La parábola de los dos deudores

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Las parábolas de Jesús.

La parábola de los dos deudores

 Gerald Bikes

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las parábolas de Jesús.

¿Cuántas veces debemos perdonar a un hermano cristiano que peca contra nosotros? Esta pregunta viene a nuestra mente, así como vino a los labios de Pedro un día mientras Jesús hablaba a Sus discípulos sobre la vida de iglesia, la salvación, la disciplina y el arrepentimiento (Mt 18:1-35). 

La sugerencia de Pedro de perdonar hasta siete veces luce bastante generosa (v. 21). Pero Jesús le responde diciendo, no hasta siete veces, sino «hasta setenta veces siete» (v. 22). Jesús usa esta forma de hablar para decir que nuestro perdón a un hermano o hermana que se arrepiente debe ser como el perdón que Dios concede a los pecadores: sin límite. En otras palabras, debemos perder la cuenta al perdonar a los demás.

La historia que contó Jesús es fascinante. Un rey rico generosamente perdona a un sirviente que le debe una cantidad exorbitante: diez mil talentos. Para los oyentes de entonces, esto es como si nos hablaran hoy de varios miles de millones de dólares. Perdonado, el sirviente atraviesa las puertas del palacio y se encuentra con un hombre que le debe una cantidad comparativamente insignificante (cien denarios, que equivalen a unos pocos miles de dólares). Agarrando al hombre por el cuello, está dispuesto a recurrir a la violencia física y ante las súplicas por misericordia del hombre, el sirviente «perdonado» lo encierra en la cárcel por deudor y el rey se enfurece cuando se entera de la grave inconsistencia de este hombre. Debemos entender que esta parábola nos juzga si tenemos un espíritu no perdonador (v. 35). 

Recibir el perdón nos constriñe internamente a perdonar.

Cristo no está diciendo que somos perdonados en base a los méritos que obtenemos al perdonar a otros. Tampoco está diciendo que es posible que las personas puedan perder su salvación una vez que han sido verdaderamente perdonados. En este pasaje Cristo no entra en una discusión profunda sobre soteriología. No menciona la imputación, la justicia o la fe, como lo hace el apóstol Pablo en Romanos 3-5. Cristo no está hablando aquí de la manera de ser salvo, sino más bien del resultado de la salvación. 

Además, en un contexto más amplio de Mateo 18, Jesús les está enseñando a Sus discípulos cómo confrontar, disciplinar y recibir de vuelta a los hermanos y hermanas ofensores. Recibir el perdón nos constriñe internamente a perdonar. Cuando David recibió misericordia de Dios, él a su vez buscó a alguien a quien pudiera mostrar la «misericordia de Dios» (2 Sam 9:3, RVR1960). La misericordia nos convierte en canales de misericordia. 

Cuando Cristo expuso esta parábola, iba camino a la cruz. Es solo por Su sacrificio único en la cruz que puede haber perdón para cualquier pecador. Y del Salvador crucificado fluye el poder de manifestar ese perdón a otros en la comunidad de fe. 

La buena noticia del evangelio es que, como dice el Salmo 130:4: «En Ti (Jesucristo) hay perdón, para que seas temido (o, reverenciado)». No todo el que piensa que está perdonado realmente lo está, pero eso no se debe a una falta de perdón por parte de Cristo. A nosotros nos resulta muy difícil perdonar a la misma persona tres veces, mucho más siete veces, pero en Su misericordia, Jesús arroja todos los pecados de Su pueblo a «las profundidades del mar» (Miq 7:19). 

Sin embargo, observa que la misericordia sin juicio no es bíblica. Esto se ve claramente en el trato final que el rey le dio al primer siervo. Dios es un Dios de profunda misericordia, pero «no tendrá por inocente al culpable» (Ex 34:7). Aquellos que abusan de Su evangelio para continuar en pecado y dureza de corazón se encontrarán con la ira de un Cordero menospreciado. 

Esta parábola sirve para recordarnos cuán grande es en verdad nuestra deuda con Dios. Por naturaleza, quebrantamos la ley de Dios constante, consistente y fácilmente. Para usar los términos de nuestra parábola, nuestra deuda asciende a miles de millones y es impagable. Este hecho en sí mismo es parte de lo que abre la fuente de la misericordia de Dios. Al entenderlo, rápidamente aflojaremos la presión que hacemos sobre la garganta de nuestro hermano creyente. Nuestra única esperanza es ser verdaderamente perdonados por la misericordia gratuita de Dios en Cristo. Su perdón es generoso, deslumbrante, glorioso, rico, nos lleva a temer a Dios y produce en nosotros gratitud. En este Dios hay más que suficiente para perdonar a los otros deudores por los que pedimos al orar el Padrenuestro (Mt 6:12). La misericordia de Cristo es una ola poderosa y veloz que no debe detenerse en nosotros. Apoyémonos firmemente en la gracia capacitadora de Dios para perdonar de manera ilimitada.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Gerald Bikes
Gerald Bikes

El Dr. Gerald M. Bilkes es profesor de Nuevo Testamento y teología bíblica en el Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Michigan. Es autor de varios libros, entre ellos Glory Veiled [La gloria velada] y Unveiled: A Heart-Searching Look at Christ’s Parables [Desvelada: una mirada profunda a las parábolas de Cristo].

Cómo aborrecer su propia vida

Soldados de Jesucristo

Mayo 13/2021

Solid Joys en Español

 En el fondo de todo

John Piper

Solid Joys en Español | Cómo aborrecer su propia vida.

«El que aborrece su vida en este mundo, la
conservará para vida eterna»: ¿Qué significa?
Significa, al menos, que no necesitamos
preocuparnos demasiado por nuestra vida terrenal.
En otras palabras, lo que nos suceda en este
mundo simplemente no tiene mucha importancia.

Si los demás hablan bien de nosotros, no tiene
mucha importancia.
Si nos odian, no tiene mucha importancia.
Si tenemos muchos bienes, no tiene mucha
importancia.
Si tenemos pocos bienes, no tiene mucha
importancia.
Si nos persiguen o calumnian, no tiene mucha
importancia.
Si tenemos fama o si pocos nos conocen, no
tiene mucha importancia.
Si estamos muertos, nada de esto tiene mucha
importancia.

Significa algo mucho más radical. Hay decisiones
que se deben tomar y que no son meramente
experiencias pasivas. Jesús agrega:
«Si alguno me sirve, sígame». ¿Adónde? Hacia
Getsemaní y hasta la cruz.

Jesús no solo dice: «Si las cosas van mal, no hay
que preocuparse, debido a que ya estamos muertos
de todos modos». Lo que él dice es: «Elijan morir
conmigo. Elijan aborrecer la vida en este mundo
del mismo modo en que yo elegí la cruz».

A esto se refería Jesús cuando declaró: «Si alguno
quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,
y tome su cruz, y sígame» (Mateo 16:24). Él nos
llama a elegir la cruz. Las personas solo hacían
una cosa en la cruz: morir. «Tome su cruz»
significa que, como el grano de trigo,
«cae en la tierra y muere». Escojamos eso.

¿Por qué lo haríamos? Por un compromiso radical con
el ministerio. «No estimo preciosa mi vida para mí
mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el
ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar
testimonio del evangelio de la gracia de Dios»
(Hechos 20:24). Creo escuchar a Pablo decir:
«No importa lo que me pueda suceder, si tan solo
puedo vivir para la gloria de su gracia».

John Piper

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Robar, matar y destruir

Jueves 20 Mayo

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo… anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe.1 Pedro 5:8-9

Que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.2 Corintios 2:11

Robar, matar y destruir

A menudo Jesús compara a los creyentes con las ovejas y se presenta como el buen Pastor que da su vida por las ovejas. Él vino para darles “vida… en abundancia”. Jesús subraya el contraste entre el buen Pastor y el ladrón, que solo quiere hacer daño a las ovejas. Efectivamente, el ladrón viene “para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10).

El ladrón representa a Satanás, quien trata de hacer daño a los creyentes. Sus intenciones son:

– Robar: Satanás trata de privar al cristiano de lo que Dios le ha dado: la paz, la seguridad y el gozo de la salvación, la convicción de ser amado por el Padre, la esperanza de la gloria. Aprovecha sus debilidades y caídas para acusarlo y sembrar confusión en su corazón.

– Matar: Cuando se convierte, el cristiano recibe una vida nueva, que desea agradar a Dios. Pero Satanás quiere “matar”, es decir, impedir que esta vida divina se desarrolle y tenga efectos en su conducta.

– Destruir: Por medio de mentiras, Satanás ataca los fundamentos de la fe, con el objetivo de desestabilizar al cristiano. Pone continuamente en duda la Palabra de Dios. Se dedica a producir desánimo, a impedir que el cristiano progrese, a poner trabas a la obra de Dios en él.

Cristianos, si queremos disfrutar de nuestras riquezas espirituales, vivir para la gloria de Dios y crecer en la fe, velemos. Huyamos de nuestro adversario. Busquemos diligentemente la cercanía del buen Pastor. “Conmigo estarás a salvo” (1 Samuel 22:23).

1 Reyes 16 – Marcos 15:1-20 – Salmo 60:6-12 – Proverbios 15:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Pon tu corazón en orden

Iglesia Evangélica de la Gracia

Pon tu corazón en orden

Jairo Chaur

Jairo Chaur

Jairo nació en Bogotá (Colombia). A finales del año 2000 vino a Barcelona con su esposa Ruth y sus tres hijos Daniel, Juan y Laura, con el propósito de adelantar estudios de doctorado en ingeniería.
Luego de concluir sus estudios, continuó en Barcelona y a finales de 2005 conoció el punto de misión en Sant Andreu, que para entonces comenzaba sus reuniones en la casa de David y Elisabet Barceló.
Convencido que tanto la doctrina como la visión de la IEG son fieles a la Palabra de Dios, Jairo y su familia se unen en diciembre de 2005 al que para entonces era un punto de misión. Fue en febrero de 2010 cuando es ordenado en el ministerio pastoral. Los primeros años combinó su ministerio con su trabajo secular como ingeniero y como profesor, y a partir del 2017 a plena dedicación, como misionero de HeartCry Missionary Society.

¿El Miedo Pertenece a la Vida del Cristiano?

Alimentemos El Alma

¿El Miedo Pertenece a la Vida del Cristiano?

Por John Piper sobre Miedo y Ansiedad

Traducción por Natalia Micaela Moreno

A menudo se dice que el miedo de Dios no tiene lugar en la vida del cristiano porque “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme (por sí mismo) no es hecho perfecto en el amor” (1 Juan 4:18, LBLA).

Pero hay muchos mandamientos de temer en el Nuevo Testamento; por ejemplo, Romanos 11:20: “[Los judíos] fueron desgajados por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme.” De manera similar, Hebreos 3:12 advierte contra la incredulidad (aunque la palabra “temor” no se usa): “Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo.” (Otros textos, amonestando miedo: 1 Pedro 1:17; 2:17; Filipenses 2:13; Lucas 12:5; Isaías 66:2; Hechos 9:31; 2 Corintios 5:11; 7:1; etc.)

Pero no debemos tener la idea de que los escritores del Nuevo Testamento están tomando partido aquí, algunos a favor del miedo (Pablo, Hebreos) y otros en contra (Juan). Porque aunque Romanos 11:20 amonesta el temor, Romanos 8:15 dice, “Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos.”

Y aunque Hebreos 3:12 amonesta el temor de un corazón incrédulo (que es lo mismo que decir el temor de Dios que retribuye la incredulidad con castigo), Hebreos 4:16 dice, “Acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.”

Por lo tanto, el problema no es tanto un desacuerdo entre los autores de los libros del Nuevo Testamento, sino más bien el problema es cómo el mismo autor puede decir por un lado, “¡Miedo!” y por otro lado, “¡No tengan miedo! Tengan confianza.” La solución, creo yo, se encontrará en la sugerencia de que un temor sobrio de Dios nos motivará a confiar en su misericordia mostrada en Cristo y esta “confianza temblorosa” eliminará gradualmente el miedo que nos condujo a ella a medida que vemos más claramente lo que nuestro Señor ha hecho por nosotros.

Estaba leyendo la Antología de Lewis de George MacDonald y encontré algunos comentarios útiles. Él señala que absolutamente nada menos que el amor perfecto (tanto de Dios hacia el hombre como del hombre hacia Dios) debe echar fuera el temor. Somos propensos a querer librarnos del miedo a cualquier costo, por cualquier medio. Juan dice que hay y debe haber solo un medio: el amor perfecto por Dios debe echar fuera el temor.

Pensamos que seremos mejores cristianos cuando dejemos de temer; eso puede ser muy falso. Seremos mejores cristianos cuando amemos más a Dios por su amor perfecto. El perfeccionamiento del amor necesariamente expulsa el miedo, pero expulsar el miedo no necesariamente significa que el amor está siendo perfeccionado. Uno puede desear librarse del miedo de la misma manera que quiere librarse de una mala conciencia y puede usar todos los mismos medios engañosos para deshacerse de esta incomodidad (por ejemplo, alcohol, drogas, o más comúnmente, la eliminación de todos los mandamientos en la Biblia de temer a Dios y amarlo con todo su corazón. Ver Deuteronomio 10:12).

MacDonald escribe (pág. 67),

Persuadir a los hombres que el miedo es una cosa vil, que es un insulto a Dios, que él no va a nada de eso; mientras que ellos todavía están enamorados de su propia voluntad y esclavos de cada movimiento de impulso apasionado y ¿cuál será la consecuencia? Que insultarán a Dios como un ídolo desechado, una superstición, una cosa para ser arrojada y escupida. Después de eso, ¿cuánto aprenderán de Él?

El temor es un vínculo imperfecto con Dios, pero es un vínculo que solo debería ser reemplazado por un vínculo infinitamente más estrecho: el vínculo del amor (pág. 67). Nada más debería echar fuera el miedo.

¿Debe el miedo, entonces, jugar un papel hasta cierto punto y nunca más en la vida cristiana? El punto después del cual el miedo no tendrá lugar apropiado en la vida del cristiano es el punto en el cual su amor es perfeccionado. Pero ninguno de nosotros está todavía perfeccionado en el amor; ninguno de nosotros carece de momentos en los que su deleite en Dios se desvanece y las “cosas que se ven” se vuelven engañosamente atractivas.

En estos momentos estamos en necesidad de una advertencia de Pablo (Romanos 11:20) o de Hebreos (3:12) o de Jesús (Lucas 12:5). En estos momentos no debemos estar completamente libres del temor, porque no estamos completamente controlados por el amor a Dios; es decir, no estamos viviendo completamente por la fe. Pero el temor que debemos sentir como cristianos es en sí mismo una obra de gracia. Es un temor que nos devuelve al amor a Dios y a la confianza en su misericordia, y así se destruye a sí mismo. El temor es el servidor apropiado del amor por los santos imperfectos.

La segunda línea de “Amazing Grace” no es simplemente una experiencia que no se repita (traducción al español):

La gracia enseñó a mi corazón a temer,
Y la gracia mis dudas alivió;
Cuán preciosa apareció la gracia,
Cuando creí por primera vez.

El 7 de enero de 1974, encontré la siguiente cita en Treatise Concerning the Religious Affections de Jonathan Edwards (Londres, 1796), pág. 102 en adelante. Creo que expone exactamente lo que estoy tratando de decir.

Así que Dios ha ideado y constituido cosas en sus dispensaciones hacia su propio pueblo que cuando su amor decae y los ejercicios del mismo fallan o se vuelven débiles, el temor debe surgir; ya que entonces lo necesitan para refrenarlos del pecado y para animarlos a cuidar el bien de sus almas y así salvarlos a la vigilancia y diligencia en la religión: pero Dios ha ordenado que cuando el amor se eleva y está en vigoroso ejercicio, entonces el miedo debe desaparecer y ser expulsado porque entonces no lo necesitan, teniendo un principio superior y más excelente en ejercicio para refrenarlos del pecado y sacarlos de su deber. No hay otros principios influyendo la naturaleza humana que jamás harán concienzudos a los hombres, sino uno de estos dos, el miedo o el amor: y por lo tanto, si uno de estos no prevaleciera al decaer el otro, el pueblo de Dios al caer en figuras muertas y carnales, estando el amor dormido; estaría ciertamente, lamentablemente expuesto. Y por lo tanto Dios ha ordenado sabiamente, que estos dos principios opuestos de amor y miedo deben subir y bajar como las dos escalas opuestas de una balanza; cuando uno se eleva el otro se hunde… 

El temor es expulsado por el Espíritu de Dios, de ninguna otra manera que por el predominio del amor: ni nunca es mantenido por su Espíritu sino cuando el amor está dormido…

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

¿Qué dice la Biblia acerca del temor?

Got Questions

¿Qué dice la Biblia acerca del temor?

La Biblia menciona dos tipos específicos de temor. El primer tipo es beneficioso y debe ser fomentado. El segundo tipo es un detrimento y debe ser superado. El primer tipo de temor es el temor del Señor. Este tipo de temor no es necesariamente miedo que signifique estar temeroso de algo. Más bien, es un temor reverencial por Dios; una reverencia por Su poder y gloria. Sin embargo, también es un apropiado respeto por Su ira y enojo. En otras palabras, es un reconocimiento de todo lo que es Dios, lo cual viene a través de conocerlo a Él y todos Sus atributos.

El temor del Señor conlleva muchas bendiciones y beneficios. El Salmo 111:10 dice, “El principio de la sabiduría es el temor de JEHOVÁ; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos. Su loor permanece para siempre”. Y Proverbios 1:7 declara, “El principio de la sabiduría es el temor de JEHOVÁ; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. Más aún, en Proverbios 19:23 dice, “El temor de JEHOVÁ es para vida, y con él vivirá lleno de reposo el hombre; no será visitado del mal”. Y de nuevo en Proverbios 14:27 dice, “El temor de JEHOVÁ es manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte”. Y Proverbios 14:26 declara, “En el temor de JEHOVÁ está la fuerte confianza, y esperanza tendrán sus hijos”.

Por todo esto, se puede ver que el temor del Señor debe ser fomentado. Sin embargo, el segundo tipo de temor mencionado en la Biblia no es beneficioso en absoluto. Este es el “espíritu de cobardía” mencionado en 2 Timoteo 1:7 donde dice, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder de amor y de dominio propio”. Así que podemos ver desde el principio que este “espíritu de temor” no viene de Dios.

Sin embargo, algunas veces estamos temerosos; algunas veces este “espíritu de temor” nos vence, y para vencer este temor necesitamos confiar y amar a Dios completamente. Primera de Juan 4:18 nos dice, “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. Sin embargo, nadie es perfecto, y Dios lo sabe. Es por eso que Él ha esparcido generosamente aliento contra el temor a través de la Biblia. Comenzando desde el libro del Génesis y continuando a través de toda la Biblia hasta el libro de Apocalipsis, Dios nos dice “No temas”.

Por ejemplo, Isaías 41:10 nos anima “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. A menudo tememos el futuro y lo que será de nosotros. Pero Jesús nos recuera que Dios se preocupa por las aves del cielo, así que, ¿cuánto más proveerá para Sus hijos? “Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:31). Tan solo estos pocos versículos cubren diferentes tipos de temor. Dios nos dice que no temamos estar solos, o estar demasiado débiles, o no ser escuchados, y no temer por nuestras necesidades físicas. Y estas exhortaciones continúan a través de la Biblia, cubriendo los diferentes aspectos del “espíritu de temor”.

En el Salmo 56:11, el salmista escribe, “En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?”. Este es un asombroso testimonio del poder de confiar en Dios. Lo que el salmista está diciendo es que, a pesar de lo que suceda, él confiará en Dios porque conoce y entiende Su poder. Entonces, la total y completa confianza en Dios, es la clave para vencer el temor. Confiar en Dios es rehusarse a ceder ante el temor. Es acudir a Dios aún en los tiempos más oscuros y confiar en que Él arregle las cosas. Esta confianza procede de conocer a Dios y saber que Él es un Dios bueno. Como dijo Job cuando estaba experimentando unas de las pruebas más difíciles registradas en la Biblia, “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15).

Una vez que hayamos aprendido a poner nuestra confianza en Dios, ya no tendremos temor de las cosas que vengan contra nosotros. Seremos como el salmista que con confianza dijo: “…alégrense todos los que en Ti confían. Den voces de júbilo para siempre, porque Tú los defiendes. En Ti se regocijen los que aman Tu nombre” (Salmo 5:11).

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

Libres del temor

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El temor

 Burk Parsons 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El temor.

El mundo es un lugar peligroso, lleno de riesgos y de gente poco confiable. Hay amenazas, dificultades y trampas acechando en cada esquina porque el mal es real. Como cristianos, entendemos esto porque sabemos cómo el pecado y sus consecuencias entraron al mundo.

La Biblia de Estudio de La Reforma

Muchas personas no religiosas o ateas no quieren admitir que el mal existe o que los hombres son pecadores. No obstante, cuando hay ataques terroristas o calamidades son prontos para hablar sobre «actos de maldad» o de «personas malvadas». No tienen palabras propias para explicar las miserias y las tragedias de este mundo, por lo que deben tomar prestadas palabras de nuestra cosmovisión bíblica. Solo la Escritura proporciona una explicación coherente del mal, y solo la Palabra de Dios nos indica por qué somos temerosos por naturaleza.

Todos nacemos con temores, clamando por ayuda desde que entramos a este mundo. Hasta los bebés no nacidos experimentan un miedo intenso cuando los abortistas los están destrozando en los vientres de sus madres, lugar en donde antes estaban seguros y protegidos. Los niños pequeños le temen a la oscuridad y quieren una lámpara nocturna que los conforte. No solo sentimos temor por las peores catástrofes que nos suceden a nosotros y a los que nos rodean, sino también por todas las dificultades y tragedias menores que pudiéramos experimentar.

El temor es una emoción primitiva tan poderosa que puede causar estragos en nuestros corazones. La pregunta es: ¿qué hacemos con nuestros miedos? ¿Nos revolcamos en el fango del temor, actuamos como si no lo sintiéramos, intentamos esconderlo o tratamos de enfrentarlo con gran tenacidad? ¿O nos volvemos al Señor? Es solo cuando nos volvemos al Señor que podemos escucharle decir: «No temas». Sin embargo, el Señor nos ordena a no temer, no para que ignoremos nuestros miedos ni para que los superemos a pura fuerza de voluntad, sino porque Él nos ha prometido: «Yo estoy contigo». Debido a que el Señor está con nosotros, nos ha enseñado a temerle solo a Él. Todos los demás temores comienzan a desvanecerse cuando tememos al Señor.

Saber que estamos unidos a Cristo por la fe sola, y que el Espíritu Santo mora en nosotros, marca la diferencia entre tenerle miedo a Dios y temer a Dios. Marca la diferencia entre tenerle miedo a todos los peligros que pudiéramos enfrentar y confiar en nuestro Dios soberano, quien nunca nos dejará ni nos desamparará. El Espíritu Santo, nuestro Consolador, nos permite caminar siendo libres del temor porque hemos sido rescatados por Aquel que nos sostiene en la palma de Su mano. Por eso podemos cantar con John Newton: «Su gracia me enseñó a temer, mis dudas ahuyentó», y con Martín Lutero: «Aunque estén demonios mil prontos a devorarnos, no temeremos porque Dios sabrá cómo ampararnos» ya que Él ha decretado que Su voluntad prevalezca en nosotros.

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

La luz más allá de la luz

Soldados de Jesucristo

Mayo 19/2021

Solid Joys en Español

La luz más allá de la luz

John Piper

John Piper

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Nuestra vida, un poco de tiempo

Miércoles 19 Mayo

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.2 Corintios 4:18

Nuestra vida, un poco de tiempo

La Biblia presenta la brevedad de la vida mediante diferentes imágenes. “No sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14). “Mis días se han consumido como humo” (Salmo 102:3). La brevedad de nuestra vida en la tierra nos interpela: ¿Qué sucederá después? ¿Todo se acaba con la muerte?

La vida en la tierra dura poco tiempo, nos responde la Biblia, pero es un tiempo decisivo. Por ello es imperativo entrar en relación con nuestro creador ahora. Desde el principio de su enseñanza, Jesús declaró: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

Ahora es preciso arrepentirse y recibir gratuitamente la vida eterna. Esta no es simplemente la prolongación de la existencia que tenemos hoy. Es una vida nueva dada a todo el que cree en el único Dios verdadero, y en aquel a quien él envió, Jesucristo (Juan 17:3).

Esa nueva vida incluso permite a los creyentes considerar la muerte serenamente, pues están unidos por una misma vida a Cristo, quien está en el cielo. Pasarán la eternidad en su presencia, como él lo pidió a su Padre: “Aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo” (Juan 17:24).

No deje pasar el tiempo, “he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

1 Reyes 15 – Marcos 14:53-72 – Salmo 60:1-5 – Proverbios 15:25-26

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LA ÚLTIMA BATALLA DE UN HOMBRE DESESPERADO

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

LA ÚLTIMA BATALLA DE UN HOMBRE DESESPERADO

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org

Texto: Job 25-31


A pesar de todo su dolor, angustia, y soledad, Job va a rehusarse a abandonar su integridad. Aprendamos juntos, a partir del ejemplo de este gran hombre de Dios, a mantenernos firmes en medio de las dificultades de la vida.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

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