El arco iris

Domingo 9 Mayo

Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros… y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne.Génesis 9:1315

(Jesús dijo:) Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.Juan 9:5

El arco iris

Después de una tormenta, a veces aparece el arco iris mostrando sus magníficos colores. La física nos enseña que este fenómeno se produce por el encuentro de las gotas de agua y los rayos del sol: la luz blanca se descompone según toda la gama de colores del espectro cromático.

La Biblia nos dice que Dios estableció el arco iris después de haber enviado el diluvio a la tierra y haber salvado a Noé y los suyos del juicio. Dios dio esta señal para mostrar que se acuerda de todas las criaturas vivas de la tierra. A pesar de la maldad del hombre, Dios no quiere su destrucción. Cada uno de nosotros es culpable ante Dios, pero todos podemos ir al Salvador que él nos dio, es decir, Jesucristo.

El arco iris también nos habla de Jesús, el Hijo de Dios que vino a la tierra como la luz del cielo. “Dios es luz” (1 Juan 1:5) y quiso revelarse a los hombres. Entonces, así como el arco iris descompone la luz, Jesús nos reveló unas tras otras las glorias de Dios: su exigencia de verdad, que pone en evidencia todo lo que el hombre querría dejar escondido en lo profundo de su corazón; su justicia, que no soporta el pecado; su bondad, que busca y atrae al pecador; su paciencia, que espera que todos se arrepientan…

Y después de haber dado su vida para expiar nuestros pecados, Jesús volvió al cielo, donde ahora está sentado a la diestra de Dios el Padre, garante de nuestra eterna salvación.

“El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció” (Mateo 4:16).

1 Reyes 7:23-51 – Marcos 9:30-50 – Salmo 55:8-15 – Proverbios 15:5-6

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¿Cómo podría usted resumir la Teología Reformada?

No es tan simple como parece

No es tan simple como parece

¿Cómo podría usted resumir la Teología Reformada?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

El Fin Principal De La Redención

HeartCry Missionaty Society

El Fin Principal De La Redención

Por: Jonathan Edwards

Muchas veces nos topamos con la idea errónea de que Dios hizo todo lo que hizo por nosotros, sin embargo las Escrituras nos enseñan algo completamente diferente. Aquí en palabras de Jonathan Edwards:

“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes El se complace.” – Lucas 2:14

“Que la gloria de Dios sea el más alto y último fin de la obra de redención, es confirmado por el canto de los ángeles en el nacimiento de Cristo… debe de suponerse que ellos sabían cuál era el fin de Dios al mandar a Cristo al mundo; y que su regocijo en esa ocasión, sus mentes se regocijaran más en aquello que era más valioso y glorioso de esto, lo cual debe consistir en su relación con su principal y ultimo fin. Y además debemos suponer, que la cosa que principalmente ocupó sus mentes fue la más gloriosa y gozosa en este asunto; y sería lo primero en la canción que era expresar los sentimientos de sus mentes, y la exaltación de sus corazones.”

Jonathan Edwards (Obras, vol.1, p.110)

FLAVIO JOSEFO: ¿Quién fue y por qué es tan importante para el CRISTIANISMO?

BITE

Serie: Biografía

FLAVIO JOSEFO

¿Quién fue y por qué es tan importante para el CRISTIANISMO?

Los escritos de este hombre son un importante testimonio de muchos eventos y personajes del primer siglo que guardan relación con las narraciones del Nuevo Testamento.

Su trabajo literario se considera hoy una fuente primaria para comprender mejor el mundo en el que Jesús y la primera iglesia vivieron.

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CRÉDITOS

Conductor: Giovanny Gómez Pérez.
Guión: Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Pilar Prieto.
Edición del video: Fernando Ordoñez.
Apoyo gráfico: Nayibe Gómez.
Música: Envato Elements.

Complacido con sus preceptos

Soldados de Jesucristo

Mayo 08/2021

Solid Joys en Español

Complacido con sus preceptos

John Piper

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Una exhortación para los padres cristianos

Sábado 8 Mayo

Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas.Romanos 1:20

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan… y vuestro Padre celestial las alimenta.Mateo 6:26

Una exhortación para los padres cristianos

En nuestro mundo actual es muy importante llamar la atención de nuestros hijos sobre las señales de la existencia, del poder y del amor de Dios. Así les ayudamos a abrir su inteligencia y su sensibilidad a la relación que existe entre la naturaleza y el Creador.

Un niño que no ha tenido la oportunidad de maravillarse ante la grandeza del Todopoderoso, ante la belleza y la realidad de su creación, tendrá una concepción falsa de Dios, y una visión reducida y limitada de las cosas. Por ello debemos aprovechar cada oportunidad para hablar a nuestros hijos de la gloria de Dios. Ante un arco iris o frente a las poderosas olas del mar, e incluso ante un cielo lleno de estrellas, les ayudamos a tomar consciencia de que alguien infinitamente más grande que ellos creó el universo, y que ese Creador “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:3).

Nuestros hijos necesitan maravillarse ante la creación, y este puede ser el primer encuentro objetivo con Dios. Aprovechemos este momento para enseñarles a ver más allá de lo visible, a ver a Dios, infinito y eterno.

Llevémoslos a tomar conciencia de la presencia del Dios Creador Todopoderoso, mostrémosles la fuente del verdadero y eterno gozo. Y cuando les hablamos de las respuestas a nuestras oraciones, tienen la prueba de que el Señor también está muy presente en nuestra vida. Les ayudamos a comprender que el Señor está cerca de ellos y que, incluso en las dificultades, está listo para manifestarles su presencia y su gracia.

1 Reyes 7:1-22 – Marcos 9:1-29 – Salmo 55:1-7 – Proverbios 15:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Las Dudas de Natanael – 26

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

26 – Las Dudas de Natanael

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

¿Cómo puedo crecer en mi entendimiento de la teología bíblica?

9Marcas

¿Cómo puedo crecer en mi entendimiento de la teología bíblica?

1. Estudia las Escrituras de forma temática. Aunque debes estudiar toda la Escritura profunda y ampliamente, puede ser muy útil leer a través de las Escrituras para trazar temas que se encuentran a lo largo de la Biblia. Si estudias la manera en que temas como la creación y la nueva creación, el reposo del sábado, el reinado, el pacto y la morada de Dios en medio de su pueblo se desarrolla a través de la Escritura, obtendrás una visión panorámica de la gloria de Dios y la maravilla de la salvación.

2. Adopta la actitud del Nuevo Testamento hacia el Antiguo Testamento. Mientras estudias el Nuevo Testamento presta atención de cerca a la manera como se cumple, aclara, amplifica y algunas veces reemplaza algo en el Antiguo Testamento. Y mientras lo haces podrás entender la unidad de la Escritura, la unidad de los propósitos salvadores de Dios a través de la historia y la riqueza multifacética de la obra salvadora de Cristo.

3. Estudia el Antiguo Testamento con una visión hacia Jesús y el Nuevo Testamento. Mientras lees el Antiguo Testamento haz preguntas como: «¿Dónde encaja este pasaje en la cronología de la historia redentora? ¿Cómo este pasaje apunta hacia Jesús? ¿Cómo este pasaje da forma al fundamento de lo que un cristiano cree? ¿Cuáles pasajes del Nuevo Testamento ofrecen luz a estas preguntas?».

4. Estudia los libros proféticos del Antiguo Testamento. Los libros proféticos del Antiguo Testamento contienen algunas de las enseñanzas más ricas de la Biblia sobre la vida, ministerio y supremacía de Jesucristo. También profundizan nuestro conocimiento de Dios y apuntan hacia la consumación de la obra salvadora de Dios.

5. Lee un buen libro sobre teología bíblica. Comienza con el libro de  Graeme Goldsworhthy titulado The Goldsworthy Trilogy [La trilogía Goldsworthy] o el de Vaughan Roberts God’s Big Picture: Tracing the Storyline of the Bible [Panorama de Dios: trazando la historia de la Biblia].

Mark Deve

Viviendo santamente como hermano

The Master’s Seminary

Viviendo santamente como hermano

Luis Silva

Vivir en santidad no es para débiles. Requiere paciencia, perseverancia y dependencia. En un mundo cada vez más hostil, vivir una vida santa puede ser un verdadero reto para el creyente, sobretodo porque hoy en día la verdad se ha convertido en algo relativo. Para muchos, simplemente no es relevante. Sin embargo, la Escritura es clara en cuanto a que el creyente debe vivir santamente —independientemente de dónde se encuentre y de la situación que enfrente— puesto que Él es santo (1 P. 1:16). La santidad es una de las doctrinas prácticas del cristianismo. No es algo que solo debes conocer. Toda persona que se haya arrepentido de sus pecados y que confiese que Jesucristo es su Señor y Salvador (Ro. 10:8) tiene el privilegio y responsabilidad de ser un testimonio vivo de la obra regeneradora de Jesús en su vida.

Dios es santo y no cambia, así como tampoco lo hacen sus estándares. La Biblia enseña que «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos» (He. 13:8). Esta porción del libro de Hebreos es una declaración preciosa de la inmutabilidad de Dios. El creyente puede tener la certeza y seguridad de que es hijo de y sirve a un Dios santo, poderoso y soberano que no cambia, que se ha revelado y se ha dado a conocer desde el principio como tal: «Porque yo soy el Señor vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo» (Lv. 11:44a). Verdaderamente hay un llamado por parte de Dios a la santidad. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, tanto en Levítico como en 1 Pedro, Dios manda a los suyos a vivir vidas santas porque Él es santo. Él es el mismo. El estándar no ha cambiado, la vara de medición sigue siendo la misma. Hay consistencia en el llamado de Dios a vivir una vida santa. Es un mandato que debe cumplirse. Por eso, todo creyente genuino debe anhelar esta verdad y perseverar en vivir santamente todos los días de su vida.

Relaciones piadosas en familia

Si bien es cierto que el creyente tiene el privilegio de pertenecer a la familia más grande y hermosa que existe sobre la faz de la tierra: la familia de Dios —la Iglesia—, también debe entender que hay relaciones adicionales que deben caracterizarse por la santidad. La familia de cada creyente no es la excepción a esto. El cristiano debe modelar el carácter de Cristo con cada uno de los miembros de su familia. Debe vivir piadosamente, de tal manera que el Señor sea honrado y que no haya oportunidad de ser un mal testimonio. Mucho está en juego. Si verdaderamente el cristiano es quién dice ser: hijo de Dios, habrá evidencia —fruto— como testimonio de ello. R.C. Sproul, en su libro «La santidad de Dios», afirma lo siguiente: «La verdadera fe siempre produce una conformidad real a Cristo. Si la justificación nos sucede, entonces la santificación seguramente la seguirá. Si no hay santificación, significa que nunca hubo justificación»[1]. Si eres hijo de Dios, debes obedecer a tu Señor, buscando agradarle y cumplir su voluntad, «lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Ro. 12:2).

El deseo de Dios de ver a sus hijos viviendo en santidad es hecho manifiesto cuando Jesús ora al Padre, diciendo: «Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad» (Jn. 17:17). Esto no se refiere únicamente al contexto de la iglesia. No se trata de vivir vidas santas al encontrarse con hermanos en la fe nada más. El cristiano debe «[vivir] de una manera digna de la vocación con que [ha] sido [llamado]» (Ef. 4:1), ya sea en la iglesia, en el trabajo o en casa con su familia.

El pecado mina las distintas relaciones interpersonales, especialmente las relaciones familiares. Por eso, cada día es más común encontrar discordias, pleitos y enemistades entre parientes cercanos. Hay divisiones familiares provocadas por la disputa de herencias o simples desacuerdos, por ejemplo. A menudo, estas roturas llevan a consecuencias muy trágicas: odio, ira, homicidio, violencia, rechazo, venganza o actos atroces. Es de esperarse cuando el Señor no está en medio de una relación, cuando no se vive en santidad sino sujeto a pasiones y emociones bañadas de orgullo y egoísmo. Verdaderamente para el cristiano es muy difícil sostener relaciones piadosas con los diferentes miembros de la familia, si es en sus propias fuerzas.

El camino equivocado

Sin embargo, esto no es nuevo. Dios advirtió a Caín lo siguiente en Génesis 4:7: «el pecado yace a la puerta y te codicia». Sin embargo, Caín hizo caso omiso a lo que sigue: «pero tú debes dominarlo» (Gn. 4:7). Caín lo había experimentado y sabía lo que Dios estaba diciéndole, pero de igual forma no se controló. No dominó ese pecado que tocó a su puerta. Por eso, este hombre pasaría a la historia como el autor intelectual y material del primer caso bíblico de envidia, egoísmo y asesinato. Por primera vez, un hombre levantaba su mano contra su hermano: «Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató» (4:8).

Este triste acto ilustra lo que el pecado es capaz causar en el ser humano. Tan poderoso fue el egoísmo y la envidia que Caín sintió en contra de su hermano Abel, que terminó quitándole lo que Dios le había dado: la vida. Esto trajo consecuencias devastadoras sobre sí mismo y su descendencia. Caín fue maldecido (4:11) y sería «vagabundo y errante» (4:12), viviendo en temor. Una vez que se deja entrar al pecado, causará dolor y devastación. Sin Cristo, las relaciones son duras, sufridas e irreconciliables. Solo viviendo una vida piadosa en completa dependencia del Señor hará que vivas santamente como hermano, a diferencia de Caín.

El camino correcto

Solo un corazón regenerado por Cristo, que anhela vivir agradando a Dios, que renuncia cada día al orgullo y que vive aferrado a su Señor, puede vivir en santidad personal y en cada una de las relaciones interpersonales en las que esté involucrado. Esto incluye las relaciones familiares más cercanas tales como hermanos y primos, entre otros. A lo largo de la Biblia se encuentran enseñanzas sabias que, al ponerlas en práctica en dependencia del Espíritu Santo, harán que el carácter de Dios se forme poco a poco en la vida del creyente. Es indispensable que el cristiano se aferre a la verdad de la Escritura para ser transformado, buscando sabiduría de lo alto para aprender a vivir en santidad. Un ejemplo de ello se encuentra en el libro de Proverbios: «La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa» (Pr. 19:11). Incluso si tu hermano, tu primo, tu sobrino o cualquier otro familiar cercano te ofendió, debes ejercer dominio propio. Debes evitar ser como Caín. Realmente no era algo serio lo que sucedió con Abel. Simplemente se dejó dominar por el pecado. Podría haber no mucha diferencia entre el enojo de Caín y el enojo que llegues a sentir contra tu hermano. Ten mucho cuidado y no te dejes dominar por el pecado, sino que satúrate de la Palabra de Dios, dependiendo de tu Señor en todo momento. Es Él quien es «lento para la ira y abundante en misericordia» (Nm. 14:18), no tú; por lo tanto, aférrate a Él y acude a Él, de tal manera que puedas ser como Él.

Por la gracia de Dios, el cristiano ha sido «[sellado] en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que [le] es dado como garantía de [su] herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria» (Ef. 1:13–14). Por lo tanto, tu vida no puede reflejar nada diferente que una vida consagrada al Señor. Tanto tus padres, como tus hermanos, primos y demás familiares deben ser partícipes de ese testimonio. Además, si alguno de ellos no es creyente, tu responsabilidad es aún mayor. Ten cuidado. No dejes de lado tu testimonio como hijo de Dios. No des lugar para que hablen mal de Cristo. Testifica a todos con tus acciones que eres cristiano. Busca vivir de acuerdo a tu posición en Cristo (Gl. 2:20), «[haciendo] todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de Él a Dios el Padre» (Col. 3:17). Recuerda que eres de Dios y, como tal, “no [te] ha llamado a impureza, sino a santificación” (1 Ts. 4:7).

Una vida santa refleja amor por Jesús (Jn. 14:15). Si quieres que tu relación con tu hermano, primo o pariente cercano se caracterice por la piedad, debes primero amar a tu Dios «con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo» (Lc. 10:27). No puedes amar de una manera diferente a esto. No hay atajos. No hay alternativas. Ama a tu hermano, no cedas ante el pecado que toque a la puerta. No cedas a tu orgullo y emociones. Procura siempre su bienestar. Busca agradar a Dios a través de tu trato. Vive para Dios y sé testimonio siempre, amando a todo el que esté a tu alrededor y buscando servir en lugar de ser servido. Comienza por tu casa, por tu familia. Que siempre testifiques de Jesucristo ante el mundo manteniendo relaciones piadosas con tu hermano y tu familia para la gloria de Dios, consistente con la fe que profesas, «estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en [ti] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús» (Fil. 1:6).

[1] R. C. Sproul, La santidad de Dios (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 1998), 141.