Me he encontrado muchas veces en la Biblia con pasajes donde se dice que Jesús ayunó, al igual que sus discípulos y muchas otras personas, pero en sí no conozco el significado del ayuno o las buenas consecuencias que trae.

CONSULTORIO BÍBLICO

Programa No. 2016-01-23
PABLO LOGACHO
La consulta de hoy tiene que ver con el ayuno. Dice así: Me he encontrado muchas veces en la Biblia con pasajes donde se dice que Jesús ayunó, al igual que sus discípulos y muchas otras personas, pero en sí no conozco el significado del ayuno o las buenas consecuencias que trae. Me gustaría que me informaran ampliamente sobre este asunto.
DAVID LOGACHO
a1Gracias por comunicarse con nosotros amable oyente. El ayuno es simplemente la abstención voluntaria de ingerir alimentos. Algunos ayunan para mejorar su salud. Dicen que el ayuno periódico ayuda a desintoxicar el cuerpo humano. Otros ayunan voluntariamente para bajar de peso, pero todos entendemos que no nos interesa mucho los beneficios físicos, sino los beneficios espirituales. Básicamente, el ayuno en la Biblia es visto como una forma de humillación voluntaria. Salmo 35:13 dice: “Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía a mi seno” David quería identificarse con el dolor por gente que él conocía y estaba enferma. Por eso se vistió de cilicio, que es una forma de humillarse, pero note que el ayuno también estaba presente. El ayuno aclara y libera nuestras mentes para entender lo que Dios está diciendo a nuestros espíritus. Esto condiciona nuestros cuerpos para llevar a cabo su perfecta voluntad. Al perseverar a través de las molestias físicas iniciales y mentales, experimentaremos una calma de alma para concentrarnos en las cosas de Dios sin que ni siquiera los apetitos legítimos del cuerpo interrumpan la dulce comunión con el Señor. Esto fue lo que pasó con el Señor Jesucristo cuando ayunó cuarenta días y cuarenta noches, y lo mismo con Moisés y con Elías.

Ellos llegaron a un punto, cuando el ingerir alimento dejó de ser atractivo en comparación de la delicia de la comunión con el Señor. En estas circunstancias, la persona que ayuna se hará más dócil a la guía del Espíritu Santo. Interesante que después de que el Señor Jesucristo terminó de ayunar, dice el Nuevo Testamento en Lucas 4:14 que Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. El ayuno trae avivamiento personal y agrega poder a nuestras oraciones. Esto último tiene su explicación en el hecho que ayunando nos ponemos más sensibles a la guía del Espíritu Santo y podemos discernir mejor la voluntad de Dios en determinado asunto y en consecuencia podemos orar a Dios en su voluntad, mas no en nuestra voluntad. La palabra de Dios garantiza que todas las oraciones hechas en la voluntad de Dios van a ser respondidas favorablemente por Dios. En esto me gustaría señalar que el ayuno no es la forma de torcer el brazo de Dios para obligarle a que haga lo que nosotros queremos.

El ayuno no es para chantajear a Dios en otras palabras. Es decir, por poner un ejemplo, un creyente no debería ayunar para obligar a Dios que le haga ganar el premio mayor de la lotería. Confiar en la suerte o en la lotería es pecado y por más que se ayune jamás se logrará que Dios responda a una oración de esa naturaleza. Debe quedar claro entonces que el ayuno no hace que automáticamente cualquier oración nuestra va a ser respondida por Dios favorablemente, pero nos da la oportunidad de concentrarnos en adorar, auto examinarnos delante de Dios, confesar cualquier cosa que esté mal en nuestras vidas, pedir a Dios perdón por ello y discernir la voluntad de Dios para nuestras vidas para pedir a Dios conforme a esa voluntad. En este escenario de cosas, Dios siempre hará algo especial para Ud. bien sea internamente o externamente o ambas cosas, cuando Ud. se niega a Ud. mismo y enfoca su amor, adoración, fe, y obediencia solamente en Él.

El centro del ayuno debe ser Dios, no Ud. Lo dicho, me lleva a la siguiente reflexión, jamás ayune por ayunar o por ver cómo se siente sin comer, uno o dos o más días. Primero ocúpese en conocer el propósito del ayuno y los beneficios del ayuno y cuando esté convencido personalmente de todo eso, entonces ayune. No caiga en el error de pensar que porque tiene la costumbre de ayunar ya está bien con Dios, sin importar que en su vida quizá no hayan pecados visibles, pero se anidan cosas como temor, orgullo, odio, rencor, envidia, chismes, malos pensamientos, ira, es decir pecados que suelen instalarse cómodamente en el corazón de un creyente haciéndose pasar como algo sin importancia. Cuando ayune, procure buscar un tiempo que se adapte a su horario de trabajo, pues es necesario que tenga tiempos especiales a solas con Dios en oración y meditación en la palabra de Dios. Antes de ayunar, prepárese. Tome conciencia de lo que es el ayuno, establezca un objetivo específico para ayunar. ¿Es por renovación espiritual? ¿Es buscando la guía del Señor? ¿Es por sanidad? ¿Es por la resolución de algún problema? ¿Es por gracia especial para manejar una situación difícil? ¿Es por algún problema o amenaza nacional? Enfocar sobre las metas le ayudará a sostener su ayuno cuando las tentaciones físicas o las presiones de la vida lo empujen a abandonarlo. Esto es en esencia lo que podemos decir sobre el ayuno.

Termino con una advertencia. Si ha decidido ayunar, tenga mucho cuidado con no jactarse por ello. El ayuno es un asunto entre Dios y Ud. Esto no significa que sea malo que haya otros que deseen acompañarle en el ayuno.Lo que significa es que Ud. no ande por las calles proclamando que está ayunando. Esto es lo que ordenó el Señor Jesucristo en Mateo 6:16-18 que dice: “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” Note que Jesús no está condenando el ayuno. Lo que está condenando es publicar el ayuno para hacer creer a la gente que el que ayuna es muy espiritual. El que ayuna es muy propenso a ceder a la tentación de jactarse de su ayuno. Esto quizá despierte admiración en algunos y eso será la única recompensa que tendrá el que ayuna. Pero habrá perdido la recompensa que puede dar Dios al que ayuna en secreto. En la época de Isaías, era muy popular el ayuno para impresionar a la gente, lo cual no pasaba de ser pura hipocresía religiosa, porque los ayunadores guardaban en su corazón todo tipo de pecado. Note como Dios confrontó a estos hipócritas religiosos. Isaías 58:3-9 dice: “¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.

He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad.”

Esta es una severa advertencia de Dios, hecha hace siglos, pero tan pertinente para el día de hoy. Cuidado con esconder pecado detrás del ayuno. El rito no tiene poder para limpiar el corazón.

PABLO LOGACHO
LA BIBLIA DICE… es un ministerio sin fines de lucro dedicado a esparcir la palabra de Dios en el mundo de habla hispana. Si usted desea ayudarnos en este propósito, le invitamos a visitar nuestra página Web para informarse acerca de cómo hacerlo y además conozca la respuesta a la PREGUNTA DEL DIA. ¿Sabe Usted como elegir una buena iglesia local para congregarse? Tome nota de nuestra dirección en la Internet: triple w.labibliadice.org
https://soundcloud.com/labibliadice/lbd-2016-01-23#t=0:00
http://labibliadice.org/consultorio-biblico/serie/1100/

Los testigos contra Jehová y el infierno

Los testigos contra Jehová y el infierno

Autor: Wayne Partain

a1La palabra geenna se traduce “infierno” en el español.  Según los “testigos” contra Jehová, la palabra geenna solamente se refiere a un lugar aquí en la tierra llamado el Valle de Hinom (Tofet). Los “testigos” cometen el error de limitarse a una sola acepción de una palabra. Hacen este error con respecto a varios términos (p. ej., alma, espíritu, venida).

Es cierto que la palabra geenna se refiere en su primer término al Valle de Hinom. En ese lugar se cometían abominaciones al ofrecer a sus hijos al dios Moloc. Después el lugar vino a ser lugar para tirar y quemar basura. Aun los cadáveres de animales se echaban allí. Siempre había lumbre para quemar continuamente la basura y siempre había gusanos.

Cristo escogió esta palabra para hablar del castigo eterno.  Mat. 5:22, “quedará expuesto al infierno (geenna) de fuego”. Mat. 5:29-30, “echado al infierno (geenna).” En otros textos Jesús habló de ese lugar: Mateo 10:28; 18:9; 23:33; Mar. 9:43-47; Luc. 12:5. El nunca habló de echar gente al valle de Hinom, sino al lugar de tormento eterno, un lugar representado por ese valle.

Además de esto, hace muchos años se apagó el fuego en el Valle de Hinom, pero las palabras de Jesús acerca de un lugar de tormento no pierden su significado.

Hay otras palabras y expresiones usadas en el Nuevo Testamento para describir el tormento eterno.

  1. Mateo 13:37-50, “horno de fuego”.
  2. Mat. 22:9-14, “las tinieblas de afuera”.
  3. Mat. 25:41, “al fuego eterno”.
  4. Apoc. 20:14, “lago de fuego”.
  5. Mat. 3:12, “fuego que nunca se apagará”.

Pero dicen los “testigos” que el alma será destruida en el infierno y, por lo tanto, el tormento dura solamente un instante. Dicen que la palabra “destruir” significa “aniquilar, destruir por entero”, y que al morir el hombre deja de ser, deja de existir.

La palabra “destruir” viene de la palabra apollumi que significa ruina o perdición. Por ejemplo, en Mateo 10:6 y Luc. 15:4 leemos de ovejas perdidas, y la palabra es apollumi (una forma de ella). Cristo no dijo que las ovejas fueron aniquiladas ni que dejaron de existir sino que estuvieron perdidas. El alma del desobediente no está aniquilada sino perdida. Otro texto importante que emplea la palabra apollumi es 2 Ped. 3:6, “el mundo de entonces pereció anegado en agua”. No fue aniquilada la tierra, no dejó de existir, sino que fue arruinada mientras se cubría de agua; ya no servía como lugar de habitación para el hombre. De la misma manera la palabra apollumi (Mat. 10:28, “destruir”) significa la ruina del alma. Será rechazada por Dios y no puede estar en su divina presencia (2 Tes. 1:7-9). La palabra significa la pérdida del bienestar y no la pérdida de la existencia misma según el lexicógrafo Thayer (not the loss of being, but the loss of wellbeing).

Otra palabra importante en este estudio es la palabra kolazo, que los “testigos” traducen “cortamiento” en su “Versión del nuevo mundo”. Los “testigos” escribieron su propia “biblia” para poder cambiar el significado de algunos términos bíblicos que refutan las teorías falsas de ellos.  Todos los lexicógrafos eruditos, respetados por todos, definen la palabra kolazo “atormentar”. Véanse Mat. 8:6; 8:29; Mar. 5:7; Luc. 8:28; 2 Ped. 2:8. Los traductores de las versiones comunes en inglés o en español, usadas y respetadas por millones de personas, reconocen el significado obvio y claro de esta palabra. El contexto también nos hace ver que significa tormento y sufrimiento y no cortamiento. Por ejemplo, Mar. 14:64, “darle de puñetazos” (kolazo); estaban atormentando o castigando a Jesús. Así también Mat. 25:46 “irán estos al castigo (kolazo) eterno”; y Heb. 10:29 “mayor castigo” (kolazo).

Dicen los “testigos” que la muerte física es el “castigo” y “destrucción”. Pero léase con cuidado Mateo 10:28, “y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. La muerte física es una cosa y la destrucción del alma en el infierno es otra cosa. Es algo aparte, algo peor, algo más terrible. Es algo después de la muerte. Luc. 12:5 es muy claro: “después de haber quitado la vida … echar en el infierno”. Hagamos una pregunta: “si geenna significa la destrucción del cuerpo, ¿cómo es peor que la muerte?” Otra pregunta: ¿Por qué temer más a Dios? ¿qué es lo que El hace que los hombres no pueden hacer? Una tercera pregunta: Si los israelitas fueron apedreados (muertos) por quebrar la ley de Moisés, ¿cómo puede ser peor el castigo bajo la ley de Cristo si el castigo es meramente la muerte? (Heb. 10:28).

Dicen los “testigos” que “eterno” significa que uno muere físicamente y que esta muerte es eterna o sea irrevocable (que no hay resurrección para él). Pero otra vez la verdad es más que obvia porque la misma palabra (aionion) se usa para hablar de la vida eterna que se usa para hablar del castigo eterno. Mateo 24:46, “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Si no hay castigo eterno (que dura eternamente), no hay vida eterna.

En conclusión, los “testigos” son incrédulos, porque enfáticamente niegan la palabra de Dios. Pelean contra ella, la pervierten y la tuercen para su propia destrucción (2 Ped. 3:16). Siguen la filosofía humana que niega toda cosa bíblica que no les gusta.

Por eso, “guardaos de los falsos maestros” (Mat. 7:15). “No lo recibáis en casa”, (2 Jn. 10) a menos que sean capaces de exponer sus errores y reprenderlos (pocos hermanos lo son). Cuando usted ve un ejemplar de la “biblia” verde (Versión del nuevo mundo), diga con confianza al dueño de ella que ese libro debe quemarse, porque es obra de Satanás y hace más daño que los libros de magia que fueron quemados en Efeso (Hech. 19:19).

http://www.waynepartain.com/

¡CASI SALVO – PERO COMPLETAMENTE PERDIDO!

¡CASI SALVO – PERO COMPLETAMENTE PERDIDO!

Autor: Dr. C. L. Cagan

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Sábado, 16 de Enero, 2016

“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (I Juan 5:12).

a1La Biblia divide la raza humana en dos grupos. Tú perteneces a uno o al otro. El primer grupo son los que confían en Jesucristo, el Hijo de Dios, y tienen vida eterna. Nuestro texto dice: “El que tiene al Hijo, tiene la vida”. Todos los demás pertenecen al segundo grupo, los que no tienen la vida. “El que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”. No hay nadie en el medio. Tú confías en Jesús o no lo haces. Tienes vida o no la tienes.

La Escritura deja esto claro. Dice: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). Las palabras Griegas traducidas “cree en” significan eso “creer en”. No es una creencia doctrinal o mental. Es una confianza personal en Jesucristo Mismo. Algunos creen en Jesucristo, el Hijo de Dios, y tienen vida eterna. El resto “no verá la vida”. La ira de Dios está – permanece – sobre ellos. Tienes vida o no la tienes.
Hemos visto declaraciones directas de la Biblia que separan los dos grupos. Y esa separación se muestra en las palabras que la Biblia usa para describir la humanidad. Jesús dijo que en su Segunda Venida Él “pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda” (Mateo 25:33). A las ovejas Él dirá: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino” (Mateo 25:34). A los cabritos Él dirá: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno” (Mateo 25:41). Nadie es parte oveja y parte cabrito. Vas a entrar en el reino de Jesús, o te vas a ir al fuego eterno.

La Biblia habla de los grupos que usan las palabras vida y muerte. Un grupo de personas permanecen “muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1). A los otros se les ha dado “vida” (Efesios 2:1, 5). Tú estás vivo o muerto. ¡Y no te puedes dar vida si estás muerto! Sólo Dios puede darte vida por medio de Jesús. Jesús dijo que los que confían en Él han “pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). Una vez más, el Libro de Juan dice que aquellos que son convertidos han “pasado de muerte a vida” (Juan 3:14). A algunos de ustedes se les ha dado vida. El resto de ustedes sólo tienen muerte. No hay otra posibilidad. Vida – o muerte.
La separación de los dos grupos se muestra en las palabras que Dios usa para describir la salvación. Jesús dijo: “Si no os volvéis…no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). Eres convertido o no lo eres. La Biblia dice que la salvación es un nuevo nacimiento. Jesús le dijo a un hombre religioso, “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). ¿Puedes hacerte renacer espiritualmente? ¿Lo tienes en ti para hacer eso? No. Y la Biblia dice: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es [una nueva creación]” (II Corintios 5:17). ¿Puedes cambiarte tú mismo a una nueva creación? ¡No, necesitas que Dios haga eso por ti! La Escritura dice que Dios ha liberado a los Cristianos de “la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Tú estás bajo la potestad de las tinieblas, o estás en el reino del Hijo de Dios. No puedes trasladarte tú mismo de uno al otro. Sólo Dios puede hacer eso. Tú estás en las tinieblas o perteneces a Jesús. Eres uno o el otro.
“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (I Juan 5:12).
Los dos grupos se separarán para siempre después de la muerte. A los salvos, “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4). Pero los perdidos “tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8). Abraham habló del paraíso al hombre rico en el Infierno, “Una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 16:26). Los dos grupos serán separados eternamente. Después de la muerte la separación entre los salvos y los perdidos será infinita, eterna e inalterable.
¿Qué grupo es más grande? ¿Cuál tiene más gente? La mayoría morirán sin Jesús y perderán sus almas para siempre. Sólo unos pocos confiarán en Jesús y serán salvos. Jesús dijo: “ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13). Luego dijo: “Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14). Nuevamente Jesús dijo: “Os digo que muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 22:14). Alguien le preguntó a Jesús: “¿Son pocos los que se salvan?” (Lucas 13:23). Y Jesús le respondió: “Os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13:24). Los Discípulos le preguntaron a Jesús, “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (Marcos 10:26). Y él respondió: “Para los hombres es imposible” (Marcos 10:27). Casi todos se perderán. Sólo unos pocos serán salvos – y por un milagro de Dios.
Muchos de ustedes aquí esta noche están perdidos. No has confiado en Jesucristo. No has tenido tus pecados perdonados por Su Sangre. No has sido convertido. Si mueres ahora irás al Infierno. Si pensaras en esto, podrías llegar a ser despertado de tu pecado y tu necesidad de Jesús. Puede que clames a Dios para que te atraiga a Jesús. Puede que empieces esforzarte y luchar para entrar en la salvación (cf. Lucas 13:24). Con tu boca admites que estás perdido. Pero en tu corazón no piensas en ti mismo como un pecador perdido, desvalido, culpable ante Dios, “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12). Esa es la verdad. Pero no quieres pensar ni sentirte de esa manera. Sería desagradable y negativo. Te haría sentir mal. Así que piensas de ti mismo de otra manera, para evitar la verdad. Inventas un grupo para ponerte allí.
Algunos de ustedes han estado viniendo a la iglesia durante unas semanas, o meses, o más. Inventas una manera de pensar en ti mismo. Crees que estás en el camino a la salvación. Piensas que eres parte Cristiano. Piensas que estás “tratando de confiar en Jesús”, o “casi un Cristiano”, o “aprendiendo acerca de Jesús”, o “vas a ser un Cristiano algún día”. Tú vienes a la iglesia – y después de todo, no acostumbrabas venir. Después de todo, hay una gran cantidad de personas que no van a la iglesia. No cometes todos los pecados que otros hacen. Lees la Biblia. Has aprendido acerca de la doctrina Cristiana. Tienes amigos en la iglesia. Tú encajas. Te dices a ti mismo que te gustaría convertirte en un Cristiano. Crees que seguramente confiarás en Jesús uno de estos días, aunque Jesús dijo que sólo unos “pocos” harían eso. Pero así es como tú piensas de ti mismo – y puedes vivir contigo mismo de esta manera.
Sólo hay un problema. Dios no cree que haya tal cosa como un “casi Cristiano”. Si no eres convertido, Dios piensa en ti como perdido. Pienses lo que pienses, Dios sabe que tus pecados no son perdonados. Dios está enojado con tu pecado, porque Él está “airado contra el impío todos los días” (Salmo 7:11). “La ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). Dios sabe que eres uno de los “hijos de desobediencia”, uno de los “hijos de ira” (Efesios 2:2, 3). Dios sabe que eres Su enemigo (cf. Romanos 5:10; 8:7). Dios está correcto y tú estás equivocado.
¡No hay tal cosa como lo que tú crees que eres! La Biblia dice: “El corazón es engañoso sobre todas las cosas” (Jeremías 17:9). ¡Te has engañado a ti mismo! Dios sabe que no hay tal cosa como “en el camino a ser Cristiano” o “aprendiendo a ser Cristiano”. Dios sabe que hay personas salvas y personas perdidas – ¡nada más! ¡Nada en el medio! ¡No hay “parte Cristianos”! ¡No eres un Cristiano para nada!
“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (I Juan 5:12).

La Biblia habla de los tales llamados “parte Cristianos” que nunca fueron salvos, y que ahora están en el Infierno. El joven rico vino a Jesús y le dijo: “Todos [los mandamientos] he guardado desde mi juventud” (Mateo 19:20). Pensó que era bueno. Pero él nunca confió en Jesús. Él “se fue” (Mateo 19:22). Un Romano llamado Félix escuchó al Apóstol Pablo y se “espantó” de su predicación (Hechos 24:25). Él oyó hablar a Pablo de nuevo muchas veces, pero siempre endureció su corazón y nunca fue convertido. Otro hombre llamado Agripa oyó a Pablo hablar y le dijo a él: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28). Pero, como Félix, Agripa nunca confió en Jesús. Él murió y fue al Infierno. Esto demuestra que puedes escuchar predicar vez tras vez y todavía estar perdido. Ser un “casi Cristiano” es muy peligroso.
Philip Bliss era el hijo de un padre Cristiano que le enseñó a orar todos los días. Cuando tenía doce años de edad fue finalmente convertido. Él fue bautizado y se convirtió en un miembro de una iglesia Bautista. Philip era un músico, y unos años más tarde comenzó a dirigir la música de un evangelista llamado Daniel Whittle. También escribía himnos y canciones evangélicas para el famoso evangelista D. L. Moody. En una reunión evangelística oyó a un predicador llamado Brundage predicar un sermón que terminó con las palabras: “Ser casi salvo es estar completamente perdido”. Philip fue muy impresionado por esas palabras. Recordó que para él eso había sido verdad. Él había estado asistiendo a la iglesia, leyendo la Biblia y orando todos los días, pero había sido un “niño de iglesia”, casi salvo pero completamente perdido. La idea de su propia conversión conmovió a Philip cuando escuchó esas palabras, “Ser casi salvo es estar completamente perdido”. Él fue a su habitación y escribió las palabras de un himno que cantamos a menudo. Se convirtió en su himno más popular. Él mismo había sido casi salvo pero completamente perdido, y él escribió acerca de eso en ese famoso himno que cantamos a menudo:

“Casi resuelto” para creer;
“Casi resuelto” a Jesús confiar…
“Casi” no bastará; “Casi” ¡fracasará!
Triste lamento harás, “Perdido estás”.
(Traducción libre de “Almost Persuaded”
por Philip P. Bliss, 1838-1876).

Aunque vengas a la iglesia y encajes con la multitud, estás “completamente perdido”. Algunos de los jóvenes nuevos en la iglesia piensan que tú eres Cristiano, pero tú sabes en tu corazón que estás completamente perdido. Y cuando mueras y te hundas en el Infierno vas a llorar y a gritar, “Casi – pero perdido”. ¡Tú estabas en la iglesia pero no eras parte de ella! ¡Estabas en la iglesia en la tierra, pero separado del Cielo para siempre! Triste lamento harás – perdido estás. “Ser casi salvo es estar completamente perdido”. No vas en camino a ningún lugar, excepto el Infierno. Estás completamente perdido.
Hay otro grupo del que tengo que hablar. Hay niños y adultos jóvenes que han crecido en la iglesia, pero permanecen no convertidos. Tú encajas. Después de todo, has estado aquí toda tu vida. Vienes a la iglesia porque es tu hábito. Tus padres te trajeron, y estás aquí ahora. Has evitado algunos de los pecados del mundo. Sabes cómo vestirte en la iglesia. Tienes una Biblia. Sabes algo de lo que hay en la Biblia, y algo sobre la enseñanza Cristiana. Tienes amigos aquí. Las personas te conocen. Encajas. Claro, no has confiado en Jesús. Su muerte en la Cruz no se ha aplicado para pagar por tu pecado ante Dios. Su Sangre no ha lavado tus pecados. No tienes la vida de Su resurrección. Oh, te gustaría ser salvo algún día, pero te llevas bien contigo mismo ahora.
Es posible que hayas engañado a tus padres. Ellos te aman. Ellos pueden pensar que eres un Cristiano. Incluso si saben que estás perdido, padres amorosos usualmente piensan que sus hijos llegarán a ser Cristianos. Después de todo, sus niños escuchan sermones. Después de todo, ellos escuchan testimonios personales de otros que son salvos. Así padres son engañados al pensar que sus hijos se convertirán en Cristianos. Tales padres a menudo piensan, “Por supuesto serán Cristianos. ¿Cómo no podrían?” Ellos asumen que sus hijos se convertirán aunque Jesús dijo: “pocos son los que la hallan”. Puede que tus padres piensen, “Hacemos todo lo que podemos”. Pero, ¿lloran por ti? ¿Oran por ti por horas en privado? ¿Te instan constantemente que seas salvo?
Al igual que muchos de los que vienen del mundo, piensas en ti mismo como “parte Cristiano”. Después de todo estás aprendiendo como convertirte en un Cristiano, ¿verdad? Después de todo, eres casi un Cristiano, ¿verdad? Tus padres piensan de ti de la misma manera, porque te aman. Quieren creer que vas a ser Cristiano. Les dolería perderte. Tus padres, sin decirlo, piensan de ti como pequeños Cristianos. Encajas por fuera, por lo que eres casi un Cristiano, un pequeño Cristiano, que seguramente se convertirá en un verdadero Cristiano – algún día. Los padres Cristianos a menudo piensan de sus hijos de esa manera – como pequeños Cristianos, casi allí, seguros de que van a confiar en Jesús – algún día. No pueden imaginarte perdiendo tu alma – pero lo harás.
No hay tal cosa como un “pequeño Cristiano”. No hay tal cosa como un Cristiano en formación, o en aprendizaje, o en el camino. ¡No hay nada entre salvo y perdido! No hay nada entre el Cielo y el Infierno. El pastor tenía razón cuando dijo: “Ser casi salvo es estar completamente perdido”. Te sientas aquí, pero estás completamente perdido.
La Biblia no trata a las personas religiosas como pequeños Cristianos. A Nicodemo, el gran maestro de Israel, Jesús dijo: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). El Apóstol Pablo tenía un trasfondo religioso, “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo” (Filipenses 3:5). Tenía el exterior de uno del pueblo de Dios – ¡pero no lo era! Estaba perdido yendo al Infierno hasta que confió en Jesús. Los Fariseos le dijeron a Jesús, “Nuestro padre es Abraham” (Juan 8:39). Ellos dijeron: “Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios” (Juan 8:41). “Nuestro exterior no es como el de esa gente”. Pero Jesús les dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:44). Él sabía que eran pecadores depravados – y nada más.
Dios sabe que tú eres un pecador depravado – y nada más. Pueda que te hayas engañado a ti mismo. Puede que hayas engañado a tus padres. ¡Pero no puedes engañar a Dios! La Biblia dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado” (Gálatas 6:7). Dios sabe que están “muertos en pecados” (Efesios 2:5). Dios sabe que eres un hijo “de ira, lo miso que los demás” (Efesios 2:3). Dios sabe que tu “mente carnal es enemistad contra Dios” (Romanos 8:7). Dios sabe que en su corazón ustedes: “no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:7). Él sabe que tienen “el entendimiento entenebrecido” (Efesios 4:18). Él sabe que “sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:44). Sí, Dios lo sabe – y tú lo sabes en tu corazón – que no eres un pequeño Cristiano, si no un pequeño diablo. Dios sabe, y tú sabes en tu corazón que en realidad eres un pequeño diablo. Es por eso que te resistes a Dios en tu corazón, como vuestro padre el Diablo.
“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (I Juan 5:12).

No puedes cambiar de ser un pequeño diablo a ser un verdadero Cristiano simplemente por venir a la iglesia. No puedes tener una conversión aprendiendo cosas. Tu corazón está mal. Estás mal por dentro. Tu corazón es “perverso” (Jeremías 17:9). No puedes cambiarte tú mismo de cabrito a oveja, de un pequeño diablo a un verdadero Cristiano. “Para los hombres es imposible” (Marcos 10:27). Y contigo es imposible. ¡Necesitas la gracia de Dios! Necesitas un milagro de conversión de Dios. Eres casi salvo, pero estás completamente perdido. Sin un milagro de Dios, siempre estarás completamente perdido – perdido en esta vida y perdido para siempre en mundo venidero.
Oh Dios, te pido que uses estas palabras para que le hablen al corazón de alguien. En el nombre de Jesús, Amén.

Si este sermón te bendijo a Dr. Hymers le gustaría saber ti. CUANDO LE ESCRIBAS A DR. HYMERS DEBES DECIRLE DE QUE PAÍS LE ESTÁS ESCRIBIENDO O ÉL NO PODRÁ CONTESTAR TU CORREO. Si estos sermones te bendicen por favor envía un correo electrónico a Dr. Hymers y díselo pero siempre incluye de qué país estás escribiendo. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net (oprime aquí). Puedes escribirle a Dr. Hymers en cualquier idioma, pero escribe en Inglés si es posible. Si deseas escribirle a Dr. Hymers por correo postal, su dirección es P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015. Puedes llamarle por teléfono al (818) 352-0452.
(FIN DEL SERMÓN)
tú puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en http://www.sermonsfortheworld.com.
Oprime en “Sermones en Español”.

Estos manuscritos de sermones no tienen derechos de autor. Pueden ser usados
sin la autorización de Dr. Hymers. Sin embargo, todos los mensajes de video de
Dr. Hymers, y todos los otros sermones en video de nuestra iglesia, sí tienen
derechos de autor y solo pueden ser usados con autorización.

La gran persecución y el triunfo final 12

La gran persecución y el triunfo final 12

No me interesa sino la ley de Dios, que he aprendido. Esa es la ley que obedezco, por la que he de morir, y en la que he de triunfar. Aparte de esa ley, no hay más ninguna.

Télica, mártir

a1Según dijimos, después de las persecuciones de Decio y Valeriano la iglesia gozó de relativa tranquilidad. Pero a fines del siglo III se desató la última y mas terrible de las persecuciones. Reinaba a la sazón Diocleciano, quien había organizado el Imperio en una tetrarquía. Dos emperadores compartían el título de “augusto”: Diocleciano en el Oriente, y Maximiano en el Occidente. Bajo cada uno de ellos había otro emperador con el título de “césar”: Galerio bajo Diocleciano, y Constancio Cloro bajo Maximiano. Debido a la gran habilidad administrativa y política de Diocleciano, esta división de autoridad perduró mientras él retuvo en sus manos las riendas del poder. Su propósito era en parte asegurarse de que la sucesión al trono fuera pacífica, pues cada césar debería suceder a su augusto, y entonces los emperadores restantes nombrarían un nuevo césar. Según veremos más adelante, este sistema funcionó sólo mientras Diocleciano lo administró, pero después dio lugar a disputas de sucesión, usurpaciones y guerras civiles.

Por lo pronto, sin embargo, el Imperio se encontraba en estado de relativa paz y prosperidad. Aparte de las constantes escaramuzas fronterizas, sólo Galerio se vio envuelto en campañas de importancia, primero en las fronteras del Danubio, y luego contra los persas. De los tres emperadores, sólo Galerio parece haber sentido una enemistad profunda hacia el cristianismo. En cuanto a Diocleciano, quien era el gobernante supremo, tanto su esposa Prisca como su hija Valeria eran cristianas. La paz de la iglesia parecía estar asegurada.

Los conflictos parecen haber comenzado en el ejército. La actitud de los cristianos hacia el servicio militar no era uniforme, pues aunque la mayoría de los autores de la época nos dice que los cristianos no deben ser soldados, sabemos por otras fuentes que había gran número de cristianos en el ejército. La razón por la que algunos se oponían al servicio militar no era tanto el pacifismo cristiano como el hecho de que algunas de las ceremonias militares eran de carácter religioso, y por tanto se le hacía muy difícil al soldado cristiano abstenerse de participar en la idolatría. En todo caso, alrededor del año 295 varios cristianos fueron muertos, unos por negarse a ser conscriptos, y otros porque intentaron abandonar el ejército. Ante los ojos de Galerio, esta actitud de los cristianos ante el servicio militar envolvía un serio peligro, pues era posible que en algún momento crítico los cristianos que había en el ejército se negaran a obedecer órdenes. Luego, como una medida necesaria para la moral militar, Galerio convenció a Diocleciano de la necesidad de expulsar a los cristianos de las legiones. El edicto de Diocleciano al efecto no decretaba la pena de muerte, ni otro castigo que la mera expulsión del ejército. Pero en algunos lugares, debido quizá al excesivo celo de los oficiales, se intentó obligar a los soldados cristianos a ofrecer sacrificios ante los dioses, y el resultado de ello fue que hubo algunas ejecuciones, todas ellas en el ejército del Danubio, que estaba bajo las órdenes de Galerio.

A esto se limitó la persecución hasta que Diocleciano se dejó convencer por Galerio, y en el año 303 dictó un nuevo edicto contra los cristianos. Todavía en este edicto Diocleciano se negaba a derramar la sangre de los cristianos, y lo que se ordenaba era que todos los edificios cristianos y los libros sagrados fueran destruidos, y que a los creyentes se les privara de todas sus dignidades y derechos civiles. Al principio, la persecución se limitó a esto. Pero pronto fue recrudeciendo porque muchos de los fieles se negaban a entregar los libros sagrados, y entonces se les torturaba o se les condenaba a muerte. Además, hubo dos incendios misteriosos en el palacio imperial.  Galerio acusó a los cristianos de haberlos prendido, diciendo que los incendiarios procuraban vengarse de la destrucción de sus iglesias. Algunos escritores cristianos insinúan que fue el propio Galerio quien ordenó los incendios, para luego culpar a los creyentes. En todo caso, la furia de Diocleciano no se hizo esperar, y pronto se ordenó que todos los cristianos de la corte tenían que ofrecer sacrificios ante los dioses. Prisca y Valeria sacrificaron, pero el gran chambelán Doroteo y varios otros sufrieron el martirio.

En todo el resto del imperio se continuó destruyendo las iglesias y quemando los libros sagrados, excepto en los territorios que pertenecían a Constancio Cloro, quien se limitó a destruir algunas iglesias, pero no insistió en que le fueran entregados los libros.

Poco después hubo algunos disturbios en diversas regiones, y Diocleciano se convenció de que los cristianos conspiraban contra él. Entonces decretó, primero, que todos los jefes de la iglesia fueran encarcelados y, después, que todos los cristianos en todo el Imperio tenían que sacrificar ante los ídolos.

Así se desató la más cruenta de cuantas persecuciones sufrió la iglesia antigua. Al igual que en tiempos del emperador Decio, se hacía todo lo posible por incitar a los cristianos a abandonar su fe. Acostumbrados como estaban a la tranquilidad de las décadas anteriores, muchos cristianos sucumbieron ante las amenazas de los jueces. A los demás se les aplicaron torturas de toda suerte, y se les hizo morir en medio de los más diversos suplicios. Otros se ocultaron, muchos de ellos llevando consigo los libros sagrados. Y hasta hubo muchos que cruzaron la frontera y se refugiaron en territorio persa.

En medio de todo esto, Galerio maquinaba el modo de hacerse dueño único del Imperio. En el año 304 Diocleciano enfermó gravemente y, aunque sobrevivió a su enfermedad, quedó sin embargo débil y cansado. Galerio se apresuró a ir a su lado y, primero con dulzura y después con amenazas, le obligó a abdicar. Al mismo tiempo, Galerio había reforzado su ejército, y convenció a Maximiano de que si no abdicaba él también, invadiría sus territorios y se seguiría la guerra civil. Por fin, ambos augustos abdicaron al mismo tiempo, en el año 305. Según se había estipulado anteriormente, Constancio Cloro sucedió a Maximiano, y Galerio a Diocleciano. En la elección de los dos nuevos césares, sin embargo, Galerio obligó a Diocleciano a nombrar a dos personajes ineptos, pero que le eran adictos: Severo bajo Constancio Cloro, y Maximino Daza bajo Galerio. Esta decisión no gozó del apoyo de los soldados, entre quienes eran muy populares los hijos de Constancio Cloro y de Maximiano, Constantino y Majencio respectivamente. El resultado de la ambición de Galerio fue el caos.

Constantino huyó de la corte de Galerio y se unió a su padre, tras cuya muerte las tropas le proclamaron augusto. Majencio se adueñó de Roma, y Severo se vio obligado a suicidarse. Maximiano salió de su retiro y se unió a su hijo Majencio en una alianza inestable que por fin se disolvió. Galerio invadió los territorios de Majencio, pero sus tropas comenzaron a pasarse al bando del enemigo, y tuvo que abandonar la campaña. Por fin no le quedó más remedio a Galerio que acudir a Diocleciano, que en su retiro se había dedicado a cultivar coles. Pero Diocleciano se negó a tomar de nuevo las riendas del estado, y se limitó a presidir sobre una serie de negociaciones cuyo resultado fue nombrar a un nuevo augusto para el Occidente, Licinio. Oficialmente, entonces, había de nuevo dos augustos, Galerio y Licinio, y bajo ellos dos “hijos de augustos”, Constantino y Maximino Daza. Durante todas estas vicisitudes, Constantino había seguido una política cautelosa, al reforzar su posición en las Galias y la Gran Bretaña, e insistir sólo en sus derechos como heredero de Constancio Cloro. Más tarde le llegaría el momento de lanzarse en pos del poder supremo sobre el Imperio.

En medio de todo este caos, la persecución continuó, aunque en el Occidente ni Constantino ni Majencio —quienes eran los dueños efectivos de la mayor parte del territorio— se ocuparon en promoverla. Para ellos, la persecución era política de Galerio, y en medio de todas las pugnas por el poder no se sentían inclinados a cumplir los deseos del rival que había intentado desheredarles. Pero Galerio y su protegido, Maximino Daza, continuaban persiguiendo a los cristianos. Maximino perfeccionó la política de su jefe, pues según nos cuenta el historiador cristiano Eusebio, en los territorios de Maximino lo que se hacía era vaciarles un ojo a los cristianos, o quebrarles una pierna, y entonces enviarles a trabajos forzados en las canteras. Pero aun allí muchos de los condenados formaron nuevas iglesias, y a la postre fueron muertos o deportados de nuevo. Las listas de los mártires fueron haciéndose cada vez más largas, hasta tal punto que se requerirían varios párrafos para mencionar a aquellos cuyos nombres nos han llegado.

Por fin, cuando los cristianos comenzaban a desesperar, la tormenta amainó. Galerio estaba enfermo de muerte, y el 30 de abril del 311 promulgó su famoso edicto de tolerancia:

Entre todas las leyes que hemos promulgado por el bien del estado, hemos intentado restaurar las antiguas leyes y disciplina tradicional de los romanos. En particular hemos procurado que los cristianos, que habían abandonado la religión de sus antepasados, volviesen a la verdad. Porque tal terquedad y locura se habían posesionado de ellos que ni siquiera seguían sus primitivas costumbres, sino que se han hecho sus propias leyes y se han reunido en grupos distintos. Después de la publicación de nuestro edicto, ordenando que todos volviesen a las costumbres antiguas, muchos obedecieron por temor al peligro, y tuvimos que castigar a otros. Pero hay muchos que todavía persisten en sus opiniones, y nos hemos percatado de que no adoran ni sirven a los dioses, ni tampoco a su propio dios. Por lo tanto, movidos por nuestra misericordia a ser benévolos con todos, hemos creído justo extenderles también a ellos nuestro perdón, y permitirles que vuelvan a ser cristianos, y que vuelvan a reunirse en sus asambleas, siempre que no atenten contra el orden público. En otro edicto daremos instrucciones acerca de esto a nuestros magistrados.

A cambio de esta tolerancia nuestra, los cristianos tendrán la obligación de rogarle a su dios por nuestro bienestar, por el bien público y por ellos mismos, a fin de que la república goce de prosperidad y ellos puedan vivir tranquilos.

Tal fue el edicto que puso fin a la más cruenta—y prácticamente la última—de las persecuciones que la iglesia tuvo que sufrir a manos del Imperio Romano. Pronto se abrieron las cárceles y las canteras, y de ellas brotó un torrente humano de gentes lisiadas, tuertas y maltratadas, pero gozosas por lo que era para ellas una intervención directa de lo alto.

Galerio murió cinco días después, y el historiador cristiano Lactancio nos dice que su arrepentimiento llegó demasiado tarde.

El Imperio quedaba en manos de Licinio, Maximino Daza, Constantino y Majencio. Los tres primeros se reconocían entre sí, y consideraban a Majencio como un usurpador. En cuanto a su política hacia los cristianos, Licinio, Constantino y Majencio no les perseguían, mientras que Maximino Daza pronto volvió a desatar la persecución en sus territorios. Pero un gran cambio político estaba a punto de iniciarse, que a la larga pondría fin a todas las persecuciones, aun en los territorios de Maximino Daza. Constantino, que durante todas las pugnas anteriores se había contentado con intervenir sólo mediante la astucia y la diplomacia, se lanzó a una campaña que a la postre le haría dueño absoluto del Imperio. De repente, cuando nadie lo esperaba, Constantino reunió sus ejércitos en Galia, atravesó los Alpes, y marchó sobre Roma, la capital de Majencio. Este último, tomado por sorpresa, no pudo defender sus plazas fuertes, que cayeron rápidamente en manos de Constantino. Todo lo que Majencio pudo hacer fue reunir su ejército en Roma, para allí resistir contra Constantino. Si Majencio hubiera permanecido tras las murallas de Roma, un largo sitio se habría seguido, y quizá la historia hubiera sido otra. Pero Majencio consultó a sus adivinos, y decidió salir al campo de batalla contra Constantino.

Según dos historiadores cristianos que conocieron a Constantino, en vísperas de la batalla éste tuvo una revelación. Uno de estos historiadores, Lactancio, dice que en un sueño Constantino recibió la orden de poner un símbolo cristiano sobre el escudo de sus soldados. El otro, Eusebio, nos dice que la visión apareció en las nubes, junto a las palabras, escritas en el cielo, “vence en esto”. En todo caso, el hecho es que Constantino ordenó que sus soldados emplearan para la batalla del día siguiente el símbolo que se conoce como el labarum, y que consistía en la superposición de dos letras griegas, X y P. Puesto que esas dos letras son las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego, el labarum bien podía ser un símbolo cristiano. Algunos historiadores modernos han señalado muchos otros indicios que nos dan a entender que, si bien es posible que ya en esa fecha Constantino se inclinara hacia el cristianismo, todavía seguía adorando al Sol invicto. La realidad es que la conversión de Constantino fue un largo proceso que hemos de narrar en la próxima sección de esta obra.

El labarum de Constantino podía interpretarse como un monograma que consistía en la superposición de P y X, las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego XPISTOS.

Pero en todo caso lo importante es que Majencio fue derrotado, y que cuando luchaba sobre el Puente Milvio cayó al río y se ahogó. Constantino quedó entonces dueño de todo el Occidente.

Una vez iniciada su campaña en pos del poder, Constantino marchó con una velocidad vertiginosa. Tras la batalla del Puente Milvio se reunió en Milán con Licinio, con quien selló una alianza. Parte de esta alianza era el acuerdo de que no se perseguiría más a los cristianos, y que se les devolverían sus iglesias, cementerios y otras propiedades que habían sido confiscadas. Este acuerdo, que recibe el título poco exacto de “Edicto de Milán”, se señala frecuentemente como el fin de las persecuciones (313 d.C.), aunque lo cierto es que el edicto de tolerancia de Galerio fue mucho más importante, y que aún después del “Edicto de Milán” Maximino Daza siguió persiguiendo a los cristianos. Por fin, tras una serie de pasos que corresponden a otro capítulo de esta historia, Constantino quedó como el único emperador, y la iglesia gozó de paz en todo el Imperio.

Hasta qué punto esto ha de considerarse como un triunfo, y hasta qué punto fue el comienzo de nuevas dificultades para la iglesia, será el tema principal de nuestra próxima sección. Por lo pronto, señalemos sencillamente el reto enorme a que tenían que enfrentarse ahora aquellos cristianos, que hasta unos pocos meses antes estaban preparándose para el martirio, y que ahora recibían del emperador muestras de una simpatía y un apoyo siempre crecientes. ¿Qué sucedería cuando aquellas gentes, que servían a un carpintero, y cuyos grandes héroes eran pescadores, esclavos y criminales que habían sido condenados por el estado, se vieran rodeados del boato y el prestigio del poder imperial? ¿Permanecerían firmes en su fe? ¿O resultaría quizá que quienes no se habían dejado amedrentar por las fieras y las torturas sucumbirían ante las tentaciones de la vida muelle y del prestigio social? Estas fueron las preguntas a que tuvieron que enfrentarse los cristianos de las generaciones que siguieron a Constantino.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 119–124). Miami, FL: Editorial Unilit.

“¡Ojalá me tragara la tierra!”

Enero 23

“¡Ojalá me tragara la tierra!”

Lectura bíblica: Colosenses 4:6

Vuestra palabra sea siempre agradable, sazonada con sal. Colosenses 4:6

a1Ana invitó a un montón de chicas a su fiesta de cumpleaños. La mayoría eran compañeras de clase de Ana, pero primera en su lista estaba su prima Felicia. Porque Felicia no conocía a las demás, Ana sabía que la situación podía resultar rara para su prima. Pero esperaba que Felicia enseguida se adaptara a todas sus otras amigas.
No resultó así. Mientras que todas las demás en la fiesta se rieron y hablaron toda la tarde, desde los deportes hasta los asuntos de la escuela, Felicia se quedó sentada como un tronco. Cuando todas charlaban, ella se acomodó en un sillón, y no abrió la boca. Nadie sabía si estaba aburrida o asustada. Por fin, salió de la casa como un torbellino y fue a los columpios que había en el patio. Cogió el trapecio, lanzó las piernas hacia arriba y se quedó colgando de las rodillas, pensando: “¡Ojalá me tragara la tierra!”.
Tema para comentar: ¿Alguna vez te has encontrado en una situación en que te sentías tan incómodo que deseabas simplemente desaparecer?
Las situaciones nuevas no tienen por qué ser incómodas. Pero no puedes hacerte de nuevos amigos gruñendo en las fiestas, la escuela y las reuniones. Las amistades se forman únicamente cuando rompemos el silencio. Y hay una manera fácil de hacerlo para ir teniendo nuevos amigos: Hacer preguntas.
A continuación hay algunas preguntas muy buenas que puedes usar para llegar a conocer rápidamente a alguien. Observa la lista y elige cuatro o cinco que realmente te gusten. Memorízalas. Practica decirlas en tus propias palabras.

• ¿Cómo fue que aceptaste a Cristo como tu Salvador?
• ¿Cuál es la meta más grande que tienes?
• ¿Qué haces después de la escuela (o del trabajo)?
• ¿Cuál es el lugar que has visitado que más te gustó?
• ¿En qué puedo ayudarte?
• ¿Qué quieres llegar a ser o lograr algún día?
• ¿Cuál es tu materia preferida en la escuela? ¿Por qué?
• ¿Qué hobbies tienes?
• ¿Tienes algún motivo de oración que deseas compartir conmigo?

¿Lo ves? Si puedes hacer buenas preguntas, no tendrás que ocuparte de hablar mucho. Sencillamente tendrás que hacer algo que puede ser aún más difícil que hablar: ¡Escuchar!

PARA DIALOGAR
Dios mostró interés en tu mundo al venir a la Tierra. ¿De qué manera demuestras interés en los demás haciéndoles preguntas?

PARA ORAR
Padre, ayúdanos a prestar atención a los demás, no sólo para tener amigos, sino para tener un impacto en la vida de ellos.

PARA HACER
Haz hoy un esfuerzo especial por conversar con alguien que no conoces bien.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

La ofrenda para el tabernáculo

Éxodo 25-27

La ofrenda para el tabernáculo

(Ex. 35.4-9)

a125:1  Jehová habló a Moisés, diciendo:

Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda.

Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre,

azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras,

pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia,

aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático,

piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.

Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.

Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.

El arca del testimonio

(Ex. 37.1-9)

10 Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.

11 Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor.

12 Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en sus cuatro esquinas; dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado.

13 Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro.

14 Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas.

15 Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella.

16 Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré.

17 Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.

18 Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio.

19 Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos.

20 Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines.

21 Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.

22 Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.

La mesa para el pan de la proposición

(Ex. 37.10-16)

23 Harás asimismo una mesa de madera de acacia; su longitud será de dos codos, y de un codo su anchura, y su altura de codo y medio.

24 Y la cubrirás de oro puro, y le harás una cornisa de oro alrededor.

25 Le harás también una moldura alrededor, de un palmo menor de anchura, y harás a la moldura una cornisa de oro alrededor.

26 Y le harás cuatro anillos de oro, los cuales pondrás en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas.

27 Los anillos estarán debajo de la moldura, para lugares de las varas para llevar la mesa.

28 Harás las varas de madera de acacia, y las cubrirás de oro, y con ellas será llevada la mesa.

29 Harás también sus platos, sus cucharas, sus cubiertas y sus tazones, con que se libará; de oro fino los harás.

30 Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente.

El candelero de oro

(Ex. 37.17-24)

31 Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo.

32 Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado.

33 Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero;

34 y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores.

35 Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero.

36 Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro.

37 Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante.

38 También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro.

39 De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios.

40 Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.

El tabernáculo

(Ex. 36.8-38)

26:1  Harás el tabernáculo de diez cortinas de lino torcido, azul, púrpura y carmesí; y lo harás con querubines de obra primorosa.

La longitud de una cortina de veintiocho codos, y la anchura de la misma cortina de cuatro codos; todas las cortinas tendrán una misma medida.

Cinco cortinas estarán unidas una con la otra, y las otras cinco cortinas unidas una con la otra.

Y harás lazadas de azul en la orilla de la última cortina de la primera unión; lo mismo harás en la orilla de la cortina de la segunda unión.

Cincuenta lazadas harás en la primera cortina, y cincuenta lazadas harás en la orilla de la cortina que está en la segunda unión; las lazadas estarán contrapuestas la una a la otra.

Harás también cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazarás las cortinas la una con la otra, y se formará un tabernáculo.

Harás asimismo cortinas de pelo de cabra para una cubierta sobre el tabernáculo; once cortinas harás.

La longitud de cada cortina será de treinta codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos; una misma medida tendrán las once cortinas.

Y unirás cinco cortinas aparte y las otras seis cortinas aparte; y doblarás la sexta cortina en el frente del tabernáculo.

10 Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la cortina, al borde en la unión, y cincuenta lazadas en la orilla de la cortina de la segunda unión.

11 Harás asimismo cincuenta corchetes de bronce, los cuales meterás por las lazadas; y enlazarás las uniones para que se haga una sola cubierta.

12 Y la parte que sobra en las cortinas de la tienda, la mitad de la cortina que sobra, colgará a espaldas del tabernáculo.

13 Y un codo de un lado, y otro codo del otro lado, que sobra a lo largo de las cortinas de la tienda, colgará sobre los lados del tabernáculo a un lado y al otro, para cubrirlo.

14 Harás también a la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, y una cubierta de pieles de tejones encima.

15 Y harás para el tabernáculo tablas de madera de acacia, que estén derechas.

16 La longitud de cada tabla será de diez codos, y de codo y medio la anchura.

17 Dos espigas tendrá cada tabla, para unirlas una con otra; así harás todas las tablas del tabernáculo.

18 Harás, pues, las tablas del tabernáculo; veinte tablas al lado del mediodía, al sur.

19 Y harás cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas; dos basas debajo de una tabla para sus dos espigas, y dos basas debajo de otra tabla para sus dos espigas.

20 Y al otro lado del tabernáculo, al lado del norte, veinte tablas;

21 y sus cuarenta basas de plata; dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla.

22 Y para el lado posterior del tabernáculo, al occidente, harás seis tablas.

23 Harás además dos tablas para las esquinas del tabernáculo en los dos ángulos posteriores;

24 las cuales se unirán desde abajo, y asimismo se juntarán por su alto con un gozne; así será con las otras dos; serán para las dos esquinas.

25 De suerte que serán ocho tablas, con sus basas de plata, dieciséis basas; dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla.

26 Harás también cinco barras de madera de acacia, para las tablas de un lado del tabernáculo,

27 y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado posterior del tabernáculo, al occidente.

28 Y la barra de en medio pasará por en medio de las tablas, de un extremo al otro.

29 Y cubrirás de oro las tablas, y harás sus anillos de oro para meter por ellos las barras; también cubrirás de oro las barras.

30 Y alzarás el tabernáculo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.

31 También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines;

32 y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata.

33 Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo.

34 Pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo.

35 Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado sur del tabernáculo; y pondrás la mesa al lado del norte.

36 Harás para la puerta del tabernáculo una cortina de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador.

37 Y harás para la cortina cinco columnas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro, con sus capiteles de oro; y fundirás cinco basas de bronce para ellas.

El altar de bronce

(Ex. 38.1-7)

27:1  Harás también un altar de madera de acacia de cinco codos de longitud, y de cinco codos de anchura; será cuadrado el altar, y su altura de tres codos.

Y le harás cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos serán parte del mismo; y lo cubrirás de bronce.

Harás también sus calderos para recoger la ceniza, y sus paletas, sus tazones, sus garfios y sus braseros; harás todos sus utensilios de bronce.

Y le harás un enrejado de bronce de obra de rejilla, y sobre la rejilla harás cuatro anillos de bronce a sus cuatro esquinas.

Y la pondrás dentro del cerco del altar abajo; y llegará la rejilla hasta la mitad del altar.

Harás también varas para el altar, varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de bronce.

Y las varas se meterán por los anillos, y estarán aquellas varas a ambos lados del altar cuando sea llevado.

Lo harás hueco, de tablas; de la manera que te fue mostrado en el monte, así lo harás.

El atrio del tabernáculo

(Ex. 38.9-20)

Asimismo harás el atrio del tabernáculo. Al lado meridional, al sur, tendrá el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de longitud para un lado.

10 Sus veinte columnas y sus veinte basas serán de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.

11 De la misma manera al lado del norte habrá a lo largo cortinas de cien codos de longitud, y sus veinte columnas con sus veinte basas de bronce; los capiteles de sus columnas y sus molduras, de plata.

12 El ancho del atrio, del lado occidental, tendrá cortinas de cincuenta codos; sus columnas diez, con sus diez basas.

13 Y en el ancho del atrio por el lado del oriente, al este, habrá cincuenta codos.

14 Las cortinas a un lado de la entrada serán de quince codos; sus columnas tres, con sus tres basas.

15 Y al otro lado, quince codos de cortinas; sus columnas tres, con sus tres basas.

16 Y para la puerta del atrio habrá una cortina de veinte codos, de azul, púrpura y carmesí, y lino torcido, de obra de recamador; sus columnas cuatro, con sus cuatro basas.

17 Todas las columnas alrededor del atrio estarán ceñidas de plata; sus capiteles de plata, y sus basas de bronce.

18 La longitud del atrio será de cien codos, y la anchura cincuenta por un lado y cincuenta por el otro, y la altura de cinco codos; sus cortinas de lino torcido, y sus basas de bronce.

19 Todos los utensilios del tabernáculo en todo su servicio, y todas sus estacas, y todas las estacas del atrio, serán de bronce.

Aceite para las lámparas

(Lv. 24.1-4)

20 Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.

21 En el tabernáculo de reunión, afuera del velo que está delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos para que ardan delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

DIOS DE DIOSES.

DIOS DE DIOSES. 

Programa No. 2016-01-23
PABLO MARTINI
a1Quedamos pasmados al contemplar el poder que hoy en día el hombre administra en el plano científico. Una sola bomba devasta una ciudad y el mundo está en la era nuclear. La división de un átomo genera poder y fuerza como nunca hemos visto antes. En el lugar de despegue, los cohetes rugen, y una carga explosiva sale disparada hacia el espacio. Los descubrimientos con los que se soñó durante siglos son nuestros cuando comenzamos a explorar el universo. Aún más nos aterramos al ver la fuerza de la naturaleza y sus efectos devastadores. Los volcanes, los terremotos, las marejadas, los huracanes y los tornados liberan una fuerza incontrolable e indescriptible. Solo podemos contemplarlos, y luego, recoger los pedazos. Nos quedamos sorprendidos por la demostración de fuerza natural y artificial. Pero estas fuerzas no pueden ni remotamente compararse con el poder del Dios omnipotente. Como Creador de las galaxias, de los átomos y de las leyes naturales, el Señor Soberano gobierna todo lo que existe, y que alguna vez existirá.
Es muy tonto vivir sin Él; es tonto correr y esconderse de Él; es de necios negarlo o desobedecerlo. Pero lo hacemos. Desde el Edén, hemos buscado la independencia, como si fuéramos dioses, y pudiéramos controlar nuestro destino. Y Él nos ha permitido rebelarnos. Pero pronto vendrá el día de Jehová. En ese día Dios juzgará toda desobediencia y maldad y todas las cuentas se rendirán. Anónimamente el escritor a los Hebreos dice: “Horrenda cosa es caer en las manos del Dios viviente”. Pero a pesar de tantas demostraciones de su carácter en la naturaleza y en la Biblia misma, son pocos los que hoy en día ven la realidad de los hechos. El hombre y la mujer de hoy creen ingenuamente que todo gira en torno a uno mismo ignorando que hemos sido creados por Él y para Él. Existimos gracias a Dios, nos movemos dentro de lo que Él nos permite movernos y ese día futuro de ajuste de cuentas llegará como ladrón en la noche. No te duermas.

http://labibliadice.org/una-pausa-en-tu-vida/programa-no-2016-01-23/