Cuando uno está casado y decide divorciarse ¿Se puede volver a casar con otra persona y rehacer su vida?

Consultorio Bíblico

Programa No. 2016-01-16

PABLO LOGACHO
Desde Chile, nos escribe un amigo oyente que nos escucha por medio de Radio Armonía. Nuestro amigo oyente además es un asiduo visitante de nuestro sitio en Internet: http://www.labibliadice.org Su consulta es la siguiente: Cuando uno está casado y decide divorciarse ¿Se puede volver a casar con otra persona y rehacer su vida? Siempre he leído que Jesús dijo: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Al decir esto, me parece a mí que Jesús aprueba el divorcio en casos extremos. Pero además Jesús dijo: Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere, y el que se casa con la repudiada, comete adulterio. Según esto, yo entiendo que si me divorcio no puedo volver a casarme, pero ¿qué hay con eso que dice: A no ser por causa de fornicación?

DAVID LOGACHO

a1Gracias por su consulta amable oyente. Antes de nada, debo indicar que la Biblia, en ninguna parte, aprueba el divorcio por cualquier causa que fuere. Fíjese lo que dice Dios en el Antiguo Testamento acerca del divorcio. El texto se encuentra en Malaquías 2:16 donde dice: Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.

Así es amable oyente. Jehová Dios odia o aborrece el repudio o el divorcio. Hacer algo que Jehová Dios aborrece es pecado. Malaquías lo pone en una forma muy descriptiva cuando afirma que quien se divorcia, cubre de iniquidad su vestido. El pecado siempre estará a la vista de Dios y también a la vista de todos. No se puede afirmar por tanto que en el Antiguo Testamento, Dios aprueba el divorcio, cualquiera sea la causa. Veamos el panorama en el Nuevo Testamento en cuanto al divorcio. Durante el tiempo que el Señor Jesús ejercía su ministerio en la tierra, vinieron a él los fariseos tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Si el Señor Jesús aprobara el divorcio, ésta hubiera sido la ocasión ideal para darlo a conocer. Pero veamos cuál fue la respuesta del Señor Jesús. Se encuentra en Mateo 19:4-6 donde dice: El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

Al principio, Dios hizo varón y hembra e inmediatamente estableció la institución conocida como matrimonio. Dentro de esta institución se requiere que hombre deje padre y madre y se una a su mujer. En respuesta, Dios realiza una obra sobrenatural, al hacer de los dos una sola carne. Esto es un milagro, de dos personas de diferente sexo, diferente personalidad, diferente entorno social, Dios los hace una sola carne. En consecuencia, el hombre y la mujer que se han casado no son ya más dos, sino una sola carne. Por tanto, el Señor Jesús va a expresar su convicción sobre el divorcio: Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Una vez más, ahora en el Nuevo Testamento, queda claro que la Biblia no aprueba el divorcio. Pero los fariseos tenían también sus dudas en cuanto a lo que acababa de declarar el Señor Jesús. Por eso le preguntaron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio y repudiarla? Los fariseos deben haber estado pensando en Deuteronomio 24:1-4 donde dice: Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

El significado central de este pasaje es el siguiente: Si un hombre se divorcia de una mujer, luego de haber seguido la práctica de extender la carta de divorcio, y esta mujer divorciada se casa con otro hombre, pero con el tiempo este hombre también se divorcia de esta mujer, o si este hombre muere dejando viuda a esta mujer, entonces el primer marido no debe tomar a esta mujer, para que nuevamente sea su esposa. Si lo hace es abominación delante de Jehová, algo horrendo, algo que pervierte la tierra que Dios ha dado a Israel. El pasaje no debe entenderse como un mandamiento al divorcio, como lo estaban tomando los fariseos del tiempo del Señor Jesús, sino como una regulación de una práctica que ya estaba en vigencia. Esta práctica fue permitida, mas no ordenada por Moisés. Note como respondió el Señor Jesús. Se encuentra en Mateo 19:8-9 donde dice: El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.

La marcada inclinación al pecado por parte del hombre, especialmente en el orden moral, fue lo que movió a Moisés a permitir, mas no ordenar, que los hombres repudien o se divorcien de sus mujeres, pero esto, como ya se dijo, no es la voluntad de Dios. El Señor Jesús añade su infalible palabra cuando dijo: Y yo os digo que cualquiera que se divorcia de su mujer, excepto por causa de fornicación, y se casa con otra, está en adulterio. También, cualquiera que se casa con la mujer que ha sido divorciada, excepto por causa de fornicación, está en adulterio. Note como un divorcio por cualquier causa, excepto fornicación, con el consiguiente e inevitable nuevo matrimonio, dispara una ola de adulterio. Observe que aunque el divorcio no es la voluntad de Dios, sin embargo existe, por la dureza del corazón del hombre. Esto introduce lo que se da por llamar la cláusula de excepción para el divorcio. Se trata de la fornicación. Este término, significa más que sólo un acto aislado de adulterio. En realidad significa un reiterado intento de utilizar el sexo en una forma contraria a la voluntad de Dios. En cuanto a la cláusula de excepción, básicamente existen dos posturas diferentes. Cada una de estas posturas tiene sus defensores y sus detractores. La primera postura dice que la cláusula de excepción se refiere a alguna impureza moral que un judío había encontrado en la mujer desposada con él antes de que los dos vivan juntos como esposos. Solamente en este caso estaría justificado el divorcio. Esto aplica solamente a los judíos y eso en los tiempos de Jesús. La segunda postura dice que la cláusula de excepción se refiere al reiterado intento de vivir en inmoralidad por parte de uno de los cónyuges. En este caso el divorcio estaría justificado. En otras palabras, si en un matrimonio, uno de los dos pretende vivir en adulterio o en homosexualidad, o en lesbianismo, o en prostitución, y se ha agotado todo esfuerzo para hacer cambiar esta conducta, entonces y sólo entonces se justificaría un divorcio. Ambas posturas tienen sus ardientes defensores y también sus ardientes detractores. Los adherentes a la primera postura, no admiten el divorcio por ninguna causa, inclusive la fornicación. Los adherentes a la segunda postura, admiten el divorcio, solamente si ha habido fornicación de por medio. Los adherentes a la primera postura no tienen que romperse la cabeza dilucidando el asunto del nuevo matrimonio, por cuanto ellos no admiten el divorcio bajo ninguna circunstancia. Los adherentes a la segunda postura dicen que cuando el divorcio es justificado por haber habido fornicación, entonces el matrimonio se ha terminado. Sería equivalente en cierto sentido a que uno de los cónyuges hubiera muerto. Siendo así, entonces la parte inocente que se ha divorciado estaría en su legítimo derecho de casarse nuevamente. Nuevamente, fieles y consagrados hermanos en la fe, han disentido totalmente en cuanto al divorcio y nuevo matrimonio desde hace siglos. Es recomendable por tanto que cada creyente investigue por su propia cuenta la evidencia bíblica en cuanto al divorcio y nuevo matrimonio y forme su propia convicción al respecto. Una vez que la tenga, es recomendable que no sea dogmático en cuanto a ello, al punto de catalogar como herejes a los que no han llegado a su misma conclusión. El asunto del divorcio y nuevo matrimonio es un asunto importante, pero no es un asunto fundamental, de modo que podemos tener comunión a pesar de tener convicciones diferentes en cuanto a este tema. Jamás debemos permitir que se produzcan divisiones en el cuerpo de Cristo por asuntos que no son fundamentales. Que Dios le dé mucha sabiduría para que Ud. adopte la postura más adecuada, amable oyente. En todo caso, partiendo del hecho que el divorcio, aún en el caso de fornicación, no es la voluntad de Dios, es conveniente comprometerse a mantener la unidad del matrimonio a cualquier precio

PABLO LOGACHO
Antes de concluir nuestro programa, le invito a visitar nuestra página Web y conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DÍA Mateo 27:5 dice que Judas Iscariote murió ahorcado, pero Hechos 1:18 dice que Judas Iscariote murió al caerse de cabeza y reventarse por la mitad. ¿Cómo murió realmente? Nuestra dirección es: labibliadice.org Además puede enviarnos sus consultas y sugerencias y por supuesto escuchar nuevamente el programa de hoy. Le recuerdo nuestra dirección: labibliadice.org Hasta la próxima y que Dios le bendiga grandemente.
https://soundcloud.com/labibliadice/lbd-2016-01-16
http://labibliadice.org/lbd/serie/programa-no-2016-01-16/?source=mas

¡A divulgar la noticia!

Enero 16

¡A divulgar la noticia!

Lectura bíblica: Mateo 28:18–20

Id y haced discípulos a todas las naciones. Mateo 28:19

a1Dios está en medio de una enorme misión de rescate. ¿Sabes cuál es nuestra parte en esa misión de rescate? El evangelismo. Es la tarea de comunicar las Buenas Nuevas de Jesucristo a los que no lo conocen.
¿Sabes cómo se llama la persona que da a conocer esta noticia increíble? Evangelista. Y aquí tienes un dato sorprendente más. Tú eres un evangelista.
¿Cómo fue que llegaste a ser un evangelista? Coloca una marca al lado de cualquier cualidad que, según tu opinión, te califica para la tarea de divulgar la noticia de Jesús:

☐ Tu familia ha formado un conjunto musical y es tan bueno que los invitan para cantar cantos cristianos en estadios llenos de gente.
☐ Mencionas a Jesús por lo menos una docena de veces en todas tus conversaciones.
☐ Oras en voz realmente alta en los restaurantes.
☐ Te has propuesto tener tu propio programa de TV cristiano.
☐ Arrinconas a extraños en la calle e inicias con ellos conversaciones espirituales.
☐ Te haces un peinado que parece el de un evangelista.

¿Crees realmente que necesitas hacer alguna de esas cosas a fin de estar preparado para contarles a otros acerca de Jesús? No. Porque no es cuestión de determinar si tienes las cualidades para ser un evangelista. El hecho es que ya eres un evangelista. Dios te ha nombrado su embajador, su mensajero oficial para llevar las Buenas Nuevas de salvación a los demás (2 Corintios 5:18–20).

No te paralices de miedo ante ese pensamiento. La Biblia explica que lo principal en el evangelismo es una actividad: contar la verdad acerca de Jesús (1 Corintios 15:1–4). Y esa es una actividad que tú puedes realizar.

Las Buenas Nuevas se centran en lo que Dios ha hecho para liberar a nuestros amigos no creyentes del pecado y darles a conocer su amor. Contar la verdad acerca de Jesús significa explicar a los demás de qué manera su muerte y resurrección han proporcionado el perdón de sus pecados y la vida eterna con Dios, y de qué manera deben confiar en Cristo a fin de aceptar lo que Dios ha hecho por ellos. Evangelismo es cuando cuentas la verdad acerca de Cristo y los instas a responder.

Porque has confiado en Cristo, conoces el significado de las Buenas Nuevas. Porque alguien te contó acerca de Cristo, tienes el privilegio de contarle a otros acerca de él. Y porque Dios ha hecho grandes cosas en tu vida, puedes ser parte de su obra maravillosa en la vida de alguna otra persona.

PARA DIALOGAR
¿Qué amigos o familiares no creyentes te parece que Dios quiere alcanzar por medio de tuyo?

PARA ORAR
Ora por esas personas por nombre, pidiendo a Dios que te muestre cómo contarles de Cristo.

PARA HACER
Procura iniciar una conversación espiritual con una de esas personas.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Corre despacio.

a1

Programa No. 2016-01-16

PABLO MARTINI
La maratón olímpica de 42 kilómetros es una de las pocas disciplinas donde no ser muy joven es en sí una ventaja. El atleta experimentado que ya lleva varios años compitiendo es el que ha aprendido a regular sus fuerzas y conservarlas para los tramos finales que son los más difíciles. De hecho el promedio de edad de estos deportistas oscila entre los 27 y 35 años. No son los jóvenes de 18 a 20 que deslumbran al mundo entero con su velocidad. No, aquí no se trata de sobrepasar sino de resistir hasta el final. Se requiere paciencia, paciencia que aportan los años en este tipo de disciplina. Estamos hablando de uno de los patrimonios de carácter más caros y extraños de la experiencia humana. Abundan los apresurados en esta generación de lo instantáneo. Pero se requiere paciencia, auto control y templanza para correr la carrera de la vida y llegar de pie. Tal vez no primero, pero llegar.

Por falta de paciencia Abraham engendró un hijo con Agar. Por falta de paciencia José intentó apresurar su salida de la cárcel apelando a la ayuda del copero, por falta de paciencia Moisés mató al egipcio y debió huir al desierto, por falta de paciencia Pablo descartó al joven Marcos. San Agustín dijo que la paciencia es la compañera de la sabiduría. Por falta de paciencia el padre hiere verbalmente a su hijo abriendo una brecha entre ambos que durará toda una vida. Por no saber esperar la jovencita se entera que será madre cuando apenas está dejando sus muñecas. Por apresurarse la esposa realiza una compra sin consultar a su marido y endeuda a la familia por varios meses. Son cosas que van de lo cotidiano a lo trágico, son experiencias de vida porque la vida se vive con paciencia. Tuvimos que esperar 280 días para ver la luz fuera del vientre materno. Casi 500 días para aprender a caminar, seis años para poder escribir, 18 para poder graduar. Creo que Dios no intenta decir algo ¿verdad? Tranquilo, jamás nadie se equivocó por esperar.

http://labibliadice.org/una-pausa-en-tu-vida/programa-no-2016-01-08-2/?source=mas

¿Puede un creyente casarse con una mujer que siendo ya creyente se unió, sin casarse a un incrédulo, con quien tuvo un hijo, pero después se separó de ese incrédulo y se reconcilió con el Señor?

Consultorio Bíblico

Programa No. 2016-01-15

PABLO LOGACHO
A través del correo electrónico se ha comunicado con nosotros un amigo oyente para hacernos la siguiente consulta: ¿Puede un creyente casarse con una mujer que siendo ya creyente se unió, sin casarse a un incrédulo, con quien tuvo un hijo, pero después se separó de ese incrédulo y se reconcilió con el Señor?
DAVID LOGACHO
Gracias por su consulta amable oyente. La Biblia presenta básicamente tres requisitos que deben cumplir las personas que desean casarse siguiendo el patrón bíblico, por supuesto. El primero es muy sencillo, debe ser entre personas de distinto sexo. Tal vez a Usted le parezca que está por demás pensar en esto como un requisito, pero dadas las circunstancias actuales cuando se tiende a ver como algo normal los matrimonios entre personas del mismo sexo, es indispensable señalar que esa institución establecida por Dios llamada matrimonio, desde su mismo comienzo da por sentado que debe ser entre un hombre y una mujer. Dios no creó a Juan ni a Pedro ni a Luis para que sea ayuda idónea de Adán. Dios creó a Eva, una mujer, para que sea ayuda idónea para Adán. El matrimonio entre personas del mismo sexo es absolutamente contrario a la voluntad de Dios. Con esto no estoy atacando a los homosexuales o a las lesbianas. Lo que estoy atacando es al pecado que ellos están cometiendo. Dios ama a los homosexuales y a las lesbianas porque son pecadores como cualquier otro, y en su amor Dios les otorga la misma oportunidad de perdón como a cualquier pecador, pero Dios aborrece la homosexualidad, el lesbianismo, y en general toda desviación del uso del sexo establecido por Dios en su palabra. El segundo requisito que deben cumplir las personas que desean casarse es que los dos deben ser creyentes, los dos deben haber nacido de nuevo, espiritualmente, por medio de haber recibido al Señor Jesucristo como su único y salvador personal. Amós 3:3 dice: ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?

Si no hay acuerdo en las convicciones espirituales entre los contrayentes no se deben casar. Esto se ratifica en textos como 2 Corintios 6:14 donde dice: No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?

Si uno de los contrayentes es creyente y el otro incrédulo y los dos se casan, están unidos en yugo desigual, algo que es contrario a la voluntad de Dios. Es como tratar de unir el agua con el aceite. El tercer requisito para las personas que desean casarse es que deben discernir la voluntad de Dios. Mírelo en mi caso, por ejemplo. Cuando yo era soltero y estaba por casarme, había cantidad de mujeres, creyentes, hermanas en la fe, con quienes pude haberme casado. Eso por supuesto no significa que todas estas hermanas en la fe estuvieran interesadas en casarse conmigo. Obviamente, no podía casarme con todas, porque eso tampoco es la voluntad de Dios. Dios creó una mujer para un hombre. El matrimonio al estilo de Dios es monogámico. Siendo este el caso, entonces yo tuve que discernir o buscar la voluntad de Dios para saber con cual de esas muchas hermanas en la fe, yo debía casarme. Cuando se busca hacer la voluntad de Dios con sinceridad, Dios mismo se encarga de mostrar cuál es su voluntad. En mi caso, eventualmente Dios me guió a unirme en matrimonio con quien ya llevo mas de treinta años de casado. El matrimonio no se fundamenta en la atracción sexual, tampoco en la conveniencia social, económica, laboral, o cosas por el estilo. El matrimonio ni siquiera se basa en el amor, porque el amor es algo que se aprende. El matrimonio se basa en un compromiso solemne ante Dios por el cual un hombre y una mujer se unen el uno al otro como esposos sabiendo que esa es la voluntad de Dios para los dos. Aparte de estos requisitos, la Biblia no presenta ningún otro requisito para que los creyentes se casen entre ellos. Es decir, amable oyente, que el hermano de quien habla su consulta, no tendría ningún problema en casarse con aquella hermana, por cuanto es mujer, es creyente y la voluntad de Dios es que se una en matrimonio con ella. Tal vez Usted cuestionará mi conclusión diciendo: Pero, ella, siendo creyente se unió a un hombre incrédulo y procreó un hijo con él. Bueno, efectivamente, ese es el caso. La hermana ciertamente cometió un grave pecado. La Biblia lo llama fornicación, palabra que significa el uso del sexo en una forma no establecida por Dios. Pero, hasta donde entiendo, esta hermana ha reconocido su pecado, seguramente lo ha confesado al Señor, ha abandonado el pecado, porque se ha separado de ese hombre incrédulo, y se ha reconciliado con el Señor. Siendo este el caso, se hace necesario tomar en cuenta lo que dice la Biblia en 1 Juan 1:9-10 en donde leemos lo siguiente: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Según este texto, la hermana en cuestión ha sido perdonada de su pecado de fornicación y no sólo eso, sino que también ha sido limpiada de toda maldad. Por supuesto que todo pecado tiene su consecuencia, y en este caso existe un hijo de por medio. Es responsabilidad de esta hermana velar porque ese niño crezca en disciplina y amonestación del Señor. El hermano que pretende casarse con ella debe saber con precisión lo que hubo en el pasado de ella y si aún así el Señor muestra al hermano que la voluntad del Señor es que se case con ella, no hay ningún problema. Por estar en la voluntad del Señor los tres, él, ella y el hijo de ella, tienen todo el derecho para vivir felices bajo la guía y provisión del Señor.

Pablo Logacho
Por medio del correo electrónico se ha comunicado con nosotros un amigo oyente para hacernos la siguiente consulta: ¿Aparece en la Biblia algún caso de demonios que hayan sido expulsados de una persona, invocando la sangre de Cristo? ¿Cuántas veces aparece en la Biblia la expresión: La sangre de Cristo?

David Logcho

Gracias por su consulta. Comencemos por la segunda parte. ¿Cuántas veces aparece en la Biblia la expresión: La sangre de Cristo? Con la ayuda de una computadora y un programa que maneje la Biblia, es relativamente sencillo hacer una búsqueda de la frase: La sangre de Cristo. Yo hice justamente esto y encontré que la expresión: La sangre de Cristo, aparece solamente cuatro veces, sólo en el Nuevo Testamento, en la versión Reina Valera 1960. La primera vez que ocurre es en 1 Corintios 10:16 donde dice: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

La sangre de Cristo es una frase vívida que se usa para referirse a la muerte sacrificial de Cristo y a la obra total de expiación. La segunda vez que ocurre la expresión la sangre de Cristo es en Efesios 2:13 donde dice: Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

En este caso también, la expresión: La sangre de Cristo se refiere al sacrificio de Cristo, mediante la cual se hace posible que un gentil quien estaba lejos de Dios, llega a ser cercano a Dios, cuando ese gentil recibe a Cristo como Salvador. La tercera vez que ocurre la expresión la sangre de Cristo es en Hebreos 9:14 donde dice: ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

Otra vez, aquí, la expresión: La sangre de Cristo se refiere a la muerte de Cristo en la cruz del Calvario, mediante la cual el pecador que recibe a Cristo como Salvador es limpiado en su conciencia de las obras muertas para que sirva al Dios vivo. La cuarta vez que aparece la expresión: La sangre de Cristo es en 1 Pedro 1:19. Para incluir el contexto, leamos desde el versículo 18. Dice: sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

Una vez más aquí, la expresión: La sangre de Cristo se refiere al sacrificio de Cristo en la cruz, mediante el cual un creyente es redimido o comprado para Dios. Aparte de estas cuatro veces, no aparece en la Biblia la expresión: La sangre de Cristo. Ahora vamos a la primera parte de su consulta. La respuesta se sustenta en lo que ya hemos señalado. La Biblia no contiene ni un solo caso en el cual se haya expulsado demonios invocando la expresión: La sangre de Cristo. Es un hecho verificable que demonios fueron expulsados de personas, pero la Biblia no registra ni un solo caso en el cual se haya invocado la sangre de Cristo para hacerlo. Lo que sí se ve en la Biblia es que demonios fueron expulsados en el nombre de Cristo, como por ejemplo en Lucas 9:49 donde dice: Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.

PABLO LOGACHO
Y de esta forma llegamos nuevamente al término de una edición mas de nuestro programa LA BIBLIA DICE… Queremos agradecer profundamente a todos los que con sus oraciones y ofrendas hacen posible que cada día lleguemos a mas lugares. Pero antes quiero dejar con ustedes la PREGUNTA DEL DIA. Que hoy nos habla de un creyente que está lastimado emocional y espiritualmente. ¿De que forma se le puede ayudar? Busque la respuesta en nuestra página Web y además conozca todo el material que está a su entera disposición, y en forma gratuita, la dirección es: labibliadice.org. Bendiciones y le esperamos en nuestra próxima edición.
https://soundcloud.com/labibliadice/lbd-2016-01-15
http://labibliadice.org/lbd/serie/programa-no-2016-01-15/?source=mas

Los primeros conflictos con el estado 5

Los primeros conflictos con el estado 5

El que venciere, heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Apocalipsis 21:7

a1Desde sus inicios, la fe cristiana no fue cosa fácil ni sencilla. El propio Señor a quien los cristianos servían había muerto en la cruz, condenado como un malhechor cualquiera. Y, como ya hemos visto, pronto Esteban sufrió una suerte semejante, al ser muerto a pedradas tras su testimonio ante el concilio de los judíos. Algún tiempo después el apóstol Jacobo —o Santiago— era muerto por orden de Herodes. Y a partir de entonces, hasta nuestros días, nunca han faltado quienes se han visto en la necesidad de sellar su testimonio con su sangre. Sin embargo, no siempre las razones y las condiciones de la persecución han sido las mismas. Ya en los primeros años de vida de la iglesia pudo verse cierta evolución en este sentido.

La nueva secta judía

Los primeros cristianos no creían que pertenecían a una nueva religión. Ellos eran judíos, y la principal diferencia que les separaba del resto del judaísmo era que creían que el Mesías había venido, mientras que los demás judíos seguían aguardando su advenimiento. Su mensaje a los judíos no era por tanto que tenían que dejar de ser judíos, sino al contrario, que ahora que la edad mesiánica se había inaugurado debían ser mejores judíos. De igual modo, la primera predicación a los gentiles no fue una invitación a aceptar una nueva religión recién creada, sino que fue la invitación a hacerse partícipes de las promesas hechas a Abraham y su descendencia.

A los gentiles se les invitaba a hacerse hijos de Abraham según la fe, ya que no podían serlo según la carne. Y la razón por la que esta invitación fue posible era que desde tiempos de los profetas el judaísmo había creído que con el advenimiento del Mesías todas las naciones serían traídas a Sion. Para aquellos cristianos, el judaísmo no era una religión rival del cristianismo, sino la misma religión, aun cuando muchos judíos no vieran que ya las profecías se habían cumplido.

Desde el punto de vista de los judíos no cristianos, la situación era la misma. El cristianismo no era una nueva religión, sino una secta herética dentro del judaísmo. Ya hemos visto que el judaísmo del siglo primero no era una unidad monolítica, sino que había en él diversas sectas y opiniones. Por lo tanto, al aparecer el cristianismo, los judíos lo veían como una secta más. La conducta de aquellos judíos hacia el cristianismo se comprende si nos colocamos en su lugar, y vemos el cristianismo, desde su punto de vista, como una nueva herejía que iba de ciudad en ciudad tentando a los buenos judíos a hacerse herejes. Además, en aquella época —y no sin fundamentos bíblicos— muchos judíos creían que la razón por la cual habían perdido su antigua independencia, y quedado reducidos al papel de súbditos del Imperio, era que el pueblo no había sido suficientemente fiel a la fe de sus antepasados. Por tanto, el sentimiento nacionalista y patriótico se exacerbaba ante la posibilidad de que estos nuevos herejes pudieran una vez más provocar la ira de Dios sobre Israel.

Por estas razones, en buena parte del Nuevo Testamento los judíos persiguen a los cristianos, quienes a su vez encuentran refugio en las autoridades romanas. Esto puede verse, por ejemplo, cuando algunos judíos en Corinto acusan a Pablo ante el procónsul Galión, diciendo que “este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley”, y Galión les responde: “Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh judíos, conforme a derecho yo os toleraría. Pero si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas,’ (Hechos 18:14–15). Y más tarde, cuando se produce un motín en el Templo porque algunos acusan a Pablo de haber introducido a un gentil al recinto sagrado, y los judíos tratan de matarle, son los oficiales romanos quienes le salvan la vida al apóstol.

Luego, los romanos concordaban con los primeros cristianos y con los judíos en que se trataba aquí de un conflicto entre judíos. Siempre que no se produjera un alboroto excesivo, los romanos preferían que los propios judíos resolvieran esa clase de problemas. Pero cuando el tumulto era demasiado, los romanos intervenían para restaurar el orden y a veces para castigar a los culpables. Un caso que ilustra esta situación es la expulsión de los judíos de Roma por el emperador Claudio, alrededor del año 51. Hechos 18:2 menciona esta expulsión, aunque no explica sus razones. Pero el historiador romano Suetonio nos ofrece un dato intrigante al decirnos que los judíos fueron expulsados de Roma porque estaban causando disturbios constantes “a causa de Cresto”. La mayoría de los historiadores concuerda en que “Cresto” no es otro que Cristo, cuyo nombre ha sido mal escrito. Por lo tanto, lo que sucedió en Roma parece haber sido que, como en tantos otros lugares, la predicación cristiana causó tantos desórdenes entre los judíos, que el emperador decidió expulsarles a todos. En Roma, en esos tiempos, todavía la disputa entre judíos y cristianos parecía ser una cuestión interna dentro del judaísmo.

Sin embargo, según el cristianismo fue extendiéndose cada vez más entre los gentiles y la proporción de judíos dentro de la iglesia fue disminuyendo, tanto cristianos como judíos y romanos fueron estableciendo distinciones cada vez más claras entre el judaísmo y el cristianismo. También hay ciertas indicaciones de que, en medio del creciente sentimiento nacionalista que llevó a los judíos a rebelarse contra Roma y que culminó en la destrucción de Jerusalén, los cristianos —especialmente los gentiles entre ellos— trataron de mostrar claramente que ellos no formaban parte de ese movimiento.

El resultado de todo esto fue que las autoridades romanas se enfrentaron por primera vez al cristianismo como una religión aparte del judaísmo. Fue entonces que comenzó la historia de dos y medio siglos de persecuciones por parte del Imperio Romano. En ese contexto la persecución bajo Nerón fue de enorme importancia, no tanto por su magnitud, como por haber sido la primera de una larga serie, de crueldad siempre creciente.

Empero, antes de pasar a discutir la persecución bajo Nerón, debemos señalar un hecho que ha tenido consecuencias fatídicas para las relaciones entre los cristianos y los judíos a través de los siglos. Durante los primeros años del cristianismo, éste existió dentro del marco del judaísmo. En esa situación, el judaísmo trató de aplastarlo, y de ello hay abundantes pruebas en el libro de Hechos y en otros libros del Nuevo Testamento. Pero a partir de entonces, nunca más ha estado el judaísmo en posición de perseguir a los cristianos, mientras que muchas veces los cristianos sí han estado en posición de perseguir a los judíos. Cuando el cristianismo vino a ser la religión de la mayoría, y los judíos se volvieron una minoría dentro de toda una sociedad que se llamaba cristiana, fueron muchos los cristianos que, impulsados por lo que se dice en el Nuevo Testamento acerca de la oposición de los judíos al cristianismo, fomentaron el sentimiento antijudío, y llegaron hasta el extremo de las matanzas de judíos. Por lo tanto es de suma importancia que nos percatemos de que aquellos judíos que persiguieron a los cristianos en el siglo primero lo hicieron creyendo servir a Dios, y que los cristianos que hoy vuelven la situación al revés, y practican el antijudaísmo, están haciendo precisamente lo mismo que condenan en aquellos judíos de antaño.

La persecución bajo Nerón

Nerón llegó al poder en octubre del año 54, gracias a las intrigas de su madre Agripina, quien no vaciló ante el asesinato en sus esfuerzos por asegurar la sucesión del trono en favor de su hijo. Al principio, Nerón no cometió los crímenes por los que después se hizo famoso. Aun más, varias de las leyes de los primeros años de su gobierno fueron de beneficio para los pobres y los desposeídos. Pero poco a poco el joven emperador se dejó llevar por sus propios afanes de grandeza y placer, y por una corte que se desvivía por satisfacer sus más mínimos caprichos. Diez años después de haber llegado al trono ya Nerón era despreciado por buena parte del pueblo, y también por los poetas y literatos, a cuyo número Nerón pretendía pertenecer sin tener los dones necesarios para ello. Cuantos se oponían a su voluntad, o bien morían misteriosamente, o bien recibían órdenes de quitarse la vida. Cuando la esposa de uno de sus amigos le gustó, sencillamente hizo enviar a su amigo a Portugal, y tomó la mujer para sí. Todos estos hechos —y muchos rumores— corrían de boca en boca, y hacían que el pueblo siempre esperara lo peor de su soberano.

Así estaban las cosas cuando, en la noche del 18 de julio del año 64, estalló un enorme incendio en Roma. Al parecer, Nerón se encontraba a la sazón en su residencia de Antium, a unas quince leguas de Roma, y tan pronto como supo lo que sucedía corrió a Roma, donde trató de organizar la lucha contra el incendio. Para los que habían quedado sin refugio, Nerón hizo abrir sus propios jardines y varios otros edificios públicos. Pero todo esto no bastó para apartar las sospechas que pronto cayeron sobre el emperador a quien ya muchos tenían por loco. El fuego duró seis días y siete noches; y después volvió a encenderse en diversos lugares durante tres días más. Diez de los catorce barrios de la ciudad fueron devorados por las llamas. En medio de todos sus sufrimientos, el pueblo exigía que se descubriera al culpable, y no faltaban quienes se inclinaban a pensar que el propio emperador había hecho incendiar la ciudad para poder reconstruirla a su gusto, como un gran monumento a su persona. El historiador Tácito, que probablemente se encontraba entonces en Roma, cuenta varios de los rumores que circulaban, y él mismo parece dar a entender que su opinión era que el incendio había comenzado accidentalmente en un almacén de aceite.

Pero cada vez más las sospechas recaían sobre el emperador. Según se decía, Nerón había pasado buena parte del incendio en lo alto de la torre de Mecenas, en la cumbre del Palatino, vestido como un actor de teatro, tañendo su lira, y cantando versos acerca de la destrucción de Troya. Luego comenzó a decirse que el emperador, en sus locas ínfulas de poeta, había hecho incendiar la ciudad para que el siniestro le sirviera de inspiración. Nerón hizo todo lo posible por apartar tales sospechas de su persona. Pero todos sus esfuerzos resultaban inútiles mientras no se hiciera recaer la culpa sobre otro. Dos de los barrios que no habían ardido eran las zonas de la ciudad en que había más judíos y cristianos. Por tanto, el emperador pensó que le sería fácil culpar a los cristianos.

El historiador Tácito, que parece creer que el fuego fue un accidente, y que por tanto la acusación hecha contra los cristianos era falsa, nos cuenta lo sucedido:  A pesar de todos los esfuerzos humanos, de la liberalidad del emperador y de los sacrificios ofrecidos a los dioses, nada bastaba para apartar las sospechas ni para destruir la creencia de que el fuego había sido ordenado. Por lo tanto, para destruir ese rumor, Nerón hizo aparecer como culpables a los cristianos, una gente a quienes todos odian por sus abominaciones, y los castigó con muy refinada crueldad. Cristo, de quien toman su nombre, fue ejecutado por Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio. Detenida por un instante, esta dañina superstición apareció de nuevo, no sólo en Judea, donde estaba la raíz del mal, sino también en Roma, ese lugar donde se dan cita y encuentran seguidores todas las cosas atroces y abominables que llegan desde todos los rincones del mundo. Por lo tanto, primero fueron arrestados los que confesaron [ser cristianos], y sobre la base de las pruebas que ellos dieron fue condenada una gran multitud, aunque no se les condenó tanto por el incendio como por su odio a la raza humana (Anales, 15. 44). Estas palabras de Tácito son valiosísimas, pues constituyen uno de los más antiguos testimonios que han llegado hasta nuestros días del modo en que los paganos veían a los cristianos. Al leer estas líneas, resulta claro que Tácito no creía que los cristianos fueran verdaderamente culpables de haber incendiado a Roma. Aún más, la “refinada crueldad” de Nerón no recibe su aprobación. Pero al mismo tiempo este buen romano, persona culta y distinguida, cree mucho de lo que se rumora acerca de las “abominaciones” de los cristianos, y de su “odio a la raza humana”. Tácito y sus contemporáneos no nos dicen en qué consistían estas “abominaciones” que supuestamente practicaban los cristianos. Tendremos que esperar hasta el siglo segundo para encontrar documentos en los que se describen esos rumores malsanos. Pero sean cuales hayan sido, el hecho es que Tácito los cree, y que piensa que los cristianos odian a la humanidad.

Esto último se comprende si recordamos que todas las actividades de la época —el teatro, el ejército, las letras, los deportes, etcétera— estaban tan ligadas al culto pagano que los cristianos se veían obligados a ausentarse de ellas.

Por tanto, ante los ojos de un pagano que amaba su cultura y su sociedad, los cristianos parecían ser misántropos que odiaban a toda la raza humana.

Pero Tácito sigue contándonos lo sucedido en Roma a raíz del gran incendio:

Además de matarles [a los cristianos] se les hizo servir de entretenimiento para el pueblo. Se les vistió en pieles de bestias para que los perros los mataran a dentelladas. Otros fueron crucificados. Y a otros se les prendió fuego al caer la noche, para que la iluminaran. Nerón hizo que se abrieran sus jardines para esta exhibición, y en el circo él mismo ofreció un espectáculo, pues se mezclaba con las gentes disfrazado de conductor de carrozas, o daba vueltas en su carroza. Todo esto hizo que se despertara la misericordia del pueblo, aun contra esta gente que merecía castigo ejemplar, pues se veía que no se les destruía para el bien público, sino para satisfacer la crueldad de una persona (Anales 15.44).

Una vez más, vemos que este historiador pagano, sin mostrar simpatía alguna hacia los cristianos, sí da a entender que el castigo era excesivo, o al menos que la persecución tuvo lugar, no en pro de la justicia, sino por el capricho del emperador. Además, en estas líneas tenemos una descripción, escrita por uno que no fue cristiano, de las torturas a que fueron sometidos aquellos mártires. Del número de los mártires sabemos poco. Además de lo que nos dice Tácito, hay algunos documentos cristianos de fines del siglo primero, y del siglo segundo, que recuerdan con terror aquellos días de persecución bajo Nerón. También hay toda clase de indicios que dan a entender que Pedro y Pablo se contaban entre los mártires neronianos. Por otra parte, todas las noticias que nos llegan se refieren a la persecución en la ciudad de Roma, y por tanto es muy probable que la persecución, aunque muy cruenta, haya sido local, y no se haya extendido hacia las provincias del imperio.

Aunque al principio se acusó a los cristianos de incendiarios, todo parece indicar que pronto se comenzó a perseguirles por el mismo hecho de ser cristianos —y por todas las supuestas abominaciones que iban unidas a ese nombre—. El propio Nerón debe haberse percatado de que el pueblo sabía que se perseguía a los cristianos no por el incendio, sino por otras razones. Y Tácito también nos dice que en fin de cuentas “no se les condenó tanto por el incendio como por su odio a la raza humana”. En vista de todo esto, y a fin de justificar su conducta, Nerón promulgó contra los cristianos un edicto que desafortunadamente no ha llegado a nuestros días. Probablemente los planes de Nerón incluían extender la persecución a las provincias, si no para destruir el cristianismo en ellas, al menos para lograr nuevas fuentes de víctimas para sus espectáculos. Pero en el año 68 buena parte del imperio se rebeló contra el tirano, y el senado romano lo depuso. Prófugo y sin tener a dónde ir, Nerón se suicidó. A su muerte, muchas de sus leyes fueron abolidas. Pero su edicto contra los cristianos siguió en pie. Esto quería decir que, mientras nadie se ocupara de perseguirles, los cristianos podían vivir en paz; pero tan pronto como algún emperador u otro funcionario decidiera desatar la persecución podía siempre apelar a la ley promulgada por Nerón.

Por lo pronto, nadie se ocupó de perseguir a los cristianos. A la muerte de Nerón, se siguió un período de desorden, hasta tal punto que los historiadores llaman al año 69 “el año de los cuatro emperadores”. Por fin Vespasiano pudo tomar las riendas del estado, y luego le sucedió su hijo Tito, el mismo que en el año 70 había tomado y destruido a Jerusalén. En todo este período, el Imperio parece haberse desentendido de los cristianos, cuyo número seguía aumentando silenciosamente.

La persecución bajo Domiciano

En el año 81 Domiciano sucedió al emperador Tito. Al principio, su reino fue tan benigno hacia la nueva fe como lo habían sido los reinos de sus antecesores. Pero hacia el final de su reino se desató de nuevo la persecución. No sabemos a ciencia cierta por qué Domiciano persiguió a los cristianos. Sí sabemos que Domiciano amaba y respetaba las viejas tradiciones romanas, y que buena parte de su política imperial consistió en restaurar esas tradiciones. Por lo tanto, era de esperarse que se opusiera al cristianismo, que en algunas regiones del Imperio había ganado muchísimos adeptos, y que en todo caso se oponía tenazmente a la antigua religión romana. Además, ahora que ya no existía el Templo de Jerusalén, Domiciano decidió que todos los judíos debían enviar a las arcas imperiales la ofrenda anual que antes mandaban a Jerusalén. Cuando algunos judíos se negaron a hacerlo o mandaron el dinero al mismo tiempo que dejaban ver bien claro que Roma no había ocupado el lugar de Jerusalén, Domiciano empezó a perseguirles y a exigir el pago de la ofrenda. Puesto que todavía no estaba del todo claro en qué consistía la relación del judaísmo con el cristianismo, los funcionarios imperiales empezaron a presionar a todos los que practicaban “costumbres judías”. Así se desató una nueva persecución que parece haber ido dirigida, no sólo contra los cristianos, sino también contra los judíos. Como en el caso de Nerón, no parece que la persecución haya sido igualmente severa en todo el Imperio. De hecho, es sólo de Roma y de Asia Menor que tenemos noticias fidedignas acerca de la persecución.

En Roma el emperador hizo ejecutar a su pariente Flavio Clemente y a su esposa Flavia Domitila. Se les acusó de “ateísmo” y de “costumbres judías”. Puesto que los cristianos adoraban a un Dios invisible, por lo general los paganos les acusaban de ser ateos. Por tanto, es muy probable que Flavio Clemente y su esposa hayan muerto por ser cristianos. Estos son los únicos dos mártires romanos bajo Domiciano que conocemos por nombre. Pero varios escritores antiguos afirman que fueron muchos, y una carta escrita por la iglesia de Roma a la de Corinto poco después de la persecución se refiere a “los males y pruebas inesperados y seguidos que han venido sobre nosotros” (I Clemente 1).

De la persecución en Asia Menor sí sabemos más, gracias al Apocalipsis, que fue escrito en medio de esa dura prueba. Juan, el autor del Apocalipsis, había sido deportado a la isla de Patmos, y por tanto sabemos que no todos los cristianos eran condenados a muerte. Pero sí hay muchas otras pruebas de que fueron muchos los que sufrieron y murieron en tal ocasión.

En medio de la persecución, el Apocalipsis muestra una actitud mucho más negativa hacia Roma que el resto del Nuevo Testamento. Pablo había ordenado a los romanos que se sometieran a las autoridades, que habían sido ordenadas por Dios. Pero ahora el vidente de Patmos describe a Roma en términos nada elogiosos, como “la gran ramera … ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús” (Apocalipsis 17:1, 6). Y Pérgamo, la capital de la región, es el lugar “donde está el trono de Satanás” (Apocalipsis 2:13).

Afortunadamente, cuando se desató la persecución el reino de Domiciano se acercaba a su fin. Al igual que Nerón, Domiciano había cobrado fama de tirano, y por fin fue asesinado en su propio palacio, y el senado romano hizo que se borrara su nombre de todas las inscripciones y monumentos en su honor.

Una vez más, el Imperio parece haberse olvidado de la nueva fe que iba esparciéndose por entre sus súbditos, y por tanto la iglesia gozó de un período de relativa paz.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 47–54). Miami, FL: Editorial Unilit.

Jacob bendice a Efraín y a Manasés

Génesis 47-50

47:1  Vino José y lo hizo saber a Faraón, y dijo: Mi padre y mis hermanos, y sus ovejas y sus vacas, con todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí están en la tierra de Gosén.

Y de los postreros de sus hermanos tomó cinco varones, y los presentó delante de Faraón.

Y Faraón dijo a sus hermanos: ¿Cuál es vuestro oficio? Y ellos respondieron a Faraón: Pastores de ovejas son tus siervos, así nosotros como nuestros padres.

Dijeron además a Faraón: Para morar en esta tierra hemos venido; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es grave en la tierra de Canaán; por tanto, te rogamos ahora que permitas que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.

Entonces Faraón habló a José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido a ti.

La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales del ganado mío.

También José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón.

Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida?

Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación.

10 Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón.

11 Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó Faraón.

12 Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, con pan, según el número de los hijos.

13 No había pan en toda la tierra, y el hambre era muy grave, por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canaán.

14 Y recogió José todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa de Faraón.

15 Acabado el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canaán, vino todo Egipto a José, diciendo: Danos pan; ¿por qué moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero?

16 Y José dijo: Dad vuestros ganados y yo os daré por vuestros ganados, si se ha acabado el dinero.

17 Y ellos trajeron sus ganados a José, y José les dio alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos; y les sustentó de pan por todos sus ganados aquel año.

18 Acabado aquel año, vinieron a él el segundo año, y le dijeron: No encubrimos a nuestro señor que el dinero ciertamente se ha acabado; también el ganado es ya de nuestro señor; nada ha quedado delante de nuestro señor sino nuestros cuerpos y nuestra tierra.

19 ¿Por qué moriremos delante de tus ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón; y danos semilla para que vivamos y no muramos, y no sea asolada la tierra.

20 Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos; y la tierra vino a ser de Faraón.

21 Y al pueblo lo hizo pasar a las ciudades, desde un extremo al otro del territorio de Egipto.

22 Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes tenían ración de Faraón, y ellos comían la ración que Faraón les daba; por eso no vendieron su tierra.

23 Y José dijo al pueblo: He aquí os he comprado hoy, a vosotros y a vuestra tierra, para Faraón; ved aquí semilla, y sembraréis la tierra.

24 De los frutos daréis el quinto a Faraón, y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños.

25 Y ellos respondieron: La vida nos has dado; hallemos gracia en ojos de nuestro señor, y seamos siervos de Faraón.

26 Entonces José lo puso por ley hasta hoy sobre la tierra de Egipto, señalando para Faraón el quinto, excepto sólo la tierra de los sacerdotes, que no fue de Faraón.

27 Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera.

28 Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años.

29 Y llegaron los días de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en Egipto.

30 Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices.

31 E Israel dijo: Júramelo. Y José le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama.

Jacob bendice a Efraín y a Manasés

48:1  Sucedió después de estas cosas que dijeron a José: He aquí tu padre está enfermo. Y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín.

Y se le hizo saber a Jacob, diciendo: He aquí tu hijo José viene a ti. Entonces se esforzó Israel, y se sentó sobre la cama,

y dijo a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo,

y me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad perpetua.

Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos.

Y los que después de ellos has engendrado, serán tuyos; por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades.

Porque cuando yo venía de Padan-aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrata; y la sepulté allí en el camino de Efrata, que es Belén.

Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos?

Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré.

10 Y los ojos de Israel estaban tan agravados por la vejez, que no podía ver. Les hizo, pues, acercarse a él, y él les besó y les abrazó.

11 Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia.

12 Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra.

13 Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él.

14 Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.

15 Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,

16 el Angel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.

17 Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.

18 Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.

19 Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones.

20 Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés.

21 Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.

22 Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco.

Profecía de Jacob acerca de sus hijos

49:1  Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros.

Juntaos y oíd, hijos de Jacob,
Y escuchad a vuestro padre Israel.

Rubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor;
Principal en dignidad, principal en poder.

Impetuoso como las aguas, no serás el principal,
Por cuanto subiste al lecho de tu padre;
Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado.

Simeón y Leví son hermanos;
Armas de iniquidad sus armas.

En su consejo no entre mi alma,
Ni mi espíritu se junte en su compañía.
Porque en su furor mataron hombres,
Y en su temeridad desjarretaron toros.

Maldito su furor, que fue fiero;
Y su ira, que fue dura.
Yo los apartaré en Jacob,
Y los esparciré en Israel.

Judá, te alabarán tus hermanos;
Tu mano en la cerviz de tus enemigos;
Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.

Cachorro de león, Judá;
De la presa subiste, hijo mío.
Se encorvó, se echó como león,
Así como león viejo: ¿quién lo despertará?

10 No será quitado el cetro de Judá,
Ni el legislador de entre sus pies,
Hasta que venga Siloh;
Y a él se congregarán los pueblos.

11 Atando a la vid su pollino,
Y a la cepa el hijo de su asna,
Lavó en el vino su vestido,
Y en la sangre de uvas su manto.

12 Sus ojos, rojos del vino,
Y sus dientes blancos de la leche.

13 Zabulón en puertos de mar habitará;
Será para puerto de naves,
Y su límite hasta Sidón.

14 Isacar, asno fuerte
Que se recuesta entre los apriscos;

15 Y vio que el descanso era bueno, y que la tierra era deleitosa;
Y bajó su hombro para llevar,
Y sirvió en tributo.

16 Dan juzgará a su pueblo,
Como una de las tribus de Israel.

17 Será Dan serpiente junto al camino,
Víbora junto a la senda,
Que muerde los talones del caballo,
Y hace caer hacia atrás al jinete.

18 Tu salvación esperé, oh Jehová.

19 Gad, ejército lo acometerá;
Mas él acometerá al fin.

20 El pan de Aser será substancioso,
Y él dará deleites al rey.

21 Neftalí, cierva suelta,
Que pronunciará dichos hermosos.

22 Rama fructífera es José,
Rama fructífera junto a una fuente,
Cuyos vástagos se extienden sobre el muro.

23 Le causaron amargura,
Le asaetearon,
Y le aborrecieron los arqueros;

24 Mas su arco se mantuvo poderoso,
Y los brazos de sus manos se fortalecieron
Por las manos del Fuerte de Jacob
(Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel),

25 Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará,
Por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá
Con bendiciones de los cielos de arriba,
Con bendiciones del abismo que está abajo,
Con bendiciones de los pechos y del vientre.

26 Las bendiciones de tu padre
Fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores;
Hasta el término de los collados eternos
Serán sobre la cabeza de José,
Y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos.

27 Benjamín es lobo arrebatador;
A la mañana comerá la presa,
Y a la tarde repartirá los despojos.

Muerte y sepelio de Jacob

28 Todos éstos fueron las doce tribus de Israel, y esto fue lo que su padre les dijo, al bendecirlos; a cada uno por su bendición los bendijo.

29 Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo,

30 en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura.

31 Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea.

32 La compra del campo y de la cueva que está en él, fue de los hijos de Het.

33 Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres.

50  Entonces se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y lo besó.

Y mandó José a sus siervos los médicos que embalsamasen a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel.

Y le cumplieron cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lo lloraron los egipcios setenta días.

Y pasados los días de su luto, habló José a los de la casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia en vuestros ojos, os ruego que habléis en oídos de Faraón, diciendo:

Mi padre me hizo jurar, diciendo: He aquí que voy a morir; en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás; ruego, pues, que vaya yo ahora y sepulte a mi padre, y volveré.

Y Faraón dijo: Ve, y sepulta a tu padre, como él te hizo jurar.

Entonces José subió para sepultar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto,

y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre; solamente dejaron en la tierra de Gosén sus niños, y sus ovejas y sus vacas.

Subieron también con él carros y gente de a caballo, y se hizo un escuadrón muy grande.

10 Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José hizo a su padre duelo por siete días.

11 Y viendo los moradores de la tierra, los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los egipcios; por eso fue llamado su nombre Abel-mizraim,[a] que está al otro lado del Jordán.

12 Hicieron, pues, sus hijos con él según les había mandado;

13 pues lo llevaron sus hijos a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, la que había comprado Abraham con el mismo campo, para heredad de sepultura, de Efrón el heteo, al oriente de Mamre.

14 Y volvió José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que subieron con él a sepultar a su padre, después que lo hubo sepultado.

Muerte de José

15 Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.

16 Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo:

17 Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban.

18 Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos.

19 Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?

20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.

21 Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.

22 Y habitó José en Egipto, él y la casa de su padre; y vivió José ciento diez años.

23 Y vio José los hijos de Efraín hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron criados sobre las rodillas de José.

24 Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob.

25 E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.

26 Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto.

Footnotes:

  1. Génesis 50:11 Esto es, Pradera de Egipto, o Llanto de Egipto.
Reina-Valera 1960 (RVR1960)Copyright © 1960 by American Bible Society

Movilización de una operación rescate

Enero 15

Movilización de una operación rescate

Lectura bíblica: Mateo 9:35–38

A la verdad, la mies es mucha, pero lo obreros son pocos. Mateo 9:37

a1Aquí va una gran pregunta para comentar: ¿Sabes cuál es la diferencia entre creyentes y no creyentes?
No, no es el comienzo de un chiste sin gracia. La diferencia entre creyentes y no creyentes es realmente seria. Pero no es totalmente evidente.
Por ejemplo, los no creyentes no tienen cuernos diabólicos en las sienes. Y los creyentes no lucen auras angelicales sobre su cabeza.
Sentados en línea al costado de la cancha de fútbol, los jugadores creyentes y los no creyentes usan el mismo uniforme. Sentados frente a sus pupitres en la escuela, todos los alumnos parecen simplemente chicos procurando obtener una buena calificación.
Es probable que conozcas no creyentes que son tan buenos, tan sensibles y tan simpáticos como los creyentes. No obstante, hay una diferencia. Y es enorme. Y tiene importancia para toda la eternidad:

• Los no creyentes están separados de Dios y la vida eterna. Eso significa que no pueden dejar de pecar. Son esclavos del pecado (ver Efesios 2:1–3).
• Los creyentes tienen una amistad con Dios y la garantía de vida eterna. Han sido rescatados de sus pecados y son ahora parte de la familia de Dios (ver Colosenses 1:13).

Quizá has oído decir tantas veces que “los no creyentes necesitan conocer a Jesús” que te entra por un oído y te sale por el otro. Es realmente fácil ser indiferente cuando los no creyentes son tan parecidos a ti.

Pero Dios no se ha olvidado de la diferencia. Él se lamenta por los millones de personas —posiblemente miles meramente en tu escuela y en el lugar donde vives— que no lo conocen. Está increíblemente preocupado por cada uno: de hecho, tan preocupado que tomó el paso supremo a favor de cada estudiante, mamá, papá y el resto del mundo. Se hizo humano y dio su vida por ellos.

Esta es una cuestión seria para Dios. No quiere que nadie perezca, que se vaya al infierno por no haberse arrepentido y pedido perdón (2 Pedro 3:9). Murió para rescatar al perdido, y su operación de rescate no se detuvo en la cruz.

Dios nos da el privilegio de ser rescatadores junto con él. Hay un sinnúmero de personas en nuestro mundo esperando que alguien les cuente del amor incondicional de Dios. Por eso, queremos contarles a cuantas personas nos sea posible, ¡que Jesús ha venido para liberarlas!

PARA DIALOGAR
¿Qué podemos hacer como familia para alcanzar a otros tal como Dios nos ha alcanzado a nosotros, rescatando a los perdidos a nuestro alrededor?

PARA ORAR
Padre, danos compasión por nuestros amigos que no son creyentes. Ayúdanos a no olvidar nunca que están perdidos sin ti.

PARA HACER
Determinen como familia de qué manera pueden demostrar el amor de Dios a los perdidos a su alrededor.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Controlados o controlando.

Controlados o controlando.

Programa No. 2016-01-15

PABLO MARTINI
a1La palabra felicidad evoca imágenes de regalos abiertos en Navidad, de estrechar la mano a quien ama, de recibir sorpresas en el cumpleaños, de responder con una risa incontrolable a un comediante o de disfrutar las vacaciones en un lugar exótico. Todo el mundo quiere ser feliz. Perseguimos este ideal fugaz toda nuestra vida: gastando dinero, coleccionando cosas y buscando nuevas experiencias. Pero si la felicidad depende de nuestras circunstancias, ¿qué sucede cuando los juguetes se envejecen, los seres queridos mueren, la salud se deteriora, nos roban el dinero y la fiesta se termina? Con frecuencia la felicidad se esfuma y la desesperación se hace presente. En contraste con la felicidad se levanta el gozo. El gozo es quietud, es correr con profundidad y firmeza, es la seguridad confiada en la obra y el amor de Dios en nuestras vidas, ¡que Él estará allí pese a cualquier cosa!

La felicidad depende de los acontecimientos de afuera, pero el gozo depende del estado interno de tu alma que se sabe en paz con Dios por medio de Su obra. Filipenses es la carta del gozo de Pablo. La iglesia en esa ciudad de Macedonia había sido de gran estímulo para él. Los creyentes en Filipos disfrutaban una relación muy especial con Pablo, de manera que les escribió y junto con la carta les envió una expresión personal de su amor y afecto. Le habían traído gran gozo. Filipenses es también un libro alegre porque enfatiza el verdadero gozo de la vida cristiana. El concepto de regocijarse, o el gozo, aparece unas dieciséis veces, y sus páginas irradian este mensaje positivo, que culmina en la exhortación de: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!». Es una orden a tus emociones, Sí, porque el gozo no es una emoción como nos han enseñado, sino una decisión. Es la respuesta de mi voluntad controlada por esa fuerza sobrenatural que viene del cielo. Sólo aquellos que la posean podrán “vivir felices por siempre”.

http://labibliadice.org/una-pausa-en-tu-vida/programa-no-2016-01-15/?source=mas

La existencia de los dinosaurios y la respuesta bíblica

Consultorio Bíblico

La existencia de los dinosaurios y la respuesta bíblica

Programa No. 2016-01-14

PABLO LOGACHO
Nos ha escrito una amiga oyente de Bogotá, Colombia y nos dice lo siguiente: Reciban bendiciones de nuestro Señor. Gracias por el esfuerzo que realizan cada día por enseñarnos más y más acerca de la palabra de Dios. Los escucho desde hace algún tiempo en Bogotá, Colombia por BBN 1100 AM y disfruto de sus comentarios y de la ayuda que ofrecen a la gente para entender la voluntad de Dios. La razón por la que les escribo es porque me gustaría pedirles ayuda para aclarar una inquietud que surgió hace poco en la escuela dominical con los niños de mi iglesia, acerca de la existencia de los dinosaurios y la respuesta bíblica. No tengo mucho conocimiento acerca del tema y no sé dónde puedo encontrar información útil para resolver la inquietud y enseñarles a los niños. Me preguntaba si me podrían ayudar a responder la pregunta o informarme de libros o folletos donde pueda encontrar la información. Les agradezco por toda la ayuda que me puedan brindar y que el Señor les siga bendiciendo abundantemente.
DAVID LOGACHO
a1Gracias amable oyente por haberse comunicado con nosotros. Apreciamos mucho sus comentarios sobre el efecto que está teniendo nuestra programación radial en su vida espiritual. Lo hacemos todo para la gloria de Dios. Gracias también a la emisora BBN en 1100 AM por su buena voluntad al transmitir nuestro programa radial en Bogotá Colombia. La presencia de los dinosaurios sobre la faz de la tierra es atestiguada por la cantidad de fósiles que hasta el presente han sido encontrados en diferentes estratos de la corteza terrestre. Siendo este el caso, entonces, los dinosaurios forman parte del reino animal que fue creado por Dios en la tierra. Esto aconteció en el día quinto y sexto de la creación. Génesis 1:20-23 nos habla de la creación de los animales marinos y las aves. Dice así: Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

En este día, el quinto de la creación, Dios creó todos los animales marinos y las aves. Los animales terrestres, aparte de las aves, fueron creados por Dios el sexto día de la creación. Génesis 1:24-25 dice: Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.

En otras palabras, Dios creó absolutamente todo animal marino, todo animal terrestre y toda ave. Dentro de esto estuvieron ciertamente los dinosaurios. La gran pregunta es: Si Dios creó todo el reino animal, dentro de ellos los dinosaurios, entonces ¿por qué no tenemos dinosaurios vivos en la actualidad? Para hallar una respuesta tenemos que considerar el relato bíblico del diluvio universal. Antes del diluvio universal, no llovía sobre la faz de la tierra sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. En aquel tiempo el globo terrestre estaba rodeado por una capa de agua por sobre la atmósfera. Cuando llegó el tiempo para el diluvio universal, Dios ordenó a Noé que haga entrar en el arca a todos los animales según su especie, en parejas, macho y hembra. Génesis 6:18-21 dice: Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida. Y toma contigo de todo alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos.

Note que la lista no habla de animales marinos, porque los animales marinos están adaptados para vivir en el agua. Habla de aves, de bestias y de reptiles. Dentro de estos animales están los dinosaurios. Muchos han cuestionado esto último diciendo: Pero los dinosaurios fueron tan enormes que jamás hubieran podido entrar en el arca de Noé. Pero Dios dio a Noé inteligencia y Noé debe haber usado su inteligencia para cumplir con el mandato de Dios. Es posible que los animales de gran tamaño que introdujo Noé al arca, como elefantes, jirafas y ciertamente los dinosaurios, hayan sido ejemplares tiernos, antes que lleguen a tener el tamaño de adultos. En todo caso, cuando todos los animales estaban dentro del arca y también Noé con su familia cercana, Dios trajo el diluvio sobre toda la tierra. Note como lo registra la Biblia. Génesis 7:10-12 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.

El agua inundó absolutamente todo el globo terráqueo. Génesis 7:19-20 dice: Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes.

Los picos de los montes más altos quedaron quince codos, más de siete metros, por debajo del nivel del agua. ¿De dónde salió tanta agua? El texto dice que fueron rotas todas las fuentes del grande abismo. Parte del agua provenía de abajo, de la tierra. Pero el texto dice también que las cataratas de los cielos fueron abiertas. Esto se refiere a esa capa de agua que en ese tiempo rodeaba el globo terráqueo, por encima de la atmósfera. Esta capa de agua, antes del diluvio creaba el efecto invernadero en todo el globo terrestre, de modo que la temperatura era alta y uniforme en todo el globo terrestre, tanto en los polos como en el ecuador. Antes del diluvio, había vegetación tropical tanto en los polos como en el ecuador. Cuando ocurrió el diluvio, se precipitó sobre la superficie terrestre toda esa capa de agua que rodeaba la tierra. El diluvio universal produjo un cataclismo en la corteza terrestre. Las fuerzas hidráulicas hizo que parte de la corteza terrestre se eleve, creando los continentes con sus montañas y otras partes de la corteza terrestre se hunda, creando el espacio para toda el agua que había en la tierra, los oceános. Es decir que la orografía de la tierra después del diluvio era muy diferente a lo que fue antes del diluvio, el clima de la tierra después del diluvio fue muy diferente a lo que era el clima de la tierra antes del diluvio. La tierra comenzó a tener un clima cálido en el ecuador pero los polos se enfriaron al punto de congelación hasta llegar a ser lo que son hoy. Eventualmente, el arca con Noé, su familia y los animales, dentro de ellos los dinosaurios, se posó sobre los montes de Ararat. Note lo que pasó a continuación. Génesis 8:15-19 dice: Entonces habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra. Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca.

Noé y su familia, junto a todos los animales, incluyendo los dinosaurios, salieron a un mundo muy distinto a lo que era antes del diluvio. Los dinosaurios seguramente crecieron hasta llegar a ser adultos, y comenzaron a multiplicarse, pero había un problema, la tierra ya no tenía tanto alimento como antes del diluvio, porque las condiciones climáticas eran diferentes, el ambiente se tornó muy hostil para la supervivencia de los dinosaurios. Con el correr del tiempo, los dinosaurios entraron a un rápido proceso de extinción hasta que desaparecieron de la faz de la tierra, dejando para el recuerdo solamente sus restos fósiles. En esencia entonces, amable oyente, Usted puede explicar todo esto tal vez en palabras más sencillas a sus alumnos en la escuela dominical. Explíqueles, que los dinosaurios fueron creados por Dios y poblaron la tierra y se multiplicaron grandemente entre el tiempo de su creación y el diluvio, pero como las condiciones de la tierra después del diluvio llegaron a ser tan distintas a lo que eran antes del diluvios, fue difícil que los dinosaurios se adapten a esas adversas condiciones y por eso comenzaron a extinguirse hasta desaparecer. En cuanto a literatura sobre este asunto de los dinosaurios, desde una perspectiva bíblica, me temo mucho que sea muy escasa. Si existe, yo no lo conozco. Lo que predomina es el punto de vista evolucionista para explicar la presencia y extinción de los dinosaurios. Tenga mucho cuidado para no caer en la trampa de creer en la mentira de la evolución.

PABLO LOGACHO
LA BIBLIA DICE… es un ministerio cuyo fin es llevar personas a la madurez en Cristo, por ello le invitamos a visitar nuestra página Web y conocer cada uno de los estudios que tenemos a su disposición y por supuesto conocer la respuesta a la PREGUNTA DEL DIA En Isaías capítulo 65 se habla de nuevos cielos y nueva tierra y dice que la gente tendrá descendientes. Pero según Mateo 22:30 Jesús dijo que los que resuciten de los muertos no se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. ¿Por qué entonces en Isaías dice que la gente que viva en esos nuevos cielos y nueva tierra tendrán descendientes? Busque la respuesta en nuestra página en Internet la dirección es: labibliadice.org Hasta la próxima y que Dios le bendiga grandemente.

La misión a los gentiles 4

La misión a los gentiles 4

Justo L. Gonzáles

… no me avergüenzo del evangelio, porque es

poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

Romanos 1. 16

a1Los cristianos que en Hechos 6 se llaman “griegos”, aunque eran en realidad judíos, eran sin embargo judíos que sentían cierta simpatía hacia algunos elementos de la cultura griega. Puesto que fue contra estos cristianos que primero se desató la persecución en Jerusalén, fueron ellos los que primero se esparcieron por otras ciudades, y fue por tanto a ellos que se debió la llegada del mensaje cristiano a esos lugares.

El alcance de la misión

Según Hechos 8:1, esta primera dispersión de los cristianos tuvo lugar “por las tierras de Judea y Samaria”. Acerca de las iglesias en Judea, tenemos algunas noticias en Hechos 9:32–42 donde se nos cuenta de las visitas de Pedro a los cristianos de Lida, Jope y la región de Sarón, tierras éstas que se encontraban en los confines entre Judea y Samaria. Sobre la iglesia en Samaria, Hechos 8:4–25 da testimonio de la obra de Felipe, la conversión de Simón el mago, y la visita de Pedro y Juan.

Pero ya el capítulo 9 de Hechos, al describir la conversión de Saulo, da a entender que había cristianos en Damasco, ciudad mucho más distante de Jerusalén. Además, en Hechos ll:l9 se nos dice que los que se esparcieron por motivo de la muerte de Esteban fueron mucho más allá de Judea y Samaria, hasta Fenicia, Chipre y Antioquía. En todo caso, todo parece indicar que todas estas personas que se esparcieron a causa de la persecución eran judías, y que sus conversos eran también judíos.

Sin embargo, pronto la nueva fe comenzó a extenderse más allá de los límites del judaísmo. Por la obra de Felipe se convirtieron Simón el mago y el eunuco etíope. Hechos no nos dice claramente si alguna de estas personas era gentil, y por tanto cualquier conjetura en ese sentido resulta aventurada. Pero ya en el capítulo diez aparece el episodio de Pedro y Cornelio, en el que Pedro, tras recibir una visión que le ordena hacerlo, bautiza al gentil Cornelio y a “muchos que se habían reunido” con él. Cuando Pedro regresó a Jerusalén, la iglesia de esa ciudad le pidió una explicación de lo sucedido, y Pedro les contó acerca de su visión y de cómo Cornelio y los suyos habían recibido el Espíritu Santo. Ante esta explicación, los de Jerusalén “glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18).

A renglón seguido, el libro de Hechos nos cuenta cómo sucedió algo parecido en Antioquía, pues algunos cristianos procedentes de Chipre y de Cirene empezaron a predicarles a los gentiles. Al oír acerca de esto, la iglesia de Jerusalén envió a Bernabé para que viera lo que estaba teniendo lugar. Y Bernabé, cuando “vio la gracia de Dios, se regocijó” (Hechos 11:23).

Luego, lo que todo esto nos da a entender es que, aunque la primera expansión del cristianismo tuvo lugar a través de los cristianos de tendencia helenizante que tuvieron que huir de Jerusalén, la iglesia en la Ciudad Santa le dio su aprobación a la misión entre los gentiles.

Naturalmente, esto no resolvió todos los problemas, pues siempre quedaba la cuestión de hasta qué punto los gentiles conversos al cristianismo debían supeditarse a la Ley de Israel. Tras algunas vacilaciones la iglesia de Jerusalén aceptó a sus hermanos en Cristo sin “imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 15:28–29).

Pero, como sabemos por las epístolas de Pablo, esto no resolvió todo el problema, pues por algún tiempo siguió habiendo quienes insistían en que para ser cristiano había que circuncidarse y cumplir toda la Ley.

La obra de Pablo

Los viajes del apóstol Pablo son de todos conocidos, y en todo caso el lector puede seguirlos leyendo en el libro de Hechos. Por tanto, no nos detendremos aquí a seguir el itinerario de esos viajes. Baste señalar que, por alguna razón que el texto no nos dice, Bernabé fue a buscar a Saulo a Tarso y le llevó a Antioquía, donde trabajaron juntos por espacio de un año, y donde los cristianos recibieron ese nombre por vez primera.

Después, en varios viajes, primero con Bernabé y luego con otros acompañantes, Pablo llevó el evangelio a la isla de Chipre, a varias ciudades del Asia Menor, a Grecia, a Roma, y quizá hasta a España.

Pero, por otra parte, decir que Pablo llevó el evangelio a esos lugares no ha de entenderse en el sentido de que él fue el primero en hacerlo. En Roma había una iglesia bastante grande antes de la llegada del apóstol, como lo muestra la Epístola a los Romanos. Lo que es más, ya el cristianismo se había extendido por Italia hasta tal punto que cuando Pablo llegó al pequeño puerto de Puteoli había allí cristianos que salieron a recibirlo. Luego, hemos de cuidar de no exagerar la importancia de la labor misionera de Pablo. Puesto que la obra de Pablo y sus escritos ocupan buena parte del Nuevo Testamento, siempre corremos el riesgo de olvidar que, al mismo tiempo que Pablo llevaba a cabo sus viajes misioneros, había muchos otros dando testimonio del evangelio por diversas partes de la cuenca del Mediterráneo.

Bernabé y Marcos fueron a Chipre. El judío alejandrino Apolos predicó en Efeso y en Corinto. Y el propio Pablo, tras quejarse de que “algunos predican a Cristo por envidia y contienda”, se goza de que “o por pretexto o por verdad Cristo es anunciado” (Filipenses 1:15–18).

Todo esto quiere decir que, a pesar de toda la importancia de la labor misionera del apóstol Pablo, la gran contribución de Pablo no fue ésta, sino sus cartas que han venido a formar parte de nuestras Escrituras, y que a través de los siglos han ejercido su influjo sobre la vida de la iglesia.

En cuanto a la labor misionera en sí, ésta fue llevada a cabo por algunas personas cuyos nombres conocemos —Pablo, Bernabé, Marcos, etc.— pero también por centenares de cristianos anónimos que iban de un lugar a otro llevando su fe y su testimonio. Algunos de estos viajaban como misioneros, por razón de su fe. Pero probablemente muchos otros eran personas que sencillamente tenían que ir de un lugar a otro, y que en esos viajes iban esparciendo la semilla del evangelio.

Por último, antes de terminar esta brevísima sección sobre la obra de Pablo, conviene señalar que, aunque Pablo se consideraba a sí mismo como apóstol a los gentiles, a pesar de ello casi siempre al llegar a una ciudad se dirigía primero a la sinagoga, y a través de ella a la comunidad judía. Esto ha de servir para subrayar lo que hemos dicho anteriormente: que Pablo no se creía portador de una nueva religión, sino del cumplimiento de las promesas hechas a Israel. Su mensaje no era que Israel había quedado desamparado, sino que ahora, en virtud de la resurrección de Jesús, dos cosas habían sucedido: la nueva era del Mesías había comenzado, y la entrada al pueblo de Israel había quedado franca para los gentiles.

Los apóstoles: hechos y leyendas

El Nuevo Testamento no nos dice qué fue de la mayoría de los apóstoles. Hechos nos cuenta de la muerte de Jacobo, el hermano de Juan. Pero el propio libro de Hechos nos deja en suspenso al terminar diciéndonos que Pablo estaba predicando libremente en Roma. ¿Qué fue entonces, no sólo de Pablo, sino también de los demás apóstoles? Desde fechas muy antiguas comenzaron a aparecer tradiciones que afirmaban que tal o cual apóstol había estado en tal o cual lugar, o que había sufrido el martirio de una forma o de otra. Muchas de estas tradiciones son indudablemente el resultado del deseo por parte de cada iglesia en cada ciudad de poder afirmar su origen apostólico. Pero otras son más dignas de crédito, y merecen al menos que las conozcamos.

De todas estas tradiciones, probablemente la que es más difícil de poner en duda es la que afirma que Pedro estuvo en Roma y que sufrió el martirio en esa ciudad durante la persecución de Nerón. Este hecho encuentra testimonios fehacientes en varios escritores cristianos de fines del siglo primero y de todo el siglo segundo, y por tanto ha de ser aceptado como históricamente cierto. Además, todo parece indicar que la “Babilonia” a que se refiere 1 Pedro 5:13 es Roma: “La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con nosotros, y Marcos mi hijo, os saludan”. Por otra parte, la misma tradición que afirma que Pedro murió crucificado —algunos autores dicen que cabeza abajo— encuentra ecos en Juan 21:18–19, donde Jesús le dice a Pedro: “Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas donde querías, mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras”. Y el evangelista añade a modo de comentario: “Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios”.

El caso del apóstol Pablo es algo más complejo. El libro de Hechos le deja predicando en Roma con relativa libertad. Todos los testimonios antiguos concuerdan en que murió en Roma —probablemente decapitado— durante la persecución de Nerón. Pero hay también varios indicios de que Pablo realizó otros viajes posteriores a los que se cuentan en Hechos, entre ellos uno a España. Esto ha llevado a algunos a suponer que, después de los acontecimientos que se nos narran en Hechos, Pablo fue puesto en libertad, y continuó viajando hasta que fue encarcelado de nuevo y muerto durante la persecución de Nerón. Esta explicación resulta verosímil, aunque no hay suficientes datos para asegurar su exactitud.

La tarea de reconstruir la vida posterior del apóstol Juan se complica porque al parecer hubo en la iglesia antigua más de un dirigente de ese nombre. Según una vieja tradición, San Juan fue muerto en Roma, condenado a ser echado en una caldera de aceite hirviendo. Por otra parte, el Apocalipsis coloca a Juan, por la misma época, desterrado en la isla de Patmos. Otra tradición fidedigna dice que después que pasó la persecución Juan regresó a Efeso, donde continuó enseñando hasta que murió alrededor del año 100. Todo esto da a entender que hubo al menos dos personas del mismo nombre, y que la tradición después las confundió. Por cierto que un autor cristiano del siglo II —Papías de Hierápolis— que se había dedicado a estudiar las vidas y enseñanzas de los apóstoles, afirma categóricamente que hubo dos Juanes, uno el apóstol y evangelista, y otro el anciano de Efeso, que fue también quien recibió la revelación de Patmos. Además, la crítica concuerda en que los autores del Cuarto Evangelio y del Apocalipsis deben ser dos personas distintas, puesto que el primero escribe en griego con estilo elegante y claro, mientras que el segundo parece encontrarse más a gusto en hebreo o arameo. En todo caso, sí sabemos que hacia fines del siglo primero hubo en Efeso un maestro cristiano muy respetado por todos, de nombre Juan, y a quien sus discípulos atribuían autoridad apostólica.

Hacia fines del siglo segundo comienza a aparecer un fenómeno que dificulta sobremanera todo intento de descubrir el paradero de los apóstoles. Este fenómeno consistió en que todas las principales iglesias trataban de reclamar para sí un origen directamente apostólico. Puesto que la iglesia de Alejandría rivalizaba con las de Antioquía y Roma, ella también tenía que reclamar para sí la autoridad y el prestigio de algún apóstol, y esto a su vez dio origen a la tradición según la cual San Marcos había fundado la iglesia en esa ciudad. De igual modo, cuando Constantinopla llegó a ser capital del imperio, la nueva ciudad no podía tolerar el hecho de que tantas otras iglesias pudieran reclamar para sí un origen apostólico, y ella no pudiera hacer lo mismo. De ahí surgió la tradición que decía que el apóstol Felipe había fundado la iglesia de Bizancio, que era la ciudad que se encontraba en el lugar donde Constantinopla fue edificada más tarde.

Además de las tradiciones acerca de Pedro y Pablo que hemos mencionado más arriba, existen otras que, por razón de su popularidad, merecen especial atención. Estas son las tradiciones referentes a los orígenes del cristianismo en España y en la India. Es posible que el apóstol Pablo haya visitado España. Hay, sin embargo, otras dos tradiciones que tratan de enlazar a la iglesia española con los tiempos apostólicos. Una de estas tradiciones sostiene que el apóstol Pedro envió a España a “siete varones apostólicos”. Estos siete misioneros se presentaron ante la ciudad romana de Acci —que hoy se llama Guadix— pero fueron mal recibidos, y algunos de los habitantes del lugar salieron a perseguirles. En su fuga, los misioneros atravesaron un puente, y cuando los que les perseguían intentaron seguirles el puente se derrumbó y todos murieron ahogados. Ante tal milagro, los habitantes de Acci se convirtieron y construyeron una iglesia. Después de esto, los siete misioneros se separaron y fueron cada cual a una ciudad distinta. Esta tradición, sin embargo, no se remonta más allá del siglo v, y por tanto la mayoría de los historiadores duda de su veracidad histórica.

La otra tradición referente a los orígenes de la iglesia española relaciona esos orígenes con el apóstol Santiago. Este es el mismo Jacobo de quien ya hemos dicho que fue muerto por Herodes Agripa, puesto que originalmente los nombres Jacobo, Iago, Diego, Jaime y Santiago son el mismo. En todo caso según la tradición Santiago estuvo predicando en la región de Galicia y en Zaragoza. Su éxito no fue notable, pues los naturales de esos lugares se negaron a aceptar el evangelio. Cuando Santiago iba de regreso a Jerusalén, desanimado por lo que parecía ser su fracaso, se le apareció sobre un pilar la Virgen —que todavía vivía— y le dio ánimo. Este es el origen de la “Virgen del Pilar”, venerada en España y en varias de sus antiguas colonias. Tras su regreso a Jerusalén —continúa diciéndonos la tradición— Santiago fue decapitado, y entonces algunos de sus discípulos españoles llevaron sus restos de regreso a España, donde supuestamente reposan hasta el día de hoy en la basílica de Santiago de Compostela.

La tradición referente a Santiago en España ha tenido gran importancia para los españoles a través de su historia, pues Santiago es el patrón del país, y “¡Santiago y cierra España!” fue el grito de guerra en la Reconquista contra los moros. Durante la Edad Media, según veremos más adelante, las peregrinaciones a Santiago de Compostela jugaron un papel importantísimo en la religiosidad europea, y también en la unificación de España. La Orden de Santiago, que también discutiremos más adelante, fue asimismo de gran importancia histórica. Por todas estas razones, hay todavía esfuerzos por parte de algunos autores —en su mayoría españoles y católicos— de sostener la veracidad histórica de la visita de Santiago a España. Pero esa tradición no aparece en ningún escrito anterior al siglo VIII, y por tanto la mayoría de los historiadores se inclina a rechazarla.

Por último, existe también una fuerte tradición que afirma que Santo Tomás fue a la India. Esta tradición se encuentra por primera vez en los Hechos de Tomás, que fueron escritos a fines del siglo segundo o principios del tercero. Ya en esas fuentes, sin embargo, la visita de Tomás a la India se encuentra envuelta en toda una serie de relatos legendarios y milagrosos. Según se nos cuenta allí, un rey indio, Gondofares, quería construir un palacio esplendoroso, y con ese propósito le pidió a su representante en Siria que le buscase un arquitecto. Santo Tomás —que no era arquitecto— se ofreció para llevar a cabo la construcción del palacio, y con ese propósito fue llevado a la corte de Gondofares. Pero Tomás se refería a un palacio celestial, y por tanto repartía entre los pobres todo el dinero que Gondofares le daba para la construcción. Por fin, en vista de que nada se hacía en el lugar donde el palacio debía levantarse, el rey hizo encarcelar a Tomás. Pero entonces el hermano del rey, Gad, murió y regreso del lugar de los muertos le contó al rey una visión que había tenido del palacio celestial que Tomás estaba construyendo. Ante tal evidencia, el rey y su hermano se convirtieron y fueron bautizados. Por fin, tras permanecer allí por algún tiempo, Tomas dejó la iglesia a cargo de su discípulo Xantipo, y continuó sus labores apostólicas en otras regiones de la India, hasta que murió como mártir.

No cabe duda de que este relato, lleno de prodigios increíbles, es producto de la leyenda y la imaginación. Existen, sin embargo, fuertes razones para pensar que quizá el núcleo de la historia pueda ser verídico. En fecha relativamente reciente se han descubierto monedas que prueban que alrededor de la época a que el relato se refiere hubo en la India un gobernante llamado Gondofares, y que ese gobernante tenía un hermano llamado Gad. Además, no cabe duda de que la iglesia de la India es muy antigua, y por tanto no resulta descabellado pensar que pueda haber sido fundada en el siglo primero, especialmente por cuanto sabemos que había entre Siria y la India rutas comerciales muy transitadas. Por tanto, lo más que podemos decir es que es posible que Santo Tomás haya de verdad predicado en la India, aunque no existen pruebas concluyentes en un sentido u otro.

En conclusión, sabemos que algunos de los apóstoles —particularmente Pedro, Juan y Pablo— viajaron predicando el evangelio y supervisando la vida de las iglesias que habían sido fundadas por otros. Es posible que algunos otros apóstoles, como Santo Tomás, hayan hecho lo mismo. Pero de la mayoría de ellos no tenemos más que leyendas que reflejan una época posterior, cuando se creía que los apóstoles se dividieron la labor misionera por todo el mundo, y que cada cual salió en una dirección distinta. Al parecer, la mayor parte del trabajo misionero no fue llevada a cabo por los doce, sino por otros cristianos que por diversas razones —persecución, negocios o vocación misionera— iban de lugar en lugar llevando su fe.

Por otra parte, esa labor no fue fácil, pues pronto comenzaron a surgir conflictos con el estado y, como veremos en el próximo capítulo, fueron muchos los cristianos que dieron testimonio de su fe con su sangre.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo: Tomo 1 (Vol. 1, pp. 39–45). Miami, FL: Editorial Unilit.