Padres que Instruyen – 11

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

11 – Padres que Instruyen

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

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Cómo la vara puede apuntar los niños hacia Dios

Coalición por el Evangelio

Cómo la vara puede apuntar los niños hacia Dios

TILLY DILLEHAY

Todo padre que conozco ha pasado más tiempo con sus hijos este año de lo que esperaban. Sumado a todas las muchas otras presiones del 2020, los padres de hijos pequeños han sentido mayor presión en la crianza de sus hijos. Más tiempo significa más oportunidad para pecar y de que pequen contra nosotros. Más tiempo significa que nos preguntamos si la manera en que hemos estado haciendo las cosas le hará bien a nuestra familia en unos años. Más tiempo significa que se despliegan las grietas.

Pero esas grietas no son cosas nuevas del 2020.

Una de mis amigas cristianas más jóvenes acaba de dar a luz a una hermosa niña y anda ansiosamente navegando las filosofías de nuestros tiempos con respecto a la crianza. Me contó que una de sus amigas, que tiene una hija de tres años, le confesó que teme levantarse por las mañanas porque su hija es muy difícil. Esta madre comentó que ella no creía en la “crianza basada en la ley”, pero no estaba segura de cómo lidiar con los constantes berrinches y desafíos de su hija.

La amiga que me relataba esta historia no estaba segura qué era la “crianza basada en la ley”, pero sospechaba que tenía algo que ver con el uso de amenazas y consecuencias. Me dijo que a pesar de haber recibido palmadas cuando era niña por desobedecer y sentir que aquellas palmadas fueron dadas con gracia y de manera efectiva por parte de sus padres, ninguna de sus amigas parecía estar dispuesta a utilizar con sus hijos lo que Proverbios llama “la vara”.

He notado el mismo fenómeno. Muchos padres en mi generación han sido influenciados por términos que no comprenden completamente: términos como crianza basada en el temor o basada en la ley, y no tienen idea de por qué o cómo hay que disciplinar a los hijos. Tenemos acceso a muchos libros cristianos excelentes para padres que nos ayudan a tener conversaciones con nuestros hijos basadas en el evangelio en vez de enfocarnos en su comportamiento externo. Pero estos autores podrían estar dando por sentado algunas herramientas básicas, herramientas que muchos de nosotros no tenemos. 

Si no hemos aprendido estrategias de disciplina de personas que conocemos en la vida real, podría ser que simplemente no sepamos cómo funciona todo esto. Puede ser que no sepamos cómo la vara juega una función en enseñarle a los hijos a escuchar y a obedecer, estableciendo un tipo de confianza relacional que nos da un punto de partida para comunicar el evangelio.

La disciplina les muestra cómo Dios es

Si alguien me preguntara a mí, una madre milenial, con qué batallan más mis compañeras, yo respondería que luchan con la palabra “autoridad”.

Creo que ha habido un malentendido. Entre los padres jóvenes que conozco existe una dicotomía falsa: la crianza basada en la gracia versus la crianza basada en la ley. Otra amiga me preguntó recientemente si, cuando su hijo ignoraba su petición de limpiar su habitación, ella debía “mostrarle gracia” al limpiarlo por él o si ella debía “aplicar la ley” y obligarlo a limpiarlo él mismo. Veo comentarios en línea de madres aterrorizadas de hacer que sus hijos coman su cena, porque temen que esto podría convertirlos en pequeños fariseos.

Mis amigas y yo hablamos con nuestros hijos constantemente. Pero muchas de nosotras vemos que nuestras palabras fallan. Nuestro no no significa no, y nuestro  no significa sí (Mt. 5:37). Nos cuesta poner orden en nuestros hogares a través de una serie de argumentos, persuasiones y explicaciones. Le comunicamos muchas cosas a nuestros hijos acerca de Dios, pero cuando no cumplimos lo que decimos corremos el riesgo de representar mal a Dios. Les estamos enseñando a nuestros hijos que así como nosotros no tomamos en serio lo que decimos, Dios tampoco toma en serio lo que Él dice. 

El axioma bajo el cual muchos actúan va de la siguiente manera: “Dios te muestra gracia al no castigarte. Así que tú también puedes mostrarle gracia a tus hijos al no castigarlos a ellos”.

Estamos entrenando los músculos de la autoridad, obediencia, relación, y bendición; cosas que nuestros hijos seguirán necesitando cuando sean hijos adoptados de Dios

Pero lo anterior es un paralelo falso. Nuestros hijos no están relacionados con nosotros de la misma manera en que una persona inconversa está relacionada con Dios. Una persona inconversa es un enemigo de Dios. Nuestros hijos ya son parte de nuestra familia. No les estamos enseñando cómo obtener su salvación y entrar a la familia; les estamos enseñando lo que es ser parte de la familia. Estamos entrenando los músculos de la autoridad, obediencia, relación, y bendición; cosas que nuestros hijos seguirán necesitando cuando sean hijos adoptados de Dios.

Nuestros hijos, en este rol de crianza, ya son nuestros. Ya estamos en una relación con ellos en el plano terrenal, y tenemos la oportunidad de mostrarles cómo se siente vivir en comunidad. Se siente como reír a carcajadas. Se siente como una buena comida. Se siente como organización. Se siente como una bendición. Y a veces se siente como dolorosas consecuencias de disciplina. Así como nos dice la Escritura:

“Además, han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige:

‘Hijo Mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo’.

Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos?”, Hebreos 12:5-9, citando Proverbios 3:11-12.

Este pasaje no se trata de los enemigos de Dios destinados al castigo. Se trata de sus hijos. Si Él disciplina a aquellos que ama, y si dice que es correcto que los padres, hechos a su imagen, disciplinen a los que aman, necesitamos mirar más de cerca lo que esto significa. La disciplina de Dios es la corrección amorosa y paciente de aquellos que pertenecen a Él, no es un arranque caprichoso de ira. Haríamos bien en ejemplificar este tipo de disciplina a nuestros hijos.

La vara en Proverbios

Si queremos encontrar palabras bíblicas claras acerca de cómo la autoridad amorosa funciona dentro del hogar, Proverbios nos da mucho con que trabajar.

“La necedad está ligada al corazón del niño,” dice Proverbios 22:15, “pero la vara de la disciplina lo alejará de ella”.

“No escatimes la disciplina del niño”, insiste Proverbios 23:13, continuando con palabras que podrían sorprendernos, “aunque lo castigues con vara, no morirá”.

“Disciplina a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma”, dice Proverbios 29:17.

Somos embajadores de gracia, amor, gozo, y de orden para nuestros hijos. Somos embajadores del mismo corazón de Dios. Y para poder mostrarlo a nuestros hijos, debemos estar dispuesto a amarlos como Él nos ama a nosotros

Obviamente estos versículos suscitan muchas otras preguntas sobre los cómo, los por qué, y las excepciones. Pero lo que quiero discutir aquí es algo bastante simple y no controversial: los Proverbios nos exhortan a utilizar la vara. Asumen que el uso de la vara es parte esencial de amar a nuestros hijos.

Algunos pudieran estar en desacuerdo con la idea de que los Proverbios pueden ser leídos de manera prescriptiva (“¡no es un mandamiento; es literatura de sabiduría!”). Puedo aceptar esa perspectiva. Pero todavía me queda la pregunta: ¿queremos sabiduría, sí o no? ¿Pensaron los escritores de la Biblia que esta era una buena idea, o no? ¿Podemos leer estos pasajes y deducir alguna otra razón convincente de por qué existe un respaldo tan fuerte de la disciplina corporal en la Biblia?

Objeciones a la vara

Algunas objeciones razonables surgen cuando hablamos del uso de la disciplina corporal dentro del hogar.

¿Qué hacemos con los niños que tienen discapacidades? ¿Y qué de los niños adoptados, niños con un historial de abuso? También, ¿qué pasa con la legalidad del castigo físico? ¿Deberíamos estar preocupados por esto? ¿Y los padres que se sienten tentados al abuso corporal?

Estas preguntas requieren sabiduría. La vara es el principio, no un evento meramente físico. El principio de la vara es que un poco de dolor en el presente, dado con amor con la intención de detener el pecado, a la larga producirá fruto. Así que cuando un niño o un padre tiene un pasado o una condición médica que hace que la disciplina corporal no sea sabia, todavía hay maneras en que el principio de la vara puede traer paz a la relación. Un niño quiere saber que existe estructura en el mundo: lo correcto es lo correcto, lo incorrecto es lo incorrecto, y las personas a cargo de su cuidado están en una posición de autoridad amorosa. Ellos quieren que el pecado dentro de sus corazones sea llamado pecado y sea abordado, sea cual sea la forma infantil que este pecado pueda tomar. Quieren esto a pesar de que nunca sean capaz de expresarlo. Quieren esto aún cuando vienen de una situación caótica tan avanzada que les es imposible imaginarse cómo luce una autoridad amorosa.

Las excepciones no deben usarse como una excusa para ignorar el llamado de la Escritura

Descubrir cómo comunicar esa autoridad sin el uso de la vara física requerirá sabiduría. Es otra razón por la cual debemos estar dispuestos a humildemente pedir la opinión de padres experimentados quienes han transitado por un camino similar. Y para los padres cuyos hijos no encajan en estas estrechas excepciones, las excepciones no deben ser utilizadas para ignorar el llamado de las Escrituras.

Vale la pena hacer las preguntas legales, e indagar la situación de cada país. Sin embargo, es bueno saber que, hasta este punto, en los 50 estados de los Estados Unidos y en el Distrito de Colombia, la disciplina corporal es legal dentro del hogar. También es legal dentro de las escuelas en la mitad de los estados (principalmente en el Sur y el Medio-Oeste). Pero esto podría cambiar. Ya existen prohibiciones absolutas en algunas áreas de Europa occidental, y Escocia se está convirtiendo en el más reciente del pequeño grupo de países que hacen ilegal la disciplina corporal de cualquier tipo. En otras palabras, la desobediencia civil pudiera convertirse en algo necesario. Esto también requeriría sabiduría y un sentido madurado de lealtad a la sabiduría de Dios y no a la sabiduría humana.

La autoridad y los profetas seculares

Algunas de las voces más claras y útiles sobre la autoridad en la crianza provienen de fuentes seculares de los últimos años.

El fenómeno de la popularidad de Jordan Peterson, el polémico psicólogo canadiense, debería indicarnos el hambre que tienen las personas por saber la manera en que el mundo de Dios funciona. En su libro 12 reglas para vivir, Peterson (un psicólogo clínico y un profesor de psicología en la Universidad de Toronto) utiliza un lenguaje mundano para tratar de describir lo que nosotros conocemos como pecado original. Su experiencia con padres e hijos le ha mostrado algo que muchos en la comunidad cristiana subestiman: un hijo dejado por sí solo puede convertirse en un “pequeño monstruo”. Un hijo al cual se le permite que se gobierne a sí mismo es un hijo no amado. Mientras que Peterson habla del alivio que los hijos sienten cuando los adultos asumen su responsabilidad, también menciona el uso del castigo físico como una forma que podría ser necesaria.

En su libro El colapso de la autoridad, Leonard Sax narra historias de padres que dejan que sus hijos decidan todo: qué comer, beber, y qué ponerse; cómo utilizar su tiempo libre; y hasta a dónde ir a la escuela. “En las últimas tres décadas”, el escribe, “ha habido una transferencia masiva de autoridad de los padres a los hijos”. El conecta esta transferencia de autoridad a un número de problemas, incluyendo la sobremedicación de los niños, el pobre rendimiento en las escuelas, y la fragilidad de los universitarios.

La crianza piadosa es mucho más que establecer autoridad. Y establecer autoridad es más que la vara. Pero no es menos que eso

Ambos Peterson y Sax están dispuestos a decirnos cosas que nos hacen sentir incómodos. Uno de los capítulos de Peterson es llamado “No permitas que tus hijos hagan cosas que detestes”. Un padre cristiano tal vez evite este lenguaje, temiendo pensar que existe algo que sus hijos puedan hacer que lo lleve a detestarlos. Sax da historias que nos sorprenden, como la de un niño de 12 años diciéndole a su mamá: “Date la vuelta. Cállate. Conduce”. No nos gusta pensar que nuestros hijos puedan llegar a este punto.

Pero este tono de advertencia es algo familiar en la literatura de sabiduría: “El que evita la vara odia a su hijo, pero el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Pr. 13:24). Y también tenemos uno aún más cautivador: “Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza, pero no desee tu alma causarle la muerte” (Pr. 19:18). Otras versiones han reproducido esto: “Disciplina a tu hijo… no dejes que tu alma se detenga por causa de su llanto”. Charles Bridges escribió en 1847:

“Hay mucha más misericordia en lo que parecería ser severidad, que en una ternura falsa. Permite que el hijo vea que estamos determinados; que no seremos distraídos de nuestro deber por el llanto de debilidad o pasión. Es mucho mejor que un hijo llore bajo una sana corrección, que los padres lloren después para sí mismos y con sus hijos bajo el fruto amargo de la disciplina descuidada”.

Este lenguaje parecería mucho para nosotros cuando tenemos hijos pequeños, porque no siempre podemos ver en qué se convertirán los pecados infantiles cuando crezcan en pecados adultos de mediana edad. Preferimos utilizar un lenguaje de iglesia y sentimental cuando se trata del tema de la crianza. Pero este lenguaje sobrio no es demasiado para los autores de sabiduría de la Biblia. Y aparentemente tampoco lo es para profetas seculares como Sax y Peterson. No debería ser demasiado para nosotros en la iglesia.

El discipulado y la vara

La crianza piadosa es mucho más que establecer autoridad. Y establecer autoridad es mucho más que la vara. Pero no es menos que eso. Y con palabras tan pesadas utilizadas en las Escrituras sobre el uso de la vara, nosotros como padres jóvenes deberíamos estar dispuestos a aprender los cómo y los por qué de su uso.

Existen referencias útiles sobre la vara en algunos libros cristianos sobre crianza. Rachel Jankovic nos ofrece una gozosa manera para disciplinar en Loving the Little Years (Amando los pequeños años). El libro de Ginger Hubbard No me hagas contar hasta tres es muy práctico. Y Tedd Tripp nos da un capítulo entero sobre el uso de la vara en Cómo pastorear el corazón de su hijo.

Me gustaría ver a padres mileniales acercarse a generaciones previas de padres que hicieron esto bien y haciéndoles las preguntas más básicas. ¿Cómo disciplinas de manera amorosa? ¿Para qué propósito disciplinas? ¿Qué utilizas? ¿Cómo oras con el niño después de haberlo disciplinado? Es difícil aprender este tipo de cosas en un libro. Lo aprendes mejor a través del ejemplo, a través de personas que respetas y en las cuales confías. Obviamente lo ideal sería que hayas sido criado en un hogar donde esto fue hecho bien (yo lo fui). Pero si no lo obtuviste allí, como es el caso de muchos de mis amigos mileniales, es difícil captar la visión si no tienes influencia personal y apoyo.

Como me gustaría escuchar historias de padres jóvenes dentro de la iglesia siendo lo suficientemente humildes para pedir ayuda. También me gustaría ver a más padres con experiencia estar dispuestos a arriesgarse a verse como unos entrometidos con el propósito de hacer lo amoroso y compartir sus experiencias. 

Somos embajadores para nuestros hijos. Embajadores de gracia, de amor, de gozo, y de orden. Somos embajadores del corazón mismo de Dios. Y para que nosotros les podamos mostrar al Señor a nuestros hijos, debemos estar dispuestos a amarlos de la misma manera en la que Él nos ama. Aunque no tengamos garantizado el resultado del corazón de nuestros hijos cuando los disciplinamos, sí tenemos promesas claras acerca de la disciplina de Dios hacia nosotros: “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia” (Heb. 12:11).

Este es el corazón de Dios en la disciplina. Y esta es la disciplina que debemos imitar al caminar en fe a través de la gozosa, compleja, e increíblemente valiosa responsabilidad que es ser padres.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Lauren Charruf Morris y adaptado por Equipo Coalición.

Tilly Dillehay es la esposa de Justin y la madre de Noah, Agnes, y Henry. Ella es la autora de Seeing Green (Viendo las cosas de color verde) and Broken Bread (Partimiento del pan) (Junio 2020). Escribe con su esposo en While We Wait (Mientras esperamos), y es co-anfitriona del podcast Home Fires.

En busca de la verdad

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Dando una respuesta

En busca de la verdad

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie Dando una respuesta,publicada por Tabletalk Magazine. 

Cada vez que la gente me pregunta a qué me dedico, respondo diciéndoles que soy pastor. Cuando les digo que soy pastor, la gente parece llenarse  instantáneamente de una variedad de emociones mientras tratan de decidir cómo responder. Dependiendo de su estado espiritual y de su relación con Cristo y la Iglesia, sus respuestas van desde el miedo hasta el consuelo, desde la ansiedad hasta el deleite. Algunas personas intentan cambiar el tema lo más rápido posible, otras quieren contarme todo sobre su caminar espiritual, otras quieren descargar todas sus cargas, algunas hablan de porqué dejaron la iglesia y otras se regocijan de nuestra fe común en Cristo. Pero la mayoría de las veces, cuando le digo a la gente que soy pastor, ellos tienen preguntas: preguntas sobre nuestra iglesia, sobre lo que creo, sobre la Biblia, Dios y la vida después de la muerte. Todas la gente tiene preguntas. Somos inquisitivos por naturaleza, y en esta era de pluralismo, ateísmo y escepticismo, mucha gente está buscando la verdad y las respuestas a las preguntas fundamentales de la vida.

En esta era de pluralismo, ateísmo y escepticismo, mucha gente está buscando la verdad y las respuestas a las preguntas fundamentales de la vida.

En cierta manera, los pastores tienen más oportunidades que otros cristianos para proclamar y explicar el Evangelio y hacer el trabajo de un evangelista y apologista. Es uno de los gozos de ser pastor. Por la naturaleza misma de lo que hacemos, los pastores somos teólogos y apologistas; pero en realidad, cada cristiano es un teólogo y un apologista. La pregunta para todos nosotros es si en realidad somos buenos teólogos y apologistas y si somos estudiantes serios de la Escritura, de la teología y de las respuestas que provienen de la Escritura. Como cristianos, estamos llamados a estar preparados para dar una respuesta de la esperanza que está en nosotros, como nos manda Pedro, y a no olvidar nunca que debemos responder con «mansedumbre y reverencia» (1 Pe 3:15).

Cuando hacemos nuestras buenas obras ante el mundo espectador —no para ser vistos por los hombres a fin de obtener gloria para nosotros mismos, sino para que el mundo pueda ver nuestras buenas obras y glorificar a nuestro Padre celestial— la gente naturalmente nos preguntará por qué hacemos todo lo que hacemos, por qué creemos lo que creemos y por qué nos aferramos a la esperanza que está en nosotros. Y cuando lo hagan, no debemos tener miedo, porque Cristo ha prometido que el Espíritu Santo está con nosotros para darnos el valor y la compasión a fin de hablar la verdad en amor. Porque esta es una de las principales maneras en que brillamos como luces en las tinieblas del mundo, sabiendo que la gente solo puede ver la luz si el Espíritu Santo abre sus ojos, expulsa las tinieblas, regenera sus corazones y les da vida a la luz de la gloria de Jesucristo.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

La Educacion en el Hogar No Produce Necios

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Diecinueve –

La Educacion en el Hogar No Produce Necios

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Ago 26 – Encontrándonos al pie de la cruz

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Esperando por su corazón

Aviva Nuestros Corazones

Ago 26 – Encontrándonos al pie de la cruz

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/encontrandonos-al-pie-de-la-cruz/

Carmen Espaillat: Después de muchos años de separación, Joy McClain tenía fe que Dios podría volver a unirlos a ella y a su marido.

Joy McClain: Que llegaría el día que me podría parar delante de mi marido otra vez como una esposa pura y sin mancha. Tal vez tendría ya noventa años, pero lo creía con todo mi corazón. Yo quería creer, y no iba a dejar de orar por eso.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Durante los últimos días, Joy McClain nos ha estado contando su historia. Esto es algo de lo que hemos estado escuchando.

Joy: Hoy hice un voto de amar y honrar a mi marido y eso es justo lo que tengo la intención de hacer, no importa lo que pase. Le había pedido a Mark que fuera a consejería y cuando le dijeron que tenía un problema con la bebida, su corazón se endureció.

Mark McClain: ¿Pero por qué tú me estás haciendo estas preguntas? ¿Por qué estás desafiando todo lo que yo hago? Porque yo tengo derecho de hacerlo.

Kristen McClain: Cuando me insultaba o insultaba a mi mamá , yo solo quería estrellar el auto contra un poste,

Mark: Yo tengo el derecho de hacer lo que yo quiera.

Joy: Cuando descubrí que ella se estaba cortando, fue como otra bofeteada en la cara. Yo no sabía cuánto más iba a poder soportar.

Mark: ¿Pero y por qué yo no puedo hacer esto? Esto es lo que quiero hacer, yo no estoy haciéndole daño a nadie.

Joy: Él quiere herirme.

Kristen: Yo no sabía de lo que él sería capaz de hacernos.

Joy: Y él está amenazándonos.

Jena McClain: Pude oír a mi padre entrar, y podía oírle dando portazos y gritando y maldiciendo. Yo sabía que Dios tenía Su mano sobre mí.

Jordan McClain: Cualquier persona lo hubiera dejado inmediatamente y, si no de inmediato, un par de años después, tal vez cinco años, diez años, pero ella se quedó con él.

Joy: Y honestamente, esa fue probablemente la primera vez en veintidós años que pensé, “No creo que haya mucha esperanza al ver que él, aun sabiendo que pudo haber perdido a su hija, no pareció importarle”.

Nancy Leigh DeMoss: Bueno, mientras has escuchado la historia de Joy, quizás te hayas podido identificar con esos momentos donde parecía no haber esperanza. Pero espero que también hayas sido animada y hayas recordado que siempre , siempre hay esperanza en el Señor. Sé que nuestras oyentes han sido tocadas, por la historia de Joy.

Espero que tomes también diez minutos en el día de hoy para ver la versión en video que nuestro equipo ha preparado de esta historia. Es impresionante y aun más importante, te animará a confiar en el Señor en la situación más difícil. Es un gran recurso que puedes compartir con alguien que conozcas que está batallando con su matrimonio.

Y ahora creo que serás grandemente animada mientras escuchas hoy la parte final de la historia de Joy.

Joy: Mark había sido enfrentado más de una vez por amor, por los ancianos en mi iglesia y por el pastor. Ellos se habían acercado a él muchas veces. Yo no quería el divorcio. El divorcio no era una opción. Ni siquiera entraba en las conversaciones. Pero sí tenía que establecer un tipo de ambiente para que mis hijos estuvieran a salvo.

Jordan: Esa es la razón por la que ella se mudó. No era por ella, era por nosotros, por mis hermanas que todavía estaban allí, para sacarlas de eso.

Kristen: Recuerdo que solo me preguntaba cómo vamos a salir de esto.

Carmen: Ella es Kristen, la hija de Joy.

Kristen: Bueno, mi mamá trabaja medio tiempo. Gana lo suficiente para solo pagar la renta, nada más.

Joy: Todavía estaba educando mis hijas en casa . Todavía estaban en el bachillerato. Mi hijo ya estaba en la universidad. Esos fueron los años donde realmente aprendí lo que significaba confiar en el Señor. Él se convirtió en mi proveedor de todo. Tenía que buscar de Él cada mes. Cuando extendía mis cuentas sobre la mesa, juntaba los recibos, oraba sobre ellos, los movía sobre la mesa y decía, “Está bien Dios, son todos tuyos”.

Kristen: Recuerdo entregarle las facturas que venían en el correo algunas veces, y ella tenía exactamente lo que se necesitaba. ¡Todas las veces! Nunca había visto algo así.

Jena McClain: Un día ella nos llevó a mí y a mi hermana a la sala y ella dijo, “Saben tenemos una cuenta que se vence hoy”.

Carmen: Ella es Jena, la hija de Joy.

Jena: “No tengo el dinero para pagarla, así que necesitamos orar que esta cuenta sea liquidada y de alguna manera el dinero vendrá”. Recuerdo que alguien tocó a la puerta y ahí estaba un hombre. Y dijo, “Este cheque es para usted, no estoy seguro quien lo envía. Es anónimo”. Y era la cantidad exacta para pagar la cuenta. Fue como “¡Wow! Él realmente provee y realmente contesta las oraciones.”

Joy: El casero había visto como una y otra vez Dios proveía. Yo era realmente honesta con él. Recuerdo un día cuando la renta se había vencido. Y fui con él y le dije, “John, sé que la renta se vence hoy. Estoy orando, y espero ver como Dios provee”. Creo que al principio John pensó, “Esta mujer está loca”. Pero una y otra vez me podía ver venir por el patio diciendo, “¡Dios provee John!”.

Nunca quisiera volver atrás y volver a vivir tanta pena. Pero no tendría la fe que tengo ahora. No tendría la confianza que tengo en el Señor si no hubiera tenido la oportunidad de confiar Él. Si tienes una situación hoy que te forza a confiar en el Señor, alábalo por eso porque tiene la oportunidad de mostrarse a Sí mismo. Muy frecuentemente queremos preocuparnos nosotros de sacar adelante todo. Hoy en nuestra opulenta cultura, no padecemos gran necesidad con frecuencia. Pero cuando sucede es una gran bendición ver Su mano en ello.

Jordan: El hecho de que no proveería, no fue una opción en mi mente

Carmen: Él es Jordan, el hijo de Joy.

Jordan: Yo creo que eso fue porque así me lo inculcó mi madre, viendo yo su ejemplo y sabiendo que no podría dudar de eso. Él la ayudó, nunca la dejó.

Joy: La amargura pudo haberse enraizado y crecido a través de los años y especialmente conforme la situación iba empeorando. Pudo haberse enraizado fácilmente en los corazones de todos nosotros. Yo me di cuenta a tiempo que los niños iban a seguir mi ejemplo.

Jordan: Mi madre trató desesperadamente de guardarnos de amargarnos en contra de mi padre y de odiarlo. Ella siempre quiso que fuéramos perdonadores y comprensivos.

Kristen: Algunas veces me irritaba contra mi padre y decía que era una persona horrible, que no se preocupaba de nosotros. Y ella decía. “No hables así. aún es tu padre. Está haciendo cosas que no te gustan. Pero todavía es tu padre, y tienes que respetarlo no importa lo que haga. No tienes que amar lo que hace. Pero tienes que amarlo y respetarlo”.

Joy: Así que era importante para ellos dejar inmediatamente sus emociones y las palabras con que se dirigían a él. Y la mejor manera de hacerlo, honestamente, una y otra y otra vez, era orar.

Todo el tiempo. Bueno me refiero a que orábamos juntos frecuentemente y ella constantemente nos recordaba, “Oren por su padre. Oren por su padre”. Recuerdo cuando estaba en la universidad, ella me llamaba todo el tiempo. “Ora por él. Ora por él. Pasó esto. Ora por él”. Así que recuerdo mi niñez orando mucho por mi papá y mi madre diciéndome que orara por mi padre, que orara por mi padre.

Y no solamente para que dejara de tomar y todo terminaría, sino por su salvación, por su bienestar. Es decir, ese es un testimonio de la fe de mi mamá en esos momentos. Ella no decía, “Quita eso de mí para que no batallemos más”. Sino también por su bien. Creo que eso tiene mucho que ver con mi fe, ver su respuesta ante eso.

Joy: Yo creía con todo mi corazón que llegaría un día en que estaría parada delante de mi marido otra vez como una novia sin mancha. Tal vez ya noventa años de edad, pero lo creía con todo mi corazón. Yo quería creer, no iba a perder la esperanza ni a dejar de orar por eso.

Mark: Yo no me daba cuenta en ese momento, pero aparentemente me encontraba en la más larga cadena de oración que jamás había escuchado. O sea, estoy hablando de otros países, había tanta gente orando por mí. Pero yo todavía estaba viviendo como yo quería vivir.

La separación fue buena porque Dios me permitió llegar hasta el fondo del hoyo en el que estaba . Yo sé que Él no quería eso para mí, pero Él me permitió llegar hasta ahí. Mi salud estaba mal y mi estado mental estaba mal. Eso sí, Yo seguía yendo a trabajar. Nunca tuve problemas en el trabajo, pero todo lo demás, cada parte de mi vida era horrible. Hasta ahí Él me permitió llegar. Es por eso que la separación fue buena.

El punto más bajo del hoyo fue cuando estaba en casa de mi sobrino. Habíamos estado tomando, creo que eran como las diez de la noche. No era muy tarde, pero estaba obscuro y yo estaba manejando a casa, y ahí fue donde me detuvieron.

Joy: Sorprendentemente, él nunca había sido detenido por manejar borracho en todos esos años.

Mark: Y ese fue el inicio de toda una cuestión legal.

Joy: El juez fue muy duro con él, le entregó un montón de multas.

Mark: Perdí mi licencia por un año, lo cual puso en peligro mi trabajo.

Joy: Había un montón de requisitos de libertad condicional, que le privaron de muchas libertades. Una de ellas fue que no podría volver a poner un pie en un lugar donde se sirviera alcohol, y si alguna vez se le sorprendía con alcohol, iría a la cárcel.

Mark: Estaba como preso. No podía beber.

Joy: Había un juez en la sala de justicia, pero finalmente Dios era el juez que estaba orquestando todos estos eventos. Después de ese día en la corte, mi esposo supo que “No hay manera, no hay absolutamente manera de cumplir los requisitos”. Y entonces Él clamó a Dios.

Mark: Señor, quítalo todo. Quita el deseo, quita el dolor, comienza a sanar mi cuerpo. Y Él lo hizo.

Joy: Así que Dios había estado trabajando. Dios había estado orquestando de maneras que yo jamás hubiera podido ver o imaginar.

Mark: No tuve problemas con el síndrome de abstinencia. No sentí el dolor. Fue más bien como un descanso. Pero el proceso de sanar a la familia apenas comenzaba, y eso tomó un tiempo.

Joy: Todos mis hijos me llamaron ese fin de semana diciéndome la misma cosa. “Papá quiso pasar tiempo conmigo. Nos llevó fuera. En verdad la pasamos muy bien. Él no estaba tomando. Estaba completamente sobrio”. Mis hijos no podían recordar, no tenían memoria de la última vez que su padre había estado sobrio con ellos. Así que estaban emocionados. Estaban conociendo a una persona que nunca antes habían conocido. Estaba yo muy emocionada por ellos, que ellos pudieran pasar tiempo de calidad con su papá. Hubo un alto en la monotonía.

Pero yo también había sido muy realista. No iba a ser ingenua. Yo pensaba: “Solo es cuestión de tiempo. Él volverá a tomar”. Y los días se convirtieron en semanas, y todavía no tomaba. No tenía ninguna excusa hasta este punto. Yo no había visto remordimiento. Había visto a un hombre que estaba sobrio, pero no veía un cambio en su corazón.

Así que me senté y escribí letra por letra y carta tras carta. Todo era esperanza, todo positivo, todo era mirar hacia adelante. Y por semanas Mark recibió estas notas de aliento. Y unas semanas más tarde él estuvo de acuerdo en asistir a una consejería intensiva. Así que nos encontramos otra vez en el Centro de Consejería Doce Piedras por varios días con nuestro pastor. Yo ya había asistido anteriormente con mis hijas

El equipo se regocijó, estaban felices de que la persona por quien habían estado orando por años estaba ahora ahí. Solo tomó como media hora de nuestro tiempo con el consejero para que Mark se detuviera y dijera, “Yo sé lo que necesito, necesito al Señor en mi vida”.

Mark: La noche que le pedí a Jesús que me perdonara, comencé a adorarlo a Él en vez de al alcohol.

Joy:No podías creer escuchar estas palabras salir de su boca. Mi pastor me volteó a ver. Lo volteó a ver a él. Todos nos estábamos mirando pensando, “¡Esto es una locura!”

Mark: Sentí un alivio de que Jesús me perdonara todo, especialmente cosas horribles que había hecho. No lo merecía. Tenía a un Dios amoroso.

Joy: El momento en que supe que el cambio en mi amado era auténtico fue cuando él vino y me dijo, “¿Me perdonarías? He pecado contra ti. He pecado contra Dios. ¿Me perdonarías por abandonarte, por dejarte?” Y sabes, todos esos años de heridas, de amarguras, de enojo y desconfianza desaparecieron. Porque lo que esencialmente él estaba haciendo era encontrarme al pie de la cruz. Estaba viviendo a la sombra del perdón.

Mi pecado se veía diferente al de él. El mío era que yo me creía justa, sentía lástima por mí misma. Mi pecado era que realmente tenía temor. Fui perdonada de mi pecado por un Dios Santo ¿Cómo no podría, cuando un hombre se hubiera arrepentido delante de ese mismo Dios Santo y luego viniera y me pidiera perdón, cómo no le daría completa y totalmente el perdón?

Mark: Le pedí que me perdonara, y ella me pidió que la perdonara.

Kristen: Cuando volvió a casa, nos sentó a Jena y a mí y nos pidió perdón. Por supuesto que dijimos que “sí” inmediatamente. Fue uno de los mejores momentos de mi vida. Nunca olvidaré la pena tan sincera que se veía en sus ojos por haber lastimado a sus hijos.

Mark: Les pedí específicamente que me perdonaran por lo que les había hecho y específicamente por haber bebido de la manera que lo hice, y la forma en que me comporté.

Jena: Fue como un alivio instantáneo. Fue como si un peso se hubiera quitado de encima. No tenía malos sentimientos en contra de él. Todo fue como, “¡Finalmente! He estado esperando por este momento. ¡Sí! ¡Te perdono! Te perdono una y otra vez”.

Joy: Unos días más tarde cuando Jordan, nuestro hijo, regresó a casa de la universidad, pasó lo mismo.

Jordan: Cuando él me pidió perdón, yo estaba ansioso y listo, porque todos somos pecadores. Me sentía como si no lo perdonaba por haber sido un pecador era como si yo fuera un hipócrita porque yo tengo mis propias cosas que Dios me perdona.

Mark: Terminó el tiempo de mi libertad condicional y continué sin tomar. Poco a poco la confianza comenzó a regresar.

Kristen: Me volví más consciente de lo que yo hacía una vez que mi papá cambió.

Carmen: Otra vez Kristen, la hija de Joy.

Kristen: Porque me empecé a dar cuenta de que aunque él estuviera haciendo cosas mal no significaba que yo no estuviera haciendo las cosas mal. Lo culpaba a él de mis problemas así como él me culpaba a mí de los suyos. Así que una vez que él cambió, tuve que examinarme a mí misma y eso fue muy duro. Me di cuenta que no lo había perdonado completamente, porque había veces que lo veía y todavía estaba muy enojada con él. Y podía darme cuenta que en mí todavía había amargura hacia él. Tengo que perdonarlo porque Cristo me ha perdonado por lo que he hecho. Y darme cuenta que es lo mejor que puedes hacer, de verdad.

Joy: Mark y yo no habíamos estado juntos por mucho tiempo, y habíamos decidido en el centro de consejería que tal vez esto sería un motivo para celebrar. Quizás la celebración que quedaba perfecto era tener una nueva boda, con nuevos votos.

Así que entramos como en un tipo de relación de cortejo por un par de meses. Los chicos se mudaron con Mark y justo antes de nuestra boda; yo me mudé también. Así que estuvimos separados hasta esa boda.

Y así como nuestra primera boda, fui la primera en llegar a la iglesia. Tomé los primeros pasos que había tomado hace veintidós años. Inicié un nuevo diario, y le escribí una carta a mi amado, a mi esposo. Y decía:

“He estado esperando este día por un largo, largo tiempo. Nunca me di por vencida. Nunca perdí la esperanza. Mis oraciones han sido contestadas. Mis sueños se han vuelto realidad. Así como Dios me mostró, estaré frente a ti hoy como una novia pura, sin mancha. Soy tuya.

Firma,

Tu novia”.

Y arranqué esa hoja de papel de mi diario, la doblé cuidadosamente. Y más tarde se la di a mi hijo para que se la diera a su papá justo antes de que dijera sus votos otra vez.

Jordan: Mi papá y yo entramos primero con nuestro pastor Toby. En seguida venían mis hermanas, mi papá se acercó a ellas y las abrazó y las trajo al estrado con él. Probablemente lo que más me impactó fue ver a Kristen, la mayor, subir. Porque ella fue quizás la que más batalló en perdonar a mi papá. Ella fue, probablemente la más afectada por toda la situación, ya que tuvo muchos efectos negativos en ella. Solo mirarla subir, sonreír, ver a mi papá sonreír, y ver la relación restaurada, lloré ¡porque significaba tanto para mí! Y después vino mi mamá.

Joy: Lo que vino a mi mente en ese momento fue, “Vale tanto la pena. Todo el dolor, la oscuridad, todos esos tiempos difíciles. Si alguien ha sido animado, vale la pena. Hace que el dolor sea mucho menor”.

Jena: Dios nos mostró muchas cosas durante nuestra niñez. No lo cambiaría por nada.

Kristen: Me mostró que no hay nada que alguien te pueda hacer que no puedas perdonar.

Jordan: Sé que Él usó ese tiempo para verdaderamente preparar mi corazón para ser un pastor.

Kristen: Aprendí que no hay nada que pueda hacerle a Dios que no me pueda perdonar.

Jordan: Le tengo tanto respeto a mi padre hoy. Me siento como que finalmente tengo una figura paterna de quien ahora puedo aprender.

Kristen: Mi mamá es especial. Ella no escuchó a nadie excepto a Dios, y eso me ayudó a entender que Dios es muy poderoso y Su voluntad será hecha.

Mark: Renovar nuestros votos delante de un Dios que ambos amábamos ahora, fue como volver a empezar.

Joy: Nos fuimos de luna de miel, y fue glorioso. Entonces comenzó el trabajo en restaurar nuestra relación. Tomó mucho tiempo para quitarnos todos esos años de malos hábitos, de patrones, todos esos años de dolor. Escogimos la misericordia. Escogimos la gracia. No significa que olvidamos, pero escogimos perdonar. Nuestra historia es una historia de misericordia. Y no es una historia de misericordia que yo brindé sino que fue la misericordia de Dios derramada sobre nosotros. No podría sostenerme sin esa misericordia.

Carmen: Hemos estado escuchando la historia de Joy y Mark McClain. También escuchamos de sus hijos, Jordan, Kristen y Jena. Nancy, sé que muchas de nuestras oyentes estarán animadas por esta historia.

Nancy: Bueno, una de las cosas que más aprecio acerca de la manera en que Mark y Joy contaron su historia, es su énfasis en que no tuvieron un final “y vivieron felices para siempre”. Las cosas todavía no son perfectas, y todavía tienen altas y bajas en su matrimonio y en su caminar personal. Pero aquí está el punto con el que quieren que nos quedemos, y es que Dios continúa siendo fiel. Él está ahí para ellos, ayudándolos y restaurándolos día a día.

Joy McClain narra su historia en su libro, “Esperando por su corazón: Lecciones de una esposa que eligió permanecer” (disponible en inglés). Sé que este libro será de gran aliento para cualquier mujer que esté en un matrimonio difícil, o cualquier mujer que esté en una situación retadora que parece sin esperanza. Joy nos muestra lo importante que es buscar al Señor y buscar Su gloria aun sobre nuestra propia felicidad o sobre cualquier otra cosa.

Este libro te dará también algunos aportes prácticos mientras estás buscando navegar por algunas situaciones difíciles que quizás estés enfrentando. Proveerá esperanza a cualquier relación que parece sin esperanza.

Déjame animarte a visitar nuestro sitio de internet y ver la versión de video de esta historia. Creo que nuestro equipo hizo un trabajo increíble para capturar la historia de Joy. Definitivamente vale la pena tomar diez minutos para ver y también para compartir esta historia con tus amigas.

Nuestro deseo como ministerio es servirte, proveerte recursos y equiparte mientras buscas al Señor en tu vida y en tu matrimonio. Así que espero que aproveches todos estos recursos y más que hay disponibles en AvivaNuestrosCorazones.com

Y mañana Nancy iniciará una nueva serie, te esperamos, no dejes de sintonizar Aviva Nuestros Corazones.

¿Por qué es tan importante tener una vida devocional? ¿Qué te impide llevarla a cabo? Acompaña a Nancy mañana para que descubras la bendición de cultivar el hábito de la devoción diaria, acompáñanos.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Dios está atento

Viernes 11 Diciembre

Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.
Romanos 4 : 7-8

Dios está atento

Si pudiésemos hacer una lista de nuestras acciones y pensamientos, sería interminable. Y hay muchos de los que nos avergonzaríamos “en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres” (Romanos 2 : 16). Quizás algunos de ellos pasaron desapercibidos para nuestros familiares o compañeros. Sin embargo, Dios se acuerda de todos : anota todo en sus libros (Apocalipsis 20 : 12). ¿Creemos que podemos argumentar con él y convencerlo de nuestra inocencia ? ¡Ni pensar… ! Nosotros mismos somos incapaces de borrar lo que hicimos y cambiar lo que somos.

Pero Dios también está atento a toda persona que reconoce sus errores, que desea escucharlo y conocerlo. Está dispuesto a perdonarnos, pues Jesucristo ya pagó nuestra deuda en la cruz. La bondad y el amor de Dios por nosotros no se pueden medir : dio a su Hijo unigénito para librarnos de nuestros pecados, y promete no acordarse nunca más de ellos : “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43 : 25).

Él se ocupa diligentemente de los que han aceptado esta promesa del amor de Dios : incluso todos nuestros cabellos son contados por él (Lucas 12 : 7), el número de nuestros pasos también (Job 31 : 4) ; además él conoce los secretos de nuestros corazones (Salmo 44 : 21). Para el cristiano, saber que Dios conoce todo sobre él y que se ocupa de él con amor le produce un sentimiento de seguridad y confianza.

Jueces 4 – Apocalipsis 4 – Salmo 140 : 1-5 – Proverbios 29 : 19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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