La traducción de la Biblia

La traducción de la Biblia

Autor: Raymond L. Elliott

a1Traducir es el proceso de comenzar con algo (escrito u oral) en un idioma (el idioma original) y expresarlo en otro idioma (el idioma receptor).

Las metas de la traducción se pueden resumir bajo cuatro encabezamientos: exactitud, idoneidad, naturalidad y formato.

Por «exactitud», queremos decir que el contenido que quiso comunicar el autor en el documento original debe ser transmitido de tal manera que el lector de la traducción reciba el mismo mensaje.

«Idoneidad» se refiere a expresar ese mensaje en un estilo que refleje la actitud e intención del autor.

«Naturalidad» quiere decir traducir para que el lector sienta que su idioma ha sido usado como lo usaría él, de una forma que le permite leer entendiendo el significado en lugar de enfrentarse a una cantidad de vocabulario confuso o a un rompecabezas gramatical.

El «formato» en el cual se ha escrito el original debería reflejarse en la traducción, siempre que esto se pueda hacer sin distorsionar la exactitud, la idoneidad y la naturalidad de la traducción. (Vea «Uso artístico del idioma» más adelante en este capítulo.)

Todas las traducciones, incluyendo la traducción de la Biblia, incluyen por lo menos dos idiomas. Por conveniencia nos referiremos al idioma del documento existente como el idioma original. El idioma al cual se está traduciendo el documento lo llamaremos el idioma receptor.

Los problemas que se presentan en el proceso de la traducción tienen sus bases en las similitudes y diferencias entre los idiomas, así como en la naturaleza específica de los documentos que se están traduciendo. A través de los años se han desarrollado principios de traducción para resolver estos problemas.

La primera sección extensa de este artículo trata con los factores de la estructura del idioma que afectan cualquiera y todas las clases de traducción. La otra sección tratará con los problemas relacionados específicamente con los documentos que forman la Biblia. A continuación de esto, se mencionará brevemente la forma en la cual la traducción se relaciona con otros asuntos tales como la inspiración, la interpretación, la revisión, diferencias de dialectos, paráfrasis, versiones, género y estilos dedicados a audiencias especiales.

Los factores del idioma en la traducción

En la actualidad hay más versiones de la Biblia en inglés que en ningún otro idioma. Sin embargo, la mayoría de las traducciones de la Biblia que se están haciendo hoy en el mundo está destinada para otros idiomas.

Los factores del idioma que se mencionan a continuación son pertinentes a todos los idiomas, pero se ilustrarán por medio de ejemplos de sólo unos pocos idiomas.

Sonidos

El mecanismo vocal humano es capaz de producir cientos de sonidos diferentes. Cuando nace, una persona es capaz de aprender a usarlos todos. En el proceso del crecimiento, la mayoría de las personas sólo aprende los sonidos y las estructuras de su propio idioma, sin estar conscientes de las estructuras de otros idiomas.

En este artículo estamos tratando con la traducción de materiales escritos, no de materiales hablados, así que nuestra preocupación es sólo con la lectura de los documentos originales y no con hablar el idioma en que se escribieron esos documentos. Así que, por lo general, en la traducción de la Biblia no nos preocupamos por los sonidos del idioma.

Sin embargo, la situación puede ser bastante diferente con el idioma receptor. Si se va a hacer una traducción a un idioma que anteriormente no tenía forma escrita, el sistema de sonidos del idioma receptor debe ser dominado como base para inventar un alfabeto para escribir dicho idioma.

A menudo, la necesidad de analizar el sistema de sonidos del idioma receptor es el primer gran problema de traducción que se enfrenta. El principio involucrado para resolver este problema es que los sonidos del idioma receptor deben ser analizados considerando la estructura propia de ese idioma, para evitar imponer la estructura de algún otro idioma. Afortunadamente hay excelentes cursos de estudio para preparar a los traductores para el análisis de los idiomas.

Palabras y partes de palabras

Los sonidos se combinan con elementos de significado para producir palabras, frases, cláusulas, oraciones, párrafos y aún mayores unidades de expresión.

Las palabras son los componentes básicos para la estructura del idioma. En forma simultánea forman dos clases de unidades: (a) gramatical, es decir, las palabras se combinan unas con otras, y (b) semántica, es decir, las clases de patrones de significado que resultan.

Todos reconocemos fácilmente partes de las palabras si nos enfocamos en ellas (trans-atlántico, parte-s, pro-ducto, re-presentar), sin embargo, por lo general no estamos conscientes de que unimos esas partes de formas definidas muy rígidas. No hacemos el plural de parte «s-parte», ni decimos «pro-atlántico». Estos son ejemplos de cosas que «no podemos» hacer en español.

Cada idioma tiene su propio inventario de partes de palabras de muchas formas y tamaños diferentes, y cada idioma tiene sus propias reglas acerca de las maneras en que esas partes se pueden o no se pueden combinar para formar palabras.

El autor del documento original ya ha colocado las partes de las palabras en la forma en que quería usarlas. Por supuesto que es posible que el traductor no use bien el análisis de las partes de las palabras y así llegue a matices de significado que no concuerdan con lo que quiso decir el autor.

La situación con el idioma receptor puede ser bastante diferente, especialmente si antes no tenía forma escrita. Una parte muy importante del aprendizaje de un idioma, y de obtener fluidez creativa, es tomar nota de las partes de las palabras y estudiar las clases de combinaciones que se pueden formar en dicho idioma.

Un problema puede ser la tentación de «inventar» palabras nuevas combinando partes de palabras para llenar supuestos blancos en el idioma receptor, en los lugares donde parecen faltar palabras necesarias. Un principio importante es resistir esa tentación, puesto que tales palabras inventadas a menudo no tienen significado para las personas del lugar, o pueden comunicar un significado totalmente erróneo. Las formas locales naturales de expresar la mayoría de los conceptos ya son parte del lenguaje, y el esfuerzo paciente que se requiera para encontrarlas bien vale la pena.

Sin embargo, en otros aspectos, la atención cuidadosa de las partes de las palabras en el lenguaje original es tanto necesaria como crucial. Por ejemplo, una de las características importantes pero complejas del griego, el idioma original del Nuevo Testamento, es un sistema de caso que afecta el uso de sustantivos, pronombres, adjetivos y el artículo «el/la». El sistema de caso consiste en terminaciones de palabras que proveen información que puede o no ser aplicada a sustantivos en otros idiomas. La terminación de un sustantivo en griego puede indicar (a) si la palabra es singular o plural, (b) si el género es masculino, femenino o neutro, (c) algo acerca de la función gramatical de la palabra dentro de la frase y (d) información acerca de las categorías semánticas que pueden estar implícitas en dicha palabra.

El sistema griego de caso requiere que todo artículo, pronombre o adjetivo que se usa junto a un sustantivo, o que se refiere a un sustantivo, debe usar terminaciones que comunican la misma información que lleva la terminación del sustantivo, o por lo menos que no son incompatibles con ellas. Una ilustración de esto ocurre en 2 Pedro 3:1, donde la palabra «carta» tiene una terminación que la identifica como singular en número, femenina en género y acusativa en caso. Funciona como complemento del verbo «escribir». En la misma frase que está el sustantivo «carta» hay otras dos palabras, «esta» y «segunda», ambas con terminaciones que muestran que también son singulares, femeninas y acusativas.

Hay muchos otros idiomas que tienen este mismo tipo de terminación para los sustantivos y muchos otros que no. Aun entre esos idiomas que tienen características similares a las del griego, tal vez esas características no sean usadas para exactamente la misma función que en el griego. Mientras que la estructura griega incluye terminaciones de palabras que representan cinco casos diferentes, el español y el inglés tienen sólo unos pocos vestigios de terminaciones de caso (la mayoría de los cuales involucran sólo a los pronombres), mientras que algunos analistas dicen que el idioma finlandés tiene treinta y un casos.

Otra ilustración de la importancia de las partes de las palabras en el idioma original se encuentra en los verbos griegos, cuyas partes no sólo pueden representar el «significado del diccionario», sino también cosas tales como (a) quién lleva a cabo la acción, (b) si sólo una persona o más de una la están realizando, (c) cuándo se hace, (d) si es un evento único o un proceso, (e) si es algo que en realidad está sucediendo, un mandamiento o algo que se desea, o (f) si el predicado del verbo es un participante activo o pasivo en esa actividad.

Por lo tanto, la traducción de una sola palabra puede requerir a menudo una frase o aun una oración o más en otro idioma. Por ejemplo, la sola palabra «entréis» en Marcos 6:10 nos dice: (1) que los que llevan a cabo la acción son las personas con quienes Jesús está hablando; (2) que hay más de una persona; (3) que la acción es considerada como un evento singular; pero también (4) que es vista como algo que está por ocurrir. Puesto que toda esta información se encuentra en la forma griega para la palabra «entréis», se deben tener en cuenta todos estos factores cuando se traduce el pasaje en el cual se usa la palabra.

Palabras

Cada idioma tiene su propio inventario de palabras así como sus propias formas características de clasificarlas, y sus propias reglas en cuanto a las clases de combinaciones que forman, las funciones que llevan a cabo, y las clases de significados que expresan. Al igual que con las partes de las palabras, existen las mismas posibilidades y problemas cuando se trata de hacer coincidir las palabras usadas en un idioma con las palabras equivalentes en otro.

El griego tiene una clase de palabras «verbales» llamadas participios que pueden funcionar como si fueran sustantivos o como si fueran adjetivos. Sin embargo, básicamente debido al significado verbal de sus raíces, con frecuencia tienen que ser traducidas como si fueran verbos cuyos sujetos y predicados, entre otros elementos, tal vez tengan que ser deducidos del contexto en el que ocurren. Un participio griego muy pocas veces se puede traducir adecuadamente a otra lengua usando una sola palabra.

Por ejemplo, en 2 Timoteo 2:15, un participio, «cortando derecho», es acusativo masculino singular, refiriéndose a ambos, el pronombre previo «tú» y el sustantivo previo «obrero». El tipo de acción que expresa es «acción continua» o «habitual», y su predicado gramatical es la «palabra de verdad». El significado de la palabra viene de cortar un camino derecho para llegar a una meta, como, por ejemplo, cortar camino a través de un bosque. En esta referencia puede interpretarse con la «palabra de verdad» ya sea funcionando como la meta gramatical o como los medios para lograr esa meta. Dependiendo de la interpretación que se elija, la frase puede significar «cortar directamente a través de la palabra de verdad», o «usar la palabra de verdad para cortar directamente» y llegar a la mente y al corazón de las personas de las que Timoteo es responsable. Nuevamente, una sola palabra griega lleva mucha más información de la que se puede representar por una sola palabra española.

Palabras relacionadas al «mundo actual»

Ningún idioma puede ser exactamente igual a otro idioma en la forma en la que el vocabulario se relaciona con objetos, eventos y conceptos. Por ejemplo, algunos idiomas clasifican a los parientes con sumo cuidado, dependiendo de si están relacionados por el lado de la familia del padre o de la madre. El inglés, mientras que tiene la palabra «cousin (prima)», no tiene una sola palabra para indicar «la hija de la hermana de la madre», ni tampoco distingue si la relación es distinta de la «hija de la hermana del padre».

En algunas culturas, el vocabulario para parientes distingue claramente entre los parientes «nacidos antes de nacer yo», y aquellos «nacidos después de nacer yo». En algunos idiomas es importante usar un término para la suegra de un hombre y otro término diferente para la suegra de una mujer. Y en algunos idiomas, en los cuales se usan los términos de parentesco para indicar papeles sociales y grados mayores en contraposición a menores grados de respeto, la elección del término correcto para representar una «simple» relación puede ser un asunto complejo.

Los capítulos 1 y 2 de Lucas indican que Juan el Bautista nació antes que naciera Jesús. Por lo tanto, en algunas culturas se espera que Jesús refleje este hecho por la forma en que le habla a Juan, o habla sobre él, como en Mateo 3:15. Pero Juan declara con toda claridad, en 3:11, que Jesús tiene una posición más alta que la de él. Dentro de algunas culturas, también se puede asumir que la persona que bautiza tiene una posición más elevada que el que es bautizado. Estas consideraciones pueden afectar las formas que se eligen en algunos idiomas para representar la manera en que Juan y Jesús hablaron el uno con el otro, o hablaron el uno del otro, así como la forma en que los seguidores de Juan lo citarían cuando hablaran con Jesús, como en Mateo 11:3.

Si el respeto se adjudica automáticamente a alguien que ha nacido antes que otro, la elección de los términos puede tener que ser diferente a la que se haría en una situación cultural en la cual el estado civil, religioso, económico o político puede exceder en rango a la edad cronológica. Las relaciones y la terminología que gobernaban la elección de términos en hebreo y griego, por lo tanto, pueden no coincidir con las que requiere el idioma receptor.

Una declaración similar puede hacerse acerca de otros tipos de categorías de vocabularios. Por ejemplo, en una cultura que tiene sólo cinco términos básicos para los colores (negro, blanco, rojo, verde y marrón), tal vez no sea fácil encontrar una manera de decir «púrpura». Y si el color púrpura no representa el concepto de realeza, entonces decir simplemente que los soldados vistieron a Jesús con un manto púrpura (Juan 19:2) tal vez no comunique la burla que involucraba.

Cuando Jesús llamó zorro a Herodes (Lucas 13:32, NVI), entendemos que lo estaba describiendo como alguien que engaña. Eso no se entendería de la misma manera en una cultura en la cual el zorro es un presagio de desastre.

Cuando se traduce para un pueblo en el cual la expresión «dureza de corazón» significa «valentía» (a saber, un corazón duro es uno en el que no entra el temor), es confuso, como también incorrecto, decir que Jesús reprendió a sus discípulos por su «dureza de corazón» (Marcos 16:14).

El principio de traducción que destacamos aquí es que el vocabulario de un idioma refleja categorías y relaciones que son relevantes a la cultura de la gente que lo habla, y esas son diferentes en cada cultura y en cada idioma.

Dos palabras simples: «de» y «el»

La palabra «of (de)» es muy común en inglés y se usa para representar una amplia variedad de relaciones entre palabras. En el primer capítulo del Evangelio de Marcos solamente, nueve traducciones al inglés usan la palabra «of» entre dieciocho y treinta y una veces. La palabra representa relaciones tales como posesión, parentesco, localidad, nombres de lugares geográficos y características, el material del cual se hace algo, jurisdicciones políticas, el que hace una acción, etcétera. Pero en el griego no existe la palabra «of». El griego tiene otras formas de expresar esas relaciones que en inglés se traducen usando «of».

En español, la palabra «de» se usa para algunos propósitos que no sonarían bien en inglés. El idioma ixil nebaj en Guatemala no tiene una palabra para «de», pero las formas en que expresa el equivalente de la palabra «of» en inglés y «de» en español son diferentes de los medios correspondientes usados en griego.

Otra palabra común en inglés es «the (el)». Este artículo en inglés es mucho más simple que en español, el cual tiene cuatro formas—el, los, la, las—las que distinguen entre singular y plural, como también entre masculino y femenino.

En ixil el artículo es similar a la palabra «the» del inglés con dos excepciones: (1) Para especificar el plural le pueden agregar un sufijo a la palabra para «el». (2) Ixil usa «el» en una cantidad de construcciones en las cuales el inglés no lo usa, y viceversa.

En griego, el artículo «el» se deletrea de diecisiete maneras diferentes y lleva a cabo veinticuatro funciones gramaticales. Algunas de las formas se usan para distinguir el singular del plural, otras para distinguir entre los géneros masculino, femenino y neutro, y algunas muestran funciones gramaticales tales como el sujeto de una frase, el complemento, el poseedor o la localidad.

Sin embargo, el chuj, un idioma maya que se habla en Guatemala, divide todos los sustantivos en catorce categorías diferentes, tales como hombre, mujer, bebé, de madera, de metal, redondo, animal, etcétera. ¡Tiene una forma diferente de «el» para cada una de esas categorías! Una vez que un sustantivo ha sido presentado al hablar o escribir, no necesita ser mencionado de nuevo en el mismo párrafo: la forma correcta de «el» sirve como pronombre para referirse de nuevo a dicho sustantivo.

Así que, aun palabras tan simples como «el» y «de» difieren en forma muy notable de un idioma a otro en la compleja interacción entre la gramática y el significado. En el proceso de la traducción no se puede dar por sentado nada del documento original, y se deben emplear con cuidado las estructuras normales del idioma receptor para asegurarse que la traducción es exacta, apropiada y natural.

El problema que tiene el traductor es encontrar en el idioma receptor las formas que representarán apropiadamente las estructuras del lenguaje de origen—primero en lo referente al significado, estilo y naturalidad, luego, lo más posible que pueda, en cuanto a la forma.

Unidades gramaticales más grandes

Nos damos cuenta que ni los sonidos ni las palabras de un idioma pueden ser traducidos a otro idioma uno por uno. Tal vez nos sintamos tentados a asumir que las palabras en las frases, cláusulas o párrafos pueden ser transferidas al idioma receptor en el orden en que están en el original, para «retener la forma del original», o para «estar tan cerca del original como sea posible».

Nos damos cuenta de que hay veces cuando esto no es posible, pero tendemos a tratar esas veces como si fueran excepciones ocasionales de una meta que, por lo general, es deseable o posible de obtener. En realidad, es raro encontrar dos idiomas no relacionados cuyas estructuras gramaticales generales se puedan equiparar la una a la otra.

Por supuesto que cuanto más estrechamente relacionados estén dos idiomas, tanto más similares serán sus gramáticas. Pero aun idiomas que se relacionan estrechamente pueden exhibir diferencias sorprendentes en la estructura o significado de las «mismas» características lingüísticas.

Los ejemplos a continuación representan los hechos generales de la vida con los cuales siempre trabaja el traductor y no son raras excepciones. Por lo tanto, los problemas de la equivalencia y los principios que se deben seguir para resolver esos problemas se aplican con igual fuerza a todos los niveles de la estructura del idioma.

Frases

Uno de los resultados del sistema de caso que afecta a los sustantivos, notado anteriormente, es la relativa flexibilidad del orden de las palabras permitida por el griego en las frases. La frase nominal en 2 Pedro 3:1 «esta segunda carta» (mencionada antes) en realidad aparece como la primera, la cuarta y la séptima palabras en esa frase en griego. Este orden de palabras («Esta ahora amado segunda a-ti-yo-escribo carta») es perfectamente natural y se entiende fácilmente en griego. El español requiere cambiar el orden a algo como esto: «Amado, ahora yo te escribo esta segunda carta».

En términos de la relación lingüística familiar, el griego y el inglés y el español son primos lejanos. Mientras que por lo general el inglés pone un adjetivo antes de un nombre, el español por lo general pone primero el nombre y luego el adjetivo.

En ixil, un idioma de origen maya que se habla en Nebaj, Guatemala, y que no tiene relación con el inglés, el español o el griego, hay muchos cientos de adjetivos, pero la mayoría de ellos no se puede usar en una frase nominal. Por lo general se usan en cláusulas separadas, así que mientras que en español podemos decir la frase: «los altos cedros», y usar una cláusula tal como: «Cortaré los altos cedros del Líbano» (Isaías 37:24), el idioma ixil requeriría una serie de cláusulas separadas tales como: «El Líbano tiene cedros; son altos; yo los cortaré».

Cláusulas

Cada una de las siguientes cláusulas comunica la edad de Noé (Génesis 5:32), sin embargo, cada una usa una diferente estructura de cláusulas y cada una refleja una actitud cultural un poco diferente en cuanto a la edad:

Español: Noé tenía quinientos años.

La construcción griega es similar a la del español.

Inglés: Noé era quinientos años de viejo.

Hebreo: Noé era el hijo de quinientos años.

Ixil: Había quinientos (de los) años de Noé.

En inglés, los años son una de las características de Noé; en español son su posesión; en hebreo, Noé es el producto de sus años; y en ixil, la expresión simplemente declara la existencia de los años.

En una cláusula transitiva inglesa, el patrón más usual es Sujeto-Verbo-Complemento, pero para el español y el ixil el orden esperado es Verbo-Sujeto-Complemento. Para el griego, el sistema de caso le permite mucha variación en el orden de las palabras y las frases.

Se podrían dar muchos ejemplos para ilustrar que aun en el nivel de las cláusulas, tratar de duplicar en un idioma los patrones de otro podría ser ineficaz y llevarnos en la dirección equivocada.

Oraciones

Con frecuencia se cita Efesios 1:3–14 como un ejemplo de las largas oraciones que permite la estructura griega. Esta oración es una cláusula principal independiente (que no contiene un verbo) ligada a una serie de cláusulas dependientes por una serie normal de frases apositivas, frases participiales, frases preposicionales, pronombres relativos y conjunciones adverbiales—todas las cuales combinan el impulso de atribuirle gloria a Dios y mencionan algunas de las razones por las que es apropiado hacerlo.

En griego, el primer versículo de Mateo consiste de ocho sustantivos. La primera palabra se encuentra en caso nominativo, indicando que es la palabra principal de la frase. Las otras siete palabras están todas en caso genitivo. El segundo versículo claramente comienza una nueva frase. Referente a la estructura, el versículo uno tiene una clase de arreglo tipo escalera en cuanto a las relaciones:

Libro

genealogía

Jesús=Cristo

hijo

David

hijo

Abraham

Debido a que este versículo no contiene un verbo, algunos comentaristas concluyen que debe ser alguna clase de título, aunque no es adecuado para ser el título de todo el libro, y la genealogía ocupa sólo los primeros diecisiete versículos del capítulo uno. De hecho, el versículo uno, tal como está, es una frase griega perfecta. La mayoría de los idiomas requerirá que se agreguen otras palabras para expresar las relaciones ya señaladas por los sustantivos griegos.

A nivel de la frase, así mismo, el traductor desea no tanto duplicar la estructura como comunicar el contenido del original usando herramientas lingüísticas que son naturales en el idioma receptor.

Párrafos y otras herramientas de la estructura

Un párrafo puede estar compuesto por una sola cláusula larga como Efesios 1:3–14, o una sola cláusula corta, o una sola frase o palabra. Lo más común es un párrafo en el que una serie de frases desarrollan un corto episodio, tema o relación.

El griego es un idioma que usa muchas conjunciones. Marcos comienza muchos párrafos con la conjunción «y», y algunas veces ese uso no sería natural en el idioma receptor. Dos de las conjunciones más comunes usadas en el Nuevo Testamento para unir frases no pueden ocurrir como la primera palabra de una frase griega. De nuevo quiero decir que otros idiomas, a menudo, no usan las conjunciones de la forma que lo hace el griego.

La estructura de los párrafos varía, aun dentro del mismo idioma, con diferentes tipos de contexto. Los párrafos de la introducción, tanto de Lucas como de Hechos, son diferentes de los de las cartas de Pablo. Juan comienza su Evangelio y su primera carta de una forma muy distinta que Mateo y Marcos o a las cartas de Pedro.

Las oraciones de Pablo, como en Efesios 1:17–21 y 3:16–19, y la alabanza o bendición, como en Efesios 3:20–21 o Romanos 16:25–27, son muy concisas. Sería raro que en otros idiomas se pudieran expresar tan concisamente, o usando las mismas herramientas lingüísticas que se emplearon en griego.

El registro de una conversación varía de un idioma a otro. Algunos idiomas por lo regular usan citas indirectas, como en Marcos 6:8: «Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto», y raramente usan citas directas, como en Marcos 6:9 (NVI): «“Lleven sandalias”, dijo, “pero no dos mudas de ropa”».

En algunos idiomas el patrón usual es usar citas directas casi exclusivamente. Y en otras lenguas, la elección puede ser un asunto de preferencia personal, o puede estar determinada por el tipo de conversación que se está registrando, o por la naturaleza de la audiencia. Por ejemplo, si el que habla sabe que sus oyentes no han escuchado la historia antes, puede insertar algunas señales que ayuden a recordar los personajes. Y es posible que los oyentes que ya están familiarizados con la historia piensen que esas señales no son necesarias.

Es interesante notar que algunas citas en los Evangelios, tales como: «Clamó, diciendo … » no son típicas del griego. Reflejan el uso común entre los oradores hebreos de usar en el griego algunos patrones de su propio idioma.

Romanos 12:1 es un buen ejemplo del uso de la expresión griega «así que», para sacar una fuerte conclusión de razones que ya se han expuesto. Romanos 1:16–20 contiene una serie de declaraciones presentadas seis veces en que se usa «porque», y cada una apoya la declaración que la acaba de preceder.

En mi experiencia personal, en cierta ocasión yo había trabajado muchas horas y arduamente para descifrar uno de los pasajes en el que Pablo desarrolló un tema basándose en el razonamiento lógico y en la deducción. Pero la respuesta de los líderes cristianos, cuando escucharon mi traducción, fue devastadora: «¿De qué está hablando?» Entonces comencé el párrafo haciendo que Pablo dijera esto: «Ahora quiero hablarles de … » y completé el párrafo con el tema del pasaje. Con el agregado de sólo esta característica de estructura del idioma receptor que se esperaba, el párrafo se comunicó bellamente.

Así que, en la esfera del párrafo, así como en todas las demás esferas, si se quiere reflejar el contenido y el desarrollo del documento original en forma natural, exacta y adecuada, el traductor debe emplear las formas que normalmente se esperan en el idioma receptor.

La estructura del discurso

En la esfera del discurso, el traductor intenta «penetrar» en el corazón y la mente del autor para entender (1) qué es lo que quiere decir, y (2) cómo desarrolla la presentación de la forma en que lo dice. El autor ya ha usado en el original las herramientas del discurso que lograrán su propósito; ahora el traductor debe elegir las herramientas apropiadas en el idioma receptor para expresar las actitudes y relaciones correspondientes.

Los tipos de discurso incluyen la narrativa, el argumento, la instrucción, la apelación a las emociones y la persuasión, entre otros. Es de suma importancia que el traductor entienda cómo funciona cada tipo de discurso en el idioma original así como en el idioma receptor. Unos pocos ejemplos aclararán la naturaleza crucial que tienen muchos detalles pequeños.

Un amigo nuestro estaba consciente de que, en el idioma en que estaba traduciendo, había más de diez maneras de decir «él dijo», ya fuera al comenzar o cerrar una cita. Cuando los que hablaban el idioma fueron cuestionados acerca de los significados de las varias formas, respondieron: «Todas son lo mismo; todas significan “él dijo”». Sin embargo, el análisis de las estructuras del discurso reveló que cada una de las diversas opciones llevaba a cabo una función específica en el desarrollo de la historia y en los papeles que jugaban los personajes en relación los unos con los otros. Por ejemplo, un tipo de fórmula de cerrar la cita implicaba que el orador no aparecería más en el resto de la historia. Cuando incorrectamente se usó esa fórmula para las palabras finales de Jesús en Marcos 5, y luego se citó de nuevo a Jesús en Marcos 6, la inferencia obvia era que otra persona llamada Jesús estaba siendo presentada en Marcos 6.

En otro idioma, había cuatro maneras diferentes de decir «y» para unir frases y párrafos. Finalmente el análisis mostró que una palabra para «y» se usaba para indicar que «estamos continuando con los mismos personajes en la misma relación los unos con los otros, y el punto de vista del autor todavía no ha cambiado». Otro «y» significaba: «Esta persona es la que ahora se enfoca, y no aquella—pero el personaje principal continúa sin cambiar». Y otro «y» indicaba: «Ahora vamos a regresar para tomar el hilo principal de la historia».

En algunos idiomas, este tipo de control se hace por la elección de los pronombres más que por las conjunciones. Por ejemplo, en un idioma, la palabra que significa «él» se refiere solamente al personaje principal, mientras que otras palabras para «él» muestran cómo otros personajes se relacionan con el personaje principal. O la manipulación de la forma activa en oposición a la pasiva puede servir para mantener al personaje principal como el sujeto gramatical de todos los verbos principales, aun cuando él no sea quien está llevando a cabo la acción.

El tiempo del verbo puede mostrar la actitud del autor. En un idioma, una historia se relata en tiempo pasado hasta que se llega al clímax, cuando se cambia a tiempo presente. O un cambio de un tiempo verbal puede indicar: «Esta es la enseñanza de mi historia».

El idioma ixil tiene una serie de expresiones de una sílaba que indican la actitud del autor o la respuesta que él desea de su lector u oyente. Una expresión de esas indica afinidad con una acción o personaje, mientras que otra palabra de una sílaba indica desdén. Una le agrega énfasis, la otra limita el alcance de la acción y todavía otra pone dudas en una declaración que ha hecho otra persona.

Si la intención del autor es comunicar información, esto decidirá su elección de las aparentemente pequeñas e insignificantes sílabas o palabras. Si el autor quiere persuadir, o engañar, su elección estará gobernada por eso.

Puesto que las herramientas disponibles y las funciones son diferentes en cada idioma, no hay sustituto para que el traductor entienda esos mecanismos que tiene el idioma receptor y que los use de maneras que son naturales para el idioma receptor y para el tipo de contenido que se está traduciendo.

Estas consideraciones son de suma importancia para la traducción de cada pasaje de las Escrituras. El dominio de ambos, el idioma original y el idioma receptor, así como del contenido de lo que se está traduciendo, es vital para que el lector entienda con claridad el mensaje del autor.

Gramática y significado

Las palabras que se arreglan gramaticalmente comunican un significado. Ciertas combinaciones de palabras pueden comunicar significados especiales o restringidos que son diferentes del significado al que se podría llegar simplemente sumando el significado de las palabras individuales. Decir: «Está que ladra», por ejemplo, indica la rabia y no la vocalización del perro.

El significado de un pasaje a menudo involucra consideraciones que no están presentes literalmente en el texto. En 2 Pedro 3:1, siguiendo a la frase nominativa «esta segunda carta» («carta» aquí es femenino singular) se encuentran las palabras «en ambas». «Ambas» se refiere a «esta segunda carta», y también a la primera.

En Mateo 21:28–32 Jesús relata la historia de un hombre que les pidió a sus hijos que fueran a trabajar en su viña: Un hijo le respondió (en el original): «¡Yo, señor!» pero no fue. Su respuesta ha sido tomada universalmente como afirmativa, aunque dijo sólo «yo» además de «señor».

Marcos 6:39 dice que Jesús les dijo a los apóstoles que hicieran que la gente se sentara «por grupos sobre la hierba verde». «Hierba» es una generalización que comunicó una información tan específica como la que Marcos necesitaba. No fue necesario que se especificara la condición o el número de briznas de hierba. Pero los idiomas difieren los unos de los otros en los tipos de generalizaciones que generalmente emplean.

Formas de expresión/figuras literarias

Cada idioma difiere de los demás en la forma en que agrupa los elementos, especifica algunos dentro de un grupo, describe, compara, sugiere y generaliza. Muchas de esas categorías de pensamiento se expresan con lo que llamamos figuras literarias. A continuación presentaremos ejemplos de varios tipos bíblicos.

El símil: una comparación, como: «Veo gente; parecen árboles que caminan» (Marcos 8:24, NVI).

La metáfora: una comparación directa de características, como cuando Jesús llamó a sus discípulos «manada pequeña» en Lucas 12:32.

La metonimia: darle un nuevo nombre a algo, como cuando Jesús se refirió a Herodes como «ese zorro» en Lucas 13:32 (NVI).

La sinécdoque: esto es cuando sólo se menciona una parte de algo pero se quiere decir el total, como en Hechos 11:30, cuando se envió ayuda por causa de la gran hambruna por «mano» de Bernabé y de Saulo. También se puede referir al todo de algo cuando se quiere referir a sólo una parte, como en Juan 1:19 cuando dice que «los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas». «Judíos» aquí no quiere decir toda la nación, sino solamente los líderes.

El eufemismo: es cuando se habla de un asunto delicado, desagradable o prohibido de tal manera que suena mejor o es más aceptable socialmente. La costumbre judía de referirse a la relación sexual bajo la máscara de «conocer» a una persona (Génesis 4:1) se refleja también en Mateo 1:25. La muerte también se menciona como estar «dormido» (1 Tesalonicenses 4:13).

La Biblia es rica en figuras literarias. Algunas son compuestas con mucha deliberación, mientras que otras ya habían llegado a formar parte del hablar diario. En cualquier caso, el traductor no sólo debe saber lo que se dijo sino también lo que se quiso decir.

Las figuras literarias en otros idiomas pueden contener los mismos elementos, pero pueden usarlos para comunicar significados diferentes. De igual manera, las expresiones que suenan bastante diferentes pueden comunicar el mismo significado. La forma más natural para que las personas que hablan ixil expresen: «Mi furor se encenderá» (Éxodo 22:24) es decir: «Mi cabeza vendrá». En vez de decir de «Finees … ha hecho apartar mi furor» (Números 25:11), ellos dirían: «Mi cabeza se ha bajado debido a Finees».

Es una feliz excepción a la regla cuando «la misma» figura literaria que se usó en el idioma original puede usarse en el idioma receptor. La mayoría de las veces, el resultado de «tomar prestada» una figura literaria produce un significado diferente o no tiene sentido en absoluto.

Cuando no se puede usar la misma figura literaria, (1) se puede encontrar una figura diferente que comunique su mismo contenido y efecto en el idioma original, o (2) se puede traducir literalmente el significado de la figura literaria al lenguaje receptor sin intentar retener la figura misma. En algunos idiomas, si Pedro estuviera hablando, no podría instar a la gente con esta expresión: «Ceñid los lomos de vuestro entendimiento» (1 Pedro 1:13). Tal vez tendría que decir: «Estén mentalmente alertas y preparados para responder a la guía del Señor».

Uso artístico del idioma

Las formas literarias que están cuidadosamente diseñadas para producir efectos artísticos pueden emplear sonidos, como en las aliteraciones rítmicas; o tiempo, como en la cadencia y en el metro; o significado, como cuando se usan formas gramaticales diferentes en el mismo pasaje, o combinaciones de estas u otras herramientas.

Las formas de arte que son valorizadas, o aun posibles, dentro de una cultura específica, varían grandemente de un idioma a otro. Es posible que estén involucradas las características del idioma en todos los niveles. Por ejemplo, las partes de las palabras, tales como las terminaciones de un sustantivo o un verbo, afectan el ritmo. El número de sílabas de una palabra afecta el metro y la cadencia, y algunos idiomas tienden a tener palabras más largas que otros. En algunos idiomas receptores tal vez no se permita el cambio del orden gramatical normal para la poesía.

El griego y el hebreo, en ocasiones, permiten los juegos de palabras, pero usualmente es imposible transmitir los mismos juegos de palabras a otros idiomas.

El paralelismo es una forma común de la poesía hebrea. Se hace una declaración y luego es seguida por otra que la amplía, o que señala lo opuesto. Esto requiere un sistema de sinonimia muy elevado y un cierto grado de equilibrio en el metro. Esta es una forma artística que le es natural al idioma ixil, por ejemplo, y a menudo se usa en las oraciones a Dios.

Las formas artísticas en las Escrituras se usan para comunicar el estilo así como el mensaje y no sólo por «el uso del arte para el beneficio del arte». En primer lugar, el traductor de la Biblia determina el significado, pero no está libre del impacto del uso de la forma artística, e intenta reproducirla donde sea posible. Pero por lo general no se puede hacer, por ejemplo, en el uso de un acróstico, tal como el Salmo 119. Este salmo tiene veintidós secciones y cada sección tiene ocho líneas. La primera línea de cada sección comienza con la primera letra del abecedario hebreo, que es alef. Cada línea de la segunda sección comienza con la segunda letra, que es bet, y así sucesivamente a través de las veintidós letras del abecedario hebreo. El efecto total del acróstico hebreo está destinado a perderse en cualquier otro idioma.

Debido a la imposibilidad virtual de duplicar en otro idioma estas formas de arte—que dependen de una combinación de factores tales como significado, ritmo, metro u homogeneidad—, cada traducción de pasajes que emplea el uso artístico de las características del idioma representa cierto grado de compromiso. Pero la traducción todavía debería reflejar el intento del traductor de representar algunas de las herramientas artísticas que usó el escritor.

La traducción de la Biblia en particular

Entorno histórico, geográfico y cultural

Isaac, Siquem, circuncisión, filacterias, redes de pescar, ovejas, arena y norte—estos son sólo unos pocos de los términos o conceptos que no les son familiares a algunos de los pueblos de hoy.

Los esquimales tal vez no conozcan la arena y las ovejas. Las personas que viven en una zona montañosa lejos del mar tal vez no estén familiarizadas con la pesca. Muchas culturas no tienen conocimiento de la terminología religiosa judía, ni de sus figuras históricas. «Donde sale el sol» puede ser el único término para «oriente» en algunas zonas del mundo.

A veces, el vocabulario que falta puede ser reemplazado por una frase descriptiva. Pero, por ejemplo, traducir «oveja» diciendo que «es un animal de cuatro patas cuya lana se usa para hacer ropa», pasa por alto el papel de la oveja en el sistema de sacrificios de los judíos y crea problemas difíciles de manejar para el flujo natural de la traducción.

El papel de la oveja en los sacrificios judíos podría ser captado describiendo a una oveja como «un animal de cuatro patas que los judíos usaban como ofrenda por el pecado», pero esto no es muy pertinente en el Salmo 23, donde el énfasis está en el cuidado más que en el sacrificio de la oveja. En los lugares donde esos problemas no pueden ser resueltos por la traducción en sí, tal vez no haya más alternativa que usar materiales suplementarios tales como notas al pie de página o un diccionario. O puede ser necesario confiar enteramente en la enseñanza.

Otras soluciones posibles, cada una con sus propias restricciones, incluyen: (1) usar un término de un idioma vecino; (2) usar una palabra local para un asunto similar o función; (3) usar una frase para escribir el concepto; o (4) transliterar una palabra del idioma original de la misma manera que, por ejemplo, «filacterias», «bautismo» y «misterio» han llegado al español.

Dinero

Los términos siclo, dracma o un cuarto de penique, no nos dan hoy una idea clara del poder adquisitivo en la antigüedad. Los dólares y centavos ecuatorianos son diferentes a los pesos colombianos, bolívares venezolanos y nuevos soles peruanos. Y todas las unidades monetarias están constantemente cambiando su valor relativo.

En algunos pasajes de las Escrituras, el tiempo que llevaba ganar el dinero puede hacer que el término cobre significado. Por ejemplo, un denario en una de las parábolas de Jesús (Mateo 20:2) representa el salario de un día de un obrero. En el incidente de la alimentación de los cinco mil, la declaración de Felipe (Juan 6:7, NVI) es significativa: «Ni con el salario de ocho meses podríamos comprar suficiente pan para darle un pedazo a cada uno».

Un talento tal vez valía el salario de quince años. En Mateo 18:24, el mismo hombre que pidió que le perdonaran una deuda de diez mil talentos (la tragicómica e inimaginable suma de dinero que se podría ganar trabajando más de 164.000 años—«ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo») rehusó perdonar a un hombre que le debía el valor de cien denarios—el salario aproximado de tres meses de trabajo.

En todos los pasajes en que se trata de dinero, el traductor no sólo debe comunicar el valor de las cantidades, sino también un sentido de lo que esos valores significaban para la gente descrita en la Biblia.

Pasajes problemáticos

Algunas palabras o combinaciones de palabras no se conocían antes que se usaran en las Escrituras, así que ni los traductores mismos tenían la clave de sus significados. Ahora hay menos de esas palabras, principalmente debido a que la evidencia arqueológica ha llenado muchos espacios en blanco. Cuando no se sabe el significado de un pasaje en la traducción, por lo general se usa una deducción basada en lo que se sabe y una nota marginal indica la naturaleza del problema.

Algunas veces se conoce el significado de cada una de las palabras y la gramática puede ser clara, pero la secuencia específica de las palabras no tiene sentido para nosotros. Uno de tales pasajes es Marcos 9:49 (NVI): «La sal con que todos serán sazonados es el fuego».

En una categoría diferente están las frases que no significan nada para nosotros en nuestra cultura, pero que eran claras para los lectores de hace muchos años. Los lectores modernos tropiezan con la combinación de imágenes en 1 Pedro 1:13, la cual ha sido traducida como un mandamiento: «Ceñid los lomos de vuestro entendimiento». Y sin embargo, esto se entendía fácilmente en su entorno original: los hombres que realizaban trabajos que requerían moverse tenían que sacarse sus amplios mantos, o atárselos alrededor de la cintura, para poder trabajar sin impedimento. Al agregar las palabras «de vuestro entendimiento» a «ceñid los lomos» indica que lo que se enfoca es una actitud mental. El pensamiento se podría traducir así: «Estén listos mentalmente para el trabajo que tienen por delante».

Afirmación de la verdad

Para algunas culturas, la traducción de la serie de declaraciones de Pablo en Romanos 9:1 (NVI): «Digo la verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me lo confirma en el Espíritu Santo», convencerá a los lectores que Pablo sí está mintiendo, puesto que sólo una persona que miente usaría tal serie de afirmaciones de que está diciendo la verdad. El preservar con fidelidad las formas de expresión/figuras literarias del lenguaje original de estas declaraciones comunicaría el significado opuesto a lo que quiere comunicar Pablo.

Una solución podría ser una simple afirmación: «Estoy diciendo la verdad». Entonces es más probable que las siguientes declaraciones sean tomadas como verdaderas. Se habría traducido lo que quiso decir Pablo, pero no la forma en la que lo dijo. Otra posible solución es retener la forma del original con una nota al pie de página o con una referencia marginal explicando la intención de Pablo. Y otra solución es confiar en que el Espíritu Santo le interpretará la verdad al lector. El Espíritu Santo lo puede hacer y algunas veces lo hace. Pero las muchas diferencias de opinión entre los cristianos, tanto en asuntos pequeños como grandes, indican que no siempre lo hace.

Traducir en tal forma que es muy posible que los lectores interpreten mal el mensaje es traducir de forma irresponsable. Este principio se aplica a todos los problemas de la traducción y a sus posibles soluciones, y no sólo a Romanos 9:1.

Traducción e interpretación

«Uno sólo debería traducir y no interpretar». Todavía se escuchan declaraciones como esta de vez en cuando. Si eso fuera posible, el trabajo del traductor sería más fácil. Pero las diferencias en los idiomas son tales que una serie de palabras equivalentes una-por-una no constituye una traducción.

Sin embargo, hay un sentido bastante restrictivo en el que es necesario «traducir sin interpretar». Algunos dicen que el libro del Apocalipsis es el más fácil de traducir pero el más difícil de interpretar. El idioma y el estilo del Apocalipsis son relativamente simples. Por ejemplo, puede ser bastante fácil decir en el idioma receptor: «Entonces vi que del mar subía una bestia, la cual tenía diez cuernos y siete cabezas» (13:1, NVI). Pero si el traductor intenta incluir el significado de la bestia, los cuernos y las cabezas, entonces está interpretando más allá de las intenciones del autor. Aun así, en algunas culturas, los cuernos sólo están asociados al mal, así que en un pasaje como el de Apocalipsis 5:6, en el que un personaje «bueno» está representado como que tiene «cuernos», habría un aparente choque de valores de una tradición literal. La enseñanza cuidadosa podría ser la única respuesta a tal problema en tal entorno cultural.

Asimismo, lo que se dice en algunas parábolas se entiende con facilidad, pero cómo se debe entender la forma de expresión dentro de su contexto es un asunto de interpretación y no específicamente de traducción.

Las decisiones en cuanto a la interpretación y la aplicación dependerán de la comprensión que tenga el traductor sobre hasta qué punto el simbolismo tiene la intención de revelar o de ocultar el propósito y el significado del autor.

Traducción y paráfrasis

En tiempos recientes, la «paráfrasis» ha sido mal usada y también muy criticada. Los diccionarios definen una «paráfrasis» como expresar algo con otras palabras con el propósito de hacerlo más claro. Por lo tanto, se asume que una paráfrasis está en el mismo idioma que el original que está reformulando, y que refleja el mismo contenido, aunque tal vez no la misma forma, de ese lenguaje original.

Dos traducciones que se hagan del mismo original pueden diferir, pero los resultados no son una paráfrasis el uno del otro. Más bien son, simplemente, traducciones separadas y posiblemente divergentes del mismo original.

De las consideraciones que presentamos antes en este artículo, es fácil entender cómo las traducciones pueden diferir de manera legítima. Las traducciones pueden ser expresiones igualmente válidas de lo que los traductores entendieron en cuanto a las intenciones del autor.

Sin embargo, una paráfrasis lleva ese nombre sólo cuando expresa con palabras diferentes el contenido de algo que ya está en el idioma. Si el significado de la paráfrasis no es el mismo del documento que se está parafraseando, ¡entonces no es una paráfrasis en absoluto!

Por lo tanto, es erróneo aplicar la palabra «paráfrasis» a una traducción con el propósito de implicar que ha cambiado el significado del original.

Otro problema que surge con el uso erróneo de la palabra «paráfrasis» es que fomenta la pregunta: «¿Cómo se compara o contrasta la traducción A con la traducción B?» La pregunta apropiada es más bien: «¿Qué tan fielmente expresa la traducción A o la traducción B el contenido y la intención del documento original en el idioma receptor?» Esta es la preocupación vital y no cómo una traducción difiere de otra.

Diferencias de dialectos

Por lo general, los mexicanos saben que la gente de Monterrey, Oaxaca y Cancún no hablan español exactamente de la misma forma. También es posible que estén conscientes que lo mismo es cierto de las personas de habla hispana en México D.F., Madrid y Buenos Aires.

Casi nunca son necesarias traducciones diferentes para los de Monterrey y los de Oaxaca, pero la gente más erudita está de acuerdo en que las diferencias entre México D.F. y Madrid son suficientes muchas veces como para versiones diferentes.

En muchas zonas del mundo, los problemas de los dialectos son mucho más severos de lo que podrían sugerir estos ejemplos de diferencias nacionales o internacionales.

Setenta mil personas de los tres idiomas ixil (que son nebaj, chajul y cotzal) en Guatemala constituyen una «isla» lingüística rodeada de otras áreas en las cuales se hablan otros ocho idiomas. El mismo ixil nebaj tiene tres zonas de dialectos principales. La palabra nebaj que significa «hermano menor» significa «el hijo de una mujer» en cotzal, a sólo unos dieciocho kilómetros de distancia.

Un río en un desfiladero, o una cadena de montañas, a menudo constituyen una frontera para un idioma o para un dialecto. En un caso, por ejemplo: «Él no fue» en un lado del río que corre en la montaña quiere decir: «¿Fue él?» al otro lado del río.

Una frontera de un dialecto en el idioma aguacatec de Guatemala corre por el medio de un pueblo pequeño y la gente que vive a cada lado de la línea afirma que la gente del otro lado no habla el idioma correctamente.

Aparte de las diferencias geográficas de un dialecto, hay también diferencias sociales y culturales. Con el tiempo, esas diferencias se identifican (a veces incorrectamente) como superiores en oposición a inferiores, o educadas en oposición a ignorantes, o formales en oposición a informales, o corteses en oposición a descorteses, o como refinadas en oposición a rústicas, o como estándares en oposición a regionales.

Por ejemplo, en un país, las Escrituras siempre habían sido publicadas en un dialecto literal especializado. Los eruditos rehusaron producir una traducción en el idioma común del pueblo basándose en que «entonces podría ser entendida por cualquier persona», y ya no sería la propiedad exclusiva de la clase literaria.

En algunos países se ha desarrollado un dialecto «cristiano» alrededor del uso, no reglamentado, del idioma que hace un extranjero (a veces un misionero). El resultado es que solamente los que han estado en contacto por algún tiempo con el extranjero pueden entender su vocabulario especial.

Para una comunidad o una zona de idioma a la que el cristianismo le ha sido presentado recientemente, puede que sea necesario ser más explícitos en algunos aspectos de la traducción para los nuevos cristianos; pero no necesariamente para las personas que en su cultura han tenido conocimiento de la historia bíblica y los personajes bíblicos durante un largo tiempo.

Traducción y revisión

Los idiomas están pasando constantemente por un proceso de cambio. Lo ideal sería que cada traducción fuera revisada cada vez que una palabra o estructura ha cambiado al punto que ya no es exacta o ya no refleja adecuadamente la intención o el contenido del documento original. Prácticamente, sin embargo, debido al gasto involucrado en editar, preparar el documento, imprimirlo y distribuirlo, no es común hacer cambios en una traducción hasta que se puedan hacer una gran cantidad de cambios a la vez. A nivel emocional, algunas personas reaccionan a esos cambios como si se estuviera «adulterando la Palabra de Dios», en lugar de reconocer que representan una preocupación ferviente y cuidadosa para que el lector se beneficie de la expresión más correcta y apropiada posible de la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios no cambia, pero los idiomas y los significados de las palabras sí cambian. La única forma en que la Palabra de Dios puede continuar comunicando como debe ser es poniendo al día la traducción periódicamente.

En un sentido muy real, la forma en que está escrita la Biblia no sólo estimula la experiencia cristiana, sino que es el producto de ella. Al igual que los «niños en Cristo» crecen hasta alcanzar la madurez, y al igual que un traductor de lenguas extranjeras crece en el dominio y la creatividad de la lengua receptora, es muy cierto que los cristianos, el traductor y la traducción «crecen» juntos. Después de un período de unos veinte años deberían estar disponibles mejores maneras de expresar el contenido de las Escrituras.

Traducción y género

Al tratar con asuntos de género, la perspectiva del traductor de la Biblia puede ser muy diferente de la de otros, tal como los comentaristas o críticos que pueden enfocar el asunto de la traducción desde la posición de una agenda social, política o religiosa específica. La primera y principal preocupación del traductor es el significado del documento original, y la forma de expresar ese significado con exactitud, idoneidad y naturalidad en la lengua receptora. En resumen, el traductor trata el género como él o ella trata cualquier otra característica del idioma.

Las características de las estructuras del idioma que marcan el género, por lo general, son los pronombres, los artículos y los sufijos. No hay dos idiomas que tengan la misma cantidad de esas características, como tampoco hay dos idiomas que empleen esas características de la misma manera. En un idioma dado, el pronombre tal vez indique o no indique el género. Si los pronombres no indican el género, el traductor depende del contexto en cada instancia para entender cualquier información sobre el género que pudiera estar presente. A continuación, el traductor debe elegir qué formas va a usar en el idioma receptor—si es que el idioma receptor requiere especificación de género. De igual forma, los artículos y los sufijos pueden o no indicar el género. En aquellos idiomas donde los indicadores del género en los artículos y adjetivos deben concordar con los indicadores de género de los sustantivos a que se refieren, el traductor debe tener mucho cuidado al elegir los indicadores de género apropiados en el idioma receptor que indican el género para evitar, tanto como sea posible, que el lector se confunda.

En muchos idiomas, las señales de ambos, el género y el número, pueden ser indicadas por la misma palabra o palabras. Dependiendo de la estructura del idioma específico, los indicadores del género podrían ser masculino singular o plural, femenino singular o plural, o neutro singular o plural (y en algunos idiomas, la categoría del número puede ser singular, dual y de tres o más). O las palabras podrían no indicar número ni género (por ejemplo el artículo the en inglés). Afortunadamente, en la mayoría de los contextos, hay muy poca duda en cuanto al género y al número que se tiene la intención de comunicar. Desafortunadamente, en algunas instancias es difícil saber la intención del autor—y los eruditos bíblicos no siempre están de acuerdo sobre cuáles son las instancias «difíciles».

De lo que hemos estado hablando hasta aquí es del «género gramatical». El hecho es que los conceptos de masculino y femenino son parte del idioma sin indicar que algo es realmente hembra o varón. Por ejemplo, en español «la mano» es gramaticalmente un sustantivo femenino, sin tener en cuenta de quién es la mano. La traducción de semejantes palabras es bastante directa. Sin embargo, la traducción se vuelve más compleja cuando palabras con género gramatical se refieren a personas, que realmente son varones o hembras. En algunos idiomas, las palabras que tienen un género específico se usan comúnmente en la cultura del autor como que tienen un género específico o un género inclusivo (refiriéndose tanto a varones como a hembras). Tal inclusión de género es un rasgo de varios idiomas incluyendo el hebreo, el griego y el español (por ejemplo, en español la palabra «niños» se usa para indicar varones o niños en general). Hasta hace pocos siglos, esto era también generalmente cierto en inglés. ¿Cómo pueden los que escuchan estos idiomas entender lo que el orador o el autor quiere decir? En los lugares en que existen opciones gramaticales múltiples, los lectores deben decidir usando su propio criterio y otras pistas que están en el contexto.

En el inglés tradicional, palabras tales como man (hombre) y men (hombres)—dependiendo del contexto—eran comúnmente usadas para referirse a la gente en general, no sólo al sexo masculino. Sin embargo, el estilo moderno del inglés demanda que se evite un idioma dominado por hombres. Por lo tanto, los traductores al inglés deberían hacer lo mejor posible para traducir los sustantivos y pronombres griegos que son realmente de género inclusivo con nombres y pronombres ingleses de género inclusivo. Por ejemplo, anthropos a menudo significa «humano», no «hombre» (es decir, varón). Una frase como «a menos que un hombre haya nacido de nuevo» (en el inglés tradicional de la Biblia del Rey Jacobo) debería leer «a menos que una persona haya nacido de nuevo». Sin embargo, esto no se aplica a «Dios», quien siempre es representado por un pronombre masculino a través de toda la Biblia.

La característica del idioma del género inclusivo presenta algunos desafíos interesantes al traductor de la Biblia. Algunos pasajes de las Escrituras usan sustantivos para nombrar a algunos grupos de personas mientras que no mencionan a otros—o por lo menos parece que los dejan sin mencionar. Por ejemplo, en el Salmo 148:12, el autor exhorta a «los jóvenes y también las doncellas, los ancianos y los niños» a que alaben al Señor. Esta lista no menciona a las ancianas. ¿Quiere decir esto que el autor las excluyó intencionalmente? Debido a que la inclusión de género es una característica bien establecida del hebreo, el traductor podría asumir con confianza que el significado que el autor quería comunicar era «jóvenes y doncellas, personas viejas, y los niños y las niñas», y traducir el hebreo al inglés de acuerdo a eso.

En algunos pasajes, la traducción de palabras que expresan género podría depender de la información en el contexto y en algunos otros principios de interpretación. Por ejemplo, en Marcos 6:44 el número de personas que fueron alimentadas se especifica como cinco mil hombres (plural masculino). En el uso normal del griego, esta palabra podría significar tanto varones («hombres») o ambos, varones y mujeres («gente»). ¿Cuál traducción es la correcta? El contexto de Marcos 6 no le da al traductor suficiente información como para decidir, pero el traductor podría asumir sin duda, de otros usos similares del griego, que la elección correcta es «gente». En otro documento escrito por otro autor, Mateo 14:21 dice que el número que comieron «fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños». Esta frase adicional nos deja saber que (1) ni las mujeres ni los niños estaban presentes, o (2) que las mujeres y los niños estaban presentes, pero que no fueron contados entre los cinco mil. De cualquier manera, en Mateo 14:21 el traductor determina que el número cinco mil se refiere a los «hombres» y no incluye a las mujeres y a los niños. Usando principios interpretativos adicionales (que se relacionan a la armonía de las Escrituras), el traductor también podría usar «hombres» en Marcos 6:44.

A veces, un sustantivo parecería lo suficientemente específico, pero el contexto da lugar a una pregunta de género. En Juan 20:17 (NVI), Jesús le dice a María Magdalena: «Ve más bien a mis hermanos y diles». En el versículo 18 (NVI), María «fue a darles la noticia a los discípulos». ¿Cumplió María las direcciones que le dio Jesús? La frase mis hermanos del versículo 17 es plural masculino. Si se toma literalmente, esto se referiría sólo a los hermanos varones de Jesús. Si del contexto decidimos que esa referencia limitada no es aceptable, entonces, ¿extendemos esa referencia solamente a un grupo mayor de varones? ¿O es igualmente correcto tomar el plural masculino aquí (como en algunas otras referencias en el texto griego) queriendo decir tanto varones como mujeres?

La misma situación se presenta en Hechos 4:4, donde literalmente se lee: «el número de varones aumentó». Aquí, la palabra griega para «varón» es la misma que en algunos contextos se traduce como «esposo»; no es el término más general para «hombres» o «gente». De nuevo, ¿fueron solamente varones los que creyeron y fueron contados en «el número», como sugeriría una traducción literal? ¿O es igualmente correcto entender que esto se refiere al número creciente de todos los creyentes, tanto varones como mujeres?

Efesios 6:1–4 es interesante desde el punto de vista del género. El versículo 1 (NVI) dice: «Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres». Asumimos que la referencia es a ambos, el padre y la madre. En el versículo 2 se menciona a ambos, el «padre» y la «madre». En el versículo 4, entonces, ¿debemos asumir que la referencia es a «los padres», que sólo los padres varones son los del contexto? Si lo hacemos así, una inferencia posible es que los padres, particularmente, son los que deben evitar hacer enojar a sus hijos. Otra inferencia posible es que es permisible que las madres hagan enojar a sus hijos. ¿O es igualmente correcto entender que el autor está diciendo que ambos, el padre y la madre, no deben hacer enojar a sus hijos?

En Filipenses 4:21, a los creyentes de Filipos se les instó a que saludaran a «todos los santos», y Pablo dice que «los hermanos que están conmigo les mandan saludos». Si tomamos esto literalmente, indicaría que los saludos son sólo de los creyentes varones. Sin embargo, el versículo 22 indica que «todos los santos» (masculino plural) son los que saludan, lo cual, de nuevo si se toma literalmente implicaría saludos de sólo los creyentes varones. ¿Infiere esto que las mujeres creyentes no mandaron saludos, ya sea que estuvieran o no asociadas con «la casa de César”? ¿O es igualmente correcto entender que Pablo estaba llevando saludos de ambos, los creyentes varones y las creyentes mujeres?

El alcance de esta sección no permite una lista exhaustiva de los pasajes en los cuales el género es un factor con el que se debe lidiar en la traducción, ni tampoco el espacio nos permite indicar cuáles son los pasajes que presentan «problemas», aun si hubiera un acuerdo general en cuanto a cuáles son esos pasajes. Pero se ha mencionado lo suficiente para sugerir que, aun sin la intrusión de los que tienen sus propias ideas, la traducción del género no es un asunto simple.

Traducción e inspiración

¿Es una traducción de la Biblia la Palabra de Dios inspirada? Sí, hasta el punto en que la traducción le transmita al lector lo que Dios dirigió a los autores que escribieran. No, hasta el punto en que no transmite el significado de lo que Dios comunicó originalmente.

Equivocarse en el significado puede suceder de diferentes maneras: uno le puede agregar al original u omitir algo de él; puede traducir de forma que no se transmita ningún significado (a saber, confusión) o que transmita el significado incorrecto. Todos los esfuerzos de traducción corren el peligro de cometer errores de esos tipos.

La experiencia nos enseña que aun una traducción parcialmente defectiva todavía puede transmitir mucho del contexto de lo que Dios expresó a través de los escritos originales de la Biblia. (Si eso no fuera así, entonces ¡los lectores de la Biblia en el idioma español tendrían, en efecto, serios problemas!) También nos enseña que ni el traductor ni los lectores están libres de los efectos de esos elementos que no fueron transmitidos correcta o adecuadamente.

¿Ayuda Dios, por medio del Espíritu Santo, al traductor hoy? La respuesta es un enfático ¡sí! ¿Garantiza esto que el trabajo del traductor va a estar libre de todo error o información errónea? La experiencia dice que no. Tal vez se podría decir que algunos traductores están más «inspirados» que otros, por el hecho de que están más capacitados de apropiarse de los impulsos directivos del Espíritu Santo. Yo prefiero decir que algunas traducciones reflejan el mensaje de Dios en forma más exacta y apropiada que otras. Es fácil perder de vista el hecho de que cualquier versión que no esté en el hebreo o el griego originales es una traducción que ha sido preparada por uno o más seres humanos.

«Algunos dicen que la traducción es una ciencia; otros dicen que es un arte; otros dicen que es imposible». Cada una de esas declaraciones es parcialmente cierta.

Si descuidamos la ciencia, no sabemos qué contenido y estilo tenía la intención de expresar el documento original, ni tampoco sabemos qué formas se pueden usar apropiadamente en el idioma receptor para expresar el mismo contenido e intención.

Si descuidamos el arte, fallamos en cuanto a tener discernimiento sobre las actitudes de los autores y no podremos combinar en la traducción, en forma apropiada, ni el contenido ni el «sentimiento» de un pasaje. Podremos tener las «palabras» pero nos faltará la «música».

Ni la ciencia ni el arte pueden excluirse mutuamente, pero ¡son compañeros excelentes e importantísimos!

La traducción es imposible, si queremos decir que aun una pequeña porción de las combinaciones del mismo sonido, gramática y significados en cualquier idioma original pueden ser duplicadas, en forma aceptable, en cualquier idioma receptor dado.

Por otro lado, la traducción es muy posible, si por traducción queremos decir que representamos el contenido del documento original de tal forma que el efecto y la intención completos del autor se ponen a disposición del lector. Esto requiere que el traductor use en su tarea todos los recursos que le sean posibles usar de ambos, el arte y la ciencia, confiando en que el Espíritu Santo de Dios dirija la forma en que los usa.

Bibliografía

Beekman, John, y John Callow. Translating the Word of God [Traduciendo la palabra de Dios], 1974.

De Ward, Jan, y Eugene Nida. From One Language to Another [De un idioma a otro], 1986.

Nida, Eugene. Toward a Science of Translation [Hacia una ciencia de la traducción], 1964.

Nida, Eugene, y Charles Taber. The Theory and Practice of Translation [La teoría y la práctica de la traducción], 1974.

Schwarz, W. Principles and Problems of Biblical Translation [Los principios y problemas de la traducción bíblica], 1955.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (pp. 245–280). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

Manzanas podridas en el barril

Enero 7

Manzanas podridas en el barril

Lectura bíblica: 2 Timoteo 3:2–5

Las malas compañías corrompen las buenas costumbres. 1 Corintios 15:33

a1—Mis padres siempre me regañan por las amistades que tengo –—se quejó Nancy—. Dicen que ando con “chicos que causan problemas”. Sé que mis amigos no son perfectos. Pero papá y mamá se creen que tengo dos años. Quieren que mis mejores amigos sean los personajes de Calle Sésamo.

¿Alguna vez te han regañado tus padres por los chicos con quienes andas? Quizá te digan cosas:
—No me gusta como te portas cuando andas con Fulano.

O:
—No quiero que te portes como acaba de portarse Mengano.

O también:
—Me parece que Sultano es una mala influencia.

Los padres de familia no tienen ojos en la parte trasera de la cabeza. Pero tengas cuatro o catorce años, tus padres pueden detectar problemas que tú no ves. Los mayores no consideran únicamente cómo son tus amigos en este momento. Tratan de realmente vislumbrar tu futuro. Y a veces ven problemas más adelante, por ejemplo, que alguien cerca tuyo va a terminar en problemas serios. Quizá estás seguro de que tus padres se equivocan, o quizá en lo profundo de tu ser sabes que tienen razón. Pero sea cual sea el caso, ellos saben que los malos amigos pueden desviarse del camino y llevarte con ellos, arrastrándote lejos de Dios, tu familia y los amigos sanos (1 Corintios 15:33).

Ser inteligentes al escoger nuestros amigos nos ayuda a llegar a ser las personas que Dios quiere que seamos. Si estamos dispuestos a admitir que nuestros amigos cercanos tienen una fuerte influencia sobre nosotros —y de veras la tienen— entonces vamos a querer tener cuidado al elegir nuestros mejores amigos.

Tema para comentar: ¿Cómo podemos distinguir a los buenos amigos de los que pueden llevarnos en una dirección equivocada?

Ésta es una manera segura: Pregúntate de qué manera el amigo te cambia la conducta, y no te engañes cuando contestes. Supongamos que eres dulce, amable, obediente, considerado y responsable. Supongamos que encuentras un nuevo amigo, y después de varias semanas o meses estás descuidando tus estudios y contestas mal a tus padres en casa. ¿Qué pasó? Quizá te parezca que tu nuevo amigo sencillamente te está ayudando a ser más como tú crees que quieres ser. Pero los “amigos” que te meten en problemas no son amigos, aun si los dos se divierten cuando están juntos.

¿Tienes algún amigo que te está apartando de Dios? Entonces ha llegado el momento de dejarlo y de encontrar amigos mejores. Es difícil, pero a la larga, ¡no es tan difícil como continuar una amistad que te perjudica!

PARA DIALOGAR
¿Cuándo has tenido un amigo que te ha llevado por un rumbo equivocado? ¿Con qué amigo quiere Dios que tengas una amistad más cercana?

PARA ORAR
Pídele a Dios que te dé amigos realmente buenos que te ayuden a andar más cerca de él.

PARA HACER
Si tienes un amigo que te ha llevado por mal camino, habla con tus padres para ver si debes apartarte de él por un tiempo, o si debes romper esa amistad.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Abraham y Abimelec

Génesis 20-22

Abraham y Abimelec

a120:1  De allí partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar.

Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.

Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido.

Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente?

¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto.

Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases.

Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.

Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera.

Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo.

10 Dijo también Abimelec a Abraham: ¿Qué pensabas, para que hicieses esto?

11 Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer.

12 Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer.

13 Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es.

14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer.

15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te parezca.

16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano; mira que él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y para con todos; así fue vindicada.

17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos.

18 Porque Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham.

Nacimiento de Isaac

21:1  Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado.

Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.

Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac.

Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado.

Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo.

Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo.

Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez.

Agar e Ismael son echados de la casa de Abraham

Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado Isaac.

Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual ésta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac.

10 Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo.

11 Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo.

12 Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.

13 Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente.

14 Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba.

15 Y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto,

16 y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró.

17 Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.

18 Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación.

19 Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho.

20 Y Dios estaba con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco.

21 Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto.

Pacto entre Abraham y Abimelec

22 Aconteció en aquel mismo tiempo que habló Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército, a Abraham, diciendo: Dios está contigo en todo cuanto haces.

23 Ahora, pues, júrame aquí por Dios, que no faltarás a mí, ni a mi hijo ni a mi nieto, sino que conforme a la bondad que yo hice contigo, harás tú conmigo, y con la tierra en donde has morado.

24 Y respondió Abraham: Yo juraré.

25 Y Abraham reconvino a Abimelec a causa de un pozo de agua, que los siervos de Abimelec le habían quitado.

26 Y respondió Abimelec: No sé quién haya hecho esto, ni tampoco tú me lo hiciste saber, ni yo lo he oído hasta hoy.

27 Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron ambos pacto.

28 Entonces puso Abraham siete corderas del rebaño aparte.

29 Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué significan esas siete corderas que has puesto aparte?

30 Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo.

31 Por esto llamó a aquel lugar Beerseba;[a] porque allí juraron ambos.

32 Así hicieron pacto en Beerseba; y se levantó Abimelec, y Ficol príncipe de su ejército, y volvieron a tierra de los filisteos.

33 Y plantó Abraham un árbol tamarisco en Beerseba, e invocó allí el nombre de Jehová Dios eterno.

34 Y moró Abraham en tierra de los filisteos muchos días.

Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac

22:1  Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.

Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.

Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.

Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.

Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?

Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.

Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.

10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.

12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.

13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá.[b] Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

15 Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,

16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;

17 de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.

19 Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba.

20 Aconteció después de estas cosas, que fue dada noticia a Abraham, diciendo: He aquí que también Milca ha dado a luz hijos a Nacor tu hermano:

21 Uz su primogénito, Buz su hermano, Kemuel padre de Aram,

22 Quesed, Hazo, Pildas, Jidlaf y Betuel.

23 Y Betuel fue el padre de Rebeca. Estos son los ocho hijos que dio a luz Milca, de Nacor hermano de Abraham.

24 Y su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Teba, a Gaham, a Tahas y a Maaca.

Footnotes:

  1. Génesis 21:31 Esto es, Pozo de siete, o Pozo del juramento.
  2. Génesis 22:14 Heb. Jehová-jireh.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society