Cómo la vara puede apuntar los niños hacia Dios

Coalición por el Evangelio

Cómo la vara puede apuntar los niños hacia Dios

TILLY DILLEHAY

Todo padre que conozco ha pasado más tiempo con sus hijos este año de lo que esperaban. Sumado a todas las muchas otras presiones del 2020, los padres de hijos pequeños han sentido mayor presión en la crianza de sus hijos. Más tiempo significa más oportunidad para pecar y de que pequen contra nosotros. Más tiempo significa que nos preguntamos si la manera en que hemos estado haciendo las cosas le hará bien a nuestra familia en unos años. Más tiempo significa que se despliegan las grietas.

Pero esas grietas no son cosas nuevas del 2020.

Una de mis amigas cristianas más jóvenes acaba de dar a luz a una hermosa niña y anda ansiosamente navegando las filosofías de nuestros tiempos con respecto a la crianza. Me contó que una de sus amigas, que tiene una hija de tres años, le confesó que teme levantarse por las mañanas porque su hija es muy difícil. Esta madre comentó que ella no creía en la “crianza basada en la ley”, pero no estaba segura de cómo lidiar con los constantes berrinches y desafíos de su hija.

La amiga que me relataba esta historia no estaba segura qué era la “crianza basada en la ley”, pero sospechaba que tenía algo que ver con el uso de amenazas y consecuencias. Me dijo que a pesar de haber recibido palmadas cuando era niña por desobedecer y sentir que aquellas palmadas fueron dadas con gracia y de manera efectiva por parte de sus padres, ninguna de sus amigas parecía estar dispuesta a utilizar con sus hijos lo que Proverbios llama “la vara”.

He notado el mismo fenómeno. Muchos padres en mi generación han sido influenciados por términos que no comprenden completamente: términos como crianza basada en el temor o basada en la ley, y no tienen idea de por qué o cómo hay que disciplinar a los hijos. Tenemos acceso a muchos libros cristianos excelentes para padres que nos ayudan a tener conversaciones con nuestros hijos basadas en el evangelio en vez de enfocarnos en su comportamiento externo. Pero estos autores podrían estar dando por sentado algunas herramientas básicas, herramientas que muchos de nosotros no tenemos. 

Si no hemos aprendido estrategias de disciplina de personas que conocemos en la vida real, podría ser que simplemente no sepamos cómo funciona todo esto. Puede ser que no sepamos cómo la vara juega una función en enseñarle a los hijos a escuchar y a obedecer, estableciendo un tipo de confianza relacional que nos da un punto de partida para comunicar el evangelio.

La disciplina les muestra cómo Dios es

Si alguien me preguntara a mí, una madre milenial, con qué batallan más mis compañeras, yo respondería que luchan con la palabra “autoridad”.

Creo que ha habido un malentendido. Entre los padres jóvenes que conozco existe una dicotomía falsa: la crianza basada en la gracia versus la crianza basada en la ley. Otra amiga me preguntó recientemente si, cuando su hijo ignoraba su petición de limpiar su habitación, ella debía “mostrarle gracia” al limpiarlo por él o si ella debía “aplicar la ley” y obligarlo a limpiarlo él mismo. Veo comentarios en línea de madres aterrorizadas de hacer que sus hijos coman su cena, porque temen que esto podría convertirlos en pequeños fariseos.

Mis amigas y yo hablamos con nuestros hijos constantemente. Pero muchas de nosotras vemos que nuestras palabras fallan. Nuestro no no significa no, y nuestro  no significa sí (Mt. 5:37). Nos cuesta poner orden en nuestros hogares a través de una serie de argumentos, persuasiones y explicaciones. Le comunicamos muchas cosas a nuestros hijos acerca de Dios, pero cuando no cumplimos lo que decimos corremos el riesgo de representar mal a Dios. Les estamos enseñando a nuestros hijos que así como nosotros no tomamos en serio lo que decimos, Dios tampoco toma en serio lo que Él dice. 

El axioma bajo el cual muchos actúan va de la siguiente manera: “Dios te muestra gracia al no castigarte. Así que tú también puedes mostrarle gracia a tus hijos al no castigarlos a ellos”.

Estamos entrenando los músculos de la autoridad, obediencia, relación, y bendición; cosas que nuestros hijos seguirán necesitando cuando sean hijos adoptados de Dios

Pero lo anterior es un paralelo falso. Nuestros hijos no están relacionados con nosotros de la misma manera en que una persona inconversa está relacionada con Dios. Una persona inconversa es un enemigo de Dios. Nuestros hijos ya son parte de nuestra familia. No les estamos enseñando cómo obtener su salvación y entrar a la familia; les estamos enseñando lo que es ser parte de la familia. Estamos entrenando los músculos de la autoridad, obediencia, relación, y bendición; cosas que nuestros hijos seguirán necesitando cuando sean hijos adoptados de Dios.

Nuestros hijos, en este rol de crianza, ya son nuestros. Ya estamos en una relación con ellos en el plano terrenal, y tenemos la oportunidad de mostrarles cómo se siente vivir en comunidad. Se siente como reír a carcajadas. Se siente como una buena comida. Se siente como organización. Se siente como una bendición. Y a veces se siente como dolorosas consecuencias de disciplina. Así como nos dice la Escritura:

“Además, han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige:

‘Hijo Mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo’.

Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos?”, Hebreos 12:5-9, citando Proverbios 3:11-12.

Este pasaje no se trata de los enemigos de Dios destinados al castigo. Se trata de sus hijos. Si Él disciplina a aquellos que ama, y si dice que es correcto que los padres, hechos a su imagen, disciplinen a los que aman, necesitamos mirar más de cerca lo que esto significa. La disciplina de Dios es la corrección amorosa y paciente de aquellos que pertenecen a Él, no es un arranque caprichoso de ira. Haríamos bien en ejemplificar este tipo de disciplina a nuestros hijos.

La vara en Proverbios

Si queremos encontrar palabras bíblicas claras acerca de cómo la autoridad amorosa funciona dentro del hogar, Proverbios nos da mucho con que trabajar.

“La necedad está ligada al corazón del niño,” dice Proverbios 22:15, “pero la vara de la disciplina lo alejará de ella”.

“No escatimes la disciplina del niño”, insiste Proverbios 23:13, continuando con palabras que podrían sorprendernos, “aunque lo castigues con vara, no morirá”.

“Disciplina a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma”, dice Proverbios 29:17.

Somos embajadores de gracia, amor, gozo, y de orden para nuestros hijos. Somos embajadores del mismo corazón de Dios. Y para poder mostrarlo a nuestros hijos, debemos estar dispuesto a amarlos como Él nos ama a nosotros

Obviamente estos versículos suscitan muchas otras preguntas sobre los cómo, los por qué, y las excepciones. Pero lo que quiero discutir aquí es algo bastante simple y no controversial: los Proverbios nos exhortan a utilizar la vara. Asumen que el uso de la vara es parte esencial de amar a nuestros hijos.

Algunos pudieran estar en desacuerdo con la idea de que los Proverbios pueden ser leídos de manera prescriptiva (“¡no es un mandamiento; es literatura de sabiduría!”). Puedo aceptar esa perspectiva. Pero todavía me queda la pregunta: ¿queremos sabiduría, sí o no? ¿Pensaron los escritores de la Biblia que esta era una buena idea, o no? ¿Podemos leer estos pasajes y deducir alguna otra razón convincente de por qué existe un respaldo tan fuerte de la disciplina corporal en la Biblia?

Objeciones a la vara

Algunas objeciones razonables surgen cuando hablamos del uso de la disciplina corporal dentro del hogar.

¿Qué hacemos con los niños que tienen discapacidades? ¿Y qué de los niños adoptados, niños con un historial de abuso? También, ¿qué pasa con la legalidad del castigo físico? ¿Deberíamos estar preocupados por esto? ¿Y los padres que se sienten tentados al abuso corporal?

Estas preguntas requieren sabiduría. La vara es el principio, no un evento meramente físico. El principio de la vara es que un poco de dolor en el presente, dado con amor con la intención de detener el pecado, a la larga producirá fruto. Así que cuando un niño o un padre tiene un pasado o una condición médica que hace que la disciplina corporal no sea sabia, todavía hay maneras en que el principio de la vara puede traer paz a la relación. Un niño quiere saber que existe estructura en el mundo: lo correcto es lo correcto, lo incorrecto es lo incorrecto, y las personas a cargo de su cuidado están en una posición de autoridad amorosa. Ellos quieren que el pecado dentro de sus corazones sea llamado pecado y sea abordado, sea cual sea la forma infantil que este pecado pueda tomar. Quieren esto a pesar de que nunca sean capaz de expresarlo. Quieren esto aún cuando vienen de una situación caótica tan avanzada que les es imposible imaginarse cómo luce una autoridad amorosa.

Las excepciones no deben usarse como una excusa para ignorar el llamado de la Escritura

Descubrir cómo comunicar esa autoridad sin el uso de la vara física requerirá sabiduría. Es otra razón por la cual debemos estar dispuestos a humildemente pedir la opinión de padres experimentados quienes han transitado por un camino similar. Y para los padres cuyos hijos no encajan en estas estrechas excepciones, las excepciones no deben ser utilizadas para ignorar el llamado de las Escrituras.

Vale la pena hacer las preguntas legales, e indagar la situación de cada país. Sin embargo, es bueno saber que, hasta este punto, en los 50 estados de los Estados Unidos y en el Distrito de Colombia, la disciplina corporal es legal dentro del hogar. También es legal dentro de las escuelas en la mitad de los estados (principalmente en el Sur y el Medio-Oeste). Pero esto podría cambiar. Ya existen prohibiciones absolutas en algunas áreas de Europa occidental, y Escocia se está convirtiendo en el más reciente del pequeño grupo de países que hacen ilegal la disciplina corporal de cualquier tipo. En otras palabras, la desobediencia civil pudiera convertirse en algo necesario. Esto también requeriría sabiduría y un sentido madurado de lealtad a la sabiduría de Dios y no a la sabiduría humana.

La autoridad y los profetas seculares

Algunas de las voces más claras y útiles sobre la autoridad en la crianza provienen de fuentes seculares de los últimos años.

El fenómeno de la popularidad de Jordan Peterson, el polémico psicólogo canadiense, debería indicarnos el hambre que tienen las personas por saber la manera en que el mundo de Dios funciona. En su libro 12 reglas para vivir, Peterson (un psicólogo clínico y un profesor de psicología en la Universidad de Toronto) utiliza un lenguaje mundano para tratar de describir lo que nosotros conocemos como pecado original. Su experiencia con padres e hijos le ha mostrado algo que muchos en la comunidad cristiana subestiman: un hijo dejado por sí solo puede convertirse en un “pequeño monstruo”. Un hijo al cual se le permite que se gobierne a sí mismo es un hijo no amado. Mientras que Peterson habla del alivio que los hijos sienten cuando los adultos asumen su responsabilidad, también menciona el uso del castigo físico como una forma que podría ser necesaria.

En su libro El colapso de la autoridad, Leonard Sax narra historias de padres que dejan que sus hijos decidan todo: qué comer, beber, y qué ponerse; cómo utilizar su tiempo libre; y hasta a dónde ir a la escuela. “En las últimas tres décadas”, el escribe, “ha habido una transferencia masiva de autoridad de los padres a los hijos”. El conecta esta transferencia de autoridad a un número de problemas, incluyendo la sobremedicación de los niños, el pobre rendimiento en las escuelas, y la fragilidad de los universitarios.

La crianza piadosa es mucho más que establecer autoridad. Y establecer autoridad es más que la vara. Pero no es menos que eso

Ambos Peterson y Sax están dispuestos a decirnos cosas que nos hacen sentir incómodos. Uno de los capítulos de Peterson es llamado “No permitas que tus hijos hagan cosas que detestes”. Un padre cristiano tal vez evite este lenguaje, temiendo pensar que existe algo que sus hijos puedan hacer que lo lleve a detestarlos. Sax da historias que nos sorprenden, como la de un niño de 12 años diciéndole a su mamá: “Date la vuelta. Cállate. Conduce”. No nos gusta pensar que nuestros hijos puedan llegar a este punto.

Pero este tono de advertencia es algo familiar en la literatura de sabiduría: “El que evita la vara odia a su hijo, pero el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Pr. 13:24). Y también tenemos uno aún más cautivador: “Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza, pero no desee tu alma causarle la muerte” (Pr. 19:18). Otras versiones han reproducido esto: “Disciplina a tu hijo… no dejes que tu alma se detenga por causa de su llanto”. Charles Bridges escribió en 1847:

“Hay mucha más misericordia en lo que parecería ser severidad, que en una ternura falsa. Permite que el hijo vea que estamos determinados; que no seremos distraídos de nuestro deber por el llanto de debilidad o pasión. Es mucho mejor que un hijo llore bajo una sana corrección, que los padres lloren después para sí mismos y con sus hijos bajo el fruto amargo de la disciplina descuidada”.

Este lenguaje parecería mucho para nosotros cuando tenemos hijos pequeños, porque no siempre podemos ver en qué se convertirán los pecados infantiles cuando crezcan en pecados adultos de mediana edad. Preferimos utilizar un lenguaje de iglesia y sentimental cuando se trata del tema de la crianza. Pero este lenguaje sobrio no es demasiado para los autores de sabiduría de la Biblia. Y aparentemente tampoco lo es para profetas seculares como Sax y Peterson. No debería ser demasiado para nosotros en la iglesia.

El discipulado y la vara

La crianza piadosa es mucho más que establecer autoridad. Y establecer autoridad es mucho más que la vara. Pero no es menos que eso. Y con palabras tan pesadas utilizadas en las Escrituras sobre el uso de la vara, nosotros como padres jóvenes deberíamos estar dispuestos a aprender los cómo y los por qué de su uso.

Existen referencias útiles sobre la vara en algunos libros cristianos sobre crianza. Rachel Jankovic nos ofrece una gozosa manera para disciplinar en Loving the Little Years (Amando los pequeños años). El libro de Ginger Hubbard No me hagas contar hasta tres es muy práctico. Y Tedd Tripp nos da un capítulo entero sobre el uso de la vara en Cómo pastorear el corazón de su hijo.

Me gustaría ver a padres mileniales acercarse a generaciones previas de padres que hicieron esto bien y haciéndoles las preguntas más básicas. ¿Cómo disciplinas de manera amorosa? ¿Para qué propósito disciplinas? ¿Qué utilizas? ¿Cómo oras con el niño después de haberlo disciplinado? Es difícil aprender este tipo de cosas en un libro. Lo aprendes mejor a través del ejemplo, a través de personas que respetas y en las cuales confías. Obviamente lo ideal sería que hayas sido criado en un hogar donde esto fue hecho bien (yo lo fui). Pero si no lo obtuviste allí, como es el caso de muchos de mis amigos mileniales, es difícil captar la visión si no tienes influencia personal y apoyo.

Como me gustaría escuchar historias de padres jóvenes dentro de la iglesia siendo lo suficientemente humildes para pedir ayuda. También me gustaría ver a más padres con experiencia estar dispuestos a arriesgarse a verse como unos entrometidos con el propósito de hacer lo amoroso y compartir sus experiencias. 

Somos embajadores para nuestros hijos. Embajadores de gracia, de amor, de gozo, y de orden. Somos embajadores del corazón mismo de Dios. Y para que nosotros les podamos mostrar al Señor a nuestros hijos, debemos estar dispuestos a amarlos de la misma manera en la que Él nos ama. Aunque no tengamos garantizado el resultado del corazón de nuestros hijos cuando los disciplinamos, sí tenemos promesas claras acerca de la disciplina de Dios hacia nosotros: “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia” (Heb. 12:11).

Este es el corazón de Dios en la disciplina. Y esta es la disciplina que debemos imitar al caminar en fe a través de la gozosa, compleja, e increíblemente valiosa responsabilidad que es ser padres.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Lauren Charruf Morris y adaptado por Equipo Coalición.

Tilly Dillehay es la esposa de Justin y la madre de Noah, Agnes, y Henry. Ella es la autora de Seeing Green (Viendo las cosas de color verde) and Broken Bread (Partimiento del pan) (Junio 2020). Escribe con su esposo en While We Wait (Mientras esperamos), y es co-anfitriona del podcast Home Fires.

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