Glorifiquemos a Dios en nuestro cuerpo

JUNIO, 08

Glorifiquemos a Dios en nuestro cuerpo

Devocional por John Piper

Por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo. (1 Corintios 6:20)

«Adoración» es el término que utilizamos para abarcar todos los actos del corazón, la mente y el cuerpo que expresan de manera intencional el infinito valor de Dios. Es para esto que fuimos creados.

No pensemos en cultos de adoración cuando meditemos en la adoración. Esa es una limitación enorme que no se encuentra en la Biblia. Todo en la vida debiera ser adoración.

Tomar desayuno, por ejemplo, o comer un bocado a media mañana: «Ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). Comer y beber son de las actividades más básicas que podemos realizar. ¿Qué más podría ser más humano y real?

Tomemos el sexo como ejemplo. Pablo dice que la alternativa a la fornicación es la adoración:

Huid de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo (1 Corintios 6:18?20).

Consideremos la muerte como último ejemplo. Esto ocurrirá en nuestro cuerpo. De hecho, será el último acto del cuerpo en este mundo. El cuerpo diciendo adiós. ¿Cómo deberemos adorar en ese último acto del cuerpo? Vemos la respuesta en Filipenses 1:20-21. Pablo dice que su esperanza es que Cristo sea exaltado en su cuerpo por medio de la muerte. Luego agrega: «Para mí… el morir es ganancia». Expresamos el infinito valor de Cristo al morir considerando la muerte como ganancia.

Tenemos un cuerpo, pero no es nuestro: «Por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo».

Estamos siempre en un templo: adoremos en todo momento.

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Deuteronomio 12 | Salmos 97–98 | Isaías 40 | Apocalipsis 10

8 JUNIO

Deuteronomio 12 | Salmos 97–98 | Isaías 40 | Apocalipsis 10

Tres observaciones para preparar el camino: (a) Si Isaías tenía treinta años cuando Dios le llamó a ser profeta en el año en que murió el rey Uzías (6:1), tenía entonces sesenta y nueve cuando se produjo la invasión asiria en 701, y setenta y dos en 698, cuando murió Ezequías. La tradición ajena a la Biblia dice que vivió un poco más, dentro del reinado del malvado rey Manasés, que decidió matarlo. Huyendo de este, el anciano Isaías se escondió en un árbol hueco del bosque, donde los hombres del rey acabaron encontrándolo. Estos cortaron el tronco con una sierra, con Isaías aún dentro. Hebreos 11:36–37 puede estar mencionando este episodio. (b) En esta cronología, Isaías había previsto en 712 a. C. la invasión babilonia (39:5–7). Sin embargo, la invasión asiria de 701 captó sin duda la mayor parte de su atención hasta que ocurrió. A juzgar por lo que leemos en los siguientes capítulos, Isaías pasó los restantes años de su vida en un ministerio de consuelo y ayuda al remanente fiel en los oscuros días que se avecinaban. Este ministerio fue quizás público y oral durante los tres años restantes de la vida del rey Ezequías. Por el contrario, bajo el régimen brutalmente represivo de Manasés, el ministerio del profeta se dirigió probablemente al círculo íntimo de sus discípulos (8:16–17) y en la página escrita que estos preservarían hasta que una nueva generación estuviese preparada de nuevo para escuchar las palabras de Dios transmitidas por medio de él. (c) Temáticamente, la siguiente sección engloba los capítulos 40–55, que están llenos de consuelo basándose en la asombrosa grandeza de Dios y la inconmensurable expiación del pecado que provee.

El consuelo ofrecido en el párrafo inicial (Isaías 40:1–11) consta de al menos cinco elementos. (a) Siguen siendo el pueblo de Dios, “mi pueblo” (40:1). A pesar de la devastadora predicción de los versículos anteriores, relativa a la destrucción de Jerusalén y la deportación de sus habitantes, Dios consolará de nuevo a la ciudad (40:2, un claro paralelismo con “mi pueblo”). (b) Sus pecados han sido perdonados. Estos fueron los que desencadenaron el juicio, por lo que las noticias son buenas: “ya ha cumplido su tiempo de servicio, ya ha pagado por su iniquidad”. La forma como se cumplen estas palabras no se revela totalmente hasta el capítulo 53, pero la obertura anuncia el esplendor sinfónico. (c) A consecuencia de su perdón, Dios mismo traerá a los exiliados de vuelta a casa, allanando su camino (40:3–4), reuniendo a su rebaño como un pastor (40:11), revelando por tanto su gloria a toda la raza humana (40:5); el tema misionero es recurrente. (d) Por muy voluble que sean las personas, Dios es totalmente fiable (40:6–8). (e) Las buenas noticias gritadas desde Sion/Jerusalén son: “¡Aquí está vuestro Dios! Mirad, el SEÑOR omnipotente llega con poder” (40:9, 10). No es de extrañar, pues, que los restantes versículos del capítulo permanezcan en la absoluta majestad de Dios.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 159). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Un recuerdo muy lejano

Viernes 8 Junio

Respondió el Señor a Job… ¿… Guiarás a la Osa Mayor con sus hijos? ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos?

Job 38:1, 32-33

Respondió Job al Señor… De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.

Job 42:1, 5-6

Un recuerdo muy lejano

Toda la familia se había convertido a Jesús, pero Marc, el hijo mayor, se resistía. Su familia oraba por él, mas los años fueron pasando sin ningún cambio…

Marc llegó a ser un músico famoso muy solicitado. Una noche, cuando regresaba de una velada, en la periferia del bosque, alzó los ojos. Entonces quedó extasiado por la belleza de un cielo estrellado. Siempre le había gustado la naturaleza… Ante la grandeza de aquel espectáculo, de repente se dio cuenta de su pequeñez, de que no era nada. Pensó en los malos tratos que había dado a su madre, se echó a llorar y oró: «Señor, tu eres un Dios grande, y yo soy un desgraciado. Esto tiene que cambiar, Señor». Entonces, en la solitaria noche, Marc tocó en su trompeta y luego cantó un himno favorito de su madre.

De repente escuchó un ruido. Cerca de él había un hombre sollozando, con una cuerda en la mano, y le dijo: «Iba a acabar con mi vida, cuando usted se puso a cantar un cántico que mi madre me cantaba cuando era pequeño. Soy un hombre desesperado». Entonces Marc invitó al hombre a seguirlo, y fueron juntos a la casa paterna. Eran las tres de la mañana cuando Marc llamó a la puerta. Los jóvenes entraron en la habitación, donde los padres de Marc estaban orando por su hijo. Los cuatro se pusieron de rodillas, Marc y su compañero aceptaron a Jesús como Salvador. Padres cristianos, ¡no nos desesperemos! “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).

Levítico 18 – Romanos 14 – Salmo 68:28-35 – Proverbios 16:31-32

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La importancia del arrepentimiento

La importancia del arrepentimiento

6/7/2018

Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados. (Hechos 2:38)

Nadie puede ir a Jesucristo a menos que se arrepienta. Jesús comenzó su ministerio proclamando la necesidad del arrepentimiento (Mt. 4:17), y Pedro y Pablo siguieron proclamándola. El arrepentimiento es una decisión consciente de apartarse del mundo, del pecado y del mal. ¡Es algo decisivo!

Si usted acudió a Jesucristo pensando que lo único que tenía que hacer era creer, pero que no tenía que confesar su pecado ni estar dispuesto a apartarse de la maldad de este mundo, no ha entendido el mensaje de salvación. La vida de muchas personas no ha cambiado nada desde que supuestamente creyeron en Cristo. Por ejemplo, algunas eran inmorales y siguen siendo inmorales. Algunas cometían adulterio y siguen cometiendo adulterio. Y algunos cometían fornicación y siguen cometiendo fornicación. Pero según 1 Corintios 6:9-10, los fornicarios y los adúlteros no heredarán el reino de Dios.

Si verdaderamente usted es salvo, se esforzará por apartarse de las cosas del mundo.

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Vivimos por fe

JUNIO, 07

Vivimos por fe

Devocional por John Piper

…la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20)

La fe está en perfecta armonía con la gracia venidera de Dios: se corresponde con la libertad y la plena suficiencia de la gracia, y dirige nuestra atención a la gloriosa fiabilidad de Dios.

Una de las implicaciones importantes de esta inferencia es que la fe que justifica y la fe que santifica no son dos clases de fe distintas. Santificar simplemente quiere decir hacer santo o transformar en semejanza a Cristo. Todo esto es por gracia.

Por lo tanto, también debe ser por fe, porque la fe es la acción del alma que se conecta con la gracia, y la recibe, y la canaliza para convertirla en poder para obedecer, y la protege para que no quede anulada a causa de la jactancia humana.

Pablo hace explícita esta relación entre la fe y la santificación en Gálatas 2:20 («vivo por fe»). La santificación es por el Espíritu y por la fe; dicho en otras palabras, es por gracia y por fe. El Espíritu es el «Espíritu de gracia» (Hebreos 10:29). El hecho de que Dios nos haga santos es obra de su Espíritu, pero el Espíritu obra mediante la fe en el evangelio.

La simple razón por la que la fe que justifica es también la fe que santifica es que tanto la justificación como la santificación son la obra de la gracia soberana. No son el mismo tipo de obra, pero ambas son la obra de la gracia. La santificación y la justificación son «gracia sobre gracia».

La fe es la consecuencia natural de la libertad de la gracia. Si tanto la justificación como la santificación son la obra de la gracia, es lógico que ambas sean por fe.

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Deuteronomio 11 | Salmos 95–96 | Isaías 39 | Apocalipsis 9

7 JUNIO

Deuteronomio 11 | Salmos 95–96 | Isaías 39 | Apocalipsis 9

En la meditación del 7 de noviembre del volumen 1, hablábamos de la enfermedad casi mortal del rey Ezequías, de su recuperación y su posterior insensatez con los emisarios babilonios (en 2 Reyes 20, encontramos un relato parecido al de Isaías 39–40). La muerte no es lo que más hay que temer. Si Ezequías hubiese muerto por su enfermedad, en lugar de vivir quince años más, no habría sucumbido ante sus peores pecados de orgullo y crueldad (Isaías 39:5–8). Sin embargo, aquí nos centraremos en algo más prosaico: la cronología de los acontecimientos, ya que hay varias lecciones que aprender.

Hay mucho debate sobre la datación del reinado de Ezequías. Está razonablemente claro que la invasión de Senaquerib (Isaías 36:1) tuvo lugar en 701 a. C., el decimocuarto año de Ezequías como rey, lo cual significa que subió al trono en 715 a. C. Sin embargo, 2 Reyes 18:1 afirma que esto aconteció en el tercer año del rey Oseas de Israel (el reino del norte), es decir, aproximadamente en 727. Probablemente, Ezequías fue regente con su padre Acaz desde 727 a 715, año en que este murió, reinando en solitario a partir de ahí (las regencias compartidas eran comunes entre los reyes de Judá e Israel). Por tanto, la invasión de 701 tuvo lugar en el año decimocuarto o vigesimosexto del reinado de Ezequías, según se incluyan o no los años de regencia. No obstante, 2 Reyes 18:1 también especifica que este reinó durante veintinueve años desde el inicio de la misma, lo cual sitúa su muerte en 698. Si su enfermedad se produjo quince años antes (Isaías 38:5), estamos hablando del año 713. Los emisarios de Babilonia realizaron su visita poco después, en 712 o 711, más de una década antes de la invasión asiria bajo el mando de Senaquerib. La frase “por aquellos días” (38:1) debe de ser entonces una referencia general a la época de la vida y el reinado de Ezequías y no tanto a algo más específico.

Esto significa que no debemos considerar posteriores a la invasión asiria los acontecimientos de Isaías 38–39, como si este episodio fuese una recaída tras la intercesión heroica y la fiel obediencia descritas en los capítulos 36–37. La situación es más compleja. Después de prósperos años de administración (2 Reyes 18), Ezequías cae enfermo y se cura de forma milagrosa. Seguidamente, se jacta ante los emisarios de Babilonia (Isaías 39), lo cual bien podía ser parte de su plan de rebelión contra Asiria. Ezequías sólo aprende a confiar en el Señor una década más tarde, cuando los asirios casi lo destruyen. Muere tres años después de esta invasión. Si esta cronología es correcta, su postura extraordinariamente egoísta y cruel en Isaías 39:8 refleja con precisión su ambivalencia hacia Dios y su profeta, hasta que la desesperación lo venció.

¿Cuándo y cómo aprendemos a confiar en el Señor?

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 158). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Morir tranquilo

Jueves 7 Junio

Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

2 Corintios 5:20-21

Morir tranquilo

A raíz de la muerte de un famoso comentador deportivo, los medios de comunicación recordaron una frase que lo había hecho famoso: «Ahora podemos morir tranquilos». La había pronunciado al comentar la victoria del equipo francés de fútbol en la final de la copa del mundo. Probablemente sus palabras iban más allá que sus pensamientos, pero daban testimonio de su pasión por el fútbol. Su mayor deseo acababa de cumplirse, por ello, en aquel momento, sentía una plena satisfacción.

Pero, ¿es esto suficiente para morir tranquilo? Pensar de esta manera sería no tomar las cosas en serio. Habría que ser muy inconsciente para afirmar que se puede morir tranquilo sin estar en regla con Dios. Nuestras pasiones no deben hacernos olvidar la solemnidad del momento en que nos encontremos cara a cara con Dios. Hace mucho tiempo un profeta hizo esta advertencia: “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Amós 4:12). Tenemos que prepararnos, pues por naturaleza, siendo pecadores, no tenemos acceso a Dios y lo rechazamos. Pero Dios nos dio la solución para reconciliarnos con él por medio de la muerte de su Hijo, pues Jesús hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Solo la fe en Jesucristo nos da la justicia que nos permite tener la paz con Dios. Y solo entonces podemos mirar la muerte con serenidad, porque Dios, Juez de todos (Hebreos 12:23), recibirá como un hijo muy amado al que creyó en él, siendo perdonado de sus pecados y reconciliado con él mediante el sacrificio de Jesucristo.

Levítico 17 – Romanos 13 – Salmo 68:21-27 – Proverbios 16:29-30

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Examínese

Examínese

6/6/2018

¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (Santiago 4:4) 

¿Sigue aferrado usted al estilo de vida que llevaba antes de ser cristiano? Como revela el versículo de hoy, si no hizo un esfuerzo consciente por separarse de este mundo cuando se entregó a Cristo, tiene razón para poner en tela de juicio si su salvación fue genuina.

Primera Juan 2:15 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Cuando usted se hace cristiano, desea que se le separe del mundo. Sin duda el mundo seguirá tentándolo a usted en lo sucesivo, pero usted debe dejar el malvado sistema de Satanás.

Es una mentira decir que una persona puede ir a Cristo sin haberse apartado del mundo. ¡Tiene que haber un cambio de la manera de vivir! No es algo fácil de hacer. Pablo nos dijo que no vivamos como vivíamos antes de que conociéramos a Cristo (Ef. 4:17). Pero podemos vivir de esa manera porque tenemos una nueva naturaleza.

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Todos enemigos de Dios

JUNIO, 06

Todos enemigos de Dios

Devocional por John Piper

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte. (Colosenses 1:21-22)

La mejor noticia de todo el mundo es que nuestra separación de Dios ha llegado a su fin y hemos sido reconciliados con el Juez del universo. Dios ya no está en nuestra contra sino a nuestro favor. Tener al Amor omnipotente de nuestro lado nos arma de valor. La vida se vuelve absolutamente libre y osada cuando el Ser más poderoso actúa a nuestro favor.

Sin embargo, el mensaje completo de salvación que da Pablo no es una buena noticia para quienes rechazan el diagnóstico de Colosenses 1:21: «Erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente».

¿A cuántas personas conoce que digan «soy enemigo de Dios en mi mente»? La gente no suele decir «odio a Dios». Entonces, ¿a qué se refiere Pablo al decir que las personas son «enemigos [de Dios] en [su] mente» antes de ser reconciliadas por medio de la sangre de Cristo?

Creo que lo que quiere decir es que hay una hostilidad real hacia el Dios verdadero, pero las personas no se permiten pensar en el Dios verdadero. Imaginan que Dios es como ellos quisieran que él fuera, lo que rara vez incluye alguna posibilidad de que realmente pudieran estar en serios problemas con él.

Sin embargo, considerando cómo es Dios realmente —un Dios que es soberano por sobre todas las cosas, incluso la enfermedad y las calamidades— Pablo dice que todos nosotros éramos enemigos de él. En el fondo, aborrecíamos su poder y autoridad absolutos.

El hecho de que cualquiera de nosotros sea salvo de debe a la maravillosa verdad de que la muerte de Cristo obtuvo la gracia por medio de la cual Dios conquistó nuestros corazones y nos hizo amar a Aquel a quien solíamos odiar.

Muchos todavía están aprendiendo a no ser enemigos de Dios. Es bueno que él sea gloriosamente paciente.

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Deuteronomio 10 | Salmos 94 | Isaías 38 | Apocalipsis 8

6 JUNIO

Deuteronomio 10 | Salmos 94 | Isaías 38 | Apocalipsis 8

Una de las imágenes más impactantes y llenas de simbolismo del libro es la que encontramos en Apocalipsis 8:3–5.

Tiene diversas raíces. Nos lleva a pasajes como Salmos 141:2: “Que suba a tu presencia mi plegaria como una ofrenda de incienso; que hacia ti se eleven mis manos como un sacrificio vespertino”. David quiere que sus oraciones sean tan agradables a Dios, tan aceptables para él, como el incienso quemado delante suyo en el tabernáculo, como los sacrificios ofrecidos a él allí mismo al final del día. El pacto mosaico ordenó que se levantase el altar del incienso (Éxodo 30:1–10). Este tipo particular de altar y de sacrificio tendría ciertas vinculaciones en el mundo antiguo, las cuales desconocemos. En un mundo en que la higiene era deficiente, era aconsejable quemar un poco de incienso en las casas para enmascarar los malos olores y esta asociación acompañaría a este mismo acto en el tabernáculo y más adelante en el templo. Este ritual ordenado por Dios seguía vigente con total seguridad en la época de Jesús (Lucas 1:8–9).

Juan ya ha utilizado la relación entre las oraciones y el incienso en Apocalipsis 5:8. Cuando el León/Cordero, el Señor Jesús, toma el libro de la mano derecha de aquel que está sentado en el trono, y se prepara para abrir los sellos, los ángeles alrededor del mismo “se postraron delante del Cordero”. Sujetaban “copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios”. El sentido de la visión no es que sea bueno que haya velas de incienso en las catedrales (lo cual confundiría simbolismo y realidad), sino algo más profundo. Si no se hubiese encontrado a nadie que llevase a cabo los propósitos de justicia y bendición de Dios, todas las oraciones de su pueblo son inútiles. Ahora que el León/Cordero ha prevalecido, estas (simbolizadas por el incienso debido al símil del Antiguo Testamento) humean en la presencia de Dios, que las escuchará y contestará, porque ya es seguro que sus propósitos de bendición y juicio se cumplirán.

Aquí en 8:3–5, “las oraciones de todos los santos” se queman delante de Dios en el altar del incienso. “Luego el ángel tomó el incensario y lo llenó con brasas del altar, las cuales arrojó sobre la tierra; y se produjeron truenos, relámpagos y un terremoto” (8:5), señales todas ellas, en este contexto, de la presencia y el juicio aterradores de Dios, que responden a las oraciones de su pueblo.

¿Qué tiene esto de extraño? El alma de los mártires pide justicia (Apocalipsis 6:10). Toda la iglesia clama: “¡Ven, Señor Jesús!” (22:20), sabiendo que así conseguirá que aquella se cumpla finalmente. Los seguidores de Jesús oran pidiendo que venga su reino, lo cual no es una noción sentimental en el contexto de un mundo rebelde y roto.

Carson, D. A. (2014). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (L. Viegas, Trad.) (1a edición, Vol. II, p. 157). Barcelona: Publicaciones Andamio.