La existencia de los dinosaurios y la respuesta bíblica

Consultorio Bíblico

La existencia de los dinosaurios y la respuesta bíblica

Programa No. 2016-01-14

PABLO LOGACHO
Nos ha escrito una amiga oyente de Bogotá, Colombia y nos dice lo siguiente: Reciban bendiciones de nuestro Señor. Gracias por el esfuerzo que realizan cada día por enseñarnos más y más acerca de la palabra de Dios. Los escucho desde hace algún tiempo en Bogotá, Colombia por BBN 1100 AM y disfruto de sus comentarios y de la ayuda que ofrecen a la gente para entender la voluntad de Dios. La razón por la que les escribo es porque me gustaría pedirles ayuda para aclarar una inquietud que surgió hace poco en la escuela dominical con los niños de mi iglesia, acerca de la existencia de los dinosaurios y la respuesta bíblica. No tengo mucho conocimiento acerca del tema y no sé dónde puedo encontrar información útil para resolver la inquietud y enseñarles a los niños. Me preguntaba si me podrían ayudar a responder la pregunta o informarme de libros o folletos donde pueda encontrar la información. Les agradezco por toda la ayuda que me puedan brindar y que el Señor les siga bendiciendo abundantemente.
DAVID LOGACHO
a1Gracias amable oyente por haberse comunicado con nosotros. Apreciamos mucho sus comentarios sobre el efecto que está teniendo nuestra programación radial en su vida espiritual. Lo hacemos todo para la gloria de Dios. Gracias también a la emisora BBN en 1100 AM por su buena voluntad al transmitir nuestro programa radial en Bogotá Colombia. La presencia de los dinosaurios sobre la faz de la tierra es atestiguada por la cantidad de fósiles que hasta el presente han sido encontrados en diferentes estratos de la corteza terrestre. Siendo este el caso, entonces, los dinosaurios forman parte del reino animal que fue creado por Dios en la tierra. Esto aconteció en el día quinto y sexto de la creación. Génesis 1:20-23 nos habla de la creación de los animales marinos y las aves. Dice así: Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

En este día, el quinto de la creación, Dios creó todos los animales marinos y las aves. Los animales terrestres, aparte de las aves, fueron creados por Dios el sexto día de la creación. Génesis 1:24-25 dice: Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.

En otras palabras, Dios creó absolutamente todo animal marino, todo animal terrestre y toda ave. Dentro de esto estuvieron ciertamente los dinosaurios. La gran pregunta es: Si Dios creó todo el reino animal, dentro de ellos los dinosaurios, entonces ¿por qué no tenemos dinosaurios vivos en la actualidad? Para hallar una respuesta tenemos que considerar el relato bíblico del diluvio universal. Antes del diluvio universal, no llovía sobre la faz de la tierra sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. En aquel tiempo el globo terrestre estaba rodeado por una capa de agua por sobre la atmósfera. Cuando llegó el tiempo para el diluvio universal, Dios ordenó a Noé que haga entrar en el arca a todos los animales según su especie, en parejas, macho y hembra. Génesis 6:18-21 dice: Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida. Y toma contigo de todo alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos.

Note que la lista no habla de animales marinos, porque los animales marinos están adaptados para vivir en el agua. Habla de aves, de bestias y de reptiles. Dentro de estos animales están los dinosaurios. Muchos han cuestionado esto último diciendo: Pero los dinosaurios fueron tan enormes que jamás hubieran podido entrar en el arca de Noé. Pero Dios dio a Noé inteligencia y Noé debe haber usado su inteligencia para cumplir con el mandato de Dios. Es posible que los animales de gran tamaño que introdujo Noé al arca, como elefantes, jirafas y ciertamente los dinosaurios, hayan sido ejemplares tiernos, antes que lleguen a tener el tamaño de adultos. En todo caso, cuando todos los animales estaban dentro del arca y también Noé con su familia cercana, Dios trajo el diluvio sobre toda la tierra. Note como lo registra la Biblia. Génesis 7:10-12 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.

El agua inundó absolutamente todo el globo terráqueo. Génesis 7:19-20 dice: Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes.

Los picos de los montes más altos quedaron quince codos, más de siete metros, por debajo del nivel del agua. ¿De dónde salió tanta agua? El texto dice que fueron rotas todas las fuentes del grande abismo. Parte del agua provenía de abajo, de la tierra. Pero el texto dice también que las cataratas de los cielos fueron abiertas. Esto se refiere a esa capa de agua que en ese tiempo rodeaba el globo terráqueo, por encima de la atmósfera. Esta capa de agua, antes del diluvio creaba el efecto invernadero en todo el globo terrestre, de modo que la temperatura era alta y uniforme en todo el globo terrestre, tanto en los polos como en el ecuador. Antes del diluvio, había vegetación tropical tanto en los polos como en el ecuador. Cuando ocurrió el diluvio, se precipitó sobre la superficie terrestre toda esa capa de agua que rodeaba la tierra. El diluvio universal produjo un cataclismo en la corteza terrestre. Las fuerzas hidráulicas hizo que parte de la corteza terrestre se eleve, creando los continentes con sus montañas y otras partes de la corteza terrestre se hunda, creando el espacio para toda el agua que había en la tierra, los oceános. Es decir que la orografía de la tierra después del diluvio era muy diferente a lo que fue antes del diluvio, el clima de la tierra después del diluvio fue muy diferente a lo que era el clima de la tierra antes del diluvio. La tierra comenzó a tener un clima cálido en el ecuador pero los polos se enfriaron al punto de congelación hasta llegar a ser lo que son hoy. Eventualmente, el arca con Noé, su familia y los animales, dentro de ellos los dinosaurios, se posó sobre los montes de Ararat. Note lo que pasó a continuación. Génesis 8:15-19 dice: Entonces habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra. Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca.

Noé y su familia, junto a todos los animales, incluyendo los dinosaurios, salieron a un mundo muy distinto a lo que era antes del diluvio. Los dinosaurios seguramente crecieron hasta llegar a ser adultos, y comenzaron a multiplicarse, pero había un problema, la tierra ya no tenía tanto alimento como antes del diluvio, porque las condiciones climáticas eran diferentes, el ambiente se tornó muy hostil para la supervivencia de los dinosaurios. Con el correr del tiempo, los dinosaurios entraron a un rápido proceso de extinción hasta que desaparecieron de la faz de la tierra, dejando para el recuerdo solamente sus restos fósiles. En esencia entonces, amable oyente, Usted puede explicar todo esto tal vez en palabras más sencillas a sus alumnos en la escuela dominical. Explíqueles, que los dinosaurios fueron creados por Dios y poblaron la tierra y se multiplicaron grandemente entre el tiempo de su creación y el diluvio, pero como las condiciones de la tierra después del diluvio llegaron a ser tan distintas a lo que eran antes del diluvios, fue difícil que los dinosaurios se adapten a esas adversas condiciones y por eso comenzaron a extinguirse hasta desaparecer. En cuanto a literatura sobre este asunto de los dinosaurios, desde una perspectiva bíblica, me temo mucho que sea muy escasa. Si existe, yo no lo conozco. Lo que predomina es el punto de vista evolucionista para explicar la presencia y extinción de los dinosaurios. Tenga mucho cuidado para no caer en la trampa de creer en la mentira de la evolución.

PABLO LOGACHO
LA BIBLIA DICE… es un ministerio cuyo fin es llevar personas a la madurez en Cristo, por ello le invitamos a visitar nuestra página Web y conocer cada uno de los estudios que tenemos a su disposición y por supuesto conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DIA En Isaías capítulo 65 se habla de nuevos cielos y nueva tierra y dice que la gente tendrá descendientes. Pero según Mateo 22:30 Jesús dijo que los que resuciten de los muertos no se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. ¿Por qué entonces en Isaías dice que la gente que viva en esos nuevos cielos y nueva tierra tendrán descendientes? Busque la respuesta en nuestra página en Internet la dirección es: labibliadice.org Hasta la próxima y que Dios le bendiga grandemente.

La misión a los gentiles 4

La misión a los gentiles 4

Justo L. Gonzáles

… no me avergüenzo del evangelio, porque es

poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

Romanos 1. 16

a1Los cristianos que en Hechos 6 se llaman “griegos”, aunque eran en realidad judíos, eran sin embargo judíos que sentían cierta simpatía hacia algunos elementos de la cultura griega. Puesto que fue contra estos cristianos que primero se desató la persecución en Jerusalén, fueron ellos los que primero se esparcieron por otras ciudades, y fue por tanto a ellos que se debió la llegada del mensaje cristiano a esos lugares.

El alcance de la misión

Según Hechos 8:1, esta primera dispersión de los cristianos tuvo lugar “por las tierras de Judea y Samaria”. Acerca de las iglesias en Judea, tenemos algunas noticias en Hechos 9:32–42 donde se nos cuenta de las visitas de Pedro a los cristianos de Lida, Jope y la región de Sarón, tierras éstas que se encontraban en los confines entre Judea y Samaria. Sobre la iglesia en Samaria, Hechos 8:4–25 da testimonio de la obra de Felipe, la conversión de Simón el mago, y la visita de Pedro y Juan.

Pero ya el capítulo 9 de Hechos, al describir la conversión de Saulo, da a entender que había cristianos en Damasco, ciudad mucho más distante de Jerusalén. Además, en Hechos ll:l9 se nos dice que los que se esparcieron por motivo de la muerte de Esteban fueron mucho más allá de Judea y Samaria, hasta Fenicia, Chipre y Antioquía. En todo caso, todo parece indicar que todas estas personas que se esparcieron a causa de la persecución eran judías, y que sus conversos eran también judíos.

Sin embargo, pronto la nueva fe comenzó a extenderse más allá de los límites del judaísmo. Por la obra de Felipe se convirtieron Simón el mago y el eunuco etíope. Hechos no nos dice claramente si alguna de estas personas era gentil, y por tanto cualquier conjetura en ese sentido resulta aventurada. Pero ya en el capítulo diez aparece el episodio de Pedro y Cornelio, en el que Pedro, tras recibir una visión que le ordena hacerlo, bautiza al gentil Cornelio y a “muchos que se habían reunido” con él. Cuando Pedro regresó a Jerusalén, la iglesia de esa ciudad le pidió una explicación de lo sucedido, y Pedro les contó acerca de su visión y de cómo Cornelio y los suyos habían recibido el Espíritu Santo. Ante esta explicación, los de Jerusalén “glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18).

A renglón seguido, el libro de Hechos nos cuenta cómo sucedió algo parecido en Antioquía, pues algunos cristianos procedentes de Chipre y de Cirene empezaron a predicarles a los gentiles. Al oír acerca de esto, la iglesia de Jerusalén envió a Bernabé para que viera lo que estaba teniendo lugar. Y Bernabé, cuando “vio la gracia de Dios, se regocijó” (Hechos 11:23).

Luego, lo que todo esto nos da a entender es que, aunque la primera expansión del cristianismo tuvo lugar a través de los cristianos de tendencia helenizante que tuvieron que huir de Jerusalén, la iglesia en la Ciudad Santa le dio su aprobación a la misión entre los gentiles.

Naturalmente, esto no resolvió todos los problemas, pues siempre quedaba la cuestión de hasta qué punto los gentiles conversos al cristianismo debían supeditarse a la Ley de Israel. Tras algunas vacilaciones la iglesia de Jerusalén aceptó a sus hermanos en Cristo sin “imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 15:28–29).

Pero, como sabemos por las epístolas de Pablo, esto no resolvió todo el problema, pues por algún tiempo siguió habiendo quienes insistían en que para ser cristiano había que circuncidarse y cumplir toda la Ley.

La obra de Pablo

Los viajes del apóstol Pablo son de todos conocidos, y en todo caso el lector puede seguirlos leyendo en el libro de Hechos. Por tanto, no nos detendremos aquí a seguir el itinerario de esos viajes. Baste señalar que, por alguna razón que el texto no nos dice, Bernabé fue a buscar a Saulo a Tarso y le llevó a Antioquía, donde trabajaron juntos por espacio de un año, y donde los cristianos recibieron ese nombre por vez primera.

Después, en varios viajes, primero con Bernabé y luego con otros acompañantes, Pablo llevó el evangelio a la isla de Chipre, a varias ciudades del Asia Menor, a Grecia, a Roma, y quizá hasta a España.

Pero, por otra parte, decir que Pablo llevó el evangelio a esos lugares no ha de entenderse en el sentido de que él fue el primero en hacerlo. En Roma había una iglesia bastante grande antes de la llegada del apóstol, como lo muestra la Epístola a los Romanos. Lo que es más, ya el cristianismo se había extendido por Italia hasta tal punto que cuando Pablo llegó al pequeño puerto de Puteoli había allí cristianos que salieron a recibirlo. Luego, hemos de cuidar de no exagerar la importancia de la labor misionera de Pablo. Puesto que la obra de Pablo y sus escritos ocupan buena parte del Nuevo Testamento, siempre corremos el riesgo de olvidar que, al mismo tiempo que Pablo llevaba a cabo sus viajes misioneros, había muchos otros dando testimonio del evangelio por diversas partes de la cuenca del Mediterráneo.

Bernabé y Marcos fueron a Chipre. El judío alejandrino Apolos predicó en Efeso y en Corinto. Y el propio Pablo, tras quejarse de que “algunos predican a Cristo por envidia y contienda”, se goza de que “o por pretexto o por verdad Cristo es anunciado” (Filipenses 1:15–18).

Todo esto quiere decir que, a pesar de toda la importancia de la labor misionera del apóstol Pablo, la gran contribución de Pablo no fue ésta, sino sus cartas que han venido a formar parte de nuestras Escrituras, y que a través de los siglos han ejercido su influjo sobre la vida de la iglesia.

En cuanto a la labor misionera en sí, ésta fue llevada a cabo por algunas personas cuyos nombres conocemos —Pablo, Bernabé, Marcos, etc.— pero también por centenares de cristianos anónimos que iban de un lugar a otro llevando su fe y su testimonio. Algunos de estos viajaban como misioneros, por razón de su fe. Pero probablemente muchos otros eran personas que sencillamente tenían que ir de un lugar a otro, y que en esos viajes iban esparciendo la semilla del evangelio.

Por último, antes de terminar esta brevísima sección sobre la obra de Pablo, conviene señalar que, aunque Pablo se consideraba a sí mismo como apóstol a los gentiles, a pesar de ello casi siempre al llegar a una ciudad se dirigía primero a la sinagoga, y a través de ella a la comunidad judía. Esto ha de servir para subrayar lo que hemos dicho anteriormente: que Pablo no se creía portador de una nueva religión, sino del cumplimiento de las promesas hechas a Israel. Su mensaje no era que Israel había quedado desamparado, sino que ahora, en virtud de la resurrección de Jesús, dos cosas habían sucedido: la nueva era del Mesías había comenzado, y la entrada al pueblo de Israel había quedado franca para los gentiles.

Los apóstoles: hechos y leyendas

El Nuevo Testamento no nos dice qué fue de la mayoría de los apóstoles. Hechos nos cuenta de la muerte de Jacobo, el hermano de Juan. Pero el propio libro de Hechos nos deja en suspenso al terminar diciéndonos que Pablo estaba predicando libremente en Roma. ¿Qué fue entonces, no sólo de Pablo, sino también de los demás apóstoles? Desde fechas muy antiguas comenzaron a aparecer tradiciones que afirmaban que tal o cual apóstol había estado en tal o cual lugar, o que había sufrido el martirio de una forma o de otra. Muchas de estas tradiciones son indudablemente el resultado del deseo por parte de cada iglesia en cada ciudad de poder afirmar su origen apostólico. Pero otras son más dignas de crédito, y merecen al menos que las conozcamos.

De todas estas tradiciones, probablemente la que es más difícil de poner en duda es la que afirma que Pedro estuvo en Roma y que sufrió el martirio en esa ciudad durante la persecución de Nerón. Este hecho encuentra testimonios fehacientes en varios escritores cristianos de fines del siglo primero y de todo el siglo segundo, y por tanto ha de ser aceptado como históricamente cierto. Además, todo parece indicar que la “Babilonia” a que se refiere 1 Pedro 5:13 es Roma: “La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con nosotros, y Marcos mi hijo, os saludan”. Por otra parte, la misma tradición que afirma que Pedro murió crucificado —algunos autores dicen que cabeza abajo— encuentra ecos en Juan 21:18–19, donde Jesús le dice a Pedro: “Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas donde querías, mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras”. Y el evangelista añade a modo de comentario: “Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios”.

El caso del apóstol Pablo es algo más complejo. El libro de Hechos le deja predicando en Roma con relativa libertad. Todos los testimonios antiguos concuerdan en que murió en Roma —probablemente decapitado— durante la persecución de Nerón. Pero hay también varios indicios de que Pablo realizó otros viajes posteriores a los que se cuentan en Hechos, entre ellos uno a España. Esto ha llevado a algunos a suponer que, después de los acontecimientos que se nos narran en Hechos, Pablo fue puesto en libertad, y continuó viajando hasta que fue encarcelado de nuevo y muerto durante la persecución de Nerón. Esta explicación resulta verosímil, aunque no hay suficientes datos para asegurar su exactitud.

La tarea de reconstruir la vida posterior del apóstol Juan se complica porque al parecer hubo en la iglesia antigua más de un dirigente de ese nombre. Según una vieja tradición, San Juan fue muerto en Roma, condenado a ser echado en una caldera de aceite hirviendo. Por otra parte, el Apocalipsis coloca a Juan, por la misma época, desterrado en la isla de Patmos. Otra tradición fidedigna dice que después que pasó la persecución Juan regresó a Efeso, donde continuó enseñando hasta que murió alrededor del año 100. Todo esto da a entender que hubo al menos dos personas del mismo nombre, y que la tradición después las confundió. Por cierto que un autor cristiano del siglo II —Papías de Hierápolis— que se había dedicado a estudiar las vidas y enseñanzas de los apóstoles, afirma categóricamente que hubo dos Juanes, uno el apóstol y evangelista, y otro el anciano de Efeso, que fue también quien recibió la revelación de Patmos. Además, la crítica concuerda en que los autores del Cuarto Evangelio y del Apocalipsis deben ser dos personas distintas, puesto que el primero escribe en griego con estilo elegante y claro, mientras que el segundo parece encontrarse más a gusto en hebreo o arameo. En todo caso, sí sabemos que hacia fines del siglo primero hubo en Efeso un maestro cristiano muy respetado por todos, de nombre Juan, y a quien sus discípulos atribuían autoridad apostólica.

Hacia fines del siglo segundo comienza a aparecer un fenómeno que dificulta sobremanera todo intento de descubrir el paradero de los apóstoles. Este fenómeno consistió en que todas las principales iglesias trataban de reclamar para sí un origen directamente apostólico. Puesto que la iglesia de Alejandría rivalizaba con las de Antioquía y Roma, ella también tenía que reclamar para sí la autoridad y el prestigio de algún apóstol, y esto a su vez dio origen a la tradición según la cual San Marcos había fundado la iglesia en esa ciudad. De igual modo, cuando Constantinopla llegó a ser capital del imperio, la nueva ciudad no podía tolerar el hecho de que tantas otras iglesias pudieran reclamar para sí un origen apostólico, y ella no pudiera hacer lo mismo. De ahí surgió la tradición que decía que el apóstol Felipe había fundado la iglesia de Bizancio, que era la ciudad que se encontraba en el lugar donde Constantinopla fue edificada más tarde.

Además de las tradiciones acerca de Pedro y Pablo que hemos mencionado más arriba, existen otras que, por razón de su popularidad, merecen especial atención. Estas son las tradiciones referentes a los orígenes del cristianismo en España y en la India. Es posible que el apóstol Pablo haya visitado España. Hay, sin embargo, otras dos tradiciones que tratan de enlazar a la iglesia española con los tiempos apostólicos. Una de estas tradiciones sostiene que el apóstol Pedro envió a España a “siete varones apostólicos”. Estos siete misioneros se presentaron ante la ciudad romana de Acci —que hoy se llama Guadix— pero fueron mal recibidos, y algunos de los habitantes del lugar salieron a perseguirles. En su fuga, los misioneros atravesaron un puente, y cuando los que les perseguían intentaron seguirles el puente se derrumbó y todos murieron ahogados. Ante tal milagro, los habitantes de Acci se convirtieron y construyeron una iglesia. Después de esto, los siete misioneros se separaron y fueron cada cual a una ciudad distinta. Esta tradición, sin embargo, no se remonta más allá del siglo v, y por tanto la mayoría de los historiadores duda de su veracidad histórica.

La otra tradición referente a los orígenes de la iglesia española relaciona esos orígenes con el apóstol Santiago. Este es el mismo Jacobo de quien ya hemos dicho que fue muerto por Herodes Agripa, puesto que originalmente los nombres Jacobo, Iago, Diego, Jaime y Santiago son el mismo. En todo caso según la tradición Santiago estuvo predicando en la región de Galicia y en Zaragoza. Su éxito no fue notable, pues los naturales de esos lugares se negaron a aceptar el evangelio. Cuando Santiago iba de regreso a Jerusalén, desanimado por lo que parecía ser su fracaso, se le apareció sobre un pilar la Virgen —que todavía vivía— y le dio ánimo. Este es el origen de la “Virgen del Pilar”, venerada en España y en varias de sus antiguas colonias. Tras su regreso a Jerusalén —continúa diciéndonos la tradición— Santiago fue decapitado, y entonces algunos de sus discípulos españoles llevaron sus restos de regreso a España, donde supuestamente reposan hasta el día de hoy en la basílica de Santiago de Compostela.

La tradición referente a Santiago en España ha tenido gran importancia para los españoles a través de su historia, pues Santiago es el patrón del país, y “¡Santiago y cierra España!” fue el grito de guerra en la Reconquista contra los moros. Durante la Edad Media, según veremos más adelante, las peregrinaciones a Santiago de Compostela jugaron un papel importantísimo en la religiosidad europea, y también en la unificación de España. La Orden de Santiago, que también discutiremos más adelante, fue asimismo de gran importancia histórica. Por todas estas razones, hay todavía esfuerzos por parte de algunos autores —en su mayoría españoles y católicos— de sostener la veracidad histórica de la visita de Santiago a España. Pero esa tradición no aparece en ningún escrito anterior al siglo VIII, y por tanto la mayoría de los historiadores se inclina a rechazarla.

Por último, existe también una fuerte tradición que afirma que Santo Tomás fue a la India. Esta tradición se encuentra por primera vez en los Hechos de Tomás, que fueron escritos a fines del siglo segundo o principios del tercero. Ya en esas fuentes, sin embargo, la visita de Tomás a la India se encuentra envuelta en toda una serie de relatos legendarios y milagrosos. Según se nos cuenta allí, un rey indio, Gondofares, quería construir un palacio esplendoroso, y con ese propósito le pidió a su representante en Siria que le buscase un arquitecto. Santo Tomás —que no era arquitecto— se ofreció para llevar a cabo la construcción del palacio, y con ese propósito fue llevado a la corte de Gondofares. Pero Tomás se refería a un palacio celestial, y por tanto repartía entre los pobres todo el dinero que Gondofares le daba para la construcción. Por fin, en vista de que nada se hacía en el lugar donde el palacio debía levantarse, el rey hizo encarcelar a Tomás. Pero entonces el hermano del rey, Gad, murió y regreso del lugar de los muertos le contó al rey una visión que había tenido del palacio celestial que Tomás estaba construyendo. Ante tal evidencia, el rey y su hermano se convirtieron y fueron bautizados. Por fin, tras permanecer allí por algún tiempo, Tomas dejó la iglesia a cargo de su discípulo Xantipo, y continuó sus labores apostólicas en otras regiones de la India, hasta que murió como mártir.

No cabe duda de que este relato, lleno de prodigios increíbles, es producto de la leyenda y la imaginación. Existen, sin embargo, fuertes razones para pensar que quizá el núcleo de la historia pueda ser verídico. En fecha relativamente reciente se han descubierto monedas que prueban que alrededor de la época a que el relato se refiere hubo en la India un gobernante llamado Gondofares, y que ese gobernante tenía un hermano llamado Gad. Además, no cabe duda de que la iglesia de la India es muy antigua, y por tanto no resulta descabellado pensar que pueda haber sido fundada en el siglo primero, especialmente por cuanto sabemos que había entre Siria y la India rutas comerciales muy transitadas. Por tanto, lo más que podemos decir es que es posible que Santo Tomás haya de verdad predicado en la India, aunque no existen pruebas concluyentes en un sentido u otro.

En conclusión, sabemos que algunos de los apóstoles —particularmente Pedro, Juan y Pablo— viajaron predicando el evangelio y supervisando la vida de las iglesias que habían sido fundadas por otros. Es posible que algunos otros apóstoles, como Santo Tomás, hayan hecho lo mismo. Pero de la mayoría de ellos no tenemos más que leyendas que reflejan una época posterior, cuando se creía que los apóstoles se dividieron la labor misionera por todo el mundo, y que cada cual salió en una dirección distinta. Al parecer, la mayor parte del trabajo misionero no fue llevada a cabo por los doce, sino por otros cristianos que por diversas razones —persecución, negocios o vocación misionera— iban de lugar en lugar llevando su fe.

Por otra parte, esa labor no fue fácil, pues pronto comenzaron a surgir conflictos con el estado y, como veremos en el próximo capítulo, fueron muchos los cristianos que dieron testimonio de su fe con su sangre.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 39–45). Miami, FL: Editorial Unilit.

Confiando en los demás.

Confiando en los demás.

Programa No. 2016-01-14

PABLO MARTINI
a1Todos necesitamos aliento al momento de iniciar proyectos de vida. Todos hemos experimentado, antes de encarar desafíos nuevos, la fusión de dos voces internas. Una nos empuja a la acción. Fue esa idea original, esa emoción inicial, ese proyecto de vida que nos hizo saltar de agitación cuando lo concebimos y decidimos llevarlo a la práctica. Es bueno. Alguien dijo que nunca nada grande fue concebido sin entusiasmo. Sientes que puedes lograrlo, tienes los recursos aunque sean mínimos para comenzar y estás listo para saltar de la banca y entrar en la competencia. Pero a la misma vez todos sentimos también la otra voz. La de los “peros.” Miedo a fracasar, ejemplos de antecesores que también lo intentaron sólo para quedar en ridículo, y cálculos que, humanamente hablando, nos dejan con un saldo en contra. Es justamente allí cuando necesitamos a alguien a nuestro lado que nos motive a empezar, continuar y concretar esas metas. De los otros abundan.

Qué triste imagen se forja alrededor de aquella persona que nunca confía en los demás. Aquellos que cercioran las oportunidades. Sub estiman las capacidades ajenas y sobrestiman las propias. Antes de animar a los demás a que se superen en sus logros les recuerdan sus faltas y les dicen que mejor se queden en el lugar en el que están porque seguramente alguien más capacitado hará mejor la tarea. Mayormente, los que mantienen una postura insensible a los emprendimientos y a las virtudes ajenas han olvidado que han llegado al lugar al que han llegado porque alguien confió en ellos, les animó e ignoró sus faltas cometidas. ¡Qué triste que ellos no hagan lo mismo con sus subordinados! Nuestro mundo necesita personas que alienten, que animen, que estimulen. Que estén dispuestos a creer en los demás aunque esto implique un riesgo potencial. Es un paso de fe. Cristo nos dio el ejemplo al comisionar a un Pedro traidor, al inspirar confianza a un Tomás incrédulo y al llamar a una samaritana marginada. Debes empezar a confiar en las personas que Dios puso a tu lado con amor. Ese verdadero amor que echa fuera el temor.

 

http://labibliadice.org/una-pausa-en-tu-vida/programa-no-2016-01-14/?source=mas

Los hermanos de José regresan con Benjamín

Génesis 43-46

Los hermanos de José regresan con Benjamín

a143:1  El hambre era grande en la tierra;

y aconteció que cuando acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, les dijo su padre: Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento.

Respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro si no traéis a vuestro hermano con vosotros.

Si enviares a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento.

Pero si no le enviares, no descenderemos; porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro si no traéis a vuestro hermano con vosotros.

Dijo entonces Israel: ¿Por qué me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais otro hermano?

Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por nosotros, y por nuestra familia, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿Tenéis otro hermano? Y le declaramos conforme a estas palabras. ¿Acaso podíamos saber que él nos diría: Haced venir a vuestro hermano?

Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al joven conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin de que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños.

Yo te respondo por él; a mí me pedirás cuenta. Si yo no te lo vuelvo a traer, y si no lo pongo delante de ti, seré para ti el culpable para siempre;

10 pues si no nos hubiéramos detenido, ciertamente hubiéramos ya vuelto dos veces.

11 Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros sacos, y llevad a aquel varón un presente, un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras.

12 Y tomad en vuestras manos doble cantidad de dinero, y llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales; quizá fue equivocación.

13 Tomad también a vuestro hermano, y levantaos, y volved a aquel varón.

14 Y el Dios Omnipotente os dé misericordia delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo.

15 Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doble cantidad de dinero, y a Benjamín; y se levantaron y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José.

16 Y vio José a Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su casa: Lleva a casa a esos hombres, y deg:uella una res y prepárala, pues estos hombres comerán conmigo al mediodía.

17 E hizo el hombre como José dijo, y llevó a los hombres a casa de José.

18 Entonces aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron llevados a casa de José, y decían: Por el dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez nos han traído aquí, para tendernos lazo, y atacarnos, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos.

19 Y se acercaron al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa.

20 Y dijeron: Ay, señor nuestro, nosotros en realidad de verdad descendimos al principio a comprar alimentos.

21 Y aconteció que cuando llegamos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero en su justo peso; y lo hemos vuelto a traer con nosotros.

22 Hemos también traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos; nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales.

23 El les respondió: Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero. Y sacó a Simeón a ellos.

24 Y llevó aquel varón a los hombres a casa de José; y les dio agua, y lavaron sus pies, y dio de comer a sus asnos.

25 Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José a mediodía, porque habían oído que allí habrían de comer pan.

26 Y vino José a casa, y ellos le trajeron el presente que tenían en su mano dentro de la casa, y se inclinaron ante él hasta la tierra.

27 Entonces les preguntó José cómo estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, lo pasa bien? ¿Vive todavía?

28 Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre; aún vive. Y se inclinaron, e hicieron reverencia.

29 Y alzando José sus ojos vio a Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío.

30 Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y buscó dónde llorar; y entró en su cámara, y lloró allí.

31 Y lavó su rostro y salió, y se contuvo, y dijo: Poned pan.

32 Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y aparte para los egipcios que con él comían; porque los egipcios no pueden comer pan con los hebreos, lo cual es abominación a los egipcios.

33 Y se sentaron delante de él, el mayor conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su menor edad; y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro.

34 Y José tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces mayor que cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y se alegraron con él.

La copa de José

44:1  Mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Llena de alimento los costales de estos varones, cuanto puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal.

Y pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo José.

Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con sus asnos.

Habiendo ellos salido de la ciudad, de la que aún no se habían alejado, dijo José a su mayordomo: Levántate y sigue a esos hombres; y cuando los alcances, diles: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien? ¿Por qué habéis robado mi copa de plata?

¿No es ésta en la que bebe mi señor, y por la que suele adivinar? Habéis hecho mal en lo que hicisteis.

Cuando él los alcanzó, les dijo estas palabras.

Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice nuestro señor tales cosas? Nunca tal hagan tus siervos.

He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales, te lo volvimos a traer desde la tierra de Canaán; ¿cómo, pues, habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro?

Aquel de tus siervos en quien fuere hallada la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor.

10 Y él dijo: También ahora sea conforme a vuestras palabras; aquel en quien se hallare será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa.

11 Ellos entonces se dieron prisa, y derribando cada uno su costal en tierra, abrió cada cual el costal suyo.

12 Y buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el menor; y la copa fue hallada en el costal de Benjamín.

13 Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargó cada uno su asno y volvieron a la ciudad.

14 Vino Judá con sus hermanos a casa de José, que aún estaba allí, y se postraron delante de él en tierra.

15 Y les dijo José: ¿Qué acción es esta que habéis hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?

16 Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos; he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder fue hallada la copa.

17 José respondió: Nunca yo tal haga. El varón en cuyo poder fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro padre.

Judá intercede por Benjamín

18 Entonces Judá se acercó a él, y dijo: Ay, señor mío, te ruego que permitas que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues tú eres como Faraón.

19 Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre o hermano?

20 Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos un padre anciano, y un hermano joven, pequeño aún, que le nació en su vejez; y un hermano suyo murió, y él solo quedó de los hijos de su madre; y su padre lo ama.

21 Y tú dijiste a tus siervos: Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él.

22 Y nosotros dijimos a mi señor: El joven no puede dejar a su padre, porque si lo dejare, su padre morirá.

23 Y dijiste a tus siervos: Si vuestro hermano menor no desciende con vosotros, no veréis más mi rostro.

24 Aconteció, pues, que cuando llegamos a mi padre tu siervo, le contamos las palabras de mi señor.

25 Y dijo nuestro padre: Volved a comprarnos un poco de alimento.

26 Y nosotros respondimos: No podemos ir; si nuestro hermano va con nosotros, iremos; porque no podremos ver el rostro del varón, si no está con nosotros nuestro hermano el menor.

27 Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos hijos me dio a luz mi mujer;

28 y el uno salió de mi presencia, y pienso de cierto que fue despedazado, y hasta ahora no lo he visto.

29 Y si tomáis también a éste de delante de mí, y le acontece algún desastre, haréis descender mis canas con dolor al Seol.

30 Ahora, pues, cuando vuelva yo a tu siervo mi padre, si el joven no va conmigo, como su vida está ligada a la vida de él,

31 sucederá que cuando no vea al joven, morirá; y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor al Seol.

32 Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre;

33 te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos.

34 Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre.

José se da a conocer a sus hermanos

45:1  No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.

Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón.

Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.

Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.

Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.

Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega.

Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.

Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.

Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas.

10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.

11 Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes.

12 He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla.

13 Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá.

14 Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello.

15 Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él.

16 Y se oyó la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y esto agradó en los ojos de Faraón y de sus siervos.

17 Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, e id, volved a la tierra de Canaán;

18 y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra.

19 Y tú manda: Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres, y traed a vuestro padre, y venid.

20 Y no os preocupéis por vuestros enseres, porque la riqueza de la tierra de Egipto será vuestra.

21 Y lo hicieron así los hijos de Israel; y les dio José carros conforme a la orden de Faraón, y les suministró víveres para el camino.

22 A cada uno de todos ellos dio mudas de vestidos, y a Benjamín dio trescientas piezas de plata, y cinco mudas de vestidos.

23 Y a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida, para su padre en el camino.

24 Y despidió a sus hermanos, y ellos se fueron. Y él les dijo: No riñáis por el camino.

25 Y subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre.

26 Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto. Y el corazón de Jacob se afligió, porque no los creía.

27 Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió.

28 Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera.

Jacob y su familia en Egipto

46:1  Salió Israel con todo lo que tenía, y vino a Beerseba, y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.

Y habló Dios a Israel en visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación.

Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos.

Y se levantó Jacob de Beerseba; y tomaron los hijos de Israel a su padre Jacob, y a sus niños, y a sus mujeres, en los carros que Faraón había enviado para llevarlo.

Y tomaron sus ganados, y sus bienes que habían adquirido en la tierra de Canaán, y vinieron a Egipto, Jacob y toda su descendencia consigo;

sus hijos, y los hijos de sus hijos consigo; sus hijas, y las hijas de sus hijos, y a toda su descendencia trajo consigo a Egipto.

Y estos son los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto, Jacob y sus hijos: Rubén, el primogénito de Jacob.

Y los hijos de Rubén: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi.

10 Los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar, y Saúl hijo de la cananea.

11 Los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari.

12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Fares y Zara; mas Er y Onán murieron en la tierra de Canaán. Y los hijos de Fares fueron Hezrón y Hamul.

13 Los hijos de Isacar: Tola, Fúa, Job y Simrón.

14 Los hijos de Zabulón: Sered, Elón y Jahleel.

15 Estos fueron los hijos de Lea, los que dio a luz a Jacob en Padan-aram, y además su hija Dina; treinta y tres las personas todas de sus hijos e hijas.

16 Los hijos de Gad: Zifión, Hagui, Ezbón, Suni, Eri, Arodi y Areli.

17 Y los hijos de Aser: Imna, Isúa, Isúi, Bería, y Sera hermana de ellos. Los hijos de Bería: Heber y Malquiel.

18 Estos fueron los hijos de Zilpa, la que Labán dio a su hija Lea, y dio a luz éstos a Jacob; por todas dieciséis personas.

19 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín.

20 Y nacieron a José en la tierra de Egipto Manasés y Efraín, los que le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On.

21 Los hijos de Benjamín fueron Bela, Bequer, Asbel, Gera, Naamán, Ehi, Ros, Mupim, Hupim y Ard.

22 Estos fueron los hijos de Raquel, que nacieron a Jacob; por todas catorce personas.

23 Los hijos de Dan: Husim.

24 Los hijos de Neftalí: Jahzeel, Guni, Jezer y Silem.

25 Estos fueron los hijos de Bilha, la que dio Labán a Raquel su hija, y dio a luz éstos a Jacob; por todas siete personas.

26 Todas las personas que vinieron con Jacob a Egipto, procedentes de sus lomos, sin las mujeres de los hijos de Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis.

27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las personas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta.

28 Y envió Jacob a Judá delante de sí a José, para que le viniese a ver en Gosén; y llegaron a la tierra de Gosén.

29 Y José unció su carro y vino a recibir a Israel su padre en Gosén; y se manifestó a él, y se echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello largamente.

30 Entonces Israel dijo a José: Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro, y sé que aún vives.

31 Y José dijo a sus hermanos, y a la casa de su padre: Subiré y lo haré saber a Faraón, y le diré: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí.

32 Y los hombres son pastores de ovejas, porque son hombres ganaderos; y han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo que tenían.

33 Y cuando Faraón os llamare y dijere: ¿Cuál es vuestro oficio?

34 entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra juventud hasta ahora, nosotros y nuestros padres; a fin de que moréis en la tierra de Gosén, porque para los egipcios es abominación todo pastor de ovejas.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

La verdad más grande de todas

Enero 14

La verdad más grande de todas

Lectura bíblica: Romanos 8:38, 39

Ninguna… cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. Romanos 8:39

a1Hagamos una pequeña prueba. En cada una de las siguientes afirmaciones, pon una marca para indicar si lo que dice es cierto o falso.

☐ Cierto ☐ Falso El fuego es caliente.
☐ Cierto ☐ Falso El agua es mojada.
☐ Cierto ☐ Falso La piedra es dura.
☐ Cierto ☐ Falso El cielo está arriba.
☐ Cierto ☐ Falso Los pepinillos son demasiado agrios.

¿Y? ¿Qué tal te fue? Si marcaste “Cierto” al lado de cada afirmación, eres bastante listo. Ahora bien, tus familiares pueden tener opiniones distintas acerca de los pepinillos, ¡pero eso no le quita al hecho de que son realmente demasiado agrios! Pero esa fue una prueba bastante fácil, ¿no es cierto?
¿Qué fue lo que la hizo tan fácil? Todas las afirmaciones se relacionan con datos y conocimientos básicos. Todas las afirmaciones —bueno, quizá con excepción de la última— son la verdad. Todos saben que esas afirmaciones son ciertas simplemente porque lo son. No son nada complicadas.
Aquí van algunas afirmaciones más. Marca cada una para indicar si lo que dice es cierto o falso.

☐ Cierto ☐ Falso Dios te ama.
☐ Cierto ☐ Falso Dios siempre te amará.
☐ Cierto ☐ Falso Absolutamente nada te puede separar del amor de Dios.

¿Te parece que estas afirmaciones también son ciertas? Ojalá que sí, porque lo son. De hecho, son más ciertas que las de la primera prueba. Aun cuando ser creyente es difícil, el amor constante de Dios por ti es totalmente real.
Ahora hagamos otra prueba. Marca cada afirmación para indicar si lo que dice es cierto o falso.

☐ Cierto ☐ Falso El amor de Dios se acaba cuando pecas.
☐ Cierto ☐ Falso Dios deja de amarte si comes demasiados pepinillos.
☐ Cierto ☐ Falso El diablo puede apartarte del amor de Dios.
☐ Cierto ☐ Falso Dios no te ama cuando tienes pensamientos malos.
☐ Cierto ☐ Falso Dios te retira su amor cuando te quedas dormido en el culto.

No son verdad, por cierto, porque todas son totalmente falsas. Es posible que tengas que buscar el perdón de Dios por algunas de estas acciones, pero él nunca deja de amarte.

PARA DIALOGAR
¿Qué opinas del hecho de que el amor de Dios por ti nunca deja de ser?

PARA ORAR
Señor, gracias porque tu amor por nosotros es total y sin fin.

PARA HACER
Explica hoy a un amigo lo que significa que el amor de Dios por ti no tiene fin.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.