siglos, y luego fue compilada en una biblioteca de rollos o en un códice. La Septuaginta sigue un orden diferente al de las Biblias inglesas y españolas, y por lo general incluye hasta quince libros apócrifos o pre-canónicos. El índice sería similar a lo que sigue a continuación (los números entre paréntesis indican los textos apócrifos):

Génesis

Éxodo

Levítico

Números

Deuteronomio

Josué

Jueces

Rut

I Samuel

II Samuel

I Reyes

II Reyes

I Crónicas

II Crónicas

I Esdras (1)

II Esdras (siendo Esdras y Nehemías juntos)

Salmos

Proverbios

Eclesiastés

Cantar de los Cantares

Job

Sabiduría de Salomón (2)

Sabiduría de ben Sirá (3) o Eclesiástico

Ester—con agregados (4)

Judit (5)

Tobías (6)

Oseas

Amós

Miqueas

Joel

Abdías

Jonás

Nahum

Habacuc

Sofonías

Hageo

Zacarías

Malaquías

Isaías

Jeremías

Baruc (7)

Lamentaciones

Epístola de Jeremías (8)

Ezequiel

Daniel—el cual comienza con Susana (9), inserta El Canto de los Tres Niños (10) después de 3:23, y agrega Bel y el Dragón (11)

I Macabeos (12)

II Macabeos (13)

III Macabeos (14)

IV Macabeos (15)

Puesto que aun los mejores escribas, en ocasiones y sin darse cuenta, cometían errores cuando copiaban un texto, la tendencia de cualquier texto era deteriorarse. Los eruditos cuidadosos, en aquel entonces y ahora, comparaban los manuscritos en un esfuerzo por volver a captar el original. Por lo tanto, para el siglo III d.C., había cuatro versiones rivales de la Septuaginta que se usaban extensamente: (1) la Septuaginta tradicional que adoptaron los cristianos, y como consecuencia, abandonaron los judíos; (2) una re-traducción judía hecha por Aquila en el siglo II a.C. que tradujo el hebreo en forma muy literal; (3) una revisión judía libre de la Septuaginta tradicional hecha por Teodosio; y (4) una traducción en griego más idiomática hecha por Símaco.

A continuación vino el erudito más notable de toda la antigüedad, Orígenes de Alejandría (circa 185–255 d.C.), quien produjo la Biblia más monumental de la antigüedad, la Hexapla. En su esfuerzo por encontrar el mejor texto de la Septuaginta, Orígenes escribió seis columnas paralelas, que contenían: la primera, el hebreo; la segunda, el hebreo trasliterado en caracteres griegos; la tercera, el texto de Aquila; la cuarta, el texto de Símaco; la quinta, su propio texto corregido de la Septuaginta; y la sexta, el texto de Teodosio. Jerónimo usó esta gran Biblia en Cesarea en su trabajo en la Vulgata (después del año 382—vea a continuación). Casi cuatro siglos después de la muerte de Orígenes, un Obispo de Mesopotamia, Pablo de Tella, también usó la Hexapla en la biblioteca de Cesarea (616–617), para traducir al siríaco la quinta columna de Orígenes, que es la Septuaginta corregida. Luego, en el año 638, las hordas islámicas arrasaron Cesarea, y la Hexapla desapareció. Aparte de unos pocos fragmentos, sólo queda la traducción al siríaco de la quinta columna de Orígenes que hizo el obispo Pablo.

En un Museo de Milán hay una copia del siglo VIII de la traducción al siríaco del obispo Pablo, la Hexapla Septuaginta. Otros famosos manuscritos unciales de la Septuaginta son los siguientes: el Códice Vaticanus, de la primera parte del siglo IV, que ahora está en la Biblioteca del Vaticano; el Códice Sinaiticus, de mediados del siglo IV; y el Códice Alejandrino, del siglo V—los dos últimos se encuentran en el Museo Británico de Londres. Estas copias son estudiadas intensamente porque dan un testimonio griego a los textos hebreos de mucho antes del Texto Masorético o «texto recibido».

La tercera versión del Antiguo Testamento es la versión aramea. El arameo bíblico, llamado caldeo hasta el siglo XIX, era el idioma de los conquistadores y gradualmente llegó a ser el lenguaje común de los conquistados. Cuando los exiliados judíos regresaron de Babilonia a Palestina en 536 a.C., trajeron el idioma arameo con ellos. Muchos eruditos creen que cuando Esdras y los levitas «ponían el sentido» a medida que leían el Libro de la Ley (Nehemías 8:8), estaban parafraseando el hebreo en arameo, para que todos pudieran entenderlo. El arameo permaneció como la lengua viviente en Palestina hasta el tiempo de la rebelión de Bar-Kochba contra los romanos (132–135 d.C.), y el hebreo se convirtió cada vez más en un idioma religioso para especialistas de la sinagoga y del templo. A medida que los sacerdotes y los escribas leían la Ley y los Profetas, se esparció la costumbre de seguir la lectura con una traducción aramea. A esas traducciones se les llamaba tárgumes.

El liderazgo rabínico fue muy renuente a formalizar y escribir los tárgumes, pero inevitablemente estos fueron reunidos y estandarizados. El tárgum más antiguo estandarizado fue el de la Ley, y la persona que lo hizo fue Onkelos, en algún tiempo durante el siglo II o III d.C. Los tárgumes de los libros históricos y proféticos fueron completados en el siglo III y IV d.C., y el más importante de ellos fue el llamado Tárgum de Jonathan ben Uzziel. Evidentemente, ningún tárgum de la literatura de sabiduría (Proverbios, Eclesiastés, Job y algunos Salmos) fue terminado antes del siglo V d.C. Finalmente, los tárgumes rabínicos arameos incluyeron todo el Antiguo Testamento excepto Daniel, Esdras y Nehemías. Mientras tanto, la conquista islámica de todo el Medio Oriente le dio a la gente un idioma común, el árabe. Los rabinos, muchas veces, se encontraron produciendo tárgumes orales e informales en árabe, y el arameo se desvaneció de la sinagoga y pasó a formar parte de la historia religiosa.

Versiones completas de la Biblia del cristianismo

Cuando la iglesia recopiló todos los libros del Nuevo Testamento y los agregó al Antiguo Testamento, comenzó el proceso de la traducción bíblica que ha marcado el crecimiento del cristianismo desde Jerusalén a través de Judea, a Samaria, y hasta «lo último» de la tierra.

Las versiones latinas

Al igual que el tárgum arameo de los adoradores judíos, la Biblia Latina Antigua creció de manera informal. En los primeros tiempos del Imperio Romano y de la iglesia, el griego era el idioma de los cristianos. Aun los primeros obispos de Roma escribieron y predicaron en griego. A medida que los años iban pasando para el Imperio y para la iglesia, el latín comenzó a triunfar, especialmente en el oeste. Fue natural que los sacerdotes y los obispos comenzaran a traducir informalmente el Nuevo Testamento griego y la Septuaginta al latín. La primera versión latina se conoce con el nombre de la Biblia Latina Antigua. No se ha conservado ningún manuscrito completo de esta Biblia. Sin embargo, mucho del Antiguo Testamento y la mayor parte del Nuevo Testamento pueden ser reconstruidos de citas de los padres de la iglesia primitiva. Pero los eruditos creen que la Biblia Latina Antigua estaba en circulación en Cartago, en el norte de África, ya desde 250 d.C. De los fragmentos que se tienen y de las citas, parecería que hubo dos tipos de texto latino antiguo, el africano y el europeo. El europeo también existía en una versión italiana. En estudio textual, la mayor importancia de la Biblia Latina Antigua está en el estudio comparativo de la Septuaginta, porque la Biblia Latina Antigua fue traducido de la Septuaginta antes de que Orígenes hiciera su Hexapla.

De todas partes, los líderes de la iglesia expresaron la necesidad de una traducción latina autoritativa y uniforme de toda la Biblia. El papa Dámaso I (366–384) tenía un secretario excepcionalmente hábil y erudito llamado Jerónimo (circa 340–420), a quien comisionó la tarea de hacer una nueva traducción latina de los Evangelios en 382; Jerónimo terminó con los Evangelios en 383. Evidentemente les siguieron el libro de Hechos y el resto del Nuevo Testamento. Los Evangelios fueron una traducción nueva cuidadosa y esmerada que se basó en el texto europeo de la Biblia Latina Antigua y en un texto griego alejandrino. Sin embargo, el resto del Nuevo Testamento fue un esfuerzo mucho más limitado con el dominio de la Biblia Latina Antigua, a menos que el texto griego demandara algún cambio. Es probable que no haya sido el trabajo de Jerónimo.

Jerónimo se fue de Roma en 385, y en 389, él y una de sus seguidoras, Paula, fundaron dos casas religiosas cerca de Belén. Jerónimo dirigió una de estas casas y allí dedicó su atención al Antiguo Testamento. Él se dio cuenta de que lo que se necesitaba era una re-traducción del hebreo y no una revisión de la Septuaginta griega. Usó de asesores a rabinos judíos y completó la traducción hasta incluir los libros de Reyes para 390. Jerónimo revisó una traducción anterior que había hecho de los Salmos, y completó los libros de los profetas, Job, Esdras y Crónicas en los años 390–396. Después de haber estado enfermo durante dos años, él continuó de nuevo la tarea y tradujo Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. En 404, trabajó completando los libros de Josué, Jueces, Rut y Ester. Poco después, hizo las partes apócrifas de Daniel y Ester, y tradujo del arameo los libros apócrifos de Tobías y Judit. Él no tradujo la Sabiduría de Salomón, el Eclesiástico, Baruc ni la literatura de los Macabeos, así que esos libros apócrifos pasaron a formar parte de la Biblia Latina oficial en su forma de la Biblia Latina Antigua. El trabajo de Jerónimo no fue uniforme en cuanto a calidad y tampoco lo compiló en una Biblia unificada.

El trabajo de Jerónimo fue acerbamente criticado, y aunque él lo defendió con pluma rápida y pronta disposición, no vivió el tiempo suficiente como para ver que su obra ganara respeto universal. Sin embargo, la obra de su vida es lo que ahora se conoce con el nombre de La Biblia Vulgata (vulga quiere decir el idioma «vulgar» o de todos los días de la gente). La evidencia parece indicar que la compilación de todo el trabajo de Jerónimo en un libro puede haber sido hecha por Casiodoro (quien murió alrededor del año 580) en su monasterio en Scylacium, Italia. El manuscrito más antiguo que contiene la Biblia de Jerónimo en su totalidad es el Códice Amiatinus, que se escribió en el monasterio en Jarrow, Northumbria, Inglaterra alrededor del año 715. Los textos más antiguos de la Vulgata sólo son superados por la Septuaginta en importancia para el estudio del hebreo textual, porque Jerónimo trabajó usando textos hebreos que antecedieron al trabajo de los judíos masoretas.

Sólo en forma muy gradual fue que la Vulgata suplantó a la Biblia Latina Antigua. Pasaron mil años antes de que la Vulgata fuera hecha la Biblia católica oficial (por el Concilio de Trento en 1546). Ese concilio también autorizó una edición oficial corregida, la cual fue puesta en circulación por el papa Sixto V (1585–1590) en tres volúmenes, en 1590. Sin embargo, esa edición no fue popular, y el papa Clemente VIII (1592–1605) la sacó de circulación y publicó una nueva Vulgata oficial en 1592, la cual ha sido la edición estándar hasta tiempos recientes.

Versiones cópticas

El copto fue la última etapa del idioma egipcio y por lo tanto fue el idioma de la población nativa que vivía a lo largo del Río Nilo. Nunca fue suplantado por el griego de Alejandro y sus generales, ni aun por el latín de los césares. Su escritura constaba de veinticinco letras unciales griegas y siete cursivas que se habían tomado de las escrituras egipcias para expresar sonidos que no existían en griego. A través de los siglos desarrolló por lo menos cinco dialectos principales: akhmímico, sub-akhmímico (menfítico), sahídico, fayúmico y boháirico. Se han encontrado fragmentos de material bíblico en akhmímico, sub-akhmímico y fayúmico. Nadie sabe si alguna vez existió la Biblia completa en esos dialectos. Gradualmente cayeron en desuso y, para el siglo XI, sólo el boháirico, el idioma del delta, y el sahídico, el idioma del alto Egipto, permanecieron. Sin embargo, para el siglo XVII, estos dialectos también se fueron olvidando, o se usaban exclusivamente en las iglesias coptas, debido al extenso dominio del árabe que comenzó con la conquista islámica de Egipto en 641.

La traducción más antigua se hizo en sahídico en la parte alta de Egipto, donde el griego era menos entendido. El Antiguo y el Nuevo Testamento en sahídico fueron terminados probablemente alrededor de 200 d.C. El griego era mucho más dominante en el delta, y probablemente la traducción de las Escrituras en boháirico no haya sido terminada hasta después. Sin embargo, puesto que el boháirico era el idioma del delta, también fue el idioma del patriarca copto en Alejandría. Cuando el patriarcado se mudó de Alejandría para El Cairo en el siglo XI, los textos boháiricos fueron con ellos. Gradualmente, el boháirico llegó a ser el idioma religioso principal de la iglesia copta. Los coptos se habían separado del Imperio Romano, o de la llamada Gran Iglesia Católica, por asuntos doctrinales después del Concilio de Calcedonia en 451, y desde entonces habían estado aislados del cristianismo occidental por siglos de gobierno islámico.

La versión gótica

El idioma gótico fue un idioma del este de Germania. Los restos más antiguos que se han encontrado escritos en lengua germana son los fragmentos de la Biblia que hizo Ulfilas (o Wulfila), que hizo la traducción para llevar el evangelio a su propia gente. Ulfilas (circa 311–383), uno de los misioneros más famosos de la iglesia primitiva, nació en Dacia; sus padres eran cristianos romanos que habían sido capturados por los depredadores godos. Él viajó a Constantinopla desde su zona rural y es posible que se haya convertido allí. Mientras estaba en el este, el obispo ario, Eusebio de Nicomedia, lo ordenó obispo alrededor del año 340. En cuanto a sus creencias, Ulfilas era ario (es decir, creía que Cristo era Salvador y Señor porque Dios lo había dispuesto así y por su obediencia, pero que él era menos que Dios, o que estaba subordinado a Dios).

Ulfilas regresó para predicarle a su pueblo, y evidentemente inventó un abecedario para reducir el idioma de ellos a lenguaje escrito; luego tradujo las Escrituras usando ese lenguaje escrito. Los registros de ese tiempo dicen que Ulfilas tradujo toda la Biblia excepto los libros de Reyes, los cuales excluyó porque sintió que tendrían una influencia adversa en los godos, quienes ya eran demasiado belicosos. Todavía existen algunos fragmentos dispersos de su traducción del Antiguo Testamento, y sólo cerca de la mitad de los Evangelios se ha preservado en el Códice Argenteus, un manuscrito de Bohemia del siglo V o VI, que ahora se encuentra en Uppsala en Suecia.

Versiones siríacas

El siríaco, uno de los idiomas de la familia de los lenguajes semíticos, era la lengua predominante de la región de Edesa y de la parte oeste de Mesopotamia. La versión que hoy se conoce con el nombre de la Biblia Peshitta (que todavía es la Biblia oficial de los cristianos de la zona de las antiguas iglesias cristianas asirias, y que a menudo no incluye 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis), se desarrolló a través de muchas etapas. Una de las traducciones más famosas y más ampliamente usadas en la iglesia primitiva fue el Diatessaron siríaco, hecho por Taciano, un hombre que había sido discípulo de Justino Mártir en Roma. El Diatessaron, la armonía de los Evangelios traducida del griego por Taciano alrededor de 170 d.C., era muy popular entre los cristianos de habla siríaca. Los obispos siríacos tenían una batalla casi perdida tratando de lograr que los cristianos usaran en sus iglesias «El Evangelio de los Libros Separados» (refiriéndose al manuscrito en el que los cuatro Evangelios estaban separados unos de otros en lugar de estar combinados).

También se tradujeron otras porciones de la Biblia en idioma siríaco antiguo. Algunas citas de los padres de la iglesia indican que existía algún tipo de texto antiguo siríaco del siglo II junto con la Diatessaron. De hecho, el Antiguo Testamento puede haber sido una traducción judía al siríaco, la cual adoptaron los cristianos sirios, lo mismo que los cristianos griegos habían hecho con la Septuaginta. Entonces se le hizo una revisión más o menos oficial alrededor de fines del siglo IV, surgiendo como el texto Peshitta (que quiere decir «básico» o «simple»). La tradición indica que por lo menos la parte del Nuevo Testamento de esa versión puede haber sido hecha por instigación de Rábbula, obispo de Edesa (411–435).

Entre tanto, los cristianos de habla siríaca sufrieron una división en 431 d.C., cuando los grupos monofisitas (o jacobitas) se separaron de los creyentes nestorianos (la batalla fue sobre el punto de vista que tenían de la persona de Cristo). Durante algún tiempo ambos grupos usaron la Biblia Peshitta, pero los grupos jacobitas comenzaron a desear una traducción nueva. El obispo Filoxeno (o Mar Zenaia) de Mabbug (485–519), en el Río Éufrates, trabajando con la Septuaginta y los manuscritos del Nuevo Testamento griego, hizo una traducción nueva en idioma siríaco que fue terminada en 508. La importancia de esa versión fue que incluyó por primera vez 2 Pedro, 2 y 3 Juan y Judas, los cuales entonces pasaron a formar parte del texto estándar Peshitta.

Aunque la versión Peshitta se había usado constantemente desde el siglo V, y se había distribuido en lugares tan apartados como la India y la China, no había tenido, ni de cerca, la importancia de la Septuaginta como una fuente para los eruditos textuales. Eso fue porque había experimentado una revisión constante por medio de comparaciones con diversos textos griegos en Constantinopla: con textos hebreos, la Hexapla Septuaginta de Orígenes y los tárgumes arábicos; por lo tanto, su testimonio de tener una fuente textual antigua ha sido muy difícil de rastrear. Uno de los manuscritos Peshitta más valiosos que existen es el Códice Ambrosianus de Milán, el cual data del siglo VI y contiene la totalidad del Antiguo Testamento.

Versión armenia

Los cristianos sirios llevaron su fe a sus vecinos armenios de la parte este del Asia Menor. Ya desde el siglo III, con la conversión de Tirídates III (reinó en los años 259–314), Armenia llegó a ser un reino cristiano—el primero en la historia. En algún momento durante el siglo V se creó un alfabeto armenio para que la Biblia pudiera ser traducida al idioma de los nuevos creyentes. La traducción en armenio se considera como una de las más hermosas y exactas basadas en las versiones antiguas del griego, aun cuando la evidencia textual indica que tal vez haya sido hecha primero del siríaco, y luego modificada usando el griego. (El idioma armenio es muy semejante al griego en gramática, sintaxis y expresiones idiomáticas.) Una tradición antigua dice que el Nuevo Testamento fue obra de Mesrop (un obispo de Armenia, 390–439), a quien se le acredita haber inventado ambos, el alfabeto armenio y el georgiano. En las iglesias armenias, el libro del Apocalipsis no fue aceptado como parte del canon hasta el siglo XII.

La versión georgiana

La misma tradición que dice que Mesrop tradujo la Biblia al armenio también dice que una mujer esclava armenia fue la misionera a través de la cual las personas de habla georgiana se convirtieron a Cristo. Los primeros manuscritos de las Escrituras georgianas datan sólo del siglo VIII, pero antes que ellos existió una traducción georgiana con trazas de siríaco y armenio. Es evidente que los Evangelios llegaron primero en la forma del Diatessaron; por lo tanto, los fragmentos georgianos son importantes para estudiar ese texto. Hay una copia de todo el manuscrito de la Biblia Georgiana, en dos volúmenes, que se encuentra en el Monasterio de Iverón en el Monte Atos, en Grecia.

Junto con los armenios y los georgianos, un tercer grupo de caucásicos, los albaneses, aparentemente recibieron un abecedario que les hizo Mesrop para el propósito de traducir las Escrituras. Sin embargo, la iglesia fue destruida por las guerras islámicas y nunca se han encontrado restos de esa versión.

Versión etiópica

Para mediados del siglo V, un rey cristiano gobernaba en Etiopía (Abisinia), y hasta la época de las conquistas islámicas, mantuvieron relaciones estrechas con los cristianos de Egipto. Es probable que para el siglo IV, el Antiguo Testamento haya sido traducido al idioma etíope antiguo (llamado ge’ez). Esa versión es de interés especial por dos razones. Es la Biblia de los falashas, esa notable comunidad de judíos africanos que afirman ser descendientes de judíos que emigraron a Etiopía en tiempos del rey Salomón y la reina de Saba. Además, la versión etiópica antigua del Antiguo Testamento contiene varios libros que no se encuentran en la Biblia Hebrea apócrifa. El más interesante de ellos es el libro de Enoc, que se cita en Judas 14, y que los eruditos bíblicos no conocieron hasta que James Bruce llevó una copia a Europa en 1773. También, el libro apócrifo 3 Baruc sólo se conoce de la Biblia etiópica.

El Nuevo Testamento fue traducido al idioma etíope antiguo un poco después que el Antiguo Testamento, y contiene una colección de escritos mencionados por Clemente de Alejandría, incluyendo el Apocalipsis de Pedro. Ambos Testamentos existen en manuscritos etiópicos. Sin embargo, ninguno es de antes del siglo XIII, y esos manuscritos parecen haberse basado mucho en las versiones cópticas y árabes. Nada sobrevivió al caos absoluto que reinó en Etiopía desde el siglo VII hasta el XIII, y debido a que son tan posteriores, los manuscritos etiópicos son de poco valor para el estudio textual.

Versiones árabes

Alrededor de 570 d.C., Mahoma nació en la Meca. Cuando tenía veinticinco años se casó con una viuda rica llamada Kadija. Recibió su «llamado» cuando tenía cuarenta años. En 622, se inició la «hégira» con la huida de Mahoma de la Meca a la ciudad de Medina. Murió en 632, como el profeta principal e incontestable de Arabia. El dominio islámico se extendió, en un período de cien años, desde los Pirineos a través de España, saltó el Estrecho de Gibraltar, abarcó toda la parte norte de África, y capturó Egipto y las tierras bíblicas. Así fue que comenzó una presión sin tregua en Bizancio, que culminó con la caída de Constantinopla en 1453. Finalmente, la conquista islámica se extendió hasta lugares tan alejados como al este de la India. El árabe llegó a ser el idioma más universal que había visto el mundo desde que Alejandro había propagado el idioma griego más de nueve siglos antes.

En la época de Mahoma había varias comunidades judías dominantes en Arabia, y las vastas conquistas absorbieron cientos de comunidades cristianas, unas pocas de las cuales sobrevivieron sin dejarse avasallar. Sin embargo, es evidente que la versión árabe de la Biblia no se produjo hasta el trabajo de Saadia Gaon. Saadia nació en el año 892 en Fayum, en la parte norte de Egipto, y murió en Babilonia en el año 942. Tradujo el Pentateuco del hebreo. A esto siguieron otras partes del Antiguo Testamento—Josué del hebreo; Jueces, Samuel, Reyes, Crónicas y Job de la Peshitta; y los libros de los Profetas, Salmos y Proverbios de la Septuaginta—que tal vez no hayan sido trabajo de Saadia. Los judíos de habla árabe han estado usando esta versión hasta el presente. Los caraítas, que desaprobaron la traducción más liberal de Saadia, hicieron traducciones rivales; la más notable es la de Japheth ben-Eli-ha-Levi en el siglo X. En el período comprendido entre los siglos VII y IX, comenzaron a aparecer traducciones del Nuevo Testamento en árabe que fueron hechas de fuentes siríacas, griegas y coptas. Hay escritores árabes que dicen que Juan I, un patriarca jacobita de Antioquía (631–648), tradujo los Evangelios del siríaco al árabe. Se dice que otro Juan, Obispo de Sevilla, España, produjo Evangelios árabes traducidos de la Vulgata alrededor del año 724. La forma final del Nuevo Testamento árabe se basó más extensamente en el copto boháirico. Debido a su fecha posterior y a su origen mixto, los textos árabes tuvieron poca importancia para los estudios textuales.

Versión eslava

Aunque los eslavos fueron uno de los grandes grupos étnicos vecinos de los centros del cristianismo primitivo, no se pueden encontrar traducciones bíblicas en idioma eslavo antes del siglo IX. Dos hermanos, Constantino y Metodio, hijos de un noble griego, comenzaron a traducir al idioma eslavo la liturgia usada en la iglesia. Con la aprobación de los papas Adriano II y Juan VIII (como se hizo notar anteriormente), tradujeron la Biblia. Constantino (quien más tarde cambió su nombre a Cirilo, 827–869) y Metodio (826–885) trabajaron entre los eslavos y los moravos. Constantino inventó el alfabeto que lleva el nombre que se deriva de su nombre de santo (cirílico) para facilitar la traducción. Todavía hay porciones de manuscritos del siglo X u XI, pero el manuscrito más antiguo de toda la Biblia es el Códice Gennadius que está en Moscú, que data de 1499, y que es demasiado posterior para ser de valor para el estudio textual.

Bibliografía

Ackroyd, P. R., y C. F. Evans, editores. The Cambridge History of the Bible [La historia Cambridge de la Biblia], Volumen I, From the Beginnings to Jerome [Desde el principio hasta Jerónimo], 1975.

Greenslade, S. L., editor. The Cambridge History of the Bible [La historia Cambridge de la Biblia], Volumen III, The West from the Reformation to the Present Day [El occidente desde la reforma hasta el día presente], 1975.

Lampe, G. W., editor. The Cambridge History of the Bible [La historia Cambridge de la Biblia], Volumen II, The West from the Fathers to the Reformation [El occidente desde los padres hasta la reforma], 1975.

Metzger, Bruce. The Text of the New Testament—Its Transmission, Corruption, and Restoration [El texto del Nuevo Testamento—Su transmisión, corrupción y restauración], 1968.

———. The Early Versions of the New Testament—Their Origin, Transmission, and Limitations [Las versiones tempranas del Nuevo Testamento—Su origen, du transmisión y sus limitaciones], 1977.

Price, Ira Maurice. The Ancestry of Our English Bible [El linaje de nuestra Biblia inglesa], 1956.

Weiser, Arthur. The Old Testament: Its Formation and Development [El Antiguo Testamento: Su formación y desarollo], 1968.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (pp. 281–301). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

¿Puede un creyente verdadero llegar a ser poseído de demonios?

Consultorio Bíblico 867

Programa No. 2016-01-08

PABLO LOGACHO
Desde Guatemala nos escribe un fiel amigo oyente y nos dice lo siguiente: Sus programas son de bendición para mi vida. Me motivan cada vez más a seguir a Cristo. Tengo una duda y quisiera que me la aclaren. ¿Puede un creyente verdadero llegar a ser poseído de demonios? ¿Puede un creyente verdadero ser objeto de hechizos o maleficios de otras personas? Dios les siga bendiciendo en gran manera. Estaré esperando su respuesta.
DAVID LOGACHO
a1Gracias por su consulta amable oyente. El tema que Usted ha planteado, especialmente en su primera parte, ha sido motivo de mucha polémica entre muchos intérpretes bíblicos. Yo respeto mucho a los que han llegado a la conclusión que un genuino creyente puede llegar a ser poseído de demonios, pero hasta donde yo conozco las Escrituras, he llegado a la conclusión que un genuino creyente no puede llegar a ser poseído de demonios. El razonamiento que me ha llevado a tener esta convicción se fundamenta en la razón y en el testimonio bíblico. En cuanto a la razón, por los que dice la palabra de Dios, todo genuino creyente es templo del Espíritu Santo. 1 Corintios 6:19-20 dice: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Según este pasaje bíblico, el cuerpo del creyente es templo en el cual reside o mora el Espíritu Santo. Entre muchas cosas maravillosas que esto significa, tenemos que los creyentes no nos pertenecemos a nosotros mismos sino a Dios, quien ha hecho morar al Espíritu Santo en nosotros. Dios pagó un elevado precio para comprarnos. El precio fue la vida de su Hijo unigénito, quien murió en la cruz del Calvario. Por tanto la responsabilidad de todo genuino creyente es glorificar a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales pertenecen a Dios. Siendo este el caso, es imposible que un genuino creyente pueda ser poseído de demonios porque simple y llanamente el cuerpo del creyente genuino no puede ser a la vez templo donde mora el Espíritu Santo y templo donde moran los demonios. La razón me hace desechar el hecho que un genuino creyente pueda ser poseído de demonios. Pero también está el testimonio directo de las Escrituras. Para esto, quisiera leer el texto que se encuentra en 1 Juan 5:18. La Biblia dice: Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.

Por el hecho que un genuino creyente pertenece a Dios o es propiedad de Dios goza de la protección de Dios. En estas condiciones, el maligno o el diablo no puede tocar al creyente genuino. De manera que, tanto por la razón como por el testimonio de las Escrituras, es mi convicción que un genuino creyente no puede jamás ser poseído de demonios. Este texto bíblico, en Juan 5:18 nos sirve también para contestar la segunda parte de su consulta. Un genuino creyente es propiedad de Dios y está protegido por Dios. En estas condiciones, el genuino creyente no puede quedar a merced de los brujos que con sus hechizos o encantamientos o maleficios tratan de hacer daño. Los brujos, amable oyente, con todas sus artes mágicas, no son más poderosos que Dios Omnipotente como para poder burlar las defensas que Él ha colocado alrededor del creyente genuino. Obviamente, Satanás y sus demonios hacen todo lo posible para causar daño a los creyentes, pero no pueden hacer nada, a menos que Dios en su soberanía lo permita, como sucedió en el caso de Job. Además, Dios mismo ha diseñado una armadura espiritual para que el creyente la use y de esa manera pueda resistir al maligno. Efesios 6:13-18 dice: Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

Así que, los creyentes somos más que vencedores sobre Satanás y sus demonios y debemos vivir la vida mientras estamos en este mundo con la seguridad plena que Satanás y sus demonios ya han sido derrotados por la obra maravillosa de Cristo en la cruz del Calvario.

PABLO LOGACHO
Antes de dar término a nuestra edición de hoy, quiero invitarle a visitar nuestro sitio en Internet y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA. Dice en el libro de Esdras, que los judíos que se habían casado con mujeres no judías, fueron ordenados a separarse. ¿Significa esto que si un creyente hoy en día está casado con un incrédulo deberían también separarse? Nuestra dirección es: triple w.labibliadice.org en donde además puede conocer toda la literatura que tenemos a su libre disposición. Todos los que hacemos LA BIBLIA DICE… deseamos Que Dios le bendiga ricamente y será hasta nuestro próximo programa.

http://labibliadice.org/consultorio-biblico/serie/programa-no-2016-01-08/?source=mas

Beneficios del agua salada.

Beneficios del agua salada.

Programa No. 2016-01-08

PABLO MARTINI
a1Alguien dijo que el agua salada es buena por donde la mires. Piensa, por ejemplo, en unos días en la playa. Cierra tus ojos, siente el sol, la arena, el ruido de las olas… No sé a ti, pero a mí que soy híper playero, ya me dan ganas de empacar y comenzar el viaje. Ahora piensa en esas gotas de agua también salada que emanan de tus poros cuando trabajas, cuando te cansas, cuando sudas por algo que vale la pena. ¡Digno! ¿Verdad?… El trabajo engrandece, dignifica. En pocas palabras se suda pero se disfruta del pago por lo trabajado. Pero queda el tercer grupo de gotas saladas necesarias para todo humano: Las lágrimas. Las lágrimas se definen simplemente como «gotas de fluido salino que segregan los ojos». Pueden ser causa de irritación o risa, pero por lo general se asocian con el llanto, la tristeza y el dolor. Cuando lloramos, nuestros amigos se preguntan qué anda mal y tratan de consolarnos. Los bebés lloran por hambre, los niños por la pérdida de una mascota y los adultos cuando se enfrentan a un trauma o a la muerte. Ver llorar a una persona dice mucho acerca de ella, ya sea que fuere egoísta o que tuviere a Dios en su corazón. ¿Qué provoca en ti las lágrimas? ¿Lloras porque han herido tu amor propio o porque los que te rodean pecan y rechazan a Dios, quien los ama profundamente? ¿Lloras porque has perdido algo que te daba placer o porque la gente que te rodea sufrirá al seguir pecando?
Nuestro mundo está lleno de injusticia, pobreza, guerra y rebelión en contra de Dios, todo lo cual debe conmovernos hasta las lágrimas y alentarnos a actuar. Debemos aprender a lamentarnos por lo que Dios se lamenta porque también Él llora. Cuando esas lágrimas son producidas por un acercamiento a Dios son lágrimas que riegan la flor abandonada, fertilizan la tierra agotada y humedecen los secos desiertos de un pasado doloroso.
http://labibliadice.org/una-pausa-en-tu-vida/programa-no-2016-01-08/?source=mas

Encuentra un amigo. Sé un amigo

Enero 8

Encuentra un amigo. Sé un amigo

Lectura bíblica: Proverbios 18:24

Hay amigos que uno tiene para su propio mal, pero hay un amigo que es más fiel que un hermano. Proverbios 18:24

a1Aprueba o rechaza estas ideas “originales” para tener nuevos amigos:

• Organiza una fiesta y da como premios las tarjetas de crédito de tus padres.
• Toma “prestado” el altavoz de tu escuela a media mañana y, en tu mejor imitación del director o la directora, anuncia que quedan suspendidas las clases por el resto del día.
• Llévate un cajón de golosinas a la escuela y arrójalas al aire durante el recreo.

Aunque con esas ideas descabelladas te ganarás amigos, no atraerán amigos que perduren. Te sugiero algunas ideas mejores para atraer amigos. Mientras escuchas, piensa en una o dos que darían resultado para ti:

• Empieza por ser tú mismo. Nilda se ganó amigos pretendiendo interesarse en los deportes, pero le resultó difícil seguir simulándolo. Cuando dejó que otras chicas vieran las cosas que cosía, encontró amigas que la querían por quién realmente era.
• Da el primer paso. Después de trasladarse a una escuela nueva, Marcos se quedó esperando que los demás lo incluyeran en su círculo. Esperó mucho tiempo antes de caer en la cuenta de que estaba bien que él diera el primer paso.
• Sé atrevido. Roberto era otro alumno nuevo en una escuela. Encontró amigos de gran valor cuando estuvo dispuesto a probar los deportes y hobbies que eran populares en su nueva escuela.
• No seas malhumorado. Ema siempre andaba con una cara como si a su gato lo hubiera aplanado un camión. Cuando empezó a notar y hablar de las cosas buenas en su vida, los demás la vieron como una persona totalmente distinta.
• No te des por vencido. La mayoría de los amigos de Alberto se habían mudado o encontrado nuevos amigos. Se sentía rechazado, y la idea de tratar de encontrar nuevos amigos no lo entusiasmaba. Pero como persistió en su intento, encontró dos nuevos amigos buenísimos.

Podemos intentar todo tipo de trucos descabellados para atraer amigos. Pero piensa en lo que realmente quieres en un amigo. Claro, quizá nos guste que nos repartan tarjetas de crédito, que suspendan temprano las clases o que nos llenen de golosinas. Pero a la larga es probable que preferiríamos un amigo que tenga una personalidad realmente buena: alguien que es auténtico, con quien es fácil conversar, es emprendedor, positivo y persistente. Busca ese tipo de amigos. Y sé esa clase de amigo.

PARA DIALOGAR
¿Quién en tu mundo podría ser un buen amigo nuevo? ¿Qué puedes hacer para abrirte a las hermosas amistades que Dios tiene planeadas para ti?

PARA ORAR
Señor, enséñanos cómo alcanzar y hacer nuevos amigos. Ayúdanos a atraer amigos siendo un buen amigo.

PARA HACER
Aunque tengas muchos amigos buenos, traza un plan para llegar a conocer a alguien nuevo esta semana.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Muerte y sepultura de Sara

Génesis 23-26

Muerte y sepultura de Sara

a123:1  Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara.

Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.

Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo:

Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme propiedad para sepultura entre vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí.

Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron:

Oyenos, señor nuestro; eres un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta; ninguno de nosotros te negará su sepulcro, ni te impedirá que entierres tu muerta.

Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het,

y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad de que yo sepulte mi muerta de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón hijo de Zohar,

para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al extremo de su heredad; que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros.

10 Este Efrón estaba entre los hijos de Het; y respondió Efrón heteo a Abraham, en presencia de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo:

11 No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que está en ella; en presencia de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerta.

12 Entonces Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra,

13 y respondió a Efrón en presencia del pueblo de la tierra, diciendo: Antes, si te place, te ruego que me oigas. Yo daré el precio de la heredad; tómalo de mí, y sepultaré en ella mi muerta.

14 Respondió Efrón a Abraham, diciéndole:

15 Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre tú y yo? Entierra, pues, tu muerta.

16 Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, en presencia de los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes.

17 Y quedó la heredad de Efrón que estaba en Macpela al oriente de Mamre, la heredad con la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todos sus contornos,

18 como propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad.

19 Después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela al oriente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán.

20 Y quedó la heredad y la cueva que en ella había, de Abraham, como una posesión para sepultura, recibida de los hijos de Het.

Abraham busca esposa para Isaac

24:1  Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo.

Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo,

y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito;

sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.

El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste?

Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá.

Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo.

Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo.

Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este negocio.

10 Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, tomando toda clase de regalos escogidos de su señor; y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.

11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, la hora en que salen las doncellas por agua.

12 Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham.

13 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua.

14 Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor.

15 Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro.

16 Y la doncella era de aspecto muy hermoso, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía.

17 Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro.

18 Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber.

19 Y cuando acabó de darle de beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber.

20 Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos.

21 Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no.

22 Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez,

23 y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego que me digas: ¿hay en casa de tu padre lugar donde posemos?

24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor.

25 Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar.

26 El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová,

27 y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo.

28 Y la doncella corrió, e hizo saber en casa de su madre estas cosas.

29 Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera hacia el hombre, a la fuente.

30 Y cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía: Así me habló aquel hombre, vino a él; y he aquí que estaba con los camellos junto a la fuente.

31 Y le dijo: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? He preparado la casa, y el lugar para los camellos.

32 Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que con él venían.

33 Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y él le dijo: Habla.

34 Entonces dijo: Yo soy criado de Abraham.

35 Y Jehová ha bendecido mucho a mi amo, y él se ha engrandecido; y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos.

36 Y Sara, mujer de mi amo, dio a luz en su vejez un hijo a mi señor, quien le ha dado a él todo cuanto tiene.

37 Y mi amo me hizo jurar, diciendo: No tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito;

38 sino que irás a la casa de mi padre y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo.

39 Y yo dije: Quizá la mujer no querrá seguirme.

40 Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás para mi hijo mujer de mi familia y de la casa de mi padre.

41 Entonces serás libre de mi juramento, cuando hayas llegado a mi familia; y si no te la dieren, serás libre de mi juramento.

42 Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando,

43 he aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, que la doncella que saliere por agua, a la cual dijere: Dame de beber, te ruego, un poco de agua de tu cántaro,

44 y ella me respondiere: Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua; sea ésta la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor.

45 Antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó agua; y le dije: Te ruego que me des de beber.

46 Y bajó prontamente su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también a tus camellos daré de beber. Y bebí, y dio también de beber a mis camellos.

47 Entonces le pregunté, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija de Betuel hijo de Nacor, que le dio a luz Milca. Entonces le puse un pendiente en su nariz, y brazaletes en sus brazos;

48 y me incliné y adoré a Jehová, y bendije a Jehová Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo.

49 Ahora, pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y me iré a la diestra o a la siniestra.

50 Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno.

51 He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová.

52 Cuando el criado de Abraham oyó sus palabras, se inclinó en tierra ante Jehová.

53 Y sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre.

54 Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi señor.

55 Entonces respondieron su hermano y su madre: Espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, y después irá.

56 Y él les dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor.

57 Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle.

58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré.

59 Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus hombres.

60 Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos.

61 Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue.

62 Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el Neguev.

63 Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían.

64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello;

65 porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió.

66 Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho.

67 Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre.

Los descendientes de Abraham y Cetura

(1 Cr. 1.32-33)

25:1  Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura,

la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa.

Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim.

E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura.

Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.

Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.

Muerte y sepultura de Abraham

Y estos fueron los días que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.

Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo.

Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón hijo de Zohar heteo, que está enfrente de Mamre,

10 heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí fue sepultado Abraham, y Sara su mujer.

11 Y sucedió, después de muerto Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo; y habitó Isaac junto al pozo del Viviente-que-me-ve.

Los descendientes de Ismael

(1 Cr. 1.28-31)

12 Estos son los descendientes de Ismael hijo de Abraham, a quien le dio a luz Agar egipcia, sierva de Sara;

13 estos, pues, son los nombres de los hijos de Ismael, nombrados en el orden de su nacimiento: El primogénito de Ismael, Nebaiot; luego Cedar, Adbeel, Mibsam,

14 Misma, Duma, Massa,

15 Hadar, Tema, Jetur, Nafis y Cedema.

16 Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus campamentos; doce príncipes por sus familias.

17 Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años; y exhaló el espíritu Ismael, y murió, y fue unido a su pueblo.

18 Y habitaron desde Havila hasta Shur, que está enfrente de Egipto viniendo a Asiria; y murió en presencia de todos sus hermanos.

Nacimiento de Jacob y Esaú

19 Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,

20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.

21 Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.

22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová;

23 y le respondió Jehová:
    Dos naciones hay en tu seno,
    Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;
    El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,
    Y el mayor servirá al menor. m

24 Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.

25 Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.

26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob.[a] Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.

Esaú vende su primogenitura

27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.

28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.

29 Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado,

30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom.[b]

31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.

32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?

33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.

34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

Isaac en Gerar

26:1  Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar.

Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré.

Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre.

Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente,

por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.

Habitó, pues, Isaac en Gerar.

Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.

Sucedió que después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer.

Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer. ¿Cómo, pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré por causa de ella.

10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado.

11 Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá.

12 Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.

13 El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso.

14 Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron envidia.

15 Y todos los pozos que habían abierto los criados de Abraham su padre en sus días, los filisteos los habían cegado y llenado de tierra.

16 Entonces dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más poderoso que nosotros te has hecho.

17 E Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Gerar, y habitó allí.

18 Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado.

19 Pero cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas,

20 los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra. Por eso llamó el nombre del pozo Esek,[c] porque habían altercado con él.

21 Y abrieron otro pozo, y también riñeron sobre él; y llamó su nombre Sitna.[d]

22 Y se apartó de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él; y llamó su nombre Rehobot,[e] y dijo: Porque ahora Jehová nos ha prosperado, y fructificaremos en la tierra.

23 Y de allí subió a Beerseba.

24 Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.

25 Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.

26 Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército.

27 Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros?

28 Y ellos respondieron: Hemos visto que Jehová está contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y haremos pacto contigo,

29 que no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz; tú eres ahora bendito de Jehová.

30 Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron.

31 Y se levantaron de madrugada, y juraron el uno al otro; e Isaac los despidió, y ellos se despidieron de él en paz.

32 En aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y le dieron nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Hemos hallado agua.

33 Y lo llamó Seba; por esta causa el nombre de aquella ciudad es Beerseba hasta este día.

34 Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo;

35 y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.

Footnotes:

  1. Génesis 25:26 Esto es, el que toma por el calcañar, o el que suplanta.
  2. Génesis 25:30 Esto es, Rojo.
  3. Génesis 26:20 Esto es, Contención.
  4. Génesis 26:21 Esto es, Enemistad.
  5. Génesis 26:22 Esto es, Lugares amplios o espaciosos.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society