¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?

ESTUDIO BÍBLICO

Programa No. 2016-01-20
DAVID LOGACHO
Es motivo de gran gozo esta nuevamente con usted amable oyente. Gracias por su sintonía. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Proseguimos con nuestro estudio de las metáforas de la iglesia de Cristo, según aparecen en el Nuevo Testamento. En esta ocasión vamos a estudiar una nueva metáfora de la iglesia de Cristo. Estoy seguro que esto va a ser muy edificante para su vida espiritual.
DAVID LOGACHO
a1En nuestro estudio bíblico pasado vimos que la iglesia de Cristo es la esposa de Cristo. En esta metáfora de la iglesia de Cristo sobresale el amor conyugal entre Cristo y su iglesia. Cristo ama a la iglesia y es fiel a ella y la iglesia responde amando a Cristo y siendo fiel a él. La fidelidad de la iglesia a Cristo se manifiesta en rechazar la amistad con el mundo, porque la Biblia dice en Santiago 4:4-5 ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Jas 4:5 ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?

Cuidado amable oyente con ser infieles a quien es fiel con nosotros. Nos horrorizamos cuando conocemos de casos en los cuales un esposo es infiel a su esposa y más todavía cuando una esposa es infiel a su esposo, pero, ¿Por qué no nos horrorizamos de igual manera cuando la iglesia de Cristo es infiel a Cristo, su esposo? ¿Por qué tomamos ligeramente la amistad con el mundo a pesar que sabemos que la amistad con el mundo es equivalente a ser infieles a Cristo? Que Dios nos libre de ser infieles a Cristo. Dejemos atrás la metáfora de la esposa de Cristo y consideremos una nueva metáfora. Se encuentra en 1 Timoteo 3:15. La Biblia dice: para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

Este versículo muestra con absoluta claridad la metáfora, amable oyente. Dice el texto leído que la iglesia de Cristo es la casa de Dios. Cuando este texto nos habla de casa, no se está refiriendo a una edificación. No tiene nada que ver con ladrillo y cemento. Casa significa parentela, familia, descendencia, simiente. Casa se usó en este sentido cuando por ejemplo Josué dijo las memorables palabra que aparecen en Josué 24:15. La Biblia dice: Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

Cuando Josué habló de su casa estaba refiriéndose a su familia, a su descendencia. De modo, que, amable oyente, la iglesia de Cristo es la parentela, la familia, la descendencia, la simiente de Dios. Esto es absolutamente grandioso. ¿Qué tal si la persona más famosa, más rica y más poderosa del mundo le adoptara como hijo, ¿Cómo se sentiría? Yo creo que se sentiría muy bien. Cuánto mejor deberíamos sentirnos los creyentes en Cristo Jesús por ser parte de la familia o de la descendencia de Dios. Y conste que nosotros no somos sólo adoptados como hijos de Dios sino que somos hijos verdaderos de Dios. Permítame este ejemplo para ilustrar la diferencia entre hijos adoptivos e hijos verdaderos. Yo podría adoptar un niño en mi familia. Podría darle mi apellido, podría compartir con él mi riqueza, podría hacerle mi heredero. Pero existe algo que no podría hacer aunque lo quisiera con toda el alma. De ninguna manera podría hacer que mi hijo adoptado se parezca físicamente a mí, porque él y yo tenemos diferente padre biológico. Pero con Dios no acontece igual. Dios nos ha hecho sus hijos y compartimos su misma esencia, su mismo carácter. Note lo que dice 1 Pedro 1:23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

No olvide nunca amable oyente, que si ha recibido a Cristo como su Salvador, tiene la simiente de Dios. Pero al pensar en la iglesia de Cristo como la casa de Dios, tenemos que pensar en que Dios es nuestro Padre. El maravilloso y popular pasaje bíblico de Juan 1:12-13 dice lo siguiente: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

Joh 1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

El solo hecho de recibir a Cristo como Salvador ha resultado en la maravilla de que Dios es nuestro Padre. Tener un padre como él debe ser fuente de satisfacción sin límite. Él no es cualquier persona. La persona más importante de este mundo es como un gusano junto a él. Nuestros corazones deberían rebozar de felicidad al saber que tenemos un Padre como él. Pero también existe una responsabilidad amable oyente. Ser un hijo de Dios demanda un comportamiento acorde con esa categoría. Como hijos de Dios, debemos imitar a nuestro Padre en todo. Es decir que se espera que los hijos de Dios anden en los caminos de Dios. Hay algo que nunca deja de llamar poderosamente mi atención, y es ver casos de personas que dicen ser hijos de Dios, pero andan en mentiras, en robos, en envidias, en borracheras, en vicios de diversa índole. Esta conducta no es la conducta de Dios amable oyente. Mal puede un verdadero hijo de Dios andar en este tipo de vida. A la única conclusión que llego es que los que dicen ser hijos de Dios pero viven deshonrando a Dios seguramente no son verdaderos hijos de Dios. Una cosa es decir de labios para afuera: soy hijo de Dios, otra muy distinta es respaldar con la buena conducta que estamos imitando a nuestro Padre como verdaderos hijos de Dios. Bien dice la palabra de Dios: Por sus frutos los conoceréis. Otro aspecto interesante de la iglesia de Cristo como la casa de Dios es que todos los creyentes somos hermanos entre nosotros. Ser hermana o hermano de alguien en el plano espiritual es algo honroso. Entre hermanos en el plano material se supone que no debe haber peleas, rivalidades, envidias, divisiones. Esto es lo ideal, aunque usted y yo sabemos que a veces lo ideal dista mucho de lo real. Si eso es lo ideal entre hermanos en plano material, cuánto más en el plano espiritual. Entre los hermanos en Cristo no debería haber disputas ni rivalidad ni acepción de personas, ni divisiones, ni deslealtad. Esto es lo ideal, pero lamentablemente, aquí también, lo ideal dista mucho de lo real, porque con tristeza en el corazón vemos que entre hermanos en la fe nos comemos unos a otros por cosas sin importancia. En este sentido caemos en el juego del enemigo porque una táctica predilecta del enemigo es: Divide y vencerás. Evitemos amable oyente el juzgarnos unos a otros, el condenarnos unos a otros, el dividirnos entre nosotros, el hacer acepción de personas entre nosotros, el herirnos unos a otros. El cristianismo en la actualidad es como un ejército que usa sus mejores armas para atacar a sus propios compañeros. Mientras el enemigo está arreciando en su ataque a la iglesia de Cristo, la iglesia de Cristo gasta casi toda su energía no en repeler al enemigo sino en atacar al compañero. Otra característica importante de la casa de Dios es que en toda casa o familia debe existir disciplina. ¿Qué pensaría de un padre que descuida la disciplina en su hogar? Inadmisible, ¿verdad? Si es inadmisible para un padre terrenal, cuanto más inadmisible para el Padre celestial. Por eso en la casa de Dios que es la iglesia de Cristo debe existir disciplina. La Biblia es el manual de disciplina para el hijo de Dios. Cuando el hijo de Dios se somete a la palabra de Dios encontrará bendición de Dios, pero cuando el hijo de Dios se rebela contra la palabra de Dios encontrará la disciplina de Dios. Dios es severo al disciplinar a sus hijos. Dios inclusive es capaz de quitar la vida a alguno de sus hijos que le están deshonrando con su conducta. Por eso, observe con atención lo que dice la Biblia en Hebreos 12:5-8. La Biblia dice: y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:

Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,

Ni desmayes cuando eres reprendido por él;

Heb 12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina,

Y azota a todo el que recibe por hijo.

Heb 12:7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

Heb 12:8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.

Toda casa necesita de disciplina para funcionar armónicamente, cuánto más la casa de Dios que es la iglesia de Cristo. En último término, la casa de Dios nos hace pensar también en la herencia. A los que somos parte de la casa de Dios nos espera una herencia que no puede ser cuantificada amable oyente. Eso lo podemos ver en 1 Pedro 1:3-4. La Biblia dice: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,

1Pe 1:4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,

Así es amable oyente, la muerte no es el fin para los que somos la casa de Dios, porque Dios nos ha prometido una resurrección y una herencia en su propia gloria. Vemos que la casa de Dios es una excelente metáfora de la iglesia de Cristo. Alabemos al Señor por haber hecho de la iglesia de Cristo la casa de Dios.

PABLO LOGACHO
Antes de dar término a nuestra edición de hoy, quiero invitarle a visitar nuestro sitio en Internet y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DIA Una persona tiene un hijo de 18 años quien no es creyente. Hasta hace poco le acompañaba a los cultos de la iglesia, pero últimamente ya no quiere ir ¿Debe obligarle a que le acompañe? Nuestra dirección es: triple w.labibliadice.org en donde además puede conocer toda la literatura que tenemos a su libre disposición. Todos los que hacemos LA BIBLIA DICE… deseamos Que Dios le bendiga ricamente y será hasta nuestro próximo programa.
https://soundcloud.com/labibliadice/lbd-2016-01-20
http://labibliadice.org/lbd/serie/programa-no-2016-01-20/

Los israelitas cruzan el Mar Rojo

Éxodo 14-17

Los israelitas cruzan el Mar Rojo

14:1  Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar.

Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado.

Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así.

Y fue dado aviso al rey de Egipto, que el pueblo huía; y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva?

Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo;

y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos.

Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y él siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.

Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón.

10 Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová.

11 Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?

12 ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto.

13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.

14 Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

15 Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.

16 Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco.

17 Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería;

18 y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique en Faraón, en sus carros y en su gente de a caballo.

19 Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas,

20 e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros.

21 Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.

22 Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.

23 Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo.

24 Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios,

25 y quitó las ruedas de sus carros, y los trastornó gravemente. Entonces los egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios.

26 Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.

27 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar.

28 Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno.

29 Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda.

30 Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.

31 Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.

Cántico de Moisés y de María

15:1 Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron:
    Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente;
    Ha echado en el mar al caballo y al jinete.

Jehová es mi fortaleza y mi cántico,
Y ha sido mi salvación.
Este es mi Dios, y lo alabaré;
Dios de mi padre, y lo enalteceré.

Jehová es varón de guerra;
Jehová es su nombre.

Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército;
Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo.

Los abismos los cubrieron;
Descendieron a las profundidades como piedra.

Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en poder;
Tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo.

Y con la grandeza de tu poder has derribado a los que se levantaron contra ti.
Enviaste tu ira; los consumió como a hojarasca.

Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas;
Se juntaron las corrientes como en un montón;
Los abismos se cuajaron en medio del mar.

El enemigo dijo:
Perseguiré, apresaré, repartiré despojos;
Mi alma se saciará de ellos;
Sacaré mi espada, los destruirá mi mano.

10 Soplaste con tu viento; los cubrió el mar;
Se hundieron como plomo en las impetuosas aguas.

11 ¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses?
¿Quién como tú, magnífico en santidad,
Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?

12 Extendiste tu diestra;
La tierra los tragó.

13 Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste;
Lo llevaste con tu poder a tu santa morada.

14 Lo oirán los pueblos, y temblarán;
Se apoderará dolor de la tierra de los filisteos.

15 Entonces los caudillos de Edom se turbarán;
A los valientes de Moab les sobrecogerá temblor;
Se acobardarán todos los moradores de Canaán.

16 Caiga sobre ellos temblor y espanto;
A la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra;
Hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová,
Hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.

17 Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad,
En el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Jehová,
En el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado.

18 Jehová reinará eternamente y para siempre.

19 Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, y Jehová hizo volver las aguas del mar sobre ellos; mas los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar.

20 Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas.

21 Y María les respondía:
    Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido;
    Ha echado en el mar al caballo y al jinete.

El agua amarga de Mara

22 E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.

23 Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.[a]

24 Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?

25 Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó;

26 y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.

27 Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas.

Dios da el maná

16:1  Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto.

Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto;

y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.

Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.

Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día.

Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto,

y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros?

Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová.

Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones.

10 Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube.

11 Y Jehová habló a Moisés, diciendo:

12 Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.

13 Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento.

14 Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra.

15 Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.

16 Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda.

17 Y los hijos de Israel lo hicieron así; y recogieron unos más, otros menos;

18 y lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer.

19 Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana.

20 Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés.

21 Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.

22 En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés.

23 Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo,[b] el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana.

24 Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió.

25 Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo[c] para Jehová; hoy no hallaréis en el campo.

26 Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo;[d] en él no se hallará.

27 Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron.

28 Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?

29 Mirad que Jehová os dio el día de reposo,[e] y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día.

30 Así el pueblo reposó el séptimo día.

31 Y la casa de Israel lo llamó Maná;[f] y era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel.

32 Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Llenad un gomer de él, y guardadlo para vuestros descendientes, a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto.

33 Y dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes.

34 Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó a Moisés.

35 Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán.

36 Y un gomer es la décima parte de un efa.

Agua de la roca

17:1  Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese.

Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?

Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?

Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán.

Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve.

He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.

Y llamó el nombre de aquel lugar Masah[g] y Meriba,[h] por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?

Guerra con Amalec

Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.

Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.

10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.

11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.

12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi;[i]

16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

Footnotes:

  1. Éxodo 15:23 Esto es, Amargura.
  2. Éxodo 16:23 Aquí equivale a sábado.
  3. Éxodo 16:25 Aquí equivale a sábado.
  4. Éxodo 16:26 Aquí equivale a sábado.
  5. Éxodo 16:29 Aquí equivale a sábado.
  6. Éxodo 16:31 Esto es, ¿Qué es esto?
  7. Éxodo 17:7 Esto es, Prueba.
  8. Éxodo 17:7 Esto es, Rencilla.
  9. Éxodo 17:15 Esto es, Jehová es mi estandarte.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Intrépido

Enero 20

Intrépido

Lectura bíblica: Juan 2:13–16

¡…No hagáis más de la casa de mi Padre casa de mercado! Juan 2:16

a1Medio dormido, te esfuerzas por ponerte de pie en el culto. Abres el himnario, abres la boca y gruñes estas palabras: “La tierna voz del Salvador nos habla conmovida”.
¡Espera un segundo! ¿Qué imagen de Jesús te viene a la mente al cantar esas palabras? Quizá las piensas y te preocupas de que Jesús sea tan dulce y tierno que no mataría ni una mosca. O que allá en su pueblo de Nazaret tu Señor era el debilucho del vecindario.
Pues bien, Jesús no tenía nada de débil. No obstante, lo siguiente es cierto:

• Fue un poeta que hablaba de una manera hermosa acerca de los pájaros y los lirios.
• Fue un narrador de historias que se inventaba relatos de mujeres cociendo pan y pescadores recogiendo su pesca.
• Fue un amigo tierno que ponía a los niños sobre sus rodillas.
• Fue un prisionero silencioso, humildemente de pie ante las autoridades, sufriendo amargos insultos sin decir palabra.

No obstante, Jesús era fuerte. Escucha lo siguiente acerca de él:

• Fue un carpintero cuyas manos eran ásperas por el trabajo que hacía en la carpintería de José.
• Fue un hombre que le gustaba estar al aire libre, capaz de vivir solitario en el desierto durante muchos días.
• Fue un líder que hablaba con valentía contra las autoridades deshonestas de su época, llamándolas “insensatos y ciegos” y “víboras”.
• Escogió una muerte terriblemente dolorosa en la cruz para darnos salvación.

Jesús era tierno. Era humilde. Pero su ternura y humildad no indicaban falta de fuerza. ¡Demostraban fuerza bajo control!
Según la Biblia, Jesús entró furiosamente al templo en Jerusalén —quizá más de una vez— para correr él solo al montón de mercaderes deshonestos. Nadie se atrevió a protestar ni a oponerse al furor de su ira.
Jesús es tierno. Pero también es fuerte y poderoso. Su amor nos guarda y nos protege. Y si se mete con fuerza en nuestra vida para desafiar nuestros pensamientos, palabras y comportamientos malos, lo hace porque está a favor nuestro, no contra nosotros, ¡y quiere lo mejor para nosotros!

PARA DIALOGAR
¿Opinas que Jesús es un debilucho? ¿Cómo sabes que Dios es increíblemente fuerte?

PARA ORAR
Señor Jesús, gracias por tu ternura. Gracias también por tu fuerza.

PARA HACER
Jesús quiere que actúes resueltamente contra tus propios pecados. ¿Hay algo que quieres arrancar de tu vida?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

CUANDO CAE UN GRAN ÁRBOL.

CUANDO CAE UN GRAN ÁRBOL.

Programa No. 2016-01-20
PABLO MARTINI
a1Este sabio refrán en tono de advertencia fue escrito por Salomón en el libro de Eclesiastés capítulo 10. Tal vez, de la experiencia recogida a lo largo de su vida, este rey aprendió en carne propia que en un solo momento de locura se puede echar por tierra toda una vida que exhalaba la fragancia de la sabiduría. Fíjate que el perfume del perfumista no sufrió un “proceso” de pudrirse o dañarse de a poco. Se destaca que fue una mosca, un simple insecto, el que entró súbitamente al frasco y dañó todo su contenido. Creo que este sabio escritor nos quiere hacer notar lo peligroso de jugar con lo prohibido, porque basta un solo momento de locura para derribar años de buen testimonio.
Conocemos ejemplos de lo que intento decir y la misma Biblia está repleta de hombres y mujeres que llegaron alto y de sus alturas fueron derribados. Don Daniel Rogers sabe decir que “el árbol, cuánto más grande es, más ruido hace al caer”. Su experiencia en tantos viajes a la Amazonía le llevó a esta sabia conclusión. Es que al igual que el perfume que impregna con su delicado aroma a quienes lo disfrutan, así también algo dañado estorba y perjudica a los que lo huelen. No solo tú te caes, no solo tú te lastimas, no solo tu perfume se daña, son muchos y muchas los perjudicados cuando la locura de un arrebato de pasión te gobierna y te derriba. Tal vez Salomón pensaba en su propio padre, David, cuando redactaba este texto al escritor. Un hombre escogido conforme al corazón de Dios. Se descuidó, se confió, alardeó de sus privilegios y se metió en una cadena de lujuria, mentiras y crimen sólo levantado por la misericordiosa mano de Dios. ¿En quien piensas tú en estos momentos?… Piensa en ti, porque dice la Biblia que el que se cree estar firme mire que no caiga.
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La iglesia de Cristo es la morada de Dios

ESTUDIO BÍBLICO

Programa No. 2016-01-19
DAVID LOGACHO
Es un gozo saludarle amable oyente y darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando las metáforas de la iglesia de Cristo, según aparecen en el Nuevo Testamento. La última metáfora que consideramos en nuestro estudio bíblico anterior fue que la iglesia es la morada de Dios. En esta ocasión, hablaremos de otra metáfora de la iglesia de Cristo.
DAVID LOGACHO
a1La iglesia de Cristo es la morada de Dios. Hoy en día, Dios no habita en templos hechos de manos ni en imágenes ni en lienzos ni en estatuas o urnas de cristal, ni en amuletos, ni en crucifijos, sino solamente en la congregación de los que somos discípulos de Cristo. Es inútil por tanto, amable oyente, que pretenda buscar a Dios en cualquier lugar que no sea la iglesia de Cristo, porque la iglesia de Cristo es el templo de Dios. Ahora vamos a estudiar otra metáfora de la iglesia de Cristo. Se encuentra en Efesios 5:25-27. La Biblia dice: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

Eph 5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,

Eph 5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Pablo está enseñando acerca de los roles de la esposa y del esposo en el hogar. La función principal de la esposa en el hogar es someterse a su esposo. La función principal del esposo en el hogar es amar a su esposa. Para ilustrar este hecho, Pablo echa mano de la relación de Cristo con su iglesia. El esposo debe amar a su esposa así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. El paralelismo es evidente amable oyente. Cristo es el esposo, su iglesia es la esposa. En esta metáfora de la iglesia de Cristo, se distingue el amor conyugal de Cristo el esposo para su iglesia, la esposa. Antes de hablar de la esposa, la iglesia, pongamos nuestra mirada en el esposo, en Cristo. En el pasaje recientemente leído vemos que Cristo ama a la iglesia. Ese amor es en el pasado, en el presente y en el futuro. El amor de Cristo hacia su esposa la iglesia, se manifiesta siempre en acción de beneficio para ella. En el pasado, Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Esto nos lleva al sacrificio de Cristo en la cruz a favor de su iglesia. Cristo amó tanto a la iglesia que no le importó ser humillado, insultado, escupido, golpeado, puesto una corona de espinas y clavado a la cruz del calvario, donde entregó su vida misma. En el pasado Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. En el presente, Cristo ama a la iglesia y ese amor se manifiesta en la santificación de la iglesia de Cristo. El texto que leímos dice: para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra. Santificar significa poner aparte. Posicionalmente la iglesia de Cristo ya ha sido puesta aparte para Dios, ya es santa, pero también en la práctica, en el diario vivir, la iglesia de Cristo necesita ser puesta aparte para Dios. Esta es una obra que Cristo hace cada instante a favor de su iglesia. La obra de santificación se lleva a cabo por el lavamiento del agua por la palabra. En palabras sencillas esto significa que las vidas de los creyentes son lavadas constantemente mientras los creyentes leen, entienden y obedecen la palabra de Dios. De aquí la importancia que usted amable oyente, que es creyente, tenga el buen hábito de leer, entender y practicar la palabra de Dios diariamente. ¿Ha leído, entendido y practicado algo de la palabra de Dios en este día? Si no lo ha hecho, su vida, por decirlo así, está contaminada con el pecado y necesita esa limpieza del agua por la palabra de Dios. Vemos entonces que el amor de Cristo a su iglesia tuvo un tiempo pasado, cuando Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella en lo que llamamos la redención.

También el amor de Cristo a su iglesia tienen un tiempo presente, cuando Cristo ama a la iglesia y la santifica. En tercer lugar, el amor de Cristo a su iglesia tienen también un tiempo futuro. En el futuro el amor de Cristo a su iglesia se manifiesta en su glorificación. Dice el texto que leímos: a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. La glorificación tiene que ver con el estado futuro de la iglesia una vez que sea sacada de este mundo. Cuando eso suceda la iglesia será gloriosa, sin una sola mancha de pecado, sin una sola arruga de imperfección. Total santidad y perfección. Eso es lo que espera en el futuro a la iglesia de Cristo. Esto es de mucho consuelo para los que como Pablo tienen dolores como de parto por ver a la iglesia en santidad y madurez. Puede ser que en la iglesia de Cristo en este mundo existan imperfecciones, divisiones, rivalidades, envidias, pecado. Pero no será así para siempre amable oyente, porque el amor de Cristo por su iglesia hará que en algún momento la iglesia sea gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa y sin mancha. Con esto se completa los tres tiempos del amor de Cristo por su iglesia. En el pasado Cristo amó a la iglesia y resultó en su redención. En el presente, Cristo ama a la iglesia y resulta en su santificación. En el futuro, Cristo amará a la iglesia y resultará en su glorificación. ¿No le parece emocionante, amable oyente? Cristo Jesús en su relación con su iglesia es el perfecto modelo para todos los que somos esposos. Así como Cristo ama a la iglesia, nosotros también debemos amar a nuestras esposas. Quitemos ahora nuestra mirada de Cristo como el esposo y pongamos nuestra mirada en su iglesia como la esposa. 2 Corintios 11:2 dice algo muy interesante sobre esto. La Biblia dice: Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.

Pablo, el autor de la carta, está celoso por los corintios, pero no era un celo pecaminoso, él mismo dice que es celo de Dios. El celo se debe a que él había desposado a los corintios con un solo esposo que es Cristo, así como lo hubiera hecho un padre amante con su hija virgen al desposarle con su futuro esposo. Pablo por tanto tiene un deseo profundo, esto es el celo de Dios, por ver que la iglesia se mantenga pura para Cristo su esposo. Esto nos dice amable oyente, que la iglesia de Cristo ha sido desposada con Cristo y se espera que sea fiel a Cristo. Cuando una virgen era desposada con su esposo, se consideraba como si ya estuviera casada, aunque todavía no había vivido con su esposo. ¿Recuerda el caso de María, la madre de Jesús? Ella había sido desposada con José; y antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. Por supuesto que la gente que conocía a María no sabía que lo que María había concebido era del Espíritu Santo y tanto ellos como José pensaban que María había cometido adulterio. ¿Cómo así adulterio, si todavía no había vivido con José? Pues porque María había sido desposada con José y eso era como estar ya casada con él, aunque todavía no habían vivido juntos. Igual es con la iglesia y Cristo amable oyente, la iglesia ha sido desposada con Cristo y es de esperarse que la iglesia tenga total fidelidad hacia Cristo, como una virgen pura según el lenguaje de Pablo. Pero ¿Cómo puede la iglesia ser infiel a Cristo? La Biblia nos da respuesta para esto. Santiago 4:4 dice: ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Allí lo tiene lo tiene amable oyente. Santiago pronuncia palabras fuertes a sus lectores. Les dice almas adúlteras. ¿Por qué? Pues porque estando desposados con Cristo, sin embargo se habían entregado a otro hombre. Allí estaba el adulterio. El otro hombre es la amistad con el mundo. Primero tenemos que definir qué es el mundo. El mundo, amable oyente es el sistema que el hombre ha fabricado para sí mismo en un esfuerzo para satisfacer los deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida. Sistema en el cual Dios o su Hijo Jesucristo no tienen ninguna participación. Puede ser el mundo del arte, de la cultura, de la educación, de la ciencia, de la política y aún de la religión. Es en definitiva el mundo donde el nombre de Cristo no es bienvenido e inclusive prohibido. Cuando un creyente se rinde a cualquiera de estas áreas de este sistema y vive para ella y sueña con ella y come de ella, decimos entonces que ha habido amistad con el mundo y eso es enemistad contra Dios, por tanto adulterio, porque la iglesia ha sido desposada con Cristo, no con el mundo. ¿Cómo está su vida como creyente, amable oyente? ¿Qué es lo más importante para su vida? ¿Quién ocupa el primer lugar en su vida? ¿Será su trabajo? ¿Será su familia? ¿Será su novio o su novia? ¿Será su fortuna? ¿Será su ministerio como pastor? Si alguna de estas cosas está ocupando el primer lugar en su vida, me temo que está en adulterio amable oyente. Si ese es el caso, yo le desafío a que lo antes posible ponga en orden las prioridades de su vida.

PABLO LOGACHO
¿Puede un pastor que ha cometido adulterio y se ha alejado de los caminos del Señor por un buen tiempo, volver a ejercer el pastorado? Visite nuestro sitio en Internet y en la sección PREGUNTA DEL DIA encontrara la respuesta y además podrá hacernos llegar sus inquietudes acerca de algún tema de la palabra de Dios. Nuestra dirección es labibliadice.org, labibliadice.org Ha sido un placer estar junto a usted y le esperamos en nuestra próxima edición.
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El depósito de la fe 8

El depósito de la fe 8

El error nunca se presenta en toda su desnuda crudeza, a fin de que no se le descubra. Antes bien se viste elegantemente, para que los incautos crean que es más verdadero que la verdad misma.

Ireneo de Lión

a1Las muchas gentes que se convertían al cristianismo no venían a él carentes de todo trasfondo. Al contrario, cada cual traía a él sus propias experiencias y sus propios conocimientos. Esta variedad de trasfondos fue de gran valor para la iglesia, y en todo caso era señal de la universalidad del evangelio. Pero, por otra parte, esta situación se prestaba para que algunos comenzaran a ofrecer sus propias interpretaciones de la fe cristiana, y para que algunas de esas interpretaciones fueran tales que amenazaran con tergiversar radicalmente esa fe. Este peligro era tanto mayor por cuanto, según hemos dicho anteriormente, el espíritu de la época era radicalmente sincretista. Lo que muchas gentes buscaban no era una doctrina única, sino un sistema que de algún modo combinara todas las doctrinas, tomando un poco de cada una. Lo que estaba en juego, por tanto, no era sencillamente tal o cual elemento del cristianismo, sino más bien la cuestión fundamental de si la nueva fe tenía o no un mensaje único, y en qué sentido ese mensaje era único.

El gnosticismo

De todas las diversas interpretaciones del cristianismo que aparecieron en el siglo segundo, ninguna fue tan peligrosa, ni estuvo tan a punto de triunfar, como el gnosticismo. El gnosticismo no fue un grupo u organización compacta que surgió frente a la iglesia, sino que fue más bien todo un movimiento que existió tanto dentro del cristianismo como fuera de él, y que dentro del cristianismo trataba de reinterpretar la fe en términos que resultaban inaceptables para los demás cristianos. Como movimiento, el gnosticismo fue siempre amorfo, y por tanto resulta imposible señalar hacia un jefe. Basilides, Valentín y otros fueron maestros gnósticos, cada cual con sus doctrinas y sus discípulos. Pero el sincretismo del gnosticismo era tal que sus doctrinas y escuelas se confundían, y en el día de hoy le resulta difícil al historiador distinguir entre ellas.

El término “gnosticismo” viene de la palabra griega “gnosis”, que quiere decir “conocimiento”. Según los gnósticos, su doctrina era un conocimiento especial, reservado para quienes poseían verdadero entendimiento. Además, parte de esa doctrina consistía en la clave secreta mediante la cual se logra la salvación.

La salvación era la preocupación principal de los gnósticos. Sobre la base de muchas doctrinas que circulaban en esa época, los gnósticos creían que todo lo que fuese materia era necesariamente malo. El ser humano, según ellos, es un espíritu eterno que de algún modo ha quedado encarcelado en este cuerpo. Puesto que el cuerpo es cárcel del espíritu, y puesto que nos oculta nuestra verdadera naturaleza, el cuerpo es malo. El propósito último del gnóstico es entonces escapar de este cuerpo y de este mundo material en el que estamos exiliados.

La imagen del exilio es fundamental para el gnosticismo. Este mundo no es nuestro verdadero hogar. Aun más, este mundo, al igual que el cuerpo, es material, y no es sino una cárcel para el espíritu y un obstáculo para la salvación.

¿Cómo explicar entonces el origen del mundo y del cuerpo? Los gnósticos afirman que originalmente toda la realidad era espiritual. El ser supremo no tenía intención alguna de crear un mundo material, sino sólo un mundo espiritual. Con ese propósito fueron creados varios seres espirituales. Cada maestro gnóstico ofrecía una lista distinta de tales seres, y algunos llegaban hasta 365 seres distintos. En todo caso, uno de estos seres espirituales, distante del ser supremo, fue el causante de este mundo. Según algunos gnósticos, lo que sucedió fue que Sofía —o Sabiduría, que así se llamaba aquel ser espiritual— quiso producir algo por sí sola, y el resultado fue un “aborto”. Eso es nuestro mundo: un aborto del espíritu, y no una creación de Dios.

Pero —continúan los gnósticos — puesto que este mundo había sido creado por un ser espiritual, siempre quedaron en él algunas “chispas” o “porciones” del espíritu. Esos elementos espirituales son los que están encerrados dentro de los cuerpos humanos, y que es necesario liberar.

A fin de lograr esa liberación, es necesario que venga un mensajero del reino espiritual. La función de ese mensajero consiste ante todo en despertarnos de nuestro “sueño”. Nuestros espíritus están “dormidos” dentro de nuestros cuerpos, dejándose llevar por los impulsos y las pasiones del cuerpo, y es necesario que alguien venga desde fuera para despertarnos y recordarnos quiénes somos, incitándonos así a luchar contra nuestro encarcelamiento. Además, ese mensajero ha de darnos la información —gnosis— necesaria para nuestra liberación. Necesitamos esa información, porque por encima de la tierra en que vivimos se encuentran las esferas celestiales.

Cada una de ellas está gobernada por un poder maligno, cuya función consiste en mantenernos prisioneros. Para llegar al reino puramente espiritual, tenemos que atravesar todas esas esferas. Y el único modo de hacerlo es poseyendo el conocimiento secreto que ha de abrirnos las puertas a cada paso, algo así como un santo y seña sin el cual el camino nos será vedado. El mensajero celestial ha sido enviado entonces para comunicarnos ese conocimiento secreto, sin el cual no hay salvación.

En el gnosticismo cristiano —también había gnósticos fuera del cristianismo— ese mensajero es Cristo. Según los gnósticos cristianos, lo que Cristo ha hecho es venir a la tierra para recordarnos nuestro origen celestial y para darnos el conocimiento secreto sin el cual no podremos regresar a las moradas espirituales.

Puesto que Cristo es un mensajero celestial, y puesto que el cuerpo y la materia son malos, la mayoría de los gnósticos cristianos pensaba que Cristo no podía haber tenido un cuerpo como el nuestro. Algunos decían que su cuerpo era pura apariencia, una especie de fantasma que parecía ser cuerpo físico por medios milagrosos. Otros decían que Jesús sí tenía cuerpo, pero que ese cuerpo estaba hecho de una “materia espiritual” distinta de nuestros cuerpos. La mayoría negaba el nacimiento de Jesús, pues tal nacimiento le habría colocado bajo el poder de este mundo material. Todas estas doctrinas acerca del Salvador reciben el nombre de “docetismo”—de una palabra griega que quiere decir “aparecer”—, pues lo que estas doctrinas implicaban, de un modo u otro, era que el cuerpo de Jesús era una apariencia. Según los gnósticos, no todos los seres humanos tienen espíritu. Algunos no son sino seres carnales que por tanto están irremisiblemente condenados a la destrucción cuando este mundo físico sea destruido. En cuanto a los espíritus encarcelados dentro de los “espirituales”, a la larga han de salvarse, porque su naturaleza es espiritual y necesariamente han de volver al reino del espíritu.

En el entretanto, ¿cómo hemos de vivir aquí en esta vida? Ante esta pregunta, los gnósticos respondían de dos modos distintos. La mayoría decía que, puesto que el cuerpo es la cárcel del espíritu, lo que hay que hacer es castigar el cuerpo, para debilitar su poder sobre el espíritu, y para que sus pasiones no nos arrastren. Otros en cambio sostenían que, puesto que el espíritu es por naturaleza bueno, y nada puede destruirle, lo que debemos hacer es dar rienda suelta al cuerpo y a sus pasiones. En consecuencia, mientras algunos gnósticos abogaban por un ascetismo extremo, otros practicaban el libertinaje.

Durante todo el siglo segundo, el gnosticismo fue una amenaza seria para el cristianismo. Los principales dirigentes de la iglesia se le opusieron tenazmente, porque veían en él una negación de varias de las principales doctrinas cristianas: la creación, la encarnación, la resurrección, etc. Más adelante veremos cómo la iglesia respondió ante esta amenaza. Pero antes debemos prestar nuestra atención a otro maestro cuyas enseñanzas, parecidas al gnosticismo, constituyeron también una amenaza para el “depósito de la fe”.

Marción

Marción era hijo del obispo de Sinope, en la región del Ponto. Allí había conocido la fe cristiana. Pero al mismo tiempo Marción parece haber sentido dos fuertes antipatías: contra este mundo material, y contra el judaísmo. Por lo tanto, su doctrina combina estos dos elementos. Hacia el año 144, Marción fue a Roma, donde logró varios seguidores. Pero a la larga el resto de los cristianos decidió que sus enseñanzas contradecían la fe, y Marción creó su propia iglesia, que perduró por varios siglos.

Como ya hemos dicho, Marción pensaba que este mundo era malo, y que por tanto su creador debía ser un dios, si no malo, al menos ignorante. En lugar de inventar toda una serie de seres espirituales, al estilo de los gnósticos, lo que Marción propuso era mucho más sencillo. Según él, el Dios del Nuevo Testamento y Padre de Jesucristo no es el mismo Jehová del Antiguo Testamento. Hay un Dios supremo, que es el Padre de Jesucristo, y un ser inferior, que es Jehová. Fue Jehová quien hizo este mundo. El propósito del Padre no era que hubiera un mundo como éste, con todas sus imperfecciones, sino que hubiera un mundo puramente espiritual. Pero Jehová, o bien por ignorancia o bien por maldad, hizo este mundo, y en él colocó a la humanidad.

Esto quiere decir que el Antiguo Testamento es palabra de dios, pero no del Dios supremo, sino de ese ser inferior llamado Jehová. Jehová es un dios celoso y arbitrario, que escoge a un pueblo por encima de los demás, y que está constantemente llevando la cuenta de quién le desobedece para tomar venganza. En una palabra, Jehová es un dios de justicia.

Frente a Jehová, y muy por encima de él —según Marción— está el Padre de los cristianos. Este no es un Dios vengativo, sino que es todo amor. Este Dios no requiere cosa alguna de nosotros, sino que nos lo da todo —inclusive la salvación—gratuitamente. Este Dios no establece leyes, sino que nos invita a amarle. Este Dios, en fin, se ha compadecido de nosotros, criaturas de Jehová, y ha enviado a su Hijo a salvarnos. Jesús no nació de María, puesto que tal cosa le habría hecho súbdito de Jehová, sino que apareció repentinamente, como un hombre maduro, en época del emperador Tiberio. Naturalmente, al final no habrá juicio alguno, puesto que el Dios supremo es un ser absolutamente amoroso, que nos perdonará sin más.

Todo esto quería decir que Marción tenía que deshacerse del, que hasta entonces había sido la parte principal de las escrituras cristianas. Si el Antiguo Testamento era palabra de un ser inferior, no podía leerse en la iglesia, ni podía tampoco ser la base de la enseñanza cristiana. Por tanto, Marción compiló una lista de libros que deberían ser, según él, las escrituras cristianas. Estos libros eran el Evangelio de Lucas y las Epístolas de Pablo, puesto que Marción pensaba que Pablo era el único entre los apóstoles que había comprendido verdaderamente el mensaje de Jesús. Los demás eran demasiado judíos para entenderlo. ¿Qué decir entonces de todas las citas del Antiguo Testamento que aparecen en Lucas y en las epístolas paulinas? Naturalmente, tales citas no podían ser genuinas, y por tanto Marción llegó a la conclusión de que habían sido incluidas en el texto sagrado por judaizantes que trataban de adulterar el mensaje de Pablo y de Lucas.

Al igual que el gnosticismo —y quizás más— Marción y sus doctrinas representaron una seria amenaza para el cristianismo del siglo segundo. También él negaba la creación, la encarnación y la resurrección final. Pero aún más, Marción llegó a organizar su propia iglesia, con sus obispos rivales de los de la otra iglesia, y por tanto sus enseñanzas tendían a perpetuarse. Y la propaganda marcionita dentro del resto de la iglesia era impresionante, sobre todo porque sus doctrinas parecían tan sencillas y lógicas.

La respuesta de la iglesia: el canon

Antes de Marción, no existía una lista de libros del Nuevo Testamento. Para los cristianos, las “Escrituras” eran los libros sagrados de los judíos, por lo general en la versión griega llamada “Septuaginta”. Además, se acostumbraba leer en las iglesias alguno de los Evangelios y cartas de los apóstoles, particularmente de Pablo. A nadie parece habérsele ocurrido hacer una lista de los libros cristianos que deberían formar el “Nuevo Testamento”. En consecuencia, en unas iglesias se leía un Evangelio y en otras otro. Y lo mismo sucedía con otros libros. Pero ahora, ante el reto de Marción, la iglesia se vio obligada a compilar una lista o grupo de libros sagrados. Tal lista no se hizo de modo formal —no hubo una reunión o concilio para determinarla—sino que poco a poco se fue formando un consenso dentro de la iglesia. Algunos libros que habían sido usados por algunas iglesias locales cayeron en desuso y no se incluyeron en el Nuevo Testamento. Otros pronto lograron acogida general. Otros, en fin, fueron discutidos por algún tiempo antes de ser generalmente aceptados.

Acerca del Antiguo Testamento, todos, excepto los gnósticos y los marcionitas, concordaban en que debía formar parte de las Escrituras. Naturalmente, los cristianos estaban conscientes de las dificultades señaladas por Marción. Pero no estaban dispuestos, por el solo hecho de tales dificultades, a deshacerse de la relación histórica entre la iglesia e Israel. La fe cristiana no era algo nuevo en el sentido de que Dios no hubiera estado preparando el camino para su advenimiento. El Antiguo Testamento daba testimonio de esa preparación. El Dios que se había revelado en él era el mismo Dios, a la vez amante y justo, que Jesucristo nos había revelado. La fe cristiana era la consumación de la esperanza de Israel, y no una repentina aparición del cielo.

En cuanto a lo que hoy llamamos el Nuevo Testamento, los libros que primero encontraron acogida general fueron los Evangelios. Resulta interesante para nosotros hoy notar que aquellos cristianos decidieron incluir en el Nuevo Testamento más de un Evangelio.

En fechas posteriores, algunos han tratado de ridiculizar el cristianismo señalando que hay muchos detalles acerca de los cuales los Evangelios no concuerdan. Pero aquellos cristianos del siglo segundo, que decidieron incluir todos estos evangelios en el canon o lista de libros sagrados, no eran tontos. Ellos estaban conscientes de que los diversos Evangelios eran distintos. Si no lo hubieran sabido, no habrían tenido razón alguna para incluir más de uno. Taciano, el mismo a quien hemos citado en el capítulo anterior, compuso una compilación de los cuatro Evangelios, pero su obra sólo halló acogida en la iglesia de Siria, donde fue utilizada por algún tiempo. ¿Por qué entonces se incluyeron estos cuatro libros, cuando las diferencias entre ellos podían prestarse a críticas y controversias?

La respuesta es que la iglesia estaba enfrentándose al reto de los gnósticos y de Marción. Los gnósticos decían que el mensajero divino había dejado sus enseñanzas secretas en manos de algún discípulo preferido, y así circulaban supuestos evangelios que pretendían contener esos secretos. Uno de ellos, por ejemplo, es el Evangelio de Santo Tomás. Cada grupo gnóstico decía tener su propio evangelio, y una tradición secreta que les unía con el Salvador. Frente a tales pretensiones, la iglesia optó por mostrar que sus doctrinas tenían el apoyo, no de un evangelio supuestamente escrito por tal o cual apóstol, sino de varios Evangelios. El hecho mismo de que todos estos Evangelios diferían entre sí, pero al mismo tiempo concordaban en los elementos fundamentales de la fe, era prueba de que las doctrinas de la iglesia no eran invención reciente, sino que reflejaban las enseñanzas originales de Jesucristo. De igual modo, mientras Marción pretendía que el Evangelio original era el de Lucas, al cual había que restarle cualquier influencia judía, la iglesia respondía señalando hacia cuatro Evangelios, escritos cada uno desde un punto de vista particular, pero opuestos todos a las enseñanzas de Marción. Frente a las tradiciones secretas y las interpretaciones particulares de los diversos herejes, la iglesia apeló a la tradición abierta, de todos conocida, y a la multiplicidad del testimonio de los cuatro Evangelios.

Junto a los Evangelios, el libro de Hechos y las epístolas paulinas lograron aceptación general desde fecha muy temprana. Otros libros, tales como el Apocalipsis, la Tercera Epístola de Juan, y la Epístola de Judas, tardaron más tiempo en ser universalmente aceptados. Pero ya a fines del siglo segundo la mayor parte del Nuevo Testamento había venido a formar parte de las Escrituras de todas las iglesias cristianas: los cuatro Evangelios, Hechos y las epístolas paulinas.

La respuesta de la iglesia: el Credo

Otro de los modos en que la iglesia respondió al reto de los gnósticos y de Marción fue la formulación de lo que nosotros hoy llamamos el “Credo de los Apóstoles”. Aunque más tarde aparecieron leyendas y tradiciones en el sentido de que este credo había sido compuesto por los apóstoles al comenzar la misión a los gentiles, el hecho es que los orígenes del Credo no se remontan más allá de mediados del siglo segundo. Fue probablemente en Roma que primero apareció la fórmula que, tras alguna elaboración, vino a ser nuestro Credo. En esa época se le llamaba “símbolo de la fe”. La palabra “símbolo” no tenía entonces el sentido que tiene para nosotros, sino que se refería más bien a un medio de reconocimiento. Por ejemplo, si dos generales iban a separarse, tomaban una pieza de barro, la quebraban, y cada uno de ellos llevaba consigo un pedazo. Si mas tarde uno de los generales quería enviarle un mensaje a su colega, le daba su pedazo de barro al mensajero, que entonces podía identificarse porque su pedazo de barro encajaba perfectamente con el que tenía el otro general. A tales medios de reconocimiento se daba el nombre de “símbolos”. Luego, el “símbolo de la fe” era un medio para reconocer a aquellos cristianos que sostenían la verdadera fe, en medio de todo el maremagno de doctrinas que pretendían ser verdaderas.

Uno de los principales usos del “símbolo” era en el bautismo, cuando se le hacían al candidato tres preguntas, en las que encontramos, en forma interrogatoria, palabras que nos recuerdan nuestro Credo de hoy:

¿Crees en Dios Padre Todopoderoso?
¿Crees en Cristo Jesús, el Hijo de Dios, que nació del Espíritu Santo y de María la virgen, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y murió, y se levantó de nuevo al tercer día, vivo de entre los muertos, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y vendrá a juzgar a los vivos y los muertos?
¿Crees en el Espíritu Santo, la santa iglesia, y la resurrección de la carne?

Al leer estas palabras, dos cosas resultan claras. La primera es que el texto que estamos leyendo constituye el núcleo de lo que nosotros llamamos “Credo de los Apóstoles”. Tras añadirle algunas otras frases, aquel antiguo “símbolo de la fe” vino a ser nuestro Credo. La otra cosa que resulta clara es que este credo ha sido formado sobre la base de la fórmula trinitaria que se empleaba en el bautismo. Puesto que el candidato era bautizado “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, se procedía ahora, para probar su ortodoxia, a hacerle una serie de preguntas acerca de su fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Pero si estudiamos más detenidamente el contenido de este credo nos percataremos de que sus palabras llevan el propósito de rechazar las doctrinas de los gnósticos y, sobre todo, de Marción. En primer lugar, el Padre recibe el título de “todopoderoso”. En el original griego esto quiere decir mucho más que “omnipotente”. El término griego que aquí se emplea es “pantokrator”, es decir, soberano o gobernador de todas las cosas. No hay realidad alguna que quede fuera del alcance del poder de este Padre. No se trata, como pretenden Marción y los gnósticos, de que haya dos realidades, una espiritual que sirve a Dios, y otra material que se le opone. Este mundo, con toda su materialidad, es parte de la creación que Dios gobierna. Y lo mismo ha de decirse acerca de nuestros cuerpos.

Si bien sobre el Padre sólo se dice que es “todopoderoso”, acerca del Hijo se dice mucho más. Esto se debe a que era precisamente en su cristología que los gnósticos y Marción contrastaban más radicalmente con la doctrina de la iglesia. Lo primero que el antiguo símbolo de la fe nos dice acerca de Cristo Jesús es que es “Hijo de Dios”. Otras versiones antiguas dicen “su Hijo”, como nuestro Credo actual. En todo caso, lo que se está subrayando aquí es que Jesucristo es hijo, no de otro Dios, sino del mismo Padre todopoderoso a que se refiere la primera cláusula. El nacimiento de “María la virgen” no está allí para subrayar el nacimiento virginal —aunque, naturalmente, tal nacimiento se incluye— sino más bien para asegurar el hecho de que Jesús nació, y no descendió del cielo ni apareció repentinamente como un hombre ya maduro, según pretendían varios de los herejes.

De igual modo, la referencia a Poncio Pilato no tiene el propósito de culpar al procurador romano por la crucifixión, sino más bien de darle una fecha concreta a lo que se está diciendo. Para algunos de los gnósticos, Jesús no era un ser histórico, sino un mito o alegoría universal. Por esa razón el Credo le pone fecha a la crucifixión: “bajo Poncio Pilato,’. De igual modo, para refutar el docetismo de los herejes, el Credo subraya que Jesús “fue crucificado [… ] y murió, y se levantó de nuevo al tercer día, vivo de entre los muertos, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del Padre”. Por último, refiriéndose todavía a Jesucristo, el Credo afirma que “vendrá a juzgar”. Aquí tenemos otra afirmación antimarcionita, puesto que Marción decía que el Dios y Padre de Jesucristo era un ser totalmente amoroso, que no juzgaba ni condenaba.

En la cláusula referente al Espíritu Santo, aparecen dos frases, ambas dirigidas contra los herejes. La primera es “la santa iglesia”. Como veremos en la próxima sección de este capítulo, la amenaza de las herejías llevó a la iglesia a subrayar su autoridad cada vez más. La iglesia era la que había recibido “el depósito de la fe”. La segunda frase es “la resurrección de la carne”. Según hemos dicho más arriba, muchos de los herejes pretendían que el cuerpo y todas las cosas físicas eran malas. Frente a tales opiniones, el antiguo credo romano —y también el nuestro— afirma que la esperanza cristiana no consiste en una vida puramente espiritual, sino que incluye la resurrección del cuerpo.

En resumen, el origen de nuestro Credo se halla en las luchas contra las herejías que tuvieron lugar a mediados del siglo segundo. Naturalmente, el antiguo “símbolo de la fe” que hemos citado más arriba no es exactamente igual a nuestro Credo de los Apóstoles, pues a través de los siglos fueron añadiéndosele otras frases, hasta llegar a tener su forma presente. Pero la discusión del desarrollo posterior del Credo nos llevaría fuera de los límites cronológicos del presente capítulo.

La respuesta de la iglesia: La sucesión apostólica

En última instancia, sin embargo, el debate con los herejes se centraba en la cuestión de la autoridad de la iglesia. Esto no se debía sencillamente a que fuera necesario que alguien decidiera quién tenía razón, sino que se debía más bien al carácter mismo de lo que se debatía. Los herejes decían que las verdaderas enseñanzas de Jesús habían sido pasadas a través de algún apóstol, y que ellos eran los verdaderos depositarios de esas enseñanzas.

En el caso de los gnósticos, se trataba de una supuesta tradición secreta. Según ellos, Jesús le había enseñado “la verdadera gnosis” a tal o cual apóstol, y éste a su vez se la había hecho llegar a los gnósticos.

En el caso de Marción, se trataba de los escritos de Pablo, en los cuales, después de expurgar toda referencia positiva al judaísmo, Marción creía encontrar el evangelio original. Frente a los gnósticos y a Marción, el resto de la iglesia decía poseer el evangelio original y las enseñanzas verdaderas de Jesús. Por tanto, lo que se debatía era en cierto sentido la autoridad de la iglesia frente a las pretensiones de los herejes. En tales circunstancias, el argumento de la sucesión apostólica cobró especial importancia. Lo que este argumento decía era sencillamente que, si Jesús tenía alguna enseñanza secreta que comunicarles a sus discípulos, lo mas lógico sería suponer que les confiaría tal enseñanza a los mismos apóstoles a quienes les confió la dirección de la iglesia. Y, si tales apóstoles a su vez habían recibido algún secreto, sería de esperarse que se lo transmitirían, no a algún extraño, sino a las mismas personas a quienes confiaron la dirección de las iglesias que iban fundando. Por tanto, si hubiera tal enseñanza secreta, esa enseñanza no se encontraría sino entre los discípulos directos de los apóstoles, y sus sucesores.

Pero el hecho es que los jefes de las iglesias que en el día de hoy —es decir, en el siglo segundo— pueden reclamar esa sucesión apostólica niegan unánimemente que haya habido tales enseñanzas secretas. Por tanto, todo lo que pretenden los herejes al decir que poseen una tradición secreta que es superior a la de la iglesia, es falso. A fin de darle fuerza a este argumento, era necesario mostrar que los actuales obispos de las iglesias eran sucesores de los apóstoles. Esto no era del todo difícil, por cuanto en varias de las más antiguas iglesias existían listas de obispos que servían para unir el presente con el pasado apostólico. Roma, Antioquía, Efeso y otras sedes episcopales poseían tales listas. Los historiadores dudan hoy acerca de la exactitud de los datos que esas listas nos dan, pues al parecer en algunas iglesias —Roma entre ellas— no hubo al principio obispos en el sentido moderno, sino que hubo un grupo de varios oficiales que recibían unas veces el título de “obispos” y otras el de “ancianos”. Pero en todo caso, sea a través de obispos o de otra clase de oficiales, el hecho es que la iglesia del siglo segundo podía mostrar su conexión con los apóstoles.

¿Qué entonces de aquellas iglesias fundadas después del tiempo de los apóstoles y que no podían reclamar para sí la misma sucesión? ¿No eran apostólicas? Sí lo eran, pues no se trataba aquí de que todas las iglesias pudieran mostrar su conexión directa con los apóstoles, sino que se trataba más bien de que todas concordaran en la fe, y que pudieran juntamente mostrar que esa fe les había sido enseñada por los apóstoles.

En fechas posteriores, la idea de la sucesión apostólica fue llevada mucho más lejos, y se llegó a pensar que la ordenación de los ministros sólo era válida si tales ministros eran ordenados por obispos que poseían la sucesión apostólica —es decir, que de algún modo podían mostrar una línea ininterrumpida que se remontara hasta el tiempo de los apóstoles—. Pero en el siglo segundo no se trataba de esto, sino sólo de la unidad de doctrina. De hecho, la mayoría de las iglesias no podía reclamar para sí origen apostólico, pues había aparecido en lugares a donde el cristianismo había llegado por medios desconocidos.

A la larga algunas de las iglesias en las ciudades más importantes —como Alejandría y Constantinopla— inventaron sus propias leyendas acerca de sus orígenes apostólicos. Pero por lo pronto lo importante era sencillamente que todas las iglesias concordasen —frente a los gnósticos y a Marción— en lo esencial de la fe, y que varias de ellas pudieran mostrar que su propia doctrina era la que los apóstoles les habían enseñado.

Por otra parte, si vemos el origen de la idea de la sucesión apostólica dentro de su propio contexto, veremos que no se trataba de limitar o circunscribir el derecho a pensar o a enseñar. Frente a los herejes que decían tener una doctrina secreta que sólo ellos conocían, la iglesia señalaba hacia su doctrina, abiertamente enseñada por todos desde la época de los apóstoles. Y frente a las pretensiones de los herejes en el sentido de que sus enseñanzas se basaban sobre los secretos de tal o cual apóstol, la iglesia apelaba a la doctrina universal de todos los apóstoles.

La iglesia católica antigua

Esto es lo que quería decir en sus orígenes la frase “iglesia católica”. La palabra “católica” quiere decir “universal”; pero también quiere decir “según el todo”. En ambos sentidos, frente a los herejes, la iglesia del siglo segundo comenzó a darse el título de “católica”. Lo que esto quería decir era, en primer lugar, que se trataba de la iglesia universal. No era, como en el caso de los gnósticos, algún pequeño grupo surgido en Roma o en Alejandría, que se limitaba a unos pocos lugares. Era la iglesia que existía tanto en Roma como en Alejandría, Antioquía, Cartago, y aun allende los confines del Imperio. Y, en lo esencial de su doctrina, esa iglesia concordaba. Por otra parte, esa iglesia era también “católica” por cuanto predicaba y enseñaba el evangelio “según el todo”.

Su visión no era parcial, como la de los gnósticos o la de Marción. Entre los gnósticos, algunos decían poseer el Evangelio de Santo Tomás, mientras que otros decían conocer los secretos revelados a Santiago o a alguno otro de los apóstoles. Marción creía que sólo Pablo había interpretado el evangelio correctamente. Frente a tales visiones parciales, la iglesia opuso su visión “católica”, es decir, su visión “según el todo”. No un solo Evangelio, sino cuatro, serían la base de sus enseñanzas acerca de Jesucristo. Además de las epístolas de Pablo, su Nuevo Testamento incluiría las de otros apóstoles. Y, en lugar de basar su autoridad sobre tal o cual apóstol, la iglesia “según el todo” la basaría sobre todos los apóstoles.

Desde el punto de vista histórico, es importante comprender esto, puesto que muchos interpretan mal el propósito de la iglesia al confeccionar el canon del Nuevo Testamento, o al insistir en la sucesión apostólica. Cuando se hizo el canon, y cuando primero apareció la doctrina de la sucesión apostólica, lo que se pretendía no era promover una actitud rígida, sino todo lo contrario, es decir, responder a la rigidez de los herejes, cuyas doctrinas no eran “según el todo”. La iglesia del siglo segundo estaba consciente de que esa multiplicidad de autoridades —cuatro Evangelios, todos los apóstoles— podría traer dificultades en cuestiones de detalles, pues no todas las autoridades concordaban en todo. Pero, aun a ese precio, la iglesia prefirió ser “según el todo”, y rechazar la estrechez de los herejes.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 77–86). Miami, FL: Editorial Unilit.

Anunciada la muerte de los primogénitos

Éxodo 11-13

Anunciada la muerte de los primogénitos

11:1  Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo.

Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro.

Y Jehová dio gracia al pueblo en los ojos de los egipcios. También Moisés era tenido por gran varón en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del pueblo.

Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto,

y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias.

Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá.

Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas.

Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la presencia de Faraón.

Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto.

10 Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón; pues Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no envió a los hijos de Israel fuera de su país.

La Pascua

12:1  Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:

Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año.

Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.

Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero.

El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras.

Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.

Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.

Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán.

Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas.

10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego.

11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.

12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.

13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.

14 Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.

15 Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel.

16 El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer.

17 Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto; por tanto, guardaréis este mandamiento en vuestras generaciones por costumbre perpetua.

18 En el mes primero comeréis los panes sin levadura, desde el día catorce del mes por la tarde hasta el veintiuno del mes por la tarde.

19 Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, será cortado de la congregación de Israel.

20 Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.

21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.

22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana.

23 Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.

24 Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre.

25 Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito.

26 Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?,

27 vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró.

28 Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón.

Muerte de los primogénitos

29 Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales.

30 Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.

31 E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho.

32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí.

33 Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.

34 Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.

35 E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos.

36 Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios.

Los israelitas salen de Egipto

37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.

38 También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado.

39 Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto, pues no había leudado, porque al echarlos fuera los egipcios, no habían tenido tiempo ni para prepararse comida.

40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años.

41 Y pasados los cuatrocientos treinta años, en el mismo día todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto.

42 Es noche de guardar para Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardarla para Jehová todos los hijos de Israel en sus generaciones.

43 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Esta es la ordenanza de la pascua; ningún extraño comerá de ella.

44 Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella, después que lo hubieres circuncidado.

45 El extranjero y el jornalero no comerán de ella.

46 Se comerá en una casa, y no llevarás de aquella carne fuera de ella, ni quebraréis hueso suyo.

47 Toda la congregación de Israel lo hará.

48 Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella.

49 La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros.

50 Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó Jehová a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.

51 Y en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos.

Consagración de los primogénitos

13:1  Jehová habló a Moisés, diciendo:

Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es.

Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no comeréis leudado.

Vosotros salís hoy en el mes de Abib.

Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel, harás esta celebración en este mes.

Siete días comerás pan sin leudar, y el séptimo día será fiesta para Jehová.

Por los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado, ni levadura, en todo tu territorio.

Y lo contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Se hace esto con motivo de lo que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto.

Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto.

10 Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año.

11 Y cuando Jehová te haya metido en la tierra del cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado,

12 dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán de Jehová.

13 Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos.

14 Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre;

15 y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos.

16 Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte.

La columna de nube y de fuego

17 Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto.

18 Mas hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados.

19 Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.

20 Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto.

21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.

22 Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

¡A romper las barreras!

Enero 19

¡A romper las barreras!

Lectura bíblica: 2 Timoteo 1:3–8

Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7

a1—Estoy seguro —exclamó Tito—. Estoy seguro de que si digo algo acerca de Jesús a mis amigos, me rechazarán allí mismo. El año pasado un amigo mío de la iglesia empezó a testificar a los chicos en el equipo de fútbol. Para cuando terminaron de hacerle burla, estaba tan caído que prácticamente tuve que levantarlo del suelo.
Está bien. Seamos sinceros. Comentemos qué sucedería si te sumas al equipo de rescate de Dios. ¿Cómo reaccionarían las personas a tu alrededor si les hablaras de Jesús? Pensemos en las peores cosas que podrían pasar.

• Podrían dejar de ser tus amigos.
• Te podrían criticar a tus espaldas.
• Te podrían rechazar por tener convicciones firmes.
• Podrían no invitarte a sus fiestas de cumpleaños.
• Podrían reírse de ti por creer en Dios.

No estoy diciendo que no te pasaría ninguna de estas cosas si cuentas a otros acerca de Jesús. Pero, ¿sabes que sería muy probable que sucedan cosas buenas? Pensemos en algunas de éstas:

• Podrían llegar a ser más grandes y mejores amigos tuyos.
• Podrían dar gracias a Dios por ti.
• Podrían respetarte por tener convicciones firmes.
• Podrían invitarte a sus fiestas de re–cumpleaños para siempre en el cielo.
• Podrían llegar a conocer a Jesús.

A nadie le gusta ser objeto de burlas. Pero los creyentes se inventan millones de excusas para no involucrarse personalmente en la misión de rescate de Dios. Quizá nos preocupemos porque no somos lo suficientemente buenos, o porque no sabemos qué decir. Pero por lo general nuestro peor temor es cómo reaccionarán los no creyentes. En otras palabras, lo que piensa la gente es más importante que el asombroso mensaje de liberación que tenemos para compartir con ellos. Dios no quiere que tengamos miedo.
Confía en que Dios te dará la seguridad que necesitas. Luego toma un paso de fe y habla con otros. Al hacerlo, descubrirás la valentía de Dios en tu vida, justamente cuando la necesitas. ¡Y seguro que, pase lo que pase, no terminarás tan caído que prácticamente te tengan que levantar del suelo!

PARA DIALOGAR
¿Cómo puedes compartir resueltamente el amor de Cristo, así como Cristo entró resueltamente a tu mundo para amarte?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a superar nuestros temores que nos impiden hablarles a otros acerca de ti.

PARA HACER
Elige a un amigo a quien no le has hablado de Jesús porque te aterroriza hacerlo, ¡y háblale! Pide a tu familia que ore por ti; luego cuéntales qué tal te fue.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

CRUCES EN EL SUELO

CRUCES EN EL SUELO

Programa No. 2016-01-19
PABLO MARTINI
a1Hoy vivimos un cristianismo cómodo, fácil, ligth, sin compromiso. Mucho conocimiento pero poca convicción, y la información si no produce convicción producirá deformación. El tema es que se ha llegado a concebir un cristianismo sin cruz, así de dramático. El Autor y Consumador de la fe, Jesús, fue tajante al decir “Todo aquel que quiera ser mi discípulo debe andar por el mundo cargando la cruz en sus espaldas.” Alguien dijo acertadamente que cuando me canso de la incomodidad de la cruz y la dejo en el suelo, acabaré tropezando con ella. Dejó ser de mi motivo de vida y pasó a ser motivo de mi tropiezo. La palabra que usó Jesús para referirse a este proceso es: “Skándalon”. Una palabra griega que traducida a nuestro castellano es “escándalo”, y conocemos su significado. “Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche”, les dijo el Señor a sus discípulos la última noche que pasó con ellos. En otras palabras “todos ustedes van a tropezar con mi cruz que comienzo a cargar, de alguna manera, desde esta misma noche.” Obvio, ninguno estuvo presente en el Gólgota. ¿Miedo, vergüenza, enojo?… Todo eso y algo más. Cada uno de esos discípulos aprendió la lección. Él se las fue enseñando de a apoco a lo largo de sus vidas. Sus errores y fracasos, y sus constantes tropiezos con la cruz fueron su escuela, y llegaron al final de sus vidas graduando con honores. ¡Honores de mártires! Sí, esa fue la muerte de cada uno. Se jugaron y en serio.
¿Estás aprendiendo también tú la lección?… Yo sé que no es fácil, Jesús también lo sabe. Nunca Él dijo que seguirle significaba parar de sufrir, pero sí Él dijo que la carga que llevaríamos se comparte con Él mismo. No te deja solo, te comprende. También Él quiso apoyar su cruz en el suelo, pero tuvieron que quitársela y dársela a un tal Simón, porque si hubiese sido por Él no la soltaba. Sabía lo que les esperaba y por ese gozo puesto delante de Él, sufrió la cruz. ¡Haz tú lo mismo!
https://soundcloud.com/labibliadice/pausa-2016-01-19
http://labibliadice.org/una-pausa-en-tu-vida/programa-no-2016-01-19/

«¿Cuál es para mí la religión verdadera?»

«¿Cuál es para mí la religión verdadera?»

Autor: Gotquestions

a1Respuesta: Los restaurantes de comida rápida nos tientan, al permitirnos ordenar nuestra comida exactamente como queremos. Algunas cafeterías alardean acerca de cientos de sabores diferentes y variaciones de café. Aún cuando compramos casas y carros, podemos buscar uno con todas las opciones y características deseadas. Ya no vivimos en un mundo de chocolate, vainilla y frutilla. ¡La selección es el rey! Usted puede encontrar casi todo lo que quiera de acuerdo con sus propios gustos y necesidades personales.

Así que, ¿qué le parece una religión que sea justo para usted? ¿Qué le parece una religión libre de culpa, que no haga demandas, y que no esté cargada de un montón de reglas molestas de lo que uno debe o no debe hacer? Está ahí, justo como lo he descrito, pero ¿es la religión algo para ser escogido como un sabor favorito de helado?

Hay un montón de voces compitiendo por nuestra atención, entonces ¿por qué uno debería considerar a Jesús superior a, digamos, Mahoma, Confucio, Buda, Charles Taze Russell, o Joseph Smith? Después de todo, ¿no conducen todos los caminos al cielo? ¿No son todas las religiones básicamente iguales? La verdad es que no todas las religiones conducen al cielo, así como no todos los caminos conducen a Roma.

Sólo Jesús habla con la autoridad de Dios, porque sólo Jesús venció la muerte. Mahoma, Confucio, y los otros, se desmoronan en sus tumbas hasta hoy mismo, pero Jesús, por Su propio poder, abandonó la tumba tres días después de morir sobre una cruel cruz romana. Cualquiera que tenga el poder sobre la muerte, merece su atención. Cualquiera que tenga el poder sobre la muerte merece ser escuchado.

La evidencia que acredita la resurrección de Jesús es arrolladora. Primero, ¡Hubo sobre quinientos testigos oculares del Cristo resucitado! Eso es un montón de testigos oculares. Quinientas voces no pueden ser ignoradas. ¡También está el asunto de la tumba vacía; los enemigos de Jesús fácilmente pudieron haber detenido todo lo que se hablaba acerca de la resurrección al presentar su cuerpo muerto y descompuesto, pero no hubo un cuerpo para presentar! ¡La tumba estaba vacía! ¿Pudieron los discípulos haber robado su cuerpo? Difícilmente. Para prevenir tal eventualidad, la tumba de Jesús había estado fuertemente resguardada por soldados armados. Considerando que sus seguidores más cercanos por temor habían huido en Su arresto y crucifixión, es muy poco probable que este pobre conjunto de pescadores atemorizados se hubiera enfrentado mano a mano a entrenados soldados profesionales. ¡El hecho simple es que la resurrección de Jesús no puede dar explicación!

Nuevamente, cualquiera que tiene poder sobre la muerte, merece ser escuchado. Jesús probó Su poder sobre la muerte, por tanto, necesitamos escuchar lo que dice. Jesús afirma ser el único camino hacia la salvación (Juan 14:6). El no es un camino; El no es uno de muchos caminos. Jesús es el camino.

Y este mismo Jesús dice, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28) Este es un mundo fatigoso y la vida es difícil. La mayoría de nosotros estamos bastante sufridos, heridos, y deteriorados. ¿Está de acuerdo? Así que, ¿qué es lo que quiere? ¿Un restablecimiento o una mera religión? ¿Un Salvador viviente o uno de muchos “profetas” muertos? ¿Una relación significativa o rituales vacíos? Jesús no es una elección – ¡Él es la elección!

Si usted está buscando perdón, Jesús es la verdadera “religión” (Hechos 10:43). Jesús es la verdadera religión si usted está buscando una relación significativa con Dios (Juan 10:10). Jesús es la “religión” verdadera si usted está buscando un hogar eterno en el Cielo (Juan 3:16). Ponga su fe en Jesucristo como su Salvador. ¡No lo lamentará! Confíe en Él para el perdón de sus pecados. ¡No quedará decepcionado!

Si usted desea tener una “relación verdadera” con Dios, aquí está una oración modelo. Recuerde, hacer esta oración o cualquier otra, no lo va a salvar. Es solamente el confiar en Cristo lo que le puede librar del pecado. Esta oración es simplemente una manera de expresar a Dios su fe en Él, y agradecerle por proveerle la salvación. “¡Dios, sé que he pecado contra ti y merezco castigo. Pero Jesucristo tomó el castigo que yo merecía, de manera que a través de la fe en Él yo pueda ser perdonado. Me aparto de mi pecado y pongo mi confianza en Ti para la salvación. ¡Gracias por Tu maravillosa gracia y perdón – el don de la vida eterna! En el Nombre de Jesús, ¡Amén!”

¿Ha hecho usted una decisión por Cristo, por lo que ha leído aquí? Si es así, por favor oprima la tecla “¡He aceptado a Cristo hoy!”

http://www.gotquestions.org/Espanol/La-religion-verdadera-para-mi.html