La iglesia de Cristo

ESTUDIO BÍBLICO 

Programa No. 2016-01-27
DAVID LOGACHO
Reciba cordiales saludos amable oyente. Es un gozo para mí saber que me está escuchando. Sea bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Seguimos estudiando el tema de la iglesia de Cristo. En esta oportunidad vamos a considerar a los miembros de la iglesia de Cristo.
DAVID LOGACHO
a1En uno de nuestros estudios bíblicos pasados señalamos que la iglesia de Cristo no es un edificio ni una organización, sino el conjunto de personas que confiesan a Cristo como su Salvador. También dejamos establecido que la forma de entrar a formar parte de la iglesia de Cristo es por medio de recibir a Cristo como Salvador personal. Es Cristo mismo quien introduce a los creyentes en su cuerpo mediante el Espíritu Santo. Esto es lo que se llama el bautismo con el Espíritu Santo. Hechos 2:47 dice: alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

Es el Señor quien añade o introduce cada día a su cuerpo que es la iglesia los que habían de ser salvos. Cada vez que una persona recibe a Cristo como Salvador, es automáticamente bautizada con el Espíritu Santo por el Señor Jesucristo y como resultado de esta obra de Jesucristo, el creyente llega a ser parte de la iglesia de Cristo. Esto significa amable oyente, que en la iglesia de Cristo existen personas de todo tipo y condición. Dentro de la iglesia de Cristo no hay diferencia por edad, raza, color de piel, nacionalidad, posición social, posición económica, nivel intelectual, nivel académico. Inclusive no hay diferencia entre los miembros de la iglesia que están viviendo en la tierra y los miembros de la iglesia que están viviendo en el cielo. En el Nuevo Testamento tenemos un pasaje bíblico que de una manera muy clara nos provee información sobre los miembros del cuerpo de Cristo. Se encuentra en 1 Corintios 12:12-26. La Biblia dice: Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.

1Co 12:13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

1Co 12:14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.

1Co 12:15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

1Co 12:16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

1Co 12:17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?

1Co 12:18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.

1Co 12:19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

1Co 12:20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.

1Co 12:21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

1Co 12:22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;

1Co 12:23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

1Co 12:24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,

1Co 12:25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

1Co 12:26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

En esta magistral exposición del apóstol Pablo acerca de los miembros de la iglesia de Cristo encontramos que el cuerpo humano es una perfecta ilustración de la unidad en diversidad que existe en la iglesia de Cristo. Notamos varias cosas que son dignas de considerar con detenimiento. Primero, la unidad de los miembros. Así como el cuerpo humano tiene muchos miembros pero esos muchos miembros hacen un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo que es la iglesia también tiene muchos miembros, pero son una sola unidad, un solo cuerpo. La unidad entre los miembros del cuerpo de Cristo que es la iglesia es una realidad ineludible. Por eso es que la Biblia no nos exhorta jamás a buscar unidad entre creyentes sino a mantener la unidad que ya tenemos entre todos los que somos creyentes. Efesios 4:3 dice: solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;

Segundo, la diversidad de los miembros. En el cuerpo humano existe una diversidad de miembros, los ojos, los oídos, la boca, las manos, los pies. Pablo hace notar este hecho con un dejo de ironía cuando dice: Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? ¿Si todo fuese oído, dónde estaría el olfato? Lo mismo, exactamente, se puede decir del cuerpo de Cristo que es la iglesia. Allí también existe una diversidad de miembros. Mas adelante en su carta el apóstol Pablo se encargará de señalar que entre esta diversidad de miembros están los apóstoles, los profetas, los maestros, los que ayudan, los que administran. Con su habilidad de aclarar las cosas, Pablo resume lo dicho afirmando: Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Tercero, la armonía entre los miembros. En el cuerpo humano existe total armonía entre sus diversos miembros. Esta armonía se traduce por un lado, en que cada miembro no se siente menos importante que otro y por otro lado en que cada miembro no se siente más importante que otro. Ambas cosas son esenciales para que pueda haber la armonía entre los miembros del cuerpo. El pie no puede decir: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, es decir sintiéndose de menor importancia que la mano. De la misma manera, el ojo no puede decir a la mano, no te necesito, sintiéndose superior a la mano. Nada de esto se observa en el cuerpo humano y el resultado de esto es armonía en el cuerpo. Lo mismo debería acontecer en la iglesia de Cristo. Ningún miembro debería sentirse menos que otro por la función que tiene dentro del cuerpo y de igual modo, ningún miembro debería sentirse superior a otro por la función que tiene dentro del cuerpo. Solamente así habrá armonía dentro del cuerpo. Esto es muy importante recalcar amable oyente. Porque no son pocos los casos cuando los miembros del cuerpo de Cristo se sienten menos importantes que otros o más importantes que otros. De hecho, en las iglesias locales donde nos congregamos pensamos que los pastores o ancianos son los más importantes y después de ellos a lo mejor los diáconos y después de ellos quizá los maestros de escuela dominicales y al último de la fila están los que vienen sólo a sentarse. Pero esta apreciación va en contra de la realidad fundamental que entre los miembros del cuerpo de Cristo no existen miembros de clase superior y miembros de clase inferior. Las diferencia que hacemos en la práctica no tienen fundamento en la palabra de Dios. Cuarto, la cooperación entre los miembros. Esto es lo que vemos entre los miembros del cuerpo humano. Cada miembro cumple su función asignada y coopera con los demás miembros del cuerpo. Solamente deténgase un poco para meditar en todo lo que tiene que pasar en los miembros de su cuerpo para que pueda dar pasos y caminar en determinada dirección. Todos los miembros cooperan. Igual debe ser en la iglesia de Cristo. Cada miembro debe cumplir a cabalidad su función asignada y cooperar con los otros miembros del cuerpo de Cristo para el cumplimiento del propósito general de la iglesia de Cristo, determinado por la cabeza que es Cristo. Si un miembro deja de funcionar, afecta al funcionamiento de todo el cuerpo. Si mis ojos, de pronto se rebelaran y decidieran quedarse cerrados todo el tiempo, como si estuviera dormido, todo mi cuerpo sufriría las consecuencias de ello. Igual es cuando un miembro de la iglesia de Cristo no hace nada y piensa que para lo único que está llamado es para calentar las sillas o los bancos en un templo. Todo el cuerpo va a sufrir la consecuencia de esta desatinada decisión. Quinto, el cuidado entre los miembros. En el cuerpo humano, los miembros se cuidan los unos a los otros. Cuando entra una basurita al ojo, automáticamente entra en acción la mano para restregar el ojo tratando de sacar el objeto extraño del ojo. Si el ojo ve que la mano se está acercando al filo de un cuchillo, automáticamente entra en acción para hacer que la mano se retire de ese potencial peligro. Existe una protección mutua entre los miembros. A lo mejor los miembros más fuertes protegen a los miembros más débiles. Igual debe ser en el cuerpo de Cristo. Los miembros más fuertes deben proteger a los miembros más débiles. En lugar de envidias, luchas por el poder, ofensas, lo que se debe ver es el cuidado mutuo que debe existir entre los miembros del cuerpo. Esto es en esencia lo que enseña la Biblia sobre los miembros del cuerpo de Cristo que es la iglesia.

PABLO LOGACHO
LA BIBLIA DICE… es un ministerio de fe, sin fines de lucro, que depende totalmente de la generosidad de aquellos que aprecian este ministerio. Agradecemos sinceramente a todos los que con sus oraciones y ofrendas hacen posible que sigamos adelante. Y… antes de finalizar nuestro programa quiero dejar con ustedes la PREGUNTA DEL DIA. ¿Qué sucederá con el pueblo de Israel durante el milenio? Busque la respuesta en nuestra página Web y además conozca todo el material que está a su disposición, la dirección es: labibliadice.org
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La reacción cismática: el donatismo 16

La reacción cismática: el donatismo 16

Lo que se debate entre los donatistas y nosotros es dónde está este cuerpo de Cristo que es la iglesia. ¿Hemos de buscar la respuesta en nuestras propias palabras, o en las de la cabeza del cuerpo, nuestro Señor Jesucristo?

Agustín de Hipona

a1Como señalamos en el capítulo anterior, no todos los cristianos se sentían satisfechos con el nuevo estado de cosas que resultaba de la política religiosa de Constantino. Pero, mientras los monjes sencillamente se retiraron al desierto sin romper sus lazos con la iglesia, hubo muchos otros que sencillamente declararon que el resto de la iglesia se había corrompido, y que ellos eran la verdadera iglesia. De los muchos grupos que adoptaron esta actitud, el más numeroso y duradero fue el donatismo.

El donatismo surgió de una cuestión escabrosa con la que ya nos hemos topado en la Primera Sección de esta historia. Se trata de la cuestión de los caídos. Después de cada período de persecución violenta, la iglesia tenía que enfrentarse a la cuestión de qué hacer con los que habían sucumbido ante las amenazas o las órdenes de las autoridades, y ahora pedían ser restaurados a la comunión de la iglesia. En el siglo tercero, esto produjo en Roma el cisma de Novaciano, y en Cartago —en el norte de Africa— Cipriano tuvo que defender su autoridad como obispo frente a quienes sostenían que eran los confesores quienes tenían el derecho de readmitir a los caídos. Ahora, en el siglo IV, la cuestión cobró particular importancia en la misma región.

Allí la gran persecución había sido más violenta, y producido más apóstatas, que en cualquiera otra parte del Imperio. Obispos hubo que entregaron a las autoridades sus copias de las Escrituras, para evitar mayores calamidades sobre sus congregaciones. Otros entregaron libros heréticos, haciéndoles creer a las autoridades que se trataba de las Escrituras cristianas. Otros obispos y laicos sucumbieron a la presión del estado y adoraron a los dioses paganos. De hecho, el número de estos últimos fue tan grande, que algunos observadores nos cuentan que hubo días en que las gentes no cabían en los templos paganos. Por otra parte, no faltaron cristianos que se mantuvieron firmes en la fe, y que por causa de ello sufrieron cárceles, torturas y muerte. Como en otros casos anteriores, los miembros de este grupo que lograron sobrevivir recibieron el título de “confesores”, y se les veneraba por la firmeza de su fe. Pero algunos de ellos, a diferencia de los confesores del tiempo de Cipriano, se mostraron harto rigurosos para con los que habían seguido otro camino. Entre estas personas a quienes los confesores rigoristas condenaban estaban los obispos que habían entregado las Escrituras, pues —decían los confesores— si alterar una tilde de las Escrituras es un pecado tan grande, cuánto mayor no lo será entregarlas para que sean destruidas. Así se empezó a dar a algunos obispos y otros dirigentes el título ofensivo de “traditores” — literalmente, “entregadores”.

En esto estaban las cosas cuando, poco después de cesar la persecución, el episcopado importantísimo de Cartago quedó vacante. Ceciliano fue electo obispo. Pero esta elección no contaba con la simpatía popular, y pronto fue electo otro obispo rival, Mayorino. En estas elecciones hubo por ambas partes intrigas y maniobras que no es necesario reseñar aquí. Baste decir que cada uno de los partidos tenía suficientes razones para decir que el proceder de sus contrarios había sido, a lo menos, irregular. Cuando Mayorino murió poco tiempo después de ser electo obispo, sus partidarios eligieron como su sucesor a Donato de Casa Negra, quien dirigió la política de sus seguidores por más de cuarenta años. Por esa razón esos seguidores recibieron el nombre de “donatistas”.

Naturalmente, el resto de la iglesia no podía tolerar este estado de cosas, pues sólo era dable reconocer como legítimo a un obispo de Cartago, y no a dos que se disputaban el cargo. Pronto el obispo de Roma, y varios otros de las ciudades más importantes del Imperio, declararon que Ceciliano era el verdadero pastor, y que Mayorino —y después Donato— eran usurpadores. Constantino siguió la misma pauta, y envió instrucciones a sus representantes en el norte de Africa en el sentido de que reconocieran sólo a Ceciliano y los que estaban en comunión con él. Esto tenía importantes consecuencias prácticas, pues Constantino estaba promulgando legislación en favor de los cristianos, tales como la exención de impuestos para los clérigos. Sólo quienes estaban en comunión con Ceciliano podrían entonces gozar de tales beneficios —así como de importantes donativos que Constantino estaba haciendo directamente a la iglesia.

¿Cuáles fueron las causas del cisma donatista? Hasta aquí no hemos hecho más que narrar la historia externa de sus comienzos. Pero el hecho es que el cisma tenía profundas raíces tanto teológicas como políticas y económicas.

La justificación teológica del cisma se encontraba en la vieja cuestión de la restauración de los caídos en tiempos de persecución. Según los donatistas, uno de los tres obispos que habían consagrado a Ceciliano era traditor —es decir, había entregado las Escrituras— y por tanto esa consagración no era válida. Ceciliano y los suyos respondían diciendo, primero, que el obispo en cuestión no era de hecho traditor y, segundo, que aunque lo fuese su acción de consagrar a Ceciliano era todavía válida. Luego, aparte de la cuestión factual de si ese obispo —y otros en comunión con Ceciliano— había flaqueado, estaba la cuestión doctrinal de si una ordenación o consagración hecha por un obispo indigno era válida o no. Los donatistas decían que la validez de tal ordenación dependía de la dignidad del obispo. Ceciliano y los suyos respondían que la validez de los sacramentos no depende de la dignidad de quien los administra, pues en ese caso estaríamos constantemente en dudas acerca de si nuestro bautismo es o no válido, o si verdaderamente estamos recibiendo la comunión, ya que nos es imposible saber a ciencia cierta el estado interior del alma del ministro que nos ofrece tales sacramentos. Si los donatistas tenían razón, esto quería decir que Ceciliano no era verdaderamente obispo, y que por tanto todos los que eran ordenados por él eran falsos sacerdotes, cuyos sacramentos no tenían validez alguna. Y lo mismo podía decirse, según los donatistas, de otros obispos acerca de cuya consagración no había duda alguna, pero que ahora se habían unido en la comunión a gentes indignas como Ceciliano y los suyos.

Tampoco sus sacramentos eran ya válidos, pues se habían contaminado. Luego, si algún miembro del partido de Ceciliano decidía unirse a los donatistas, éstos le hacían rebautizar. Pero si un donatista decidía unirse al otro bando éste aceptaba su bautismo, sobre la base de que el sacramento es válido por muy indigno que sea quien lo administre.

Estas eran, en pocas palabras, las cuestiones teológicas que se debatían. Pero cuando nos adentramos más en los documentos de la época, y empezamos a leer entre líneas, nos percatamos de que había otras causas que se revestían de argumentos teológicos. Así, por ejemplo, es un hecho que entre los primeros donatistas había quienes no sólo habían entregado las Escrituras, sino hasta quienes habían hecho todo un inventario de los objetos sagrados que la iglesia poseía, para darlo a las autoridades. Y sin embargo, estas personas fueron aceptadas entre los donatistas sin mayores dificultades. Aun más, uno de los primeros instigadores del donatismo había sido un tal Purpurio de Limata, que había asesinado a dos sobrinos. Luego, resulta difícil creer que la necesidad de mantener a la iglesia pura de toda mancha fuera la verdadera causa de la enemistad de los donatistas hacia Ceciliano y los suyos.

De hecho, los dos bandos pronto se dividieron según grupos sociales y geográficos. En Cartago y la región al este de esa ciudad —la región que se llamaba “Africa proconsular”— Ceciliano tuvo bastantes seguidores. Pero al oeste, en la región de Numidia, el donatismo era poderosísimo. Esto se relaciona al hecho de que durante varias generaciones la Numidia se había sentido explotada por los elementos en Cartago que participaban del comercio y otros contactos con Italia. Numidia —y más al oeste Mauritania— veía el producto de sus cosechas vendido a Roma, y se percataba de que buena parte de los beneficios de este comercio se quedaba en Cartago y los alrededores, mientras que en Numidia y Mauritania la situación económica era onerosa. A esto se añadía el hecho de que en las comarcas más explotadas había un fuerte elemento no romanizado que conservaba sus costumbres e idioma ancestrales, y que veía en Roma y en todo lo que fuese latino una fuerza foránea y opresora. Al mismo tiempo, en la ciudad de Cartago había una clase social compuesta por hacendados, comerciantes y oficiales del ejército, completamente latinizada, que era la que más se beneficiaba del comercio con Italia, y la que veía con más simpatía la necesidad de mantenerse en buenas relaciones con el resto del Imperio y de la iglesia. Pero aun en la misma ciudad de Cartago —y más todavía en las zonas rurales del Africa proconsular— había una numerosísima clase baja cuyos sentimientos eran semejantes a los de los numidios y mauretanios.

Mucho antes del advenimiento de Constantino, el cristianismo había logrado gran número de adeptos en Numidia y entre las clases bajas del Africa proconsular —y, en menor grado, en Mauritania—. Estas gentes habían visto en su nueva fe una fuerza poderosa que ni aun el Imperio podía quebrantar. Al mismo tiempo, un número menor de gentes de la clase latinizada de Cartago había abrazado el cristianismo. Esto introdujo en la iglesia las fricciones que existían en el resto de la sociedad.

Pero en esa época las gentes de clase alta que se unían a la iglesia se veían obligadas en cierta medida a romper algunos de sus vínculos con el Imperio, y por tanto las tensiones dentro de la iglesia no eran insoportables.

La situación cambió con el advenimiento de Constantino y la paz de la iglesia. Ahora el ser cristiano era bien visto por las autoridades. Se podía ser buen romano y buen cristiano al mismo tiempo. Y las clases latinizadas empezaron a convertirse en grandes números. Para otras personas de la misma esfera social que se habían convertido antes, esto era un hecho positivo, pues su decisión anterior se hallaba ahora corroborada por otras personas de importancia. Pero para los cristianos de las clases más bajas lo que sucedía era que la iglesia se estaba corrompiendo. Todo cuanto estas gentes detestaban en el Imperio se estaba introduciendo ahora en la iglesia. Pronto los poderosos, los que dominaban la política y la economía, dominarían también la iglesia. Era necesario oponerse a esa posibilidad, recordándoles a los poderosos advenedizos que cuando ellos estaban todavía adorando a sus dioses paganos ya los pobres y supuestamente ignorantes numidios, mauritanos, y otros, conocían la verdad.

Todo esto puede verse en las distintas etapas del conflicto donatista. Ceciliano fue electo con el apoyo de la clase latinizada de Cartago. A su elección se opusieron las clases bajas del Africa proconsular y casi todo el clero y el pueblo de Numidia.

Casi antes de haber recibido un informe detallado acerca del conflicto, Constantino decidió que el partido de Ceciliano era la iglesia legítima. Lo mismo decidieron los obispos de las grandes ciudades latinas —y a la postre también las griegas.

Por su parte, los donatistas no vacilaron en aceptar el apoyo de los clérigos numidios que habían sucumbido durante la persecución.

Esto no quiere decir que el donatismo fuera desde sus orígenes un movimiento conscientemente político. Los primeros donatistas no se oponían al Imperio, sino al “mundo” —aunque para ellos muchas de las prácticas del Imperio eran características del “mundo”—. En varias ocasiones trataron de persuadir a Constantino de que había juzgado mal al fallar en pro de Ceciliano. Y todavía en época de Juliano, bastante avanzado el siglo IV, tenían esperanzas de que las autoridades vieran la justicia de su causa.

Pero alrededor del año 340 apareció entre los donatistas el bando de los circunceliones —palabra que se deriva del latín circumcellas, que quiere decir “alrededor de las capillas o de los almacenes”—. Los circunceliones eran mayormente campesinos numidios y mauritanos de ideas donatistas que seguían prácticas terroristas. Sus cuarteles se encontraban generalmente en las tumbas de los mártires, donde había tanto una capilla como amplios graneros, y es por esto que recibieron el nombre de “circunceliones”. Aunque algunos historiadores han dicho que no eran sino bandidos que se hacían pasar por gentes religiosas, la verdad es otra. Los circunceliones llevaban su fe hasta el fanatismo. Para ellos no había fin más glorioso que el martirio, y ahora que el estado no perseguía a los cristianos, los circunceliones que morían peleando contra los poderosos se consideraban también mártires. En algunos casos, el deseo de ser mártires llegaba a tal punto que había suicidios en masa, saltando de lo alto de un precipicio. Todo esto puede muy bien ser fanatismo. Pero ciertamente no es la hipocresía de quien toma una posición religiosa para encubrir sus tropelías.

El impacto de los circunceliones fue grande. A veces los dirigentes donatistas de las ciudades los condenaron y trataron de separarse por completo de ellos. Pero en ocasiones, cuando el donatismo organizado necesitaba una fuerza de choque, acudió a los circunceliones. En todo caso, llegó el momento en que las haciendas más apartadas tuvieron que ser abandonadas por temor a ellos. Los viajes por el interior del país se hicieron imposibles para las gentes ricas. Y en más de una oportunidad los circunceliones llegaron hasta los bordes mismos de ciudades importantes. El crédito sufrió y el comercio se paralizó.

Frente a esta situación, las autoridades romanas apelaron a la fuerza. Hubo persecuciones, intentos de persuadir, grandes matanzas y ocupación militar. Pero todo fue en vano. Los circunceliones representaban un descontento popular profundo, y el movimiento no pudo ser extirpado. Como veremos más adelante, poco después los vándalos invadieron la región, y con ello terminó el dominio latino sobre ella. Pero aun bajo los vándalos el movimiento no desapareció. En el siglo VI el Imperio Romano de Oriente —cuya capital era Constantinopla— conquistó la región. Pero los circunceliones no desaparecieron. No fue sino después de la conquista del norte de Africa por los musulmanes, en el siglo VII, que el donatismo y los circunceliones dejaron de existir.

En conclusión, el donatismo —y en particular los donatistas radicales, o circunceliones— fue una reacción más a las nuevas circunstancias producidas por la conversión de Constantino. Mientras algunos recibieron el nuevo orden con los brazos abiertos, y otros protestaron retirándose al desierto, los donatistas sencillamente rompieron con la iglesia que se había aliado al Imperio.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 163–167). Miami, FL: Editorial Unilit.

Los Cristianos y la Lotería

Los Cristianos y la Lotería

Autor: Dave Miller

a1Mientras el carácter moral de la civilización norteamericana deteriora y los valores bíblicos son “arrojados por la borda”, las actividades que una vez se consideraban dañinas para nuestra sociedad ahora están llegando a ser aceptables e incluso a tener apoyo legal. El juego de apuestas ha llegado a ser una forma viable de entretenimiento para millones de norteamericanos que desean llegar a ser “ricos rápidamente”. Incluso en la iglesia, algunos cristianos poco informados consideran la adquisición de boletos de lotería como algo inofensivo. Es tiempo de considerar nuevamente los principios bíblicos que se relacionan al juego de apuestas.

Los diferentes diccionarios definen “apostar” como “jugar con la intención de obtener dinero”; “arriesgar dinero por ganancia incierta”; “invertir o arriesgar dinero, etc., con la esperanza de obtener gran ganancia”. Considere las siguientes cuatro razones por las cuales se puede concluir que el juego de apuestas es inconsistente con la vida cristiana.

Dios no autoriza el juego de apuestas.

Por definición, los cristianos son personas que regulan su comportamiento según las Escrituras. Las Escrituras identifican tres medios autorizados de transferir fortuna de una persona a otra: (1) el trabajo para la recepción de un pago (e.g., Mateo 10:10; Lucas 10:7; Efesios 4:28; 1 Timoteo 5:18); (2) la venta de bienes o de la propiedad (Mateo 13:46; Hechos 2:45; 4:34; 5:4; Santiago 4:13); y (3) regalos o donaciones voluntarias sin la expectativa de devolución lucrativa (Lucas 6:30,35-35; 10:33-35; Hechos 20:35; 2 Corintios 8:9). El juego de apuestas no calza en ninguna de estas categorías. Entonces, la primera observación que un cristiano debe hacer es que el juego de apuestas es una actividad que las Escrituras no autorizan.

El juego de apuestas se encuentra en conflicto con los principios cristianos.

El juego de apuestas (sea que se hable de loterías, carrera de caballos o perros, casinos o el bingo) involucra a dos o más personas que compiten mutuamente para quitar el dinero del otro. Note que los individuos involucrados quieren el dinero de la otra persona, pero no están dispuestos a simplemente donar tal dinero a la otra parte. Cada persona que apuesta está esperando obtener el dinero de la otra persona; nadie quiere perder el dinero que apuesta. Por ende, la misma naturaleza, carácter y esencia del juego de apuestas se encuentra en conflicto directo con el enfoque del cristianismo que Jesús expresó en Mateo 7:12. Por definición, el apostador está tratando a otros de la manera que no quiere ser tratado. Entonces, en el centro del juego de apuestas se encuentran el egoísmo, la envidia y la codicia.

El juego de apuestas socava la ética de trabajo.

Una tercera consideración para el cristiano es el hecho que el juego de apuestas debilita le ética de trabajo, la cual la Biblia enseña claramente. Dios quiere que los seres humanos laboren, trabajen con sus manos, se esfuercen con el sudor de su frente. Considere Efesios 4:28: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”. (También lea Hechos 20:35; 2 Tesalonicenses 3:8-12; cf. Génesis 3:19). El juego de apuestas es un intento claro de hacer a un lado el principio de trabajar con fines nobles.

El juego de apuestas promueve la codicia.

Otro concepto bíblico que descarta el juego de apuestas es la enseñanza en cuanto a la avaricia o codicia. Por una parte, Dios nos insta a “ganarnos la vida”, i.e., trabajar para obtener los fondos necesarios para la vida diaria, la familia y los necesitados (1 Timoteo 5:8; Gálatas 6:10). Por otra parte, la Palabra de Dios registra una diferencia marcada entre “ganar dinero para vivir” y “vivir para ganar dinero”.

Repetidamente, Dios insta a eliminar de nuestras mentes la avaricia, el deseo de las cosas de la vida y las ansias por acumular riquezas (Mateo 6:19-21; Lucas 12:15-21; Efesios 5:3; Colosenses 3:1-5; 1 Juan 2:15-17). Pablo escribió en cuanto a aquellos que codician ser ricos, que tienen amor al dinero y que confían en las riquezas inciertas (1 Timoteo 6:10,17). Incluso si alguien tiene la intención de usar la riqueza acumulada por medio de la apuesta para el trabajo del Señor, el deseo de llegar a ser rico está lleno de trampas sutiles. Independientemente de los motivos nobles que puedan haber, la acción fundamental de enfocar la mente y el corazón en la riqueza es por sí misma un comportamiento inadecuado y erróneo para el cristiano.

CONCLUSIÓN

Aunque el fraude y la corrupción siempre han existido en cada sociedad, un segmento sustancial de la población norteamericana anteriormente entendía que las cosas como el baile, la bebida, el cigarro, las palabras malas y el juego de apuestas eran equivocadas. Pero el tiempo, las circunstancias y los sentimientos han cambiado. Sin embargo, la Palabra de Dios no cambia. Oremos para que Dios nos ayude a regresar a la Biblia y despertar nuestra conciencia a la realidad espiritual para presentar a nuestra sociedad la voluntad de Dios para la humanidad.

Oportunidades de tener amigos

Enero 27

Oportunidades de tener amigos

Lectura bíblica: Marcos 2:13–17

Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. No he venido para llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17

a1Estela tiene diez años y hace tres semanas que aceptó a Jesús como su Salvador. Ahora se encuentra ante un dilema al tratar de vivir su nueva vida. Anoche sus nuevas amigas en la iglesia la llevaron aparte y le dijeron que dejara a todas sus amigas no creyentes.
—Te harán hacer cosas malas. Es malo que seas amiga de chicas que no conocen a Cristo. Ahora lo único que necesitas son amigas creyentes.
Tema para comentar: ¿Deben los creyentes apartarse de sus amigos no creyentes? ¿Por qué sí o por qué no?
Los amigos presionan, frecuentemente para que hagas lo malo. Por eso las personas que nos hacen acordar que necesitamos amigos cercanos creyentes nos están haciendo un favor. Los amigos creyentes son tan importantes que la Biblia nos dice: “Sigue la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor” (2 Timoteo 2:22). Podemos contar con los amigos creyentes para que nos den fuerza y aliento mientras nos vamos desarrollando.

Pero no podemos cortar con los amigos no creyentes. De hecho, Jesús pasó tanto tiempo con gente difícil que algunos lo llamaban “amigo de publicanos y de pecadores” (Mateo 11:19). Aquí van dos razones grandes para conservar tus amigos de antes:
Primera razón: Tienes mucha posibilidad de ganar a tus amigos no creyentes para Cristo. Los conoces bien. Los quieres. ¿Quién podría ser mejor que tú para contarles acerca de Cristo?

Segunda razón: Si cortas tu amistad con tus amigos no creyentes, ellos podrían echarle la culpa a Jesús por haber perdido tu amistad. Entonces, cuando alguien les hable de aceptar a Cristo, su respuesta bien podría ser: “Sí, claro… ¿y abandonar a todos mis amigos? ¡De ninguna manera!”.
Pero en esto los amigos de Estela de la iglesia tienen algo de razón. Si tus amigos no creyentes siguen presionándote para que hagas lo malo, debes distanciarte de ellos para que sepan que no participarás en tales actividades.

Ojo: Si pasas el tiempo con no cristianos es muy probable que tengas problemas por ambos lados. Los no creyentes se burlan de ti porque no los acompañas a algunas de sus actividades, y tus amigos cristianos te critican porque creen que te están hundiendo en el pecado.
Pero no dejes que eso te impida tener amigos no cristianos. Tampoco te enojes con tus amigos cristianos. Haz sencillamente lo que hizo Jesús. ¡Ama a todos!

PARA DIALOGAR
¿Qué resultados obtienes con tener amigos creyentes y no creyentes?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a amar como amó Jesús, siendo amigos de creyentes y de no creyentes.

PARA HACER
Haz un inventario de tus amistades no creyentes. ¿Estás acercando tus amigos a Jesús, o ellos te están apartando de él?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

EL ÁGUILA Y LAS FOCAS

EL ÁGUILA Y LAS FOCAS

Programa No. 2016-01-27
PABLO MARTINI
a1La lucha por la sobre vivencia en los diferentes eslabones de la cadena depredadores y víctimas, tiene matices curiosos. Existe una especie de águilas tan atrevidas que se dedican a cazar pequeñas focas. Realizan un sobrevuelo por encima de las aguas del mar y cuando divisan a una foca nadando sobre la superficie cerca de la orilla, inician su vuelo en picada y clavando sus fuertes garras en los lomos del animal la arrastran hacia la orilla valiéndose de sus enormes y poderosas alas. Una vez fuera del mar, la foca indefensa y herida es elevada hasta el nido del ave en lo alto de las montañas para servir de alimento para el águila y sus polluelos. Pero algunas veces, la foca escogida es demasiado fuerte y pesada para el águila, y no deja ser arrastrada fuera del mar. Al no poder soltarla, el águila, debido a la curvatura de sus garras enterradas en la dura carne del animal, es ella la que es arrastrada mar adentro hasta que la foca se sumerge ahogando al águila que lleva clavada en su espalda. ¿Paradójico, verdad? El águila terminó siendo capturada por aquello que pretendía capturar.

Lo mismo pasa con las posesiones materiales que este mundo ofrece. Alguien dijo: “Cuando lo que poseo comienza a poseerme, estoy en problemas.” Con cuánta frecuencia los hombres se aferran a placeres pecaminosos, estilo de vida sensual, búsqueda ciega de bienes materiales, ignorando que, muchas veces, por querer atrapar una presa demasiado grande, terminan en el fondo de una tragedia. Embriagados de codicia, casi siempre, pierden la noción de sus propias fuerzas y se lanzan imprudentes en empresas que van más allá de sus posibilidades, sacrificando, familia, ahorros, fuerzas, salud y hasta su propia paz. La Biblia dice: “Haz todo lo que esté al alcance de tu mano pero, según tus fuerzas.” Recuerda: ¿De qué le sirvió al águila ganar su foca si perdió su vida? Lo mismo sucede con aquel ser humano que ganare todo el mundo pero perdiere su alma. ¿De qué le aprovechará, dice Marcos 8:36?

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El atrio del tabernáculo

Éxodo 38-40

38:1  Igualmente hizo de madera de acacia el altar del holocausto; su longitud de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, cuadrado, y de tres codos de altura.

E hizo sus cuernos a sus cuatro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y lo cubrió de bronce.

Hizo asimismo todos los utensilios del altar; calderos, tenazas, tazones, garfios y palas; todos sus utensilios los hizo de bronce.

E hizo para el altar un enrejado de bronce de obra de rejilla, que puso por debajo de su cerco hasta la mitad del altar.

También fundió cuatro anillos a los cuatro extremos del enrejado de bronce, para meter las varas.

E hizo las varas de madera de acacia, y las cubrió de bronce.

Y metió las varas por los anillos a los lados del altar, para llevarlo con ellas; hueco lo hizo, de tablas.

También hizo la fuente de bronce y su base de bronce, de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

El atrio del tabernáculo

(Ex. 27.9-19)

Hizo asimismo el atrio; del lado sur, al mediodía, las cortinas del atrio eran de cien codos, de lino torcido.

10 Sus columnas eran veinte, con sus veinte basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.

11 Y del lado norte cortinas de cien codos; sus columnas, veinte, con sus veinte basas de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.

12 Del lado del occidente, cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, y sus diez basas; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.

13 Del lado oriental, al este, cortinas de cincuenta codos;

14 a un lado cortinas de quince codos, sus tres columnas y sus tres basas;

15 al otro lado, de uno y otro lado de la puerta del atrio, cortinas de quince codos, con sus tres columnas y sus tres basas.

16 Todas las cortinas del atrio alrededor eran de lino torcido.

17 Las basas de las columnas eran de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata; asimismo las cubiertas de las cabezas de ellas, de plata; y todas las columnas del atrio tenían molduras de plata.

18 La cortina de la entrada del atrio era de obra de recamador, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; era de veinte codos de longitud, y su anchura, o sea su altura, era de cinco codos, lo mismo que las cortinas del atrio.

19 Sus columnas eran cuatro, con sus cuatro basas de bronce y sus capiteles de plata; y las cubiertas de los capiteles de ellas, y sus molduras, de plata.

20 Todas las estacas del tabernáculo y del atrio alrededor eran de bronce.

Dirección de la obra

21 Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, las que se hicieron por orden de Moisés por obra de los levitas bajo la dirección de Itamar hijo del sacerdote Aarón.

22 Y Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que Jehová mandó a Moisés.

23 Y con él estaba Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, artífice, diseñador y recamador en azul, púrpura, carmesí y lino fino.

Metales usados en el santuario

24 Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del santuario, el cual fue oro de la ofrenda, fue veintinueve talentos y setecientos treinta siclos, según el siclo del santuario.

25 Y la plata de los empadronados de la congregación fue cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos, según el siclo del santuario;

26 medio siclo por cabeza, según el siclo del santuario; a todos los que pasaron por el censo, de edad de veinte años arriba, que fueron seiscientos tres mil quinientos cincuenta.

27 Hubo además cien talentos de plata para fundir las basas del santuario y las basas del velo; en cien basas, cien talentos, a talento por basa.

28 Y de los mil setecientos setenta y cinco siclos hizo los capiteles de las columnas, y cubrió los capiteles de ellas, y las ciñó.

29 El bronce ofrendado fue setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos,

30 del cual fueron hechas las basas de la puerta del tabernáculo de reunión, y el altar de bronce y su enrejado de bronce, y todos los utensilios del altar,

31 las basas del atrio alrededor, las basas de la puerta del atrio, y todas las estacas del tabernáculo y todas las estacas del atrio alrededor.

Hechura de las vestiduras de los sacerdotes

(Ex. 28.1-43)

39:1  Del azul, púrpura y carmesí hicieron las vestiduras del ministerio para ministrar en el santuario, y asimismo hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, como Jehová lo había mandado a Moisés.

Hizo también el efod de oro, de azul, púrpura, carmesí y lino torcido.

Y batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el azul, la púrpura, el carmesí y el lino, con labor primorosa.

Hicieron las hombreras para que se juntasen, y se unían en sus dos extremos.

Y el cinto del efod que estaba sobre él era de lo mismo, de igual labor; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, como Jehová lo había mandado a Moisés.

Y labraron las piedras de ónice montadas en engastes de oro, con grabaduras de sello con los nombres de los hijos de Israel,

y las puso sobre las hombreras del efod, por piedras memoriales para los hijos de Israel, como Jehová lo había mandado a Moisés.

Hizo también el pectoral de obra primorosa como la obra del efod, de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido.

Era cuadrado; doble hicieron el pectoral; su longitud era de un palmo, y de un palmo su anchura, cuando era doblado.

10 Y engastaron en él cuatro hileras de piedras. La primera hilera era un sardio, un topacio y un carbunclo; esta era la primera hilera.

11 La segunda hilera, una esmeralda, un zafiro y un diamante.

12 La tercera hilera, un jacinto, una ágata y una amatista.

13 Y la cuarta hilera, un berilo, un ónice y un jaspe, todas montadas y encajadas en engastes de oro.

14 Y las piedras eran conforme a los nombres de los hijos de Israel, doce según los nombres de ellos; como grabaduras de sello, cada una con su nombre, según las doce tribus.

15 Hicieron también sobre el pectoral los cordones de forma de trenza, de oro puro.

16 Hicieron asimismo dos engastes y dos anillos de oro, y pusieron dos anillos de oro en los dos extremos del pectoral,

17 y fijaron los dos cordones de oro en aquellos dos anillos a los extremos del pectoral.

18 Fijaron también los otros dos extremos de los dos cordones de oro en los dos engastes que pusieron sobre las hombreras del efod por delante.

19 E hicieron otros dos anillos de oro que pusieron en los dos extremos del pectoral, en su orilla, frente a la parte baja del efod.

20 Hicieron además dos anillos de oro que pusieron en la parte delantera de las dos hombreras del efod, hacia abajo, cerca de su juntura, sobre el cinto del efod.

21 Y ataron el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón de azul, para que estuviese sobre el cinto del mismo efod y no se separase el pectoral del efod, como Jehová lo había mandado a Moisés.

22 Hizo también el manto del efod de obra de tejedor, todo de azul,

23 con su abertura en medio de él, como el cuello de un coselete, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiese.

24 E hicieron en las orillas del manto granadas de azul, púrpura, carmesí y lino torcido.

25 Hicieron también campanillas de oro puro, y pusieron campanillas entre las granadas en las orillas del manto, alrededor, entre las granadas;

26 una campanilla y una granada, otra campanilla y otra granada alrededor, en las orillas del manto, para ministrar, como Jehová lo mandó a Moisés.

27 Igualmente hicieron las túnicas de lino fino de obra de tejedor, para Aarón y para sus hijos.

28 Asimismo la mitra de lino fino, y los adornos de las tiaras de lino fino, y los calzoncillos de lino, de lino torcido.

29 También el cinto de lino torcido, de azul, púrpura y carmesí, de obra de recamador, como Jehová lo mandó a Moisés.

30 Hicieron asimismo la lámina de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella como grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVÁ.

31 Y pusieron en ella un cordón de azul para colocarla sobre la mitra por arriba, como Jehová lo había mandado a Moisés.

La obra del tabernáculo terminada

(Ex. 35.10-19)

32 Así fue acabada toda la obra del tabernáculo, del tabernáculo de reunión; e hicieron los hijos de Israel como Jehová lo había mandado a Moisés; así lo hicieron.

33 Y trajeron el tabernáculo a Moisés, el tabernáculo y todos sus utensilios; sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus columnas, sus basas;

34 la cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, la cubierta de pieles de tejones, el velo del frente;

35 el arca del testimonio y sus varas, el propiciatorio;

36 la mesa, todos sus vasos, el pan de la proposición;

37 el candelero puro, sus lamparillas, las lamparillas que debían mantenerse en orden, y todos sus utensilios, el aceite para el alumbrado;

38 el altar de oro, el aceite de la unción, el incienso aromático, la cortina para la entrada del tabernáculo;

39 el altar de bronce con su enrejado de bronce, sus varas y todos sus utensilios, la fuente y su base;

40 las cortinas del atrio, sus columnas y sus basas, la cortina para la entrada del atrio, sus cuerdas y sus estacas, y todos los utensilios del servicio del tabernáculo, del tabernáculo de reunión;

41 las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ministrar en el sacerdocio.

42 En conformidad a todas las cosas que Jehová había mandado a Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra.

43 Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado; y los bendijo.

Moisés erige el tabernáculo

40:1  Luego Jehová habló a Moisés, diciendo:

En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo de reunión;

y pondrás en él el arca del testimonio, y la cubrirás con el velo.

Meterás la mesa y la pondrás en orden; meterás también el candelero y encenderás sus lámparas,

y pondrás el altar de oro para el incienso delante del arca del testimonio, y pondrás la cortina delante a la entrada del tabernáculo.

Después pondrás el altar del holocausto delante de la entrada del tabernáculo, del tabernáculo de reunión.

Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás agua en ella.

Finalmente pondrás el atrio alrededor, y la cortina a la entrada del atrio.

Y tomarás el aceite de la unción y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y lo santificarás con todos sus utensilios, y será santo.

10 Ungirás también el altar del holocausto y todos sus utensilios; y santificarás el altar, y será un altar santísimo.

11 Asimismo ungirás la fuente y su base, y la santificarás.

12 Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua.

13 Y harás vestir a Aarón las vestiduras sagradas, y lo ungirás, y lo consagrarás, para que sea mi sacerdote.

14 Después harás que se acerquen sus hijos, y les vestirás las túnicas;

15 y los ungirás, como ungiste a su padre, y serán mis sacerdotes, y su unción les servirá por sacerdocio perpetuo, por sus generaciones.

16 Y Moisés hizo conforme a todo lo que Jehová le mandó; así lo hizo.

17 Así, en el día primero del primer mes, en el segundo año, el tabernáculo fue erigido.

18 Moisés hizo levantar el tabernáculo, y asentó sus basas, y colocó sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus columnas.

19 Levantó la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecubierta encima del mismo, como Jehová había mandado a Moisés.

20 Y tomó el testimonio y lo puso dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima el propiciatorio sobre el arca.

21 Luego metió el arca en el tabernáculo, y puso el velo extendido, y ocultó el arca del testimonio, como Jehová había mandado a Moisés.

22 Puso la mesa en el tabernáculo de reunión, al lado norte de la cortina, fuera del velo,

23 y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés.

24 Puso el candelero en el tabernáculo de reunión, enfrente de la mesa, al lado sur de la cortina,

25 y encendió las lámparas delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés.

26 Puso también el altar de oro en el tabernáculo de reunión, delante del velo,

27 y quemó sobre él incienso aromático, como Jehová había mandado a Moisés.

28 Puso asimismo la cortina a la entrada del tabernáculo.

29 Y colocó el altar del holocausto a la entrada del tabernáculo, del tabernáculo de reunión, y sacrificó sobre él holocausto y ofrenda, como Jehová había mandado a Moisés.

30 Y puso la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y puso en ella agua para lavar.

31 Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies.

32 Cuando entraban en el tabernáculo de reunión, y cuando se acercaban al altar, se lavaban, como Jehová había mandado a Moisés.

33 Finalmente erigió el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés la obra.

La nube sobre el tabernáculo

(Nm. 9.15-23)

34 Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.

35 Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba.

36 Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas;

37 pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.

38 Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society