Una introducción a los manuscritos importantes del Nuevo Testamento

Los textos y manuscritos del Nuevo Testamento

Autor: Philip W. Comfort

Una introducción a los manuscritos importantes del Nuevo Testamento

a1Debido a que ningún escrito original (autógrafo) de ningún libro del Nuevo Testamento existe todavía, dependemos de copias para reconstruir el texto original. De acuerdo a la mayoría de los eruditos, la copia más cercana a un autógrafo es un manuscrito de papiro designado P52, fechado alrededor de 110–125 d.C., que contiene algunos versículos de Juan 18 (31–34, 37–38). Este fragmento, que se separa de su autógrafo por unos veinte o treinta años, fue parte de una de las primeras copias del Evangelio de Juan. Unos pocos eruditos creen que existe otro manuscrito temprano, designado P46. Este manuscrito, conocido como el Papiro Chester Beatty II, contiene todas las epístolas de Pablo excepto las Pastorales, y se puede determinar su fecha en la mitad del siglo II. Si esta fecha es exacta, entonces tenemos una colección entera de las Epístolas de Pablo que debe haber sido hecha sólo unas décadas después que Pablo escribiera la mayoría de sus epístolas. Tenemos muchas otras copias tempranas de varias partes del Nuevo Testamento; varios de los manuscritos en papiro están fechados desde la última parte del siglo II hasta la primera parte del siglo IV. Algunos de los manuscritos en papiro más importantes del Nuevo Testamento son:

Los Papiros Oxirrinco

Comenzando en 1898, Grenfell y Hunt descubrieron miles de fragmentos de papiros en las antiguas ruinas de Oxirrinco, Egipto. De ese lugar se sacaron fragmentos de papiros que contenían toda clase de material escrito (literatura, contratos de negocios y contratos legales, cartas, etcétera), así como más de cincuenta manuscritos que contenían porciones del Nuevo Testamento. Algunos de los más notables entre esos papiros son el P1 (Mateo 1), P5 (Juan 1, 16), P13 (Hebreos 2–5, 10–12), P22 (Juan 15–16), P39 (Juan 8), P77 (Mateo 23), P90 (Juan 18–19), P104 (Mateo 21) y P115 (Apocalipsis 2–15).

Los Papiros Chester Beatty

(llamados así por su dueño, Chester Beatty)

Chester Beatty y la Universidad de Michigan compraron estos papiros a un comerciante en Egipto durante la década de 1930. Los tres manuscritos de esta colección son muy antiguos, y contienen gran parte del texto del Nuevo Testamento. El P45 (siglo II) contiene porciones de los cuatro Evangelios y de Hechos; el P46 (última parte del siglo I y comienzos del siglo II) tiene casi todas las Epístolas de Pablo; y el P47 (siglo III) contiene Apocalipsis 9–17.

Los Papiros Bodmer

(llamados así por su dueño, M. Martin Bodmer)

Estos manuscritos fueron comprados a un comerciante en Egipto durante las décadas de 1950 y 1960. Los tres papiros importantes de esta colección son el P66 (circa 175; contiene casi todo Juan), el P72 (siglo III; contiene 1 y 2 Pedro y Judas en su totalidad) y el P75 (circa 200; contiene porciones grandes de Lucas 3–Juan 15).

Durante el siglo XX se descubrieron alrededor de cien manuscritos en papiros que contenían porciones del Nuevo Testamento. En siglos anteriores, especialmente en el siglo XIX, se descubrieron otros manuscritos, varios de los cuales datan del siglo IV o del V. Los manuscritos más notables son los siguientes:

El Códice Sinaiticus—designado א o alef

Constantin von Tischendorf descubrió este manuscrito en el monasterio de Santa Catalina, situado al pie del Monte Sinaí. Fue escrito alrededor de 350 d.C.; contiene el Nuevo Testamento completo y provee un testimonio temprano y bastante confiable de los autógrafos del Nuevo Testamento.

El Códice Vaticanus—designado B

Este manuscrito ha estado en la biblioteca del Vaticano desde por lo menos 1481, pero no estuvo a la disposición de los eruditos como Tischendorf y Tregelles hasta mediados del siglo XIX. Este códice, que fue escrito un poco antes que el Códice Sinaiticus, tiene ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, en griego, excluyendo la última parte del Nuevo Testamento (desde Hebreos 9:15 hasta el final de Apocalipsis), y las Epístolas Pastorales. En su mayor parte, los eruditos han elogiado el Códice Vaticanus por ser uno de los testimonios más confiables del texto del Nuevo Testamento.

El Códice Alejandrino—designado A

Este es un manuscrito del siglo V que contiene casi todo el Nuevo Testamento. Se le reconoce como un testigo muy confiable de las Epístolas Generales y del Apocalipsis.

El Códice Ephraemi Rescriptus—designado C

Este es un documento del siglo V llamado un palimpsesto. (Un palimpsesto es un manuscrito en el cual se ha borrado el texto original para escribir otra cosa sobre él.) Por medio del uso de productos químicos y un trabajo muy arduo, un erudito puede leer la escritura original debajo del texto que está sobre ella. Tischendorf hizo esto con un manuscrito llamado el Códice Ephraemi Rescriptus, el cual tenía los sermones de Ephraemi escritos sobre un texto del Nuevo Testamento.

El Códice Bezae—designado D

Este es un manuscrito del siglo V llamado así por su descubridor, Theodore Beza. Contiene los Evangelios y Hechos, y exhibe un texto bastante diferente de los manuscritos antes mencionados.

El Códice Washingtonianus

(o Los Evangelios de Freer—llamado así por su dueño, Charles Freer)—designado W

Este es un manuscrito del siglo V que contiene los cuatro Evangelios y se encuentra en el museo Smithsonian en Washington, D.C.

Antes del siglo XV, cuando Johannes Gutenberg inventó el tipo movible para imprimir libros, todas las copias de las obras literarias eran escritas a mano (de ahí el nombre «manuscrito»). En la actualidad tenemos más de seis mil copias manuscritas del Nuevo Testamento griego o porciones del mismo. Ninguna otra literatura griega puede hacer alarde de cifras tan altas. La Ilíada de Homero, la obra clásica griega más famosa, existe en unos 650 manuscritos y las tragedias de Eurípides existen en unos 330 manuscritos. Las cantidades para todas las otras obras griegas son mucho menores. Por lo tanto, se debe hacer notar que el tiempo transcurrido entre la composición original y el siguiente manuscrito que ha sobrevivido es mucho menor para el Nuevo Testamento que para ninguna otra obra de la literatura griega. El lapso para la mayoría de las obras griegas clásicas es alrededor de ochocientos a mil años, mientras que el lapso para muchos libros del Nuevo Testamento es alrededor de cien años. Debido a la abundancia de manuscritos, y debido a que varios de los manuscritos están fechados en los primeros siglos de la iglesia, los eruditos textuales del Nuevo Testamento tienen mucha ventaja sobre los eruditos textuales de la literatura clásica. Los eruditos del Nuevo Testamento tienen los recursos para reconstruir el texto original del Nuevo Testamento con mucha exactitud, y han producido algunas ediciones excelentes del Nuevo Testamento griego.

Finalmente, debemos decir que aunque ciertamente hay diferencias en muchos de los manuscritos del Nuevo Testamento, ninguna doctrina fundamental de la fe cristiana descansa en una interpretación que se esté disputando. Frederic Kenyon, un famoso paleógrafo y crítico textual, confirmó esto cuando dijo: «El cristiano puede tomar toda la Biblia en la mano y decir, sin temor o duda, que en ella está la verdadera Palabra de Dios, que nos ha sido pasada de generación en generación a través de los siglos, sin ninguna pérdida esencial» (Our Bible and the Ancient Manuscripts [Nuestra Biblia y los manuscritos antiguos], 55).

Una historia de cómo se recuperó el texto original del Nuevo Testamento: una visión GENERAL

Cuando hablamos del texto original, nos referimos al texto «publicado», es decir, al texto como era en su forma final editada y puesto a circular en la comunidad cristiana. Para algunos libros del Nuevo Testamento hay poca diferencia entre la composición original y el texto publicado. Después de que el autor escribía o dictaba su obra, él (o un asociado) hacía las correcciones editoriales finales y luego lo entregaba para ser distribuido. Como sucede con los libros publicados en tiempos modernos, también en tiempos antiguos el escrito original del autor no siempre es lo que se publica, y esto es debido al proceso editorial. Sin embargo, el autor lleva el crédito por el texto final editado, y el libro publicado se le atribuye al autor y es considerado el autógrafo. Este autógrafo es el texto originalmente publicado.

Algunos eruditos piensan que es imposible recuperar el texto original del Nuevo Testamento griego porque no han podido reconstruir la historia temprana de la transmisión textual. Otros eruditos modernos son menos pesimistas pero bastante cautelosos de afirmar la posibilidad. Y otros son optimistas porque poseemos muchos manuscritos tempranos de excelente calidad, y porque nuestro punto de vista sobre el primer período de transmisión textual es cada vez más claro.

Cuando hablamos de recuperar el texto del Nuevo Testamento nos estamos refiriendo a libros individuales del Nuevo Testamento, no al volumen completo en sí, porque cada libro (o grupo de libros, como por ejemplo las Epístolas Paulinas) tenía su propia historia singular de transmisión textual. La copia más antigua que existe del texto de todo el Nuevo Testamento es la preservada en el Códice Sinaiticus (escrito alrededor de 350 d.C.). (Al Códice Vaticanus le faltan las Epístolas Pastorales y el Apocalipsis). Antes del siglo IV, el Nuevo Testamento circulaba en varias partes: como un solo libro o un grupo de libros (tal como los cuatro Evangelios y las Epístolas Paulinas). Se han encontrado manuscritos de la última parte del siglo I hasta el siglo III que contienen libros individuales: tales como Mateo (P1), Marcos (P88), Lucas (P69), Juan (P5, 22, 52, 66), Hechos (P91), Apocalipsis (P18, 47), o que contienen grupos de libros, tales como los cuatro Evangelios con Hechos (P45), las Epístolas Paulinas (P46), las Epístolas de Pedro y Judas (P72). Cada uno de los libros del Nuevo Testamento ha tenido su propia historia textual y ha sido preservado con distintos grados de exactitud. Sin embargo, todos los libros fueron alterados de su estado original debido al proceso de copiarlos a mano década tras década y siglo tras siglo. Y el texto de cada uno de los libros debe ser recuperado.

La recuperación del Nuevo Testamento griego ha tenido una larga historia. La necesidad de recuperarlo surgió porque el texto del Nuevo Testamento fue afectado por muchas variaciones en su historia temprana. En la última parte del siglo I y en la primera parte del siglo II, las tradiciones orales y la palabra escrita existían lado a lado con la misma importancia—especialmente con respecto al material de los Evangelios. A menudo, los escribas cambiaban el texto en un intento de hacer concordar el mensaje escrito con la tradición oral, o para hacer concordar el registro de un Evangelio con el de otro. Para fines del siglo II y en el siglo III, muchas de las variantes significativas habían entrado a la corriente textual.

Sin embargo, el período temprano de la transmisión oral no fue totalmente dañado por la falta de exactitud al copiar los textos, o por las libertades que se tomaban los escribas. Había escribas que copiaban el texto con exactitud y reverencia—es decir, reconocían que estaban copiando un texto sagrado escrito por un apóstol. La formalización de la canonización no le adjudicó esta calidad de sagrado al texto. La canonización se realizó como resultado del reconocimiento común e histórico de la calidad de sagrados de varios libros del Nuevo Testamento. Desde el principio, ciertos libros del Nuevo Testamento, tales como los cuatro Evangelios, Hechos y las Epístolas de Pablo, fueron considerados literatura inspirada. Como tales, ciertos escribas los copiaron con fidelidad reverente.

Sin embargo, otros escribas se sentían con la libertad de realizar «mejoras» en el texto—ya sea a favor de la doctrina o la armonización, o debido a la influencia de una tradición oral que competía con dicho texto. Los manuscritos producidos de esa manera crearon una clase de «texto popular»—a saber, un texto no controlado. (Este tipo de texto solía llamarse el «texto occidental», pero ahora los eruditos lo reconocen como un nombre incorrecto).

Los primeros que intentaron recobrar el texto original fueron algunos escribas en Alejandría o escribas que estaban familiarizados con las prácticas de escritura de Alejandría—porque en el mundo helenizado había muchos que habían llegado a apreciar las prácticas eruditas de Alejandría. Ya en el siglo II, los escribas de Alejandría, que estaban asociados o que en realidad eran empleados del escritorio (aposento de los copiantes) de la gran biblioteca de Alejandría, o eran miembros del escritorio asociado con la escuela catequista de Alejandría (llamada Didaskelion), eran filólogos, gramáticos y críticos textuales muy bien adiestrados. Los alejandrinos siguieron la clase de crítica textual comenzada por Aristóteles, quien clasificaba los manuscritos según su fecha y valor; y otros eruditos siguieron las prácticas de Zenódoto, el primer bibliotecario, con respecto a la crítica textual. Los alejandrinos se preocuparon por conservar el texto original de las obras de literatura. Se realizó mucha crítica textual sobre La Ilíada y La Odisea, porque estos eran textos antiguos que existían en muchos manuscritos. Tomaban decisiones críticas sobre los textos basándose en diferentes manuscritos y luego producían un prototipo. Este prototipo era el manuscrito producido oficialmente y era depositado en la biblioteca. De este manuscrito se copiaban, y se usaba para comparar, tantos manuscritos como se necesitaran.

Podemos asumir que los escribas cristianos de Alejandría estaban aplicando la misma clase de crítica textual al Nuevo Testamento. Desde el siglo II al IV, los escribas alejandrinos trabajaron para purificar al texto de la corrupción textual. Hablando de sus esfuerzos, Gunther Zuntz escribió:

Los correctores alejandrinos procuraron, en cada esfuerzo repetido, mantener el texto actual en su medio libre de los muchos errores que lo habían infectado en el período previo, y que tendían a infiltrase aun después de haber sido [marcados como espurios]. Una y otra vez estas labores deben haber sido marcadas por la persecución y la confiscación de libros cristianos, y frustradas por el flujo continuo de manuscritos del tipo anterior. Sin embargo, resultaron en el surgimiento de un tipo de texto (distinto de una edición determinada) que servía de norma para los correctores en los scriptorios provinciales de Egipto. El resultado final fue que sobrevivió un texto muy superior al del siglo II, aun cuando los revisores, siendo seres humanos falibles, rechazaron algunas de sus propias interpretaciones correctas e introdujeron algunas incorrectas de su propia hechura (The Text of the Epistles [El texto de las epístolas], 271–272).

El tipo de texto alejandrino fue perpetuado siglo tras siglo en unos pocos manuscritos, tales como el Alef y el B (siglo IV), el T (siglo V), el L (siglo VIII), el 33 (siglo IX), el 1739 (un manuscrito del siglo X copiado de un manuscrito alejandrino del siglo IV), y el 579 (siglo XIII). Desafortunadamente, la mayoría de los manuscritos del tipo alejandrino desapareció durante siglos, esperando ser descubiertos catorce siglos más tarde.

Concurrente con el texto alejandrino se encontraba el así llamado texto «occidental»—el que se clasificaría mejor como el texto popular de los siglos II y III. En breve, este texto popular se encontró en cualquier clase de manuscrito que no era producido bajo la influencia alejandrina. Este texto, debido a su calidad de independiente, no es tan confiable como el tipo de texto alejandrino. Pero debido a que el texto alejandrino es conocido como un texto pulido, el texto «occidental», o popular, a veces ha preservado las palabras originales. Cuando una interpretación diferente tiene el apoyo de ambos, el texto «occidental» y el texto alejandrino, es muy probable que sea original; pero cuando los dos están divididos, el testimonio alejandrino preserva las palabras originales con más frecuencia.

A fines del siglo III surgió otra clase de texto griego, y entonces creció en popularidad hasta que llegó a ser el tipo de texto predominante a través del cristianismo. De acuerdo a Jerónimo (en su introducción a la traducción latina de los Evangelios), fue el tipo de texto promovido primero por Luciano de Antioquía. El texto de Luciano fue definitivamente recensión (a saber, una edición creada a propósito)—a diferencia del tipo de texto alejandrino que surgió como resultado de un proceso por medio del cual los escribas alejandrinos, después de comparar muchos textos, intentaban preservar el mejor texto—desempeñando de esa forma más la tarea de críticos textuales que la de editores. Por supuesto que los alejandrinos hicieron un poco de trabajo de editores—trabajos como el que ahora se hace cuando se edita para corregir errores gramaticales o de estilo. El texto de Luciano es el resultado y la culminación del texto popular; se caracteriza por la fluidez del lenguaje, la cual se obtiene quitando asuntos oscuros y construcciones gramaticales extrañas, y por la combinación de varias interpretaciones. Luciano (o sus asociados) debe haber usado muchas clases de manuscritos de calidad variante para producir o armonizar el texto editado del Nuevo Testamento. La clase de trabajo editorial que se realiza en el texto de Luciano es lo que hoy llamaríamos editar en forma substancial.

El texto de Luciano fue producido antes de la persecución de Diocleciano (alrededor del año 303), durante la cual muchas copias del Nuevo Testamento fueron confiscadas y destruidas. No mucho después de este período de devastación, Constantino subió al poder y entonces reconoció al cristianismo como la religión del estado. Hubo, por supuesto, una gran necesidad de copias del Nuevo Testamento que debían hacerse y distribuirse en las iglesias por todo el mundo mediterráneo. Fue en este tiempo que el texto de Luciano comenzó a ser propagado por los obispos que salían de la escuela de Antioquía e iban a iglesias a través del este llevando el texto consigo. El texto de Luciano muy pronto llegó a ser el texto estándar de la iglesia oriental y formó las bases para el texto bizantino—y es, por lo tanto, la autoridad suprema para el Textus Receptus.

Mientras Luciano estaba formando su recensión crítica del texto del Nuevo Testamento, el texto alejandrino estaba tomando su forma final. Como mencionamos antes, la formación del tipo de texto alejandrino fue el resultado de un proceso (a diferencia de una sola recensión editorial). La formación del texto alejandrino involucró muy poca crítica textual (a saber, seleccionar interpretaciones variantes entre varios manuscritos) y revisión de la gramática y el estilo (lo cual produce un texto de lectura fácil). Hubo muchas menos alteraciones en el tipo de texto alejandrino que en el texto de Luciano. Y los manuscritos principales del tipo de texto alejandrino eran superiores a los que usó Luciano. Tal vez Hesiquio fue el responsable de darle su forma final al texto alejandrino, y Anastasio de Alejandría puede haber sido el que hizo de este texto el prototipo del texto egipcio.

A medida que pasaron los años, se produjeron menos y menos manuscritos alejandrinos, y más y más manuscritos bizantinos. Muy pocos egipcios continuaron leyendo el griego (con la excepción de los que estaban en el monasterio de Santa Catalina, el lugar donde fue descubierto el Códice Sinaiticus), y el resto del mundo mediterráneo se volvió al latín. Fueron solamente aquellos en las iglesias de habla griega en Grecia y Bizancio los que continuaron haciendo copias del texto griego. La mayoría de los manuscritos del Nuevo Testamento fue producida en Bizancio siglo tras siglo—desde el siglo VI hasta el siglo XIV—, y todos estos tenían la misma clase de texto. Cuando se imprimió el primer Nuevo Testamento griego (circa 1525), fue basado en un texto griego que Erasmo había compilado usando algunos manuscritos bizantinos de fechas posteriores. Este texto impreso, con algunas revisiones menores, llegó a ser el Textus Receptus.

Al inicio del siglo XVII se comenzaron a descubrir manuscritos más antiguos—manuscritos con un texto que difería del Textus Receptus. Alrededor de 1630, el Códice Alejandrino fue llevado a Inglaterra. Este era un manuscrito de la primera parte del siglo V y contenía el Nuevo Testamento completo, y proveyó un testimonio bueno y temprano del texto del Nuevo Testamento (es, especialmente, un buen testimonio del texto original del Apocalipsis). Doscientos años más tarde, un erudito alemán llamado Constantin von Tischendorf descubrió el Códice Sinaiticus en el monasterio de Santa Catalina (localizado cerca del Monte Sinaí). El manuscrito, que era de alrededor de 350 d.C., es uno de los dos manuscritos más antiguos en vitela (piel de animal tratada) del Nuevo Testamento griego. El manuscrito más antiguo en vitela, el Códice Vaticanus, había estado en la biblioteca del Vaticano desde por lo menos 1481, pero no fue puesto a disposición de los eruditos hasta mediados del siglo XIX. Este manuscrito, fechado apenas un poco antes (circa 325) que el Códice Sinaiticus, tenía ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamentos en griego, excluyendo la última parte del Nuevo Testamento (Hebreos 9:15 a Apocalipsis 22:21 y las Epístolas Pastorales). Cien años de crítica textual han determinado que este manuscrito es uno de los testimonios más exactos y confiables del texto original.

En el siglo XIX también se descubrieron otros manuscritos tempranos e importantes. A través de la incansable labor de hombres como Constantin von Tischendorf, Samuel Tregelles y F. H. A. Scrivener, manuscritos tales como el Códice Ephraemi Rescriptus, el Códice Zacynthius y el Códice Augiensis fueron descifrados, comparados y publicados.

A medida que los varios manuscritos eran descubiertos y se hacían públicos, ciertos eruditos trabajaban para compilar un texto griego que representara con más exactitud el texto original de lo que lo hacía el Textus Receptus. Alrededor de 1700, John Mill produjo un Textus Receptus mejorado, y en la década de 1730, Johannes Albert Bengel (conocido como el padre de los estudios textuales y filológicos modernos del Nuevo Testamento) publicó un texto que se apartaba del Textus Receptus según la evidencia de manuscritos anteriores.

En el siglo XIX algunos eruditos comenzaron a abandonar el Textus Receptus. Karl Lachman, un filólogo clásico, produjo un nuevo texto (en 1831) que representaba manuscritos del siglo IV. Samuel Tregelles (autodidacta en latín, hebreo y griego), trabajando durante toda su vida, concentró todos sus esfuerzos en publicar un texto griego (el cual se publicó en seis partes, desde 1857 a 1872). Tal como se expresa en la introducción de esta obra, la meta de Tregelles era «presentar el texto del Nuevo Testamento en las mismas palabras en las que fue transmitido, basándose en la evidencia de autoridad antigua». Henry Alford también compiló un texto griego basándose en los mejores y más tempranos manuscritos. En su prefacio a The Greek New Testament [El Nuevo Testamento griego] (un comentario en varios volúmenes, publicado en 1849), Alford dijo que trabajó para «la destrucción de la inmerecida y pedante reverencia hacia el texto recibido, el cual perturbaba todas las posibilidades de descubrir la genuina palabra de Dios».

Durante este mismo período, Tischendorf estaba dedicando el trabajo de toda una vida a descubrir manuscritos y a producir ediciones exactas del Nuevo Testamento griego. En una carta a su prometida escribió: «Estoy enfrentando una tarea sagrada, la lucha por volver a obtener la forma original del Nuevo Testamento». Como cumplimiento de su deseo, descubrió el Códice Sinaiticus, descifró el palimpsesto Códice Ephraemi Rescriptus, cotejó innumerables manuscritos, y produjo varias ediciones del Nuevo Testamento griego (la octava es la mejor).

Ayudados por el trabajo de eruditos anteriores, dos hombres británicos, Brooke Westcott y Fenton Hort, trabajaron juntos durante veintiocho años para producir el volumen titulado The New Testament in the Original Greek [El Nuevo Testamento en el griego original] (1881). Junto a esta publicación, hicieron conocer su teoría (que era principalmente la de Hort) que el Códice Vaticanus y el Códice Sinaiticus (junto con otros manuscritos tempranos) representaban un texto que duplicaba más de cerca la escritura original. Llamaron a este texto el Texto Neutral. (Según sus estudios, el Texto Neutral describía ciertos manuscritos que tenían la menor cantidad de corrupción textual). Este es el texto en que se basaron Westcott y Hort para compilar su volumen.

El siglo XIX fue una buena época para la recuperación del Nuevo Testamento griego; lo mismo que el siglo XX. Los que vivieron en el siglo XX fueron testigos del descubrimiento de los Papiros Oxirrinco, los Papiros Chester Beatty y los Papiros Bodmer. Hasta ahora, hay casi 100 papiros que contienen porciones del Nuevo Testamento—varios de los cuales datan desde la última parte del siglo I a la primera parte del siglo IV. Estos significativos descubrimientos, que les han provisto a los eruditos muchos manuscritos antiguos, han ayudado enormemente en los esfuerzos para recuperar las palabras originales del Nuevo Testamento.

A comienzos del siglo XX, Eberhard Nestle usó las mejores ediciones del Nuevo Testamento griego para compilar un texto que representaba el consenso de la mayoría. Durante varios años su hijo continuó el trabajo de hacer nuevas ediciones, trabajo que ahora se encuentra en las manos de Kurt Aland. La última edición, (la número 27) titulada Novum Testamentum Graece, de Nestle-Aland, fue publicada en 1993 (con una edición revisada en 1998). El mismo texto griego aparece en otro volumen popular publicado por las Sociedades Bíblicas Unidas, llamado el Greek New Testament [Nuevo Testamento griego] (cuarta edición, 1993). Muchos consideran que la vigésima sexta edición del texto de Nestle-Aland representa la obra más reciente y el mejor trabajo de la erudición textual.

El texto original del Nuevo Testamento

En su libro titulado The Text of the New Testament [El texto del Nuevo Testamento], Kurt y Barbara Aland defienden la posición que el texto de Nestle-Aland «está más cerca del texto original del Nuevo Testamento que el de Tischendorf o Westcott y Hort, por no mencionar a von Soden» (24). Y en varios otros pasajes sugieren que muy bien puede ser el texto original. Esto es evidente en la defensa de Kurt Aland del texto de Nestle-Aland como el nuevo «texto estándar»:

El nuevo «texto estándar» ha pasado la prueba de los primeros papiros y de las letras que se usaban antiguamente. De hecho, corresponde al texto de tiempos tempranos.… En ningún lugar ni ocasión encontramos interpretaciones aquí [en los manuscritos más antiguos] que requieran un cambio en el «texto estándar». Si la investigación presentada aquí en toda su brevedad y concisión pudiera ser presentada en su totalidad, el conjunto de detalles que acompaña a cada variante convencería hasta al que más duda. Cien años después de Westcott-Hort, la meta de una edición del Nuevo Testamento «en el griego original» parece haberse alcanzado.… La meta deseada ahora parece que se ha logrado, ofrecer los escritos del Nuevo Testamento en la forma del texto que está más cerca de la que produjo la mano de sus autores o redactores que comenzaron su trayectoria en la iglesia de los siglos I y II («The Twentieth-Century Interlude in New Testament Textual Criticism [El interludio del siglo XX en la crítica textual del Nuevo Testamento]» en Text and Interpretation [Texto e interpretación], 14).

Los Aland deberían ser elogiados por hablar sobre la recuperación del texto original, porque es aparente que muchos críticos textuales modernos han abandonado la esperanza de recuperar el texto original. Otros eruditos piensan que puede ser recuperado, y creen que el NA27 está bastante cerca de presentar el texto original. La razón de este optimismo es que tenemos muchos manuscritos tempranos y que también entendemos mejor la historia temprana del texto.

Hay unos sesenta manuscritos que datan de antes del comienzo del siglo IV—varios de esos manuscritos son del siglo II. Hasta hace poco, la manera de fechar los manuscritos era muy conservadora, porque Grenfell y Hunt no creían que el códice existiera antes del siglo III, y por lo tanto, fecharon muchos papiros encontrados en Oxirrinco en los siglos III y IV que deberían haber sido fechados en los siglos II y III.

Como mencionamos antes, una de las fechas más significativas es la del P46 (el Papiro Chester Beatty II, que por lo general se fecha alrededor del año 200), que contiene todas las Epístolas de Pablo excepto las Epístolas Pastorales. En un artículo muy convincente, Young Kyu Kim ha fechado el P46 antes del reinado de Domiciano (81–96 d.C.); (vea Biblica, 1988, 248–257). Él determinó esta fecha porque todos los otros papiros literarios, cuya letra se compara al estilo de escritura del P46, son fechados en el siglo I d.C., y porque no hay papiros paralelos de los siglos II y III. Mi análisis de la fecha del P46 lo colocaría a mediados del siglo II (circa 150 d.C.). (Para una presentación completa de la fecha del P46, vea The Text of the Earliest New Testament Greek Manuscripts [El texto de los manuscritos griegos más tempranos del Nuevo Testamento], 2001, 204–206).

Los siguientes manuscritos han sido fechados en el siglo II o en la primera parte de siglo III:

P87, que contiene unos pocos versículos de Filemón, al comienzo del siglo II (circa 125). (La escritura a mano del P87 es muy similar a la que se encontró en el P46.)

P77, que contiene unos pocos versículos de Mateo 23, mediados del siglo II (circa 150)

P45 (el Papiro Chester Beatty I), que contiene porciones de los cuatro Evangelios y de Hechos, mediados del siglo II (circa 150)

P32, que contiene porciones de Tito 1 y 2, tercer cuarto del siglo II (circa 175)

P90, que contiene una porción de Juan 18, tercer cuarto del siglo II (circa 175)

P52, que contiene unos pocos versículos de Juan 18, al comienzo del siglo II (circa 150), pero muchos paleógrafos lo han fechado antes (circa 110–125)

P4/64/67, que contienen porciones de Mateo y Lucas, circa 175

P1, que contiene Mateo 1, circa 200

P13, que contiene Hebreos 2–5, 10–12, circa 200

P27, que contiene una porción de Romanos 8, circa 200

P66 (el Papiro Bodmer II), que contiene la mayor parte de Juan, circa 175 (pero fechado por Herbert Hunger, director de colecciones papirológicas de la Biblioteca Nacional de Viena, circa 125–150)

P48, que contiene una porción de Hechos 23, primera parte del siglo III (circa 220)

P75 (los Papiros Bodmer XIV/XV), que contiene la mayor parte de Lucas y Juan, primera parte del siglo III (circa 200)

P98, que contiene Apocalipsis 1:13–2:1, siglo II

P104, que contiene Mateo 21:34–37, 43, 45(?), a comienzos del siglo II (circa 125–150)

P109, que contiene Juan 21:18–20, 23–25, de mediados a fines del siglo II (circa 150–200)

Además de los manuscritos tempranos que acabamos de mencionar, hay otro manuscrito de vitela de finales del siglo II, el 0189, que contiene una porción de Hechos 5. Y hay otros cuarenta y tres manuscritos del siglo III que contienen porciones de los pasajes que se indican a continuación:

P5, Juan 1, 16, 20

P9, 1 Juan 4

P12, Hebreos 1

P15, 1 Corintios 7

P16, Filipenses 3, 4

P18, Apocalipsis 1

P20, Santiago 2

P22, Juan 15–16

P23, Santiago 1

P28, Juan 6

P29, Hechos 26

P30, 1 Tesalonicenses 4–5, 2 Tesalonicenses 1

P37, Mateo 26

P38, Hechos 13, 19

P39, Juan 8

P40, Romanos 1, 2, 3, 4, 6, 9

P47, Apocalipsis 9–17

P49, Efesios 4–5

P53, Mateo 25, Hechos 9

P65, 1 Tesalonicenses 1–2

P69, Lucas 22

P70, Mateo 2, 3, 11, 12, 24

P72, 1 y 2 Pedro, Judas

P78, Judas

P80, Juan 3

P92, Efesios 1, 2 Tesalonicenses 1

P95, Juan 5:26–29, 36–38

P101, Mateo 3:10–12; 3:16–4:3

P106, Juan 1:29–35, 40–46

P107, Juan 17:1–2, 11

P108, Juan 17:23–24; 18:1–5

P110, Mateo 10:13–15, 25–27

P111, Lucas 17:11–13, 22–23

P113, Romanos 2:12–13, 19

P114, Hebreos 1:7–12

P115, porciones de Apocalipsis 2, 3, 4, 5, 8–15

0162, Juan 2

0171, Mateo 10, Lucas 22

0212, el manuscrito Diatessaron, que contiene pequeñas porciones de cada Evangelio

0220, Romanos 4–5

P. Antinópolis 2.54, Mateo 6:10–12

Los manuscritos que acabamos de catalogar, especialmente el primer grupo (los que están fechados en la primera parte del siglo II, en el siglo II, y en la primera parte del siglo III), proveen la fuente para recuperar el texto original del Nuevo Testamento. Muchos de estos manuscritos son más de doscientos años más antiguos que los dos grandes manuscritos que se descubrieron en el siglo XIX: el Códice Vaticanus (circa 325) y el Códice Sinaiticus (circa 350). Estos últimos fueron los dos grandes manuscritos que revolucionaron la crítica textual del Nuevo Testamento en el siglo XIX, y fueron los que le dieron impulso a la compilación de nuevas ediciones críticas del Nuevo Testamento griego por el trabajo de Tregelles, Tischendorf, Westcott y Hort.

Tregelles, quien trabajó usando principios similares a los de Lachmann, compiló un texto basado en la evidencia de los manuscritos más antiguos. Tischendorf intentó hacer lo mismo, aunque estaba demasiado inclinado hacia el Códice Sinaiticus. Westcott y Hort implementaron el mismo principio cuando crearon su edición crítica, aunque estaban predispuestos hacia el Códice Vaticanus. Sin embargo, Westcott y Hort hicieron un intento de imprimir el texto original del Nuevo Testamento griego. Algunos críticos del siglo pasado los ridiculizan a ellos, y a cualquiera que haga tal intento, porque están convencidos de que es imposible recobrar el texto original debido a la gran divergencia de interpretaciones que existen en tantos manuscritos diferentes.

Otros críticos argumentarán que no es sabio basar una recuperación del texto original usando manuscritos que son todos de origen egipcio. De hecho, ciertos eruditos sostienen que los manuscritos tempranos en papiros representan sólo el texto del Nuevo Testamento egipcio, no el texto de toda la iglesia primitiva completa. Kurt Aland ha argumentado efectivamente contra este punto de vista señalando que (1) no estamos seguros de si todos los papiros que se descubrieron en Egipto en realidad se originaron en Egipto, y (2) que el texto que generalmente se llama el texto egipcio (a diferencia del texto «occidental» o texto bizantino) fue el texto que se exhibió en los escritos de los primeros padres de la iglesia que vivían fuera de Egipto—tales como Ireneo, Marción e Hipólito («The Text of the Church? [¿El texto de la iglesia?]» Trinity Journal, volumen 8, 1987.) Por lo tanto, es posible que los manuscritos descubiertos en Egipto fueran típicos del texto que existía en aquel tiempo en toda la iglesia.

Además, debemos recordar que las iglesias de la última parte del siglo I hasta el siglo III, a través de toda la zona del Mar Mediterráneo, no estaban aisladas las unas de las otras. Debido al florecimiento del comercio, los caminos accesibles y puertos libres (todos bajo el gobierno de Roma), había un flujo regular de comunicación entre las ciudades como Cartago y Roma, Roma y Alejandría, Alejandría y Jerusalén. Las iglesias del norte del África y las de Egipto no estaban aisladas del resto de las iglesias que estaban al norte de ellas. Esta comunicación comenzó desde los primeros días de la iglesia. Algunos de los primeros que se convirtieron al cristianismo el día de Pentecostés (30 d.C.) eran de Egipto y de Libia (Hechos 2:10); indudablemente algunos de ellos regresaron a sus lugares de origen llevando el evangelio. El eunuco etíope, después de haber recibido a Jesús como su Salvador, debe haber regresado a su hogar con el evangelio (Hechos 8:25 y siguientes). Apolos, que era de Alejandría, llegó a ser uno de los primeros apóstoles en Asia (vea Hechos 18:24).

La historia nos dice que hubo una iglesia en Alejandría ya desde 100 d.C. Alrededor de los años 160–180, Pantaneo llegó a ser director de una pequeña escuela catequista en Alejandría. De acuerdo a Eusebio, la escuela ya había comenzado para cuando Pantaneo se hizo cargo del liderazgo. Clemente se hizo cargo de esa escuela cuando Pantaneo se fue de Alejandría para no regresar jamás. Clemente trabajó arduamente para establecer esta pequeña escuela catequista como el centro y misión de estudios cristianos. Para el año 200 Clemente había formado una floreciente comunidad de cristianos muy instruidos en Alejandría. Pero entonces, debido a la sangrienta persecución del año 202, Clemente huyó de Alejandría. Orígenes fue el que reemplazó a Clemente y estableció una famosa escuela de eruditos cristianos.

La historia también nos dice que había iglesias en las zonas rurales del sur de Alejandría ya desde la primera parte del siglo II. Varios de los manuscritos tempranos del Nuevo Testamento—aquellos que datan de la primera parte del siglo II (vea la lista anterior) han venido del Fayum y Oxirrinco, revelando de ese modo la existencia de cristianos en esas ciudades rurales ya desde el año 125. Esta es la zona en la cual los arqueólogos han descubierto casi todos nuestros manuscritos del Nuevo Testamento. Los manuscritos no vienen de Alejandría porque la biblioteca de esa ciudad fue destruida dos veces (la primera vez los romanos la destruyeron accidentalmente, y la segunda vez fue destruida por los musulmanes). Además, el nivel freático en Alejandría es muy alto, y los papiros no pudieron resistir la humedad.

La parte central rural de Egipto, debido a su clima seco y a su bajo nivel freático, ha llegado a ser un caudal de manuscritos producidos localmente y en otros lugares. Yo creo que los manuscritos en existencia presentan una buena muestra de lo que habría existido desde fines del siglo I hasta fines del siglo III a través de todo el mundo grecorromano. Lo que quiero decir es que si, por algún milagro, encontráramos manuscritos tempranos en Turquía, Israel, Sira o Grecia, es muy probable que exhibieran los mismos materiales que se encontraron en los llamados manuscritos egipcios. En otras palabras, los manuscritos del Nuevo Testamento que se usaban y que se leían en las iglesias de Egipto durante los primeros siglos de la iglesia primitiva representarían bien los que se usaban y leían en todas las demás iglesias. Además, se puede asumir que seguramente la zona rural central de Egipto preservó muchos manuscritos que habían llegado de Alejandría (y que habían sido preparados en la tradición alejandrina), y de otras ciudades tales como Roma o Antioquía.

La zona rural central de Egipto, el lugar donde se descubrieron nuestros manuscritos, no estaba aislada del resto del mundo. Los numerosos papiros no literarios descubiertos allí han demostrado que había comunicación regular entre los que vivían en Fayum con los que vivían en Alejandría, Cartago y Roma. Y hay evidencia de que había correspondencia general entre las obras de literatura y las prácticas de escritura. Por lo tanto, entre aquellos que produjeron los manuscritos tempranos que tenemos hoy, debe haber habido algunos escribas que estaban produciendo copias de los libros del Nuevo Testamento de una manera muy similar a la de los escribas que vivían en otros lugares del mundo grecorromano. Es así que podemos concluir que los manuscritos descubiertos en Egipto son fuentes legítimas para reconstruir el texto original del Nuevo Testamento griego.

Examinando la confiabilidad de los primeros textos

Algunos críticos textuales argumentan que una fecha temprana para un manuscrito del Nuevo Testamento no es en sí muy significativa porque el período temprano de la transmisión textual fue inherentemente «libre». Los que apoyan este punto de vista han debatido que los escribas que hacían las copias de varios libros del Nuevo Testamento en el período previo a la canonización (la última parte del siglo III) se daban libertades cuando hacían las copias. A diferencia de los escribas judíos que meticulosamente hacían copias fieles del texto sagrado del Antiguo Testamento, los escribas cristianos han sido caracterizados como que no se sentían obligados a producir copias exactas de sus ejemplos porque todavía no habían reconocido la calidad de «sagrado» del texto que estaban copiando. Este punto de vista del período temprano, que se ha vuelto un axioma entre muchos críticos textuales del Nuevo Testamento, no es totalmente cierto por muchas razones:

1. La mayoría de los escritores de estos libros del Nuevo Testamento eran judíos que creían que el Antiguo Testamento, en hebreo y en griego, era la Palabra de Dios inspirada. Debido a su procedencia judía respetaban mucho las Escrituras, las cuales habían llegado a ser centrales para su vida y adoración religiosa. Eran el pueblo del libro. Muchos de ellos leían la Septuaginta, Antiguo Testamento griego, que es muy probable que haya sido el trabajo de traducción de los judíos alejandrinos.

Algunos de los escribas judíos cristianos deben haber imitado las prácticas de los escribas judíos. Esto comenzó cuando se hicieron copias de la Septuaginta, la cual creían que era un texto inspirado, y eso se habría extendido a cualquiera de los libros del Nuevo Testamento que ellos consideraban autoritativos e igualmente inspirados. Los cristianos deben haber estado muy conscientes de las reglas estrictas que gobernaban el copiar el texto del Antiguo Testamento y la reverencia que se les daba a esas copias.

2. Muchas de las primeras copias de varios libros del Nuevo Testamento fueron realizadas por escribas que deben haber creído que estaban copiando un texto sagrado—compuesto originalmente por los primeros apóstoles como Pedro, Mateo, Juan y Pablo. Algunos libros eran tratados como sagrados desde el principio mismo, como los cuatro Evangelios, Hechos, las Epístolas Paulinas y 1 Pedro, mientras que otros, aquellos que habían tomado mucho tiempo para ser «canonizados», tal vez fueron tratados con menos fidelidad textual—libros como 2 Pedro y Judas, las Epístolas Pastorales, Santiago y Apocalipsis. La canonización de algunos libros se percibió ya desde el siglo I, mucho antes de que ocurriera. Por ejemplo, el cuerpo de las obras de Pablo fue formado alrededor de 75 d.C., y era reconocido como literatura apostólica y autoritativa. El escritor de 2 Pedro llegó tan lejos como para catalogar a las Epístolas de Pablo con «las demás Escrituras» (2 Pedro 3:15–16, NVI). Los cuatro Evangelios también se reconocieron como autoritativos ya desde el siglo II.

3. Muchos de los libros del Nuevo Testamento fueron producidos originalmente como obras de literatura. Por ejemplo, los cuatro Evangelios, Hechos, Romanos, Efesios, Hebreos, 1 Pedro y Apocalipsis son claramente obras de literatura. La mayoría de los otros libros del Nuevo Testamento son cartas «ocasionales», es decir, cartas escritas principalmente para suplir la necesidad de dicha ocasión. Pero no sucede esto con los otros libros, porque desde el principio fueron diseñados para ser obras literarias para llegar a una gran audiencia.

Debido a que vivían en un mundo helenizado, los escritores del Nuevo Testamento hablaban, leían y escribían en griego. La clase de griego que usaron para escribir era el lenguaje común (koiné) del mundo grecorromano. Muchos de los escritores del Nuevo Testamento conocían otras obras de la literatura griega y las citaron. Juan hace alusión a Filón. Pablo cita a Epiménides, Arato y Menandro; y su estilo epistolar está moldeado del creado anteriormente por los escritores griegos como Isócrates y el filósofo Platón. Los escritores de los Evangelios eran los típicos historiadores griegos. Sus obras siguen el patrón establecido por el historiador griego Herodoto, quien estableció un elevado estándar de observación y reportaje.

Los primeros lectores de estas obras, ya sea judíos cristianos o gentiles cristianos, habrían estado conscientes tanto del valor espiritual como literario de estos textos. Por eso, algunos de los primeros que hicieron copias de estos libros las deben haber hecho con mucho respeto por preservar el texto original.

4. Todos los primeros papiros, sin excepción, muestran que los cristianos de la iglesia primitiva que hicieron copias de los textos usaron abreviaturas especiales para designar los títulos divinos (nomina sacra). El nombre estaba escrito en forma abreviada con una línea sobre la abreviatura. Por ejemplo, la palabra griega para «Jesús» Ιησους era escrita como IC. Otros títulos que fueron escritos como nomina sacra son Señor, Cristo, Dios, Padre, Hijo y Espíritu. Aunque la creación de las nomina sacra puede reflejar la influencia judía del tetragrámaton (YHWH escrito por Yahweh/Jehová), es una creación totalmente nueva que se encuentra exclusivamente en documentos cristianos. De acuerdo a C. H. Roberts, la creación de esta clase de sistema de escritura «presupone un grado de control y organización.… El establecimiento de la práctica no habría sido dejado a los caprichos de una sola comunidad, y muchos menos a los de un escriba individual.… El sistema era demasiado complejo para que el escriba común operara sin reglas o un ejemplo autoritativo» (Manuscript, Society, and Belief [Manuscrito, sociedad y creencia], 45–46).

La presencia universal de las nomina sacra en los documentos cristianos tempranos habla con voz fuerte contra la noción de que el período de transmisión textual se caracterizaba al principio por ser «libre». Los escribas cristianos seguían un patrón establecido, un ejemplo «autorizado». Como dijo Roberts: «El notable sistema uniforme de nomina sacra … sugiere que a una fecha temprana había copias estándar de las Escrituras cristianas» («Books in the Greco-Roman World [Los libros en el mundo grecorromano]», 64).

5. Acompañando al fenómeno de la formación de las nomina sacra en los documentos cristianos está el fenómeno del uso de los códices por los cristianos tempranos. Antes de la mitad del siglo I, todas las Escrituras y otros escritos estaban en rollos. Por ejemplo, Jesús usó un rollo para leer cuando hizo su discurso de Isaías 61 en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4:18 y siguientes). Los judíos y los no judíos usaban rollos; todos en el mundo grecorromano usaban rollos.

Entonces apareció el códice (un libro formado de páginas dobladas que se cosían sobre el lomo). Es probable que al principio los códices hubieran sido confeccionados tomando como modelo los cuadernos hechos de pergamino. De acuerdo a la hipótesis de C. H. Roberts, Juan Marcos, mientras todavía vivía en Roma, usó ese tipo de cuaderno hecho de pergamino para registrar los dichos de Jesús (que había escuchado de la predicación de Pedro). El completo Evangelio de Marcos, entonces, fue publicado primero como un códice (The Birth of the Codex [El nacimiento del códice], 54 y siguientes). «Un evangelio que circulaba en este formato determinaba, en parte vía autoridad, en parte vía sentimentalismo y simbolismo, que la forma apropiada para las Escrituras cristianas era un códice, no un rollo» (Greek Papyri [Papiros griegos], 11, de E. G. Turner).

De allí en adelante, todas las porciones del Nuevo Testamento fueron escritas en códices. El códice fue de uso exclusivo de los cristianos hasta fines del siglo II. Kenyon escribió: «De todos los papiros descubiertos en Egipto que pueden ser asignados al siglo II … ni un solo manuscrito pagano [es decir, no cristiano] está escrito en forma de códice» (Books and Readers in Ancient Greece and Rome [Libros y lectores en antigua Grecia y Roma], 111). Esta práctica (que comenzó en Roma o Antioquía) fue una separación clara del judaísmo y, de nuevo, muestra una clase de uniformidad en la formación y el discernimiento del texto temprano.

6. Contrario a la noción común de que muchos papiros tempranos del Nuevo Testamento fueron producidos por escribas sin experiencia que hacían copias personales de pobre calidad, varios de los papiros tempranos del Nuevo Testamento fueron producidos con mucho cuidado por escribas instruidos y profesionales. Los paleógrafos han podido clasificar ciertos estilos de escritura a mano desde el siglo I al IV (así como posteriores). Muchos de los primeros papiros del Nuevo Testamento estaban escritos en lo que se llama «estilo documentario reformado» (es decir, el escriba sabía que estaba trabajando en un manuscrito que no era sólo un documento legal sino una obra literaria). En el libro The Birth of the Codex, Roberts escribió:

Los manuscritos cristianos del siglo II, aunque no alcanzaron un alto estándar caligráfico, por lo general mostraban un estilo de escritura competente que ha sido llamado «documentario reformado», que es muy posible que sea el trabajo de escribas con experiencia, ya sea que hayan sido cristianos o no.… Y por lo tanto es razonable asumir que los escribas de los textos cristianos recibían un pago por su trabajo. (46)

Las prácticas de escritura en las zonas rurales de Egipto (por ejemplo, Fayum, Oxirrinco, etcétera), que comenzaron en el siglo II, fueron influenciadas por los escribas profesionales que trabajaban en el escritorio de la gran biblioteca de Alejandría, o tal vez por un escritorio cristiano fundado en Alejandría (en asociación con la escuela catequista) en el siglo II. Eusebio implica que la escuela comenzó mucho antes que Pantaneo se hiciera cargo de ella alrededor del año 180 (H.E., v. 10. I.), y Zuntz argumenta bastante convincentemente que el cuerpo de los escritos de Pablo fue producido usando los métodos de los eruditos alejandrinos, o en la misma Alejandría, a principios del siglo II (The Text of the Epistles, 14–15). En su función de ser los críticos textuales más antiguos del Nuevo Testamento, los escribas alejandrinos seleccionaron los mejores manuscritos y luego produjeron un texto que reflejaba lo que ellos consideraban el texto original. Deben haber trabajado con manuscritos que tenían la misma calidad del P1, P4/64/67, P27, P46 y P75.

Zuntz también argumentó que para mediados del siglo II, los arzobispos alejandrinos poseían un grupo de escribas que, por lo que producía, estableció las normas del tipo de manuscrito bíblico alejandrino (op. cit.). Este estándar podría haber incluido la codificación de las nomina sacra, el uso de códices, y otras características literarias. Sin embargo, el decir que Alejandría estableció una norma no quiere decir necesariamente que Alejandría estaba ejerciendo una clase de uniformidad textual a través de Egipto durante el siglo II y la primera parte del siglo III. No fue sino hasta el siglo IV, cuando Atanasio llegó a ser obispo de Alejandría, que Alejandría comenzó a ejercer el control sobre las iglesias egipcias. Este puede haberse extendido a la producción de Nuevos Testamentos, pero por cierto que no podría haber alcanzado a cada iglesia. Antes del siglo III, los manuscritos no presentan evidencia de haber sido producidos en un lugar central. Más bien, cada manuscrito fue producido en un escritorio asociado con una iglesia local. Sin embargo, es bastante evidente que Alejandría había establecido un estilo de escritura estándar, y que algunas ciudades importantes de Egipto (como Oxirrinco) fueron influenciadas por ese estándar.

Conclusión

Los críticos textuales que trabajan con literatura antigua reconocen universalmente la supremacía de los manuscritos tempranos sobre los posteriores. A los críticos textuales que no trabajan con el Nuevo Testamento les gustaría tener la misma clase de testimonios tempranos que tienen los eruditos bíblicos. De hecho, muchos de ellos trabajan con manuscritos que fueron escritos 1.000 años después de que fueron compuestos los autógrafos. Nos maravillamos de que los Rollos del Mar Muerto hayan provisto un texto que es casi 800 años más cercano al texto original que los manuscritos masoréticos, y sin embargo, ¡muchos de los manuscritos del Mar Muerto tienen de 600 a 800 años de diferencia con las composiciones originales! ¡Los críticos textuales del Nuevo Testamento tienen una ventaja muy grande!

Los eruditos textuales del Nuevo Testamento del siglo XIX como Lachmann, Tregelles, Tischendorf, Westcott y Hort trabajaron sobre la base de que los testimonios más tempranos son los mejores. Nosotros deberíamos continuar esta línea de recuperación usando el testimonio de los testigos más antiguos. Pero los eruditos textuales desde el tiempo de Westcott y Hort han estado menos inclinados a producir ediciones basadas en la teoría de que los primeros materiales son los mejores. La mayoría de los críticos textuales de estos tiempos está más inclinada a endosar la máxima que dice que el material que probablemente es más original es el que mejor explica las variantes.

Esta máxima (o «canon» como a veces se le llama), siendo tan buena como es, produce resultados conflictivos. Por ejemplo, dos eruditos que usan los mismos principios para examinar la misma unidad no se ponen de acuerdo. Uno argumentará que una variante fue el resultado de que el copista tratara de imitar el estilo del autor; el otro sostendrá que la misma variante tiene que ser original porque concuerda con el estilo del autor. Uno argumentará que una variante se produjo porque un escriba ortodoxo estaba tratando de quitarle al texto una interpretación que podría promover la heterodoxia o la herejía; otro afirmará que la misma variante es original porque es ortodoxa y concuerda con la doctrina cristiana (por lo tanto, un escriba heterodoxo o herético debe haber realizado el cambio). Además, este principio da lugar a que la interpretación que se ha elegido para el texto pueda ser tomada de cualquier manuscrito de cualquier fecha. Esto puede resultar en el eclecticismo subjetivo.

Los eruditos textuales modernos han intentado suavizar el subjetivismo empleando un método llamado «eclecticismo razonado». Según Michael Holmes, «El eclecticismo razonado aplica una combinación de consideraciones internas y externas, evaluando el carácter de las variantes a la luz de la evidencia del manuscrito y viceversa para obtener un punto de vista equilibrado del asunto, y como un chequeo de las tendencias puramente subjetivas» («New Testament Textual Criticism [El criticismo textual del Nuevo Testamento]», en Introducing New Testament Interpretation [Introduciendo la interpretación del Nuevo Testamento] [ed. S. McKnight], 55).

Los Aland se inclinan por la misma clase de enfoque, llamándolo el método «genealógico-local», que se define de la siguiente manera:

Es imposible proceder basándose en la suposición de la genealogía de un manuscrito, y sobre la base de una revisión completa y un análisis de las relaciones obtenidas entre la variedad de técnicas interrelacionadas en la tradición del manuscrito, para intentar una recensión de la información como se haría con los otros textos griegos. Las decisiones se deben tomar una por una, caso por caso. Este método se ha caracterizado como eclecticismo, pero no es el término correcto. Después de establecer una variedad de lecturas ofrecidas en un pasaje y las posibilidades de su interpretación, entonces siempre se debe determinar, en forma nueva y sobre la base de criterios externos e internos, cuál de esas interpretaciones (y con frecuencia son muy numerosas) es la original, de la que las otras pueden ser consideradas derivativas. Desde la perspectiva de nuestro conocimiento actual, este método «genealógico local» (si se le debe dar un nombre) es el único que cumple con los requisitos de la tradición textual del Nuevo Testamento. (Introducción a Novum Testamentum Graece, 26a edición, 43)

Este método «genealógico-local» asume que para cada unidad de variación dada, cualquier manuscrito (o manuscritos) debe haber preservado el texto original. El aplicar este método produce una presentación documentaria muy desigual del texto. Cualquiera que estudie el conjunto de sistemas y materiales del NA26 o del NA27 detectará que no hay una presentación documentaria pareja. El eclecticismo está esparcido por todo el texto.

El «eclecticismo razonado», o el método «genealógico-local», tiende a dar prioridad a la evidencia interna sobre la evidencia externa. Pero tiene que ser lo completamente opuesto si vamos a descubrir el texto original. Esa era la opinión de Westcott y Hort. Con respecto a su compilación en The New Testament in the Original Greek, Hort escribió: «En la mayoría de los casos se le ha permitido a la evidencia documentaria tomar el lugar de honor contra la evidencia interna» (Introduction to the New Testament in the Original Greek [La introducción al Nuevo Testamento en el griego original], 17).

En este aspecto, Westcott y Hort deben ser validados. Earnest Colwell pensaba lo mismo cuando escribió: «Hort Redivivus: A Plea and a Program [Hort Redivivus: Un ruego y un programa]». Colwell censuró «la creciente tendencia de confiar enteramente en la evidencia interna de las interpretaciones, sin considerar seriamente la evidencia documentaria» (152). En este artículo, él insta a los eruditos a que intenten reconstruir la historia de la tradición del manuscrito. La tesis principal del presente ensayo ha sido precisamente hacer eso, y, al hacerlo, promover el valor de los primeros manuscritos en los esfuerzos continuos por recuperar el texto original del Nuevo Testamento.

Bibliografía

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Colwell, Earnest. «Hort Redivivus: A Plea and a Program [Hort Redivivus: Un ruego y un programa]», en Studies in Methodology in Textual Criticism of the New Testament [Estudios en la metodología de la crítica textual del Nuevo Testamento], 1969.

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Zuntz, Gunther. The Text of the Epistles [El texto de las epístolas], 1953.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (pp. 189–219). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

Dios llama a Abram

Génesis 12-15

Dios llama a Abram

a112:1  Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.

Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.

Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra.

Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.

Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.

Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev.

Abram en Egipto

10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.

11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;

12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.

13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.

15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.

16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.

17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.

18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?

19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.

20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

Abram y Lot se separan

13:1  Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot.

Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.

Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai,

al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová.

También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas.

Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar.

Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra.

Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.

¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda.

10 Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra.

11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro.

12 Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.

13 Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.

14 Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente.

15 Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.

16 Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.

17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré.

18 Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.

Abram liberta a Lot

14:1  Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goim,

que éstos hicieron guerra contra Bera rey de Sodoma, contra Birsa rey de Gomorra, contra Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.

Todos éstos se juntaron en el valle de Sidim, que es el Mar Salado.

Doce años habían servido a Quedorlaomer, y en el decimotercero se rebelaron.

Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save-quiriataim,

y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto.

Y volvieron y vinieron a En-mispat, que es Cades, y devastaron todo el país de los amalecitas, y también al amorreo que habitaba en Hazezontamar.

Y salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim;

esto es, contra Quedorlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goim, Amrafel rey de Sinar, y Arioc rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.

10 Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte.

11 Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron.

12 Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.

13 Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram.

14 Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.

15 Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco.

16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.

Melquisedec bendice a Abram

17 Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.

18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino;

19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra;

20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.

21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes.

22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra,

23 que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram;

24 excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.

Dios promete a Abram un hijo

15  Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.

Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.

Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.

Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.

Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.

Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?

Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.

10 Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.

11 Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.

12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

17 Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.

18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;

19 la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos,

20 los heteos, los ferezeos, los refaítas,

21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Allá en el pueblo Soledad

Enero 5

Allá en el pueblo Soledad

Lectura bíblica: Juan 15:12–15

Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos. Juan 15:13

a1—No entiendo mi problema —dice Tamara con los ojos llenos de lágrimas—. Tengo amigos pero supongo que no son los que necesito. O quizá sea que no tengo bastantes. Nunca me veo obligada a sentarme sola en ninguna parte. Pero me siento sola aun cuando estoy con mucha gente. A veces no estoy segura de que haya alguien que me comprenda… o que quiera comprenderme. Ni mis maestros. Levanto la mano y parece que fuera invisible. Creo que si dejara de ir a la escuela, nadie lo notaría.

Si pudieras crecer sin sentirte nunca solo sería como pasar por la temporada de resfríos sin que te gotee la nariz. A veces puedes tener suerte. Pero tarde o temprano te vas a sentir como si tu nariz fuera un gotero gigante.

Al igual que la nariz que gotea, los sentimientos de soledad nos indican que algo no anda bien. Pero, ¿qué será lo que anda mal? La soledad puede hacerte sentir que no eres popular o atractivo. Pero en realidad tiene más que ver con un anhelo que Dios nos da de ser amados y aceptados. Esa es una necesidad profunda y sana, y todos la tienen. Cuando la necesidad no es satisfecha, nos sentimos solos.

La mayoría tratamos de librarnos de la soledad en una de dos maneras.

• Primera manera: Nos portarnos como un gusano. Los gusanos tratan de superar su soledad escondiéndose de la gente. El que es así piensa: Me siento solo porque nadie me quiere. Lo más conveniente es que me esconda debajo de la tierra. Así que me quedo aquí debajo de la tierra. Nunca me voy a acercar a nadie.

• Segunda manera: Se portan como un cachorro. Los perritos tratan de superar la soledad haciendo lo que sea necesario para conseguir que otros los quieran. El que es así piensa: Me siento solo porque nadie me quiere. Me voy a esforzar más. Haré lo que sea necesario para lograr que los demás me quieran, aunque significa hacer algo que no está bien.

No tenemos por qué actuar como un gusano, ni como un perrito. Sentirnos amados y aceptados comienza con nuestra relación con Jesús, quien es el único que puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestra vida. Conversar con Jesús y leer acerca de él en la Biblia son pasos para cimentar nuestra amistad con él. Él dio su vida por nosotros, así que es evidente que él nos considera amigos por los cuales vale la pena morir (Juan 15:13). ¡Ese es el mejor consuelo que podemos encontrar cuando nos preguntamos si hay alguien que nos quiera!

PARA DIALOGAR
Cuando te sientes solo, ¿actúas como un gusano o como un cachorro? El hecho de saber que Dios te ama ¿cómo puede impedir que actúes de esa manera?

PARA ORAR
Señor, cuando nos sentimos solos, ayúdanos a recordar que tú nos amas más de lo que jamás nos podríamos imaginar.

PARA HACER
Toma hoy el tiempo para ser un amigo sincero de alguien que se siente solo.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Los textos y manuscritos bíblicos

Sección Cuatro

Los textos y manuscritos bíblicos

Los textos y manuscritos del Antiguo Testamento

Autor: Mark R. Norton

a1Los antiguos manuscritos del Antiguo Testamento son el material básico de trabajo que se usa para buscar, con tanta exactitud como sea posible, el texto original de la Biblia. A este proceso se le llama crítica textual, algunas veces designada como «alta crítica» para distinguirlo de la «baja crítica», que es el análisis de la fecha, la unidad y la paternidad literaria de los escritos bíblicos.

La tarea de la crítica textual puede dividirse en varias etapas generales: (1) la recolección y compilación de manuscritos existentes, traducciones y citas; (2) el desarrollo de la teoría y la metodología que permitirán que el crítico use la información que se ha obtenido para reconstruir el texto más exacto de los materiales bíblicos; (3) la reconstrucción de la historia de la transmisión del texto para identificar las diversas influencias que afectan a dicho texto; (4) la evaluación de variados materiales de lectura específicos a la luz de la evidencia textual, la teología y la historia.

Los críticos textuales del Antiguo y del Nuevo Testamento emprenden una tarea similar y enfrentan obstáculos similares. Ambos buscan descubrir un texto «original» hipotético con recursos limitados que están en diversas etapas de deterioro. Pero el crítico textual del Antiguo Testamento enfrenta una historia textual más compleja que su homólogo del Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento se escribió principalmente en el siglo I a.C., y existen manuscritos completos del Nuevo Testamento que fueron escritos sólo unos pocos siglos más tarde. En cambio, el Antiguo Testamento está formado por literatura escrita en un período de más de mil años, y sus partes más antiguas datan del siglo XII a.C. y posiblemente aún antes. Para dificultar más las cosas, hasta hace poco los primeros manuscritos hebreos conocidos del Antiguo Testamento eran de la época medieval. Esto dejó a los eruditos con muy poco testimonio del desarrollo textual del Antiguo Testamento desde la antigüedad hasta la Edad Media, un período de más de dos mil años.

Hasta el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto en las décadas de 1940 y 1950, las traducciones secundarias del arameo, griego y latín sirvieron como los testimonios más antiguos e importantes a las Escrituras hebreas. Puesto que esas son traducciones, y están sujetas a alteraciones sectarias y de contexto, su valor para el crítico textual, aunque significante, es limitado. Sin embargo, los descubrimientos de los Rollos del Mar Muerto y de otros manuscritos antiguos han proporcionado testimonios clave al Antiguo Testamento hebreo de los tiempos tempranos. La evaluación erudita de esos descubrimientos está lejos de estar completa en la actualidad y la ciencia de la crítica textual del Antiguo Testamento espera con ansiedad una evaluación más completa de su significado. Sin embargo, en un sentido general, los Rollos del Mar Muerto han afirmado la exactitud del Texto Masorético que usamos actualmente.

Manuscritos importantes del Antiguo Testamento

La mayor parte de los manuscritos medievales del Antiguo Testamento tienen una forma bastante estandarizada del texto hebreo. Esta estandarización refleja la obra de los escribas medievales conocidos como masoretas (500–900 d.C.), y el texto que resultó de su trabajo se conoce con el nombre de Texto Masorético. La mayoría de los manuscritos importantes data del siglo XI d.C. o más tarde, y todos reflejan esta misma tradición textual básica. Pero puesto que el Texto Masorético no se estabilizó bien hasta bastante después de 500 d.C., no se pueden contestar muchas preguntas en cuanto a su desarrollo en los siglos precedentes. Así que la tarea principal para los críticos textuales del Antiguo Testamento ha sido la de comparar los testimonios anteriores para descubrir cómo surgió el Texto Masorético y cómo se relaciona este texto con los testimonios anteriores de la Biblia hebrea. Esto nos lleva a la tarea inicial de la crítica textual: la recolección de todos los registros posibles de los escritos bíblicos.

Todas las fuentes principales de Escritura hebrea son manuscritos que, como lo dice su nombre, están escritos a mano. Por lo general se escribían en pieles de animales, papiros o algunas veces en metal. El hecho de que son escritos a mano es la fuente de muchas dificultades para los críticos textuales. A menudo se puede echar la culpa al error humano y a las adulteraciones editoriales de las muchas variantes que hay entre los manuscritos del Antiguo y el Nuevo Testamento. Otra fuente de dificultad es el hecho de que los manuscritos antiguos han sido escritos sobre pieles o papiros. Debido al deterioro natural, la mayoría de los manuscritos antiguos que sobreviven consta de fragmentos y es difícil de leer.

Hay muchos testimonios secundarios del texto del Antiguo Testamento, incluyendo las traducciones a otras lenguas, citas que usaron ambos, los amigos y enemigos de la religión bíblica, y la evidencia de los textos antiguos impresos. La mayoría de los testimonios secundarios ha sufrido de manera similar a los primeros. Ellos también contenían numerosas variaciones, debidas tanto a los errores intencionales como a los accidentales de los escribas, y sólo existen fragmentos debido a su deterioro natural. Puesto que existen variantes de los textos en los manuscritos antiguos que han sobrevivido, estos deben ser recolectados y comparados. La tarea de comparar y catalogar los diferentes textos se conoce con el nombre de colación.

El Texto Masorético

La historia textual del Texto Masorético es una historia importante por derecho propio. Este texto de la Biblia hebrea es el más completo que existe. Forma las bases para nuestras Biblias hebreas modernas y es el prototipo contra el cual se hacen todas las comparaciones de los estudios de textos del Antiguo Testamento. Se llama masorético porque su forma actual está basada en la Mesorá, la tradición textual de los eruditos judíos que se conocían como los masoretas de Tiberíades. (Tiberíades era donde estaba localizada su comunidad en la costa del Mar de Galilea.) Los masoretas, cuya escuela erudita floreció entre los años 500 y 1000 d.C., estandarizaron el texto tradicional, formado sólo de consonantes, al agregarle puntos para las vocales y notas al margen. (El alfabeto hebreo antiguo no tenía vocales.)

El Texto Masorético, como existe actualmente, le debe mucho a la familia Ben Asher. Por cinco o seis generaciones, desde la segunda mitad del siglo VIII hasta la mitad del siglo X, esta familia jugó un papel de liderazgo en el trabajo masorético en Tiberíades. Un registro fiel de su trabajo se puede encontrar en los manuscritos masoréticos más antiguos que existen, a los cuales se les puede seguir la pista hasta los dos últimos miembros de dicha familia. El manuscrito masorético más antiguo es el Códice Cairensis (895 d.C.), que se le atribuye a Moisés ben Asher. Este manuscrito contenía tanto los Primeros Profetas (Josué, Jueces, Samuel y Reyes), como los Últimos Profetas (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce Profetas Menores). El resto del Antiguo Testamento no se encuentra en este manuscrito.

El otro manuscrito importante que se le atribuye a la familia Ben Asher es el Códice de Alepo. De acuerdo a la nota que concluye este manuscrito, Aaron ben Moses ben Asher fue el responsable de escribir las notas masoréticas y ponerles los puntos a los signos que representan las vocales. El manuscrito contenía el Antiguo Testamento completo y data de la primera mitad del siglo X d.C. Se informó que fue destruido en las revueltas contra los judíos en 1947, pero esto probó ser sólo parcialmente verdad. La mayor parte del manuscrito no se perdió y va a ser usado como la base de una nueva edición crítica de la Biblia hebrea que será publicada por la Universidad Hebrea en Jerusalén.

El manuscrito que se conoce con el nombre de Códice Leningradensis, que actualmente se encuentra guardado en la biblioteca pública de Leningrado, es muy importante como testimonio del texto Ben Asher. De acuerdo a una nota en dicho manuscrito, fue copiado en 1008 d.C. de textos que había escrito Aaron ben Moses ben Asher. Puesto que el texto hebreo completo del Antiguo Testamento (el Códice de Alepo) no estuvo a disposición de los eruditos en los comienzos del siglo pasado, el Códice Leningradensis se usó como la base textual para los textos populares hebreos de hoy: la Biblia Hebraica, editada por R. Kittel, y su revisión, la Biblia Hebraica Stuttgartensia, editada por K. Elliger y W. Rudolf.

Hay varios códices de manuscritos menos importantes que reflejan la tradición masorética: el Códice de Petersburgo de los profetas y los Códices Erfurt. Había también una cantidad de manuscritos que ahora no existen, pero que los eruditos usaron en el período masorético. Uno de los más importantes es el Códice Hillel, que tradicionalmente se le atribuye al rabino Hillel ben Moisés ben Hillel alrededor de 600 d.C. Se decía que este códice era muy exacto y fue usado para la revisión de otros manuscritos. Los primeros masoréticos medievales citaron repetidamente lecturas de este códice. Los masoretas también citaron el Códice Muga, el Códice Jericó y el Códice Jerushalmi, que actualmente no existen. Es muy probable que estos manuscritos fueran ejemplos importantes de textos no puntados, es decir que no tenían los signos que indican las vocales, y que habían llegado a formar parte del consenso estandarizado en los primeros siglos d.C. Estos fueron los que proveyeron las herramientas para el trabajo de los masoretas de Tiberíades.

A pesar de la integridad de los manuscritos masoréticos de la Biblia hebrea, todavía queda un problema mayor para los críticos textuales del Antiguo Testamento. Los manuscritos masoréticos, a pesar de su antigüedad, fueron escritos entre mil y dos mil años después de los autógrafos originales. Todavía se necesita descubrir testimonios más antiguos del texto hebreo antiguo que testifiquen la exactitud del Texto Masorético.

Los Rollos del Mar Muerto

Los testimonios antiguos más importantes de la Biblia hebrea son los textos que se descubrieron en Wadi Qumrán en las décadas de 1940 y 1950. (La palabra wadi es una palabra árabe que se usa para indicar el lecho de un río que está seco excepto en la estación de las lluvias.) Antes de los descubrimientos de Qumrán, los manuscritos hebreos más antiguos del Antiguo Testamento databan de alrededor de 900 d.C. Por lo tanto, la importancia mayor de los Rollos del Mar Muerto es el descubrimiento de manuscritos bíblicos que datan de unos trescientos años después de que se cerrara el canon del Antiguo Testamento. Esto los hace mil años más antiguos que los manuscritos más antiguos que hasta entonces conocían los eruditos bíblicos. Los textos que se encontraron en Wadi Qumrán fueron completados todos antes de que los romanos conquistaran Palestina en 70 d.C., y muchos fueron escritos bastante tiempo antes de ese evento. De entre los Rollos del Mar Muerto, el rollo de Isaías es el que ha recibido más publicidad, aunque la colección contiene fragmentos de todos los libros de la Biblia hebrea con la excepción del libro de Ester.

Debido a que el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto es muy importante para la crítica textual del Antiguo Testamento, es apropiado hacer una breve historia y descripción de esos descubrimientos. Los manuscritos que ahora conocemos con el nombre de Rollos del Mar Muerto son una colección de manuscritos bíblicos y no bíblicos de Qumrán, una comunidad religiosa antigua cerca del Mar Muerto.

Antes de ese hallazgo en Qumrán, se habían encontrado muy pocos manuscritos en la Tierra Santa. Orígenes (siglo III d.C.), que fue uno de los padres de la iglesia primitiva, mencionó haber usado manuscritos griegos y hebreos que habían sido guardados en vasijas en unas cuevas cerca de Jericó. En el siglo IX d.C., Timoteo I, que fue uno de los patriarcas de la iglesia oriental, le escribió una carta a Sergio, arzobispo metropolitano de Elam, en la que también él se refiere a una gran cantidad de manuscritos que se encontraron en una cueva cerca de Jericó. Sin embargo, por más de mil años desde entonces, no se hizo ningún descubrimiento importante de manuscritos en ninguna cueva en esa región cercana al Mar Muerto.

Los rollos descubiertos en Wadi Qumrán La historia de los Rollos del Mar Muerto, tanto la historia de cuando los ocultaron como la de cuando los descubrieron, suena como una aventura de misterio. Comenzó con una llamada telefónica la tarde del miércoles 18 de febrero de 1948, en la ciudad de Jerusalén, aquejada por disturbios. Butrus Sowmy, monje y bibliotecario del monasterio de San Marcos en la parte armenia de la Ciudad Antigua de Jerusalén, estaba llamando a John C. Trever, director interino de la organización American Schools of Oriental Research [Escuelas Americanas de Investigación Oriental] (ASOR). Sowmy había estado preparando un catálogo de una colección de libros raros del monasterio. Entre ellos encontró algunos rollos escritos en hebreo antiguo, los cuales dijo que habían estado en el monasterio desde hacía unos cuarenta años. ¿Podría ASOR proveerle alguna información para el catálogo?

Al día siguiente, Sowmy y su hermano llevaron una maleta que contenía cinco rollos o partes de rollos envueltos en un periódico árabe. Al desenrollar uno de los rollos, Trever descubrió que estaba escrito en escritura hebrea cuadrada y clara. Copió varias líneas de ese rollo, examinando cuidadosamente otros tres rollos, pero le fue imposible desenrollar el quinto porque era muy frágil. Después de que se fueran los sirios, Trever le relató la historia a William H. Brownlee, un colega de ASOR. Trever además notó de las líneas que había copiado del primer rollo que habían usado un doble negativo, que es una construcción gramatical inusual en hebreo. Además, la caligrafía hebrea de los rollos era más arcaica que nada que hubiera visto antes.

Luego Trever visitó el monasterio de San Marcos. Allí le presentaron al arzobispo sirio Atanasio José Samuel, quien lo autorizó para fotografiar los rollos. Trever y Brownlee compararon el estilo de escritura de los rollos con una fotografía del Papiro Nash, un rollo inscrito con los Diez Mandamientos y Deuteronomio 6:4, que los eruditos fechan en el siglo I ó II a.C. Los dos eruditos de ASOR concluyeron que la escritura del recientemente encontrado manuscrito pertenecía al mismo período. Cuando Millar Burrows, director de ASOR, regresó a Jerusalén desde Bagdad unos días después, le mostraron los rollos y los tres hombres continuaron la investigación. Sólo entonces fue que los sirios revelaron que los manuscritos habían sido comprados el año anterior, 1947, y que no habían estado en el monasterio cuarenta años como se había informado antes.

¿Cómo habían llegado los sirios a poseer los rollos? Antes de poder contestar esa pregunta, tuvieron que analizar mucha información fragmentaria. Durante el invierno de 1946–47, tres beduinos estaban cuidando su rebaño de ovejas y cabras cerca de un arroyo en la vecindad de Wadi Qumrán. Uno de los pastores tiró una piedra a través de una pequeña abertura en el acantilado, y oyó el ruido que hace una vasija de arcilla cuando se rompe. Más tarde, otro de los beduinos bajó a la cueva y encontró diez vasijas altas contra las paredes. Tres manuscritos (uno de ellos en cuatro pedazos) guardados en dos vasijas le fueron ofrecidos a un comerciante de antigüedades en la ciudad de Belén.

Varios meses después, los beduinos sacaron otros cuatro rollos de la cueva (uno de ellos en dos pedazos) y se los vendieron a otro comerciante de Belén. Durante la semana santa de 1947, el monasterio ortodoxo sirio de San Marcos de Jerusalén recibió la noticia de los cuatro rollos, y el arzobispo Atanasio José Samuel ofreció comprarlos. La venta no fue completada hasta julio de 1947, cuando el monasterio adquirió los cuatro rollos. Estos contenían un rollo completo de Isaías, un comentario sobre Habacuc, un rollo que contenía un manual de disciplina de la comunidad religiosa de Qumrán, y el Génesis Apocryphon (que originalmente se pensó que era el libro apócrifo de Lamec, pero que era una paráfrasis aramea del Génesis).

En noviembre y diciembre de 1947, un comerciante armenio en antigüedades en Jerusalén le informó al ahora fallecido E. L. Sukenik, profesor de arqueología de la Universidad Hebrea en Jerusalén, acerca de los primeros tres rollos que los beduinos habían encontrado en la cueva. Sukenik adquirió entonces los tres rollos y las dos vasijas del comerciante de antigüedades de Belén. Incluían un rollo incompleto de Isaías, los Himnos de agradecimiento (que contenían doce columnas de salmos originales), y el Rollo de la guerra. (Ese rollo, conocido también como la «Guerra de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas», describe una guerra, real o espiritual, de las tribus de Leví, Judá y Benjamín contra los moabitas y los edomitas.)

El 1 de abril de 1948 apareció el primer comunicado de prensa en los periódicos alrededor del mundo, seguido por otro comunicado de prensa el 26 de abril, hecho por Sukenik, acerca de los manuscritos que ya había adquirido para la Universidad Hebrea. En 1949, Atanasio José Samuel llevó los cuatro rollos del monasterio de San Marcos a los Estados Unidos. Se exhibieron en diferentes lugares, y el 1 de julio de 1954, en la ciudad de Nueva York, el hijo de Sukenik los compró para la nación de Israel por un cuarto de millón de dólares, y los envió a la Universidad Hebrea de Jerusalén. En la actualidad se exhiben en el Museo del «Santuario del libro» en la parte oeste de Jerusalén.

Debido a la importancia del descubrimiento inicial de los Rollos del Mar Muerto, tanto los arqueólogos como los beduinos continuaron buscando más manuscritos. En los primeros meses de 1949, G. Lankester Harding, director de antigüedades del Reino de Jordania, y Roland G. de Vaux, de la Dominic Ecole Biblique en Jerusalén, hicieron excavaciones en la cueva (designada cueva uno o 1Q) donde se realizó el descubrimiento inicial. Varios cientos de cuevas fueron exploradas ese mismo año. Hasta ahora se han encontrado tesoros en once cuevas de la región de Wadi Qumrán. Se han descubierto casi 600 manuscritos, de los cuales unos 200 contienen material bíblico. Los fragmentos encontrados son entre 50.000 y 60.000. Alrededor de 85 por ciento de los fragmentos son de cuero, y el resto son papiros. El hecho de que la mayoría de los manuscritos es de cuero ha contribuido al problema de su preservación.

La cueva que probablemente le sigue en importancia a la cueva uno es la cueva número cuatro (4Q), en la cual se han encontrado alrededor de 40.000 fragmentos de 400 manuscritos diferentes, 100 de los cuales son bíblicos. Todos los libros del Antiguo Testamento excepto el libro de Ester están representados.

Además de los manuscritos bíblicos, los descubrimientos han incluido obras apócrifas tales como fragmentos hebreos y arameos de Tobías, Eclesiástico y la Carta de Jeremías. También se encontraron fragmentos de libros pseudoepígrafos tales como 1 Enoc, el Libro de los Jubileos y el Testamento de Leví.

También se encontraron muchos rollos sectarios propios a la comunidad religiosa que vivía en Qumrán. Estos rollos proveen el trasfondo histórico sobre la naturaleza del judaísmo antes de Cristo, y ayudan a llenar los espacios en blanco que hay en la historia entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Uno de los rollos, el Documento de Damasco, había aparecido originalmente en El Cairo, pero ahora se han encontrado manuscritos de dicho documento en Qumrán. El Manual de Disciplina fue uno de los siete rollos de la cueva número uno. En otras cuevas se encontraron manuscritos fragmentarios de ese manual. Este documento describe los requisitos para entrar al grupo, además de los reglamentos que gobernaban la vida en la comunidad de Qumrán. Los Himnos de Agradecimiento incluyen unos treinta himnos, probablemente compuestos por una sola persona.

También había muchos comentarios sobre diferentes libros del Antiguo Testamento. El Comentario de Habacuc era una copia en hebreo de los dos primeros capítulos de Habacuc, acompañada por un comentario versículo por versículo. Este comentario provee muchos detalles acerca de una figura apocalíptica llamada el «Maestro de Justicia», quien es perseguido por un sacerdote malvado.

Un hallazgo muy singular fue descubierto en la cueva número tres (3Q) en 1952. Fue un rollo de cobre, que medía unos 2,4 m de largo y 30,5 cm de ancho. Debido a que era muy quebradizo, no fue abierto hasta 1966, y entonces sólo se pudo abrir cortándolo en tiras. Contenía un inventario de unas sesenta localidades donde se habían escondido tesoros de oro, plata e incienso. Los arqueólogos todavía no han podido encontrar nada de dicho tesoro. Esa lista podría haber sido de los tesoros del templo de Jerusalén, y es posible que los zelotes (un partido político revolucionario judío) la hayan ocultado en esa cueva durante la lucha contra los romanos en los años 66–70 d.C.

Durante la guerra de los seis días en junio de 1967, el hijo de Sukenik, Yigael Yadin de la Universidad Hebrea, adquirió un documento de Qumrán llamado el Rollo del Templo. Ese documento, que fue enrollado muy apretadamente, mide unos 8,5 m y es el rollo más largo que se haya encontrado hasta ahora en la zona de Qumrán. Gran parte de él está dedicado a los estatutos de los reyes y a asuntos de defensa. También describe fiestas de sacrificios y reglas de limpieza. Casi la mitad del rollo provee instrucciones detalladas sobre la construcción del futuro templo, que supuestamente Dios le había revelado al autor del rollo.

Los rollos descubiertos en Wadi Murabba’at En 1951, los beduinos descubrieron más manuscritos en cuevas de Wadi Murabba’at, zona que se extiende desde la parte sudeste de Belén hacia el Mar Muerto, cerca de unos diecisiete kilómetros al sur de Qumrán. Bajo la dirección de Harding y de Vaux, se excavaron cuatro cuevas allí en 1952. Además de encontrar documentos bíblicos, se encontraron otros materiales importantes tales como cartas y monedas del tiempo de la segunda revuelta judía bajo Bar Kochba en los años 132–135 d.C. Entre los manuscritos bíblicos había un texto hebreo de los profetas menores que databa del siglo II d.C. Este manuscrito corresponde casi a la perfección con el Texto Masorético, dando a entender que para el siglo II, un texto estándar de consonantes ya estaba siendo formado. También en la localidad de Wadi Murabba’at se encontraron fragmentos del Pentateuco (los cinco libros de Moisés) e Isaías.

El valor de los Rollos del Mar Muerto Aparte de los Rollos del Mar Muerto, casi no existen testimonios del Antiguo Testamento hebreo que hayan sido escritos, en realidad, en lengua hebrea. Debido a esto, tal vez los Rollos del Mar Muerto sean uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes que jamás se hayan hecho. Nos llevan mil años atrás a la historia del Antiguo Testamento hebreo, dándonos la habilidad para evaluar otros testimonios antiguos con mayor entendimiento.

Los libros del Antiguo Testamento que están más representados entre los Rollos del Mar Muerto son Génesis, Éxodo, Deuteronomio, Salmos e Isaías. El texto más antiguo es un fragmento del Éxodo que data de alrededor de 250 a.C. El rollo de Isaías data de alrededor de 100 a.C. Estos testimonios antiguos sólo confirman la exactitud del Texto Masorético y el cuidado con el que los escribas judíos trataban las Escrituras. Excepto por unas pocas veces en las cuales la ortografía y la gramática difieren entre los Rollos del Mar Muerto y el Texto Masorético, los dos son sorprendentemente similares. Las diferencias no ameritan ningún cambio importante en el contenido del Antiguo Testamento. Estos descubrimientos están ayudando a los eruditos bíblicos a obtener una comprensión más clara del texto en un tiempo más antiguo de su historia y desarrollo.

El Papiro Nash

Antes del descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, el testimonio hebreo más antiguo al Antiguo Testamento era el Papiro Nash. En 1902, W. L. Nash adquirió este manuscrito en Egipto y lo donó a la biblioteca de la Universidad de Cambridge. Este documento contiene una copia dañada de los Diez Mandamientos (Éxodo 20:2–17), parte de Deuteronomio 5:6–21, y también la Shema (Deuteronomio 6:4 y siguientes). Esta es, claramente, una colección de pasajes devocionales y litúrgicos que ha sido fechada en el mismo período que los Rollos del Mar Muerto, entre los años 150 a.C. y 68 d.C.

Los fragmentos de la genizá de El Cairo

Casi a fines del siglo XIX se encontraron muchos fragmentos de los siglos VI a VIII en una vieja sinagoga de El Cairo, Egipto, que había sido la Iglesia de San Marcos hasta 882 d.C. Fueron encontrados en una genizá, un cuarto tipo depósito donde se guardaban los manuscritos que estaban muy gastados, o que contenían errores, hasta que pudieran deshacerse de ellos de forma apropiada. Aparentemente, esta genizá había sido encerrada entre paredes y fue olvidada hasta su reciente descubrimiento. En ese pequeño cuarto se habían preservado unos 200.000 fragmentos, incluyendo textos bíblicos en hebreo y en arameo. El hecho de que los fragmentos bíblicos datan del siglo V d.C. los hace invalorables por haber arrojado luz al desarrollo del trabajo de los masoréticos antes de la estandarización instituida por los grandes masoretas de Tiberíades.

El Pentateuco Samaritano

No hay acuerdo sobre la fecha exacta en que la comunidad samaritana se separó de la mayoría de la comunidad judía. Pero en algún momento durante el período del post-exilio (alrededor de 540–100 a.C.), se marcó una clara división entre los samaritanos y los judíos. En ese momento, los samaritanos, que sólo aceptaban el Pentateuco como canónico, aparentemente canonizaron su propia versión de la Escrituras.

Una copia del Pentateuco Samaritano cautivó la atención de los eruditos en 1616. Al principio causó mucho interés, pero muchos de las evaluaciones de su valor para la crítica textual fueron negativos. Se diferenció del Texto Masorético en unos seis mil lugares, y muchos dijeron que este era el resultado de las diferencias sectarias entre los samaritanos y los judíos. Algunos lo vieron simplemente como una revisión sectaria del Texto Masorético.

Sin embargo, después de estudios más profundos, quedó claro que el Pentateuco Samaritano representaba un texto de origen mucho más antiguo que el Texto Masorético. Y aunque unas cuantas de las diferencias del Pentateuco Samaritano eran claramente el resultado de asuntos sectarios, la mayoría de las diferencias era neutral en ese aspecto. Muchas de ellas tenían más que ver con escribir el texto en un idioma más popular que con alterar su significado. El hecho de que el Pentateuco Samaritano tenía mucho en común con la Septuaginta, algunos de los Rollos del Mar Muerto y el Nuevo Testamento reveló que la mayor parte de las diferencias con el Texto Masorético no se debía a diferencias sectarias. Lo más probable es que hayan sido por usar una base textual diferente, la cual es posible que fuera ampliamente usada en el antiguo Cercano Oriente hasta mucho después del tiempo de Cristo. Esta conclusión, aunque no resolvió ningún problema, hizo mucho para ilustrar la complejidad de la tradición textual del Antiguo Testamento que existía antes de que el estándar masorético fuera completado.

La Septuaginta (LXX)

La Septuaginta es la traducción griega más antigua del Antiguo Testamento, cuyo testimonio es mucho más antiguo que el del Texto Masorético. De acuerdo a la tradición, el Pentateuco de la Septuaginta fue traducido por un equipo de setenta eruditos en Alejandría, Egipto. (De ahí su designación común LXX, el número romano para 70.) La comunidad judía en Egipto hablaba griego y no hebreo, así que esa comunidad de judíos necesitaba una traducción griega del Antiguo Testamento. No se sabe la fecha exacta de la traducción, pero la evidencia indica que el Pentateuco de la Septuaginta estaba completo en el siglo III a.C. El resto del Antiguo Testamento probablemente fue traducido en un período largo, que obviamente representa el trabajo de muchos eruditos diferentes.

El valor de la Septuaginta a la crítica textual varía ampliamente de libro a libro. Se puede decir que la Septuaginta no es una sola versión, sino una colección de versiones hecha por varios autores, quienes diferían grandemente en sus métodos y en su conocimiento del hebreo. Las traducciones de los libros individuales no son uniformes. Muchos libros son traducidos casi literalmente, mientras que otros, como Job y Daniel, son bastante dinámicos. Así que el valor de cada libro para la crítica textual debe ser considerado sobre la base de un libro por vez. Los libros que fueron traducidos literalmente son mucho más fáciles de comparar con el Texto Masorético que los libros más dinámicos.

El contenido de algunos libros es significativamente diferente cuando se compara la Septuaginta con el Texto Masorético. Por ejemplo, al libro de Jeremías de la Septuaginta le faltan porciones importantes que se encuentran en el Texto Masorético, y también el orden del texto es significativamente diferente. Es difícil saber con certeza lo que en realidad significan esas diferencias. Se han hecho conjeturas de que la Septuaginta es simplemente una traducción no muy buena, y que por lo tanto le faltan porciones del hebreo original. Pero esas mismas diferencias podrían también indicar que los cambios editoriales y agregados fueron siendo incorporados al Texto Masorético durante la larga historia de su desarrollo. Es también posible que hubiera una cantidad de tradiciones textuales válidas en ese tiempo, y la Septuaginta siguió una de ellas, y el Texto Masorético siguió otra. Esto ilustra algunas de las dificultades que se presentan cuando se hace la crítica textual del Antiguo Testamento.

La Septuaginta era el texto estándar del Antiguo Testamento que se usaba en la iglesia primitiva. La iglesia gentil en crecimiento necesitaba una traducción al lenguaje común de aquel tiempo, que era el griego. Para el tiempo de Cristo, aun entre los judíos, la mayoría de las personas no hablaba hebreo, sino que hablaba arameo y griego. Los escritores del Nuevo Testamento evidencian su inclinación por la Septuaginta porque la usan cuando hacen citas del Antiguo Testamento.

Otras versiones griegas

Debido al uso y a la amplia aceptación que los cristianos hacían de la Septuaginta, los judíos la rechazaron a favor de varias otras versiones griegas. Aquila, un prosélito y discípulo del rabino Akiva, produjo una nueva traducción alrededor de 130 d.C. Siguiendo la manera de pensar de su maestro, Aquila escribió una traducción extremadamente literal, a tal punto que a veces no se comunicaba bien en griego. Sin embargo, este enfoque literal logró que esa versión tuviera amplia aceptación entre los judíos. Sólo fragmentos de ella han sobrevivido, pero su naturaleza literal revela mucho acerca de su base textual hebrea.

Símaco produjo una nueva versión alrededor de 170 d.C., diseñada no sólo para ser exacta, sino también para comunicarse correctamente en griego. Su versión sólo ha sobrevivido en forma de unos pocos fragmentos de la Hexapla. Teodoción, un judío prosélito de fines del siglo II d.C., produjo una tercera versión. Su versión, aparentemente, fue una revisión de una versión anterior, tal vez la Septuaginta. De ella sólo quedan unos pocos fragmentos en citas hechas por los cristianos de la iglesia primitiva, aunque en su época fue muy usada.

Orígenes, el teólogo cristiano, arregló el Antiguo Testamento con seis versiones paralelas para comparación en su Hexapla. En ella incluyó el texto hebreo, la transliteración del hebreo al griego, la versión de Aquila, la de Símaco, la Septuaginta y la de Teodoción. Desafortunadamente, esta maravillosa compilación sólo ha sobrevivido en la forma de unos pocos fragmentos. Otras traducciones griegas que menciona Orígenes, y que de otra forma no conoceríamos, son la Quinta, la Sexta y la Septima.

Los tárgumes arameos

Los tárgumes arameos eran traducciones arameas del Antiguo Testamento hebreo. Puesto que el idioma que hablaban los judíos después del exilio fue el arameo y no el hebreo, se presentó la necesidad de traducciones arameas de la Biblia hebrea. El hebreo continuó siendo la lengua de los círculos eruditos religiosos, y a menudo los líderes religiosos menospreciaban las traducciones hechas para la gente común. Pero con el tiempo, la lectura de las Escrituras y de comentarios en arameo llegó a ser una práctica aceptada en las sinagogas.

El propósito de estas traducciones era que el mensaje le llegara a la gente y la edificara. Por eso es que las traducciones eran extremadamente interpretativas. Los traductores parafraseaban, agregaban glosas explicativas y a menudo reinterpretaban el texto con osadía de acuerdo a las tendencias teológicas de su tiempo. Buscaban relacionar el texto de la Biblia con la vida contemporánea y las circunstancias políticas. Debido al enfoque dinámico evidente en estas traducciones, su uso en la crítica textual es limitado, pero se agregan a la mezcla confusa de evidencia que debe ser recolectada y comparada para reconstruir el texto del Antiguo Testamento.

La versión siríaca

Otra versión digna de mencionar es la versión siríaca. Esta versión se usaba comúnmente en la iglesia de Siria (arameo oriental), quienes la llamaban la Peshitta, que quiere decir «la simple o sencilla». Es difícil discernir lo que quisieron decir con este nombre. Puede indicar que tuvo la intención de ser para que la leyera el pueblo, o que evitó agregar glosas de explicación u otros agregados, o tal vez que no era un texto con anotaciones, como lo era la Syro-Hexapla anotada que se usaba en la misma comunidad.

No se conoce la historia literaria de la versión siríaca, aunque queda claro que es compleja. Algunos la han identificado como la reconstrucción del tárgum arameo escrito en siríaco, mientras que otros afirman que tiene un origen más independiente. Algunos la relacionan a la conversión de los líderes de Adiabene (al este del río Tigris) a la fe judía durante el siglo I d.C. La necesidad que tenían de un Antiguo Testamento pudo haber llevado al desarrollo de una versión en su idioma corriente—el siríaco. Todavía otros dicen que esta versión tiene orígenes cristianos. Y algunas versiones posteriores a la Peshitta complican el asunto aún más. Se necesitan más estudios para determinar la naturaleza de esta versión antes de que pueda proporcionar más luz en cuanto a la historia del texto hebreo.

Las versiones latinas

El latín era un idioma muy común en las regiones occidentales del Imperio Romano mucho antes del tiempo de Cristo. Fue en las regiones del sur de Gaul (del latín Gallia) y del norte del África que aparecieron las primeras traducciones de la Biblia en latín. Alrededor de 160 d.C., Tertuliano aparentemente usó una versión latina de las Escrituras. No mucho tiempo después de eso, el texto latino antiguo parece haber estado en circulación, evidenciado por el uso que hizo de él Cipriano antes de su muerte en 258 d.C. Esta versión Latina Antigua fue traducida de la Septuaginta. Debido a que fue una versión temprana, es muy valiosa como testimonio del texto de la Septuaginta, antes de que editores posteriores oscurecieran el texto de la versión original. En forma indirecta también provee claves en cuanto a la naturaleza del texto hebreo en el tiempo de la traducción de la Septuaginta. No han sobrevivido manuscritos completos de la versión Latina Antigua. Después de que Jerónimo completara la versión latina llamada la Vulgata, el otro texto cayó en desuso. Sin embargo, existen suficientes fragmentos de manuscritos de esta versión para proporcionar información significativa al texto primitivo del Antiguo Testamento.

Alrededor del siglo III d.C., el latín comenzó a reemplazar al griego como la lengua de erudición en el gran mundo romano. Se necesitaba con urgencia un texto uniforme y confiable para el uso teológico y litúrgico. Para llenar esta necesidad, el papa Dámaso I (366–384 d.C.) comisionó a Jerónimo, un brillante erudito en latín, griego y hebreo, a que llevara a cabo esta traducción. Jerónimo comenzó su trabajo como una traducción de la Septuaginta griega, que muchos autores, incluyendo Agustín, consideraban inspirada. Pero más tarde, arriesgando mucha crítica, se volvió para su traducción al texto hebreo que estaba siendo usado en Palestina en aquel tiempo. Durante los años entre 390 y 405 d.C., Jerónimo escribió su traducción latina del Antiguo Testamento hebreo. Sin embargo, a pesar de que Jerónimo volvió al hebreo original, dependió grandemente de varias versiones griegas como ayuda en su traducción. Como resultado, la Vulgata refleja las otras traducciones griegas y latinas tanto como el texto hebreo fundamental. El valor de la Vulgata para la crítica textual es su testimonio pre-masorético a la Biblia hebrea, aunque este estaba comprometido grandemente por la influencia de las traducciones griegas que ya existían entonces.

Varias otras versiones

Hay otras varias versiones antiguas. La mayoría de ellas dependía principalmente de la Septuaginta, incluyendo las versiones cópticas de Egipto y las versiones etiópicas relacionadas de Etiopía. Estas son valiosas como testimonios tempranos de la Septuaginta. La versión armenia usó la Peshitta siríaca como su texto base y podría prestar información significativa con respecto a su desarrollo. Después del surgimiento del islam y la propagación del idioma árabe a través de mucho del Cercano Oriente, se hicieron traducciones en árabe para una población arábica en crecimiento. La traducción al árabe también tomó como base a la Septuaginta, pero la tardanza con la que se hicieron estas traducciones (alrededor de 900 d.C.) las hace de poco valor para la crítica textual del Antiguo Testamento.

Citas patrísticas

Se puede obtener evidencia textual adicional de las citas de los escritores tempranos conocidos como los padres de la iglesia. El alcance de esas citas, que abarca la mayor parte del Nuevo Testamento, así como algunas partes del Antiguo Testamento, provee evidencia en cuanto a la historia de la transmisión de variadas lecturas y tipos de texto.

La transmisión del Antiguo Testamento

La reconstrucción de la historia de la transmisión del texto es un elemento importante al evaluar las variantes en las lecturas. Se debe combinar el material de una gran variedad de fuentes aun para llegar a una reconstrucción tentativa del texto. A continuación se presenta un breve bosquejo de opiniones eruditas.

La historia antigua del texto del Antiguo Testamento—como se refleja en los Rollos del Mar Muerto, en el Pentateuco Samaritano, la Septuaginta y el texto hebreo antiguo—muestra una fluidez y una diversidad notables. Es evidente que el proceso de estandarización no comenzó en las primeras etapas. Por ejemplo, los materiales de la comunidad de Qumrán, donde se encontraron los Rollos del Mar Muerto, no reflejan ninguna frustración con los diferentes textos dentro de dicha comunicad.

Algunos eruditos han intentado explicar esa diversidad usando las teorías de los textos locales. Sus teorías son que varias localidades en el Cercano Oriente (por ejemplo, Babilonia, Palestina y Egipto) tenían tipos de textos diferentes, como se refleja en varios textos y versiones hebreas que han sobrevivido. Otros eruditos explican esta diversidad reconociendo una fluidez pre-canónica. Sienten que hasta que el proceso de la canonización estuvo completo, la reproducción exacta de los manuscritos no era vista como muy importante. Se debería notar, sin embargo, que el texto básico que los eruditos modernos han identificado como el más cercano al original estaba entre los textos del Mar Muerto (por ejemplo, el rollo grande de Isaías).

La destrucción del templo en 70 d.C. proveyó un ímpetu a la estandarización del texto consonántico. Los textos que se encontraron en Wadi Murabba’at, que fueron copiados durante los primeros siglos d.C., reflejan la nueva etapa. Los eruditos que informaron primero sobre el descubrimiento estuvieron desilusionados al encontrar muy pocas diferencias entre estos textos y el Texto Masorético estándar. Para los eruditos, los primeros textos de los descubrimientos de los Rollos del Mar Muerto habían llegado a ser el texto consonántico modelo, excluyendo las otras variantes. Los eruditos ahora han llegado a identificar los textos apenas posteriores de Wadi Murabba’at como un modelo «proto-masorético». Esto parece indicar que el texto consonántico hebreo estaba llegando a ser la norma en Palestina para los primeros siglos d.C.

La estandarización, según la practicaban los masoretas, significaba identificar un texto como normativo y copiar cuidadosamente de ese texto. También era corregir los textos que existían comparándolos con el texto normativo. El texto hebreo, por supuesto, estaba escrito usando sólo consonantes, no con consonantes y vocales como usamos en nuestro idioma actual.

El siguiente paso en la transmisión del texto del Antiguo Testamento fue la estandarización de la puntuación y los patrones de las vocales. Este proceso, que comenzó bastante temprano en el período del Nuevo Testamento, abarcó un período de mil años. Una larga serie de masoretas proveyó anotaciones conocidas como Mesorá, palabra que en hebreo significa «tradición». En su trabajo se hacen evidentes dos motivaciones. Una fue su preocupación por hacer una reproducción exacta del texto consonántico. Para ese propósito, una colección de anotaciones (sobre formas irregulares, patrones anormales, el número de veces que se usaba una palabra y otros asuntos) se recopiló e insertó en los márgenes o al final del texto.

Una segunda preocupación de los masoretas fue registrar y estandarizar la vocalización del texto consonántico para los propósitos de su lectura. Hasta ese entonces, a los escribas se les había prohibido insertar vocales para hacer clara la vocalización. Debido a esto, una lectura apropiada del texto dependía de la tradición oral pasada de generación a generación. Los orígenes de la vocalización reflejan diferencias entre los babilonios y los palestinos. Los masoretas tiberianos (eruditos que trabajaban en Tiberíades, Palestina) proveyeron el sistema más completo y exacto de vocalización. Su primer manuscrito de esa tradición es un códice de los Profetas, de la sinagoga Caraíta del Cairo, con la fecha 896 d.C. En la actualidad, el texto hebreo estándar del Antiguo Testamento, la Biblia Hebraica Stuttgartensia, una versión actualizada de la Biblia Hebraica de Kittel, ha sido formado sobre la base de la tradición masorética tiberiana. La estandarización de ambos, el texto consonántico y la vocalización, tuvo tanto éxito que los manuscritos que todavía existen despliegan un acuerdo notable. La mayoría de las variantes, que son pequeñas y que se atribuyen a errores de los escribas, no afecta la interpretación.

La metodología de la crítica textual del Antiguo Testamento

La búsqueda de una metodología adecuada para manejar las muchas lecturas variantes que se encuentran en los manuscritos está entretejida inseparablemente con nuestro entendimiento sobre la historia de la transmisión. El asunto básico de la crítica textual es el método que se usa para decidir el valor relativo de esas variantes en los materiales. Se deben evaluar muchos factores para llegar a una decisión válida.

Cómo se fechan los manuscritos

La fecha de un manuscrito es importante porque coloca el texto dentro de un marco histórico, lo cual es un factor que puede decidir a menudo la supremacía de una variante sobre otra. El proceso de fechar los Rollos del Mar Muerto, que se encontraron en Wadi Qumrán, sirve como un buen caso de estudio para los distintos métodos que los eruditos emplean actualmente.

No todos aceptaron las primeras conclusiones acerca de la antigüedad de los primeros Rollos del Mar Muerto. Algunos eruditos estaban convencidos de que los rollos eran de origen medieval. Una serie de preguntas se relacionan al problema de fechar. ¿Cuándo fueron escritos los textos de Qumrán? ¿Cuándo fueron puestos en las cuevas? La mayoría de los eruditos cree que fueron miembros de la comunidad de Qumrán los que los colocaron en las cuevas cuando las legiones romanas estaban atacando las fortalezas judías. Eso fue un poco antes de la destrucción de Jerusalén en 70 d.C.

Un estudio cuidadoso del contenido de un documento a veces revela su paternidad literaria y la fecha en que fue escrito. Un ejemplo del uso de tal evidencia interna para fechar un trabajo no bíblico se encuentra en el comentario de Habacuc. Esta obra provee pistas acerca de la gente y de los eventos en los días del autor del comentario y no en los días del profeta Habacuc. El comentarista describe a los enemigos del pueblo de Dios usando el término Kittim. Originalmente esa palabra designaba a Chipre, pero más tarde se usó en forma más general para designar a las islas griegas y a las costas del este del Mediterráneo. En Daniel 11:30, el término se usa en forma profética, y la mayoría de los eruditos parece identificar Kittim con los romanos. Así que es probable que el comentario de Habacuc haya sido escrito alrededor del tiempo cuando los romanos tomaron Palestina bajo el reinado de Pompeyo en 63 a.C.

Otro asunto importante para considerar cuando se fecha un manuscrito es la fecha de la copia. Aunque la gran mayoría de los manuscritos no está fechada, a menudo es posible determinar cuándo se escribió un manuscrito por la paleografía, es decir, el estudio de la escritura antigua a mano. Ese fue el método que al principio empleó Trever cuando comparó la letra del manuscrito de Isaías con el Papiro Nash, así fechándolos en la era antes de Cristo. Sus conclusiones fueron confirmadas por el ya fallecido William F. Albright, que en aquel entonces era el principal arqueólogo norteamericano. Durante el tiempo de la cautividad babilónica, las letras cuadradas eran el estilo normal de la escritura en hebreo (al igual que en arameo, un primo del hebreo). La evidencia de la paleografía fecha con claridad a la mayoría de los rollos de Qumrán en el período comprendido entre los años 200 a.C. y 200 d.C.

La arqueología provee otra clase de evidencia externa. Las vasijas descubiertas en Qumrán datan del período helenístico tardío y del período romano temprano (200 a.C.–100 d.C.). Los objetos de alfarería y ornamentos señalan al mismo período. Se encontraron varios cientos de monedas en vasijas que datan del período grecorromano. Una fisura en uno de los edificios se atribuye a un terremoto que, de acuerdo a Josefo (un historiador judío que escribió durante el siglo I d.C.), ocurrió en 31 a.C. Las excavaciones en Kirbet Qumrán indican que el período general de su ocupación fue desde 135 a.C. a 68 d.C., el año en que Roma aplastó la revuelta zelote.

Finalmente, el análisis que usa el método del radiocarbono ha contribuido a ponerle fecha a los descubrimientos. Este tipo de análisis es un método en que se fecha un material por la cantidad de carbono radioactivo que todavía permanece en él. El proceso también se conoce como el método del carbono 14. Cuando se le aplicó a la tela de lino en la que estaban envueltos los rollos, el análisis dio una fecha de 33 d.C., con una diferencia posible de 200 años más o menos. Un análisis más reciente colocó la fecha entre los años 250 a.C. y 50 d.C. Aunque puede haber preguntas en cuanto a la relación entre los envoltorios de lino y la fecha de los rollos mismos, el método del carbono 14 está de acuerdo con las conclusiones de tanto la paleografía como la arqueología. Entonces, el período general para fechar los Rollos del Mar Muerto puede ser indicado con seguridad entre los años 150 a.C. y 68 a.C.

La lectura de los manuscritos

La ciencia moderna ha provisto una cantidad de ayudas para descifrar un manuscrito. Los procesos científicos de adjudicar fechas determinan la edad de un material escrito. Las técnicas químicas ayudan a aclarar escritura que se ha deteriorado. La luz ultravioleta ayuda a un erudito a ver vestigios de tinta (carbón) en un manuscrito aún después que la escritura en su superficie ha sido borrada.

Cada manuscrito debe ser entendido como un todo, porque cada uno tiene una «personalidad». Es importante identificar los errores característicos, el cuidado o descuido característico, y otras peculiaridades del escriba o de los escribas que copiaron el material. Entonces se debe comparar el manuscrito con otros manuscritos para identificar la tradición «familiar» con la cual coincide. Cuando se repiten errores comunes o hay insertos en un texto, existe una pista en cuanto a las relaciones. Se deben establecer todos los detalles posibles en cuanto a la fecha, el lugar de origen y la paternidad literaria.

Los errores de los escribas caen en diferentes categorías. La primera categoría principal es la de los errores involuntarios. (1) La confusión de consonantes similares y la transposición de dos consonantes son errores frecuentes. (2) Algunas corrupciones también fueron el resultado de separar las sílabas de una palabra incorrectamente (muchos de los primeros manuscritos omitieron los espacios entre las palabras para ahorrar espacio). (3) La confusión de sonidos ocurría principalmente cuando un escriba leía a un grupo de escribas que estaban haciendo copias múltiples. (4) En el Antiguo Testamento, el método de vocalización (agregarle vocales al texto de consonantes) creó algunos errores. (5) La omisión de una letra, palabra o frase creó nuevas interpretaciones. (6) También era común la repetición de una letra, palabra o aun una frase completa. La omisión (llamada haplología) o la repetición (llamada ditografía) podían ser causadas cuando la vista de un escriba pasaba de una palabra a otra similar o a la terminación de una palabra. Las omisiones por homoioteleuton (en griego significa «terminaciones similares») también eran bastantes comunes. Esto ocurría cuando dos palabras que eran idénticas, similares o tenían terminaciones idénticas se encontraban próximas, y la vista del copista pasaba de la primera a la segunda, omitiendo las palabras que había entremedio. (7) En el Antiguo Testamento, en algunos textos antiguos, a veces ocurrieron errores por usar consonantes en vez de letras vocales. Los copistas que no sabían este uso de letras vocales podían copiarlas en forma de consonantes aberrantes. Por lo general, los errores involuntarios son bastante fáciles de identificar porque crean una lectura que no tiene sentido.

Los errores intencionales son mucho más difíciles de identificar y de evaluar. Las armonizaciones de materiales similares ocurrían con regularidad. Los materiales difíciles estaban sujetos a mejoras a manos de un escriba pensador. Las expresiones que podían presentar objeción a veces eran eliminadas o suavizadas. En ocasiones se empleaban sinónimos. A menudo aparece la fusión (el resolver una discrepancia entre dos temas variantes incluyéndolos a los dos).

El estar conscientes de estos problemas comunes es el primer paso para descubrir y eliminar los errores más obvios, e identificar y eliminar las peculiaridades de un escriba en particular. A continuación se deben emplear criterios más sutiles para identificar el material que es más probable que sea original. Los procedimientos para aplicar tales criterios son similares tanto para el trabajo en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento.

Principios metodológicos generales

Por medio del trabajo de los críticos textuales en los últimos siglos se han deducido ciertos principios generales. Estos pueden ser resumidos brevemente para el Antiguo Testamento.

1. El texto básico para la consideración principal es el Texto Masorético, debido a la cuidadosa estandarización que representa. Ese texto se compara con el testimonio de las versiones antiguas. La Septuaginta, debido a su fecha, y a su fidelidad básica al texto hebreo, tiene mucho peso en todas las decisiones. Los tárgumes (las traducciones arameas) también reflejan la base hebrea, pero exhiben una tendencia a la expansión y a la paráfrasis. Las versiones siríaca (Peshitta), Vulgata (latín), Latina Antigua y cóptica agregan evidencia indirecta, aunque las traducciones no siempre son testimonios claros en los detalles técnicos. El uso de tales versiones permite a los eruditos usar la filología comparativa en las decisiones textuales, y de esa forma exponer errores tempranos por los cuales es posible que el material original no haya perdurado.

2. Es preferible la lectura que explica mejor el origen de otras variantes. A menudo, la información de la reconstrucción de la historia de la transmisión provee claves adicionales. El conocimiento de errores típicos de los escribas permite al crítico tomar una buena decisión sobre la secuencia de las variantes.

3. La versión más corta es la preferible. Con frecuencia los escribas agregaban material para resolver problemas de estilo o de sintaxis, y muy pocas veces acortaban o condensaban el material.

4. Es muy posible que el material más difícil de leer sea el original. Este principio se relaciona estrechamente con el tercero. Los escribas no tenían la intención de crear materiales más complejos. Por lo tanto, se sospecha que el material más fácil de leer sea la alteración de un escriba.

5. Se prefieren los materiales que no están armonizados o asimilados en pasajes similares. Los copistas tenían la intención de corregir los materiales basándose en material similar en otros lugares (algunas veces aun inconscientemente).

6. Cuando todo lo demás falla, el crítico textual debe recurrir a la enmienda conjetural. Para hacer una suposición bien fundada se requiere estar muy empapado del lenguaje hebreo, familiaridad con el estilo del autor y entender la cultura, las costumbres y la teología que puede darle color al pasaje. El uso de la conjetura debe estar limitado a esos pasajes en los cuales el material original definitivamente no nos ha sido transmitido.

Conclusión

Debe recordarse que la crítica textual sólo opera cuando son posibles dos o más interpretaciones para una palabra o frase específica. Para la mayor parte del texto bíblico se ha transmitido una sola interpretación. Cuando eliminamos los errores de los escribas y los cambios intencionales, nos queda sólo un pequeño porcentaje de texto sobre el cual pueden surgir preguntas. El erudito textual Sir Frederic Kenyon, en un escrito de 1940, concluyó:

El intervalo entre las fechas de la composición original y la evidencia exacta más temprana llega a ser tan pequeño que de hecho es insignificante, y la última base para cualquier duda de que las Escrituras nos hayan llegado en su contenido tal como fueron escritas ha sido removida. Tanto la autenticidad como la integridad general de los libros del Nuevo Testamento pueden ser consideradas como finalmente establecidas.

Se expresa una confianza similar en el texto del Antiguo Testamento.

El campo de la crítica textual es complejo y requiere la reunión y el uso hábil de una amplia variedad de información. Debido a que trata con la fuente autoritativa de la revelación para todos los cristianos, la discusión textual a menudo ha sido acompañada por las emociones.

Sin embargo, a pesar de la controversia se ha realizado gran progreso, particularmente en los últimos cien años. El refinamiento de la metodología ha ayudado grandemente a que entendamos mejor los materiales acumulados. La ayuda adicional nos ha llegado de la gran cantidad de información de las áreas de estudio relacionadas, tales como la historia de la iglesia, la teología bíblica y la historia del pensamiento cristiano.

La recolección y organización de las lecturas variantes han permitido a los críticos textuales modernos proporcionar una fuerte seguridad de que la Palabra de Dios ha sido transmitida en una forma exacta y confiable. Aunque interpretaciones discrepantes se han hecho evidentes con la publicación de tantos manuscritos, las interpretaciones inadecuadas, inferiores y secundarias, en gran parte, han sido eliminadas. En muy pocos lugares es necesaria la enmienda conjetural. En asuntos relacionados con la salvación cristiana, la transmisión clara e inequívoca provee respuestas autoritativas. Es así que los cristianos tienen una deuda con los críticos textuales, los que han trabajado, y están trabajando, para proveer un texto bíblico confiable.

Bibliografía*

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* Algunos materiales de este ensayo fueron adaptados de artículos no publicados escritos para Tyndale House Publishers por Morris A. Weigelt (Crítica textual del Antiguo Testamento), y Paul S. Haik (Los rollos del Mar Muerto).

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (pp. 157–188). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

Los descendientes de los hijos de Noé

Génesis 10-11

Los descendientes de los hijos de Noé

(1 Cr. 1.5-23)

a110:1  Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio.

Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras.

Los hijos de Gomer: Askenaz, Rifat y Togarma.

Los hijos de Javán: Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim.

De éstos se poblaron las costas, cada cual según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones.

Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán.

Y los hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba y Dedán.

Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra.

Este fue vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová.

10 Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar.

11 De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive, Rehobot, Cala,

12 y Resén entre Nínive y Cala, la cual es ciudad grande.

13 Mizraim engendró a Ludim, a Anamim, a Lehabim, a Naftuhim,

14 a Patrusim, a Casluhim, de donde salieron los filisteos, y a Caftorim.

15 Y Canaán engendró a Sidón su primogénito, a Het,

16 al jebuseo, al amorreo, al gergeseo,

17 al heveo, al araceo, al sineo,

18 al arvadeo, al zemareo y al hamateo; y después se dispersaron las familias de los cananeos.

19 Y fue el territorio de los cananeos desde Sidón, en dirección a Gerar, hasta Gaza; y en dirección de Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboim, hasta Lasa.

20 Estos son los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones.

21 También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet.

22 Los hijos de Sem fueron Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram.

23 Y los hijos de Aram: Uz, Hul, Geter y Mas.

24 Arfaxad engendró a Sala, y Sala engendró a Heber.

25 Y a Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno fue Peleg,[a] porque en sus días fue repartida la tierra; y el nombre de su hermano, Joctán.

26 Y Joctán engendró a Almodad, Selef, Hazar-mavet, Jera,

27 Adoram, Uzal, Dicla,

28 Obal, Abimael, Seba,

29 Ofir, Havila y Jobab; todos estos fueron hijos de Joctán.

30 Y la tierra en que habitaron fue desde Mesa en dirección de Sefar, hasta la región montañosa del oriente.

31 Estos fueron los hijos de Sem por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones.

32 Estas son las familias de los hijos de Noé por sus descendencias, en sus naciones; y de éstos se esparcieron las naciones en la tierra después del diluvio.

La torre de Babel

11:1  Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.

Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.

Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla.

Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.

Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.

Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.

Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.

Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió[b] Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

Los descendientes de Sem

(1 Cr. 1.24-27)

10 Estas son las generaciones de Sem: Sem, de edad de cien años, engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio.

11 Y vivió Sem, después que engendró a Arfaxad, quinientos años, y engendró hijos e hijas.

12 Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sala.

13 Y vivió Arfaxad, después que engendró a Sala, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.

14 Sala vivió treinta años, y engendró a Heber.

15 Y vivió Sala, después que engendró a Heber, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.

16 Heber vivió treinta y cuatro años, y engendró a Peleg.

17 Y vivió Heber, después que engendró a Peleg, cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.

18 Peleg vivió treinta años, y engendró a Reu.

19 Y vivió Peleg, después que engendró a Reu, doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas.

20 Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Serug.

21 Y vivió Reu, después que engendró a Serug, doscientos siete años, y engendró hijos e hijas.

22 Serug vivió treinta años, y engendró a Nacor.

23 Y vivió Serug, después que engendró a Nacor, doscientos años, y engendró hijos e hijas.

24 Nacor vivió veintinueve años, y engendró a Taré.

25 Y vivió Nacor, después que engendró a Taré, ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas.

26 Taré vivió setenta años, y engendró a Abram, a Nacor y a Harán.

Los descendientes de Taré

27 Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot.

28 Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los caldeos.

29 Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres; el nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca.

30 Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo.

31 Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí.

32 Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán.

Footnotes:

  1. Génesis 10:25 Esto es, División.
  2. Génesis 11:9 Compárese la palabra hebrea balal, confundir.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

¡Qué camino para tomar!

Enero 4

¡Qué camino para tomar!

Lectura bíblica: Juan 14:1–4

Voy, pues, a preparar lugar para vosotros… vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo esté, vosotros también estéis. Juan 14:2, 3

a1Es probable que no vivas en una ciudad con un nombre realmente raro.
O puede ser que vivas en Venado Tuerto.
O Alamogordo.
O Pénjamo

Sí, esos son nombres de ciudades reales, en Argentina, Estados Unidos y México.

Es posible que no te hayas puesto a pensar cuánto tiempo vivirás en tu pueblo natal. Pero donde quiera que vivas, si eres cristiano, tu pueblo natal lo será sólo por poco tiempo. No es temporario porque no ves la hora de salir de Aburrido (el nombre que tú le das a tu ciudad). O porque piensas que huele mal, como Tiburón (una población en México). Donde sea que estés, estarás allí sólo por poco tiempo. Eso es porque Cristo ha ido al cielo para preparar un hogar permanente donde vivirás con él para siempre.
Vivas donde vivas, estás allí de paso. Aun si vives en un solo lugar toda tu vida, eso es como un abrir y cerrar de ojos en comparación con la eternidad que pasarás con Jesús en el cielo.

¿Alguna vez te has preguntado cómo llegarás a tu hogar permanente? Después de todo, no tienes precisamente un atlas o un mapa de carreteras o un sitio de Internet que te muestre el camino. Una vez más interviene Cristo para mostrarte cómo llegar a donde vas.

• Jesús es el camino a Dios, nuestro Padre celestial.
• Jesús es el camino para saber cómo es el Padre.
• Jesús es el camino para glorificar al Padre cuando oras en su nombre.

Pero, además de todo eso, Jesús también es el camino a nuestro hogar celestial. Cuando sea la hora debida para nosotros —ya sea cuando Jesús vuelva a la Tierra o en el instante de nuestra muerte, sea cual sea lo que suceda primero— Jesús nos promete llevarnos a donde está él.
Necesitamos más que un mapa para encontrar nuestro camino a Dios. Necesitamos más que alguien que pueda indicarnos el camino. Necesitamos a alguien que se encuentre con nosotros donde estamos. Jesús, el Hijo de Dios, dejó su hogar celestial y vino a nuestro mundo para mostrarnos el camino a nuestro hogar eterno. Y vino a buscarnos porque nos ama.

PARA DIALOGAR
Jesús vino a la Tierra para mostrarte el camino al cielo. Según tu opinión, ¿cómo demuestran sus acciones su amor por ti?

PARA ORAR
Jesús, gracias por venir a la Tierra para mostrarnos el camino a nuestro hogar eterno. Queremos seguirte, durante toda la vida, al cielo.

PARA HACER
Cuéntale a un amigo que tienes la prueba del amor de Dios por ti: la promesa de Jesús de que te llevará a tu hogar celestial.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

La Biblia como literatura

La Biblia como literatura

Autor: Leland Ryken

a1El cristianismo es la religión más literaria del mundo. Esto no debería sorprendernos, porque el libro sagrado del cristianismo es verdaderamente una obra literaria.

Esta es una verdad que el mundo de la erudición bíblica ha redescubierto en la última cuarta parte del siglo XX, mientras que ocurría una revolución silenciosa en cuanto a los enfoques de la Biblia. Las preocupaciones convencionales en cuanto al trasfondo histórico, el contenido teológico y el proceso de composición, han dado lugar a un enfoque en el texto bíblico mismo, una preocupación con las formas y estilo de los escritos bíblicos y una preocupación por ver la unidad y la integridad de sus textos.

Un enfoque verdaderamente literario de la Biblia puede tomar dos direcciones. Una de ellas es relacionar a la Biblia con el entorno literario en el cual fue producida. Este es el campo de acción de los eruditos bíblicos y de los expertos en literatura comparativa del mundo antiguo, y es el tema de un ensayo que acompaña a este en el volumen presente. Los eruditos en este campo tienden a preocuparse por identificar las fuentes de lo que encontramos en la Biblia.

Lo que se conoce como el enfoque literario de la Biblia más comúnmente involucra colocar a la Biblia en el contexto literario familiar que las personas adoptan durante el curso de sus estudios literarios en la escuela secundaria y en la universidad. Esto quiere decir que se le aplican a la Biblia las herramientas familiares de análisis literario que usan los críticos literarios y los profesores de literatura, e involucra comparar la Biblia con textos literarios familiares desde Homero hasta los dramas modernos y las películas modernas.

Tal enfoque literario es el tema del presente ensayo. No está muy interesado en buscar fuentes de literatura bíblica. Su intención es simplemente mostrar lo que está en la Biblia, no especular cómo llegó allí. No es de sorprender que la crítica literaria de este tipo vea una gran cantidad de correspondencia entre la Biblia y otra literatura, por la simple razón de que la Biblia ha sido la influencia más grande en la literatura occidental.

Una breve historia de «la Biblia como literatura»

La corriente moderna del movimiento que ve a la Biblia como literatura puede transmitir el concepto errado de que los críticos literarios han descubierto algo nuevo. Pero una mirada a la historia del tema muestra que considerar a la Biblia como literatura es tan antiguo como la Biblia misma.

La conciencia literaria de los escritores bíblicos

La información bíblica consiste de ambas, la evidencia explícita y la implícita. Dentro del canon un escritor se expresa con claridad y declara su filosofía sobre escribir, y resulta que es un punto de vista totalmente literario de composición. El pasaje ocurre cerca del final del Antiguo Testamento en el libro de Eclesiastés:

Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. (Eclesiastés 12:9–10)

Hay varias cosas importantes aquí. Una es el cuadro del escritor como un compositor consciente, eligiendo con cuidado de varias opciones disponibles, a medida que selecciona y arregla su material. Un segundo tema tiene que ver con la habilidad artística y la belleza de expresión, como se sugiere en la frase «palabras agradables» o «palabras de deleite». Un tercer aspecto literario de la teoría de este escritor sobre la forma de escribir es su conciencia de que está escribiendo en un género literario definido («tipo» o «clase»), en este caso, usando proverbios.

Una segunda evidencia explícita de que los escritores de la Biblia eran artesanos literarios conscientes es la forma en que aplicaban las clasificaciones técnicas de género a obras de la Biblia. Hablaban de tales clasificaciones como crónicas, dichos o proverbios, cánticos, himnos, quejas, parábolas, evangelios, apocalipsis, epístolas y profecía. Lo que muestra esto es un conocimiento relativamente sofisticado de estilos literarios.

La evidencia implícita de conciencia literaria entre los escritores bíblicos es aún más irresistible. Por un lado, los escritos bíblicos muestran cualidades literarias. Los narradores bíblicos sabían que las historias están estructuradas sobre el principio de comienzo-medio-fin. Sus historias exhiben las mismas técnicas de ironía dramática, presagios y clímax que encontramos en todos lados en las historias del mundo.

Los poetas bíblicos sabían que los salmos de alabanza tienen tres partes principales (la introducción, el desarrollo y la resolución), y que los salmos de lamento tienen cinco ingredientes (invocación, quejas o definición de la crisis, plegaria, declaración de confianza en Dios y promesa de alabar a Dios). Eran expertos en descubrir metáforas y símiles, y en emplear herramientas figurativas tales como la prosopopeya, el apóstrofe y la hipérbole.

La sofisticación literaria de los escritores bíblicos es evidente simplemente en la excelencia con la que explotaron los recursos del arte literario, pero el caso se solidifica si colocamos sus escritos en el contexto de la antigüedad. Cuando lo hacemos, encontramos que los escritores bíblicos escribieron estando conscientes de la literatura que estaba siendo producida en las naciones que los rodeaban. Los Diez Mandamientos y el libro de Deuteronomio, por ejemplo, llevan las marcas de los tratados de protectorado de los antiguos reyes hititas. El Salmo 29 es una parodia de poemas cananeos escritos acerca de las hazañas de Baal. El Cantar de los Cantares de Salomón contiene poemas que se parecen a la poesía egipcia sobre el amor. Y el libro de Hechos contiene elementos que son similares a las narraciones de viajes y a los juicios de defensa de la literatura griega.

El debate en la iglesia primitiva

El asunto de si la Biblia es una obra literaria llegó a ser un punto de debate entre los padres de la iglesia. Estos hombres, versados en retórica clásica así como en la Biblia, lucharon para saber cómo relacionar a la Biblia con las reglas y la práctica de los escritos clásicos. Su tendencia general fue la de contrastar la Biblia con la literatura clásica y celebrar la superioridad del cristianismo sobre el paganismo, argumentando que la simplicidad de la Biblia triunfaba sobre el aspecto florido del arte clásico.

Pero algunas personas se opusieron al asunto de negar la naturaleza literaria de la Biblia. Algunos de ellos, por ejemplo, afirmaron que ciertos pasajes poéticos del Antiguo Testamento fueron escritos usando métricas clásicas identificables. Jerónimo defendió su propio hábito de aludir a los autores clásicos observando que Pablo había hecho lo mismo en el Nuevo Testamento.

Pero la figura medieval más importante es Agustín (vea especialmente On Christian Doctrine [Sobre la doctrina cristiana], IV, 6–7). El enfoque de Agustín es por cierto limitado (un análisis de retórica o estilo), pero él estableció cuatro principios decisivos que todavía son válidos en los enfoques literarios de la Biblia. En primer lugar, afirmó que los escritores de la Biblia siguieron las reglas comunes de la retórica clásica. Explicó pasajes de Amós y de las Epístolas para probar que la Biblia puede ser comparada con la literatura familiar. En segundo lugar, Agustín admiró la elocuencia y la belleza de la Biblia por tener valor inherente. En tercer lugar, presagió una piedra angular de la teoría literaria moderna cuando afirmó que el estilo de la Biblia es inseparable del mensaje que expresa. Finalmente, aun con todo su entusiasmo sobre la elocuencia literaria de la Biblia, Agustín mostró cierta inquietud acerca de ver a la Biblia como totalmente similar a otra literatura, afirmando, por ejemplo, que la elocuencia de la Biblia no había sido «redactada por el arte y cuidado del hombre» sino en cambio que fluía «de la mente divina».

Síntesis del Renacimiento y la Reforma

Los siglos XVI y XVII representaron un gran florecimiento sobre la comprensión literaria de la Biblia. Mientras que Agustín había expresado una opinión minoritaria, considerar la Biblia como una obra literaria llegó a ser la opinión de la mayoría durante el Renacimiento. Puesto que el enfoque de Agustín fue un enfoque retórico limitado, el Renacimiento y la Reforma apoyaron una investigación literaria de muchas facetas sobre el contenido y el estilo de la Biblia. Una nueva síntesis emerge cuando observamos que el intento de ver a la Biblia como literatura fue realizado tanto por los exégetas (Lutero, Calvino y los puritanos) como por los escritores de literatura imaginativa.

Entre las figuras literarias, mucho del impulso de ver a la Biblia como una obra literaria vino del intento de proveer una defensa cristiana de la literatura imaginativa. El libro de Sir Philip Sidney titulado Apology for Poetry [Defensa de la poesía] es un ejemplo típico. Para defender la literatura, Sidney apeló a lo concreto o al «dilucidar» de la experiencia humana en la Biblia, tanto como al enfatizar la importancia de los estilos literarios y el lenguaje figurativo de la Biblia.

El libro de Barbara Lewalski titulado Protestant Poetics and the Seventeenth Century Religious Lyric [Los poetas protestantes y la lírica religiosa del siglo XVII] documenta el alcance hasta el que los exégetas de la Reforma y los poetas del Renacimiento estuvieron de acuerdo en un conjunto de postulados acerca de la naturaleza literaria de la Biblia. Los principios más importantes eran que la Biblia consta de estilos literarios, que la composición de la Biblia es con frecuencia figurativa y poética y que la Biblia se apoya mucho en un sistema de simbolismos. El punto que vale la pena destacar es que la interpretación literaria de la Biblia fue mano a mano con la creencia religiosa de que la Biblia es un libro sagrado.

La secularización romántica de la Biblia

Tal síntesis se perdió durante la siguiente gran época de interés literario en la Biblia—el movimiento romántico de la primera parte del siglo XIX. Yo he llamado «secular» al enfoque romántico de la Biblia porque representa un interés literario desprovisto de la fe religiosa que, por siglos, los cristianos le habían atribuido a la Biblia. De muchas formas, la veneración romántica de la Biblia como literatura fue un movimiento de poetas.

Los románticos valoraban dos aspectos literarios de la Biblia. Les encantaba la simplicidad primitiva del mundo bíblico y la apasionada sublimidad de mucha de su poesía. C. S. Lewis habla del gusto de esa era «por lo primitivo y lo apasionado», agregando lo siguiente:

La simplicidad primitiva de un mundo en el cual los reyes podían ser pastores, la manera abrupta y misteriosa de los profetas, las violentas pasiones de los guerreros de la época del bronce, el trasfondo de las tiendas de campaña y de los rebaños y de los desiertos y montañas, el carácter acogedor y simple de las parábolas y metáforas de nuestro Señor, ahora primero … llegaron a ser un valor literario positivo. (The Literary Impact of the Authorized Version [El impacto literario de la Versión Autorizada], 27)

A medida que la sociedad occidental llegó a ser cada vez más secular, los poetas lucharon para poner de nuevo la realidad espiritual en la vida. Con hambre por la mitología, llegaron a considerar que la Biblia contenía (en las propias palabras del poeta inglés William Blake) «el gran código del arte». Los poetas románticos estaban interesados en la Biblia como una fuente y un modelo literarios, pero no como una fuente de creencias religiosas. La verdad que los partidarios del romanticismo vieron en la Biblia era la verdad que encontraron en otras obras de literatura imaginativa—veracidad en cuanto a la experiencia humana, especialmente los sentimientos humanos. La valoración secular de la Biblia como literatura ha persistido hasta el siglo XX, un fenómeno que ha producido su propia reacción en los círculos cristianos que valoran la Biblia principalmente por su contenido religioso.

El triunfo de la crítica literaria de la Biblia

El interés actual en los enfoques literarios de la Biblia es principalmente el resultado de los esfuerzos de los críticos literarios. Durante la primera mitad del siglo XX el movimiento tuvo poco reconocimiento. Algunos profesores de literatura enseñaron en las universidades cursos exitosos sobre la Biblia inglesa, y ocasionalmente publicaron libros sobre la apreciación literaria de la Biblia y antologías que tenían el propósito de ser usadas en los cursos de literatura.

Para 1960, el movimiento había adquirido cierta fama. Northrop Frye, el crítico más influyente de ese siglo, afirmó que «la Biblia ocupa el estrato más bajo en la enseñanza de literatura. Debería ser enseñada muy temprano y a mucha profundidad para que se vaya al fondo de la mente, donde todo lo que viene después se pueda apoyar» (The Educated Imagination [La imaginación culta], 110). Para 1990, la Biblia había llegado a ser el último grito de la moda en los círculos literarios seculares.

La erudición bíblica comparte el interés actual en los enfoques literarios. Ha ocurrido un cambio de paradigma en el que las preocupaciones teológicas e históricas de los eruditos bíblicos tradicionales han dado lugar a métodos literarios de análisis. Los intentos de encontrar las raíces de este cambio típico en las instituciones más antiguas de erudición bíblica son engañosos. El interés literario actual en la Biblia entre los eruditos bíblicos se hizo posible solamente cuando los eruditos repudiaron los métodos y las preocupaciones que habían dominado su campo de estudio por más de un siglo, y lo hicieron en deferencia a los métodos de los críticos literarios en las humanidades.

Resumen

La disposición de enfocar la Biblia con expectativas literarias y analizarla con las herramientas de la crítica literaria es más que la última moda. Está arraigada a la naturaleza de la Biblia misma. Más allá de eso, a través de los siglos, la mejor interpretación de la Biblia ha aceptado la premisa de que la Biblia, en formas significativas, es una obra de literatura cuyo significado y disfrute dependen parcialmente de la habilidad de enfocarla con métodos literarios.

Premisas de un enfoque literario a la Biblia

Toda exploración de lo que significa enfocar la Biblia como literatura se basa en presunciones. El no reconocer esas presunciones a menudo ha complicado las cosas.

Obstáculos para aceptar un enfoque literario

Un enfoque literario de la Biblia siempre ha enfrentado un desafío de parte de gente que tiene escrúpulos religiosos acerca de ver la Biblia como literatura. Cuando se analizan, estos escrúpulos no tienen fundamento.

Una objeción se centra en que se iguala a la literatura con la ficción. Aunque los críticos literarios con inclinaciones seculares o liberales dejan claro que consideran mucho de la Biblia como ficción, estas afirmaciones no son necesariamente parte de un enfoque literario. No deberíamos pasar por alto que los historiadores y los eruditos bíblicos con tendencias seculares y liberales han estado haciendo esta afirmación por décadas. El asunto de si la Biblia está históricamente basada en los hechos y es exacta pertenece no a la crítica literaria (la cual no tiene nada nuevo que agregar a la discusión), sino al debate sobre la historicidad que por mucho tiempo ha existido entre los eruditos bíblicos.

El temor de que un enfoque literario a la Biblia requiera que se acepte que la narrativa bíblica es ficción se basa en un concepto erróneo sobre la literatura. El carácter ficticio, aunque es común en la literatura, no es un aspecto esencial de ella. Las propiedades que hacen que un texto sea literario no son afectadas por la historicidad o el carácter ficticio del material. Un enfoque literario depende del material que selecciona un escritor y de cómo lo moldea, sin tener en cuenta si los detalles sucedieron en realidad o son inventados.

Tampoco la presencia de artificios y costumbres en un texto bíblico implica que es ficción. Para hacer una analogía, el estilo de la televisión en vivo de los deportes está lleno de costumbres y artificios que no le restan méritos a su realidad. El reportero está siendo filmado con un campo de deportes en el trasfondo. Durante el curso del reportaje, el reportero entrevista a un atleta o es momentáneamente reemplazado por una película corta que muestra acciones de dicho deporte. El artificio de tales usos es obvio. Y sin embargo, no socava el hecho de que el reportaje es real.

Además, otro obstáculo a un enfoque literario de la Biblia es el temor de que tal enfoque signifique solamente un enfoque literario, sin la creencia religiosa especial y la autoridad que los cristianos asocian con la Biblia. Debido a que la Biblia es un libro especial, algunas personas han argumentado que no puede ser como la literatura común. Si se aplica esa lógica, no se puede estudiar la Biblia con herramientas comunes de lingüística, gramática o historia, una posición que nadie argumentaría.

El hecho de que en algunas formas la Biblia es diferente a otros libros no quiere decir que es diferente a ellos en todo. Aun una mirada superficial a la Biblia muestra que usa lenguaje y gramática comunes, y que contiene historia. Es igual de evidente que la Biblia emplea técnicas literarias que encontramos en la literatura en general.

El enfoque de la Biblia como literatura no quiere decir que leamos la Biblia sólo como literatura. Se puede confiar en un enfoque literario sólo para que muestre los puntos en los cuales la Biblia es semejante y diferente a la literatura familiar que encontramos en la antología de la literatura del mundo occidental.

La singularidad de la Biblia

Por definición, un enfoque literal de la Biblia enfatiza la forma en que la Biblia se parece a otras obras de literatura. Puesto que este va a ser el foco de mi propia presentación, será bueno notar, en primer lugar, las formas más obvias en las cuales la Biblia es diferente a tal literatura.

Las cualidades de ser centrada en Dios y su orientación sobrenatural la hacen destacar. Dios es el personaje o actor principal en la Biblia de una manera que no tiene paralelo con otra literatura. Además, aunque la literatura antigua presupone la existencia de un mundo sobrenatural con escenas y personajes de otro mundo, la Biblia es más consecuente al presentar la intersección de un mundo divino con la esfera común de la vida terrenal.

En segundo lugar, la Biblia hace afirmaciones más fuertes a la inspiración y la autoridad de lo que hace la literatura común. Erich Auerbach, en su ensayo clásico titulado «Odysseus’ Scar [La cicatriz de Odiseo]», al comparar la técnica de relatar historias entre La Odisea de Homero y el Génesis, enfatiza esa diferencia. Escribió que «la intención religiosa» de las historias en la Biblia «involucra una afirmación absoluta de verdad histórica.… La afirmación de la Biblia de que es verdad no sólo es mucho más decisiva que la de Homero, sino que es tiránica—excluye todas las demás» (14). Otro erudito literario, C. S. Lewis, hizo una observación similar:

En la mayor parte de la Biblia, todo es implícito o explícito y se introduce con las palabras: «Así dice el Señor». No es … simplemente un libro sagrado sino un libro tan despiadada y continuamente sagrado que no invita, sino que excluye o repele el enfoque simplemente estético. (The Literary Impact of the Authorized Version [El impacto literario de la versión autorizada], 32–33.)

En tercer lugar, la Biblia es una mezcla única de tres tipos de escritura. Estos tipos son el histórico, el teológico y el literario. Por lo general, uno de ellos domina un pasaje, aunque no se pueden excluir los otros. Cuanto más literariamente se trata un evento, tanto más se prestará para un enfoque literario. Pero aun en estos casos, los pasajes bíblicos se prestan para enfoques históricos y teológicos así como a un enfoque literario de una forma que por lo general no lo hace la literatura. Entonces es obvio que el alegato a favor de la crítica literaria de la Biblia no implica que dicho enfoque sea suficiente por sí mismo.

La unidad literaria de los dos testamentos

La tendencia de los eruditos literarios y bíblicos ha sido hacer una marcada separación entre la literatura del Antiguo y del Nuevo Testamento. La moda ha sido tratar la forma literaria de los dos como distinta la una de la otra, y el resultado aplastante ha sido valorar la literatura del Antiguo Testamento para detracción del Nuevo Testamento.

La distinción rigurosa entre las formas literarias de los dos Testamentos es una falacia. En parte, son las clasificaciones genéricas las que nos desorientan. Debido a que el Antiguo Testamento incluye tales categorías como crónicas, salmos y profetas, es fácil asumir que las clasificaciones de evangelios, hechos, epístolas y apocalipsis del Nuevo Testamento pertenecen a un mundo diferente.

Pero dentro de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento se encuentran formas literarias que sobrepasan las categorías externas. Esas formas literarias son la profunda estructura de la literatura bíblica, y son lo que hace que la Biblia sea literaria por su naturaleza. También proveen una unidad literaria a la Biblia, unidad que las clasificaciones convencionales hacen difícil ver. Estas formas literarias fundamentales son la historia o la narrativa, la poesía, los proverbios, la sátira, el discurso y la escritura visionaria. Por supuesto que la narrativa y la poesía tienen muchas subcategorías. El concepto más básico es que la literatura en sí misma tiene características identificables.

En la discusión que sigue, he usado la estructura profunda como el marco para organizarme. Ya sea que encontremos una historia o una poesía en el Antiguo Testamento o en el Nuevo, no hace mucha diferencia respecto a su forma literaria o significado. Una historia es una historia y una poesía es una poesía. Lo que cambia del Antiguo Testamento al Nuevo no son las formas literarias (excepto por el agregado de la epístola) sino el contenido teológico que llevan esas formas.

Resumen

Un enfoque literario de la Biblia es compatible con virtualmente cualquier postura teológica o religiosa. No requiere que se acepten premisas que son contrarias a la forma en que los evangélicos entienden la Biblia. Aunque, por definición, un enfoque literario involucra ver la Biblia como similar a la literatura en general, tal comparación mostrará formas en las cuales la Biblia también es única.

Hay dos actividades que se requieren para enfocar la Biblia como literatura. Una es saber lo que significa enfocar la Biblia como literatura. La otra es definir el «canon» de literatura bíblica—saber donde aparece la literatura en la Biblia. Estos dos temas—los métodos de análisis literario y los lugares en la Biblia en que se requieren esos métodos—proveerán el enfoque para la discusión que sigue.

La literatura como género

Antes de considerar los géneros específicos de la literatura bíblica, es necesario definir lo que es «literatura». Cuando lo hacemos, encontramos que la literatura como un todo es un género, una manera de escribir que tiene sus propios rasgos que la identifican. Antes que un escrito sea una historia o una poesía o cualquier otro género específico, pertenece a la categoría mayor de «literatura».

La experiencia humana como el sujeto

El más simple de todos los criterios de prueba para la literatura es que el sujeto de la literatura es la experiencia humana, en contraste con hechos abstractos de información. La literatura tiene como meta que el lector comparta una experiencia, no que principalmente capte ideas.

La literatura es «encarnacional»; incluye sus ideas o significados en forma concreta. Actúa más bien que declara. Por ejemplo, en lugar de expresar proposiciones abstractas acerca de las virtudes y los vicios, la literatura presenta historias de personajes buenos y malos en acción. El mandamiento «no matarás» nos da un precepto; la literatura encarna la misma verdad en la historia de Caín y Abel. En lugar de definir la palabra «prójimo», Jesús contó una historia acerca del comportamiento hacia el prójimo (la parábola del buen samaritano). La veracidad de la literatura no es sólo un simple asunto de ideas veraces, sino que también toma la forma de veracidad de la experiencia humana—de la forma en que las cosas son en el mundo.

Por lo tanto, la literatura apela a la imaginación—nuestra capacidad de hacer imágenes y de percibir imágenes. En términos hechos populares por investigaciones recientes del cerebro, es la conversación del «lado derecho del cerebro». La habilidad correspondiente que requiere de un lector o intérprete de la Biblia es que pueda imaginar escenas, personajes y eventos. La literatura apela a nuestra inteligencia a través de la imaginación.

Debido a que la literatura es «encarnacional», lo primero que requiere de un lector es la disposición de revivir el texto tan vívida y concretamente como le sea posible—compartiendo escenas y eventos con el personaje de una historia, o las imágenes de la meditación de un poeta. Además, un fragmento de literatura no puede ser reducido a una idea o proposición. La historia completa o la poesía completa es el significado porque es una experiencia, no un concepto abstracto.

Debido a que la veracidad de la literatura es parcialmente la veracidad de la experiencia humana, la literatura es universal. Mientras que la historia nos dice lo que ha sucedido, la literatura nos dice lo que sucede—lo que es verdad para toda la gente en todo momento. Por supuesto que en la Biblia esos dos impulsos típicamente están combinados. Sin embargo, el grado hasta el que podemos ver la experiencia humana en un texto es un criterio de prueba útil para indicar si es de naturaleza literaria.

Géneros literarios

La manera más común por la cual la literatura ha sido definida a través de los siglos es por sus géneros (tipos literarios). Por lo general, la raza humana ha estado de acuerdo en que algunos estilos (tales como la historia, la poesía y el drama) son literarios por su naturaleza. Otros géneros, tales como las crónicas históricas, los tratados de teología y las genealogías, son escritos expositorios («proveen información»). Aun otros caen en una u otra categoría, dependiendo de la forma en que los maneja un escritor. Las cartas, los sermones y los discursos, por ejemplo, pueden moverse en la dirección de la literatura si despliegan los elementos comunes de la literatura.

Cada estilo literario tiene sus características y usos distintivos. Estos son una serie de expectativas que deberían gobernar nuestro encuentro con un texto, capacitándonos para formular las preguntas correctas sobre un pasaje. El estar conscientes del estilo puede programar nuestra lectura de un pasaje dándole una forma familiar y permitiendo que los detalles caigan dentro de un patrón identificable. El saber cómo opera un estilo específico también puede prevenir que se interprete mal un texto.

Aun si no tuviéramos otra evidencia, deberíamos saber que la Biblia es literaria simplemente por la abundancia de estilos literarios que contiene. La lista de estilos es lo que aproximadamente encontramos en una antología de literatura mundana: épica, historia de los orígenes, historia de un héroe, tragedia, drama, sátira, poesía lírica, epitalamio (poesía de boda), elegía (poesía funeral), encomio (un poema o ensayo en alabanza de una cualidad o tipo de carácter), proverbio, parábola, escrito visionario, epístola y oratoria.

Recursos especiales del idioma

Sin tener en cuenta el estilo específico en que se escribe un texto literario, la literatura usa una porción mayor de ciertos recursos del idioma de los que usa la conversación común. El más obvio de estos recursos es el lenguaje figurado, incluyendo la metáfora, el símil, el simbolismo, el lenguaje connotativo, la alusión, los juegos de palabras, la paradoja, la ironía y las palabras que tienen más de un significado. Tal lenguaje es, por supuesto, la misma esencia de la poesía, pero aparece a través de la Biblia, aun en partes que pueden ser consideradas predominantemente expositivas más que literarias, tales como las epístolas del Nuevo Testamento.

Además de poseer tales rasgos de vocabulario, un texto puede llegar a ser literario por su arreglo de frases o patrón retórico. Un ejemplo es el de las cláusulas paralelas que componen el verso de la poesía bíblica pero que también son evidentes en mucha prosa bíblica. Cualquier arreglo de frases que nos llame la atención como un patrón inusual puede calificar como ejemplo de literatura retórica—series de preguntas o declaraciones que siguen un patrón común, preguntas retóricas, construcciones de preguntas y respuestas, diálogos imaginarios, y (muy importante en la Biblia) la concisión de un proverbio.

Todo esto es una forma de decir que el estilo es una de las cosas que hacen que la Biblia sea literaria. Cada vez que los escritores hacen cosas con el idioma para llamar la atención a la expresión misma y para sacarle más provecho al idioma de lo que hace la conversación común, el estilo resultante le da una cualidad literaria a un pasaje. Los escritores bíblicos, en forma consistente, manipulaban los recursos del idioma, de la sintaxis y de la retórica.

Arte

La literatura es una forma de arte, caracterizada por la belleza, la destreza y la técnica. El «cómo» de la literatura es tan importante como el «qué».

Los elementos de la forma artística que comparten todos los tipos de literatura incluyen el patrón o diseño, el tema o foco central, la unidad orgánica (también llamada unidad en la variedad, o tema y variación), la coherencia, el equilibrio, el contraste, la simetría, la repetición, la variación y la progresión unificada. Estos elementos de arte toman una forma en la narrativa, otra en la poesía, otra en los proverbios y así sucesivamente. Pero cualquiera que sea el estilo, la abundancia de técnicas literarias y de arte que encontramos en muchas partes de la Biblia la hace una obra maestra de la literatura.

La forma artística sirve el propósito de intensificar lo que se dijo, pero también provee placer, deleite y gusto. Una de las cosas que ofrece un enfoque literario a la Biblia, comparado con enfoques convencionales, es que abre el camino para que los lectores disfruten la belleza estética de la Biblia. El análisis literario demuestra que la Biblia es un libro interesante y no un libro aburrido. La excelencia artística de la Biblia no es de carácter extraño a su efecto total; es una de las glorias de la Biblia.

El significado a través de la forma

Un enfoque literario se preocupa por la forma literaria. En cualquier discurso, el significado se comunica a través de la forma. El concepto de forma debería ser analizado ampliamente en este contexto. Incluye todo lo que se refiere a sobre cómo un artista expresa el contenido de una declaración.

Mientras que el principio del significado a través de la forma se aplica a todas las formas de escritura, es especialmente cierto para la literatura. La literatura tiene sus propias formas y técnicas, y estas tienden a ser más complejas, sutiles e indirectas que las de una declaración o conversación común. Por ejemplo, las historias comunican su significado por medio de los personajes, el escenario y la acción. Para entender una historia, primero debemos tener interacción con la forma, es decir, los personajes, el lugar y los eventos. La poesía comunica sus significados a través del lenguaje figurado y de imágenes concretas. Por lo tanto, es imposible determinar lo que dice una poesía sin primero considerar la forma, es decir, el lenguaje poético.

La preocupación de los críticos literarios por el cómo de los escritos bíblicos no es frívola. Es evidencia de un deleite artístico con la belleza verbal y el arte, pero también es parte de un intento para entender qué dice la Biblia. En un texto literario es imposible separar lo que se dice (el contenido) de la manera en que se dice (el formato).

Resumen

Un enfoque literario de la Biblia comienza con un conocimiento de las cosas que componen un texto literario. Los rasgos que definen la literatura incluyen la presentación completa de la experiencia humana, la presencia de estilos literarios como la forma que contiene el significado, el uso de recursos del lenguaje y el predominio de lo artístico.

De lo que he dicho, es obvio que un enfoque literario desafía muchas de las tendencias de la erudición bíblica tradicional. El énfasis en la unidad de un texto resiste el análisis atomístico que se encuentra en los comentarios bíblicos y que resulta cuando los eruditos hacen indagaciones sobre los estados de la composición que yace detrás de un texto terminado. La premisa de la crítica literaria de que la literatura es una incorporación concreta de la experiencia humana discrepa con reducir la Biblia a un bosquejo teológico con textos de prueba adjuntos.

El foco de la técnica literaria presupone una composición consciente de parte de los escritores humanos, en contraste con las teorías de dictado divino o de la evolución impersonal de textos a través de varios estados de transmisión. Y el énfasis en la variedad de estilos literarios en la Biblia desafía una premisa operante común que dice que la Biblia consiste toda de un solo tipo de material.

Basándonos en el criterio que he bosquejado, ¿cuánto de la Biblia es literario? Ochenta por ciento no es una exageración, y aun en las partes de la Biblia que son predominantemente expositivas la técnica literaria aparece casi en cada página.

La narrativa bíblica

La narrativa es una forma dominante de la Biblia. Por sobre todas las cosas, la Biblia es una serie de eventos, con muchos pasajes intercalados que interpretan el significado de los eventos. Además, el personaje central de la historia de la Biblia es Dios, y la historia misma es lo que los eruditos bíblicos llaman «la historia de la salvación»—la historia de los hechos de la creación, la providencia, el juicio y la redención de Dios.

La forma en que operan las historias

Las historias constan de tres elementos básicos: el escenario, los personajes y la trama. Estos elementos juntos conducen a temas—percepciones de la vida que pueden ser descritas como proposiciones.

Los escenarios son físicos, temporales y culturales, y tienen dos funciones principales en las historias. Siempre son parte de la acción, proveyendo un sitio apropiado para las acciones de los personajes y permitiendo que la historia cobre vida en la imaginación del lector. A menudo un escenario también tiene importancia simbólica, llegando a ser parte del significado de una historia. Por ejemplo, en la historia de Lot, Sodoma es una monstruosidad moral al mismo tiempo que un lugar, y que Dios haya convertido a la ciudad en un páramo es en sí mismo el significado de la historia (el juicio de Dios contra el pecado).

Los personajes de las historias se nos presentan de maneras variadas: por lo que el narrador nos dice acerca de ellos, por las respuestas de otros personajes a ellos, por sus palabras y pensamientos, por lo que ellos dicen sobre sí mismos y sobre todo por sus acciones. Cualquiera que sea la forma en que se presentan, la meta del lector debería ser conocer a los personajes de una historia bíblica tan profundamente como le sea posible.

Es una premisa entendida de las narraciones que los personajes de una historia, en cierto sentido, son universales. Son representantes de la humanidad en general, y portan una carga de significado más grande que ellos mismos. Sobre las bases de lo que les ocurre a ellos, los lectores de la Biblia pueden sacar conclusiones acerca de la gente en general.

La trama, o acción, es la columna vertebral de la historia. Las historias se forman alrededor de una o más tramas de conflictos que pueden ser conflictos físicos, conflictos entre personas o conflictos de carácter moral/espiritual. La trama de un conflicto tiene un comienzo, un desarrollo discernible y una resolución final. Esta es la forma esencial e inevitable en la cual se estructuran las historias y de acuerdo a la cual deben ser analizadas.

En la progresión continua del conflicto o conflictos de la trama, el lector participa a través de la acción con un personaje central que se conoce con el nombre de protagonista. Colocados contra él o ella están los antagonistas. Las estrategias comunes de la narrativa son mostrar al protagonista en situaciones de prueba y situaciones que requieren una elección. Se conoce como ironía a la discrepancia entre lo que los lectores saben que es verdad y la ignorancia de parte de los personajes de una historia.

A medida que nos movemos de la historia al significado, la regla más simple de interpretación es que cada historia es, en algún sentido, una historia-ejemplo. Por lo tanto, necesitamos determinar qué es un ejemplo. También es una regla convencional de la literatura narrativa, que se da por sentada, que el mundo que crea un narrador al seleccionar detalles es un cuadro del mundo según lo entiende el escritor, y de lo que es bueno o malo en ese mundo. A la vez es importante estar conscientes de que la narración es efectivamente un arte: comunica mucho de su significado al lograr que un lector se sienta en forma positiva o negativa en cuanto a los personajes y los eventos.

Los rasgos generales de las historias que he destacado son los términos mínimos para analizar las historias de la Biblia. Pero la Biblia también contiene una gran cantidad de subtipos específicos de narrativa, cada uno con su propio juego de reglas convencionales.

La historia de los orígenes

La primera historia de la Biblia, Génesis 1–3, pertenece a un importante estilo de literatura antigua conocido como la historia de los orígenes. Es una historia en tres partes.

Génesis 1 es la historia de la creación bíblica. Tiene un solo personaje principal, Dios. La historia en sí misma es un catálogo de los hechos poderosos de Dios en la creación, y está repleta de elementos de repetición, equilibrio y progresión.

Génesis 2 estrecha el foco del universo a la vida humana en el huerto del Edén. El motivo que da unión es la provisión de Dios para la vida humana. Es una imagen de la intención de Dios de cómo se debería vivir la vida humana, en todos los tiempos y en todo lugar.

Génesis 3 relata el origen del mal en la experiencia humana y en el mundo. La historia combina varios tipos de narración comunes: la tentación, la caída de la inocencia, el crimen y su castigo y la iniciación (al mal y a sus consecuencias). También es prominente la psicología de la culpa.

Historias de héroes

La narrativa bíblica es casi sinónima con el género de «historias de héroes». Estas historias se construyen alrededor de la vida y las hazañas de un protagonista, o un héroe. Surgen de uno de los impulsos literarios más básicos—el deseo de personificar los valores y las luchas típicas de una sociedad en la vida de una figura ejemplar representativa. Los intereses principales en las historias de héroes son las cualidades del héroe y su destino.

Las historias de los héroes de la Biblia comienzan en el Génesis («el libro de los comienzos»). Noé es un héroe de justicia en una época de maldad. Es el agente de Dios para el rescate y el padre de un mundo nuevo (Génesis 6–9). Una de las historias más largas de héroes en la Biblia es la historia del patriarca Abraham (Génesis 12–25). Abraham es ambos, un héroe nacional y un héroe espiritual de fe en Dios. Su heroísmo nacional se ve en su búsqueda de un hijo y en sus papeles típicos (esposo, tío, padre, jefe de hogar y dueño de posesiones). Su heroísmo espiritual es evidente en su obediencia al llamado de Dios de dejar su tierra para convertirse en un peregrino, en su fe en la promesa de Dios de que le daría un hijo y en su disposición para sacrificar a su hijo Isaac.

Los otros héroes completan las imágenes de heroísmo en el libro del Génesis. Jacob no está muy idealizado en la historia dedicada a él (Génesis 25–35), pero su vida es heroica porque muestra cómo Dios puede trabajar con material que no promete mucho, transformando finalmente a una personalidad muy imperfecta. La historia de José (Génesis 37–50) es el primer ejemplo de un arquetipo bíblico significante conocido como el siervo sufriente. Los héroes que pertenecen a esta categoría experimentan sufrimientos inmerecidos, cuyo resultado obra para el bien de otras personas.

Historias posteriores del Antiguo Testamento continúan el patrón de vida o los hechos de un héroe. La historia de David es una de las más complejas de toda la literatura, tanto en sus papeles como en sus cualidades personales. Su historia como guerrero exitoso y rey es el paralelo más cercano de la Biblia a las historias antiguas de héroes fuera de la Biblia. Otra historia de heroísmo militar es la historia de Gedeón (Jueces 6–8). La historia de Daniel presenta a un héroe nacionalista, un héroe de integridad y habilidad política y un héroe religioso de fe inflexible en Dios. Las historias de Elías (1 Reyes 16–21; 2 Reyes 1–2) y Eliseo (2 Reyes 2–9) capturan otro tipo de personaje prominente en el Antiguo Testamento, el profeta de Dios.

Las historias que se desarrollan alrededor de las heroínas son pocas pero notables. El libro de Rut es una historia de amor que celebra el heroísmo doméstico y religioso de Rut. Otra obra maestra de la narrativa bíblica es la historia de Ester, que representa el valor de una heroína nacional y religiosa. La historia cuando los israelitas conquistaron el ejército de Sísara (Jueces 4–5) cuenta las hazañas heroicas de dos mujeres, Débora y Jael.

La incidencia de las historias de héroes continúa sin disminución en el Nuevo Testamento. Los Evangelios son historias, en gran escala, de héroes. Son un ejemplo claro de narrativa que se construye alrededor de la vida de un protagonista ejemplar cuyos hechos y palabras son atesorados y celebrados. Lo mismo puede decirse del libro del Apocalipsis, el que manifiesta desde el principio que será una revelación de Jesucristo en su conquista. Y el libro de Hechos es una pequeña antología de historias de héroes, principalmente acerca de Pedro y Pablo.

Este breve estudio de las historias de los héroes en la Biblia muestra cuán amplio es el alcance del impulso heroico en la Biblia y lo variado que es su ideal heroico.

La épica

La épica es una clasificación dentro de la clase de la narrativa heroica. Es una larga narrativa de destino nacional. La épica común incluye la lucha, la conquista, el dominio y el reino. Los escenarios sobrenaturales, los personajes y los eventos siempre han sido un distintivo de la épica. Los escritos épicos siempre se desarrollan alrededor de una proeza que lleva a cabo un héroe épico, la cual, por lo general, involucra una conquista militar.

La obra épica más obvia en la Biblia es la épica del Éxodo, que abarca las porciones narrativas de Éxodo, Números y Deuteronomio. Se construye alrededor de la proeza del Éxodo que va desde la esclavitud hasta la Tierra Prometida. Al igual que otras épicas, narra un momento decisivo en la historia nacional y es depósito claro de los ideales religiosos, morales y políticos de la sociedad que la produjo.

Las crónicas históricas del Antiguo Testamento son de estilo épico. Tienen una esfera de acción nacional y siguen los motivos épicos ya conocidos de la batalla, la conquista y el dominio. Sus héroes son figuras públicas, y la continua presencia de la idea del pacto les presta a estas historias la cualidad épica de destino nacional y racial que hace que sean más que simples historias de héroes.

El impulso épico también está presente en el Nuevo Testamento. Los Evangelios son tan amplios y trascendentales que tienen la atmósfera épica que cambia al mundo. El libro de Hechos, con su enfoque en los viajes y aventuras de Pablo, relata eventos notables e históricos de la expansión, sobre territorios geográficos amplios, de la iglesia primitiva. Y el libro del Apocalipsis es una versión espiritualizada de prácticamente cada tema épico y rasgo estilístico que pudiéramos nombrar.

La tragedia

La tragedia literaria es la exposición de calamidades excepcionales. Pinta un movimiento desde la prosperidad hacia la catástrofe. El foco de la tragedia se encuentra en un héroe trágico—una persona excelente de una posición alta en la sociedad, quien en un momento trágico en que debe hacer una elección despliega un defecto grande de carácter. (Aristóteles lo llama hamartia, la palabra que en el Nuevo Testamento se traduce «pecado».) La trama de la tragedia destaca el elemento de la elección humana. Esto significa que el héroe siempre es responsable de la caída, y en la tragedia bíblica, el héroe trágico también merece la catástrofe. El patrón trágico consiste de seis elementos que son notablemente constantes: el dilema, la elección, la catástrofe, el sufrimiento, la comprensión y la muerte.

La tragedia bíblica prototipo es la historia de la caída en Génesis 3. Adán y Eva enfrentan el dilema de obedecer o desobedecer lo que Dios les había prohibido. Cometen un error trágico, que lleva a las escenas de sufrimiento y comprensión.

La obra maestra de tragedia bíblica es la historia del rey Saúl (1 Samuel 8–31). La tragedia de Saúl es una tragedia de liderazgo débil. Su dilema consistía en su lealtad doble—obedecer a Dios o tomar el camino de la conveniencia momentánea para agradar al pueblo. La narrativa y el centro psicológico de la tragedia es la desobediencia de Saúl al mandamiento de Dios de destruir a los amalecitas (1 Samuel 15). A esto sigue la catástrofe, el sufrimiento, la comprensión y la muerte.

También hay otras tragedias bíblicas. La historia de Sansón (Jueces 13–16) encaja exactamente en el patrón trágico. La historia de David según se relata en 1 y 2 Samuel sigue el patrón trágico de prosperidad inicial seguida de catástrofe y sufrimiento. Además, siguiendo el modelo típico de la tragedia, la caída del héroe se localiza en un evento específico (el desastre de Betsabé-Urías). Otras narrativas breves en los libros históricos de la Biblia tienen un bosquejo trágico, y en algunas de las parábolas de Jesús también se describen elecciones incorrectas.

Aunque el espíritu de la tragedia satura la Biblia (no debe sorprender en un libro dedicado a pintar el mal y sus consecuencias), hay menos tragedias, que se puedan clasificar como tales, en la Biblia de lo que podríamos esperar. La Biblia es una antología de tragedias evitadas que se evitaron a través de la intervención del arrepentimiento humano y el perdón divino.

Los Evangelios

Los Evangelios del Nuevo Testamento son singulares, pero esta singularidad tiene más que ver con su contenido y la naturaleza de su protagonista que con sus formas literarias. En el nivel de forma narrativa, los Evangelios son una historia de héroe ampliada. En forma constante mantienen el enfoque en Jesús, y el propósito narrativo obvio es contar la historia de las enseñanzas y hechos de Jesús. El principio organizacional es vagamente (pero no estrictamente) cronológico, con prácticamente todo el espacio dedicado a los tres años del ministerio público de Jesús. Más de un cuarto de su contenido está dedicado al juicio, crucifixión y resurrección de Jesús. La trama de la historia no es de una sola acción, sino episódica.

El héroe mismo es responsable de parte de la singularidad de estas historias. Él hace afirmaciones acerca de sí mismo que no hacen los héroes convencionales—que tiene poder para perdonar pecados, que va a dar su vida para la salvación de sus seguidores, que resucitará de entre los muertos, que es la luz del mundo. De igual manera, sus poderosos hechos trascienden cualquier cosa que encontramos en otros lugares de la literatura.

Mientras que las formas literarias en los Evangelios no son únicas, la combinación de formas que concurren allí no tiene paralelo. Se le da igual espacio a lo que dijo el héroe que a lo que hizo. Dentro del marco general de la narrativa, encontramos ejemplos continuos de estilos tan comunes como la parábola, el drama o el diálogo, los sermones o los discursos, y los dichos o los proverbios. También abundan subtipos de narrativa: las historias de anunciación y nacimiento, historias de llamamientos o vocaciones, historias de reconocimiento, historias de testigos, historias de encuentros, historias de conflictos o controversias, historias de pronunciamiento (en las cuales un dicho de Jesús está ligado a un evento que concuerda con él), historias de milagros e historias de la pasión.

Las parábolas

Cuando la gente piensa en las narrativas bíblicas, las parábolas ocupan un lugar muy importante en sus mentes. Esas parábolas son breves historias imaginarias que presentan ideas fáciles de captar y, por lo general, tratan de algún aspecto del reino de Dios. Aunque a menudo una parábola presenta un solo tema principal, no es inusual que ideas adicionales sean parte del significado total.

Las parábolas son historias tradicionales que obedecen las antiguas reglas de contar historias populares. Los ingredientes de la narrativa incluyen el realismo sencillo, la simplicidad de la acción, el suspenso, los contrapuntos (destacados contrastes), la repetición (incluyendo la repetición triple), el estrés al final, los personajes universales y arquetipos. Muchas de las parábolas incluyen un elemento de irrealidad o exageración—una «grieta» en el realismo dominante que nos incita a explorar más allá de la simple superficie lo que comunican las historias.

Las parábolas son demasiado simples para tener significado sólo a nivel superficial. Su verdadero significado surge cuando las consideramos como alegorías—historias con un significado doble. Contrario a la enseñanza común de los eruditos, hay seis razones impecables para creer que las parábolas tenían la intención de ser alegorías o historias simbólicas. Una es la etimología de la palabra «parábola», que significa «arrojar al lado», con la inferencia de un significado doble. La misma simplicidad de la historia nos impulsa a ver un nivel de significado espiritual además de la superficie real. Muchos de los detalles en las parábolas tenían significados simbólicos tradicionales (Dios como el padre o el dueño de la viña, la semilla como la palabra de Dios, etcétera). Los elementos irreales en la parábola también señalan un significado más profundo. Además, el propósito religioso de las parábolas surge sólo cuando comenzamos a adjudicarle el segundo significado a los detalles—por ejemplo, cuando entendemos que la semilla que se siembra es el evangelio, y todos los tipos de suelo son las varias respuestas humanas. Finalmente, cuando Jesús interpretó dos de sus parábolas (Mateo 13:18–23, 36–43), le adjudicó un significado alegórico correspondiente a prácticamente cada detalle de las historias.

Un tratamiento completo de una parábola incluye, naturalmente, cuatro etapas de análisis. El proceso comienza al interactuar con las historias como historias literales, explorando los ingredientes de la narrativa, a saber, el escenario, el personaje y la trama. El segundo paso es identificar los significados alegóricos o simbólicos de los detalles que representan otra cosa. Basado en este análisis, es posible plantear los temas o las ideas implícitas en la parábola. El paso final es la aplicación—a la audiencia original y al lector moderno.

Poesía bíblica

El segundo género literario más prominente en la Biblia es la poesía. Se identifica a la poesía por medio de dos rasgos principales: se escribe en forma de verso y tiene un idioma o estilo poético.

El paralelismo

La forma en verso de la poesía bíblica se conoce con el nombre de paralelismo. Evita la rima y, en cambio, consiste de pensamientos dobles o triples. El paralelismo se puede definir como dos o más líneas que expresan algo con palabras diferentes pero en forma gramaticalmente similar.

La poesía bíblica consta de cuatro tipos principales de paralelismo. El paralelismo sinónimo expresa un pensamiento, más de una vez, con una estructura de la frase o forma gramatical similares:

Los cielos cuentan la gloria de Dios,

el firmamento proclama la obra de sus manos.1

En el paralelismo antitético, la segunda línea declara la veracidad de la primera en forma negativa o contrastante:

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

mas la senda de los malos lleva a la perdición.2

En el paralelismo culminante, la segunda línea completa a la primera al repetir parte de ella y luego agregándole algo:

Tributen al Señor, seres celestiales,

tributen al Señor la gloria y el poder.3

El paralelismo sintético («que crece») consiste de un par de líneas que juntas forman una unidad completa en la cual la segunda línea completa o expande el pensamiento de la primera (pero sin repetir nada de la primera línea):

Dispones ante mí un banquete

en presencia de mis enemigos.4

El paralelismo sirve varios propósitos. Es parte del arte de la poesía bíblica, comunicando la impresión de un lenguaje usado con maestría. También es una herramienta mnemónica que ayuda a aprender de memoria, recitar o aun a la improvisación oral de la composición. El paralelismo produce un efecto meditativo, porque posee un elemento dilatorio por medio del cual hacemos girar en la luz al prisma del pensamiento o del sentimiento.

El lenguaje peculiar de la poesía

Los poetas hablan un lenguaje propio. Este lenguaje peculiar poético es el corazón de la poesía; es mucho más importante que la forma de verso en la que está incluido.

Por sobre todo, los poetas piensan en imágenes—palabras que nombran algo relacionado con los sentidos o con una acción. La poesía evita la abstracción lo más posible, aunque en la poesía bíblica la forma en verso de paralelismo, a menudo, lleva a un poeta a combinar lo concreto con una declaración abstracta. La poesía requiere que el lector experimente una serie de experiencias de los sentidos. Cuando hemos experimentado la imagen, debemos interpretarla; es decir, interpretar sus connotaciones, su relevancia al tema del poema, sus significados emocionales y si es positiva o negativa en el contexto de un pasaje determinado.

El siguiente elemento importante de la poesía es la comparación. Por lo general toma la forma de metáfora (una comparación implícita) o símil (una comparación explícita que usa la fórmula «como» o «al igual que»). Tanto la metáfora como el símil están basados en el principio de la correspondencia. La palabra «metáfora» implica eso, porque se basa en la palabra griega que quiere decir «transportar».

La metáfora y el símil colocan una obligación doble al lector. Una es experimentar el nivel literal de la imagen. Si el poeta nos dice que «el Señor es sol y escudo» (Salmo 84:11, NVI), primero debemos experimentar el fenómeno físico del sol y del escudo. Luego debemos proceder a la tarea interpretativa de determinar cómo Dios es como el sol y el escudo. La metáfora y el símil se basan en el principio de transferir el significado. Aseguran un efecto en un nivel, y luego se nos pide que transfiramos esos significados (que generalmente son múltiples) a otro nivel—el nivel del tema real del poema.

Otras varias figuras del lenguaje componen el repertorio del poeta. La prosopopeya consiste en tratar algo que no es humano (y frecuentemente inanimado) como si fuera un ser humano capaz de responder. La hipérbole (exageración consciente para lograr un efecto) no expresa una verdad literal sino una verdad emocional. Otra forma normal de expresar un sentimiento fuerte es con el apóstrofe—dirigirse a alguien ausente como si estuviera presente y pudiera escuchar. Una alusión es una referencia a literatura o historia pasadas.

La lírica como forma poética básica

Debido a que la Biblia está llena de tipos específicos de poesías, es importante notar que el concepto de «poesía» es virtualmente sinónimo de «lírica». Prácticamente todas las poesías de la Biblia deberían ser vistas como ejemplo del género «lírico» antes de ser consideradas como ejemplos de una clase particular.

Una poesía lírica es una poesía breve (a menudo fue diseñada para ser cantada), que expresa los pensamientos y, especialmente, los sentimientos de un orador. En otras palabras, las características que identifican la lírica son tres: es breve, personal o subjetiva (el orador habla con su propia voz), y reflexiva o emocional.

El impacto unificado es importante en la lírica, y la mejor manera de observar su presencia es emplear el sistema de tema y variación, analizando la forma en que una unidad específica contribuye al tema que controla dicha lírica. La gran mayoría de las líricas está construida basándose en el principio de la estructura tripartita: una declaración de apertura que enuncia el tema (el estímulo que mueve a cantar al poeta), el desarrollo del tema y la resolución que concluye. Los poetas líricos han desarrollado sus temas eligiendo entre cuatro posibilidades: la repetición, el catálogo o lista, la asociación (partiendo de una idea inicial a una relacionada) y el contraste.

El libro de Salmos

El libro de poesía más conocido de la Biblia es el libro de Salmos. Es una antología de poemas compilados para usar en la adoración en el templo de Jerusalén. Todos los salmos son poemas líricos, pero una cantidad de subtipos hace que la consideración de género sea especialmente importante como factor en el enfoque literario del libro de Salmos.

La categoría más grande de salmos son los de lamento o queja. Es una forma fija que incluye cinco elementos que pueden aparecer en cualquier orden y que pueden ocurrir más de una vez en un salmo específico. Los ingredientes son una invocación o clamor a Dios, el lamento o queja (una definición de la crisis), la petición o súplica, una declaración de confianza en Dios y un voto de alabar a Dios.

La segunda categoría de acuerdo al tamaño son los salmos de alabanza, los cuales siguen un formato que consta de tres partes. Comienzan con un llamado a la adoración, que puede consistir de tres ingredientes: una exhortación a alabar a Dios, el nombramiento de la persona o el grupo al cual se dirige el mandamiento y la identificación del modo de alabanza (voz, arpa, etcétera). Por lo general, el desarrollo de la alabanza está construido sobre el principio de un catálogo de los hechos o atributos de Dios dignos de alabanza, aunque ocasionalmente aparecen técnicas de pintar retratos. Los salmos de alabanza concluyen con una nota de finalidad, que a menudo se presenta en la forma de una corta oración o deseo.

El contenido, más que el formato, debe ser la base para identificar subtipos adicionales dentro del libro de Salmos. Las categorías predominantes son los poemas sobre la naturaleza; los salmos de adoración (también llamados cánticos de Sión); los salmos penitenciales; los salmos históricos; los salmos reales; los salmos meditativos; los salmos que alaban un tipo de personalidad o una cualidad abstracta, que son conocidos con el nombre de «encomio»; los salmos imprecatorios; y aun un epitalamio (un poema de boda, el Salmo 45).

El Cantar de los Cantares de Salomón

El Cantar de los Cantares de Salomón es una colección de poemas de amor que juntos hacen un exaltado epitalamio (un poema de bodas) construido alrededor de un solo noviazgo y boda. Los poemas pastorales son poemas de amor en los cuales el escenario es rústico y los amantes se pintan (de manera por lo menos parcialmente ficticia) como un pastor y una pastora. Una colección de poemas líricos no es la forma en que se cuenta una historia. En cambio, el Cantar de los Cantares de Salomón pinta una serie de sentimientos y estados de ánimo bajo el principio de monólogo interior.

Ambos, el estilo y los géneros específicos del Cantar de los Cantares, les son familiares tanto a la poesía de amor antigua como a la moderna. El estilo es conscientemente artificial y altamente sensual («sensorial»), metafórico, hiperbólico y apasionado. Dentro del marco general pastoral, los géneros específicos incluyen la invitación a amar, la alabanza al amado, blasones emblemáticos (listas de rasgos del amado, con cada rasgo comparado a un objeto de la naturaleza), el cortejo y los poemas de boda y los cantos de separación, anhelo y reunión.

Los himnos del Nuevo Testamento

Los poemas líricos también son comunes en el Nuevo Testamento. La historia de la natividad (Lucas 1–2) está salpicada de himnos de natividad. También podemos encontrar fragmentos de himnos en las epístolas (por ejemplo, Efesios 5:14; 2 Timoteo 2:11–13; Hebreos 1:3). Los himnos de adoración recalcan las visiones del Apocalipsis (por ejemplo 4:8, 11; 5:9–10). Tres himnos famosos acerca de Cristo son especialmente dignos de notar: Juan 1:1–18; Filipenses 2:5–11 y Colosenses 1:15–20.

El encomio

El encomio se encuentra a través de ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Mientras que algunos encomios bíblicos están escritos en prosa más que en poesía, en efecto son líricos, y por lo general tienen un estilo tal que pueden ser impresos fácilmente en la forma de paralelismo hebreo.

El encomio es un poema o ensayo escrito para la alabanza de una cualidad abstracta o de un tipo de personaje generalizado. Los temas comunes son una introducción al sujeto de la alabanza, el distinguido abolengo de ese sujeto, una lista o descripción de hechos y cualidades encomiables, la naturaleza superior o indispensable del sujeto, las recompensas que acompañan a lo que se alaba y una conclusión instando al lector a que imite al sujeto del encomio.

Los encomios bíblicos que alaban una cualidad abstracta incluyen poemas de alabanza a la sabiduría en el libro de Proverbios (3:13–20; 8), a la ley de Dios (Salmo 119), al amor (1 Corintios 13) y la fe (Hebreos 11). Los encomios que alaban tipos de personaje incluyen los Salmos 1, 15, 112 y 128 (la persona piadosa) y Proverbios 31:10–31 (la esposa virtuosa). El canto del siervo sufriente en Isaías 53 es una parodia del estilo, alabando al siervo que sufre por razones poco convencionales.

Partes poéticas adicionales de la Biblia

Además de los lugares que he mencionado en los que hay poesía, es importante notar que la poesía también se encuentra en otros libros de la Biblia que, por lo general, asignamos a otro género como la forma primaria. El libro de Job, un drama, contiene poesía, excepto por su marco de prosa narrativa. La mayoría de los libros proféticos del Antiguo Testamento está escrita en una forma predominantemente poética. Lo mismo ocurre con la literatura de sabiduría del Antiguo Testamento—los libros de Proverbios y Eclesiastés (donde aun los pasajes de prosa son, en efecto, poéticos). Dentro de las historias del Antiguo Testamento encontramos dicha variedad de formas líricas como los cánticos de liberación (el cántico de Moisés en Éxodo 15 y el cántico de Débora en Jueces 5) y una elegía (la elegía de David por Jonatán en 2 Samuel 1).

Encontramos poesía a través de todo el Nuevo Testamento. Jesús es uno de los poetas más famosos del mundo. En sus discursos, que son apasionados y están llenos de paradojas, hace uso de la imaginación, las metáforas y la hipérbole. El movimiento de sus frases está lleno de paralelismo. Las epístolas del Nuevo Testamento son apenas un poco menos poéticas. Y el libro del Apocalipsis usa los recursos de la poesía—la imagen, el símbolo y la alusión.

Otras formas literarias en la Biblia

El drama bíblico

Aunque ningún libro de la Biblia fue escrito para el teatro, y aunque solamente uno es dramático en su formato, el impulso dramático se encuentra en toda la Biblia. La incidencia de discursos directamente citados en la Biblia no tiene paralelo en la literatura antigua, y no tiene precedente hasta que llegamos a la novela moderna. La forma más común de narrativa bíblica es, sin ninguna duda, la escena dramatizada que se construye del diálogo entre personajes en un escenario definido. De manera similar, los libros proféticos son dramas cósmicos que tienen lugar en un escenario mundial, y el libro del Apocalipsis está tan lleno de escenas y de diálogos descritos esmeradamente que es muy probable que haya sido influenciado por las costumbres del drama griego.

El libro de Job es el único libro de la Biblia que está estructurado como un drama. El libro presenta un problema—¿por qué sufren los justos?—y luego presenta los discursos de los personajes mientras debaten las posibles soluciones a dicho problema. Por supuesto que los discursos son más largos y oratorios de lo que esperaríamos en el drama moderno. Pero como en todos los dramas, el enfoque de nuestra atención está en las discordias entre los personajes, mientras Job argumenta con sus visitantes y con Dios. Si leemos el libro dramático de Job buscando principalmente acción, nos vamos a sentir frustrados. El ritmo es lento, mientras el orador repite unas pocas ideas comunes. El estilo poético nos invita a deleitarnos por la forma en que se expresa una idea, mientras escuchamos todo por lo menos dos veces.

La superestructura de este drama es por lo menos tripartita. Un principio de organización es la búsqueda del héroe del entendimiento y de la unión con Dios. Un segundo punto de unidad es la actitud obtusa de sus tercos amigos, cuyos discursos repetitivos sirven de trasfondo estático contra el que podemos medir el progreso intelectual y espiritual de Job. Un tercer elemento que unifica en el drama es la ironía. En el caso de los amigos, vemos la ironía de la ortodoxia—de creer en principios que generalmente son verdad, pero que no concuerdan con la situación de Job. Equilibrando esto se encuentra la ironía de la rebelión contra Dios, mientras observamos a Job haciendo acusaciones contra Dios que sabemos del prólogo que no son ciertas.

Proverbios bíblicos

La Biblia es uno de los libros más aforísticos, o proverbiales, del mundo. Está llena de dichos concisos y memorables desde el principio hasta el fin.

Los rasgos literarios de los proverbios explican su poder. Los proverbios son concisos y memorables. Su meta es hacer que un dicho de sabiduría sea permanente. Son a la vez simples (breves y de fácil comprensión) y profundos (tratan de los asuntos importantes de la vida y son inagotables en su aplicación). A menudo los proverbios son tanto específicos como universales: abarcan una gran cantidad de experiencias similares, y con frecuencia usan una situación particular para que represente un principio de la vida más amplio (la declaración de que «donde cae [el árbol] allí se queda» [Eclesiastés 11:3, NVI], en realidad está hablando del principio de la finalidad que caracteriza a muchos eventos en la vida).

Los proverbios también a menudo son poéticos en su forma, y usan los recursos de la imaginación, la metáfora y el símil. Algunos proverbios bíblicos son descriptivos de lo que es, mientras que otros son descriptivos de lo que debería ser. La veracidad de los proverbios es veracidad en cuanto a la experiencia humana. Los proverbios están siendo continuamente confirmados en nuestra experiencia y observaciones de la vida. Nunca pasan de moda.

Como los hemos definido, los proverbios son una forma literaria que se encuentra en toda la Biblia. Los libros de Proverbios y Eclesiastés consisten completamente de una colección de proverbios, a veces arreglados en grupos de proverbios con un tema común. Pero el paralelismo de la poesía bíblica casi inevitablemente tiende hacia un efecto aforístico. Los discursos de Jesús se basan mucho en los proverbios o dichos como un elemento básico. Las epístolas del Nuevo Testamento contienen muchos aforismos, y a través de todo el libro de Santiago se emplean las técnicas de la literatura de sabiduría. Aun las historias de la Biblia han provisto sus propios dichos proverbiales al caudal común de proverbios.

La sátira

La sátira es la exposición, por medio del ridículo o la reprensión, del vicio o del desatino humano. Consiste de tres elementos esenciales: un objeto al que se ataca, un medio satírico, y un criterio normal satírico (el criterio declarado o insinuado por el cual se critica al objeto del ataque). El medio satírico es, a menudo, una historia, pero puede ser algo tan específico como una metáfora (como cuando Jesús llama a los fariseos sepulcros blanqueados). A menudo, pero no siempre, la sátira va acompañada de un tono cómico o sarcástico.

La Biblia es un libro mucho más satírico de lo que se reconoce por lo general. El impulso satírico no está reservado para los libros que son principalmente satíricos. Por ejemplo, está presente en la narrativa bíblica, donde los personajes que se idealizan completamente son casi desconocidos y donde las fallas de carácter de la mayoría de los personajes se exponen satíricamente. La sátira se presenta igualmente en la literatura de sabiduría, en la que muchos de los proverbios atacan los defectos humanos como la codicia, la pereza, el desenfreno y el desatino.

La mayor cantidad de sátira se encuentra en los escritos proféticos. Los dos tipos más importantes de oráculos son el oráculo de salvación y el de juicio. El mejor enfoque al oráculo de juicio es la sátira. Estos pasajes siempre tienen un objeto de ataque visible y un criterio por medio del cual se presenta el juicio. Además, el ataque se presenta en una amplia gama de formas literarias, desde la simple predicción de la calamidad a las amplias exposiciones del mal y del juicio. Un libro como Amós es una obra satírica desde el principio hasta el fin: ataca la maldad pública sobre las bases de normas espirituales y morales claramente expuestas usando una gran variedad de técnicas literarias.

La sátira también es frecuente en los Evangelios. En la historia misma, los opositores de Jesús, especialmente los fariseos, se presentan con desdén satírico. Los discursos de Jesús con frecuencia son satíricos (Mateo 23, por ejemplo, es un discurso satírico que ataca a los fariseos con un aluvión de recursos satíricos). Y muchas de las parábolas que dijo Jesús son típicamente satíricas porque usan la forma narrativa para incorporar un ataque a una actitud o a un comportamiento específico.

La gran obra maestra de sátira bíblica en el Antiguo Testamento es el libro de Jonás. El objeto del ataque es la clase de fervor nacionalista que hizo que Dios fuera la propiedad exclusiva de Israel y que rehusó aceptar la universalidad de la gracia de Dios. El protagonista de la historia personifica las actitudes que el escritor usa para el ataque satírico. El otro protagonista principal de la historia es Dios, cuyo amor universal y misericordia son la norma por la cual las actitudes de Jonás se exponen como malas. La ironía del ignominioso comportamiento del caprichoso profeta produce el humor latente en la historia.

La epístola

Las Epístolas del Nuevo Testamento son modificaciones de cartas convencionales del mundo clásico. Al igual que las cartas griegas y romanas, las Epístolas contienen una apertura (el que la envía, el que la recibe, un saludo), un cuerpo y un cierre (saludos y deseos finales). Pero dos agregados importantes aparecen en las Epístolas del Nuevo Testamento—el agradecimiento (una oración pidiendo el bien espiritual, y un recuerdo o elogio de las riquezas espirituales de la persona a quien se envía) y la paraenesis (una lista de exhortaciones, virtudes, vicios, mandamientos o proverbios). Mientras que el contenido de las cartas comunes en el mundo antiguo podía ser sobre cualquier tema, las Epístolas del Nuevo Testamento mantienen el foco en los asuntos teológicos y morales.

En cuanto al estilo, las Epístolas son totalmente literarias. Es común el uso del lenguaje figurado como las imágenes, las metáforas y la paradoja. A menudo, las frases y las cláusulas se arreglan artísticamente y la influencia del paralelismo es tan prominente que muchos pasajes se podrían arreglar como poemas. Los apóstrofes dramáticos, las preguntas retóricas, las prosopopeyas, las construcciones de preguntas y respuestas y la antítesis, aunque menos frecuente, no obstante son comunes. La pura exuberancia de estas cartas produce su propio notable estilo y, en efecto, a menudo es lírico. Y, por supuesto, hay una presencia continua de proverbios y aforismos—declaraciones notables que se quedan en la memoria.

Las Epístolas son escritos ocasionales, escritas en respuesta a ocasiones específicas en la vida de las iglesias primitivas. De una forma que nos recuerda a las historias, proveen una imagen de muchas facetas de la vida diaria. Debido a que los autores están respondiendo a situaciones y preguntas específicas que se han presentado, las Epístolas no son (excepto por los libros de Romanos, Efesios y Hebreos) tratados de teología sistemática. Los puntos que tratan no son necesariamente los más importantes; simplemente son los que se han presentado.

La oratoria

La oratoria bíblica consiste de discursos formales y estilizados dirigidos a una audiencia específica, normalmente por motivo de una ocasión importante. Por lo general, la dignidad de la ocasión produce un estilo elevado. Un libro completo—el libro de Deuteronomio—es una oratoria que contiene el discurso de despedida de Moisés dirigido a la nación de Israel.

El patrón acostumbrado es que la oratoria esté contenida dentro de otro material. Por ejemplo, las historias del Antiguo Testamento contienen oratorias dichas dentro de su contenido narrativo—pasajes como cuando Jacob bendice a sus hijos (Génesis 49), cuando Samuel instala a Saúl como rey (1 Samuel 12), el discurso de Salomón y la oración de dedicación del templo (1 Reyes 8), el discurso de Esdras cuando se reinstituyó la ley (Nehemías 9). El libro de Job es una pequeña colección de oratorias. Con frecuencia, los libros proféticos tienen protagonistas que usan la oratoria, ya sea que el que habla es un profeta o Dios. Y la parte en la cual Dios le da la ley a Moisés (Éxodo–Números) tiene naturaleza oratoria.

Un patrón similar aparece en el Nuevo Testamento. Los discursos de Jesús son un ejemplo principal, con el Sermón del monte (Mateo 5–7) siendo el ejemplo por excelencia. El libro de Hechos contiene varias oratorias de defensa (las cuales, de paso, siguen la forma de las oratorias forenses clásicas); sermones; y el famoso discurso de Pablo en el Areópago de Atenas (Hechos 17), el cual sigue todas las reglas retóricas de la oratoria clásica. Finalmente, la naturaleza oral de las Epístolas a menudo hace que produzcan un efecto oratorio.

Escritos visionarios

Los escritos visionarios forman una categoría grande en la Biblia. Tienen dos subcategorías: los escritos proféticos y los escritos apocalípticos (con el libro del Apocalipsis como su ejemplo principal). Los principios literarios fundamentales son los mismos en ambas categorías.

Los escritos visionarios presentan escenarios, personajes y eventos que difieren de la realidad corriente. Esto no quiere decir que los eventos de la literatura visionaria no ocurrieron en la historia pasada o no ocurrirán en la historia futura. Pero los eventos presentados por el autor todavía no habían sucedido o no existían en el mundo de esa época. Son imaginados.

El elemento de «ser algo distinto» llena los escritos visionarios. La literatura visionaria transforma el mundo conocido o el estado presente de las cosas en una situación que en el tiempo en que se escribió aún sólo era imaginada. La forma más simple de tal transformación es un cuadro futurista del cambio de la suerte de una persona o nación. De una forma más radical, la literatura visionaria nos lleva no sólo a un tiempo diferente, sino también a un modo de existencia diferente. Nos transporta a esferas que trascienden la realidad terrenal, por lo general a las esferas sobrenaturales del cielo o del infierno.

La peculiaridad de la literatura visionaria se extiende tanto a las escenas como a los actores. Típicamente, la escena es cósmica en lugar de ser localizada. En este escenario cósmico hay actores con los cuales no nos encontramos directamente en la vida diaria—Dios, los santos en el cielo, ángeles, dragones, monstruos, un guerrero montando en un caballo rojo (Apocalipsis 6:4, NVI), mujeres que vuelan y tienen alas como las de una cigüeña (Zacarías 5:9). La mezcla de lo familiar con lo que no es familiar, un sello de la literatura visionaria, toma una forma aún más extraña cuando objetos inanimados y fuerzas de la naturaleza de pronto se convierten en actores—como cuando las estrellas rehúsan mostrar su luz, o cuando cae en la tierra granizo mezclado con sangre.

Todo este espectáculo imaginario produce una estructura distintiva. La literatura visionaria está estructurada como un caleidoscopio de elementos que cambian—escenas visuales, discursos, diálogos, breves trozos de narrativa, oraciones, himnos y mucho más. El sueño, o la visión, provee la organización. Los sueños, después de todo, consisten de figuras momentáneas, impresiones fugaces, personajes y escenas que actúan su breve parte y luego se pierden de vista y saltos abruptos de una acción a otra.

Si la fantasía es un elemento de la escritura visionaria, también lo es el simbolismo. Los extraños acontecimientos que se ofrecen son imágenes de otra cosa. De acuerdo a esto, la pregunta correcta que debemos formularnos es la siguiente: Dado el contexto específico de un pasaje visionario, ¿a qué evento histórico o a qué hecho teológico representa esta imagen?

La mejor ayuda para la interpretación es un ojo agudo para lo obvio. Cuando Isaías vio un río que inundaría toda la tierra de Judá (8:5–8), el contexto a su alrededor deja claro que es una figura simbólica de la inminente invasión de los ejércitos de Asiria. Cuando el libro del Apocalipsis pinta los intentos infructuosos de un dragón de destruir a un niño que gobernará a todas las naciones y quien milagrosamente se escapa del dragón ascendiendo al cielo (12:1–5), lo reconocemos como un relato simbólico de la incapacidad de Satanás de frustrar la obra de Jesús durante su vida encarnada en la tierra.

La unidad literaria de la Biblia

La Biblia es una antología de tantos géneros y técnicas literarias que el efecto, al final, puede amenazar confundirnos. Pero la unidad literaria va a surgir si recordamos los principios fundamentales.

La estructura general de la Biblia es la estructura de una historia. Comienza con la creación del mundo, y termina con la consumación de la historia y la re-creación del mundo. El conflicto de la trama es una prolongada batalla espiritual entre el bien y el mal. El personaje central es Dios, y todas las criaturas y las naciones interactúan con ese poderoso protagonista. Toda historia, poesía o proverbio de la Biblia concuerda con esta historia que la envuelve por completo.

Aún más, todas las partes literarias de la Biblia comparten los rasgos que definen a la literatura misma. En concreto, esas historias presentan la experiencia humana para que nosotros podamos compartir una experiencia con el autor y con los personajes de una historia o poesía. Todas las partes literarias de la Biblia despliegan habilidad técnica y belleza. También emplean recursos especiales del lenguaje para que estemos conscientes de que los escritores están usando el lenguaje de una forma que va más allá del uso común.

Finalmente, a pesar de la diversidad de géneros literarios que encontramos en la Biblia, el principio del género en sí mismo ayuda a organizar el todo. Cualquiera que sea el pasaje al que vayamos en la Biblia, siempre nos damos cuenta de que dicho pasaje o libro pertenece a un género literario específico, un género que sigue sus propias reglas convencionales y que requiere un conjunto de expectativas definidas de parte del lector.

La Biblia es un libro para toda la gente y para todos los temperamentos, desde la persona prosaica y práctica hasta aquella a la que le gusta volar con la fantasía y las visiones. Uno de los personajes del novelista ruso Fyodor Dostoyevsky exclamó: «Vaya libro que es la Biblia, qué milagro, qué fortaleza se le da al hombre con ella. Es como un molde tomado del mundo y del hombre y de la naturaleza humana, todo está allí, y una ley para cada cosa para todas las edades. Y qué misterios se resuelven y son revelados» (Los hermanos Karamazov).

Bibliografía

Alter, Robert. The Art of Biblical Narrative [El arte de la narrativa bíblica], 1981.

Auerbach, Erich; traductor, Willard Trask. «Odysseus’ Scar [La cicatriz de Odiseo]», capítulo 1 de Mimesis: The Representation of Reality in Western Literature [Mimesis: La representación de la realidad en la literatura occidental], 1953.

Frye, Northrop. The Great Code: The Bible and Literature [El gran código: La Biblia y literatura], 1982.

Gros Louis, Kenneth, editor. Literary Interpretations of Biblical Narratives [Interpretaciones literarias de narrativas bíblicas], 1974.

Lewis, C. S. The Literary Impact of the Authorized Version [El impacto literario de la Versión Autorizada], 1963.

Longman III, Tremper. Literary Approaches to Biblical Interpretation [Enfoques literarios a la interpretación bíblica], 1987.

Ryken, Leland. How to Read the Bible as Literature [Cómo leer la Biblia como literatura], 1984.

———, The New Testament in Literary Criticism [El Nuevo Testamento en la crítica literaria], 1984.

———. Words of Delight: A Literary Introduction to the Bible [Palabras de deleite: Una introducción literaria a la Biblia], 1987.

———. Words of Life: A Literary Introduction to the New Testament [Palabras de vida: Una introducción literaria al Nuevo Testamento], 1987.

1 Salmo 19:1, NVI.

2 Salmo 1:6, NVI.

3 Salmo 29:1, NVI.

4 Salmo 23:5, NVI.

Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (pp. 113–156). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

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La maldad de los hombres

Génesis 6-9

La maldad de los hombres

6:1  Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,

que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.

Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.

Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antig:uedad fueron varones de renombre.

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.

Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.

Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.

Noé construye el arca

Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé.

10 Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet.

11 Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.

12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.

13 Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.

14 Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera.

15 Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura.

16 Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de elevación por la parte de arriba; y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero.

17 Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá.

18 Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo.

19 Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán.

20 De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida.

21 Y toma contigo de todo alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos.

22 Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó.

El diluvio

7:1  Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación.

De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra.

También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra.

Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice.

E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová.

Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra.

Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos.

De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que se arrastra sobre la tierra,

de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a Noé.

10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.

11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas,

12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.

13 En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca;

14 ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie.

15 Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida.

16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta.

17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.

18 Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas.

19 Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos.

20 Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes.

21 Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre.

22 Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió.

23 Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca.

24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días.

8:1  Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.

Y se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida.

Y las aguas decrecían gradualmente de sobre la tierra; y se retiraron las aguas al cabo de ciento cincuenta días.

Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre los montes de Ararat.

Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo; en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cimas de los montes.

Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho,

y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra.

Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra.

Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca.

10 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca.

11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra.

12 Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él.

13 Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero, el día primero del mes, las aguas se secaron sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba seca.

14 Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra.

15 Entonces habló Dios a Noé, diciendo:

16 Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo.

17 Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra.

18 Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él.

19 Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca.

20 Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar.

21 Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.

22 Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.

Pacto de Dios con Noé

9:1 Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra.

El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados.

Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.

Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis.

Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre.

El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.

Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella.

Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo:

He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros;

10 y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra.

11 Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.

12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos:

13 Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra.

14 Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes.

15 Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne.

16 Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.

17 Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.

Embriaguez de Noé

18 Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es el padre de Canaán.

19 Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra.

20 Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña;

21 y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.

22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera.

23 Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.

24 Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven,

25 y dijo:
    Maldito sea Canaán;
    Siervo de siervos será a sus hermanos.

26 Dijo más:
    Bendito por Jehová mi Dios sea Sem,
    Y sea Canaán su siervo.

27 Engrandezca Dios a Jafet,
Y habite en las tiendas de Sem,
Y sea Canaán su siervo.

28 Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años.

29 Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Los dones extravagantes de Dios

Enero 3

Los dones extravagantes de Dios

Lectura bíblica: Juan 14:12–14

Y todo lo que pidáis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Juan 14:13

a1Miguel se impulsa sobre el borde de un cerro empinado. Querido Dios, ora mientras su patineta va tomando velocidad en la nieve, ayúdame a realizar este doble salto mortal, con un giro de 360 grados y con los ojos vendados, para que todos los que me observan piensen que soy estupendo.

Alicia coloca la mano sobre la hoja del examen de multiplicación que acaba de terminar y ora: Señor, no espero que mis respuestas sean perfectas. Pero por favor haz que tenga suficientes respuestas correctas para no tener que volver a tomar el examen.

¿Qué es lo más extravagante que jamás le hayas pedido a Dios? ¿Le has pedido que del cielo te caiga una bolsa de diez kilos de dinero? ¿Que aparezca un perrito debajo del árbol de Navidad? ¿Que ese corte terrible de cabello que te hicieron crezca milagrosamente antes de que alguien te vea?

Jesús dijo que podemos pedirle todo. Escucha bien: Dijo ¡todo!

¿Realmente quiso Jesús decir eso? ¿Qué te parece? Tómate un minuto o dos para explicar lo que tú piensas que quiso decir.
Juan 14:13 dice que Jesús quiere ayudarnos a dar a conocer la grandeza de Dios. Esta es la clave:

Tu oración por todo en el nombre de Jesús
+ la respuesta perfecta de Jesús a tu oración
= Gloria para el Padre

Fíjate lo que pasa cuando oramos: Cuando oramos en el nombre de Jesús, estamos diciendo que lo que pedimos sea contestado del modo que Jesús sabe es el mejor. Como Jesús siempre sabe qué es lo que muestra la “gloria” de Dios (lo que le dará honra por su gran sabiduría poder y amor), siempre recibimos la respuesta correcta. La respuesta correcta nos ayuda y genera la alabanza que Dios merece.

Piensa acerca de cómo funciona eso en la vida real. Podemos pedirle a Jesús que haga que todas las respuestas incorrectas del examen se transformen milagrosamente en las correctas. Pero él sabe que podemos desarrollarnos mejor y glorificar más a Dios si él nos ayuda a llegar a ser fuertes y listos por estudiar mucho. Así que a lo mejor no nos salva de una mala calificación, pero nuestra oración lo lleva a hacer lo que resulta ser lo mejor para nosotros.

Así que adelante, pídele a Dios todo. Pero pídeselo en el nombre de Jesús. Deja que Jesús decida la mejor manera de responder. Si no obtienes exactamente todo lo que pides en oración es porque Jesús conoce una manera mejor de dar la gloria a Dios por medio de ti.

PARA DIALOGAR
¿Qué te parece la idea de que Dios siempre quiere hacer lo mejor para ti? Su mejor respuesta a tus oraciones lo glorifica a él al demostrar su grandeza.

PARA ORAR
Señor, es un privilegio pedirte lo que queremos; también sé que contestarás nuestras oraciones en formas que nos ayuden a crecer y que te glorifiquen a ti.

PARA HACER
Confecciona un cartel para colocar en la puerta del refrigerador, que diga: “¡Quiero lo mejor que Dios me puede dar!”.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Desobediencia del hombre

Génesis 3-5

Desobediencia del hombre

a13:1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?

Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;

pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;

sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?

10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.

11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?

12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.

13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido,[a] y él se enseñoreará de ti.

17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva,[b] por cuanto ella era madre de todos los vivientes.

21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.

23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.

24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Caín y Abel

4:1 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido[c] varón.

Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;

pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?

Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.[d]

Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

11 Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.

13 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.

14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.

15 Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.

16 Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod,[e] al oriente de Edén.

17 Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc.

18 Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec.

19 Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila.

20 Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados.

21 Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta.

22 Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama.

23 Y dijo Lamec a sus mujeres:
    Ada y Zila, oíd mi voz;
    Mujeres de Lamec, escuchad mi dicho:
    Que un varón mataré por mi herida,
    Y un joven por mi golpe.

24 Si siete veces será vengado Caín,
Lamec en verdad setenta veces siete lo será.

25 Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set:[f]Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín.

26 Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.

Los descendientes de Adán

(1 Cr. 1.1-4)

5:1 Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.

Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.

Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set.

Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas.

Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió.

Vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós.

Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas.

Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió.

Vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán.

10 Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas.

11 Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió.

12 Vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel.

13 Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel, ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas.

14 Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió.

15 Vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared.

16 Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.

17 Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió.

18 Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc.

19 Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas.

20 Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió.

21 Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén.

22 Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.

23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.

24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.

25 Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.

26 Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.

27 Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió.

28 Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo;

29 y llamó su nombre Noé,[g] diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.

30 Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas.

31 Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió.

32 Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam y a Jafet.

Footnotes:

  1. Génesis 3:16 O, tu voluntad será sujeta a tu marido.
  2. Génesis 3:20 El nombre en hebreo se asemeja a la palabra que se usa para viviente.
  3. Génesis 4:1 Heb. qanah, adquirir.
  4. Génesis 4:7 O, a ti será sujeto.
  5. Génesis 4:16 Esto es, Errante.
  6. Génesis 4:25 Esto es, Sustitución.
  7. Génesis 5:29 Esto es, Consuelo, o Descanso.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society